En atención a algunas peticiones y después de un paréntesis largo decido volver a publicar en el blog. Lo haré sin embargo con entradas breves, muy breves, una reflexión que se pueda sintetizar en unas pocas palabras. En otro caso lo será para denunciar algún aspecto concreto que me parezca no se deba dejar pasar sin comentario -tengo la impresión de que cada día hay unos cuantos.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
27 abril, 2016
05 septiembre, 2015
Compartir las tareas del hogar, aumenta el riesgo de divorcio
Aparece en la prensa la referencia a un estudio noruego según el cual cuanto más ayuda el hombre en el hogar más aumenta el riesgo de divorcio, por ejemplo aquí.
Y aunque la conclusión es bien clara: compartir las tareas del hogar aumenta el riesgo de divorcio, a la hora de explicar la causa, rehuye la profunda: las mujeres entienden que ese mundo es suyo y no quieren compartirlo con sus maridos, para irse por las ramas y más que la causa de fondo explicar la mayor facilidad de las mujeres de hoy para romper el vínculo matrimonial por su mayor capacidad económica:
"En esas parejas modernas, las mujeres tienen a menudo un alto nivel de educación y un trabajo bien pagado, lo que las hace menos dependientes económicamente de sus maridos. Por lo tanto, pueden hacer frente con mayor facilidad en caso de divorcio".
Aunque de nuevo olvidando que aún cuando los hombres puede que sean expulsados del hogar, eso no los exime de su participación en los gastos de los hijos y la casa. Mucho más claro es ese otro estudio, señalado en la noticia, de la fundación Atyme, en este caso referido a los varones que se jubilan que de forma mucho más clara concluye:
"La intervención del hombre que se acaba de jubilar en las tareas de un hogar en el que siempre han estado las mujeres que no han trabajado fuera puede hacer que ellas tengan la sensación de que se les quita poder".
Poco a poco la teorías feminista sobre los hijos, la familia y el hogar como cárceles en las que el hombre había recluido a la mujer, se muestran verdaderas cortinas de humo para esconder el enorme poder que encierran y que la mujer no está dispuesta a compartir. Recuerdo de nuevo la cita del libro de Alain Touraine en: El mundo de las mujeres.
“Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139)
02 septiembre, 2015
Notas a un artículo misándrico
Notas al
artículo citado en el P.S. de la entrada anterior.
Aunque no se trata
de mi literatura preferida, como da bastante vértigo saber que lo
que expresa cuenta con el beneplácito de una ideología muy próxima
el poder, me gustaría hacer algunos comentarios.
El primero sería
para preguntarme cómo es posible que la sociedad permanezca muda
ante escritos como éste. Cómo es posible que un escrito que habla
de los hombres (sic), como totalidad, escrito en un tono tan
misándrico no merezca mayor atención y crítica.
A continuación
preguntar si no encuentra la autora, quien habla de las mujeres y los
hombres en el tono que lo hace: ellas privadas de todo y ellos a quienes todo les sería regalado, sumamente contradictorio un artículo como
el suyo y el silencio respetuoso con que es acogido, si la sociedad se
aproximase, aunque solo fuese un poquito, a cómo ella la describe.
Lo que mejor
prueba algo así, es la repetición de lo que sucede en otros tantos conflictos, en los que una de las partes ha conseguido hacer callar a
la otra, y que se mantenga muda se diga lo que se diga sobre ella, pero también la constatación de que es pura invención la
distribución de poderes entre los sexos que en su escrito relata.
Por lo demás,
como mejor prueba de lo que dice, solo aporta una sucesión de imágenes de hombres con pistolas en actitud
fiera y violenta: desde Rambo, al Agente 007, pasando por algún
fotograma de la película 300. Si así es cómo la autora ve a los hombres lo
que mejor nos definiría sería la caricatura de algún personaje siniestro de
cómic. (Hay que ver cuánta pasión volcada en crear un
estereotipo masculino, en quien tanto dice renegar de los estereotipos)
A continuación
las notas.
Los hombres matan a las mujeres en
todo el mundo porque han sido educados, y están siendo educados,
para que resuelvan sus conflictos mediante la violencia, por eso
la mayoría de ellos la usan a lo largo de toda su vida para obtener
lo que desean, o para arreglar sus problemas.
¿Y a quién se debe esa
educación? Si no sabemos a quién atribuirla, imposible será
corregirla. Por eso quiero resaltar el silencio cómplice del
feminismo, tan activo en otras ocasiones, ante el hecho de que el
servicio militar obligatorio lo sea solo para los varones.
Los hombres matan a las mujeres
porque creen que son dueños de sus compañeras, sus hijas e hijos,
su casa, su coche y su perro. Se sienten muy superiores a ellos, y
como propietarios, hacen lo que les da la gana con ellos.
¿De verdad la autora cree que
los hombres nos consideramos dueños de nuestras esposas e hijos, y
hacemos con ellos lo que nos da la gana? Se ha parado a pensar un solo minuto en todos esos que justamente lo pierden todo: hijos, casa, coche y hasta perro en caso de separación. ¿quién se considera propietaria de los hijos? ... y de la casa, el coche y el perro.
Los hombres matan a las mujeres
porque han sido educados desde niños para ser los reyes absolutos de
la familia, y los dictadores en su hogar. Los niños aprenden que
los hombres de verdad son siempre respetados, obedecidos y adorados,
y que solo por ser varones gozan del amor incondicional y perpetuo de
los suyos, especialmente si dependen de sus recursos económicos.
