El 15M ha puesto cara y nombre a un problema que ya muchos veíamos venir y las encuestas reflejaban: el divorcio existente entre una casta política instalada en una superestructura completamente alejada de la realidad de las cosas y de las necesidades de sus representados.
Cuando lo que hacía falta era atender los gravísimos problemas de nuestro sistema educativo puestos de manifiesto por los sucesivos informes PISA, cuando se hacía imprescindible reorientar en otra dirección un modelo económico que sólo nos podía conducir al fracaso, cuando se hacía necesario resolver importantes problemas de tipo institucional, los gobiernos del señor Zapatero decidieron que ninguna de esas era la política necesaria, que lo urgente eran las políticas de género, porque esas sí iban a cambiar la faz de este país.
Y efectivamente, la faz de nuestro país ha sido cambiada pero no parece que en la buena dirección. Los que ayer eran problemas hoy lo son más y el mundo parece haber envejecido, pero muchos y muchas parecen seguir empeñados en vivir en una burbuja donde la realidad ha sido sustituida por una ficción.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
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27 julio, 2011
22 agosto, 2008
El mejor sistema educativo de su historia
“No os fallaré” fue la promesa de Zapatero para su primer mandato, promesa que considera haber cumplido. Hay sin embargo para mí dos grandes fallas en otras tantas de sus grandes aspiraciones: la laicidad del Estado y la potenciación del I+D+i y el cambio de modelo productivo. A mi entender estos campos constituyen dos de los fracasos más sonados del primer mandato y lo siguen siendo en la actual legislatura. En el caso de la laicidad dejo que sea el señor Tamayo, buen analista y conocedor del tema, quien nos cuente algunas de sus impresiones por ejemplo las recogidas aquí y aquí
En el caso del I+D quiero, sin embargo, señalar algo que se le está olvidando a la mayoría de los analistas y que tiene que ver con la idea de que el primer y fundamental eslabón del I+D lo constituye el sistema educativo en toda su extensión y más en particular la potenciación del nivel de excelencia en la enseñanza secundaria. Decir de entrada que, si malos son en general los índices de nuestro sistema educativo: Matemáticas, lectura comprensiva, abandono escolar, etc., en lo que se refiere al nivel de excelencia nuestra posición nos sitúa en los últimos lugares de la OCDE. Y así por ejemplo y según los informes PISA, mientras que el nivel de excelencia para el conjunto de los países estudiados alcanza el 10% y en un caso como el de Finlandia llega hasta el 25%, en el nuestro no llegamos al 5 %, y todo ello, por una mal entendida igualdad que castiga a los mejores alumnos, y subordina su marcha a la del conjunto de la clase, privándolos de la atención personalizada que su situación requeriría.
Con este porcentaje de alumnos brillantes o sobresalientes el I+D del futuro se encuentra más comprometido que otra cosa. Pero esta situación no es ajena a esa orientación política e ideológica instalada en el Partido Socialista y vinculada a la perspectiva de género y el feminismo institucional, que en su intención de cambiar la sociedad ha trasladado al sistema educativo esa particular idea de igualdad en la que conviven, sin gran contradicción para las autoridades educativas, un altísimo fracaso escolar, particularmente el masculino, y un muy bajo número de alumnos que alcanzan el nivel de excelencia, lo que no le ha impedido a la señora Cabrera proclamar que estamos ante el mejor sistema educativo de nuestra historia, o que nuestro sistema alcanza un nivel de igualdad que nos equipara a los mejores.
Y quien, por la novedad de la perspectiva que aquí adopto, crea que no es posible que esto esté sucediendo no porque sea inevitable y no podamos esperar algo mejor de nuestros alumnos, sino porque responde a un particular enfoque de la educación y la sociedad, le invito a que rastree en las decisiones, o la ausencia de decisión en otros casos, de nuestras autoridades educativas a lo largo de los últimos años y verá que con la actitud del Ministerio y las medidas que se vienen adoptando, los resultados no pueden ser distintos de los que estamos obteniendo. Y por comenzar por una “no decisión” tendríamos que preguntarnos qué lleva al Ministerio de Educación a permanecer impasible ante un fracaso escolar masculino que ronda el 30%, pero que en algunas comunidades autónomas alcanza el 50 % en la Enseñanza Secundaria Obligatoria haciendo que pulvericemos récords de incumplimientos en los compromisos de la agenda Lisboa.
Y por el lado de las decisiones preguntarnos por qué no ha sido posible incorporar en la LOE una hora semanal más de Matemáticas mientras se crean asignaturas de esa duración que carecen de todo sentido, o por qué el veto a los titulados en las ramas de Informática y el abandono de las TIC en un clarísimo divorcio entre escuela y sociedad, o la obligatoriedad de una segunda lengua extranjera en un sistema educativo que se ha demostrado tan ineficaz en la enseñanza de una: el inglés, pero en el que además los niveles en lengua castellana y en la lengua propia (para el caso de las comunidades en que se da esa circunstancia) son asimismo tan pobres, o las últimas reformas en el Bachillerato restándole horas a Historia y Filosofía, al tiempo que se sustituyen los conocimientos científicos por una asignatura de divulgación, o por qué no se puede separar a chicos y chicas en determinadas materias, y tantas y tantas decisiones que haría prolijo de más este análisis, y ya por citar sólo una más, interrogarnos que es puede explicar que los alumnos andaluces sean los últimos de Europa -por detrás sólo queda Turquía- en comprensión lectora, teniendo en cuenta que los socialistas llevan gobernando la comunidad veintimuchos años y las políticas de género, también en la enseñanza, alcanzan en esa comunidad los niveles más altos de España.
