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16 febrero, 2007

Los juegos y los hombres

De la web de Ivon Dallaire he sacado lo que va a continuación. La traducción es mía. http://www.optionsante.com/yd_articles.php?mag=&edge=5

Los juegos y los hombres

¿Cuál es la principal diferencia entre los jóvenes y los hombres? ¡El precio de los juguetes! Lo que parece un chiste encierra de hecho la naturaleza profunda de lo masculino : el juego. Al hombre le gusta jugar; el hombre sano toma todo como un juego : los deportes, desde luego, pero también el trabajo, la política, la economía y los amores. Incluso la sexualidad. ¿Quiere esto decir que los hombres son niños grandes?

La naturaleza del juego

El juego se define como una actividad física o intelectual no impuesta y gratuita, a la cual uno se entrega para divertirse y obtener placer. No es este el ideal de todo hombre : hacer lo que quiere, cuando el quiere, sin que haga lo que haga, le sea impuesto, con un sólo objetivo : obtener placer. No vayáis a creer que siempre, el hombre toma todo a la ligera, pues para él el juego es una cosa seria : es una actividad sometida a reglas, generalmente convencionales, y que implican un ganador y un perdedor, y en la cual el hombre demuestra su capacidad física e intelectual. Es el mejor, o el que conoce mejor las reglas, quien gana, incluso si, a veces, interviene el azar.

Juego de chicos,juego de chicas

Las chicas también juegan, pero no de la misma manera : mientras que las chicas juegan juegos de roles (muñecas Barbie y Ken, médico y enfermera, papá y mamá), los chicos prefieren los juegos de reglas : dos equipos, un balón y el establecimiento de reglas, las del fútbol, del baloncesto, del balonvolea. La definición precisa de las reglas en los diferentes juegos da nacimiento a numerosas disputas, pero los chicos parecen sentir tanto placer discutiendo las reglas como jugando al juego. Por el contrario, para evitar que el juego no degenere, los chicos han inventado una función : el arbitraje. El arbitro es, generalmente, aquel que mejor conoce las reglas.

Todos los psicólogos os dirán que los niños aprenden con el juego : las niñas aprenden a ser relacionándose, los chicos a ser por la acción. Las chicas modifican fácilmente las reglas para que todas las jugadoras encuentren placer estando juntas. Para los chicos, las reglas son sagradas; cada uno debe conocerlas y respetarlas : nada de modificarlas para evitar susceptibilidades de éste o aquel jugador. Y cuando el juego se ha terminado, pasan a otro juego. Es por eso que los hombres en general ponen el acento en el futuro (encontrar un nuevo juego), mucho más que en el pasado (intentar encontrar los errores pasados para no repetirlos o prestar más atención en el futuro)

Juego y masculinidad

Es así que, a lo largo de toda la infancia y la adolescencia, los hombres se inician en el conflicto y la competencia jugando. Según Jacklin et Maccobyo, los hombres aprenden la importancia de la resolución de la disputas y se dotan de competencias en este dominio. Aprenden a jugar, a batirse con sus amigos y con sus enemigos. Sus juegos requieren la coordinación de actividades de numerosos individuos; aprenden así a dirigir, a organizar, a estructurar. Como los juegos se desarrollan principalmente fuera de casa, los hombres aprenden también a separar lo interior de lo exterior. Es así que los hombres están mejor preparados que las mujeres para hacer frente al mundo de los negocios, la vida económica y política, mundo en el cual existen toda suerte de reglas implícitas y donde la competencia está servida.

Trabajo y juego

El aprendizaje por juego de roles (para las chicas) y por juego de reglas (para los chicos) explica porque los hombres y las mujeres no trabajan de la misma manera. Para el hombre, un trabajo de equipo de calidad se expresa con un mínimo de comunicación (directivas, encuentros, síntesis), mientras que la mujer juzga la calidad del equipo por el número de interacciones entre los miembros de éste y el bienestar de cada uno. Los hombres pueden trabajar codo con codo, en silencio, durante largos períodos. Para él, el trabajo a conseguir, el objetivo a alcanzar es más importante que el bienestar físico o emotivo de los miembros del equipo. Los hombres establecen reglas y piden a los miembros del equipo que las respeten, mientras que las mujeres las modifican fácilmente para mejorar la armonía o alcanzar el consenso. Para los hombres, el resultado (ganar la partida) cuenta más que la manera de conseguirlo

Para el hombre, entonces, el trabajo es un juego en el que es necesario conocer la reglas : son los que mejor conocen las reglas, los más competentes son los que ganan. Si hay ganadores, hay evidentemente perdedores. Los perdedores aprenden de sus errores y se dicen que lo harán mejor la próxima vez. En el mundo de los hombres, la palabra error tiene un sinónimo : experiencia. Nada de cuestionar las reglas porque hieran a alguno o por complacer a otro, eso lo haría una mujer. Las reglas están establecidas para facilitar las interrelaciones, salvaguardar al grupo y asegurar la mayor libertad individual para todos. Bien visto, el juego es un asunto muy serio para los hombres, juego del que nadie está exculpado si ignora las reglas, incluso si son tácitas y no escritas. La primera regla de todo juego es entonces que las reglas deben ser tomadas en serio, muy en serio. Y la ignorancia de la regla no exculpa ni él ni ella, incluso si se trata de una regla implícita. Una regla de trabajo muy importante es dejar las emociones de lado, sino se corre el riesgo de acabar mal o muy pronto porque alguna persona no obtiene placer.

