Que personajes que dicen estar ahí para expurgar al hombre de su sentido violento, no duden en recurrir al insulto con demasiada frecuencia, que personas que dicen estar ahí para deconstruir al viejo hombre forjado en los esquemas del patriarcado recurran a la mentira, a la censura, al ejercicio de la mayor de las prepotencias impidiendo que se pueda expresar quien en justo debate les está derrotando dialécticamente y, quizá, éticamente, que alguno de los que proclama todo esto, aprovechando el escrito angustiado de un joven de 21 años, que ha sido padre a su pesar, y que se siente confuso y desorientado sobre las exigencias de su compañera, en lugar de una contestación, le brinde un ejercicio de entomología, debieran ser motivos suficientes para en un ejercicio de autocrítica decidir cambiar el rumbo. Pero si esto no se hace, y ese trabajo de entomología concluye que de lo que se trata en su caso es de violencia de género, y como única respuesta le propone la sumisión a su pareja, es para interrogarse en que tipo de creencia ideológica se está que tanto puede equivocar el diagnóstico de la situación y la recomendación que se propone. Si además se usan los términos y los conceptos sin control y a pesar de la poca empatía que uno muestra hacia quien le pide opinión, no para de acusar a los demás de falta de empatía hacía la mujer, y de denuncia de su invisibilidad, sin que en ningún momento esa invisibilidad se perciba, sencillamente, es para preguntarse como es posible tanto desatino.
Ni la invisibilidad, ni la violencia de género quedan patentes por ningún lado, pues sea cual sea el momento que se escoja para analizar, la situación de inferioridad es la de él. El día del encuentro amoroso porque si no es disculpable su imprudencia al no usar ningún sistema anticonceptivo, no lo es menos la de ella, para quien no puede quedar duda de que no sólo no hay preservativo, tampoco píldora; cuando decide tener el hijo, porque es una decisión que sólo ella toma y ni tan siquiera parece que lo haga después de haberlo discutido con él y, finalmente, cuando decide irse a casa de sus padres, con el hijo de ambos, y con la exigencia de boda, porque la situación no es fruto de la voluntad de él sino de la de ella. Solo considerándola a ella como menor de edad o como incapaz para el ejercicio de su responsabilidad es posible hablar de violencia de género en este caso. Que el caso le sirva además para proclamar que el 70% de los hombres ante situaciones semejantes cometen violencia de género, nos da idea del grado de confusión mental y de carencia del más elemental sentido de la justicia y la equidad de personajes de este tipo que, por lo demás, no dudan en cometer a cada paso los “pecados” que dicen combatir.
Así, habla de falta de empatía ante la situación de ella, pero él no sólo incurre en esa falta de empatía hacia Juan, que es quien pide consejo, sino que escribe, como más arriba dije, como un entomólogo que analiza el comportamiento de un bicho raro desde la distancia del laboratorio, no dudando en acusar de violencia de género, a una persona que vive con angustia la disyuntiva en la que su compañera lo coloca al forzarlo a elegir entre casarse, o renunciar a ella y a su hijo.
En cuanto a quienes no dudan en recurrir a eufemismos indecentes para disculpar la censura, las mentiras sin cuento y el ejercicio de la prepotencia sin límite, sólo decirles que la ceguera ideológica puede ser mucha, pero confundir al verdugo con la víctima, a quien censura con quien es censurado, o disculpar la mentira, no son mimbres con los que se pueda construir el cesto de una sociedad más justa, superadora de las insuficiencias en las que estamos, sino más bien obstáculos para que eso pueda ser posible.
¿En qué lugar expenden títulos que conducen a diagnósticos tan equivocados? ¿Estas son las gentes que quieren ser protagonistas de una sociedad sin discriminación? ¿Es este el sentido de la justicia y la equidad que se espera reine en los tiempos venideros?
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
28 enero, 2006
26 enero, 2006
Santa Inquisicion
Henry Kamen al analizar el influjo de la Inquisición en España, señala que ésta no fue tan perniciosa por la gente que mandó a la hoguera, con lo terrible del dato, como por el ambiente de temor, represión y autocensura que creó entre las gentes y que pervivió durante siglos. Así, mientras el resto de Europa rompía la idea de que el monopolio de la verdad lo tenía la Iglesia, y emprendía un camino en el que la ciencia y el pensamiento filosófico se desarrollaban, este país quedó atado al pensamiento religioso sin posibilidad de que el librepensamiento y la ciencia pudieran desarrollarse, hundiéndonos cada vez más no sólo en la pobreza intelectual y científica, también en la pobreza económica y el desarrollo social. Recuperar el derecho a pensar y a expresar el pensamiento costó sangre, sudor y lágrimas durante todo el siglo XIX y el XX. Siendo este período de 25 años que llevamos de democracia postfranquista, el más largo de los últimos 200 años.
Parece, sin embargo, que aquel ambiente de represión e intolerancia, ahora quiere ser recuperado por ciertos profeministas que, incapaces de sostener a la luz del debate y la confrontación de ideas sus rancios e impresentables postulados, recurren a las más abjectas artimañas y los más inverosímiles pretextos para evitar un debate abierto y democrático sobre lo que haya de entenderse por igualdad de sexos, y toda la problemáticas con ella relacionada. De hecho leyendo a alguno de sus portavoces cualquiera creería por el tono y el contenido que, más se está refiriendo a una verdad revelada que, a una cuestión que no puede sustraerse a la opinión del común de los mortales. Igualmente sus malos modos, su arrogancia, su prepotencia, su capacidad para soltar los insultos más indecentes, parece más, fruto de alguien que se considera en posesión de una verdad absoluta y de carácter sagrado, que de una idea como todas las de este mundo, válida sólo mientras se demuestre mejor que las otras, pero con el carácter relativo y necesariamente temporal de todas las ideas, mucho más si están ligadas, como es el caso, a posiciones ideológicas y estas su vez a intereses, algunos más decentes que otros.
Lo que no sé si saben es que con esta actitud lo que hacen es evidenciar la bajeza de su métodos y la pobreza de sus argumentos, al tiempo que muestran que la distancia entre el mensaje que dicen defender (no a la violencia) no puede más que quedar en entredicho teniendo en cuenta las demasiadas ocasiones en que recurren a la violencia verbal y a unos métodos de censura que se argumente lo que se argumente fueron siempre fruto de los reaccionarios y los que defendían intereses espurios.
Parece, sin embargo, que aquel ambiente de represión e intolerancia, ahora quiere ser recuperado por ciertos profeministas que, incapaces de sostener a la luz del debate y la confrontación de ideas sus rancios e impresentables postulados, recurren a las más abjectas artimañas y los más inverosímiles pretextos para evitar un debate abierto y democrático sobre lo que haya de entenderse por igualdad de sexos, y toda la problemáticas con ella relacionada. De hecho leyendo a alguno de sus portavoces cualquiera creería por el tono y el contenido que, más se está refiriendo a una verdad revelada que, a una cuestión que no puede sustraerse a la opinión del común de los mortales. Igualmente sus malos modos, su arrogancia, su prepotencia, su capacidad para soltar los insultos más indecentes, parece más, fruto de alguien que se considera en posesión de una verdad absoluta y de carácter sagrado, que de una idea como todas las de este mundo, válida sólo mientras se demuestre mejor que las otras, pero con el carácter relativo y necesariamente temporal de todas las ideas, mucho más si están ligadas, como es el caso, a posiciones ideológicas y estas su vez a intereses, algunos más decentes que otros.
