“Los
investigadores han mostrado que el modo en que juega el padre con su hijo hace
que el niño sea más curioso y mejore su capacidad de aprendizaje. En
comparación con los juegos de la madre, los del padre son más físicos y
bulliciosos. Los investigadores han observado que el juego paterno es más
creativo e impredecible y, por tanto, más estimulante.” Louann Brizendine, El cerebro masculino, 2011, pág. 114
“Es totalmente necesario adaptar la escuela y masculinizar el
cuerpo docente, sobre todo en infantil y primaria, ya que casi todo el personal
es femenino. Es más mixto el cuerpo docente en secundaria, pero, en ese
momento, desgraciadamente para los chicos, la selección ya está hecha.
Personalmente, defiendo una verdadera paridad del personal en la Educación
nacional, y no solamente de los profesores. Si no hacemos esta revolución, si
no reintroducimos a los hombres en la escuela, corremos hacia la catástrofe.”
Stéphane Clerget en una entrevista concedida a Sophie
Roquelle para Le Figaro magazine, del 20 de agosto de 2011
Solo es una
intuición pero tengo la impresión de que sin cambiar nada más, una composición más equilibrada de las
plantillas de profesores en Primaria e Infantil, reducirían la brecha de género
que actualmente existe en nuestra escuela y que si bien se repite en un amplio número de países aquí lo hace con especial intensidad. En cualquier
caso son las etapas, particularmente Primaria, en las que se gestan buena parte
de las capacidades que luego mostrará el alumno en posteriores momentos de su
carrera de estudiante, tanto en lo positivo, alumnos que terminarán destacando,
como en lo negativo, ya que es aquí donde comienza a tomar forma el posterior
fracaso escolar.
Esta
situación no es exclusiva de nuestro sistema educativo. En muchos otros países
del mundo occidental sucede algo parecido, aunque aquí siempre parece que
seamos más capaces de alcanzar récords negativos. Para el caso francés el
profesor Alain Bentolila autor de: Le verbe contra la barbarie. Apprende
a nos enfants à vivre ensemble, lamenta
que ya no exista la primaria de antes cuando para acceder a la secundaria el
alumno tenía que pasar un examen, lo que era garantía a la vez de que los
maestros impartían lo programado para esa etapa y los alumnos, por su parte, estaban obligados a estudiarlo.
Conviene
por tanto reformular en profundidad las etapas de infantil y primaria a efectos
de mejorar el rendimiento de los alumnos en una etapa crucial para todo el
desarrollo académico posterior. Debiera
ser objetivo absolutamente prioritario de esta etapa, que los alumnos la acabasen
interpretando correctamente los textos que leen, un nivel aceptable de cálculo
y matemáticas, a lo que habría que añadir cierto dominio de técnicas de
estudio. Parece haber bastante unanimidad entre los expertos que no
temen cuestionar el modelo actualmente vigente, tanto en el diagnóstico como en
la propuesta de superación, pero finalmente siempre resulta que esta importantísima tarea no
se aborda.
Convendría también estar atento a la realidad de los
sexos ya que, se quiera o no, niños y niñas, y esto siempre por término
medio, no maduran psicológicamente al
mismo ritmo, ni muestran la misma predisposición y aptitudes, ni tan siquiera
aprenden de la misma forma, lo que necesariamente la escuela no puede obviar. Como
ya recogí en otra entrada, Louann Brizendine en la obra citada dice a este
respecto que: “Aunque
parezca contradictorio los niños inquietos aprenden más que los tranquilos ya
que se les estimulan las células cerebrales y los músculos (al contrario
que las niñas que necesitan concentración y tranquilidad), algo que
deberían tener en cuenta los profesores.”
No se propone por tanto una educación por géneros, puesto que estos no existen más que estadísticamente, pero que no se proponga
tal cosa no significa que la escuela pueda hacer tabla rasa de estas
diferencias e interpretar que la diferenciación sexual es capricho, o una mera
construcción cultural de la que se puede prescindir o corregir a voluntad. La
atención será para cada grupo y dentro de éste para cada alumno, pero lo que convendría desterrar es la idea de que lo normal sea un desarrollo por igual en todos
porque no es así y en consecuencia arbitrar medidas que, siendo el tratamiento individual, corrijan tanto las
dificultades de lectoescritura -más presentes en el colectivo de chicos-, como las deficiencias en ciencias y
matemáticas -observadas mayoritariamente entre las chicas- y, en ambos, todo
lo relacionado con las técnicas de estudio. Por supuesto habrá que establecer para esta etapa las evaluaciones precisas que permitan conocer periódicamente los resultados de la misma: lo que va bien y lo que no funciona.
Ni que decir tiene que, ahora que se está replanteando la formación
de los maestros como piezas esenciales de una buena escuela, la Administración
debiera hacer todos los esfuerzos en su mano para potenciar unas plantillas más
compensadas por sexo. No es bueno para la educación ni para la sociedad no poner coto al constante distanciamiento entre la figura masculina y
los niños. En la educación se trasmiten muchos aspectos formales, pero también
muchos otros que no lo son y algunos tienen que ver con el género de quien
enseña. Estoy convencido de que todos saldríamos ganando.