Juego y relación hombre-mujer

Si existen tantos conflictos de pareja o guerras de sexos, es debido a la ignorancia de la reglas implícitas utilizadas por el otro sexo. Según Adrienne Mendell, si las mujeres dejan de querer imponer sus propias reglas (variables como su humor) a los hombres y observaran a los hombres para entenderlos, vivirían ciertamente más intimidad con ellos y triunfarían mucho mejor en el mundo de los negocios porque podrían utilizar estas reglas de juego en su provecho. Por otro lado, si los hombres fueran más flexibles en la aplicación y la explicación de sus reglas, habría, seguramente, menos conflictos y menos guerras. Si ellos comprendieran que las mujeres no funcionan con las mismas reglas, vivirían seguramente con más intimidad y complicidad con ellas.

Las mujeres comprenderían también porque el hombre elabora poco su respuesta a la pregunta « Cómo te ha ido hoy en el trabajo, querido? » Mientras que el hombre responderá que todo ha ido bien, esta pregunta llevará a la mujer a contar no sólo lo que ha hecho, sino también lo que no ha tenido tiempo de hacer, lo que los otros han hecho o deberían haber hecho, así como todos los pensamientos que ha tenido a lo largo del día sobre una multitud de cosas. Par el hombre, cuando la jornada ha terminado, de nada vale volver sobre los buenos o malos golpes, más vale preparar la próxima jornada.

Juego e ilusión

A los hombres les gusta jugar, y son ganadores los que mejor conocen las reglas de juego. Los hombres buscan continuamente controlar estas reglas, y desgraciadamente, se hacen ilusiones sobre su capacidad de controlar el juego, como se puede constatar en el juego patológico. Es significativo que la mayoría de los jugadores patológicos sean hombres. Su gusto por el riesgo se transforma, a menudo, en temeridad que los lleva a jugar con la muerte, su muerte. Es también muy significativo que los deportes extremos hayan sido desarrollados por los hombres y sean practicados por hombres. Por otro lado, este gusto por el riesgo
es lo que ha llevado a los hombres a atravesar los mares, a vencer la pesadumbre hasta inventar el avión y el cohete siempre a la búsqueda de nuevas sensaciones provocadas por un nuevo juego


o Résultats rapportés par Adrienne Mendell, Travailler avec les hommes, InterÉditions/Masson, Paris, 1997.

13 febrero, 2007

Wonkapistas

Se me había olvidado recomendaros una visita Wonkapistas. Las entradas de los días 6 y 8 del presente mes de febrero sobre estadísticas de maltrato aplicadas a hombres y mujeres son realmente interesantes.

09 febrero, 2007

Más sobre la dictadura de género

La entrada “La dictadura de género”, de Josep Miró i Ardevol causó a muchos gran impacto porque desconocían el poso de una ideología como la perspectiva de género, que hunde sus raíces en un marxismo rudimentario en el que las clases sociales son sustituidas por los géneros, la dictadura del proletariado por el gobierno de las mujeres y el comunismo por esa utópica pretensión de la desaparición de los géneros, donde no sólo no existirían roles diferenciados entre hombre y mujer, sino que tampoco cabría hablar de lo masculino o lo femenino porque se habría conseguido la perfecta intercambialidad de los sexos. Como decía un post colgado en Ahige: “Ni masculino, ni femenino sino potencialidades a desarrollar”.

En esa sustitución de las clases sociales por los géneros, a los hombres nos toca jugar el papel de capitalistas explotadores, mientras las mujeres juegan el de proletarias explotadas, no únicamente en el terreno de los derechos económicos o sociales, sino también en el de la sexualidad. La concepción del derecho manejada por esta ideología es lo más parecido a la concepción leninista del mismo, en el sentido de concebirlo como la principal arma de transformación social aún a costa de cargarse las garantías jurídicas y procesales, llegándose a hablar de justicia de género y otras lindezas.

Que algo tan tosco y rudimentario, sustento ideológico de los grupos del feminismo de género, incluido Ahige, sin que desde la intelectualidad se haya dado una respuesta como corresponde, o que sus políticas estén siendo llevadas a las leyes sin práctica disensión de los grupos políticos, pone en claro que algo no está funcionando correctamente en este país en relación con este asunto. La miopía manifestada por los grupos políticos – no así jueces y fiscales - en relación con todo este asunto, aprobando una legislación que para muchos y muchas no sólo vulnera el principio constitucional de igualdad, sino que lamina las garantías procesales y la presunción de inocencia para los varones, revelan un estado de cosas que poco tiene que ver con la justicia propia de un estado de derecho y democrático.