Lo que no sé si saben es que con esta actitud lo que hacen es evidenciar la bajeza de su métodos y la pobreza de sus argumentos, al tiempo que muestran que la distancia entre el mensaje que dicen defender (no a la violencia) no puede más que quedar en entredicho teniendo en cuenta las demasiadas ocasiones en que recurren a la violencia verbal y a unos métodos de censura que se argumente lo que se argumente fueron siempre fruto de los reaccionarios y los que defendían intereses espurios.
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16 enero, 2006
Igualdad asimétrica
En principio concebí este blog para hablar exclusivamente de cuestiones relacionadas con la igualdad de sexos, pero como este tema está inevitablemente ligado a otras cuestiones sociales y políticas me veo empujado a referirme a alguna de ellas.
En su momento me llamó poderosísimamente la atención que la izquierda pasase por recoger en la Ley contra la violencia de género, el diferente trato a hombres y mujeres. Me parecía que estaba cruzando un Rubicón de difícil retorno. No acabé de entenderlo, me parecía no equivocarme en que una diferenciación de ese tipo necesariamente rompía el principio de igualdad, y un principio no menos importante, el de la universalidad de la norma. Y esos habían sido principios de la izquierda desde hacía mucho tiempo. A partir de ese momento no se podría decir alegremente que la ley no hace distingos y se aplica a todos por igual, porque en este caso quedan excluidas todas.
Pero parece que la izquierda últimamente ha cambiado mucho. De nuevo con ocasión del debate sobre el Estatut, Maragall nos recuerda que para él no tiene sentido hablar de igualdad, que la eliminaría de la trilogía Libertad, Igualdad y Fraternidad. Propugna también la asimetría y la diferencia de trato, en función de la “personalidad” de cada comunidad, (en román paladino, la fuerza política para arrancar más o menos en un proceso de negociación). Y lo que ya me cuesta mucho más entender, es qué hacen ahí los Verdes e Iniciativa per Catalunya, en qué quedó el viejo internacionalismo que ya no vale ni para aplicar entre comunidades de un mismo Estado, qué hace la izquierda de la mano de la derecha, reclamando un sistema de financiación claramente injusto y discriminatorio, un sistema que explícitamente recoge la reducción progresiva de la solidaridad. ¿Todo está tan desdibujado que da lo mismo Iniciativa per Catalunya y los Verdes que Convergencia i Unió? ¿en última instancia lo que cuenta es la “nación”?
¿Dónde queda el federalismo? ¿Dónde el multilateralismo? ¿Apoyará todo el arco parlamentario catalán, que Europa aplique con España, el mismo principio y que cada Estado se financie según sus posibilidades? ¿Aceptará una reducción progresiva de la solidaridad? ¿Aceptaremos que los alemanes y los otros nos exhiban el superávit de nuestra balanza fiscal con Europa? ¿Los principio son para aplicar a conveniencia?
Quizá la igualdad liberal, formal, de la que hablan algunos no colme todas las aspiraciones, pero lo que yo observo, es que cuando esa igualdad falta, lo que aparece es el más puro darwinismo, la ley del más fuerte, y lo mismo da que hablemos de debate territorial que de igualdad de sexos. Cuando ese principio falla, no avanzamos, retrocedemos. Con esa igualdad, sin embargo, fuimos capaces de, ampliándola, reconocer los derechos sociales, el estado del bienestar y en esta última etapa las leyes de igualdad, incluso aquellas que ponen en peligro su existencia.
En su momento me llamó poderosísimamente la atención que la izquierda pasase por recoger en la Ley contra la violencia de género, el diferente trato a hombres y mujeres. Me parecía que estaba cruzando un Rubicón de difícil retorno. No acabé de entenderlo, me parecía no equivocarme en que una diferenciación de ese tipo necesariamente rompía el principio de igualdad, y un principio no menos importante, el de la universalidad de la norma. Y esos habían sido principios de la izquierda desde hacía mucho tiempo. A partir de ese momento no se podría decir alegremente que la ley no hace distingos y se aplica a todos por igual, porque en este caso quedan excluidas todas.
Pero parece que la izquierda últimamente ha cambiado mucho. De nuevo con ocasión del debate sobre el Estatut, Maragall nos recuerda que para él no tiene sentido hablar de igualdad, que la eliminaría de la trilogía Libertad, Igualdad y Fraternidad. Propugna también la asimetría y la diferencia de trato, en función de la “personalidad” de cada comunidad, (en román paladino, la fuerza política para arrancar más o menos en un proceso de negociación). Y lo que ya me cuesta mucho más entender, es qué hacen ahí los Verdes e Iniciativa per Catalunya, en qué quedó el viejo internacionalismo que ya no vale ni para aplicar entre comunidades de un mismo Estado, qué hace la izquierda de la mano de la derecha, reclamando un sistema de financiación claramente injusto y discriminatorio, un sistema que explícitamente recoge la reducción progresiva de la solidaridad. ¿Todo está tan desdibujado que da lo mismo Iniciativa per Catalunya y los Verdes que Convergencia i Unió? ¿en última instancia lo que cuenta es la “nación”?
¿Dónde queda el federalismo? ¿Dónde el multilateralismo? ¿Apoyará todo el arco parlamentario catalán, que Europa aplique con España, el mismo principio y que cada Estado se financie según sus posibilidades? ¿Aceptará una reducción progresiva de la solidaridad? ¿Aceptaremos que los alemanes y los otros nos exhiban el superávit de nuestra balanza fiscal con Europa? ¿Los principio son para aplicar a conveniencia?
Quizá la igualdad liberal, formal, de la que hablan algunos no colme todas las aspiraciones, pero lo que yo observo, es que cuando esa igualdad falta, lo que aparece es el más puro darwinismo, la ley del más fuerte, y lo mismo da que hablemos de debate territorial que de igualdad de sexos. Cuando ese principio falla, no avanzamos, retrocedemos. Con esa igualdad, sin embargo, fuimos capaces de, ampliándola, reconocer los derechos sociales, el estado del bienestar y en esta última etapa las leyes de igualdad, incluso aquellas que ponen en peligro su existencia.
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12 enero, 2006
Sobre identidades II
Sobre el asunto tengo muchas lagunas, pero también comienzo a vislumbrar algunas certezas, aunque sólo sea para conocer los caminos que no hay que seguir. Por ejemplo, me parece que sólo desde la más absoluta ceguera se pueden negar las diferencias no sólo anatómicas y morfológicas de los sexos, también las hay en el plano de la configuración del cerebro y en el hormonal, incluso en el genético, de hecho cromosómicamente somos diferentes. Desconozco por que desde algunos enfoques feministas se quieren ignorar estas datos que parecen elementales para una correcta prospección sobre los sexos y me supongo que tendrá que ver con su aversión a todo lo que suene a masculino, incluida la ciencia y la racionalidad.
