Lo del oportunismo feminista supera todo lo imaginable. Ahora resulta que lo que hay en la Academia de la Historia no es un problema de rigor y mala praxis sino un problema de rebelión contra el sexismo. Y uno se queda estupefacto por dos motivos, primero, porque la primera noticia de esa rebelión aparezca ahora y, segundo, que quienes piden la paridad en la academia lo hacen desentendiéndose del debate de fondo para anteponer al mismo sus intereses de género, con lo cual no sé si ellas mismas se dan cuenta de que la credencial que presentan es falsa.
En realidad nada nuevo bajo el Sol, aunque sorprende constatar como a la vista de todos se pretende convertir intereses de género en intereses generales. Como se pretende que lo relevante no es escribir libros de historia, avanzar ideas para la superación de la crisis económica o explicar los porqués del fracaso escolar, nada de eso importa, como no interesa posicionarse en el debate de fondo, su única misión en el mundo es reclamar paridad, en la confianza, quiero suponer, de que ya habrá otros que procuren esas respuestas porque en otro caso siempre se podrá decir que la culpa es de la sociedad patriarcal.
Cuando a tantos lo que les preocupa es que desde la propia Academia se esté promoviendo a los nostálgicos del antiguo régimen, resulta que no, que el problema no está ahí sino en la composición por sexos de la institución y en la no aplicación de la paridad, -como si la condición de especialista en Historia estuviera ligada a la condición de hombre o mujer y no al currículo y los méritos de cada uno y cada una-.
Verdaderamente lamentable que en eso consista ser feminista hoy pero no menos que tanto santo varón permanezca callado ante tanto oportunismo de género. Ha habido reacciones contra las tesis de los autores de las entradas cuestionadas, pero seguro que ante este pronunciamiento del feminismo institucional lo que se oirá será el silencio de quienes no debían callar, con lo cual a uno ya solo le queda la perplejidad de observar que se puede cuestionar la cientificidad de lo que dice otro colega, pero se debe guardar silencio ante la idea de quienes olvidándose de la cuestión original lo reducen todo a una cuestión de representación de sexos.
Aunque quizá ese mismo posicionamiento nos dé mejor que ninguna otra cosa la mirada del feminismo sobre la sociedad. Es el anteponer siempre los intereses de “género” a los de todos, es la indisimulada pretensión de convertir el “porque nosotras lo valemos” en el principio universal que ha de regir siempre que ellas lo decidan, es la de anteponer los intereses particulares y de grupo por delante y por encima de los generales. Es pretender actuar como un sindicato de intereses y reclamar el trato de quien se ocupa de los intereses de todos, es pretender que quienes están en la academia lo están en representación del género masculino, es pretender que se goza del apoyo femenino porque se dice actuar en su nombre.