Desde luego es difícil entender como hayamos podido llegar a este estado de cosas. Bien es cierto que las armas utilizadas por este feminismo, que procura no dar la cara, ni manifestar abiertamente sus intenciones, escondido bajo el manto de la justa reivindicación feminista de igualdad y arrogándose la exclusividad de la lucha contra la violencia doméstica y el dolor por la muerte de las mujeres, dificulta separar hasta dónde lo justo y que límites no se deben traspasar, pero en el mejor de los casos revela una ñoñería de nuestra clase política bien grande y conviene no olvidar que el grueso de esta legislación ha sido aprobada con unanimidad de las Cámaras. Sin duda una situación como la referida en El País de ayer, sobre la utilización fraudulenta de la Ley contra la violencia reclamaría una urgente modificación de la misma al más breve plazo, sin embargo soy de los que piensan que las posibilidades de que eso ocurra son muy remotas y lo mejor es ir pensando en un largo camino en el que la primera batalla sin duda tiene que ser la ideológica, para desmontar algo tan grotesco como lo más arriba señalado.

08 febrero, 2007

¿Condición masculina?


El 20.05.06 El País publicaba el siguiente reportaje. En su momento me impactó. Ahora quiero traerlo aquí para engrosar la lista de casos que tengan que ver con la ¿condición masculina?


REPORTAJE

Un símbolo destrozado

El soldado Blake Miller, considerado un icono del Ejército estadounidense en Irak, padece invalidez psicológica

JAVIER DEL PINO - Washington - 20/05/2006

Días después de que la foto de su cara se publicase en más de 100 periódicos por todo el mundo, James Blake Miller todavía no sabía que era famoso. "¿Te puedes creer que eres el puto marine más famoso? ¡Tu careto está en todos los periódicos!", le dijo un sargento al mando en Faluya. La unidad de Blake acababa de regresar. Ni él ni sus compañeros pensaron que podrían salir vivos de un combate en el corazón de la insurgencia iraquí. Volvieron vivos, pero cambiados.

Después de una noche entera agazapado, de horas y horas de disparar, ser disparado y matar, Blake se encendió un cigarro con la seguridad -contó después- de que podría ser el último. Un fotógrafo empotrado de la agencia Associated Press tomó esa foto sin pensar que el primer plano de Blake, su mirada al vacío, la suciedad del combate, la sangre en el oído de un tímpano estallado por los bombardeos y el humo del cigarro recién encendido formaban una estampa impactante. Dan Rather, todavía en la CBS, dijo que era la mejor fotografía de guerra de la historia contemporánea. El gesto de Blake reflejaba para algunos la irracionalidad de la guerra; otros veían en su mirada el reflejo del valor. Blake se convirtió desde entonces en el Marlboro Man, el apodo que le puso el sargento y que le acompañará de por vida.

Tal llegó a ser su leyenda entre los soldados de Estados Unidos que los mandos decidieron retirarle de las zonas de combate, porque si moría, pensaron, la moral del resto de las tropas se vería afectada. La fama, su cansancio y sus primeros problemas médicos precipitaron su regreso a casa. Dos periódicos, el San Francisco Chronicle y Los Angeles Times han encontrado y han descrito la vida de Blake.

De vuelta en Kentucky, Blake pensaba que podría mantener sus recuerdos bajo control. Fue diagnosticado con estrés traumático, una enfermedad mental que afecta a uno de cada tres soldados que han pasado por Irak. Apenas duerme, y cuando lo hace mueve su dedo índice como si estuviera apretando un gatillo. Fuma más que nunca. Bebe más de lo que debería. No domina su temperamento. Ve constantemente las caras de las personas a las que mató en Faluya.

Poco a poco, el recuerdo de los amigos que han muerto y los enemigos a los que ha matado ha transformado la lógica de su vida. Siempre quería haber sido un soldado. Tiene tatuado en su brazo el lema de su compañía, "Ángeles de la Muerte". Ahora no entiende la guerra: "Hemos hecho alguna ayuda humanitaria. ¿Pero qué hemos hecho realmente allí? ¿Qué ha ganado Estados Unidos con esto excepto un montón de muertos? Me quema por dentro", dice ahora.

Jame Blake Miller cobra 2.528 dólares (1.980 euros) de pensión por su invalidez psicológica permanente. Acaba de cumplir 21 años.

Fraude con la ley de violencia

El País de hoy publica la siguiente noticia, tan interesante por lo pionero de la sentencia, pero tan reveladora de la discriminación hacia los hombres a que nos somete la actual legislación. Mejor será que la leáis y saquéis vuestras propias conclusiones.

Un tribunal reprende a una mujer por cometer 'fraude' con la ley de violencia

PERE RÍOS - Barcelona - 08/02/2007

Un tribunal de Barcelona ha dictado una sentencia en la que reprende a una mujer por denunciar a su ex marido para obtener ventajas en el proceso de separación. Los jueces recuerdan que la simple denuncia comportó una orden de alejamiento contra el hombre, al que se le impidió ver a su hija de tres años durante más de cuatro meses, hasta que finalmente fue absuelto.