Alguna otra certeza es que desde luego la afirmación del feminismo culpabilizando al hombre de los roles tradicionales, parece más un arma ideológica que algo que se esté en condiciones de demostrar y, de hecho, muchos de los pilares sobre los que sustenta su teorización resultan un completo invento, por ejemplo, considerar que la mujer en la Roma clásica tenía la consideración de un siervo. Esto por ejemplo está demostrado completamente como falso históricamente, hasta el punto de que algunas de las libertades de que gozaron las mujeres romanas no volvieron a ser conocidas por la humanidad hasta prácticamente nuestros días.
Del mismo modo me parece que hablar del privilegio de la condición masculina sólo se entiende si para cada período histórico nos refiriéramos a la clase dirigente, en la que tampoco faltaban las mujeres. De otro modo, alguien debe explicar el privilegio no ya del esclavo romano, sino del mismo legionario, pues la profesión suponía 25 años de servicio sin poder casarse y fuertes castigos incluida la muerte para los desertores, o en la edad media la condición de los siervos, en el siglo XIX el trabajo industrial (Marx lo relata muy bien), o la condición de hombre en los momentos de las guerras, etc. Desde luego me resulta difícil ver el privilegio de haber peleado en el sitio de Verdúm, en Vietnam o ahora mismo morir en Irak, o sencillamente haber disfrutado el privilegio de hacer el servicio militar.
En nuestro días tenemos mil datos que avalan que lo de los privilegios suena bastante a cuento, a no ser que nos olvidemos de los trabajos duros y arriesgados, de los sin techo o de los que intentan desesperadamente llegar en pateras a nuestras costas. Como es imposible hacer un repaso histórico he mencionado sólo algunos momentos de la condición masculina en los que hablar de privilegio suena a coña. Pero hay más, la mujer que propugna la igualdad no propone que los papeles de la mujer pasen a ser desempeñados por el hombre y viceversa, lo que propone si habemos de juzgar por los hechos es una gran libertad de elección de modo de vida que incluye una relación privilegiada con la familia y la casa y una gran libertad en el terreno de lo laboral, dejando la iniciativa al hombre para muchos momentos, generalmente no los más fáciles.
No es sólo una anécdota: cuando el señor Zapatero entendió que las cosas se ponían cuesta arriba, habló de crear un núcleo duro formado por 5 personas, 4 eran hombres y no he visto protestar a ninguna feminista, como ahora mismo que hay que resolver el tema autonómico, no os sorprende que en tiempos de paridad, haya tan pocas mujeres, ..... podría seguir.
Por ejemplo la mujer se enfrenta al mundo laboral con una mentalidad diferente a la del hombre, pues si para éste parece que tendría una carácter inexorable, incorporándose antes, trabajando en jornadas más amplias y prolongando la vida laboral hasta la jubilación, además de estar abierto a todo el espectro de puestos y ocupaciones, en el caso de la mujer, este carácter inexorable no se produce, habiendo muchas mujeres que por voluntad propia deciden no incorporarse al mercado laboral, otras que después de incorporadas se retiran mucho antes de la jubilación, el catálogo de puestos a los que se accede está mucho más limitado, excluyendo los de seguridad, fuerza física y sobre todo riesgo, y buscando siempre fórmulas por ejemplo de empleo a tiempo parcial, etc. En estas circunstancias que se siga manipulando el tema de las remuneraciones de unos y otros es un auténtico escándalo. Si cobrásemos igual se estaría cometiendo la mayor de las injusticias.
La mujer se enfrenta al momento de la relación con el hombre con una mentalidad diferente a la del hombre. Por mucho que se diga los papeles en absoluto resultan intercambiables y desde luego quien considere que en este plano los hombres llevamos ventaja debiera hacer el esfuerzo de explicárnoslo a todos.
Hay muchas otras cosas que también me llaman la atención. Safo fue una gran poetisa griega y no se sabe muy bien por que no hubo muchas otras Safos. Los Ilustrados franceses se reunían a petición de las damas en los salones de los palacios, estas mujeres poseían todas amplia cultura, pero ninguna de ellas parece que se decidiera a entrar en el mundo de los Ilustrados fuera de estas reuniones. Como todo el mundo sabe a Rosa Aguilar se le ha ofrecido la presidencia de Izquierda Unida y al parecer lo rechaza. Pero un hecho mucho más incontrovertible: habéis observado la escasa participación de las mujeres en los debates sobre la reforma educativa a pesar de que son mayoría en la profesión, o su mermada presencia en las direcciones de los centros de enseñanza. El porqué las mujeres actúan frente a algunas situaciones de la forma que lo hacen debiera ser obligación suya explicarlo, pero desde luego da mucho más rédito culpar a los hombres o a la sociedad machista.
Alguna otra certeza es que desde luego la afirmación del feminismo culpabilizando al hombre de los roles tradicionales, parece más un arma ideológica que algo que se esté en condiciones de demostrar y, de hecho, muchos de los pilares sobre los que sustenta su teorización resultan un completo invento, por ejemplo, considerar que la mujer en la Roma clásica tenía la consideración de un siervo. Esto por ejemplo está demostrado completamente como falso históricamente, hasta el punto de que algunas de las libertades de que gozaron las mujeres romanas no volvieron a ser conocidas por la humanidad hasta prácticamente nuestros días.
Del mismo modo me parece que hablar del privilegio de la condición masculina sólo se entiende si para cada período histórico nos refiriéramos a la clase dirigente, en la que tampoco faltaban las mujeres. De otro modo, alguien debe explicar el privilegio no ya del esclavo romano, sino del mismo legionario, pues la profesión suponía 25 años de servicio sin poder casarse y fuertes castigos incluida la muerte para los desertores, o en la edad media la condición de los siervos, en el siglo XIX el trabajo industrial (Marx lo relata muy bien), o la condición de hombre en los momentos de las guerras, etc. Desde luego me resulta difícil ver el privilegio de haber peleado en el sitio de Verdúm, en Vietnam o ahora mismo morir en Irak, o sencillamente haber disfrutado el privilegio de hacer el servicio militar.
En nuestro días tenemos mil datos que avalan que lo de los privilegios suena bastante a cuento, a no ser que nos olvidemos de los trabajos duros y arriesgados, de los sin techo o de los que intentan desesperadamente llegar en pateras a nuestras costas. Como es imposible hacer un repaso histórico he mencionado sólo algunos momentos de la condición masculina en los que hablar de privilegio suena a coña. Pero hay más, la mujer que propugna la igualdad no propone que los papeles de la mujer pasen a ser desempeñados por el hombre y viceversa, lo que propone si habemos de juzgar por los hechos es una gran libertad de elección de modo de vida que incluye una relación privilegiada con la familia y la casa y una gran libertad en el terreno de lo laboral, dejando la iniciativa al hombre para muchos momentos, generalmente no los más fáciles.
