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03 febrero, 2011

Los pecados capitales del feminismo

(Hoy me decido por recuperar una entrada de hace algo más de un año que, creo conserva todo el interés, y  en la que seguramente seamos capaces de encontrar algún tema o temas que merezca la pena desarrollar.)

En esta entrada deseo hablar de feminismo, del feminismo en nuestro país, aquí y ahora. Creo que tiene su interés recapitular un poco y conocer de la mejor manera posible aquello que criticamos, al tiempo que se abre la posibilidad de discutir, entre los que participamos en esta bitácora, nuestros respectivos puntos de vista. Lo que sí no haré será ponerme excesivamente académico y llenar el escrito de citas y pies de página. Ni es lo mío en esta bitácora, ni creo que fuera lo más conveniente.

La intención pretende ser doble: conocer lo que nos preocupa, pero también preguntarme y preguntaros por las mejores estrategias para comenzar a dar respuesta a un estado de cosas cada día más lamentable en lo relativo a la relación entre los sexos y donde, sin ningún lugar a dudas, nos ha tocado jugar el peor papel, el de víctimas sin derecho a protesta, ya que tal cosa sólo puede reflejar, de hacer caso al feminismo y sus adláteres, neomachismo o cualquier otra cosa insultante.

Si algo caracteriza al feminismo es su opacidad, el moverse en una nebulosa de características difusas y límites poco precisos. Todo lo cual le va muy bien a quien ha preferido convertir el movimiento plural, abierto y democrático que en su día fue, en un lobby. Pero, ese mismo rasgo dificulta enormemente su crítica ya que, finalmente, conocemos lo que el feminismo piensa cuando ya se encuentra plasmado en leyes o a través de decisiones de los poderes del Estado, que se nos presentan como hechos consumados.

Todos sabemos que las grandes decisiones sobre las leyes de género han sido tomadas por este lobby, pero lo cierto es que a todos los efectos se nos muestran como decisiones autónomas de los poderes políticos. Podríamos decir que antes que por el ejército uniformado el feminismo ha preferido la estrategia de guerrillas y antes que la visibilidad la opción ha sido el mimetismo. No han conseguido nunca un partido feminista representativo pero han conseguido algo más importante: que la mayoría política haga suyos sus planteamientos. Que sea criticable el uso que se está haciendo de ese inmenso poder no debe hacernos olvidar que esa es la realidad de este momento. En este sentido sería interesante un estudio que pusiese de manifiesto el muy diferente “modus operandi” del feminismo en relación con cualquier otro movimiento social conocido.

(A lo que me quiero referir con eso del “modus operandi” es a que, si los movimientos sociales conocidos: se trate de partidos políticos, o de los sindicatos en el caso del movimiento obrero, se han caracterizado en la época moderna por una tríada constituida por una ideología, un líder y una organización cuanto más conocidos mejor, en el caso del feminismo nos encontramos con una ideología difusa, la ausencia de un liderazgo claro y asimismo la carencia de organización de referencia. Esas tres cosas han sido sustituidas en el feminismo por la penetración en otros movimientos sociales y sobre todo en los aparatos del Estado, con esa administración paralela de la que hablo más abajo, y por un ideario y una organización completamente fraccionadas y dispersas que hacen muy difícil por no decir imposible tanto la petición de responsabilidad como la crítica social. De hecho no se conoce ni un solo balance realizado por el feminismo desde su nacimiento, mucho menos cualquier autocrítica, y en cuanto a los renovados objetivos de cada momento los vamos conociendo a medida que se anuncian. En cualquier caso la impresión que produce es que para el feminismo siempre se está en el momento cero y siempre está todo por conseguir).

Y lo primero que me gustaría aclarar es, a qué feminismo me estoy refiriendo. Me refiero al feminismo dominante, al feminismo de las instituciones y el BOE, al feminismo consagrado en las leyes de género, al feminismo que heredero de las radicales americanas se hace denominar perspectiva de género, para quien la defensa de una pretendida igualdad no es más que un señuelo que lo que esconde es privilegio y desigualdad. Al feminismo que firmó un manifiesto contra la custodia compartida que todavía debe circular por Internet y que fue capaz de torcer en el último momento la voluntad de las Cámaras legislativas para que no se incorporase a la ley como había sido intención reiterada de todos. Y no lo elijo porque sea el que más simpatía me despierta, que no es el caso, sino porque es aquél que termina imponiendo su criterio.

Soy consciente de que existen otros feminismos, por ejemplo el de las autodenominadas “otras feministas”, como existen muchas otras mujeres que sin necesidad de adscripción mantienen posiciones que chocan con el feminismo dominante. Por citar algunas: Rosa Montero, Almudena Grandes o Maruja Torres. Pero lo cierto es que su posición, aunque muy válida, a la hora de la verdad, tiene poco peso en los círculos políticos y de decisión y quienes realmente llevan el gato al agua es el feminismo institucional.

Como veo que de continuar por este camino el escrito se va alargar mucho y se puede convertir en una entrada poco manejable, para abreviar me referiré a lo que considero sus “pecados capitales”, es decir sus aspectos más criticables y lo que, a mí entender, hace más difícil compartir el éxito arrollador de sus propuestas en el plano político y mediático, hasta el punto de ser desconocida la crítica en estos ámbitos. No así entre el ciudadano de a pie, para quien no sólo resulta difícil entender lo del diferente trato penal para hombres y mujeres, o la negativa a la custodia compartida, o como se está aplicando la legislación en las separaciones, pero lamentablemente sin mecanismos para hacer visible su malestar, mucho menos para condicionar de alguna manera lo que está pasando en este terreno. El alejamiento entre el ciudadano y la clase política se hace máximo en este terreno.

LOS PECADOS CAPITALES DEL FEMINISMO

1. Haber convertido lo que en algún momento se concibió como una conquista de civilización, la igualdad del hombre y la mujer, en un vulgar quítate tú para ponerme yo, y haber transformado lo que era un movimiento democrático y de masas que no rehuía el acuerdo con otras organizaciones, en un lobby de presión que esquiva el debate democrático y la discusión serena, y que frente a las políticas educativas y de convencimiento, ha optado claramente por la propaganda, la coerción y el Código Penal. Nuestro país se ha convertido de unos años a esta parte en el que tiene las cárceles más llenas de Europa y el Código Penal no deja de endurecerse cada día más.

2. Dividir a la humanidad en dos bloques irreconciliables: el hombre y la mujer; y actuar con el mismo espíritu sectario y vengativo de cualquier dualismo maniqueo de buenas y malos que sostenga la necesidad de la primacía de unos sobre los otros, en este caso, unas sobre los otros. Es lo que la sociedad americana denomina guerra de sexos y que en su formulación y expresión más brutal se resumió por el feminismo radical como “el hombre el enemigo a batir”. Una forma menos agresiva de presentarlo, pero no menos virulenta en su intención, es la pretensión formulada por este feminismo cuando habla de la “necesidad de cambiar al hombre”.

Lo cual por otro lado derriba la ficción sostenida durante tanto tiempo del género femenino como la expresión de la empatía y la comprensión. En este asunto el feminismo no juega con grandeza de miras, sino como un sindicato de intereses que sólo hubiera de estar atento a satisfacer las demandas de su clientela. Y así, la escuela irá bien si el éxito de las chicas es mayor que el de los chicos, la sanidad y salud pública si atiende con preferencia las demandas femeninas y un largo etcétera en que el único criterio de medición será el interés de género, del género femenino claro está.

3. Victimismo. Presentar la historia de los sexos, incluso la evolución de la especie como una historia de imposición masculina, donde a la mujer sólo le quedase el papel de víctima; no dudando para ello en una interpretación simplista e interesada de cuanto sucedió a lo largo de los siglos. De este modo el hombre habría decidido que la mujer permaneciese en la cueva, mientras él gozaba del inmenso privilegio de la caza del mamut. La historia de los sexos no estaría representada por los hombres y las mujeres de un lugar y una época, sino que por un lado tendríamos príncipes cargados de poder y, por el otro, esclavas cargadas de hijos y obligaciones. Ese mismo planteamiento se hace hoy día, a los hombres nos representa el señor Botín y algunos otros con un poder equivalente en la política o cualquier otro campo y a las mujeres esas madres trabajadoras con doble o triple jornada laboral. Ni el hombre trabajador y esclavizado existiría, ni la mujer rica y poderosa tendría cabida en este simplista e interesado esquema.

4. Sostener que vivimos en un tipo de sociedad -la patriarcal- en la que todos los poderes están concebidos para garantizar la supremacía de lo masculino y que en su funcionamiento y para mantener esa explotación y discriminación del género femenino no duda en ejercer todo tipo de violencias contra la mujer. Para sostener tal ficción es preciso ocultar o presentar como naturales todas las muertes o desgracias sufridas por los varones de las que el único responsable sería él y su mala cabeza. En este sentido sería interesante un trabajo sobre el seguimiento dado en los medios a las muertes de hombres y mujeres por violencia de pareja para comprobar hasta qué punto parecería que hablásemos de cosas sin nada en común. Pero sería interesante abrir el objetivo y analizar el tratamiento dado a las muertes por accidente laboral, el suicidio y en general a la vida de los hombres después de una separación cuando les toca vivir con un tercio de su sueldo.

5. Sostener que la violencia de pareja es unidireccional –de hombre a mujer- y sus dos corolarios: presunción de culpabilidad del varón y presunción de veracidad e inocencia de la mujer, de las que resultan una legislación en relación con la violencia de pareja y las separaciones matrimoniales completamente inasumibles desde el punto de vista masculino.

Ni que decir tiene que al hombre no le es reconocido ningún derecho en el terreno de la reproducción. Todos, y de manera absoluta, pertenecen a la mujer, lo que sin embargo no es óbice para que en relación con la ley del aborto en discusión en estos momentos en el Congreso, ya que no entre la opinión pública, se haya silenciado el documento levemente crítico de cristianos por el socialismo, pero Margarita Rivière haya podido publicar en El País un artículo titulado: Aborto y paternidad irresponsable. Ese es nuestro papel, nada debemos ni podemos decir en relación con el asunto, pero si hay que hablar de alguna irresponsabilidad entonces jugamos con todos los boletos.