La sentencia la ha dictado la Sección Duodécima de la Audiencia de Barcelona y rebaja de 600 a 450 euros la pensión de alimentos que ha de abonar. Ése es un trámite ordinario que ocurre en ocasiones, del mismo modo que se puede incrementar la pensión. Lo inusual es que el tribunal analice el origen de las desavenencias maritales y reprenda, en este caso a la mujer, porque "ha quedado acreditado una conducta impropia de la madre, que no ha facilitado la comunicación pacífica de la menor con el padre".

El ponente de la sentencia es el magistrado José Pascual Ortuño, quien la semana pasada fue nombrado director general de Derecho y Entidades Jurídicas de la Generalitat. La resolución añade que la madre "utilizó impropiamente la legislación represora de la violencia de género" con la finalidad de apartar a la niña del padre, y que de esta manera "obtuvo fraudulentamente una orden de alejamiento". La medida se aplicó de mayo a septiembre de 2006, cuando fue absuelto Philippe C. La ex esposa, Mercedes J., no acudió al juicio por la denuncia que presentó por malos tratos.

"Secuestro psicológico"

Los jueces explican que el alejamiento de la niña del padre "puede derivar en una verdadera y real enfermedad mental, el síndrome de alienación parental (SAP)", un trastorno que niegan algunos abogados de familia y que el tribunal define como un "secuestro psicológico" del niño.

"Estoy muy contento de que la justicia me haya dado la razón, pero el tiempo que he estado sin ver a mi hija y el daño que se le ha hecho no me lo quita nadie", declaró ayer el padre.

También ayer trascendió un caso de los que han motivado la presentación de numerosas cuestiones de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional en aplicación del artículo 153 del Código Penal, que castiga como delitos de violencia doméstica hechos que antes eran falta. Ocurrió el pasado 17 de abril durante una discusión de pareja, originada porque ella le cerró el agua caliente a él cuando se duchaba.

En la discusión, la mujer se soltó de un extremo de la toalla, del que estiraba -al otro lado estaba el hombre- y sufrió contusiones. El marido fue condenado a nueve meses de cárcel por un delito de maltrato y le impuso una orden de alejamiento durante 21 meses. Ahora, la Audiencia de Barcelona entiende que es un "hecho puntual", lo considera una simple falta y le condena a una multa de 150 euros

03 febrero, 2007

Condición masculina

Caso 1: En un colegio de Andalucía una madre interpreta mal el gesto de un profesor hacia su hija, y llama por el móvil a su marido comunicándole que un maestro la está maltratando. El padre de la niña llega y se lía a golpes con el profesor.

Caso 2: En Galicia un chico sale con dos alumnas, una de cada uno de los dos institutos de un barrio. Cuando una de la chicas se entera de que la otra le ha robado a su chico se va a por ella al instituto de enfrente. Esta última, a su vez se da cuenta de la jugada y llama a su padre para que la venga a buscar. La otra que se percata de lo que pasa llama al suyo. Al cabo de poco rato los padres de las chicas se están peleando, por medio hay bates de béisbol y una trifulca que obliga a desplazar una furgoneta de la policía. Capítulo a parte merecería el tratamiento del caso en los medios de comunicación.

31 enero, 2007

¿Enseñanza de prestigio?

En los últimos días se viene publicitando a bombo y platillo en mi comunidad Galicia, la incorporación al currículo de la obligatoriedad de una segunda lengua extranjera. Desconozco el impacto que una noticia de este tipo puede causar en el ciudadano medio. Seguramente de vigor y salud de nuestro sistema educativo que cada año mejora y ahora lo hace incorporando la obligatoriedad de una segunda lengua extranjera.

Lo cierto es que actualmente la inmensa mayoría de los alumnos acaba el bachillerato sin ser capaz de hablar una lengua extranjera. Quizá dentro de un tiempo en lugar de decir que los alumnos acaban el bachillerato sin dominar el inglés, lo que habrá que decir es que acaban el bachillerato sin dominar ni el inglés, ni el francés, y añadir, que muestran importantes carencias tanto en castellano como en la lengua de su comunidad, por no citar que su nivel de matemáticas es de los más bajos de todos los países de la OCDE, sólo comparable a países con un desarrollo social y del sistema educativo, teóricamente muy inferiores al del nuestro.

En otro post se habla de un país anómalo y parece que en los últimos tiempos nos hemos deslizado por la pendiente de los despropósitos, y este viene a ser uno más.Los informes PISA nos hablan de gravísimos problemas en nuestro sistema educativo. Por sólo citar algunos: muy bajo nivel de matemáticas y dificultades en lengua (a la castellana o de la comunidad me refiero), amén de que la alfabetización digital y la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación brilla por su ausencia, y nuestras autoridades educativas en lugar de atender las peticiones, que desde diversos colectivos se hicieron en el momento de la discusión de la LOE, por ejemplo, incrementando el horario de matemáticas en una hora a la semana, o dando pasos en el terreno de la educación digital y las nuevas tecnologías, se centró el debate en otros temas de mucho menor calado y ahora se nos anuncia esto de la segunda lengua.

