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03 abril, 2011

La política y el género

"Voy a hacer campaña explicando por qué hemos salido de la crisis" dijo ayer Zapatero, al tiempo que la prensa recogía que el paro juvenil se situaba en el 43 %. El desvarío de los últimos años no sólo correspondió a las políticas de género. Desde la prensa, sin embargo, aún hay quien lo considera el único presidente de izquierdas de la democracia y se ve a sí mismo como crítico y no como adulador. 


P.S. Nadie se atreve a defender a Zapatero por cómo ha gestionado la crisis o cómo ha conducido la economía. Nadie por la política territorial o su España plural. Nadie tampoco por la evolución de nuestra escuela o el I+D. Nadie por la imagen que desde hace un tiempo tiene la gente de los políticos, hasta el punto de considerarlos uno de los problemas más importantes del país. Pero algunos, sin tampoco ser muy explícitos, hablan de su legado en lo referente a los derechos centrándolo en dos cuestiones fundamentales: el derecho a casarse de los homosexuales, y las políticas hacia las mujeres o de género.


En relación con el matrimonio entre homosexuales nada tengo que objetar pero en lo referente a las políticas de género, una vez pasado el impacto de que un país latino y sin gran tradición en este terreno se decidiese a legislar en la intención de convertirse en bandera y señal para el resto del mundo, los resultados cada día que pasa dejan más al descubierto que en esta materia se hicieron las cosas con todo menos con buen tino y más que como ejemplo, cuestión que en algún momento se pretendió,  nuestro país aparece como modelo pero justamente de lo que no se debe hacer.


Desde la injusta y vergonzante decisión de impedir la custodia compartida, hasta el triste precedente de una legislación que castiga según el sexo, pasando por todo un conjunto de leyes que parecen más orientadas a consagrar la desigualdad y el sexismo que a otra cosa, nos encontramos con que nadie parece querer reconocerse como el ¿¡padre!? de la criatura en lo referente a la custodia compartida y, de forma vergonzante, ahora todos parecen dispuestos a apoyar en los parlamentos de las comunidades lo que en el parlamento estatal negaron. Claro está, que todavía siguen existiendo fundamentalistas aunque más bien en retirada.


Pero sucede también que ante el disparate que supone considerar como violencia de género, es decir, con intención de establecer dominio por parte del varón sobre la mujer, cualquier conflicto de pareja por leve que sea, según era y es voluntad de los grupos feministas, determinados tribunales han preferido apartarse de tal recomendación y primero establecer  si existió o no esa voluntad y sólo en ese supuesto aplicar una legislación que en cualquier caso está consiguiendo que en el exterior más que como el modelo a seguir sigan viendo en dichas políticas al país intolerante que ha caracterizado buena parte de nuestra historia. Y el documental que al respecto  emitió hace unos meses la televisión noruega constituye todo un ejemplo.  Y todavía queda un aspecto en el que nadie ha dicho esta boca es mía y es el penal. Cómo conciliar que siendo uno de los países con menor criminalidad del mundo mantengamos un nivel de población reclusa sólo comparable a los países de la ex Unión soviética, como conciliar que mientras algunos hablan de ampliación de derechos lo que con más claridad se haya producido sea la criminalización de cada día un mayor número de conductas. 


Sabíamos de una sociedad anestesiada, una sociedad que a pesar de los llamados de Stéphane Hessel no se indigna, de una sociedad que encuentra taponadas todas sus vías de expresión, pues ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni la prensa -excepto esa pequeña vía de escape que ofrecen a través del comentario de las noticias-, constituyen ya cauces adecuados,  y sólo a través de internet encuentra algún aliviadero por el que expresar su descontento, pero quizá en este breve balance habría que decir que quizá tan o más significativa que las cifras de paro o de fracaso y abandono escolar habría que hablar de la política penitenciaria porque parece el mejor reflejo de todo lo que se ha hecho mal en este país y se hace necesario cambiar.


12 mayo, 2010

Insólito

Después de que lo hiciera la oposición, luego de que se lo recordara una y cien veces Fernández Ordoñez y muchos otros economistas, más tarde de que se lo pidiese primero y se lo imponga ahora la Unión europea, al Presidente Rodríguez Zapatero lo llama Obama para pedirle que deje de anunciar que dice que va a hacer y haga algo. Insólito, realmente insólito para el Presidente pero también para el conjunto del país que parece no saber estar exigiendo a sus gobernantes lo que es su obligación: resolver los problemas de los ciudadanos y no enmascararlos. Estoy convencido que es necesario replantearse el funcionamiento de las prácticas gubernamentales pero de muchas otras instituciones sociales que no están sabiendo estar a la altura.


P.D. Viñeta de El Roto

09 abril, 2009

Es lo que pienso

Si la idea de ciudadanía va ligada a la proclamación de los derechos humanos y a la superación de los estamentos y los privilegios propios del Antiguo Régimen, si está asociada a la idea del individuo como centro del sistema social y político, si es consustancial con la idea de igualdad y universalidad de la norma; en nuestro país, y a pesar de lo ejemplar de nuestra transición política, parece que avancemos a pasos agigantados en la dirección contraria y, hayamos decidido anteponer el género y la pertenencia a tal o cual Comunidad a la idea de una ciudadanía común o una común humanidad de hombres y mujeres.