6. Jugar permanentemente a la mentira y el engaño. Y así habríamos de creer que el diferente trato penal, la discriminación positiva, el control por parte del feminismo de las grandes cuestiones sociales y morales, y eslóganes como los de la actual campaña contra el maltrato, no deban ser considerados en sí mismo la manifestación más clara de la desigualdad y la discriminación del varón, sino el camino que prepara la igualdad. En este asunto, no estaríamos ante una ideología, la perspectiva de género, tan legítima como cualquier otra, pero no más, sino ante un credo de obligado cumplimiento para todos.

Como botón de muestra de la idea de igualdad que se maneja desde este feminismo y de la necesidad de mezclar todo con la violencia, sirva la actual campaña institucional, que con el lema “Entre un hombre y una mujer maltrato cero” pretende equitativas las dos expresiones siguientes:

Ella dice: “De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo”
El dice: “De todas las mujeres que haya en mi vida, ninguna será menos que yo”

Y si expresivo es el mensaje, no lo es menos el espeso silencio en torno a la misma por parte de todos, particularmente la clase política que aquí no aprecia ni asimetría ni desigualdad.

7. Convertir la estadística, la sociología y cuanta ciencia social haga falta, en meras armas de propaganda en las que no importa violentar cualquier criterio científico o de verdad. Así las estadísticas sobre violencia, acoso sexual y acoso laboral se confeccionan mediante un cuestionario que, si muestra ya un importante sesgo en sus contenidos, se pasa exclusivamente a mujeres, con el pretexto de que ellas son las que más los sufren. Es decir, la respuesta está en la premisa y no se trata de demostrar, sino de confirmar algo que ya estaba establecido así en la teoría. El trabajo prosigue con el tratamiento que los medios hacen de esa información y con la impagable labor desarrollada desde esa administración paralela que el feminismo ha ido adosando a la Administración general, constituida por el Ministerio de Igualdad, el Instituto de la mujer, las Consejerías de la CC.AA., las concejalías e incluso algunas ONG’s .

Curiosamente, la única referencia a la ciencia que se le conoce a este feminismo es cuando califican de pseudociencia al SAP (Síndrome de alienación parental), como si por negar el síndrome la manipulación de los hijos dejase de producirse y ser un fenómeno medible y observable. Tiene su aquél que quienes sostienen ideas tan peregrinas como que toda la violencia de pareja tiene una única causa: el deseo de dominio del varón, o que las diferencias entre el hombre y la mujer son todas culturales, ignorando olímpicamente toda la ciencia de los últimos decenios, se atrevan a hablar de pseudociencia en lo referente al SAP sencillamente porque la experiencia dice que de reconocerse las más perjudicadas serían las mujeres.

8. Jugar a la invisibilidad del dolor y el fracaso masculino, consista éste en la menor esperanza de vida, el mayor índice de suicidio o de muerte por accidente laboral, o de otro tipo, en el fracaso y abandono escolar, o cualquier otra circunstancia en la que el varón muestre una mayor vulnerabilidad o deba arrostrar las tareas sociales más penosas y de mayor riesgo. Aquí jugamos con una enorme desventaja. Mientras que las mujeres cuentan con multitud de organizaciones encargadas no sólo de dar asesoramiento y hacer seguimiento de multitud de cuestiones: económicas, jurídicas, etc. ampliadas con los múltiples organismos públicos que colaboran en esa tarea los hombres no contamos absolutamente con ninguna y así nadie sabrá porque se le ha rebajado la condena a la madre de Alba o porque el impacto de género medirá que la mujer no salga perjudicada, no así el hombre, o por qué el sexismo ha dejado de ser discriminación por razón de sexo.

9. Haber convertido la figura masculina en un padre ausente, mediocre amante y fuente de todo cuanto problema social y familiar existe.

10. Considerar que las normas están bien cuando favorecen o son fuente de privilegio para las mujeres. En todos los demás casos, hijas de una sociedad que discrimina y explota a la mujer. Es interesante destacar que generalmente las conquistas femeninas conllevan la alteración o el cambio de las normas que hasta ese momento regían. Normas que serán sustituidas por otras sin fecha de caducidad...


A pesar del lamento femenino en el sentido de que las desposeídas, las discriminadas y las explotadas son ellas, lo cierto es que el poder político y mediático en relación con las políticas de género está todo de su parte, y lo está, por partida doble, desde la sociedad civil donde las únicas autoorganizadas son ellas, pero también en las administraciones públicas: desde el Ministerio de igualdad a la última concejalía o ONG. En este contexto lo único que me resta por decir es que mientras no demos pasos en el sentido de autoorganizarnos, a sabiendas de que cualquier cosa que hagamos en esa dirección será tildada de forma insultante como el intento de recuperar privilegios, habrá poco que hacer.

Es verdad que lo que desde ésta y otras muchas bitácoras se viene haciendo o que la participación en los foros de Internet donde se debaten éstas cosas es muy importante pero si, finalmente, no somos capaces de unir mínimamente nuestros esfuerzos, difícilmente saldremos del agujero en el que nos han metido y en el que corremos el riesgo de quedar enterrados.

17 noviembre, 2010

Feminismo obligatorio

Reconforta saber que uno no se ha equivocado de país, y que otros congéneres descubren lagunas que a él le parecen manifiestas pero, que sin que se sepa muy el motivo, permanecen  en un limbo de silencio que no deberían estar.  En El País de hoy Aurelio Arteta escribe un artículo con el título de: En boca cerrada, en el que echa en falta y lamenta la ausencia de comentario por parte de quienes “saben” sobre algunos aspectos de  la realidad que considera se enriquecerían grandemente con su opinión.

En particular se refiere a cuatro: la democracia, la educación, el nacionalismo obligatorio y el idioma hablado en los medios de comunicación y otros lugares. Es verdad que se olvida del feminismo obligatorio, pero resulta muy interesante como expone la ausencia de opinión en lo que a la educación se refiere:

“Salvo los mismos pedagogos y titulados afines, me parece que no hay gremio asociado a la enseñanza en cualquiera de sus escalones que no acumule muy serios reparos contra el despotismo (tan poco ilustrado) de la pedagogía instalada entre nosotros durante los últimos 30 años. A decir verdad, no conozco a nadie que no comparta las críticas de sus dictámenes o, entre sus partidarios, a alguien que sea al menos capaz de replicar estas críticas con cierto fundamento. Y, sin embargo, estos juicios denegatorios por regla general eluden el pronunciamiento público y con él un debate que podría aclarar las cosas. De manera que prosigue boyante el blablablá didáctico, la jerga curricular, la pedantería de las "habilidades" y demás técnicas del vacío. Hace ya algún tiempo que esa marea alcanzó también a la Universidad a la hora de dictar métodos, evaluar méritos y medir rendimientos. Aliada con el proceso de Bolonia, pronto se harán notar aquí sus estragos.”

Bueno sería que cundiera el ejemplo y otros muchos se decidieran a dar ese paso adelante que la opinión pública se merece  antes de que Belén Esteban lo ocupe todo. Y, por supuesto, que en la próxima tanda entre a formar parte de esa serie  de cuestiones sociales sobre las que se ha declarado el silencio,  el feminismo obligatorio.


P.S. Reivindicando la filosofía

05 octubre, 2010

¿Qué feminismo?

No sé si os dais cuenta de la imposibilidad, al menos desde esta bitácora, pero tengo la impresión de que se trata de algo mucho más generalizado, de establecer cualquier tipo de diálogo o debate con el feminismo. Es más, estos días llegué incluso a pensar que no es descabellada la idea de que terminemos discutiendo entre varones sobre lo piensa o deja de pensar el feminismo, y sobre cómo cree éste que deba ser la sociedad futura.

Pensad por lo demás que buena parte del trabajo más difícil del feminismo actualmente dominante lo realizan varones. La capacidad para la invisibilidad y la opacidad de quienes ostentan esta ideología es antológica. Una estrategia así, de sostenerse en el tiempo resulta siempre triunfadora, si triunfan sus posiciones el éxito es suyo, porque suyas son las posiciones, pero si no también porque lo que fracase será algo que está en el cuerpo social y por tanto el fracaso es de éste.

Tengo la sensación, por tanto, de  que tenemos mal conceptuado lo que éste represente. Soy el primero en reconocer que no sólo lo he tenido mal conceptuado, también que no me resulta fácil adaptarme a esta idea que ahora mismo estoy exponiendo, y que la expongo aquí un poco a la espera de vuestras reacciones porque me doy cuenta de que está en pañales. No es una ideología al uso, como no es una organización al uso, es algo diferente que se mueve de forma diferente.

Como decía en la entrada 150 años de feminismo, fue liberal, marxista, anarquista, republicano, minoría -como si de un colectivo social equiparable a los homosexuales se tratase-… y actualmente convive con comodidad en gobiernos de izquierda y en gobiernos de derecha, lo mismo se puede presentar como anticapitalista, que tener como serie de culto: Sexo en Nueva York…

Sería bueno tener esto presente para no equivocar el objetivo, el feminismo más que una ideología es un propósito: la prevalencia de lo femenino y, por tanto, se adaptará a cada momento y contexto histórico en la mejor forma de conseguir ese objetivo. De ahí su extraordinaria ductilidad y pervivencia. Y  al contrario que los movimientos de protagonista masculino no le importará quien encarne esas ideas si el resultado es el buscado y quien gana como colectivo son ellas. 

24 septiembre, 2010

150 años de feminismo

El movimiento feminista fue liberal con Stuart Mill, marxista con Federico Engels, Carlos Marx y Alejandra Kollontai ,  ha sido “minoría” en el momento de las luchas contra la discriminación racial y  contra la guerra de Vietnan, para desembocar en la actual situación de grupo de presión y feminismo institucional. El destino de las mujeres ha sido comparado al de los judíos del Holocausto en  la pluma de Andrea Dworkin y otras, quienes las denominaban “survivor”, y ahora mismo,  aunque de forma más discreta pero más efectiva, los protocolos de actuación en los casos de violencia de género siguen en todo a los acostumbrados para  la violencia terrorista.

En cada una de estos momentos históricos, aun no siendo ni el movimiento más destacado ni el más combativo, ha ido acumulando derechos  y conquistas en una progresión que parece no tener fin y que el feminismo de género se ha propuesto que no lo tenga nunca. Como si  aquella vieja máxima de: mis derechos acaban donde comienzan los del otro, no rigiera para este feminismo, y, después de 150 años de acumular derechos y prebendas pretendieran, que aquí no ha pasado nada y, sostener la ficción de que la sociedad y los mecanismos de poder están en manos de los hombres.