De verdad sería conveniente comenzar a tomarse el tema de la educación en serio. Poseemos uno de los sistemas educativos con mayor fracaso escolar del mundo y con mayor desigualdad por sexos. En muchos centros no llegan al 50 % los varones que consiguen el título de ESO. La conferencia de rectores viene anunciando año tras año la caída en el nivel de los alumnos y alumnas que acceden a la Universidad. Recientemente una información de prensa hablaba de un estudio realizado en Cataluña, según el cual por primera vez en 100 años se constataba un descenso en el nivel educativo de una generación en relación con la que le precedió y las autoridades educativas siguen olvidando, que por aquí va el grueso de los problemas de la educación dedicándose a improvisar y adoptar medidas, como este de la segunda lengua extranjera, que claramente hace pensar que los engranajes de comunicación de las necesidades del sistema educativo están fallando.

Para quien desconozca de lo que estoy hablando que piense que del horario lectivo de los alumnos y teniendo en cuenta que las lenguas tienen una carga horaria elevada, dedicarán más de la mitad del mismo a esa labor. Imaginad por ejemplo que de las 6 horas de una jornada lectiva, varios días coincidirá que tendrán 4 lenguas, por ejemplo: castellano, francés, gallego e inglés, aquellos que viven en comunidades con lengua propia y, mientras tanto, se ha negado el incremento de 1 hora semanal para matemáticas y la enseñanza se sigue impartiendo de la misma forma que cuando ni existían los ordenadores, ni se conocía Internet, las videoconsolas y las Nintendo.

Sencillamente increible

28 enero, 2007

Texto de Manuela Carmena

Cuelgo de nuevo un texto con parte de una intervención de Manuela Carmena, que me ha enviado Athini y reproduzco un pequeño párrafo del comentario que lo acompañaba por lo que tiene de ilustrativo.
El párrafo es " El artículo debería estar alojado en la página electrónica de la fundación "Pensamiento Crítico" (cuya afinidad con el PSOE creo que no hace falta resaltar), pero hace mucho tiempo que, por alguna razón técnica, no es posible acceder a él en dicha página."

Y ahora el texto:


Lo que nos queda por hacer


Parte final de la intervención de la magistrada Manuela Carmena en las V Jornadas de Pensamiento Crítico (el texto completo estuvo originalmente alojado en la página electrónica www.pensamientocritico.org)

Manuela Carmena

Desde que la violencia contra las mujeres se empezó a perfilar como un problema social (gracias sobre todo a las organizaciones feministas), se ha responsabilizado de este fenómeno a la tolerancia e ineficacia de los órganos judiciales. Esto tampoco es un fenómeno aislado.
No hay más que seguir, desde cualquier hemeroteca, un poco nuestra historia contemporánea para constatar cómo se identifica la falta de dureza de los tribunales con el aumento de los delitos. No hay más que ver cómo precisamente ahora, y ante el debate surgido desde la oposición política sobre el incremento de la delincuencia, se ha generado una situación de opinión pública de tal carácter que ha llevado a reformar el Código Penal, para imponer penas más duras.

Todavía no se ha demostrado desde una perspectiva de investigación penelológica que sea cierto que las penas más duras eviten la comisión de los delitos. El criminólogo japonés Ko Akalsuka, en una interesante ponencia que presentó en el Congreso Internacional de Medidas Alternativas a la Prisión, en Ontario (Canadá), en 1998, afirmaba que no existe ninguna relación entre índices de encarcelamiento y disminución de actividad delictiva, sino más bien al contrario. Es decir, que índices bajos de encarcelamiento suelen ir acompañados de actividad delictiva baja.

En el año 1994, en Estados Unidos había 500 presos por cada 100.000 habitantes. En este momento, la población penitenciaria se ha duplicado: ya hay 1.000 personas presas por cada 100.000 habitantes, y casi más de 2 millones de personas presas.

Sin embargo, en Japón solamente hay 37 personas presas por cada 100.000 habitantes. La política de restricción de la utilización de la prisión en Japón es muy elevada, pues solamente el 7% de las personas condenadas ingresan en prisión. El 93% restante se somete a formas alternativas a la prisión para corregir sus conductas delictivas.

La problemática de la violencia contra las mujeres no se ha escapado de la aceptación de estos tópicos. Como ya decía más arriba, el propio desarrollo de los planes contra la violencia de las mujeres está desnivelado en el sentido de dedicar la mayor parte de recursos a la promulgación (otra vez) de distintas y nuevas leyes, tanto materiales como procesales, encaminadas fundamentalmente a conseguir sobre todo el incremento de los castigos de los agresores, y sin establecer si este incremento protege o vulnera a sus víctimas.

Durante el año 2001, el Consejo General del Poder Judicial realizó un estudio, en colaboración con la cátedra de Filosofía del Derecho de la Universidad de Zaragoza, sobre sentencias dictadas en todo el Estado español en materia de violencia doméstica. El resultado de este estudio era indicativo de que, sobre todo en materia de denuncias por maltrato doméstico con la consideración de faltas, la mayor parte de las sentencias estudiadas habían sido absolutorias.

Aunque no tengo ahora datos concretos sobre cómo ha evolucionado la respuesta judicial, por mi propia experiencia, como magistrada de la Audiencia Provincial de Madrid, lo que me permite analizar bastante sentencias de los juzgados de lo penal y de Instrucción, creo que puedo afirmar que las sentencias condenatorias, sobre todo en juicios de faltas, han aumentado de una manera espectacular. ¿Por qué ha sido esto? En mi opinión, se debe fundamentalmente a la fortísima sensibilización que los colectivos de mujeres han conseguido poner en marcha.