No es sólo una anécdota: cuando el señor Zapatero entendió que las cosas se ponían cuesta arriba, habló de crear un núcleo duro formado por 5 personas, 4 eran hombres y no he visto protestar a ninguna feminista, como ahora mismo que hay que resolver el tema autonómico, no os sorprende que en tiempos de paridad, haya tan pocas mujeres, ..... podría seguir.
Por ejemplo la mujer se enfrenta al mundo laboral con una mentalidad diferente a la del hombre, pues si para éste parece que tendría una carácter inexorable, incorporándose antes, trabajando en jornadas más amplias y prolongando la vida laboral hasta la jubilación, además de estar abierto a todo el espectro de puestos y ocupaciones, en el caso de la mujer, este carácter inexorable no se produce, habiendo muchas mujeres que por voluntad propia deciden no incorporarse al mercado laboral, otras que después de incorporadas se retiran mucho antes de la jubilación, el catálogo de puestos a los que se accede está mucho más limitado, excluyendo los de seguridad, fuerza física y sobre todo riesgo, y buscando siempre fórmulas por ejemplo de empleo a tiempo parcial, etc. En estas circunstancias que se siga manipulando el tema de las remuneraciones de unos y otros es un auténtico escándalo. Si cobrásemos igual se estaría cometiendo la mayor de las injusticias.
La mujer se enfrenta al momento de la relación con el hombre con una mentalidad diferente a la del hombre. Por mucho que se diga los papeles en absoluto resultan intercambiables y desde luego quien considere que en este plano los hombres llevamos ventaja debiera hacer el esfuerzo de explicárnoslo a todos.
Hay muchas otras cosas que también me llaman la atención. Safo fue una gran poetisa griega y no se sabe muy bien por que no hubo muchas otras Safos. Los Ilustrados franceses se reunían a petición de las damas en los salones de los palacios, estas mujeres poseían todas amplia cultura, pero ninguna de ellas parece que se decidiera a entrar en el mundo de los Ilustrados fuera de estas reuniones. Como todo el mundo sabe a Rosa Aguilar se le ha ofrecido la presidencia de Izquierda Unida y al parecer lo rechaza. Pero un hecho mucho más incontrovertible: habéis observado la escasa participación de las mujeres en los debates sobre la reforma educativa a pesar de que son mayoría en la profesión, o su mermada presencia en las direcciones de los centros de enseñanza. El porqué las mujeres actúan frente a algunas situaciones de la forma que lo hacen debiera ser obligación suya explicarlo, pero desde luego da mucho más rédito culpar a los hombres o a la sociedad machista.
08 enero, 2006
Sobre identidades I
En el primer post de este año me gustaría abordar la cuestión de si para respetar la igualdad, es necesario que hombres y mujeres seamos idénticos, o bien, si, a pesar de nuestras diferencias, que son muchas y vienen de muy lejos podemos ser iguales, es decir, no estar sometidos a discriminación por razón de sexo, aún manteniendo la feliz diferencia que nos viene caracterizando desde el origen de la especie y aún antes.
Negros y blancos tenemos color de piel diferente y, que yo sepa, a nadie se le ha ocurrido la idea de que para ser iguales en derechos debamos ser de un mismo color. Sin embargo, un buen número de feministas y profeministas parecen empeñadas y empeñados en proponer algo parecido a lo de un solo color, en este caso, un solo género, por cuanto al ser todas las diferencias entre ambos de tipo cultural la búsqueda de la perfecta intercambiabilidad entre ambos sería posible. Más grave me parece todavía quienes en base a no se sabe muy bien qué, han establecido que los hombres si queremos establecer nuestra humanidad lo que tenemos que hacer es tomar como patrón a la mujer, un ser mucho más desarrollado especialmente en el terreno emocional.
La naturaleza nos ha querido diferentes y lo somos en el plano anatómico, morfológico pero también en cuanto a configuración cerebral como ponen de manifiesto las técnicas más avanzadas de estudio en relación con el llamado nuevo mapa del cerebro. Estas diferencias entre los sexos no son sólo de naturaleza genética o biológica, sino que en la medida en que somos seres sociales y culturales, según las diferentes épocas históricas han cristalizado en patrones de conducta diferenciados.
A mi entender, por tanto, la discusión sobre si hombres y mujeres somos diferentes carece de sentido y, quizá, lo que merecería la pena sería establecer la discusión en como deslindar, aunque sólo fuese de forma aproximada, los aspectos de la conducta de hombres y mujeres modificables en un período histórico razonable y cuales responden a una suma de diferencias biológicas y patrones culturales que hunden sus raíces en el origen de la especie y que, por tanto, resulta ilusorio pensar que se van a eliminar en el plazo de una generación o de algunas generaciones.
De ese modo dejaríamos de lado prácticas dirigidas, en la intención, porque en el resultado son imposibles, a limitar o incluso borrar, las diferencias de estrategia que niños y niñas siguen en sus procesos de formación y juego desde el día de su nacimiento. Como la tozuda experiencia demuestra, una y otra vez, pretender que se consigue algo dando a niños y niñas los mismos juguetes, es una de los fracasos más evidentes de este tipo de enfoques. Las niñas terminan dándole mimos al camión y los niños terminan haciendo de la muñeca un soldado.
Otros experimentos, como el de obligar a los niños a hacer pis sentados, sencillamente, me parecen obscenos, y no tiene nombre que, la Consejera de educación de Andalucía pretenda que niños y niñas ocupen exactamente el mismo espacio en el patio del colegio. Aunque lamentablemente, me supongo por bastante tiempo veremos estas y otras cosas de parecido tenor, pues estas prácticas no están en decadencia sino que parecen florecer cada día con mayor variedad.
(De momento lo dejo aquí. Otro día procuraré completar el desarrollo de este tema.)
Negros y blancos tenemos color de piel diferente y, que yo sepa, a nadie se le ha ocurrido la idea de que para ser iguales en derechos debamos ser de un mismo color. Sin embargo, un buen número de feministas y profeministas parecen empeñadas y empeñados en proponer algo parecido a lo de un solo color, en este caso, un solo género, por cuanto al ser todas las diferencias entre ambos de tipo cultural la búsqueda de la perfecta intercambiabilidad entre ambos sería posible. Más grave me parece todavía quienes en base a no se sabe muy bien qué, han establecido que los hombres si queremos establecer nuestra humanidad lo que tenemos que hacer es tomar como patrón a la mujer, un ser mucho más desarrollado especialmente en el terreno emocional.
La naturaleza nos ha querido diferentes y lo somos en el plano anatómico, morfológico pero también en cuanto a configuración cerebral como ponen de manifiesto las técnicas más avanzadas de estudio en relación con el llamado nuevo mapa del cerebro. Estas diferencias entre los sexos no son sólo de naturaleza genética o biológica, sino que en la medida en que somos seres sociales y culturales, según las diferentes épocas históricas han cristalizado en patrones de conducta diferenciados.