Es más, en un movimiento de anticipación han declarado que quien no admita que esto es así no puede ser tildado más que de neomachista, o cualquiera de las múltiples expresiones con las que han decidido denominar a quienes osen sostener una opinión diferente, por muy argumentada que ésta esté, porque tampoco los argumentos valen, ya que como dice uno de los múltiples clichés de los que se han pertrechado abundantemente:  cuando el hombre “define la realidad” lo que hace es perpetrar un acto de dominación. Hasta la inteligencia nos tienen prohibida

Paralelamente quienes así opinan son capaces de, en un retorcimiento absoluto de la realidad,  realizar una campaña contra la custodia compartida, con el siguiente encabezamiento:  “…desde Heterodoxia nos sumamos, apoyamos y nos solidarizamos con los planteamientos de igualdad y responsabilidad, denunciando el revanchismo de las multiples organizaciones de defensa de los privilegios masculinos, que se nuclean en torno a la reclamación de la custodia compartida, y que consideramos una maniobra para neutralizar los avances por y para la igualdad del movimiento de hombres neomachista.”(Sic)

Y un poco más abajo en una escandalosa inversión de los hechos decir que el único móvil que lleva a esos padres – antes se les tildaba de maltratadores- a actuar del modo que lo hacen es el económico ya que según su cálculo con la custodia compartida se ahorrarían la pensión alimenticia y ceder la vivienda en todos los casos a la madre. Claro que el que los términos de la realidad sean justo a la inversa parece que no les conduce a la misma  conclusión porque habría que aplicarla a ellas. También en un ejercicio de cinismo inaudito postulan que la custodia compartida sólo sea posible contemplarla cuando hay acuerdo de ambos a sabiendas de que, estando como está la ley, eso equivale a decir que se hará lo que la madre quiera sin importar lo que pueda pensar el padre.

El feminismo ha ido identificando sucesivamente los derechos de la mujer: primero con la igualdad jurídica, luego con los derechos sociales: divorcio, aborto, enseñanza, trabajo… más tarde ha exigido un cambio en las reglas de juego para entrar de lleno en la dinámica de que allí donde la mujer no llega es porque el poder omnímodo del hombre se lo impide y por lo tanto hacen falta arbitrar todo tipo de medidas que permitan alcanzar el objetivo mediante el mecanismo que sea: discriminación positiva, paridad, y toda una larga lista de excepciones a la regla que sería difícil enumerar. ¡Ojo! que sus derechos no hayan parado de crecer no quiere decir que en correspondencia lo hayan hecho sus deberes. Este feminismo sigue considerando a la mujer una perpetua menor de edad, descargando como siempre ha hecho la responsabilidad en el hombre.

Pero lo que quizá no estuviera en la previsión de nadie, sería que una vez alcanzados y   consolidados estos derechos y privilegios, lo que se declarase no fuese una tregua en esa tensión reivindicativa, aunque sólo fuese para hacer balance y ver en qué situación se encontraba cada uno de los sexos, sino que se declarase que todo estaba por hacer y que para el logro de esa sociedad feminista parezca que lo que se hace necesario sea doblegar al hombre, ese ser incapaz de renunciar a sus “enormes privilegios” y  reconocerse un igual con la mujer.

Tampoco que la punta de lanza de esa estrategia estaría constituida por los movimientos de hombres profeministas quienes, sin ningún empacho, han decidido asumir sus posiciones más extremistas y sus postulados más misándricos. Lo que  unido al hecho de que, también por el otro lado, quienes con más fuerza y dureza han criticado este feminismo misándrico de nuevo cuño sean mujeres del feminismo histórico, nos pone en la pista de lo inútil y absurdo de la principal tesis de su limitado bagaje ideológico, al pretender que  el patriarcado es obra de uno sólo de los sexos, quien contra toda evidencia,  se habría constituido en su único beneficiario.

Lo cierto es que esos 150 años al parecer no han sido suficientes para definir y concretar el ideario feminista, mucho menos para decirnos abiertamente y con claridad hacia dónde caminamos y qué destino nos tienen reservado a todos, en particular a los varones, a quienes hasta el presente el único papel que nos ha correspondido  es el de convidados de piedra a los que toca oír, ver y callar... Perdón, quería decir en el mejor de los casos, porque más frecuentemente y siguiendo la consigna del feminismo radical americano se trata del enemigo a batir.

Lo único que a estas alturas podemos decir es que desconocemos la agenda oculta del feminismo dominante pero que a tenor de su actitud ante las separaciones y la custodia de los hijos, la violencia doméstica, la apelación constante al Código penal y las medidas represivas, su silencio ante el fracaso escolar masculino y en general ante el sufrimiento de los hombres, su probada y reiterada deshonestidad intelectual en el análisis de las cuestiones de género, su ética de quita y pon, que da por bueno para ellas lo que en ellos sería inadmisible y, a la inversa que ve gracioso en ellas lo que en ellos resultaría abominable… nada hay que nos haga pensar que algo de esto vaya a cambiar sino es mediante la toma de conciencia y posición de los hombres. 

22 junio, 2010

¿De qué feminismo hablamos?

Lo que por encima de cualquier otra consideración expresa María Sanahuja en este artículo es un sentimiento de estafa, un sentimiento que otros sentimos cuando nos dimos de bruces con que  la idea de igualdad,  que tantas veces habíamos hecho nuestra, se expresa en forma de derecho penal diferente, negación de un divorcio justo y de la custodia compartida, y tantas y tantas cosas en las que, buscar algo que recuerde la igualdad y la equidad es una quimera.

Pero, volviendo  al artículo de Sanahuja, 150 años de una ideología: el feminismo, que ha repetido por activa y por pasiva que lo que siempre ha impedido progresar a la mujer es su dedicación a la casa y los hijos, y llegado el momento  en que más factible parece, el feminismo dominante se transforma en el principal baluarte en su contra. ¿Cómo entender eso?

Dice Sanahuja:
Por qué se está cometiendo la penúltima gran estafa a las mujeres en su nombre? Si la mayoría convenimos que la primera condición para avanzar hacia la igualdad de derechos es la independencia económica; si la gran conquista en los últimos 30 años en España ha sido acceder masivamente a la formación, que nos tenían vedada, y al mercado de trabajo; si las mujeres hemos realizado una gran revolución silenciosa, como ha sido retrasar la maternidad en 10 años, y reducir drásticamente el número de hijos, como única posibilidad para ir ocupando espacios, por derecho propio, como ciudadanas de primera; si nos hemos ido alejando del modelo de la caverna, en que el reparto de funciones venía irremediablemente marcado por la dedicación de unos a la caza y la guerra, y otras a la reproducción, ¿por qué ese empeño en los últimos años en querer recluirnos nuevamente en el hogar, al cuidado en exclusiva de los hijos?, ¿por qué el feminismo mayoritario se muestra feroz con la custodia compartida de los hijos, si al tiempo asume que la única posibilidad de las mujeres, trabajadoras y madres, de tener espacios personales y profesionales es dejar de cargar en solitario con su cuidado y educación?

Y todos con ella nos hacemos las mismas preguntas y quizá participando en un primer momento de su propio sentimiento de estafa. Pero si le damos dos vueltas quizá deberíamos hacernos otra: ¿Y, si efectivamente este feminismo no estuviera por esa labor que Sanahuja parece no querer descartar? ¿Y si este feminismo hubiera subvertido y corrompido el ideario tanto tiempo acariciado por las corrientes feministas  de todas las épocas? ¿Por qué excluir esa hipótesis que es la que más coincide con los hechos y los datos de la realidad? ¿Será que nos faltan las palabras que desarmen el enorme fiasco que está suponiendo el feminismo institucional de género?

Tengo la impresión de que lo más realista es esto último y que Sanahuja no encontrará respuesta a sus interrogantes, porque ese feminismo se encuentra muy cómodo disfrutando de tanto poder y jugando a no desvelar su auténtico ideario, que más bien tiene poco que ver con lo que ha sido la historia de este movimiento, aún cuando efectivamente hayan sabido hasta el  presente mantener en  la confusión a buena parte de la gente y no tengan reparo en llamar igualdad a lo que no es, sexismo a sólo el 50 % del mismo y construir espacios sociales y legales de los que el hombre ha sido excluido.

17 diciembre, 2009

Feminismo y poder

El feminismo institucional es una fuerza aplastantemente mayoritaria en la vida política, social y cultural. Casa mal con esta constatación la permanente obsesión de sus defensoras por aparecer siempre como las víctimas. Y más allá de ese poder que ejerce de forma innegable, ha introducido en el ordenamiento jurídico y en muchas de las prácticas sociales, una serie de leyes y normas que tardarán mucho en ser modificadas y que hasta el presente no han sido más que fuentes de desigualdad.

En el video sobre hombres maltratados colgado en Buenamente su protagonista dice: que si en lugar de llamarse Paco se llamase Paca lo tendría todo, “no estaríamos aquí, tendría las criaturas, tendría el piso…” frase que sin duda repetirían la mayor parte de los padres separados ya que la justicia de una forma ciega y mecánica ha decidido en la aplastante mayoría de los casos conceder ambas cosas a la madre. No es poco, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad patriarcal en la que los poderes los tiene el hombre y los usa para mantener oprimidas a las mujeres.

Pasados ya muchos días del suceso de Tenerife en el que la vida de Diego, un hombre de 25 años, va a quedar tocada para siempre, nadie ha osado levantar la voz para pedir un cambio en el protocolo de actuación en los casos de violencia de género, a pesar de que hasta el momento ya son muchos los inocentes que han debido pagar por algo que no habían cometido. Y, ¡ojo! los que finalmente han conseguido liberarse de una acusación falsa, lo han sido porque ellos mismos han podido aportar pruebas que demostraban palmariamente la imposibilidad de haber sido quienes cometieran el delito.

¿Y si esto le hubiese sucedido a una mujer? ¿Estaría el poder político tan callado como si tal cosa no fuese con él? ¿Qué cosas no se estarían oyendo del poder judicial, de la clase médica y los cuerpos de seguridad del Estado? ¿Cómo habría reaccionado esa parte de la Administración en manos del feminismo institucional?