De nuevo la educación. ¿A quién
atribuirla, qué papel juegan las madres, y las tutoras de la
guardería, y las maestras, y las profesoras con quienes pasan la
mayor parte del tiempo y de quienes reciben la primeras lecciones de la vida, esas que se consideran cimientos sobre los que desarrollarán su personalidad? ¿A quién atribuimos la educación en las familias
monoparentales, o monomarentales como el feminismo prefiere denominarlas, ya que
son madres en su inmensa mayoría, y a que no se haya observado
ninguna mejora en los niños, más bien todo lo contrario?
Los hombres matan a las mujeres
porque en la televisión aparecemos representadas como objetos de
posesión que pueden ser comprados y vendidos, que pueden ser
violados y abusados, que suelen sentir placer obedeciendo y
sometiéndose, y que están ahí para satisfacer los deseos de
cualquier varón que tenga algo de dinero. Y como cualquier objeto,
si no servimos o no obedecemos, pueden destrozarnos con impunidad,
porque la prensa lo llamará "crímen pasional" y explicara
"sus motivos" (como si hubiese motivos para justificar el
asesinato de una persona).
¿De verdad la televisión nos
vende que podemos comprar, vender y violar a las mujeres?
Los hombres matan a las mujeres
porque la gran mayoría no sabe gestionar sus emociones y viven
presos de su sufrimiento, sus miedos, su dolor, sus traumas, sus
inseguridades, sus malos recuerdos, sus carencias afectivas y sus
problemas más íntimos. Cuanto más miedo y dolor acumulan, más
dramáticos se ponen. Cuanto más inseguros se sienten, más
violentos son.
¿...?
Los hombres matan a las mujeres
porque son machistas: creen que en el mundo unas personas valen
más que otras, y nada más nacer se les coloca en la cúspide de la
jerarquía socioeconómica y se les regala una serie de privilegios:
mejores salarios, los puestos políticos y empresariales más altos,
la propiedad de todas las tierras del planeta son de ellos (más de
un 80%). Ellos gobiernan en mayor medida que las mujeres, ellos son
los dueños de los bancos, las empresas, y los medios de
comunicación.... ellos tienen los bienes y los recursos, lo que les
da poder sobre los demás, y especialmente, sobre las mujeres.
Nosotras somos, para los machistas fundamentalistas, como los
animales: un objeto que se vende, se compra, se alquila, se
intercambia por ganado, se disfruta, se explota, se mutila y se
maltrata.
Sin comentario. Si los hombres
somos machistas porque Coral Herrera lo dice, poco me queda por
añadir. En relación a otras cuestiones que menciona como la brecha
salarial he escrito ampliamente en este y otros blogs y siempre para
desmentir que se pueda equiparar brecha con discriminación. Por
supuesto en esa retahíla de cosas que menciona hay siempre un flagrante olvido: más del 80% de las decisiones de consumo las tomas ellas.
Los hombres matan a las mujeres
porque nuestra cultura amorosa es patriarcal y está basada en el
egoísmo, en el sufrimiento, en la desigualdad, en las relaciones
verticales, en las luchas de poder. El capitalismo romántico nos
hace egoístas, el romanticismo patriarcal perpetúa los mitos
románticos y ensalza el dolor como vía para alcanzar el amor. El
romanticismo patriarcal está basado en la doble moral sexual, en el
placer del sufrimiento, en la dependencia emocional femenina, en la
violencia de género, en el odio como forma de relación, en el
esquema de dominación y sumisión, o la estructura del amo y el
esclavo. Los hombres se han creído que las mujeres somos buenas o
malas, y siguen teniéndole miedo a nuestra libertad y autonomía, a
nuestra sexualidad y erotismo, porque no saben cómo relacionarse con
nosotras de tú a tú. Han sido educados para sentirse adorados,
respetados y necesitados, no para construir relaciones igualitarias.
El mundo del corazón está
prácticamente reservado a la mujer, a quien va dirigido y quien
obtiene provecho de él. Las telenovelas y las novelas del género
romántico tienen un público básicamente femenino. Y buena parte
de sus creadoras son autoras y no autores. Por lo demás estudios muy
rigurosos demuestran que la educación sentimental de las niñas
corre casi por entero de la mano de la madre y el entorno femenino de
las mujeres. Cuestión ante la cual se muestran bastante celosas de
compartir con sus maridos o compañeros.
Los hombres matan a las mujeres
porque no soportan las derrotas. No saben gestionar una ruptura
sentimental porque no les han enseñado que la gente puede seguir su
camino libremente, que nadie nos pertenece, que todos somos libres
para unirnos y separarnos. Los niños que son educados
patriarcalmente en la competición más despiadada no tienen
herramientas para relacionarse en condiciones de igualdad, necesitan
sentirse ganadores, y por eso una ruptura sentimental se vive como un
fracaso. No tienen herramientas para superar el duelo, no pueden
hablarlo con nadie para no sentirse débiles o perdedores, no tienen
a quién acudir cuando se sienten desesperados porque les importa más
dar una imagen de ser alguien fuerte y poderoso. No pueden
desahogarse, no saben pedir ayuda, y en la tele no dejan de enviarles
el mensaje de que el uso de la violencia es legítima y normal cuando
uno tiene que defenderse o defender sus propiedades.