Esta sensibilización tiene sus particularidades. Pienso que la mayor parte de jueces y magistrados están –estamos– dispuestos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para evitar el incremento de la violencia doméstica, y de ahí que en muchas ocasiones se acceda a lo que piden mujeres y colectivos de mujeres, sin que, sin embargo, estemos convencidos de que lo que estamos haciendo sea realmente útil para disminuir el problema de la violencia doméstica. Hacemos –o creemos hacer– lo que se espera de nosotros, para no tener ningún tipo de reproches, ni de nuestros propios órganos de inspección, ni de los medios de comunicación, ni de los colectivos feministas, sin realmente plantearnos si con nuestras actitudes estamos ayudando a resolver el problema.

MÁS SENTENCIAS CONDENATORIAS Y MÁS AGRESIONES. Por supuesto que no puedo asegurar que esto sea una tendencia constante e imparable, pero sí es posible asegurar que, haciendo algunas otras cosas que todavía no hemos intentado, pudiera cambiarse la orientación de la tendencia. Por ahora lo que me parece incuestionable es que las medidas que se han acordado no estén produciendo un descenso de la violencia.
He dicho ya más arriba que en otros aspectos de la criminalidad está demostrado que el incremento de la severidad de las penas no disminuye en absoluto la actividad delictiva. Si en otros aspectos de la criminalidad es trascendental buscar el castigo acertado en su extensión y en sus características, creo que, evidentemente, en materia de violencia doméstica es más importante que en otros aspectos de la política criminal, si cabe, buscar especialmente castigos eficaces y acertados.

En materia de violencia doméstica la política criminal encuentra una realidad peculiar, diferente a la que aparece en otro tipo de delitos, como los delitos contra la propiedad, de tráfico de drogas, o de terrorismo. Cualquier política criminal pretende, lógicamente, conseguir la modificación de las conductas del delincuente. En este caso concreto, la actitud del delincuente está inmersa en la vida privada y enlazada con el comportamiento de su pareja y los suyos. El objetivo último, por tanto, de cualquier política criminal es modificar la conducta del delincuente, e implica, en este caso, una intervención absolutamente necesaria en la vida privada de los agresores.

En mi opinión, es éste uno de los aspectos en que los que se evidencia cada vez más la torpeza objetiva de los órganos judiciales para abordar de una manera eficaz la modificación de conductas íntimas y privadas del individuo.
Un magistrado amigo mío dice que lo mismo que la medida verdaderamente eficaz para sofocar un incendio es apagar el fuego, la verdadera seguridad para la mujer maltratada es que nunca más vuelva a ser objeto de la violencia criminal de su pareja. Para eso es necesario apagar el fuego de esa violencia, es decir, modificar la conducta del agresor.

El Derecho penal moderno es un derecho garantista, y el objetivo que pretende, fundamentalmente, es analizar el hecho delictivo en sí mismo, descontextualizado de la persona, del agresor. Se ha discutido en muchas ocasiones, y se ha rechazado, la opinión de quienes nos inclinamos más por considerar que se debe juzgar no sólo la acción, sino también el contexto; que esto podría ser un derecho penal de autor contrario a la concepción garantista del Derecho penal. Sostienen quienes defienden esta postura que debería distinguirse en los procesos penales lo relativo al análisis del hecho cometido, del proceso de determinación de la pena, y que debiera ser en esta segunda fase, en la determinación de la pena, donde se establecieran todos los elementos objetivos necesarios para adecuar, a la vista de las características personales del sujeto, el castigo conveniente.

No se trata tanto de entrar, ahora, en este debate sobre cuál es el papel de Derecho penal, y la eficacia que se consigue con éste para reprimir conductas criminales, sino en llamar la atención de que precisamente en materia de violencia doméstica no somos eficaces, no protegemos bien a las mujeres si cuando analizamos la conducta de los agresores separamos el hecho del contexto.


LA EFICACIA DE LOS JUICIOS PENALES. Hace unos días, tenía un proceso de apelación de un juicio de faltas en el que se había condenado al marido por un maltrato de palabra a su esposa. Afortunadamente, en aquel caso, el Juzgado de Instrucción había tenido el acierto de grabar en vídeo el acto del juicio de faltas. Pues bien, en este juicio de faltas se veía cómo el marido denunciado pretendía explicar al juez que su esposa también le había insultado. El magistrado insistía en que aquel juicio no era para resolver las denuncias del marido contra su mujer, sino, especialmente, para analizar la denuncia que había hecho con anterioridad la mujer al marido. El juez, efectivamente, acabó con la condena del marido, y yo me preguntaba –y me pregunto ahora– si el no haber permitido escuchar todo lo que pasó no es una forma de amputar el contexto y de impedir conocer lo que realmente ha sucedido.
Me pregunto yo también ahora si el condenar desde un objetivo parcializado no provoca una reacción de injusticia en el condenado, y si esa sensación del condenado de ser tratado injustamente por el juez no significa un incremento mayor en la violencia y, por tanto, un riesgo más para la denunciante.
En un encuentro sobre el acceso de los ciudadanos a la justicia en octubre del pasado año, se discutió sobre si las condiciones actuales físicas de los juzgados, sala de juicios, estrados, banquillo de acusados, etc., eran elementos disuasorios para el análisis de los sucesos que juzgamos, y se vio la conveniencia, sobre todo en determinadas jurisdicciones, como las relativas a la familia, de diseñar juzgados con otra estructura física, espacios reducidos, mesas redondas y todo aquel que facilite el entendimiento y el esclarecimiento, y también, por supuesto, el castigo útil y la protección eficaz.