Lo que creo está en juego es si la sociedad que queremos puede ser construida a instancia de uno de los sexos condenando al otro al ostracismo. Lo relatado en este artículo debiera hacernos reflexionar sobre qué bases se pretende asentar la sociedad y el poder político y social. También recordarle a ese feminismo que si a fuerza de llenarse la boca en relación con la ética del cuidado, no habrán dado al traste la ética de la justicia. Todas las denuncias realizadas por el feminismo al poder de los hombres podrían volverse sin mucho esfuerzo contra sus prácticas y pretensiones actuales. En fin, el reverso de la ética de Kant: hazle al otro cuando puedas lo que antes denunciaste que te hacían a ti.


Si denunciaron que los derechos humanos eran en realidad derechos del hombre ahora podemos realizar un repaso sobre lo que sucede en la legislación y veremos que al lado de los genéricos lo que a mayores encontramos son derechos de la mujer; si pensamos en la denuncia de las mujeres contra las sociedades de hombres, ahora nos encontramos con que el feminismo sí puede mantener y cultivar un espacio propio, también en la Administración pública; si pensamos en su denuncia por la escasa escolarización de las niñas, ahora debemos entender el fracaso y abandono escolar como “daños colaterales” de la igualdad; si pensamos en el reparto del trabajo vemos que, sin ningún problema, al género masculino se le reservan los más duros y arriesgados como siempre ha sido; si pensamos en la familia y la reproducción todos los derechos son de las mujeres…

En nuestro país por lo demás todo esto se ha llevado más lejos que en ningún otro y sencillamente se ha borrado al hombre como sujeto de derechos en amplísimos capítulos de la vida pública y privada. Si en algún momento los países nórdicos parecían el ejemplo a seguir, a estas alturas todo lo allí conseguido parece poco y nuestro feminismo parece dispuesto a darle a todo el mundo una lección. Como si estuviéramos condenados a dar lecciones a los demás siempre. En otro momento, en una actitud más papista que el Papa, constituimos la reserva espiritual de Occidente y ahora parece que nos queramos convertir en la avanzadilla y reserva del fundamentalismo feminista del Planeta.

Podríamos preguntarnos si ese feminismo que reclama discriminación positiva para que la mujer pueda incorporarse a los puestos en que menor representación tenía en la sociedad tradicional, estaría dispuesto a considerar algo parecido, por ejemplo en relación con el hombre y los hijos y la necesidad de que la conciliación laboral y familiar lo tuviera en cuenta. La respuesta está bien clara, no sólo nada de custodia compartida, sino que los hijos, como en la sociedad tradicional, son de las madres y con nadie pueden estar mejor que con ellas. Los derechos del hombre son fácilmente anulables, no así las obligaciones que jamás prescriben. Obligaciones sí, derecho ninguno. En la actual legislación los hombres hemos pasado a ser “el otro progenitor”.

En el terreno de la reproducción asistida, la mujer vuelve a ser el centro de todas las atenciones y todos los derechos. Aquí al contrario de lo que sucede en las legislaciones nórdicas, el principal bien jurídico a defender no es la criatura que nacerá, sino de nuevo la mujer, en este caso la madre. Y por si a alguien se le olvidaba quién manda aquí y quién fija los límites, en nuestra legislación, están prohibidos los vientres de alquiler que sí recogen otras legislaciones. Obsérvese el círculo que se traza alrededor del hombre, donde en lo relativo a la reproducción nada puede ni nada decide.

Sería un primer círculo de exclusión que se completará más tarde con la ausencia de la figura del varón no sólo en muchos hogares, también en la escuela, de tal modo que algunas criaturas sólo se tropiezan con la figura masculina cuando ya van transcurridos varios años de su vida. Contrasta en ese sentido el interés que muestran las campañas en que se llama a compartir las tareas del hogar, porque el hombre cocine, limpie o planche, pero nada dicen del cuidado de los niños ni de la figura del padre. Consciente o inconscientemente el feminismo está consiguiendo aislar a los hijos de la figura masculina, hasta bien avanzado su desarrollo.

En la reproducción todos los derechos y de modo absoluto pertenecen a la mujer. El hombre no tiene ninguno y ha de estar a lo que decida su pareja, tenerlo o no tenerlo, incluso tenerlo contra su voluntad. “Tendré hijos si yo lo digo y cuando yo lo diga, han proclamado las feministas”. Contra lo que quizá no haya nada que objetar, en una decisión tan soberana, si luego no se implicase a los demás llegada la hora de las responsabilidades. Porque eso es finalmente lo que sucede. Se trata de algo parecido a esas empresas a las que gusta mucho privatizar las ganancias pero cuando las cosas se ponen mal lo que piden es la socialización de las pérdidas. Contrasta enormemente esta reserva absoluta de derechos, pero luego cuando se trata de asumir responsabilidades por el rumbo que está tomando el mundo de los hijos, entonces ésta quede dividida a partes iguales, incluso por ese uso interesado del lenguaje la responsabilidad se atribuya a los padres.

No tocaré de nuevo el tema de la prostitución dada la hipocresía mostrada hasta el momento por este feminismo para el que constituye una forma de esclavitud, pero luego se olvida y oculta, tanto la prostitución de lujo, como la masculina y pretenden que no existen. Tampoco mentaré los oídos sordos que prestan a esas mujeres famosas que alardean de sus experiencias con el sexo pagado. Por no mencionar a las mujeres pantera de las que habló en su momento Elvira Lindo o ese turismo sexual de mujeres europeas a ciertos países africanos.

En mis últimos post vengo insistiendo en el poder casi omnímodo del feminismo institucional, porque es tan profundo el lavado de cerebro que tenemos al respecto, que buena parte de la sociedad hace suyo el mito de la mujer como ese ser privado de lo más elemental y el hombre como el señor feudal que todo lo vigila y todo lo ordena. Nada más lejos de la realidad. De hacer caso del feminismo institucional y sus adláteres los hombres gozaríamos de todos los poderes: Zapatero en el Gobierno, dos hombres al frente de los principales sindicatos, Botín como el señor de la finanzas, la prensa dirigida por hombres…

Si vamos a la realidad de los hechos descubrimos que el Plan sobre economía sostenible a lo que hace referencia de forma singular es al empleo femenino, los sindicatos tienen a su cabeza a dos hombres, pero sus políticas redundan más a favor de la féminas que de los hombres, baste con citar en qué lugar de sus preocupaciones están los accidentes laborales, o que no se tomen la molestia de desmentir lo de la discriminación salarial, o que, en este contexto en que los grandes perdedores de la crisis son los varones no hayan realizado ninguna propuesta y continuemos con las 21 formas especiales de contratación femenina frente a ninguna masculina. En relación con Botín y la prensa más de lo mismo. La prensa escrita diaria efectivamente está dirigida por varones pero lo que en sus páginas defienden son las políticas de género, en cuanto a Botín, no sé si alguno de vosotros ha recibido los préstamos más baratos por ser hombre, en mi caso no.

Ya expliqué en otro post que el feminismo habría fracasado en la creación de un partido político propio pero han conseguido algo mucho más fuerte: que sus políticas se impongan en todo el espectro político. En lo ideológico no se quedan a la zaga, y bien se puede decir que los 200 años del mismo no han pasado en balde y a estas alturas es difícil encontrar algún asunto: sea de índole personal o política que no esté contaminado, y de qué forma, de la visión de género en unos términos en que los hombres y lo masculino aparecemos como el lado sombrío de la humanidad frente a la luz que reflejarían lo femenino y las mujeres.

Para ver hasta qué punto tenemos interiorizada la desigualdad se me ocurre pensar en que más de la mitad de las publicaciones de periodicidad no diaria estuvieran dedicadas en práctica exclusiva a los hombres. Tal cosa sucede, pero con las mujeres, sin que al parecer se den por aludidas ya que lo que siguen denunciando es la mayor presencia masculina en la prensa diaria. Cosa que como ya he dicho antes en ningún modo cabe entender como defensa del género masculino, más bien al contrario. No así la mayor presencia femenina en el quiosco donde parece claro que redunda en favor directo y exclusivo de las féminas en aspectos tan variados como la conciencia de género, la salud… El caso de Lidia Bosch puede resultar paradigmático.

En fin, que los varones debemos reflexionar seriamente sobre estos asuntos porque tengo la sensación de que nos toman el pelo después de habernos timado, y si no hacemos nada porque esto cambie ocurrirá indefinidamente.
P.D.  Francisco Serrano  en el diario El Mundo y aquí en vídeo

24 noviembre, 2009

El género, una utopía totalitaria

Dice Elisabeth Badinter en su libro: Por mal camino, “El eslogan implícito o explícito de “cambiar al hombre”, más que el de “luchar contra los abusos de ciertos hombres”, revela una utopía totalitaria. La democracia sexual, siempre imperfecta, se gana paso a paso.” (Alianza editorial, 2004, página 61)

Y no es el único rasgo que comparte con las ideologías totalitarias ya que al igual que en ellas, el individuo está subordinado al colectivo, en este caso el género, categoría con la que se establece la frontera con el otro, al tiempo que señala el lado bueno de la trinchera, y todavía más, ideología que en buena medida se profesa como si de una fe se tratase y que establece lo que ha de interesar a los miembros del colectivo por encima de sus propios deseos y voluntad.

Paradigmático en este sentido resultan el desprecio por la opinión de las prostitutas que dicen querer ejercer la prostitución, o mejor todavía, la elevación al alza del porcentaje resultante de la encuesta de acoso laboral y sexual, en base a un pretendido acoso técnico que consiste en corregir la opinión de las encuestadas para considerar acoso lo que ellas no consideraron así en sus respuestas, por ejemplo, l una mirada, un chiste o un piropo.

Pero, también, como está poniendo de manifestó la polémica por el artículo de Enrique Lynch, la facilidad con la que se juega con la libertad de expresión, incluso la consideración de El País como “un periódico que no respeta a las mujeres” o la extrema dureza de los argumentos utilizados contra él cuando se lo compara con un terrorista o genocida, incluso trayendo a colación el Holocausto. Todo ello unido a una enorme apetencia de poder y a una extensa literatura en la que se vierte sobre los hombres y lo masculino todo lo peor, tampoco constituyen las mejores credenciales para tranquilizar a nadie. La Ministra de Igualdad reprochaba, ayer mismo, a un tribunal de justicia de Cantabria, que no hubiera aplicado la ley contra la violencia de género a un chico de 14 años.

