Quiero rescatar de un posible olvido el debate que en torno a los derechos reproductivos se ha producido en la bitácora de García Amado, porque entiendo que se trata de un tema de gran interés para los que pensamos que es necesario avanzar en una revisión completa de lo que social y jurídicamente está ocurriendo con la figura masculina y una pretendida igualdad de derechos que a poco que se rasca en cualquiera de los ángulos de lo social pronto se percibe que por ninguna parte se encuentra. Las entradas a las que me refiero están aquí y aquí.
Sucede en el plano jurídico, particularmente en el derecho de familia, pero como se puede ver a través de las aportaciones en los debates anteriores, sucede en lo relativo a la reproducción donde la figura del hombre queda reducido a dos aportaciones, o mejor dicho, a la de siempre: la de proveedor, aunque este caso por partida doble, de semen y proveedor económico, sin derecho alguno, aunque sí con obligaciones ineludibles en todos los casos.
Que por lo demás el tema económico aparezca para algunos y algunas como la piedra de toque con la observar este asunto tampoco a estas alturas debe sorprender ya en exceso a tenor de lo que viene ocurriendo en torno a todo lo que tiene que ver la idea de igualdad en lo relativo a la pareja en el feminismo de género.
Ni que decir tiene que en los anteriores debates no se abordó el tema de la reproducción asistida: legislación que, al contrario de lo que sucede en otros países particularmente los nórdicos, centra en la mujer y no en la criatura por nacer el principal bien jurídico a defender, como tampoco un tema de actualidad como el de los vientres de alquiler, en el que, a pesar de su prohibición en nuestro país, se está aceptando para aquellos casos en los que se haya llevado a cabo conforme a la legalidad en otros países en los que se admite tal proceder. En última instancia esto viene a reconocer que quien tenga mucho dinero podrá recurrir a dicho procedimiento en otro país, por ejemplo EE.UU, y quien no sencillamente no podrá hacerlo porque nuestra legislación lo prohíbe.