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22 diciembre, 2011

Algunas tareas de futuro


Para una bitácora como ésta que considera inasumible la pretensión neofeminista de que los hombres hayamos de aceptar todo cuanto ellas digan en lo relativo a la igualdad, porque cualquier otra reacción solo se podría interpretar como machismo y, resulta inasumible, porque tal cosa sería equivalente a una condena al silencio,  una especie de  muerte civil, o, visto de otra manera, imponernos una censura que nos convertiría en una especie de zombis que tendrían limitado su campo de acción a determinadas tareas que nos vendrían impuestas desde fuera, se le plantean, varios frentes de actuación y no solo la crítica de propuestas emanadas de ese feminismo.  

Es evidente que mientras hablamos de tal o cuál estadística o encuesta que nos desvela un rostro cada día más terrible del hombre: ese ser del que jamás se pararía de descubrir un ángulo cada vez más siniestro e “inhumano” y del que parecería que todo cuanto conocíamos de él no era más que pura fachada; mientras eso sucede, seguimos sin entender por qué otros aspectos de la realidad son tapados, escondidos, negados y para los que por lo visto no existe ninguna prisa en descubrir su origen y génesis, sea que se trate del fracaso escolar masculino, las elevadas tasas de suicidio del varón que no paran de crecer, la evolución del empleo y el mercado de trabajo para cada uno de los sexos, la evolución en progresión geométrica de la obesidad mórbida o que no exista una campaña, al estilo de las llevadas a cabo contra el tabaco o los accidentes de tráfico, contra los accidentes laborales cuyas estadísticas nos sitúan a la cabeza de Europa…

Pero también y esto revela hasta qué punto se pretende desligarnos de la interpretación de la realidad, la increíble celeridad de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, hasta el punto de que en apenas 30 años se han conseguido cifras de incorporación al mismo comparables a las que para los varones supusieron 150 años, y junto a eso  la falacia del techo de cristal y la discriminación laboral y salarial de las mujeres que, ellas sí, parecen con capacidad para elegir sectores y tiempos de dedicación que a los hombres nos están vedados, circunstancia ésta que, sin embargo, pretenden que hayamos de interpretar como discriminatoria, como tantas veces hemos comentado aquí en relación con los contratos a tiempo parcial o el empleo público; o dicho de otro modo, sin la tiranía de la jornada a tiempo completo y la posibilidad de excluirse de los empleos más difíciles y arriesgados.

Para una bitácora como ésta digo se impone atender ese frente de la crítica de lo que pasa, de la denuncia de lo que no se está haciendo, pero también en un mundo tan cambiante redefinir y resituar la figura masculina en la familia y la sociedad, desde la propia iniciativa de los varones y no como algo que nos viene impuesto y que ha sido decidido sin contar con nuestra opinión. Seguramente esta sea la tarea de futuro que más difícil resulte pero en la que cabe cifrar las mayores esperanzas porque, en cuanto a lo otro, la dura realidad nos dice que poco cabe hacer: el varón seguirá siendo presentado como  un ser abusador y explotador del que como único resultado lo que  cabe esperar es un marido y un padre ausente.