No pretendo desde esta bitácora dar lecciones a nadie, pero tengo la sensación de que al igual que sucedió en muchos otros momentos históricos, en el presente y por el lado masculino, hay mucha conciencia adormilada y han de ser mujeres con mucha experiencia en el campo femenino y feminista quienes nos alerten de una ideología con la que la sociedad tendría que ser mucho más exigente.
El artículo de Judith Astelarra en El País de hoy con el título ¿A quién tememos las feministas? del que no comparto muchas cosas, si parece claro en lo excesivo de la reacción contra el artículo de Enrique Lynch.

P.D. Os recomiendo a todos la visita a la web de Malaprensa http://www.malaprensa.com/ tendréis ocasión de asistir a un curso acelerado de cuanta manipulación existe en estadísticas que circulan a diario por la prensa.

19 noviembre, 2009

Los pecados capitales del feminismo

En esta entrada deseo hablar de feminismo, del feminismo en nuestro país, aquí y ahora. Creo que tiene su interés recapitular un poco y conocer de la mejor manera posible aquello que criticamos, al tiempo que se abre la posibilidad de discutir, entre los que participamos en esta bitácora, nuestros respectivos puntos de vista. Lo que sí no haré será ponerme excesivamente académico y llenar el escrito de citas y pies de página. Ni es lo mío en esta bitácora, ni creo que fuera lo más conveniente.

La intención pretende ser doble: conocer lo que nos preocupa, pero también preguntarme y preguntaros por las mejores estrategias para comenzar a dar respuesta a un estado de cosas cada día más lamentable en lo relativo a la relación entre los sexos y donde, sin ningún lugar a dudas, nos ha tocado jugar el peor papel, el de víctimas sin derecho a protesta, ya que tal cosa sólo puede reflejar, de hacer caso al feminismo y sus adláteres, neomachismo o cualquier otra cosa insultante.

Si algo caracteriza al feminismo es su opacidad, el moverse en una nebulosa de características difusas y límites poco precisos. Todo lo cual le va muy bien a quien ha preferido convertir el movimiento plural, abierto y democrático que en su día fue, en un lobby. Pero, ese mismo rasgo dificulta enormemente su crítica ya que, finalmente, conocemos lo que el feminismo piensa cuando ya se encuentra plasmado en leyes o a través de decisiones de los poderes del Estado, que se nos presentan como hechos consumados.

Todos sabemos que las grandes decisiones sobre las leyes de género han sido tomadas por este lobby, pero lo cierto es que a todos los efectos se nos muestran como decisiones autónomas de los poderes políticos. Podríamos decir que antes que por el ejército uniformado el feminismo ha preferido la estrategia de guerrillas y antes que la visibilidad la opción ha sido el mimetismo. No han conseguido nunca un partido feminista representativo pero han conseguido algo más importante: que la mayoría política haga suyos sus planteamientos. Que sea criticable el uso que se está haciendo de ese inmenso poder no debe hacernos olvidar que esa es la realidad de este momento. En este sentido sería interesante un estudio que pusiese de manifiesto el muy diferente “modus operandi” del feminismo en relación con cualquier otro movimiento social conocido.

(A lo que me quiero referir con eso del “modus operandi” es a que, si los movimientos sociales conocidos: se trate de partidos políticos, o de los sindicatos en el caso del movimiento obrero, se han caracterizado en la época moderna por una tríada constituida por una ideología, un líder y una organización cuanto más conocidos mejor, en el caso del feminismo nos encontramos con una ideología difusa, la ausencia de un liderazgo claro y asimismo la carencia de organización de referencia. Esas tres cosas han sido sustituidas en el feminismo por la penetración en otros movimientos sociales y sobre todo en los aparatos del Estado, con esa administración paralela de la que hablo más abajo, y por un ideario y una organización completamente fraccionadas y dispersas que hacen muy difícil por no decir imposible tanto la petición de responsabilidad como la crítica social. De hecho no se conoce ni un solo balance realizado por el feminismo desde su nacimiento, mucho menos cualquier autocrítica, y en cuanto a los renovados objetivos de cada momento los vamos conociendo a medida que se anuncian. En cualquier caso la impresión que produce es que para el feminismo siempre se está en el momento cero y siempre está todo por conseguir).

Y lo primero que me gustaría aclarar es, a qué feminismo me estoy refiriendo. Me refiero al feminismo dominante, al feminismo de las instituciones y el BOE, al feminismo consagrado en las leyes de género, al feminismo que heredero de las radicales americanas se hace denominar perspectiva de género, para quien la defensa de una pretendida igualdad no es más que un señuelo que lo que esconde es privilegio y desigualdad. Al feminismo que firmó un manifiesto contra la custodia compartida que todavía debe circular por Internet y que fue capaz de torcer en el último momento la voluntad de las Cámaras legislativas para que no se incorporase a la ley como había sido intención reiterada de todos. Y no lo elijo porque sea el que más simpatía me despierta, que no es el caso, sino porque es aquél que termina imponiendo su criterio.

Soy consciente de que existen otros feminismos, por ejemplo el de las autodenominadas “otras feministas”, como existen muchas otras mujeres que sin necesidad de adscripción mantienen posiciones que chocan con el feminismo dominante. Por citar algunas: Rosa Montero, Almudena Grandes o Maruja Torres. Pero lo cierto es que su posición, aunque muy válida, a la hora de la verdad, tiene poco peso en los círculos políticos y de decisión y quienes realmente llevan el gato al agua es el feminismo institucional.

Como veo que de continuar por este camino el escrito se va alargar mucho y se puede convertir en una entrada poco manejable, para abreviar me referiré a lo que considero sus “pecados capitales”, es decir sus aspectos más criticables y lo que, a mí entender, hace más difícil compartir el éxito arrollador de sus propuestas en el plano político y mediático, hasta el punto de ser desconocida la crítica en estos ámbitos. No así entre el ciudadano de a pie, para quien no sólo resulta difícil entender lo del diferente trato penal para hombres y mujeres, o la negativa a la custodia compartida, o como se está aplicando la legislación en las separaciones, pero lamentablemente sin mecanismos para hacer visible su malestar, mucho menos para condicionar de alguna manera lo que está pasando en este terreno. El alejamiento entre el ciudadano y la clase política se hace máximo en este terreno.

LOS PECADOS CAPITALES DEL FEMINISMO

1. Haber convertido lo que en algún momento se concibió como una conquista de civilización, la igualdad del hombre y la mujer, en un vulgar quítate tú para ponerme yo, y haber transformado lo que era un movimiento democrático y de masas que no rehuía el acuerdo con otras organizaciones, en un lobby de presión que esquiva el debate democrático y la discusión serena, y que frente a las políticas educativas y de convencimiento, ha optado claramente por la propaganda, la coerción y el Código Penal. Nuestro país se ha convertido de unos años a esta parte en el que tiene las cárceles más llenas de Europa y el Código Penal no deja de endurecerse cada día más.

2. Dividir a la humanidad en dos bloques irreconciliables: el hombre y la mujer; y actuar con el mismo espíritu sectario y vengativo de cualquier dualismo maniqueo de buenas y malos que sostenga la necesidad de la primacía de unos sobre los otros, en este caso, unas sobre los otros. Es lo que la sociedad americana denomina guerra de sexos y que en su formulación y expresión más brutal se resumió por el feminismo radical como “el hombre el enemigo a batir”. Una forma menos agresiva de presentarlo, pero no menos virulenta en su intención, es la pretensión formulada por este feminismo cuando habla de la “necesidad de cambiar al hombre”.

Lo cual por otro lado derriba la ficción sostenida durante tanto tiempo del género femenino como la expresión de la empatía y la comprensión. En este asunto el feminismo no juega con grandeza de miras, sino como un sindicato de intereses que sólo hubiera de estar atento a satisfacer las demandas de su clientela. Y así, la escuela irá bien si el éxito de las chicas es mayor que el de los chicos, la sanidad y salud pública si atiende con preferencia las demandas femeninas y un largo etcétera en que el único criterio de medición será el interés de género, del género femenino claro está.

3. Victimismo. Presentar la historia de los sexos, incluso la evolución de la especie como una historia de imposición masculina, donde a la mujer sólo le quedase el papel de víctima; no dudando para ello en una interpretación simplista e interesada de cuanto sucedió a lo largo de los siglos. De este modo el hombre habría decidido que la mujer permaneciese en la cueva, mientras él gozaba del inmenso privilegio de la caza del mamut. La historia de los sexos no estaría representada por los hombres y las mujeres de un lugar y una época, sino que por un lado tendríamos príncipes cargados de poder y, por el otro, esclavas cargadas de hijos y obligaciones. Ese mismo planteamiento se hace hoy día, a los hombres nos representa el señor Botín y algunos otros con un poder equivalente en la política o cualquier otro campo y a las mujeres esas madres trabajadoras con doble o triple jornada laboral. Ni el hombre trabajador y esclavizado existiría, ni la mujer rica y poderosa tendría cabida en este simplista e interesado esquema.

4. Sostener que vivimos en un tipo de sociedad -la patriarcal- en la que todos los poderes están concebidos para garantizar la supremacía de lo masculino y que en su funcionamiento y para mantener esa explotación y discriminación del género femenino no duda en ejercer todo tipo de violencias contra la mujer. Para sostener tal ficción es preciso ocultar o presentar como naturales todas las muertes o desgracias sufridas por los varones de las que el único responsable sería él y su mala cabeza. En este sentido sería interesante un trabajo sobre el seguimiento dado en los medios a las muertes de hombres y mujeres por violencia de pareja para comprobar hasta qué punto parecería que hablásemos de cosas sin nada en común. Pero sería interesante abrir el objetivo y analizar el tratamiento dado a las muertes por accidente laboral, el suicidio y en general a la vida de los hombres después de una separación cuando les toca vivir con un tercio de su sueldo.

5. Sostener que la violencia de pareja es unidireccional –de hombre a mujer- y sus dos corolarios: presunción de culpabilidad del varón y presunción de veracidad e inocencia de la mujer, de las que resultan una legislación en relación con la violencia de pareja y las separaciones matrimoniales completamente inasumibles desde el punto de vista masculino.

