En un
reciente debate en Deseducativos a propósito de una muy interesante entrada de Raus una de las comentaristas
con el nombre Ania escribía lo siguiente:
“Me parece muy esclarecedor el apunte de extranjera sobre
las mayores posibilidades de ganar dinero sin gran esfuerzo por estudiar y
cualificarse que ha tenido y tiene el varón sobre la mujer en nuestras
sociedades occidentales. Esto es un argumento que me parece de gran peso para
explicar la feminización de la enseñanza y de la medicina y la escala
progresiva de aumento del llamado fracaso escolar masculino que tiene un
componente en absoluto desdeñable de simple dejadez y abandono al tener a su
disposición un mercado laboral muchísimo más amplio que el de ellas.”
El apunte de
extranjera se refería a que con el boom de la construcción muchos chicos habían
dejado de estudiar llevados del deseo de ganar dinero ya.
Pero es que en la misma
entrada otra mujer en este caso Cristina escribió lo siguiente:
“… Pero hay otra razón que se le ha olvidado: la profesión de maestro en
España estaba (y está) muy desprestigiada y por eso se ha feminizado.”
Pero es que en la
entrada Papápermiso que se refiere al permiso paterno en Noruega para atender a
los hijos se puede leer lo siguiente:
“La instauración del
papápermiso evidentemente no bastó para borrar como una goma todas las
desigualdades hombres-mujeres: en Noruega, las diferencias de salario todavía
se elevan el 15 %, y las mujeres representan el grueso del batallón del
trabajo a tiempo parcial viendo
limitadas sus opciones al sector público. "Estamos en una sociedad de
igualdad "light" ", resume la mediadora, Sunniva Orstavik,”
Es como si el
feminismo hubiera conseguido inocular en cada mujer la sensación de que todo lo
que les ocurre se produce en un marco en el que por fuerza estuvieran
discriminadas mientras el varón estuviera privilegiado, pues cómo explicar si
no, lo increíble de que alguien considere privilegio abandonar los estudios para
ponerse a trabajar en la construcción sin titulación o con la mínima, mientras
sus compañeras siguen estudiando, cómo pensar que puede tener algún viso de
realidad que la profesión de maestra se ha feminizado por su descrédito o cómo puede considerar la mediadora noruega
que el trabajo en el sector público o a tiempo parcial representa una
limitación, al margen claro está de que ese 15 % de menor remuneración media de las mujeres que se empeñan en presentar como
discriminador no representa nada de eso ya que responde no a un peor empleo, ni
a una remuneración peor, sino a que trabajan menos horas, trabajo a tiempo
parcial y a que las mujeres se autoexcluyen de los trabajos más exigentes y de los de
más riesgo, entre otros factores.
Quizá estos tres
ejemplos nos digan más sobre lo que está sucediendo entre mujeres y hombres y
en relación con la igualdad que cualquier otra cosa. La percepción femenina no
se cansa de ver privilegio masculino donde no existe y no se cansa de ver
discriminación femenina donde objetivamente no la hay. Mientras tanto los
varones nos debatimos en la más absoluta
de las confusiones y en la mayor parte de los casos sin saber interpretar de
qué se nos habla cuando se menciona la discriminación salarial femenina, o
si es verdad que las mujeres no ocupan determinadas
profesiones porque se lo impedimos, o a qué responde el desplazamiento de los varones de determinadas profesiones:
magisterio, sanidad, determinados escalones de la Justicia...