Como
está el tema de la igualdad “de género” quizá lo refleje mejor que ninguna otra
cosa el que un día como hoy esté dedicado a la igualdad salarial y se publiquen
noticias como las de más abajo
y se dediquen horas de radio y televisión a debatir sobre
una misteriosa enfermedad que por todos lados nos dicen que existe aunque si en
algún caso alguien dice padecerla vista de cerca aparece claramente que ni en
su etiología ni en la sintomatología se corresponden con la misteriosa
enfermedad.
Lo cierto es que como en tantas otras circunstancias
relacionadas con el género toda la sociedad gira movida por algo que a lo que
más se parece es a una pura invención, a un infundio, pero opera con la misma
fuerza de las verdades más incontestables. La discriminación salarial femenina
ni la detectan los sindicatos, ni las inspecciones de trabajo, ni lo que es más
decisivo la economía, pero ocupa un lugar señero en la agenda política y de
género y en base a ella se llevan a cabo políticas económicas reales.
Como ante muchas otras “verdades de género” basta el impulso
de unas cuantas y el silencio de la mayoría para que en una nueva confusión
entre apariencia y realidad rindamos
culto a un Sol que tememos pueda no salir a la mañana siguiente. Claro que si
una ministra como Ana Mato puede decir en el Comisión de igualdad del Congreso
algo como: "
el porcentaje de mujeres inactivas por razones familiares supera el 41 por ciento, que las mujeres reciben un salario anual en torno al 22 por ciento menor que el de los hombres... ",
sin que nadie la rebata debemos estar preparados para cualquier cosa.