A mi entender, por tanto, la discusión sobre si hombres y mujeres somos diferentes carece de sentido y, quizá, lo que merecería la pena sería establecer la discusión en como deslindar, aunque sólo fuese de forma aproximada, los aspectos de la conducta de hombres y mujeres modificables en un período histórico razonable y cuales responden a una suma de diferencias biológicas y patrones culturales que hunden sus raíces en el origen de la especie y que, por tanto, resulta ilusorio pensar que se van a eliminar en el plazo de una generación o de algunas generaciones.
De ese modo dejaríamos de lado prácticas dirigidas, en la intención, porque en el resultado son imposibles, a limitar o incluso borrar, las diferencias de estrategia que niños y niñas siguen en sus procesos de formación y juego desde el día de su nacimiento. Como la tozuda experiencia demuestra, una y otra vez, pretender que se consigue algo dando a niños y niñas los mismos juguetes, es una de los fracasos más evidentes de este tipo de enfoques. Las niñas terminan dándole mimos al camión y los niños terminan haciendo de la muñeca un soldado.
Otros experimentos, como el de obligar a los niños a hacer pis sentados, sencillamente, me parecen obscenos, y no tiene nombre que, la Consejera de educación de Andalucía pretenda que niños y niñas ocupen exactamente el mismo espacio en el patio del colegio. Aunque lamentablemente, me supongo por bastante tiempo veremos estas y otras cosas de parecido tenor, pues estas prácticas no están en decadencia sino que parecen florecer cada día con mayor variedad.
(De momento lo dejo aquí. Otro día procuraré completar el desarrollo de este tema.)
31 diciembre, 2005
Singularidad del feminismo
En el movimiento feminista y en una medida que no se produce en otros movimientos sociales destaca lo difuso de sus contornos. No son evidentes las personas que lo encarnan, no son claras las fuentes que lo inspiran ni los textos donde queda recogido su ideario, no existe un foro a donde dirigirse para informarse y debatir. El feminismo jamás ha sido capaz de constituir un partido político con resultados mínimos aceptables. En contraste, su influencia política es tanta que sus propuestas incluso las más maximalistas, están siendo aprobadas por unanimidad en más de un Parlamento, tal como sucede en España.
A la espere del pronunciamiento del Tribunal Constitucional, la creación de un delito como el de violencia masculina, hace retroceder el derecho penal a momentos anteriores a la Declaración de derechos del hombre y, sin embargo, está recogido en una ley aprobada por unanimidad en las Cortes españolas. Y desde luego en la Comisión europea han salido adelante propuestas que han hecho que una feminista como Elisabeth Badinter haya puesto el grito en el cielo para denunciar tanto abuso.
Muchos hombres, tal mi caso, hemos descubierto, después de muchos años apoyando postulados feministas, que cuando el Instituto de la Mujer combate el sexismo en los anuncios, no se refiere a todo sexismo, al que denigra a la mujer y el que denigra al hombre. Combatir el sexismo, el Instituto de la Mujer lo entiende sólo referido a la mujer. No se sabe si porque considera que el otro no es posible y por lo tanto no existe, o porque los hombres deberíamos constituir el Instituto del hombre y mientras tanto chincharnos. También he descubierto recientemente que en la Constitución francesa ya está institucionalizada la división por sexos, y otro tanto de lo mismo parece que se apunta en las reformas de los Estatutos de autonomía en proceso de revisión en nuestro país, donde parece que se recogerán ¡¡¡ derechos exclusivos de la mujer !!! y todo ello ¡¡¡ en nombre de la igualdad!!!.
Estas características hacen del feminismo un movimiento singular y entrañan una especial dificultad de análisis, opinión y posicionamiento. De hecho y, a pesar de la cantidad de cosas que se están poniendo patas arriba. Comenzando por el concepto de igualdad, pero continuando por el de paridad, género, etc. la sociedad parece actuar como si nada estuviera pasando y las modificaciones legales y de todo tipo no dejaran de ser cuestiones rutinarias. Sorprende que un concepto como el de género, rechazado en el plano lingüístico por la RAE y, sin ninguna apoyatura científica haya sido trasladado a la ley con todo su contenido ideológico y conceptual. Ley de que la se derivan importantes consecuencias penales.
Lo cierto es que, como resultado de todo esto, los derechos de los hombres están siendo laminados, en lo referido a la procreación, a la paternidad, a la presunción de inocencia, derechos económicos, etc. y todo ello con el escarnio de ser presentado como el sexo que goza de todos los privilegios, el sexo avasallador y violento, el sexo que ha sustituido la fuerza por la inteligencia. Como ya escribí en algún otro sitio: hay un esfuerzo constante y consciente de culpabilizar a todo un sexo, el masculino, y de forjar un nuevo estereotipo en el que él aparece como estúpido verdugo neandertal y ella como sufrida víctima evolucionada. Es curioso pero nadie parece querer darse cuenta de que a fuerza de pedir que se acaben los estereotipos, estos están siendo reforzados hasta la caricatura.
A la espere del pronunciamiento del Tribunal Constitucional, la creación de un delito como el de violencia masculina, hace retroceder el derecho penal a momentos anteriores a la Declaración de derechos del hombre y, sin embargo, está recogido en una ley aprobada por unanimidad en las Cortes españolas. Y desde luego en la Comisión europea han salido adelante propuestas que han hecho que una feminista como Elisabeth Badinter haya puesto el grito en el cielo para denunciar tanto abuso.
Muchos hombres, tal mi caso, hemos descubierto, después de muchos años apoyando postulados feministas, que cuando el Instituto de la Mujer combate el sexismo en los anuncios, no se refiere a todo sexismo, al que denigra a la mujer y el que denigra al hombre. Combatir el sexismo, el Instituto de la Mujer lo entiende sólo referido a la mujer. No se sabe si porque considera que el otro no es posible y por lo tanto no existe, o porque los hombres deberíamos constituir el Instituto del hombre y mientras tanto chincharnos. También he descubierto recientemente que en la Constitución francesa ya está institucionalizada la división por sexos, y otro tanto de lo mismo parece que se apunta en las reformas de los Estatutos de autonomía en proceso de revisión en nuestro país, donde parece que se recogerán ¡¡¡ derechos exclusivos de la mujer !!! y todo ello ¡¡¡ en nombre de la igualdad!!!.
Estas características hacen del feminismo un movimiento singular y entrañan una especial dificultad de análisis, opinión y posicionamiento. De hecho y, a pesar de la cantidad de cosas que se están poniendo patas arriba. Comenzando por el concepto de igualdad, pero continuando por el de paridad, género, etc. la sociedad parece actuar como si nada estuviera pasando y las modificaciones legales y de todo tipo no dejaran de ser cuestiones rutinarias. Sorprende que un concepto como el de género, rechazado en el plano lingüístico por la RAE y, sin ninguna apoyatura científica haya sido trasladado a la ley con todo su contenido ideológico y conceptual. Ley de que la se derivan importantes consecuencias penales.