Y esto no tiene nada que ver con la necesidad de reconocimiento de los derechos de la mujer o con la necesidad de darle una articulación federal a la España de las autonomías. No pretendo poner en cuestión ninguna de las dos cosas, más bien al contrario mi intención sería poner de manifiesto que, como mejor se defienden ambas es garantizando la igualdad y el respeto, sin cortapisas ni interpretaciones torticeras, de los derechos humanos de todos y todas, de los del norte y de los del sur, de los del este y de los del oeste. La búsqueda del privilegio sea de género o de comunidad debiera quedar descartada desde el principio.

Y por eso no puedo dejar de constatar que a fuerza de no querer avanzar en esa dirección, nuestra vida política, pero no sólo la política, llevada de la lógica territorial y de género, debe realizar extraños ejercicios, como en la reciente crisis de Gobierno en la que es fácil apreciar que, en lugar de un ejercicio de autonomía por parte del presidente del Gobierno para la elección del Ejecutivo con la composición y el número de miembros que las circunstancias presentes exigirían, se ha compuesto un puzzle en el que no se acaba de realizar el ajuste necesario para no romper la estricta paridad de sexos, donde algunos nombramientos sólo son comprensibles desde la óptica de “seguir tirando” en un Estado de las autonomías cada día con menos articulación y, donde algunos ceses son de difícil explicación.

En mi opinión si acertada fue la transición política, desacertados están siendo las políticas de los últimos años, en las que más que ir cerrando y mejorando un sistema que precisa de estabilidad institucional parece cada día más abocado a abrir y establecer motivos de división y separación, por motivo de género o de territorio, que finalmente no terminarán redundando en beneficio de nadie sino en perjuicio de todos. Sería interesante que todos reflexionásemos sobre el cansancio y la desafección existente hacia la política en general o la clase de los políticos en particular, incluidas las de las autonomías: el caso catalán parece paradigmático, como ponen de manifiesto sus propias encuestas; y necesario sería que, fuera de prejuicios interesados, nos interrogásemos sobre la creciente necesidad de los ciudadanos de buscar respuesta a sus inquietudes lejos de las opciones políticas tradicionales.

Durante los últimos años hemos disfrutado de una ayuda de la Unión europea cifrada en 138.000 millones de euros (más de 20 billones de las antiguas pesetas) lo que unido a una especial coyuntura económica hizo pensar a muchos que el crecimiento indefinido era posible y que todas la peticiones podían ser atendidas. Ahora hemos chocado de bruces con una realidad que deja al descubierto que tales ideas eran sólo ilusiones, lo que ya no está tan claro es que todo el mundo haya aprendido la lección. A pesar de lo voluminoso de la ayuda no hemos sabido aprovechar ese ingente cantidad de recursos en aquello que finalmente hace mejores a las sociedades: la formación y educación de sus ciudadanos, y la construcción de un entramado institucional que garantice la igualdad y la libertad; por el contrario hemos vivido contagiados por la fiebre del oro y la búsqueda del privilegio y ahora nos encontramos con que necesitamos cambiar de modelo y no sabemos cómo hacerlo.

Quizá sea el momento de pensar que seguramente no somos tan especiales como creemos y lo que buscamos ya ha sido inventado y está ahí: articulación federal del Estado e igualdad sin privilegio de género, y desde luego consciencia de lo que lo más importante será siempre el factor humano, por lo que la educación y la formación debiera ser el objeto preferente de todas los políticas. Tampoco estaría mal ser conscientes de que nuestras energías son limitadas y pretender a estas alturas que somos capaces de acabar con todos los problemas del mundo mundial, a lo que nos pueda conducir sea a la desatención de nuestra propia casa, y esa experiencia histórica ya la hemos vivido. En fin, me doy cuenta de que lo que propongo es lo contrario de lo que se ha venido haciendo y seguramente se vaya a seguir ensayando, pero parafraseando el título de la bitácora de Manu: Es lo que pienso.

23 abril, 2008

Mujeres y política

Aun no hace mucho tiempo leí en un periódico que si las mujeres gobernasen, la paz en el mundo estaría garantizada. Posiciones no tan exageradas, pero igualmente maniqueas, en el sentido de que las mujeres lo harían mejor, podemos encontrarlas tanto en la mayor parte de los posicionamientos feministas, como en otras muchas personas que entienden que el hecho de apoyar a una mujer añade un plus, que con un hombre nunca se daría. Este tipo de posicionamientos apriorísticos están en la base del discurso político actual y así, tanto el presidente andaluz Manuel Chaves como, al parecer, el presidente del Gobierno prefieren que los suceda una mujer.
En el fondo es el mismo discurso dualista y maniqueísta que se aplica a muchas otras situaciones. Los hombres y las mujeres no es que seamos dos sexos diferentes es que, algunos pretenden que somos algo así como dos especies distintas, de tal modo que donde en unos hay pulsión ciega en las otras hay sosiego y análisis ponderado; y así, en una retahíla de defectos y virtudes repartidos de forma completamente desigual a fin de construir una imagen, que conduzca a la idea de los géneros que se pretende imponer en la sociedad y la opinión pública española.
Pero una cosa son los discursos y otra la realidad de cada día y actuaciones como la de Rosa Díez, o la de Rosa Aguilar, también la de Esperanza Aguirre, y por supuesto la de Hillary Clinton en la campaña de las primarias norteamericanas, vienen a recordarnos que hombres y mujeres puede que tengamos rasgos diferenciadores; pero de ahí al maniqueísmo de buenos y malos, hay un enorme salto, que la realidad de cada día se encarga de recordarnos.