La última entrada del blog de Enric Carbó sobre el tema de la construcción de la masculinidad me ha inducido a reflexionar un poco sobre el asunto y fruto de eso son las siguientes notas un poco a vuelapluma y en la intención más de abrir un debate que de presentar cualquier conclusión acabada.
Huyo de definir la masculinidad como un esencialismo, como huyo de esa pretensión dirigista de pretender que hay una única, o una mejor, manera de construir la masculinidad establecida desde fuera del sujeto que se construye. Cada individuo concreto deberá hacer su elección cuando corresponda y lo que a los demás nos toca es darles las condiciones para que esa elección se pueda producir en las mejores condiciones posibles. Quienes sin embargo ven la masculinidad como una especie de enfermedad necesitan de ese dirigismo para “salvar a los jóvenes”.
Como huyo de una masculinidad ahistórica que se repetiría a sí misma a lo largo de los siglos y construible sin atender al entorno en que haya de desenvolverse. Como trato de huir de una masculinidad que para ser aceptada deba adaptarse, mejor plegarse, a una feminidad ya construida. En la construcción de la masculinidad habrá muchos que intervengan pero las decisiones últimas las tendrá que tomar cada joven valiéndose de lo que otros le han aportado pero sabiéndose único e irrepetible y que es a él a quien corresponde ir decidiendo para quedarse con unas cosas y prescindir o rechazar otras.
Para hablar de la masculinidad en nuestros días deberíamos no olvidar los miles, las decenas de miles de varones cuyo contacto con la figura masculina en los primeros años de vida de producirse es accidental, porque la mejor manera de construir la masculinidad es conociendo modelos de la vida real. Y no lo olvidemos la masculinidad no se crea a los 15 años sino a lo largo de toda la vida, desde el momento mismo de nacer.
En nuestros días la construcción de la masculinidad no es tarea fácil, a la ausencia de ese contacto con la figura masculina, habría que sumar la permanente campaña de acoso y derribo que viene sufriendo la masculinidad en los últimos tiempos y observable tanto en el relato de ficción como en el relato de la vida real, en la publicidad como en el medio social. Como tampoco se puede obviar que el feminismo como tantas veces ha puesto de manifiesto no tiene intención de ser neutral en este tema y propugna un tipo de varón al que previamente pretende anular su masculinidad.
Es por tanto necesario fijarse como tareas prioritarias, por un lado, el fomento del contacto con la figura masculina por parte de los más pequeños, y aquí deberíamos prestar especial atención al permiso de paternidad, pero también al reconocimiento legal de la custodia compartida y cómo no, a la necesidad de ir equilibrando el número de hombres y mujeres en aquellas profesiones que tienen que ver con la atención y el cuidado de los niños, particularmente, en la enseñanza primaria.
Desde luego esa masculinidad a construir debe huir de la pretensión de prórroga de la idea de lo masculino como el sexo desechable, el sexo cuya vida vale menos y por tanto el que habría de asumir los papeles de riesgo para la misma. La construcción de la masculinidad en nuestro tiempo debe gozar de la misma libertad que hasta el presente se ha dispensado a la reformulación de la feminidad, y han de ser los propios jóvenes de cada momento quienes vayan señalando la dirección en que desean ir.
Lo que no es de recibo por ejemplo es que se pretenda que el servicio militar obligatorio lo sea con esa condición pero sólo para los varones como en nuestro país ratificó el Tribunal Constitucional o como es práctica en Noruega y otros países.
La construcción de la masculinidad necesariamente ha de ser una relación dialéctica en juego con todo el entorno que rodea a los jóvenes de hoy y a lo que todos debiéramos aspirar sería a poner a disposición de esos muchachos las condiciones materiales y sociales, algunas de las cuales he ido desgranando más arriba, para que se vayan cumpliendo sin falta las distintas etapas y todo ello acompañado de los mejores libros, porque es en la literatura y en el relato de los grandes autores de todos los tiempos donde uno puede tropezarse con los matices con que ésta puede construirse.