Ni que decir tiene que al hombre no le es reconocido ningún derecho en el terreno de la reproducción. Todos, y de manera absoluta, pertenecen a la mujer, lo que sin embargo no es óbice para que en relación con la ley del aborto en discusión en estos momentos en el Congreso, ya que no entre la opinión pública, se haya silenciado el documento levemente crítico de cristianos por el socialismo, pero Margarita Rivière haya podido publicar en El País un artículo titulado: Aborto y paternidad irresponsable. Ese es nuestro papel, nada debemos ni podemos decir en relación con el asunto, pero si hay que hablar de alguna irresponsabilidad entonces jugamos con todos los boletos.

6. Jugar permanentemente a la mentira y el engaño. Y así habríamos de creer que el diferente trato penal, la discriminación positiva, el control por parte del feminismo de las grandes cuestiones sociales y morales, y eslóganes como los de la actual campaña contra el maltrato, no deban ser considerados en sí mismo la manifestación más clara de la desigualdad y la discriminación del varón, sino el camino que prepara la igualdad. En este asunto, no estaríamos ante una ideología, la perspectiva de género, tan legítima como cualquier otra, pero no más, sino ante un credo de obligado cumplimiento para todos.

Como botón de muestra de la idea de igualdad que se maneja desde este feminismo y de la necesidad de mezclar todo con la violencia, sirva la actual campaña institucional, que con el lema “Entre un hombre y una mujer maltrato cero” pretende equitativas las dos expresiones siguientes:

Ella dice: “De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo”
El dice: “De todas las mujeres que haya en mi vida, ninguna será menos que yo”

Y si expresivo es el mensaje, no lo es menos el espeso silencio en torno a la misma por parte de todos, particularmente la clase política que aquí no aprecia ni asimetría ni desigualdad.

7. Convertir la estadística, la sociología y cuanta ciencia social haga falta, en meras armas de propaganda en las que no importa violentar cualquier criterio científico o de verdad. Así las estadísticas sobre violencia, acoso sexual y acoso laboral se confeccionan mediante un cuestionario que, si muestra ya un importante sesgo en sus contenidos, se pasa exclusivamente a mujeres, con el pretexto de que ellas son las que más los sufren. Es decir, la respuesta está en la premisa y no se trata de demostrar, sino de confirmar algo que ya estaba establecido así en la teoría. El trabajo prosigue con el tratamiento que los medios hacen de esa información y con la impagable labor desarrollada desde esa administración paralela que el feminismo ha ido adosando a la Administración general, constituida por el Ministerio de Igualdad, el Instituto de la mujer, las Consejerías de la CC.AA., las concejalías e incluso algunas ONG’s .

Curiosamente, la única referencia a la ciencia que se le conoce a este feminismo es cuando califican de pseudociencia al SAP (Síndrome de alienación parental), como si por negar el síndrome la manipulación de los hijos dejase de producirse y ser un fenómeno medible y observable. Tiene su aquél que quienes sostienen ideas tan peregrinas como que toda la violencia de pareja tiene una única causa: el deseo de dominio del varón, o que las diferencias entre el hombre y la mujer son todas culturales, ignorando olímpicamente toda la ciencia de los últimos decenios, se atrevan a hablar de pseudociencia en lo referente al SAP sencillamente porque la experiencia dice que de reconocerse las más perjudicadas serían las mujeres.

8. Jugar a la invisibilidad del dolor y el fracaso masculino, consista éste en la menor esperanza de vida, el mayor índice de suicidio o de muerte por accidente laboral, o de otro tipo, en el fracaso y abandono escolar, o cualquier otra circunstancia en la que el varón muestre una mayor vulnerabilidad o deba arrostrar las tareas sociales más penosas y de mayor riesgo. Aquí jugamos con una enorme desventaja. Mientras que las mujeres cuentan con multitud de organizaciones encargadas no sólo de dar asesoramiento y hacer seguimiento de multitud de cuestiones: económicas, jurídicas, etc. ampliadas con los múltiples organismos públicos que colaboran en esa tarea los hombres no contamos absolutamente con ninguna y así nadie sabrá porque se le ha rebajado la condena a la madre de Alba o porque el impacto de género medirá que la mujer no salga perjudicada, no así el hombre, o por qué el sexismo ha dejado de ser discriminación por razón de sexo.

9. Haber convertido la figura masculina en un padre ausente, mediocre amante y fuente de todo cuanto problema social y familiar existe.

10. Considerar que las normas están bien cuando favorecen o son fuente de privilegio para las mujeres. En todos los demás casos, hijas de una sociedad que discrimina y explota a la mujer. Es interesante destacar que generalmente las conquistas femeninas conllevan la alteración o el cambio de las normas que hasta ese momento regían. Normas que serán sustituidas por otras sin fecha de caducidad...


A pesar del lamento femenino en el sentido de que las desposeídas, las discriminadas y las explotadas son ellas, lo cierto es que el poder político y mediático en relación con las políticas de género está todo de su parte, y lo está, por partida doble, desde la sociedad civil donde las únicas autoorganizadas son ellas, pero también en las administraciones públicas: desde el Ministerio de igualdad a la última concejalía o ONG. En este contexto lo único que me resta por decir es que mientras no demos pasos en el sentido de autoorganizarnos, a sabiendas de que cualquier cosa que hagamos en esa dirección será tildada de forma insultante como el intento de recuperar privilegios, habrá poco que hacer.

El vídeo colgado en la última entrada de Buenamente refleja bien a las claras la excepcionalidad de que un medio de comunicación dé el paso de TV3, pero al tiempo no puede dejar de reflejar la inmensa soledad institucional y de otros hombres en la que está Paco.

Es verdad que lo que desde ésta y otras muchas bitácoras se viene haciendo o que la participación en los foros de Internet donde se debaten éstas cosas es muy importante pero si, finalmente, no somos capaces de unir mínimamente nuestros esfuerzos, difícilmente saldremos del agujero en el que nos han metido y en el que corremos el riesgo de quedar enterrados.

12 marzo, 2009

Sobre feminismo II

Desde mi modesta posición de ciudadano sin más título para opinar de estas cosas que la curiosidad de entender lo que sucede a mi alrededor, tengo la percepción de que, en los temas de calado, la sociedad no transige que quien denuncia una determinada actitud, sea éste un colectivo o un ciudadano particular, no se guarde de caer él mismo en la falta que pretende denunciar, por que entonces su pérdida de credibilidad es total.

Pero, por qué esto mismo no sucede con el feminismo. Por qué la sociedad no le recuerda que no se puede pedir equilibrio de profesores y profesoras en la Universidad, cuando quienes realizan tal petición se olvidan del desequilibrio de signo contrario existente en las enseñanzas: primaria, secundaria y bachillerato sin que se observe ningún intento por su parte de abordar tal situación; que no se puede tachar de discriminatoria una Universidad o carrera con más alumnos que alumnas pero que cuando la situación se trastoca haya que interpretarlo como el discurrir natural de las cosas.

Que cuando más patente es la presencia del lobby femenino en todos los ámbitos de la sociedad, cuando el pacto de apoyo y no agresión entre las mujeres que están en la política, y no sólo en la política, es más claro, que cuando la administración se va llenando de organismos por y para las mujeres: institutos, consejerías, concejalías, cátedras universitarias, organismos e instituciones múltiples y variadas, dedicadas en exclusiva a velar por sus intereses, se tenga la desfachatez de acusar a los hombres con las únicas pruebas de “variados e invisibles filtros...” y “techos de cristal” que no se ven, de urdir no sé que tramas para impedir a las mujeres el acceso a la política, a los puestos de responsabilidad en las empresas, en el deporte...

Que al tiempo que se exige la presencia paritaria en aquellos ámbitos donde se consideran subrepresentadas, se reservan el derecho a construir cada día nuevos espacios no mixtos de exclusiva presencia femenina: organizaciones de mujeres, revistas femeninas, hoteles o gimnasios, comercios o espacios de recreo para su uso exclusivo... y a poder ser gozando de financiación pública como sucede en buen número de casos. Que cuando de la enfermedad se trata se anteponga el criterio de género a cualquier otro y se privilegien determinadas líneas de investigación y no otras. Lo mismo que cuando se trata de la justicia que se olvida de la común humanidad para hacerse de género.

Que cuando interesa se nos hace iguales, incluso intercambiables, por ejemplo para ocupar puestos de responsabilidad en la política o la economía, pero cuando conviene se nos pinta como el macho incapaz de atender a sus hijos, o ese ser rudo y primitivo que tan válido es para trabajar en la construcción, en los barcos de altamar o el transporte internacional, pero nada más, porque aquí el manejo del foco de la visibilidad-invisibilidad se realiza con gran maestría y estos seres no precisan de conciliación de vida familiar y laboral, y están ahí porque la naturaleza los hizo más fuertes. (Tiene su áquel que el género considere que los sexos son construcciones sociales y que nacemos iguales, pero luego interprete que sean los hombres quienes hayan de realizar determinados tareas porque son más fuertes)

Y por continuar viendo a dónde apunta el foco, nunca os preguntásteis por qué habiendo sido dos los tránsfugas del PSOE, Tamayo y Sáez, el primero varón y la segunda mujer, al final el título que queda para ese comportamiento es el de “tamayazo”, o qué pasa con las mujeres implicadas en la operación malaya, o por qué, a pesar de la evidencia de que las niñas acosan en la escuela tanto como los niños, se producen tantos intentos de limitar ese comportamiento a los chicos. ¿Se acabará imponiendo también en este terreno la idea del varón como único ser violento? Al menos esa parece la pretensión. No os preguntásteis alguna vez qué ha sido de las sentencias sobre algunos crímenes cometidos por mujeres que conocimos cuando se produjeron pero a los que perdimos de vista después. Será verdad lo que dice Elisabeth Badinter, que a la justicia con las mujeres le sucede un poco lo que con los niños, que le resulta difícil verlos como seres violentos.

En fin, hay un término: ambivalencia, que el diccionario de la R.A.E en una de sus acepciones define como: Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas, al que seguramente necesitemos recurrir muchas veces para buscar explicación a algunas de estas cosas, como será necesario recordar muchas veces que el género, como pensamiento ligado al sexo, es un ideología incapaz de plantear las cosas en términos de “lo que afecta a todos y todas” y una sociedad no se sostiene indefinidamente si alguien no asume ese papel y simplemente cada uno nos dedicamos a defender nuestra parcela, sea ésta la clase social o el género. Además de un gran debilidad de pensamiento supone un gran riesgo. No deberían llevarnos a engaño, Arquimedes o Platón no son equiparables a cualquier feminista radical, ni su pensamiento hay que leerlo en clave de género porque, en lo que nos legaron, fueron seres humanos capaces de trascender a su sexo.

