Si impresionante es la demostración de osadía que demuestra Mónica Bar en su artículo en asuntos de lengua, no menos lo es su intención de llevar al terreno del machismo y la discriminación cosas que sólo están en su cabeza, como la pretensión de que azafata y enfermera son sólo escalas inferiores de lo que ella cree son sus equivalentes masculinos: sobrecargo y asistente técnico sanitario.
Pero también cuando atribuye a machismo el uso del masculino en la denominación de profesiones como médico o ingeniero olvidando que, en la misma lengua, llevan conviviendo pacíficamente esas formas con otras como las de electricista, ebanista o siquiatra (como muy bien recuerda Carmen Mourenza en su comentario) y por ningún lado se perciba que ningún machista (¿o quizá debiera decir machisto?) haya exigido que se cambien por electrecisto, ebanisto o siquiatro.
El feminismo de género llevado de su ceguera de que todo lo existente en la sociedad y la cultura, por definición patriarcales, no puede ser más que machista y discriminatorio para la mujer, al final termina realizando análisis tan desenfocados y equivocados como éste del que hace gala la señora Bao Cendón, más lamentable si cabe por el tono entre prepotente y pontificador del que acompaña su escrito.