En fin, en las líneas anteriores he pretendido aportar algunos elementos que hacen dificilmente comprensible la autocomplacencia del Ministerio con aquello de “el mejor sistema educativo de su historia”, tanto como la del propio Zapatero al pensar que no ha fallado, pero deseo también hacer una llamada a todo el mundo en el sentido de hacer ver que las políticas de género, nos gusten o no, están calando profundamente en muchos ámbitos de la sociedad y que en el momento presente no se puede prescindir del enorme peso político e ideológico del feminismo institucional y la perspectiva de género, en todos los campos, y en particular en este de la enseñanza, pues hacerlo de otro modo a lo que conduce es a no entender nada de lo que está pasando. Situación en la que lamentablemente se encuentran más personas de las que sería conveniente a fin de propiciar un cambio de rumbo en un terreno como éste de la Educación, tan necesitado del mismo y del que, como es bien sabido, tantas cosas que tienen que ver con la calidad de vida individual y colectiva dependen.
En el caso del I+D quiero, sin embargo, señalar algo que se le está olvidando a la mayoría de los analistas y que tiene que ver con la idea de que el primer y fundamental eslabón del I+D lo constituye el sistema educativo en toda su extensión y más en particular la potenciación del nivel de excelencia en la enseñanza secundaria. Decir de entrada que, si malos son en general los índices de nuestro sistema educativo: Matemáticas, lectura comprensiva, abandono escolar, etc., en lo que se refiere al nivel de excelencia nuestra posición nos sitúa en los últimos lugares de la OCDE. Y así por ejemplo y según los informes PISA, mientras que el nivel de excelencia para el conjunto de los países estudiados alcanza el 10% y en un caso como el de Finlandia llega hasta el 25%, en el nuestro no llegamos al 5 %, y todo ello, por una mal entendida igualdad que castiga a los mejores alumnos, y subordina su marcha a la del conjunto de la clase, privándolos de la atención personalizada que su situación requeriría.
Con este porcentaje de alumnos brillantes o sobresalientes el I+D del futuro se encuentra más comprometido que otra cosa. Pero esta situación no es ajena a esa orientación política e ideológica instalada en el Partido Socialista y vinculada a la perspectiva de género y el feminismo institucional, que en su intención de cambiar la sociedad ha trasladado al sistema educativo esa particular idea de igualdad en la que conviven, sin gran contradicción para las autoridades educativas, un altísimo fracaso escolar, particularmente el masculino, y un muy bajo número de alumnos que alcanzan el nivel de excelencia, lo que no le ha impedido a la señora Cabrera proclamar que estamos ante el mejor sistema educativo de nuestra historia, o que nuestro sistema alcanza un nivel de igualdad que nos equipara a los mejores.
Y quien, por la novedad de la perspectiva que aquí adopto, crea que no es posible que esto esté sucediendo no porque sea inevitable y no podamos esperar algo mejor de nuestros alumnos, sino porque responde a un particular enfoque de la educación y la sociedad, le invito a que rastree en las decisiones, o la ausencia de decisión en otros casos, de nuestras autoridades educativas a lo largo de los últimos años y verá que con la actitud del Ministerio y las medidas que se vienen adoptando, los resultados no pueden ser distintos de los que estamos obteniendo. Y por comenzar por una “no decisión” tendríamos que preguntarnos qué lleva al Ministerio de Educación a permanecer impasible ante un fracaso escolar masculino que ronda el 30%, pero que en algunas comunidades autónomas alcanza el 50 % en la Enseñanza Secundaria Obligatoria haciendo que pulvericemos récords de incumplimientos en los compromisos de la agenda Lisboa.
Y por el lado de las decisiones preguntarnos por qué no ha sido posible incorporar en la LOE una hora semanal más de Matemáticas mientras se crean asignaturas de esa duración que carecen de todo sentido, o por qué el veto a los titulados en las ramas de Informática y el abandono de las TIC en un clarísimo divorcio entre escuela y sociedad, o la obligatoriedad de una segunda lengua extranjera en un sistema educativo que se ha demostrado tan ineficaz en la enseñanza de una: el inglés, pero en el que además los niveles en lengua castellana y en la lengua propia (para el caso de las comunidades en que se da esa circunstancia) son asimismo tan pobres, o las últimas reformas en el Bachillerato restándole horas a Historia y Filosofía, al tiempo que se sustituyen los conocimientos científicos por una asignatura de divulgación, o por qué no se puede separar a chicos y chicas en determinadas materias, y tantas y tantas decisiones que haría prolijo de más este análisis, y ya por citar sólo una más, interrogarnos que es puede explicar que los alumnos andaluces sean los últimos de Europa -por detrás sólo queda Turquía- en comprensión lectora, teniendo en cuenta que los socialistas llevan gobernando la comunidad veintimuchos años y las políticas de género, también en la enseñanza, alcanzan en esa comunidad los niveles más altos de España.
En fin, en las líneas anteriores he pretendido aportar algunos elementos que hacen dificilmente comprensible la autocomplacencia del Ministerio con aquello de “el mejor sistema educativo de su historia”, tanto como la del propio Zapatero al pensar que no ha fallado, pero deseo también hacer una llamada a todo el mundo en el sentido de hacer ver que las políticas de género, nos gusten o no, están calando profundamente en muchos ámbitos de la sociedad y que en el momento presente no se puede prescindir del enorme peso político e ideológico del feminismo institucional y la perspectiva de género, en todos los campos, y en particular en este de la enseñanza, pues hacerlo de otro modo a lo que conduce es a no entender nada de lo que está pasando. Situación en la que lamentablemente se encuentran más personas de las que sería conveniente a fin de propiciar un cambio de rumbo en un terreno como éste de la Educación, tan necesitado del mismo y del que, como es bien sabido, tantas cosas que tienen que ver con la calidad de vida individual y colectiva dependen.
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