29 octubre, 2008

Revisión crítica del feminismo

Ayer fue el patriarcado, hoy cuando el hombre carece del más mínimo derecho en la reproducción, sencillamente se procede a cambiar el nombre, por ejemplo dominación masculina y el feminismo puede seguir propugnando lo mismo, sin tan siquiera explicar cómo eso es posible, ya que si el patriarcado no está, lo lógico sería pensar que tampoco lo que se le asociaba, pero quizá lo que muchos no sepáis es que las reglas de la lógica puede que sirvan para nosotros, que el feminismo tiene las suyas propias.

Ayer se nos dijo que el techo de cristal estaba en el acceso a la política, luego en el acceso a los lugares de mando como el Gobierno, después en los ministerios con verdadero peso, hoy cuando es paritario y las mujeres ocupan ministerios tan significativos como Vicepresidencia primera, Fomento o Defensa ellas siguen hablando del techo de cristal. La pregunta pertinente creo que es fácil de formular: para cada una de esas etapas ¿existía o no tal techo de cristal?

No hace mucho se achacaba toda la discriminación femenina a un reparto de roles que las condenaba a lo peor. Hoy el reparto sigue siendo tan sexista y desigualitario como siempre, pero ha caído del argumentarlo femenino. ¿Será que, mejor callar no se vaya a descubrir que los trabajos duros, pesados y de riesgo los desempeñan ellos y sin embargo el feminismo puede negar la paternidad?

Por lo visto los roles los determinaba el hombre. Hoy que se ha demostrado que los hombres somos mucho menos capaces de desembarazarnos del nuestro de lo que lo han sido ellas, lo que hace que también caiga del argumentario esta cuestión, pero eso sí sin necesidad de revisión crítica del pensamiento y la práctica feminista.

Se habla de la pobreza femenina, pero ¿y la riqueza femenina? ¿y el consumismo y el gasto suntuario femenino?

Os habéis dado cuenta de que es muy fácil que el feminismo recurra a las mujeres del Islam, o a las del tercer mundo, o a recordar cuando en este país no podían firmar una hipoteca, pero muy pocas veces vienen a la realidad del presente, aquí y ahora, que ofrece un semblante bien distinto y así se evitan hablar del fracaso escolar y en general de nuestro sistema educativo incluida la Universidad, o tantas situaciones de inferioridad para el hombre, también de una legislación plagada de discriminaciones negativas, cuotas, paridades, especial promoción, o de que el mercado laboral femenino tiene un perfil que ya lo quisieran para sí los hombres.

Habría que preguntarse que ha sido de los miembros de la carrera judicial entre ellos María Sanahuja, que se atrevieron a cuestionar la marcha de la “igualdad”; dónde están Empar Moliner y las otras feministas; por qué una película ganadora de un premio en Cannes como Mon fils, en España sólo circuló por festivales y con subtítulos, o por qué los libros de Ivon Dallaire tienen tan difícil encontrar traductor y alguno de los más significativos sigue inédito en nuestro país…

Como veis se puede llenar un cajón de preguntas que se quedarán sin respuesta salvo lo que se pueda inferir de las nuevas prácticas, porque para estas cosas el feminismo está desaparecido, no se sabe dónde habita, ni quién lo representa ni en que libros se encuentra su ideario. Su método en este sentido supera al de cualquier movimiento social precedente ya que para todos ellos esto hubiera supuesto dar explicaciones, realizar autocrítica, corregir rumbo. En el caso del feminismo todo sucede de puertas adentro y quien pretenda cualquier rectificación ni tan siquiera sabrá a dónde tiene que ir a pedirla. Y así, desde hace 150 años sin una sola revisión crítica, ni tan siquiera de los excesos verbales y de todo tipo del feminismo de los años 80 del siglo pasado a nuestros días.

Claro que todo esto sólo lo puede frenar una conciencia masculina con capacidad para obligar a este feminismo a un debate en el que se pusiera en claro qué es lo que cada uno pone sobre la mesa y establecer un diálogo que fuerce una igualdad pactada y negociada y no este trágala que ni tan siquiera se siente la necesidad de explicar. Pero esa conciencia masculina no existe. Mientras esto no suceda algunos seguiremos haciendo el esfuerzo de entender lo que está pasando.

27 marzo, 2008

Paradoja

Creo que el feminismo ha demostrado sobradamente que es capaz de vigilar y defender los intereses de la mujer. No hace falta esgrimir pruebas, los resultados de sus políticas están a la vista de todos. La conciencia de género les ha permitido aunar esfuerzos y conseguir cuanto se van proponiendo, y digo van proponiendo, porque las demandas se amplían día a día, y una vez alcanzado un objetivo sólo queda ir a por el siguiente.

Demostrado está también que los hombres carecemos de algo parecido a esa conciencia y no sólo no somos capaces de pensarnos como grupo social sino que en nuestra disgregación infinita muchos trabajan denodadamente del lado contrario. En este contexto es perfectamente comprensible que lo que debiera ser Instituto para la Igualdad, se llame Instituto de la mujer, o que al lado de los estudios de antropología exista una cátedra de estudios de la mujer, o que los grupos sociales que sólo admiten féminas no sean calificados de sexistas.

En este contexto un poco esquizoide es también comprensible que aún cuando los trabajos más duros y arriesgados sean desempeñados por hombres, si de alguna discriminación se hable sea hacia la mujer, que sin embargo puede, sin reproche social alguno, incorporarse al mercado de trabajo o no hacerlo, hacerlo más tarde que el hombre y para las mejores ocupaciones, y retirarse cuando lo considere oportuno. Y además demostrar con estadísticas oficiales que el paro les afecta más. En Ferrol sin embargo hay una gran demanda de trabajo para la construcción naval que no se da cubieto y al mismo tiempo una gran tasa de paro femenina y eso sin contradicción estadística. Ni que decir tiene que si hay que buscar conciliación de vida laboral y familiar en quien se piense sea en ellas, porque total la paternidad está tan desprestigiada que añadirle la condición de padre ausente ya no puede empeorarla más.

En fin, en este mundo de constantes paradojas, donde quienes se han constituido en poderoso lobby de poder acusan a los demás de no se sabe qué complicidades para impedir el progreso de las mujeres, y donde quienes gozan de privilegios dicen que los privilegiados son los de enfrente, donde quienes niegan el debate y discusión acusan a los otros de prepotentes, … en este mundo donde las paradojas no parecen tener límite, como si del mundo al revés se tratase, es en el que nos ha tocado vivir y desenvolvernos y para los que no estamos de acuerdo con la verdad oficial y el pensamiento políticamente correcto el camino a recorrer se nos aparece largo pero la tarea seguramente merezca la pena.

16 marzo, 2008

El feminismo y la derecha

No quería dejar pasar sin un segundo comentario el artículo de Rosa Cobos, Democracia paritaria, ya comentado parcialmente en otra entrada. En este caso para referirme a la afirmación de que la relación del feminismo con la derecha “puede explicarse como la de un profundo desencuentro”.

En su libro: Por mal camino, Elisabeth Badinter al estudiar los origenes de este feminismo se extiende sobre la obra de las que considera sus fundadoras Susan Brownmiller, Catharine MacKinnond y Andrea Dworkin, y a propósito de lo que aquí nos interesa y de la actuación de Catharine MacKinnond, en la página 28 del citado texto dice: “No sólo hizo que la Corte Suprema de Estados Unidos, en 1986, reconociera el acoso sexual como una forma de discriminación sexual, sino que aliada con los lobbies más conservadores y con el apoyo constante de los republicanos, consiguió que se votase en dos ocasiones, en 1983 y en 1984 –en las ciudades de Minneapolis e Indianápolis- la disposición llamada “MacKinnon-Dworkin” contra la pornografía. (la cursiva es mía)

Pero,quizá no haría falta remontarse tan atrás y debiera ser suficiente recordar, que las políticas feministas en EE.UU, Canadá o Europa fueron llevadas a cabo tanto por gobiernos socialdemocratas como conservadores, sin gran distinción entre ambos y, en concreto y referido a nuestro país, recordar que leyes tan representativas de estas políticas como la de violencia, o la de divorio fueron aprobadas por unanimidad de las Cámaras y que la discrepancia del PP con un aspecto de la ley de igualdad como es el de la paridad de las listas electorales, no desmiente la sustancial coincidencia de los conservadores con estas políticas. Desde luego en la pasada legislatura el desacuerdo estuvo más en los matrimonios entre homosexuales y en la asignatura de Educación para la ciudadanía, que en cualqueira de las otras leyes mencionadas. Pero, si todavía esto no fuese suficiente bastaría con dar un repaso a la legislación referida a estos temas en las comunidades autónomas, para comprobar que estén regidas por los socialistas o los conservadores, se produce una sustancial igualdad de las posiciones.

Curiosidad y duda

Ojeo los periódicos y observo que los hombres somos capaces de casi todo. Somos capaces de opinar, comentar, proponer, analizar, hacer humor. Sobre economía, derecho, política, sociedad, cine y televisión y no qué cuantas cosas más, pues hay secciones a las que nunca doy llegado.

En los periódicos de difusión general, sean en papel o digitales, creo que somos amplia mayoría. Pero hay algo a lo que nunca llegamos, y sí llegan las mujeres, aún siendo menor su número en este tipo de medios, y es a hablar de la igualdad entre hombres y mujeres, a comentar alguna de las leyes aprobadas por las Cortes en la pasada legislatura y que, así a primera vista, contienen materia no sólo para algún comentario también para más de una tesis. Pero no, los hombres por ahí no pasamos, y no sé si es por timidez, incompetencia en la materia o porque está establecido en algún sitio, quizá un arcano de nuestra memoria, los hombres no opinamos.

Hoy he vuelto a leer sobre el tema de la pluma de una mujer, pero parece que, de la mano de un hombre eso no es posible (con la excepción de Xosé Luís Barreiro) y la verdad me intriga a saber a qué pueda ser debido. Pasa también en las tertulias radiofónicas o de la televisión, que se puede hablar de todo excepto del tema tabú. Y eso que hay quien califica esa legislación como la mayor revolución cultural y política en mucho tiempo. Hay también quien habla de revolución incruenta, anque creo que habría que ponerse de acuerdo en cómo se miden los damnificados. En fin, que me parece que voy a seguir sin poder satisfacer mi curiosidad y condenado a seguir con mi duda.