Lo cierto es que, como resultado de todo esto, los derechos de los hombres están siendo laminados, en lo referido a la procreación, a la paternidad, a la presunción de inocencia, derechos económicos, etc. y todo ello con el escarnio de ser presentado como el sexo que goza de todos los privilegios, el sexo avasallador y violento, el sexo que ha sustituido la fuerza por la inteligencia. Como ya escribí en algún otro sitio: hay un esfuerzo constante y consciente de culpabilizar a todo un sexo, el masculino, y de forjar un nuevo estereotipo en el que él aparece como estúpido verdugo neandertal y ella como sufrida víctima evolucionada. Es curioso pero nadie parece querer darse cuenta de que a fuerza de pedir que se acaben los estereotipos, estos están siendo reforzados hasta la caricatura.
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Ley violencia
26 diciembre, 2005
¿Confabulación de silencio?
Desde la Ilustración parecía que había quedado establecido para todos, que la racionalidad, y por tanto el debate de ideas, eran las mejores fórmulas para avanzar socialmente hacia una sociedad más justa. Así se ha venido sosteniendo por cuanto movimiento o corriente progresista ha habido en los últimos siglos. Por eso, sorprende más, que en pleno siglo XXI haya un movimiento que parece proponerse acabar con esa trayectoria histórica y mantener una cuestión de tan largo alcance como es la igualdad de sexos, en un ámbito que excluye el debate social, el debate abierto y democrático sobre como deba abordarse una sociedad de iguales.
Y si esto es llamativo en sí mismo, más lo es que también por parte de algunas fuerzas políticas y opinantes, se haya establecido un catálogo de medidas que nos están sujetas a discusión ya que quien se atreva a hacerlo inmediatamente será tachado de machista, retrogrado y no sé cuántas cosas. Así no serían objeto de debate ni la paridad por ley, ni la discriminación positiva, ni las nuevas leyes de violencia de género, o de acoso sexual y moral.... y ello aún contra la opinión de los especialistas más capacitados para emitir opiniones sobre algunos de los temas, como por ejemplo, los penalistas en el caso de la ley contra la violencia de género y el establecimiento del delito de violencia masculina.
Para quienes consideramos esta situación como anómala y hemos comprobado que hay una pretensión de reducir todo lo discutible de esta cuestión a la violencia doméstica, no nos queda más que ingeniárnoslas para procurar espacios abiertos de debate como este mismo blog que no busca otra intención que la de procurar, por un lado, la posibilidad de expresar mis ideas sin los condicionantes de los foros contra la violencia doméstica, pero también para someter mis ideas y mi criterio sobre todas estas cuestiones al debate público, procurando una mayor clarificación de un tema tan amplio y complejo como el de la igualdad y no discriminación por razón de sexo.
Sorprende todavía más que una crítica tan demoledora a la actual deriva del feminismo, como la realizada por Elisabeth Badinter en su libro “Por mal camino”, primero, encuentre tantas dificultades para su difusión y, segundo, carezca por el momento de una respuesta a su altura, desde el lado del feminismo dominante. Qué decir de que los Institutos oficiales de la Mujer no se hayan dignado desmentir las acusaciones de manipulación y sesgo de sus estudios sobre violencia y en esta acusación concurren no sólo la citada autora sino muchos otros expertos y expertas, juristas y estadísticos.
Mi asombro se hace mayor cuando veo que otras conquistas de la civilización como la propia idea de igualdad son manejadas por algunas y algunos de forma tan parcial y sesgada. Así la idea de igualdad quedaría desligada de la idea de simetría o reciprocidad, y al albur de quien más fuerza tenga para imponer un criterio de igualdad que le sea más favorable. Así todos deberíamos condenar el separatismo de las sociedades de hombres, pero al tiempo, deberíamos aceptar que tratándose de sociedades de mujeres el criterio debería ser diferente, incluso admitir sin rechistar que ese separatismo se lleve a las instituciones oficiales y todo eso sea compatible con la idea de paridad por ley.
Sinceramente creo que en relación con estas cuestiones existe un amplio abanico de cosas que como mínimo requieren debate y clarificación. Entiendo también como imprescindibles una revisión y cambio de rumbo, pero de entrada me bastaría con suscitar debate alrededor de todo este asunto.
Y si esto es llamativo en sí mismo, más lo es que también por parte de algunas fuerzas políticas y opinantes, se haya establecido un catálogo de medidas que nos están sujetas a discusión ya que quien se atreva a hacerlo inmediatamente será tachado de machista, retrogrado y no sé cuántas cosas. Así no serían objeto de debate ni la paridad por ley, ni la discriminación positiva, ni las nuevas leyes de violencia de género, o de acoso sexual y moral.... y ello aún contra la opinión de los especialistas más capacitados para emitir opiniones sobre algunos de los temas, como por ejemplo, los penalistas en el caso de la ley contra la violencia de género y el establecimiento del delito de violencia masculina.
Para quienes consideramos esta situación como anómala y hemos comprobado que hay una pretensión de reducir todo lo discutible de esta cuestión a la violencia doméstica, no nos queda más que ingeniárnoslas para procurar espacios abiertos de debate como este mismo blog que no busca otra intención que la de procurar, por un lado, la posibilidad de expresar mis ideas sin los condicionantes de los foros contra la violencia doméstica, pero también para someter mis ideas y mi criterio sobre todas estas cuestiones al debate público, procurando una mayor clarificación de un tema tan amplio y complejo como el de la igualdad y no discriminación por razón de sexo.
Sorprende todavía más que una crítica tan demoledora a la actual deriva del feminismo, como la realizada por Elisabeth Badinter en su libro “Por mal camino”, primero, encuentre tantas dificultades para su difusión y, segundo, carezca por el momento de una respuesta a su altura, desde el lado del feminismo dominante. Qué decir de que los Institutos oficiales de la Mujer no se hayan dignado desmentir las acusaciones de manipulación y sesgo de sus estudios sobre violencia y en esta acusación concurren no sólo la citada autora sino muchos otros expertos y expertas, juristas y estadísticos.
Mi asombro se hace mayor cuando veo que otras conquistas de la civilización como la propia idea de igualdad son manejadas por algunas y algunos de forma tan parcial y sesgada. Así la idea de igualdad quedaría desligada de la idea de simetría o reciprocidad, y al albur de quien más fuerza tenga para imponer un criterio de igualdad que le sea más favorable. Así todos deberíamos condenar el separatismo de las sociedades de hombres, pero al tiempo, deberíamos aceptar que tratándose de sociedades de mujeres el criterio debería ser diferente, incluso admitir sin rechistar que ese separatismo se lleve a las instituciones oficiales y todo eso sea compatible con la idea de paridad por ley.
Sinceramente creo que en relación con estas cuestiones existe un amplio abanico de cosas que como mínimo requieren debate y clarificación. Entiendo también como imprescindibles una revisión y cambio de rumbo, pero de entrada me bastaría con suscitar debate alrededor de todo este asunto.
