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06 noviembre, 2011

¿Qué nos está pasando?


En un reciente debate en Deseducativos a propósito de una muy interesante entrada de Raus  una de las comentaristas con el nombre Ania escribía lo siguiente:

“Me parece muy esclarecedor el apunte de extranjera sobre las mayores posibilidades de ganar dinero sin gran esfuerzo por estudiar y cualificarse que ha tenido y tiene el varón sobre la mujer en nuestras sociedades occidentales. Esto es un argumento que me parece de gran peso para explicar la feminización de la enseñanza y de la medicina y la escala progresiva de aumento del llamado fracaso escolar masculino que tiene un componente en absoluto desdeñable de simple dejadez y abandono al tener a su disposición un mercado laboral muchísimo más amplio que el de ellas.”

El apunte de extranjera se refería a que con el boom de la construcción muchos chicos habían dejado de estudiar llevados del deseo de ganar dinero ya.

Pero es que en la misma entrada otra mujer en este caso Cristina escribió lo siguiente:

“… Pero hay otra razón que se le ha olvidado: la profesión de maestro en España estaba (y está) muy desprestigiada y por eso se ha feminizado.”

Pero es que en la entrada Papápermiso que se refiere al permiso paterno en Noruega para atender a los hijos se puede leer lo siguiente:

“La instauración del papápermiso evidentemente no bastó para borrar como una goma todas las desigualdades hombres-mujeres: en Noruega, las diferencias de salario todavía se elevan el 15 %,  y las mujeres representan el grueso del batallón del trabajo a tiempo parcial  viendo limitadas sus opciones al sector público. "Estamos en una sociedad de igualdad "light" ", resume la mediadora, Sunniva Orstavik,”

Es como si el feminismo hubiera conseguido inocular en cada mujer la sensación de que todo lo que les ocurre se produce en un marco en el que por fuerza estuvieran discriminadas mientras el varón estuviera privilegiado, pues cómo explicar si no, lo increíble de que alguien considere privilegio abandonar los estudios para ponerse a trabajar en la construcción sin titulación o con la mínima, mientras sus compañeras siguen estudiando, cómo pensar que puede tener algún viso de realidad que la profesión de maestra  se ha feminizado por su descrédito  o cómo puede considerar la mediadora noruega que el trabajo en el sector público o a tiempo parcial representa una limitación,  al margen claro está de que ese 15 % de menor remuneración media de las mujeres que se empeñan en presentar como discriminador no representa nada de eso ya que responde no a un peor empleo, ni a una remuneración peor, sino a que trabajan menos horas, trabajo a tiempo parcial y a que las mujeres se autoexcluyen de los trabajos más exigentes y de los de más riesgo, entre otros factores.

Quizá estos tres ejemplos nos digan más sobre lo que está sucediendo entre mujeres y hombres y en relación con la igualdad que cualquier otra cosa. La percepción femenina no se cansa de ver privilegio masculino donde no existe y no se cansa de ver discriminación femenina donde objetivamente no la hay. Mientras tanto los varones nos debatimos  en la más absoluta de las confusiones y en la mayor parte de los casos sin saber interpretar de qué se nos habla cuando se menciona la discriminación salarial femenina, o si  es verdad que las mujeres no ocupan determinadas profesiones porque se lo impedimos, o a qué responde el desplazamiento  de los varones de determinadas profesiones: magisterio, sanidad, determinados escalones de la Justicia...