Sólo cuando se conoce bien el suceso, sólo cuando se han comprendido bien las actitudes de unos y otros, se puede castigar y proteger con eficacia. Y para eso es necesario una humanización de la justicia.
Soy partidaria, y siempre lo he sido, de que se especialicen determinados juzgados en violencia doméstica. Es más, diría que soy partidaria de que fueran los juzgados de familia los que llevaran también los aspectos penales de la violencia doméstica.

Las características de la justicia española, y probablemente las de otros países con sistemas judiciales similares (los que partieron de lo que se llama el tronco napoleónico de la justicia), evidencian una justicia de carrera funcionarial, alejada de la problemática social y muy basada en la utilización técnica de la norma jurídica burocratizada. Los jueces y magistrados que la componemos somos el producto del diseño de nuestro ordenamiento. Sostengo que cualquier ordenamiento jurídico que pretendiera un juez humanista, implicado en la resolución de los problemas, accesible a los ciudadanos, etc., lo tendría. Los diseños institucionales son los que configuran los perfiles humanos que los constituyen, y así, por tanto, creo que no se trata de culpabilizar a la judicatura española como tal, sino simplemente decir que se ha optado por un tipo de ordenamiento jurídico que produce jueces con tendencia a la burocratización técnica, aislados de los problemas sociales.

Por eso, creo que sería razonable cuestionar ahora este tipo de modelo judicial y empezar a ensayar en los aspectos relacionados con la vida privada de las personas que tienen tanta trascendencia, como es este de la violencia doméstica. Una especialización con profesionales que no procedieran del mundo del Derecho (aunque, naturalmente, los juzgados tuvieran también expertos en Derecho), con importantes conocimientos de comunicación, psicología, pedagogía, etc. .

No quiero que esto se entienda como si el optar por otra forma diferente de esclarecer los hechos delictivos ocurridos fuera una tolerancia o disculpa para las actitudes de los agresores. Todo lo contrario. Lo que quiero decir es que si en todos los casos es fundamental que el castigo sea acertado, en este concreto no solamente es fundamental para el agresor, sino que además es esencial también –y seguramente decisivo– para proteger la vida de la agredida; que el castigo que merece el agresor sea el más conveniente para hacerle cambiar su conducta.

LOS CASTIGOS ÚTILES, LOS TRATAMIENTOS PARA LOS AGRESORES. Sin saber muy bien por qué, siempre que he defendido la necesidad del castigo útil me he encontrado con respuestas airadas de colectivos de mujeres que han insistido en que todo tipo de tratamiento para los hombres agresores no era nada más que tirar el dinero, y que han hecho todo lo que estaba en su mano (naturalmente, con el loable propósito de proteger a las mujeres) para que no hubiese dinero público destinado al tratamiento para modificar las conductas de los agresores. En determinados debates, siempre he oído alegar a quienes han defendido estas posturas que, en el mundo en general, se había demostrado un extraordinario fracaso en este tipo de tratamientos.

Sería conveniente, por supuesto, y antes de hacer afirmaciones de esas características, el poder ofrecer algún estudio objetivo sobre los resultados de los tratamientos. Estoy convencida de que si se hiciera así, podríamos comprobar, en primer lugar, que el ser humano, por definición, tiene siempre capacidad de evolución y cambio, siempre que se le apliquen pautas adecuadas. En este aspecto, como en otros de la vida personal y social, cambia y evoluciona. Es decir, asegurar que no dan resultados los tratamientos para los agresores, es como afirmar que los tratamientos de conducta de cualquier tipo son inútiles, cuando sabemos, sin embargo, que están las clínicas llenas.

Quienes hemos conocido de cerca todo lo relativo al tratamiento de las dependencias, sabemos que los procesos de modificación de la conducta son complicados, y con evolución desigual, con avances, con retrocesos; pero es que, por definición, los procesos de aprendizaje de la conducta humana son así. Al fin y al cabo, no debemos olvidar que precisamente la ley no es otra cosa más que un intento de organizar las conductas de los ciudadanos, y por eso, cuando las leyes no se cumplen en la medida deseada, no podemos dejar de seguir haciendo esfuerzos para mejorar los necesarios cambios de la conducta de los agresores.
Entre los textos que he podido contrastar, me parecieron muy interesantes algunos de los tratamientos que se llevan a cabo en países nórdicos como Noruega y Finlandia. En concreto, el que se desarrolla en Noruega, el proyecto Alternativ Til Vold, ha alcanzado una evaluación del siguiente tenor: del 50% al 60% completan el tratamiento. De ellos, entre el 80% y el 90% han abandonado el uso de la violencia física. De los 2.000 hombres que fueron contactados por los evaluadores, entre el 25% y el 30% no se presentaron a la primera sesión. Muy al principio de la terapia lo dejaron entre un 5% y un 10%, y entre un 60% y un 65% lo continuaron hasta el final.