No está probado en los campos en
qué es posible constatarlo y hacer la comparación, que los hombres
toleremos peor la derrota que las mujeres. En otros casos hablar de
derrotas creo que es poco afortunado, salvo que evidentemente no se
sea capaz de olvidar ni por un momento la guerra de sexos y todo haya de terminar con un perdedor y un ganador.
Los hombres matan porque los héroes
masculinos matan y están llenos de gloria. El dios de nuestra
época es un dios guerrero, un macho mitificado por su fuerza y su
violencia. En la publicidad, en los cómics, en las películas, en
los videojuegos se rinde culto a todas horas a los guerreros
asesinos, ya sean androides o caballeros medievales. Todos nuestros
héroes consiguen sus objetivos a través de la violencia, por eso
las películas se desarrollan entre balazos, bombazos, flechazos,
navajazos, puñetazos, machetazos, y escenas de tortura y dolor. La
mayor parte de las películas que emiten en cines y televisión
tienen machos alfa, armas y sangre, gritos y violencia. En todos
ellos el héroe exhibe su fuerza, su valentía, y su capacidad para
aniquilar a quien se le ponga en el camino... los efectos especiales
y la música de la ficción espectacular aumentan su poder de
seducción sobre los espectadores y las espectadoras, que admiran la
sensualidad de la violencia patriarcal y la poesía del sacrificio
varonil.
Al margen de que desde hace ya
mucho tiempo esos héroes se alternan y unas veces son masculinos y
otras femeninos, de quien recibieron gloria fue de sus esposas e
hijos al verlos volver triunfantes y una vez superado el peligro. Los
hombres que históricamente se mostraron débiles ante la defensa de
los suyos solo merecieron el calificativo de cobardes, y fueron
condenados al abandono, por supuesto, también por las mujeres para
quienes habían perdido justamente el atributo de hombres. Dolores
Ibarruri y las mujeres falangistas alentaban a los hombres a pelear
en tono tan vibrante como lo pudiera hacer cualquier General de los
bandos en conflicto. Los carteles que el feminismo cuelga en los
escaparates con rostro masculino de fondo y el texto: si la maltratas
a ella, me maltratas a mí, ¿hacia dónde pretende reconducir esa violencia?
Los hombres matan a las mujeres
porque sienten que se han sacrificado mucho para ser lo que son, y
que eso les da poder sobre las vidas ajenas. A los niños les
enseñamos que si quieren ser héroes y tener poder y fama, si
quieren ser los número uno, si quieren ser los mejores en todo,
tienen que sacrificarse para conseguirlo. El premio es muy seductor:
si eres un macho patriarcal vencedor, tendrás la admiración y el
respeto de los demás machos, y muchas mujeres suspirando por ti y
por tu belleza, por tu valentía, por tu poder y tus recursos. El
sacrificio, sin embargo, es tremendo: tendrán que mutilarse
emocionalmente, aprender a no llorar en público, aprender a esconder
su vulnerabilidad, a no expresar emociones y parecer fríos como un
témpano de hielo. Podrán dar rienda suelta a su ira o a su
frustración, pero no a emociones como la ternura, el cariño, la
tristeza, el miedo, o el amor. Esas son cosas de mujeres, esas
personas imperfectas, débiles y cobardes a las que nadie quiere
parecerse.
Se trata de otro argumento
apodíctico. En cualquier caso donde dice a los niños, debiera decir
a los niños y las niñas salvo que excluya del argumento al equipo
de natación sincronizada, Mireia Belmonte o tantas y tantas otras.
Por otro lado el feminismo insiste constantemente en mujeres fuertes
capaces de competir en todos los campos. NO SE PUEDE MIRAR SIEMPRE
PARA OTRO LADO O CULPAR AL DE ENFRENTE.
Los hombres matan a las mujeres
porque otros hombres matan mujeres también, y porque en la guerra de
los sexos, ellas son las enemigas. El sacrificio patriarcal
implica abandonar el mundo de las mujeres para poder llegar a ser un
"hombre de verdad", dejar el nido materno y unirse solo a
los iguales, es decir, a los varones que demuestren serlo. Para no
descender en la jerarquía social, los hombres tienen que hacer
muestra constante de su masculinidad, so pena de ser comparados con
las mujeres, los niños o los homosexuales. Para no perder el honor
ni ser objeto de burla en el entorno masculino, los hombres jóvenes
tienen que demostrar permanentemente su virilidad: el objetivo es ser
y parecer lo contrario de una mujer. Desde muy jóvenes, se les
enseña a proteger su libertad, y a defenderse del enorme poder
sexual de las mujeres. Los hombre machistas creen que al enamorarse
pierden su poder, por eso necesitan sentir que controlan sus
sentimientos, que no se dejarán manipular por el enemigo y que
pueden acabar con él si no logran dominarlo. Si el enemigo no se
somete, se le mata, como en todas las películas y en todos los
cuentos patriarcales, como en todas las guerras entre pueblos.
La guerra de sexos es un invento
femenino del que su artículo da buena cuenta.
Los hombres que matan a las mujeres
primero se hacen terroristas: siembran el terror en la casa
durante años, e instauran una especie de guerra en la que él es el
único soldado que va armado. Ellos imponen las normas y las hacen
respetar, exigen obediencia y sumisión, tomam decisiones e imponen
castigos, exigen que una o varias mujeres satisfagan sus necesidades
básicas (sexo, comida, higiene, cuidados y mimos, crianza de sus
descendientes). Los hombres machistas quieren ser respetados,
admirados y obedecidos, y necesitan saberse necesarios e
imprescindibles, por eso exigen amor eterno e incondicional, por eso
quieren ser los dueños absolutos, por eso creen siempre merecer el
perdón cuando se portan mal.