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18 diciembre, 2005
Pensando en voz alta
Esta es una sociedad machista y patriarcal, y por tanto la discriminación contra las mujeres no es preciso demostrarla. En consecuencia debe bastar, por parte de ellas, con proclamar que ocupan un bajo porcentaje de los puestos de dirección, en tal o cual sector, para que ese mero enunciado no sólo mantenga viva la conciencia de discriminación, sino que inmediatamente deban aprestarse las medidas que pongan remedio a tal situación. Y eso sin importar los obstáculos a remover: sistemas de promoción, méritos, lo que haga falta. Que eso se haga en contra de los hombres no deja de ser un pequeño mal necesario. A mi, sin embargo se me ocurren algunas preguntas.
¿Por qué Rosa Aguilar no quiere asumir la presidencia de I.U.?
¿Por qué no hay parecido número de militantes mujeres que hombres en partidos y en sindicatos? ¿Qué obstáculo discriminatorio les está impidiendo esa militancia? ¿Por qué no proceder a eliminar esos obstáculos o a favorecer la militancia de las mismas, y en su lugar se opta por la cooptación, la promoción sin etapas y ya en el plano exterior se propugna la paridad? ¿Y si resultase que, como consecuencia de esa paridad las mujeres deciden hacer un mal uso de su puesto y usarlo prioritariamente para promover medidas a favor de las de su sexo, olvidando el carácter general que debe tener la representación política? ¿Por qué la lucha contra la discriminación de la mujer conlleva siempre la adopción de métodos, procedimientos, derechos, etc. que no guardan relación con los mecanismos de lucha contra otros colectivos desfavorecido como puedan ser los negros, gitanos, discapacitados, etc. ?
¿Por qué siendo las mujeres mayoría en los claustros de los institutos y en los colegios, tan pocas de ellas ocupan los cargos directivos?
¿Por qué tantas mujeres con título universitario deciden no trabajar y dedicarse al cuidado de sus hijos?
¿Por qué, mujeres que han alcanzado puestos de la máxima responsabilidad en empresas grandes y pequeñas, deciden jubilarse a edades muy tempranas para dedicarse a vivir la vida?
¿Por qué siendo mayoría en la educación tan pocas de ellas participan en los foros en los que se discute de educación y su aportación brilla por su ausencia?
¿Qué se quiere decir cuando un titular de prensa anuncia algo así como: a pesar de ser mayoría de licenciadas, las mujeres no ocupan más que no sé que porcentaje de cargos directivos? ¿Se querrá decir que alguien les usurpa el puesto, que los que están lo hacen de forma ilegítima, que los hombres se confabulan para que no entren mujeres? ¿Se deben revisar los procedimientos de promoción? ¿por cuáles se sustituirían? O mejor sería que no existiesen y los nombramiento pudieran hacerse de forma arbitraria
Si existe conflicto allí donde los hombres y las mujeres concurren a los mismo puestos lo lógico sería fijar una norma no discriminatoria y observar que se aplique, lo que no es de recibo es que sencillamente se siembre la sospecha o se pretenda actuar al margen de las normas y los procedimientos.
Por lo demás todos tenemos experiencias personales en nuestras casas, en los trabajos, en la vida, que ponen claramente en tela de juicio esa pretendida discriminación o relegación a puestos de segundo orden. Qué lugar ocupan las mujeres en los hogares, frente a los hijos, en la calle..... ¿ Es verdad que las mujeres que nos rodean son de otra madera y resultan admirables como compañeras de trabajo, vecinas, conocidas... a gran distancia de los hombres? Esto al menos es lo que se nos vende desde todos los rincones.
En unas declaraciones recientes la presidenta del Tribunal Constitucional anunciaba que no se había recibido en el citado tribunal ni una sola denuncia por discriminación laboral de las mujeres.... sin embargo, leyendo la prensa parecería que esto estuviera sucediendo a mansalva, todos los días, en todas partes.
¿Por cierto nadie ha detectado lugares en los que las mujeres siendo mayoría actúan de forma discriminatoria? ¿Las mujeres empresarias aplican políticas de discriminación laboral?
Yo estoy sorprendido porque, con muy honrosas excepciones, las mujeres que escriben en los periódicos que leo, se ocupan muy mayoritariamente de la defensa de su mundo femenino, como si de otros fuera el ocuparse de lo de todos y cuando digo todos, quiero decir todos y todas, hombres y mujeres, niños y niñas.
Algún día habrá que enfrentarse a la cuestión de, si es de recibo que las mujeres atiendan a lo suyo porque ya otros se ocuparán de lo de todos.
Leí recientemente un artículo en que una escritora se quejaba y se preguntaba, por qué las azafatas de congreso siempre eran mujeres: de pie todo el día, mostrando una sonrisa forzada.... En ese momento me acordé del repartidor de pizzas que me había acercado una hacía escasos momentos y el tiempo era de perros, hacia frío, llovía...... Pensé que quizá dando dos vueltas a nuestros pensamientos encontraríamos que hay para todos..... y para todas.
Lo que no es de recibo es el tratamiento que se está haciendo de todos estos asuntos en la España de hoy.
¿Por qué no hay parecido número de militantes mujeres que hombres en partidos y en sindicatos? ¿Qué obstáculo discriminatorio les está impidiendo esa militancia? ¿Por qué no proceder a eliminar esos obstáculos o a favorecer la militancia de las mismas, y en su lugar se opta por la cooptación, la promoción sin etapas y ya en el plano exterior se propugna la paridad? ¿Y si resultase que, como consecuencia de esa paridad las mujeres deciden hacer un mal uso de su puesto y usarlo prioritariamente para promover medidas a favor de las de su sexo, olvidando el carácter general que debe tener la representación política? ¿Por qué la lucha contra la discriminación de la mujer conlleva siempre la adopción de métodos, procedimientos, derechos, etc. que no guardan relación con los mecanismos de lucha contra otros colectivos desfavorecido como puedan ser los negros, gitanos, discapacitados, etc. ?
¿Por qué siendo las mujeres mayoría en los claustros de los institutos y en los colegios, tan pocas de ellas ocupan los cargos directivos?
¿Por qué tantas mujeres con título universitario deciden no trabajar y dedicarse al cuidado de sus hijos?
¿Por qué, mujeres que han alcanzado puestos de la máxima responsabilidad en empresas grandes y pequeñas, deciden jubilarse a edades muy tempranas para dedicarse a vivir la vida?
¿Por qué siendo mayoría en la educación tan pocas de ellas participan en los foros en los que se discute de educación y su aportación brilla por su ausencia?
¿Qué se quiere decir cuando un titular de prensa anuncia algo así como: a pesar de ser mayoría de licenciadas, las mujeres no ocupan más que no sé que porcentaje de cargos directivos? ¿Se querrá decir que alguien les usurpa el puesto, que los que están lo hacen de forma ilegítima, que los hombres se confabulan para que no entren mujeres? ¿Se deben revisar los procedimientos de promoción? ¿por cuáles se sustituirían? O mejor sería que no existiesen y los nombramiento pudieran hacerse de forma arbitraria
Si existe conflicto allí donde los hombres y las mujeres concurren a los mismo puestos lo lógico sería fijar una norma no discriminatoria y observar que se aplique, lo que no es de recibo es que sencillamente se siembre la sospecha o se pretenda actuar al margen de las normas y los procedimientos.
