
Este gráfico, confeccionado con los datos del informe de la OCDE 2011 y tomado de aquí muestra cómo ha ido disminuyendo la población sin estudios secundarios a lo largo de los últimos 50 años. Todo iba bien, cada 5 años disminuía 4 puntos la población sin estudios secundarios, hasta que en plena vigencia de la LOGSE la tendencia se rompió y cambió de signo. Como dice su autor J.M. Lacasa: “… somos el cuarto país que mejor lo ha hecho en términos de titulación los últimos 50 años, tras Corea, pero somos el que peor lo ha hecho en los últimos diez”
Mi reflexión va en el sentido de preguntar ¿qué más hará falta que pase para que las autoridades educativas de este país admitan que la LOGSE-LOE, por muy buena que fuera la intención con que hubiera nacido, ha constituido un fracaso sin paliativos y que este país necesita una reforma en profundidad de su sistema educativo para no seguir acumulando, como viene sucediendo desde los primeros estudios PISA, decepción tras decepción?
¿Cómo es posible que las autoridades educativas pretendan refugiarse en el dato de los 50 años escondiendo que el de su directa responsabilidad es el de los últimos 10? ¿Cuándo el Ministerio de educación admitirá que lo que todos los índices indican es el fracaso del modelo, que digámoslo ya, deja en la cuneta en forma de fracaso y abandono escolar a miles y miles de estudiantes, mayoritariamente varones?
La calidad de la democracia y sus dirigentes se muestra cuando en situaciones como la presente se reconoce la realidad y se ponen en marcha los mecanismos para superarla. Pasarse diez años negando la realidad y atribuyendo los errores a otros, ni nos sacará de las dificultades, ni tampoco salvará el honor de quien así actúa porque más pronto que tarde las cosas se acaban sabiendo y lo único que habrá pasado es que se nos habrá hecho perder un tiempo precioso para avanzar en la solución del problema. Repetir para la educación la estrategia seguida con la economía no parece la mejor de las opciones posibles.