Argumentario del feminismo de
género que se aplica como una apisonadora pero que cuando se
pretende un axioma la realidad desmiente. En infinidad de situaciones
todos coinciden en que el crimen es inexplicable y nadie había
observado violencia anterior.
Los hombres matan a las mujeres
porque tienen impunidad, y porque a la opinión pública no le
parece tan grave que un hombre asesine a "su" mujer, por
eso lo ponen en la sección de "sucesos", aunque no sean
acontecimientos extraordinarios porque mueren mujeres todas las
semanas. Para perder esta impunidad, es necesario que los hombres
condenen la violencia de género y que los gobiernos dejen de mirar a
otro lado como si fuese un asunto menor.
Hablar de impunidad solo se puede
explicar como ignorancia o mala fe, sin que sepa decir cuál de las
dos me parece peor en quien tanto pontifica sobre un asunto que
claramente la supera. Decir que se ponen en la páginas de sucesos los asesinatos de mujeres es
haberse mantenido al margen de lo que se publica cada día en los medios, y solo puede obedecer a contumacia ideológica para la que la realidad es lo único que no cuenta..
Los hombres matan a las mujeres
porque no piden ayuda ni se lo trabajan para dejar de ser violentos y
dominadores. Tampoco los gobiernos parecen preocupados por la
cantidad de adolescentes que dominan y maltratan a sus parejas, ni
por los niños que son asesinados en cada feminicidio, ni por los
niños que reproducen el comportamiento violento de sus padres con
sus parejas cuando crecen. Ni las instituciones ni la sociedad
apuestan por enseñar la cultura del buen trato y la igualdad a los
varones, y los medios nos bombardean a diario con imágenes
violentas. Sólo cuando los hombres hacen mucho daño y causan mucho
dolor, se les proporciona terapia o cárcel, o las dos cosas.
Creo que en este asunto el
feminismo y las feministas ni pueden, ni deben lavarse las manos si
nos damos cuenta de que la red de apoyo creada y propiciada por ellas
mismas va dirigida exclusivamente en su provecho y de ella han sido excluidos expresamente los varones.
31 agosto, 2015
Neofeminismo: filosofía de Estado
Escribo esta entrada al hilo de la
anterior
y después de ver cómo el neofeminismo se ha convertido en filosofía
de Estado, aunque más apropiado sería decir ideología, ya que la
filosofía se refiere a la condición humana y la ideología de
género únicamente a lo femenino, porque si ya demasiado grave es
que suceda algo así, mucho más lo es si tenemos en cuenta que su
sustento intelectual: la perspectiva de género, no resiste la más
mínima prueba científica, ni de contraste con la realidad. Y cabe
destacar por eso mismo que, ni éste, ni ningún otro feminismo ha
hecho jamás balance, ni desea hacerlo, ya que desvelaría su
verdadero objetivo que en ningún caso pasa por la igualdad de
hombres y mujeres. En esa
carrera con la tortuga que Aquiles nunca ganará, a cada paso se
nos proponen nuevas metas, pero la montaña siempre está igual de
distante y, mientras tanto, al hombre se le ha declarado ausente y no
sujeto de atención.
Según ese enfoque la sociedad
patriarcal no se ha superado, a pesar de que la mujer ha conseguido
para sí todos los derechos sobre la reproducción y es la figura más
importante en la familia, a veces, de forma única como, de igual
modo, parecen constituir menudencias la masiva incorporación al
mundo laboral, la presencia en la universidad, o la participación en
cuanto foro y actividad les apetece. Y eso cuando ninguno de los
grandes objetivos del feminismo histórico lleva camino de hacerse
realidad, más bien al contrario, cualquiera de sus previsiones ha
fallado: los roles masculino y femenino son igual de divergentes que
en tantos otros momentos históricos y los famosos estereotipos de
hombre y mujer, llevan camino de identificar al primero con el mal y
la segunda con el bien. Los hombres seguimos haciendo como en tantos
otros momentos históricos unas tareas: protección y una parte de
la provisión y las mujeres las tareas de cuidado y otra parte de la
provisión, aunque ahora éstas estén mucho más mediatizadas por el
Estado. La pretensión de que los sexos son perfectamente
intercambiables solo puede conducir a error.
El error evidentemente es de base y
parte de la negación de que hombres y mujeres somos diferentes ya
antes de nacer, y las inclinaciones y propensiones de cada uno y cada
una son distintas para casi cualquier momento de la vida, sin que
esto sea incompatible ni con la común humanidad, ni con la
compartición de infinidad de espacios comunes. Nos gustan juegos
diferentes; tenemos inclinaciones intelectuales y de otro tipo
diferenciadas; en el mundo laboral desempeñamos trabajos distintos,
entre ellos los de mayor riesgo y esfuerzo; en la familia nuestros
papeles son diversos, y parece claro que en ese ámbito no es el
hombre quien los establece; desempeñamos las tareas de protección y
cuidado de modo significativamente desigual; y en la red, una
conquista bien reciente, ellas visitan mucho más las páginas de
moda, belleza y salud y ellos las de deportes, política o filosofía,
-y esto espero que no se vea como una simple anécdota. Pretender
uniformizar a los sexos es una tarea vana porque no es verdad que los
sexos sean una construcción cultural como toda la ciencia ha
demostrado en los más diversos campos pero también porque la
diferencia enriquece a ambos. Paradójicamente el feminismo que niega esas realidades, procura desde lo jurídico y político la negación de esa común humanidad.
