"Voy a hacer campaña explicando por qué hemos salido de la crisis" dijo ayer Zapatero, al tiempo que la prensa recogía que el paro juvenil se situaba en el 43 %. El desvarío de los últimos años no sólo correspondió a las políticas de género. Desde la prensa, sin embargo, aún hay quien lo considera el único presidente de izquierdas de la democracia y se ve a sí mismo como crítico y no como adulador.
P.S. Nadie se atreve a defender a Zapatero por cómo ha gestionado la crisis o cómo ha conducido la economía. Nadie por la política territorial o su España plural. Nadie tampoco por la evolución de nuestra escuela o el I+D. Nadie por la imagen que desde hace un tiempo tiene la gente de los políticos, hasta el punto de considerarlos uno de los problemas más importantes del país. Pero algunos, sin tampoco ser muy explícitos, hablan de su legado en lo referente a los derechos centrándolo en dos cuestiones fundamentales: el derecho a casarse de los homosexuales, y las políticas hacia las mujeres o de género.
Desde la injusta y vergonzante decisión de impedir la custodia compartida, hasta el triste precedente de una legislación que castiga según el sexo, pasando por todo un conjunto de leyes que parecen más orientadas a consagrar la desigualdad y el sexismo que a otra cosa, nos encontramos con que nadie parece querer reconocerse como el ¿¡padre!? de la criatura en lo referente a la custodia compartida y, de forma vergonzante, ahora todos parecen dispuestos a apoyar en los parlamentos de las comunidades lo que en el parlamento estatal negaron. Claro está, que todavía siguen existiendo fundamentalistas aunque más bien en retirada.
Pero sucede también que ante el disparate que supone considerar como violencia de género, es decir, con intención de establecer dominio por parte del varón sobre la mujer, cualquier conflicto de pareja por leve que sea, según era y es voluntad de los grupos feministas, determinados tribunales han preferido apartarse de tal recomendación y primero establecer si existió o no esa voluntad y sólo en ese supuesto aplicar una legislación que en cualquier caso está consiguiendo que en el exterior más que como el modelo a seguir sigan viendo en dichas políticas al país intolerante que ha caracterizado buena parte de nuestra historia. Y el documental que al respecto emitió hace unos meses la televisión noruega constituye todo un ejemplo. Y todavía queda un aspecto en el que nadie ha dicho esta boca es mía y es el penal. Cómo conciliar que siendo uno de los países con menor criminalidad del mundo mantengamos un nivel de población reclusa sólo comparable a los países de la ex Unión soviética, como conciliar que mientras algunos hablan de ampliación de derechos lo que con más claridad se haya producido sea la criminalización de cada día un mayor número de conductas.
Sabíamos de una sociedad anestesiada, una sociedad que a pesar de los llamados de Stéphane Hessel no se indigna, de una sociedad que encuentra taponadas todas sus vías de expresión, pues ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni la prensa -excepto esa pequeña vía de escape que ofrecen a través del comentario de las noticias-, constituyen ya cauces adecuados, y sólo a través de internet encuentra algún aliviadero por el que expresar su descontento, pero quizá en este breve balance habría que decir que quizá tan o más significativa que las cifras de paro o de fracaso y abandono escolar habría que hablar de la política penitenciaria porque parece el mejor reflejo de todo lo que se ha hecho mal en este país y se hace necesario cambiar.
P.S. Nadie se atreve a defender a Zapatero por cómo ha gestionado la crisis o cómo ha conducido la economía. Nadie por la política territorial o su España plural. Nadie tampoco por la evolución de nuestra escuela o el I+D. Nadie por la imagen que desde hace un tiempo tiene la gente de los políticos, hasta el punto de considerarlos uno de los problemas más importantes del país. Pero algunos, sin tampoco ser muy explícitos, hablan de su legado en lo referente a los derechos centrándolo en dos cuestiones fundamentales: el derecho a casarse de los homosexuales, y las políticas hacia las mujeres o de género.
En relación con el matrimonio entre homosexuales nada tengo que objetar pero en lo referente a las políticas de género, una vez pasado el impacto de que un país latino y sin gran tradición en este terreno se decidiese a legislar en la intención de convertirse en bandera y señal para el resto del mundo, los resultados cada día que pasa dejan más al descubierto que en esta materia se hicieron las cosas con todo menos con buen tino y más que como ejemplo, cuestión que en algún momento se pretendió, nuestro país aparece como modelo pero justamente de lo que no se debe hacer.
Desde la injusta y vergonzante decisión de impedir la custodia compartida, hasta el triste precedente de una legislación que castiga según el sexo, pasando por todo un conjunto de leyes que parecen más orientadas a consagrar la desigualdad y el sexismo que a otra cosa, nos encontramos con que nadie parece querer reconocerse como el ¿¡padre!? de la criatura en lo referente a la custodia compartida y, de forma vergonzante, ahora todos parecen dispuestos a apoyar en los parlamentos de las comunidades lo que en el parlamento estatal negaron. Claro está, que todavía siguen existiendo fundamentalistas aunque más bien en retirada.
Pero sucede también que ante el disparate que supone considerar como violencia de género, es decir, con intención de establecer dominio por parte del varón sobre la mujer, cualquier conflicto de pareja por leve que sea, según era y es voluntad de los grupos feministas, determinados tribunales han preferido apartarse de tal recomendación y primero establecer si existió o no esa voluntad y sólo en ese supuesto aplicar una legislación que en cualquier caso está consiguiendo que en el exterior más que como el modelo a seguir sigan viendo en dichas políticas al país intolerante que ha caracterizado buena parte de nuestra historia. Y el documental que al respecto emitió hace unos meses la televisión noruega constituye todo un ejemplo. Y todavía queda un aspecto en el que nadie ha dicho esta boca es mía y es el penal. Cómo conciliar que siendo uno de los países con menor criminalidad del mundo mantengamos un nivel de población reclusa sólo comparable a los países de la ex Unión soviética, como conciliar que mientras algunos hablan de ampliación de derechos lo que con más claridad se haya producido sea la criminalización de cada día un mayor número de conductas.
Sabíamos de una sociedad anestesiada, una sociedad que a pesar de los llamados de Stéphane Hessel no se indigna, de una sociedad que encuentra taponadas todas sus vías de expresión, pues ni los partidos políticos, ni los sindicatos, ni la prensa -excepto esa pequeña vía de escape que ofrecen a través del comentario de las noticias-, constituyen ya cauces adecuados, y sólo a través de internet encuentra algún aliviadero por el que expresar su descontento, pero quizá en este breve balance habría que decir que quizá tan o más significativa que las cifras de paro o de fracaso y abandono escolar habría que hablar de la política penitenciaria porque parece el mejor reflejo de todo lo que se ha hecho mal en este país y se hace necesario cambiar.