NOTA.
Manuela Carmena es magistrada de la Audiencia Provincial de Madrid.

26 enero, 2007

Mujer y ciencia

Si mi experiencia me dijera, que hombres y mujeres somos iguales cuando miro quien está ocupado en la construcción, o de cajera de supermercado, o cuando al mirar las sentencias de separación observase un trato igualitario y la custodia de los hijos cuando no fuera compartida se concediera al 50% para una u otro cónyuge, si observase igual trato y resultados en niños y niñas en la escuela.....

Si a pesar de esas diferencias observase que la actitud del feminismo y los legisladores procurase no ahondar esas diferencias entre los sexos, por ejemplo, a la hora de las custodias de los hijos o el reparto de la sociedad de gananciales en las separaciones, o a la hora de buscar la conciliación de la vida laboral y familiar, y no hiciese distingo entre si quien insulta en una riña de pareja es él o ella, o si observase que, con el mismo celo, se procurase corregir las desigualdades cuando la parte perjudicada fuera el varón, entendería que se utilizase esa vara de medir llamada paridad...

Pero si lo que observo es que nuestro tribunal constitucional dictaminó que no se producía desigualdad cuando nuestra legislación establecía la obligatoriedad del servicio militar sólo para los varones, o cuando se consagra una legislación que establece discriminación positiva sólo para uno de los sexos, y además lo hace donde ya la situación de desigualdad es hacia el varón, el recurso a la paridad cuando interesa me resulta claramente una ofensa, primero a la inteligencia y en segundo lugar a la justicia y la igualdad.

Y esa es la sensación que he sentido esta mañana al leer que la Xunta de Galicia crea la Unidade de Muller e Ciencia (centro que promoverá la presencia femenina en los comités que se encargan de conceder becas y decidir ascensos) para duplicar la plantilla de catedráticas y jefas de investigación.

Y si cuestionable es el procedimiento, los “argumentos” a favor de tal medida son todavía más peregrinos, de tal modo que lo que valía para ayer hoy no vale y donde dije digo quise decir Diego, en una ensalada de “razones” que no resisten el más elemental análisis. Por citar sólo alguno de los argumentos aducidos ahí van los siguientes:

“La secretaria general de Igualdade, Carme Adán, culpó ayer de esta falta de alumnas en carreras técnicas a los “estereotipos” que empujan a los hombres a interesarse más por esta área del conocimiento” (El País 26.1.07)

O sea que donde las mujeres obtienen mejores resultados la explicación es su mayor constancia, o interés, o capacidad, y donde sucede con los hombres se llama estereotipo

“Hay que trabajar para que la maternidad no signifique una especie de gap en el currículo” afirmó Carme Adam (El País 26.1.07)

“La carrera científica es muy larga y todas las carreras largas son difíciles para las mujeres” argumenta Sanchez Piñón, catedrática de Genética y actual Conselleira de Educación, que considera que la ciencia no se nutrirá de más mujeres hasta que el cuidado de los hijos no sea “una labor de pareja” (La Voz de Galicia 26.1.07)

Son sorprendentes ambas afirmaciones si se tiene en cuenta que según el estudio elaborado por la Xunta sobre esta cuestión, el 60 % de las investigadoras son solteras y el 72 % no tiene hijos ( La Voz de Galicia 26.1.07).

También se señala como discriminatorio la menor presencia de la mujer en el ámbito privado que en el público, pero sin que nadie precise algún argumento para sostener dónde se produce tal discriminación.

Estas afirmaciones resultan más llamativas si tenemos en cuenta que quienes las realizan son altos cargos socialistas y de militancia feminista, que recientemente han aprobado una ley que ha impedido la custodia compartida y sigue considerando que los hijos son “propiedad” de las madres.

Durante siglos los físicos para explicar lo que no eran capaces de hacer de otro modo se inventaron un fluido invisible, imponderable y elástico llamado éter, que llenaba todo el espacio, y por su movimiento vibratorio transmitía las radiaciones. Más tarde se demostraría que lo del éter no había sido más que una invención que sólo estaba en la cabeza de quien lo necesitaba para suplir su ignorancia. A mi entender en la actualidad el feminismo procede de la misma forma. Cualquier diferencia no querida por las mujeres se debe a una “discriminación” y el procedimiento para corregirla es dictar una norma legal que sitúe a la mujer allí donde ella quiere, al margen de procedimientos y sistemas de promoción.

Pretender que las mujeres universitarias de hoy sufren algún tipo de discriminación que les impide progresar al mismo ritmo que a sus compañeros es pura falacia, que en cualquier caso sería necesario demostrar con argumentos algo más sólidos, antes de proceder a dictar normas que si apuntan claramente en una dirección discriminatoria.