Como por ningún lado se aprecia ese
lúgubre relato feminista de la historia de los sexos y, a pesar de
todos sus malos augurios, nada ha impedido que alcanzásemos a vivir
en estados democráticos y en algunos casos del bienestar, que han
repartido sus beneficios para todos: ellos y ellas, lo que resultaría
impensable, de hacer caso a esos postulados según los cuales la
pretensión del varón sería mantener dominadas y subyugadas a las
mujeres. La idea de que el patriarcado pretendería una sociedad en
la que ellos vivirían a cuerpo de rey y ellas como esclavas es
insostenible se mire como se mire y no tapan esas vergüenzas los
múltiples intentos de probar que eso sea así y se hable de cosas
como la brecha salarial o el sexismo lingüístico, tan desmentidas
por quienes saben, como consolidadas en los estados de opinión
construidos a fuerza de una constante e inagotable propaganda y su
reiteración hasta el infinito. En su delirio la perspectiva de
género pretendería que no solo los hombres discriminarían a las
mujeres también que el mercado lo haría: en el ámbito laboral lo
llevan diciendo desde hace mucho tiempo, y ahora han extendido esta
pretendida discriminación, una más, al ámbito del consumo. Todo
parecería confabulado contra las mujeres no se sabe muy bien por qué
mano negra.
Mientras tanto, cosas como el suicidio
o la enfermedad mental salen a
colación si acaso les afecta a ellas y el resto del tiempo
permanecen en el más profundo de los silencios, aún cuando ellos
sean los más afectados. No digamos la menor esperanza de vida, que
para este caso sí se explicaría por el comportamiento irresponsable
de los varones. La asimetría y la ausencia de reciprocidad son
constantes de este enfoque, enfoque que algunos dirigentes políticos
quieren seguir trasladando a la ley y la sociedad. Pedro Sánchez el
secretario general del PSOE nos ha propuesto: en primer lugar
funerales de Estado para las víctimas de la violencia de género, a
continuación la supresión del Ministerio de Defensa para dedicar
sus recursos a combatirla y ahora la
extensión de la Ley de violencia de género a todos los ámbitos
de relación entre mujeres y hombres. ¡Cómo si lo sucedido en su
gestación y desarrollo y, sobre todo, en su resultado pudieran
calificarse de otro modo que fracaso! Y como si todo lo anterior no
fuese suficiente parece que la reforma más importante, la que
consagraría una definitiva separación de los sexos, quedaría
reservada para esa modificación de la Constitución que pretenden.
No sé por cuanto tiempo más
permanecerá este tema vetado a los ciudadanos y a la opinión
pública, por cuánto tiempo la única voz que se escuche sea la del
feminismo de género y quienes lo sostienen, por cuánto tiempo los
“expertos” serán quienes decidan sobre divorcio, custodia
compartida, equipos psicosociales, y un largo etcétera de temas de
primera magnitud que no pueden ser negados a la opinión pública que
está en el derecho de conocer cómo, con qué criterio y quiénes
toman decisiones que van afectar profundamente a su vida y la de sus
hijos. Y sobre todo, no se puede seguir dando carta de naturaleza
científica, ni pretender filosofía de Estado, a una ideología
construida sobre los endebles cimientos que sostienen a ésta y un
enfoque que divide tanto a la sociedad, hasta el punto de pretender
dos mundos jurídicos distintos al estilo de las sociedades del
Antiguo Régimen.
P.S. Por si todavía quedan dudas de que la misandria habita entre nosotros en forma de ideología debería leer este artículo.
P.S. Por si todavía quedan dudas de que la misandria habita entre nosotros en forma de ideología debería leer este artículo.
25 agosto, 2015
El Neofeminismo y los hombres
Cuando
hace diez años puse en marcha este blog estaba muy lejos de saber
cuánto derivaría en solo unos pocos años la temática de género.
Y aún cuando ya me parecía bastante alarmante lo que sucedía, en
modo alguno era capaz de suponer cuánto más habría de crecer mi
capacidad para la sorpresa. En mi imaginario el movimiento feminista
estaba compuesto por mujeres de carne y hueso que seguramente no
tendrían inconveniente en debatir en un espacio como el de un blog y
sacarme de mi desconocimiento si ese era el caso. Aun debería haber
espacio para la deliberación y el contraste de opiniones, así había
sucedido siempre y en aquel momento no debería ser algo diferente.
Pero lo cierto es que eso propiamente no llegó a pasar nunca.
Claro
que no conocía en profundidad algunas de las cosas que habían
sucedido en el movimiento feminista de las últimas décadas y su
radicalización, al decidir situar al hombre como su enemigo, ni
imaginaba las repercusiones que tendría un hecho de mucha mayor
trascendencia y que está en la base de casi todo lo que hoy ocurre
alrededor de este tema: la Cuarta Conferencia Mundial sobre la
Mujer (Beijing, 1995) auspiciada por la ONU y en la que 189
gobiernos adoptaron la Declaración y Plataforma de Acción de
Beijing con los siguientes doce puntos que, aunque en su formulación
parecen bastante planos, en su desarrollo nos conducirían a la
situación en que nos encontramos. Los doce puntos son:
- La
pobreza que pesa sobre la mujer.
