Y así, en esta nueva tanda legislativa, y aunque su presencia se hace notar en toda iniciativa de este tipo, destacan tres nuevas leyes de su cuño: Ley de igualdad de trato, ley de reforma de las políticas activas de empleo y Ley de modificación de determinados artículos del Código Civil en materia de patria potestad, tutela y sucesiones en relación con la violencia de género y la violencia doméstica.
La cuestión es que no hay ley aprobada en los últimos años en los que no sea patente su huella, de tal modo que sumando las leyes que directamente ha promovido y las no contestadas, por ejemplo toda la legislación relativa a la educación, a nadie le debiera caber duda de que nos encontramos ante el poder fáctico más importante en nuestro país, siendo difícil encontrar un rincón de la vida social al que no hayan llegado, sea para consolidar un determinado estado de cosas sea para promover modificaciones a favor de sus intereses.
Mientras tanto analistas de nuestra realidad, que miran al país con un óptica menos sectaria y con menos intereses de género, en particular todo lo referido a la educación, nos ofrecen una visión del país que contrasta fuertemente con una pretendida modernidad de cartón piedra que ha decidido que el mérito y la capacidad son cosas del pasado y que terminará por arruinar todo cuanto de valioso se había ido construyendo con gran esfuerzo en las últimas décadas.