Por más que me interrogo sobre algunas cuestiones no soy capaz
de contestarlas de un modo que considere satisfactorio, por eso las quiero
dejar aquí por si acaso coinciden con alguna de
las vuestras y, tenéis alguna
respuesta para las mismas.
No encuentro una “razón” que me satisfaga mínimamente en
relación con el hecho de que, el neofeminismo y por extensión el conjunto de las mujeres tengan una
conciencia de género tan acusada, hasta el punto de que llegue a parecer natural
que solo se ocupen de lo suyo, y la ausencia total de la misma en los hombres para quienes no existe otra cosa
que lo de todos.
En un gran foro de internet de amplísima mayoría masculina entre
sus participantes, para según qué temas: diferencias salariales, conciliación
laboral, incluso rendimiento educativo en materias como las matemáticas no
falta nunca el enfoque de género. En
el mismo foro se hace una propuesta sobre educación que olvida el mayor fracaso
escolar masculino y la menor adecuación de la escuela a los varones y, excepto
yo mismo, ningún participante de un
debate con más de 80 comentarios se acuerda de que tal cosa no está en la
propuesta.
Pero es que al poco tiempo se produce otro sobre violencia en la
pareja y todo el mundo se olvida de que también existen varones asesinados por
sus parejas o que en otras formas de maltrato el que afecta a los varones no es
menor que el que afecta a las mujeres.
Si es cierto que las mujeres están infrarrepresentadas en las
instancias de poder cómo explicar su no menor calidad de vida, su mayor éxito
escolar, el absolutismo de su poder en relación con la reproducción, la mayor adecuación de la sanidad a sus
necesidades, su particular estatus frente a la justicia, su esperanza de vida o,
su presencia mayoritaria en todos aquellos ámbitos que una sociedad como la
nuestra considera signos de riqueza y bienestar. ¿Acaso los varones son los “dueños
y señores” de una sociedad patriarcal que a quien rinde los mejores frutos es a
ellas?
Por qué tan pocos pronunciamientos femeninos sobre los problemas
más candentes de la sociedad: educación, crisis económica, sanidad, justicia,
consumismo, crisis de la democracia representativa, cuestión europea, etc. y,
por qué tantos sobre cuestiones de género que son de exclusivo interés
femenino. ¿Por qué no igualdad de trato en las revistas femeninas y feministas?
¿A cuento de qué congresos de siquiatría y matemáticas exclusivamente de y para
mujeres? ¿Por qué en los congresos feministas los varones tienen prohibido el
acceso, también aquellos que se hacen llamar igualitarios y tan
sacrificadamente desempeñan su papel como neofeministas?
Me cuesta entender el neofeminismo cuando quienes lo practican
son mujeres, pero la misandria de algunos análisis realizados por hombres me
llena de perplejidad. Los varones neofeministas al analizar cualquier cuestión:
sea la vestimenta de las recogepelotas del tenis o la vestimenta de las
baloncestistas, la posición de la mujer en el mercado laboral o la “cosificación
del cuerpo femenino”, da igual la naturaleza o magnitud de la cuestión derivan
siempre en la dirección de una sociedad patriarcal que según ellos es siempre
en beneficio de los varones y en perjuicio de las mujeres, y eso aún cuando tal
apreciación choca de bruces con la realidad de los hechos de cada día.
Sociedad patriarcal que solo derivaría responsabilidades hacia los varones sin que ningún acto, ni tan
siquiera sus decisiones más libres, engendrara
responsabilidades para la mujer, lo que de hecho la convierte, al menos en el
plano moral, en un ser con todos los derechos pero ninguna obligación, y en la
que sus incumplimientos y faltas, si acaso llegasen a producirse, vendrían
explicados por un acto de rebeldía contra la asfixia y dominación por parte del
varón. Desde esta perspectiva señalar, por ejemplo, que alguna responsabilidad tendrán las madres en
la perpetuación en los hijos de los roles de género, constituiría una
iniquidad más del neomachismo.
Por
eso, muchas veces valoro la hipótesis de que el destino que nos tienen
reservado quienes así piensan es el de siempre: el rol de protector y
proveedor, aunque adaptado a la sociedad capitalista actual. De ese modo las
tareas ingratas, las de esfuerzo, las de riesgo, los trabajos pioneros y los
caminos por abrir y descubrir nos seguirían perteneciendo como siempre ha sido,
y con ellos una menor atención a nuestra salud y bienestar; la consideración de
apéndice en relación con la familia, y en general la consideración del sexo
desechable.