- El
acceso desigual a la educación y la insuficiencia de las
oportunidades educacionales
- La
mujer y la salud.
- La
violencia contra la mujer.
- Los
efectos de los conflictos armados en la mujer.
- La
desigualdad en la participación de la mujer en la definición en
las estructuras y políticas económicas y en el proceso de
producción.
- La
desigualdad en el ejercicio del poder y en la adopción de
decisiones.
- La
falta de mecanismos suficientes para promover el adelanto de la
mujer.
- La
falta de conciencia de los derechos humanos de la mujer
internacional y nacionalmente reconocidos y de dedicación a dichos
derechos.
- La
movilización insuficiente de los medios de información para
promover la contribución de la mujer a la sociedad.
- La
falta de reconocimiento suficiente y de apoyo al aporte de la mujer
a la gestión de los recursos naturales y a la protección del medio
ambiente.
- La niña.
Porque
a partir de ese momento es como si se hubiese decretado que el hombre
no existiese como sujeto de atención y, lo que es más cierto, el feminismo pasaría a ser otra
cosa - de ahí que yo prefiera llamar a lo que sucede desde entonces
neofeminismo- un movimiento institucional que partiendo de la
ONU irradia su acción en cascada a todas las instituciones y los
Estados, incluidos para nuestro caso la U.E., el Gobierno de España,
las comunidades autónomas y en general todas las instituciones
públicas, también muchas del ámbito privado, entre ellas los
medios de comunicación, desatando en casos como el nuestro, más
hambriento de reconocimiento internacional - así al menos lo
entendió Zapatero-, una verdadera carrera por ver quien llegaba más
lejos, hasta el punto de que los primeros sorprendidos eran los
propios diputados “obligados” a votar propuestas nunca antes
discutidas como cuando se impuso la paridad por ley.
Y
no es que el movimiento feminista y las asociaciones hayan perdido
influencia, todo lo contrario, se vieron claramente reforzados, sino que la dialéctica en torno a la igualdad se situó en un nivel
diferente. Los objetivos de la conferencia lo eran de los Estados y
es desde ellos y con toda su fuerza que se toman las decisiones
concernientes a los mismos. La profusión legislativa de los
Gobiernos de Zapatero en relación con estos temas, es ahí donde se
hace necesario contextualizarla. Pero también que la dinámica
desatada desde ese momento ya no tenga como protagonistas exclusivos
al movimiento feminista, sino que extiende su radio de acción al
conjunto de la sociedad sin importar el sexo, hasta el punto de que
buena parte de sus protagonistas destacados sean varones o que las
leyes que desarrollan esos objetivos hayan sido aprobadas por
Parlamentos de mayoría masculina.
Los
que nos oponemos a esta deriva deberíamos prestar más atención a
esta realidad. Es desde lo jurídico y las leyes que todos estos
cambios se están promoviendo en un juego combinado de las acciones
de los Gobiernos desde arriba y el movimiento feminista y de las
asociaciones de mujeres desde todos los ámbitos en que tienen
presencia, que sin duda son muchos más de los que se quiere
reconocer. Pero algo así tiene sus claras limitaciones y genera no
pocos problemas, tantas como pretender que la situación de los
cinco millones de parados se resolverá con una reforma del Estatuto
de los trabajadores, o que basta una Ley educativa para resolver los
malos resultados de los estudiantes olvidando conocer lo que finalmente
ocurre en las aulas.
Lo
cierto es que subidas a esa ola y sin considerar que la prosecución
de esos objetivos debería tener una geografía de aplicación que
diferenciase el mundo musulmán de otras realidades culturales y
sociales, las necesidades educativas de las africanas de las de otras
latitudes, o la misma realidad de clase, se impuso la visión de que
la mujer era una, perteneciese a la clase que perteneciese y se
encontrase donde se encontrase, lo que en nuestro país condujo a
operar como si cada uno de esos objetivos debiera tener una
traslación literal a nuestro legislación procediéndose a
privilegiar la posición de la mujer en cada uno de ellos en una
tabla rasa que prescindía del punto de partida y como si, por
ejemplo, el acceso a los recursos educativos y sanitarios con
anterioridad fuese distinto para ellas que para ellos.
Y
para enfatizar el compromiso del Gobierno de aquel momento se aprobó
una Ley contra la violencia de género de las más duras del mundo,
aun cuando en ese momento ocupábamos en la tabla uno de los niveles
más bajos, a mucha distancia de algunos de nuestros vecinos. A ella
seguirían otros posicionamientos en relación con el divorcio, la
custodia compartida o la negación del SAP que claramente ponían de
manifiesto el derrotero a seguir. Todo ello sin miramientos sobre si
se ponían en riesgo importantes derechos o si con la aplicación de
las mismas se derivaría en desigualdad y discriminación hacia el
varón. Los objetivos políticos mandaban y se iniciaba una carrera
para no poner en riesgo las expectativas electorales de las que nadie
quería quedar descolgado. Más tarde el Tribunal Constitucional y
el Supremo corregirían algunas de estas posiciones.
Lo
que ha sucedido recientemente con el eurodiputado López Aguilar
debiera conducirlos: a él y su partido a una reflexión, pero a
tenor de los posicionamientos de Pedro Sánchez y Carmen Montón nada
indica que algo de eso se vaya a producir. Es la reducción de todo a
la política. Como igualmente llamativo resulta cuánto se parecen
los lamentos de Errejón y Juncker por el escaso número de mujeres
que acceden a los órganos de dirección de las instituciones de que
forman parte. Será quizá uno de los escasos momentos en que un democristiano europeísta y un militante de Podemos coincidan. Pero sorprende también que eso no les lleve a una
reflexión más profunda para indagar el por qué esto es así y si
basta con lamentarlo, echar la culpa a los estereotipos o lo que es
más frecuente culpar directamente a los hombres.