Por lo demás todos tenemos experiencias personales en nuestras casas, en los trabajos, en la vida, que ponen claramente en tela de juicio esa pretendida discriminación o relegación a puestos de segundo orden. Qué lugar ocupan las mujeres en los hogares, frente a los hijos, en la calle..... ¿ Es verdad que las mujeres que nos rodean son de otra madera y resultan admirables como compañeras de trabajo, vecinas, conocidas... a gran distancia de los hombres? Esto al menos es lo que se nos vende desde todos los rincones.
En unas declaraciones recientes la presidenta del Tribunal Constitucional anunciaba que no se había recibido en el citado tribunal ni una sola denuncia por discriminación laboral de las mujeres.... sin embargo, leyendo la prensa parecería que esto estuviera sucediendo a mansalva, todos los días, en todas partes.
¿Por cierto nadie ha detectado lugares en los que las mujeres siendo mayoría actúan de forma discriminatoria? ¿Las mujeres empresarias aplican políticas de discriminación laboral?
Yo estoy sorprendido porque, con muy honrosas excepciones, las mujeres que escriben en los periódicos que leo, se ocupan muy mayoritariamente de la defensa de su mundo femenino, como si de otros fuera el ocuparse de lo de todos y cuando digo todos, quiero decir todos y todas, hombres y mujeres, niños y niñas.
Algún día habrá que enfrentarse a la cuestión de, si es de recibo que las mujeres atiendan a lo suyo porque ya otros se ocuparán de lo de todos.
Leí recientemente un artículo en que una escritora se quejaba y se preguntaba, por qué las azafatas de congreso siempre eran mujeres: de pie todo el día, mostrando una sonrisa forzada.... En ese momento me acordé del repartidor de pizzas que me había acercado una hacía escasos momentos y el tiempo era de perros, hacia frío, llovía...... Pensé que quizá dando dos vueltas a nuestros pensamientos encontraríamos que hay para todos..... y para todas.
Lo que no es de recibo es el tratamiento que se está haciendo de todos estos asuntos en la España de hoy.
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12 diciembre, 2005
FRACASO ESCOLAR
Viene a cuento ahora que está en trámite la LOE, traer a colación un hecho, a mi entender de una significación extraordinaria que, sin embargo, está pasando totalmente desapercibido para todos y todas, tal es la lógica que el feminismo ha conseguido imponer en la dialéctica social y política.
España tiene muchos problemas educativos: elevado índice de fracaso escolar, inexistencia de nivel de excelencia, y, en general, una de las últimas posiciones de Europa en cada una de las variables que los estudios internacionales recogen. La situación es peor si cabe, porque la tendencia observada desde el año 2000 es justamente para peor y no para mejor.
De todos estos datos ni el Ministerio ni algunos de los, en su momento, impulsores de la LOGSE parecen querer tomar la nota que haría falta.
Pero me voy a centrar exclusivamente en uno de los índices, el de fracaso escolar, medido en función del porcentaje de alumnos que no alcanzan el título de Graduado en educación secundaria obligatoria y que en nuestro país se sitúa en el 25 %. Es decir uno de cada cuatro alumnos no alcanza satisfactoriamente el nivel de la enseñanza obligatoria. Pero si vamos a un desglose por sexos, ese 25 % de fracaso escolar se reparte de forma muy desigualitaria entre los sexos. Un 18 % de fracaso para ellas, frente a un 33 % para ellos. En el caso de los varones 1 de cada 3 alumnos no es capaz de conseguir el título de Graduado en ESO. En el caso de las chicas 1 de cada 5. 15 puntos porcentuales de diferencia con las chicas. ¿Se imaginan la que estaría cayendo si el 33 % correspondiese a las chicas? ¿Que quedaría en pie? ¿Por qué, sin embargo, no se oye nada por tratarse de chicos?
Pues bien siendo esta la realidad, seguramente si leen en relación con el tema verán que de la única discriminación de que se habla es desde el feminismo y hacia las niñas, incluso a costa de retorcer la realidad hasta hacerla irreconocible. Pero todavía hay otro dato relevante, esa diferencia éxito no viene motivado tanto por la diferencia de conocimientos entre ellos y ellas, más o menos parecidos en ambos casos, cuanto por los criterios de evaluación que manejan profesoras y profesores.
Merece la pena que reflexionemos sobre esta diferencia. Pasar de puntillas sobre ella como se está haciendo desde las autoridades educativas, también desde los sindicatos, no puede entenderse más que como acto de ignorancia e irresponsabilidad. Pero también que por parte de todos los demás, se obvie la magnitud de esa diferencia no se puede entender más que, desde ese estado narcotizado que parece caracterizar la actuación de los hombres en todo lo relacionado con la igualdad de sexos.
España tiene muchos problemas educativos: elevado índice de fracaso escolar, inexistencia de nivel de excelencia, y, en general, una de las últimas posiciones de Europa en cada una de las variables que los estudios internacionales recogen. La situación es peor si cabe, porque la tendencia observada desde el año 2000 es justamente para peor y no para mejor.
De todos estos datos ni el Ministerio ni algunos de los, en su momento, impulsores de la LOGSE parecen querer tomar la nota que haría falta.
Pero me voy a centrar exclusivamente en uno de los índices, el de fracaso escolar, medido en función del porcentaje de alumnos que no alcanzan el título de Graduado en educación secundaria obligatoria y que en nuestro país se sitúa en el 25 %. Es decir uno de cada cuatro alumnos no alcanza satisfactoriamente el nivel de la enseñanza obligatoria. Pero si vamos a un desglose por sexos, ese 25 % de fracaso escolar se reparte de forma muy desigualitaria entre los sexos. Un 18 % de fracaso para ellas, frente a un 33 % para ellos. En el caso de los varones 1 de cada 3 alumnos no es capaz de conseguir el título de Graduado en ESO. En el caso de las chicas 1 de cada 5. 15 puntos porcentuales de diferencia con las chicas. ¿Se imaginan la que estaría cayendo si el 33 % correspondiese a las chicas? ¿Que quedaría en pie? ¿Por qué, sin embargo, no se oye nada por tratarse de chicos?
Pues bien siendo esta la realidad, seguramente si leen en relación con el tema verán que de la única discriminación de que se habla es desde el feminismo y hacia las niñas, incluso a costa de retorcer la realidad hasta hacerla irreconocible. Pero todavía hay otro dato relevante, esa diferencia éxito no viene motivado tanto por la diferencia de conocimientos entre ellos y ellas, más o menos parecidos en ambos casos, cuanto por los criterios de evaluación que manejan profesoras y profesores.
Merece la pena que reflexionemos sobre esta diferencia. Pasar de puntillas sobre ella como se está haciendo desde las autoridades educativas, también desde los sindicatos, no puede entenderse más que como acto de ignorancia e irresponsabilidad. Pero también que por parte de todos los demás, se obvie la magnitud de esa diferencia no se puede entender más que, desde ese estado narcotizado que parece caracterizar la actuación de los hombres en todo lo relacionado con la igualdad de sexos.
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