Como
también que desde ese momento y si para cada uno de los objetivos
perseguidos la posición del hombre fuese mejor que la de la mujer y
careciese de algún tipo de necesidad específica: pienso por ejemplo
en el fracaso escolar masculino, el suicidio y tantos otros, se ha
procedido como si no existiesen. Y por si lo anterior no fuese
suficiente la imagen del hombre no ha dejado de ser vapuleada sin
piedad hasta el punto de que lo que con más frecuencia se nos
presenta es un ser violento y dominante incapaz para la empatía y el
cuidado, cuando no como un incompetente para casi todo. La relectura
de la historia que nos proponen va también en esa dirección. En
pocos años se ha cavado un importante foso de separación entre
mujeres y hombres lo que no deja de traslucirse en la dificultad para
el compromiso o la frecuencia de ruptura de las relaciones
matrimoniales. La desconfianza entre los sexos no para de crecer y
aquel pretendido avance de civilización que nos haría más iguales
parece arrumbado al baúl de los recuerdos.
Pero
es que si vemos la cuestión desde el prisma de los objetivos
históricos del feminismo el panorama no es mejor. Preguntémonos en
qué está quedando aquella pretendida superación de roles masculino
y femenino que a tanta literatura feminista dio lugar y tanto pie a
fustigar el hombre a cuenta de la sociedad patriarcal. Fijémonos en
qué está quedando aquello de las tareas de protección y del
cuidado ¿Se ha avanzado algo en ese terreno o se ha cronificado y no
hay solución? Mientras las tareas de protección: ejército,
policía, bomberos... sigue sustantivamente en manos de los hombres,
nuestra sociedad a través del Estado ha decidido poner en manos de
las mujeres las tareas de la educación y el cuidado: sea en la
guardería, la escuela infantil y primaria, la sanidad, el cuidado de
los mayores o la dependencia... desde la cuna a la tumba la educación
-al menos en las primeras etapas de la vida- y el cuidado se
residencia en las mujeres. Lo que unido a su papel en las nuevas
formas de familia, particularmente las monoparentales, hace que el
hombre nunca estuviera más alejado de ellas que ahora. Mientras
tanto las tasas de natalidad se sitúan entre las más bajas del
mundo y la mitad de las familias monoparentales en el nivel de la
pobreza.
Todo
ello en un contexto como he analizado aquí
en el que las desigualdades de todo tipo: educativas, económicas,
territoriales, no dejan de crecer. Y hoy me gustaría recordar las
educativas, el llamativo y preocupante dato de que nuestro sistema
educativo ha parido una medio generación en la que junto a un 39 %
de jóvenes de entre 25 y 34 años con estudios universitarios
convive un 35% de esos mismos jóvenes que en su inmensa mayoría no
alcanzan la ESO, porque el índice de fracaso escolar para todos los
años de su escolarización se situó por encima del 30%. La
desigualdad económica separa pero la educativa no lo hace menos y un
país como el nuestro en modo alguno se lo debiera permitir, aunque
escasísimos sean los líderes políticos que han decidido prestar
alguna atención a esta cuestión. La inmensa mayoría de los que
carecen de ese capital cultural son varones. Beijing merecía otra
lectura. Hasta el presente no ha sucedido y lo que asoma por el
horizonte no parece que vaya en mejor dirección.
14 agosto, 2015
Sobre censura, expertos y otras hierbas
En esta
entrada de Cultura 3.0 se nos recuerda que la censura no es algo
exclusivo ni de la Iglesia, ni de otro tiempo sino que está muy
presente en el mundo que habitamos y en lugares tan insospechados
como la universidad, al tiempo que se hacen votos para que Alice
Dreger no se convierta en la próxima víctima. Claro que como Linda
S. Gottfredson nos recuerda la libertad académica ni se sostiene por
sí sola, ni se puede dar por garantizada aun en un medio tan
emblemático como el universitario, ya que es en él donde se
producen algunas de sus violaciones.
Lo que unido a lo expresado en la
entrada anterior de que despotricar contra los hombres sale gratis me
lleva a una llamada de atención y una reflexión un poco más
general en el sentido de si no estaremos siendo presa de un
particular síndrome de Estocolmo ante todo lo que tiene que ver con
el neofeminismo y lo políticamente correcto, que hace que, antes que
hablar, prefiramos mantenernos callados incluso ante retrocesos en
conquistas históricas como la libertad de expresión, el habeas
corpus o la presunción de inocencia.
No de otro modo se puede explicar el
silencio que desde la academia y la sociedad se ha impuesto ante
hechos tan insólitos como que en muchos países, entre ellos el
nuestro, haya caído en desuso el principio constitucional de no
discriminación por razón de sexo, o que en otro orden de cosas se
admita como un argumento de gran calado que el mercado practica
discriminación de género: en un primer momento se decía del
mercado laboral, pero ahora también del de bienes de consumo, y por
supuesto sin contestación ni por parte de quienes no creen en él,
pero tampoco, y esto es más sorprendente, por quienes hacen del
mercado la piedra angular de su credo económico.
Como aún en otro terreno completamente
alejado de los anteriores, cual es del sexismo en el lenguaje y, a
pesar de ser de su autoría palabras tan vigorosas para la defensa de
su ideología como machismo o género, con una semántica
perfectamente modulable según sus deseos, nos hayan convencido de
que en realidad no son más que sus damnificadas. Y mientras tanto el
genérico masculino les sirva para, convenientemente utilizado, descargar sobre los varones los males del mundo, y se haya llegado a
situaciones tan pintorescas como tener que apellidar como inverso al
sexismo cuando está referido a los hombres, o que la publicidad que
inferioriza al varón no haya de ser combatida, porque el sexismo y
la discriminación solo les pueda afectar a ellas.
Caminamos en la dirección de una
“igualdad” sembrada de excepcionalidades y correcciones por
motivo de género: en las listas electorales y de partido, en la
protección jurídica, en el tratamiento ante la opinión pública,
en la familia, la escuela y la empresa que, pretendiendo que se basan
en una hipotética posición de superioridad masculina, finalmente lo
que generan es separatismo entre los sexos, injusticia y nuevas
discriminaciones, justo lo que se decía querer combatir. Todo ello
en un clima en el que la emoción aplasta a la razón, los principios
ilustrados han sido arrumbados al baúl de los recuerdos y, como si
de nuevos chamanes se tratase, todo debiese ser confiado a la opinión
de unos pretendidos “expertos”.
11 julio, 2015
Despotricar contra los varones sigue siendo gratis
En marzo de 2007 escribí esta entrada: http://personasnogenero.blogspot.com.es/2007/03/despotricar-contra-el-hombre-es-gratis.html
Y en abril de 2011
ambas tratan sobre la (no) reacción de
los varones ante generalizaciones y descalificaciones intolerables.
Estos días me he tropezado aquí
con estos comentarios:
“Los
varones son más agresivos, menos cooperativos y menos empáticos, la
superioridad masculina respecto a las mujeres en conducta antisocial es
abrumadora. Y lo que hace al ser humano propiamente humano es su capacidad para
la cooperación inteligente. Y ni siquiera son más inteligentes que las mujeres,
así que ¿para qué sirven? Es un poco como si en el siglo XVIII alguien se
planteara la necesidad de mantener el clero y la aristocracia..."
Y este:
“Tanto da,
desde el punto de vista racional humanista, que en el futuro la humanidad
decida autoextinguirse (por ejemplo, dejando de reproducirse) que decida
trascender a la Inteligencia Artificial, o que diseñe una humanidad más
cooperativamente eficiente. En ese caso, igual que ahora en un 90% de los casos
se decide interrumpir el embarazo en caso de gestación de un nasciturus con
síndrome de Down, también podría seguirse un criterio parecido en el caso de
los varones, puesto que está demostrada su mayor tendencia antisocial.”
La situación no parece haber variado
mucho.
18 junio, 2015
Reparto de tareas en casa
¿No os llama la atención esa disimulada táctica
feminista de comunicación de un determinado tema de la agenda de género, colocando
en los medios diferentes noticias sobre el mismo, que una vez ahí cobran vida
propia hasta el punto de que casi todos terminamos hablando de algo que no sabemos muy bien quién
puso en marcha, ni con qué intención, ni a qué propósito sirve?
Lo que sorprende es que tratándose de la
agenda de género las verdaderas promotoras jamás sean visibles. Está comprobado
que cuanto los grupos sociales desean que se tome una decisión en su favor
cuanto más alejado el interesado aparezca de quien la toma más efectivos serán
sus efectos, y en cualquier caso jamás se podrá hacer recaer dicha
responsabilidad sobre quien no le ha correspondido tomarla. Estamos una vez más
ante la ambivalencia de un discurso que denuncia invisibilidad pero la ejercen
con maestría.
Ahora mismo el tema es el reparto de las
tareas del hogar y el cuidado de los hijos:
La cuestión es que el reparto de tareas
debe ser 50-50, sí o sí. ¿Se tendrá en cuenta que en España hay más de 1.000.000
de asistentas del hogar y, por tanto en muchos hogares ni él ni ella, darán palo
agua? NO ¿Se tendrá en cuenta que en algunos de esos hogares solo trabaja él
fuera y ella que no trabaja fuera tampoco lo hará en casa? NO ¿Se tendrá en
cuenta si es solo él o los dos quienes trabajen fuera? NO ¿Se tendrá en cuenta que hay trabajos
que alejan del hogar y los hijos? NO ¿Se computará todo el trabajo: el que se
realiza fuera y el que se realiza dentro? NO.
¿Se tendrá en cuenta que los permisos
paterno y materno no guardan la más mínima relación: el de ellos de 15 días y
el de ellas de 16 semanas? NO ¿Se aprovechará para poner sobre la mesa este
asunto? NO ¿Se tendrá en cuenta que según estudios de neurociencia es la madre
quien tiene capacidad para alentar o desalentar la participación del padre en
el cuidado de los hijos? NO ¿Que el instinto femenino de considerar a
los hijos suyos está siendo reforzado de mil maneras desde la sociedad? NO ¿Que
con la nueva medida del PP un padre puede ser todo lo abnegado que quiera con
sus hijos que la única con derecho a mejorar su pensión será su mujer? NO
La misión es la de siempre. Seguir en la
caricatura de que mientras ellas son madres esforzadas lo que mejor encaja con
ellos es lo de padre ausente.
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