11 marzo, 2008

El feminismo abre las puertas a los hombres

Si el día 7 de marzo de 2008 escribía una entrada denunciando el sexismo feminista por excluir al hombre, el día 8 El País publicaba un reportaje titulado El feminismo abre la puerta a los hombres, que creo merece la pena leer por lo clarificador que resulta a efectos de entender el concepto instrumental que de los hombres tienen las feministas, ya que si no fue necesaria explicación en el 1979 para declararnos prescindibles, parece que tampoco hace falta ahora, que de nuevo nos consideran necesarios; también para entender lo que significa la militancia feminista.

Si vamos a esto último es revelador que Consuelo Abril diga, para referirse a la pasada legislatura, lo siguiente: “Muchas feministas han primado los intereses de su partido y el feminismo no se puede politizar”….. y más adelante, “Parece que hemos vuelto a la división de los setenta y la doble militancia”. Y tiene más interés si cabe porque, a veces, en tono acusador se habla de la complicidad masculina para no sé qué zancadillas a las mujeres. Queda claro que para esta señora y creo que para muchas otras la división partidaria puede que esté bien para otras cosas pero por favor que no se politice el feminismo, que cuando de los intereses de las mujeres se trata, todas juntas, como se demostró a lo largo de toda esta legislatura pasada y de continuo.

En relación con lo de abrir las puertas a los hombres, Empar Pineda dice que es necesario caminar en esa dirección “ya que no se puede tener el reloj parado en 1979”, aún cuando haya quien como María Espinosa lo plantee así: “Es imprescindible que los hombres empiecen a actuar, de forma individual y colectiva. Esto no es una guerra entre hombres y mujeres. Yo convivo con un hombre. Ellos deben apoyarnos aunque nosotras tengamos las riendas y marquemos el paso. ..”( La cursiva es mía). Tiene gracia que esto se diga después de aprobada la ley de divorcio sin custodia compartida o la de violencia con tratamiento penal para el hombre, allí dónde para la mujer no pasa de simple falta. Se entiende que pidan la colaboración de los jóvenes porque algo más difícil estará la de un padre que puede ver a sus hijos 2 fines de semana al mes.

Nos quisieron a su lado mientras no se consolidó el régimen democrático en nuestro país, y una vez conseguida la igualdad jurídica y despejada la perspectiva de otros derechos, el movimiento prescinde de los hombres, y ahora pasados casi 30 años, se dice que se abre la puerta de nuevo, aunque manifestando preferencia por los jóvenes, y sin que medie explicación de ningún tipo se nos pide que defendamos la legislación de género aprobada en la legislatura pasada hecha no sólo a espaldas de la sociedad, también claramente en contra del hombre y todo eso en el tono conminatorio del que hace gala María Espinosa “Es imprescindible que los hombres empiecen a actuar..” y para una labor tan subalterna como “Ellos deben apoyarnos aunque nosotras tengamos las riendas y marquemos el paso..”

En fin, mejor que lo leáis vosotros y saquéis vuestras propias conclusiones.

08 marzo, 2008

Despotricar en clave feminista

Es curioso que cuando se pretende negar el victimismo feminista, para referirse a ámbitos tan diferentes como el de la política, la dirección de las empresas, el trabajo, o la violencia doméstica, cada uno de los párrafos de un editorial de El País de hoy se construya con la expresión “siguen siendo víctimas”. Las mujeres siguen siendo víctimas de una cultura de dominación y machismo, victimas de las maniobras excluyentes de la complicidad masculina para no poder acceder a cargos y privilegios, víctimas de empresarios sin escrúpulos que buscan resquicios en la ley para pagar menos a las mujeres y, finalmente, en la política víctimas de un sistema anquilosado que las relega.


De verdad, esto es lo que se puede decir de nuestro país en relación con la situación de la mujer. Alguien puede creerse que en esta foto haya algo o alguien reconocible socialmente. Se puede hablar de maniobras excluyentes de los hombres, se puede hablar de empresarios que buscan resquicios, se puede hablar de un sistema político anquilosado que relega a las mujeres. Decir estas cosas aunque sea de forma genérica, ¿ no es una forma de acusación gratuita contra sectores de la población y por tanto no sería exigible un mayor cuidado para no acusar alegremente…? Si alguien pensó que con ese editorial habría quien reconociera lo que está sucediendo en nuestro país yo digo con toda rotundidad que no.

01 marzo, 2008

Poco importa

Recuerdo hace muchos años, allá por los 60 del siglo pasado, aquellas palabras de una profesora que tuve en el bachillerato que nos comentaba que deseaba la “igualdad”, que quería dejar de ver cómo, cuando salían ella y su marido también profesor, con un matrimonio amigo, ellos iban delante hablando de la profesión o la política y ellas detrás hablando de otras cosas. Más tarde en la Universidad esa disparidad había desaparecido en muy gran medida. Ellas al igual que nosotros estudiaban, militaban, asistían a las asambleas, o participaban en actos de partido y/o protestas sociales y políticas. Ellas al igual que nosotros se dirigían a la asamblea, o encabezaban tal comité de partido. El ambiente era de camaradería. Por supuesto que también las había que se quedaban en su casa o se limitaban exclusivamente a estudiar, al igual que había desde el lado masculino quienes vivían apartados del movimiento opositor al franquismo o sencillamente pasaban de política y otras cosas.

También a la hora de divertirnos no parecía que se produjeran grandes diferencias tomábamos los vinos, las copas o íbamos a la discoteca igual unos que las otras. Inauguramos juntos las primeras playas nudistas y tantas cosas que parecía que nos harían olvidar como algo del pasado el cutrerío cultural y político pero también la desigualdad entre hombre y mujer. Quizá en aquellos momentos la idea de igualdad parecía al alcance de la mano, incluso cosa fácil, se trataba sobre todo de buena voluntad y deseos de alcanzarla. Por lo demás parecía que a las mujeres no había que decirles lo que tenían que hacer, ellas por sí mismas sabían bien lo que querían.

Más adelante, ya casado y con hijo, comenzó a preocuparme la insistencia de algunas noticias y estadísticas que insistían en la desigualdad. Siempre imprecisas, mayormente referidas al reparto de las tareas del hogar. Habíamos conseguido la igualdad jurídica de hombres y mujeres, estaban vigentes los derechos al aborto y al divorcio, la incorporación de la mujer a la vida laboral se producía a un ritmo vertiginoso, en la Universidad ellas eran mayoría, nuestro país tenía la tasa de natalidad más baja del mundo, la imagen del padre que paseaba el carrito de su hijo era cada vez más frecuente, se procuraba que los niños y las niñas tuvieran los mismos juegos, la enseñanza era mixta, las mujeres viajaban solas, vestían con absoluta libertad, desde luego mucho mayor que los hombres pero, día a día con una insistencia machacona, la idea que se repetía era la de desigualdad, la de discriminación, la de patriarcado y machismo.

No sabría decir muy bien cómo, caí en Ahige y algún foro más. El choque fue brutal, mi idea de igualdad no sólo era una quimera, es que además los hombres éramos unos seres a los que había que vigilar bien de cerca porque generalmente derivábamos en lo peor. No sólo habíamos creado el patriarcado para dominar y explotar (sic) a las mujeres sino que en nuestro afán por perpetuarlo no dudábamos en utilizar todo tipo de violencias hasta el punto de asesinar a nuestras compañeras. Y que nadie se creyese a salvo. El mal estaba dentro de cada hombre y podía saltar en el momento más inesperado. La mujer por el contrario era un ser dominado y explotado, la víctima sobre la que el varón descargaba todos sus golpes. Unos años más tarde veo con sorpresa y desagrado que esas ideas que yo creía de un grupo de iluminados, son las que se hacen valer socialmente, aunque quizá se cuiden un poco más las formas de lo que hacían los gestores de la citada asociación. Ahora éste parece ser el planteamiento de fondo en la política y en los medios.

Poco importa que ellas representen el 40% del mercado laboral, siempre se podrá aducir que como entre ellas hay más contrato a tiempo parcial, lo suyo son los contratos basura y que la discriminación continúa. Aunque con preferencia se recurre a las remuneraciones y en un ejercicio imposible desde el punto de vista de la Teoría Económica y el Derecho, se diga que cobran un 40, un 30 o un 20% menos, la disparidad de porcentajes parece ser un detalle menor aun cuando el 10 o el 20% del sueldo de 8.000.000 de trabajadoras, debería ser un dato imposible para pasar desapercibido. Poco importa que representen el 70% de las carreras universitarias, ya que siempre se podrá aducir que son menos en las carreras técnicas. Poco importa que copen la mayoría de puestos en la Educación, la Sanidad o la Justicia, o que su la tendencia a ocupar puestos en la Administración, sea muy superior a la de los varones y así en la Autonómica, que es de más reciente creación, ocupen más del 60 de las ocupaciones. Poco importa que se hayan dictado las leyes sobre acoso laboral, divorcio, contra la violencia de género o la de igualdad, o la ley de dependencia con un clarísimo sesgo feminista y femenino.

Poco importa que la obligatoriedad de la guerra sea de ellos, que los trabajos más duros y penosos los desempeñen ellos, poco importa que sean ellos quienes sufran la práctica totalidad de los accidentes laborales con resultado de muerte o con invalidez para toda la vida, poco importa que las cárceles estén llenas de hombres - por cierto las más llenas de Europa-, poco que él sea quien se arroje al mar cuando su hijo está en riesgo de ahogarse, poco importará algún heroísmo más, poco importa que su signo parezca haber nacido para trabajar pues la mayoría se mueren al poco tiempo de alcanzar la jubilación, poco importa que haya el mismo porcentaje de hombres que de mujeres que apoyarían la elección de una mujer para presidenta en EE.UU, Francia, Argentina o España, poco importa que en la oposición a la guerra de Irak, o en el desastre del Prestige, lo mismo que ante lo que está pasando en Oriente Medio, no se conozcan diferencias entre uno y otro sexo. Poco importa que en la cárcel de Abu Ghraib la escala de mando fuese toda femenina, que si hubiéramos de hacer caso de los medios de comunicación y la mayoría de los políticos, esas cosas poco importan, porque el signo de los hombres como dice el fotógrafo italiano es haber nacido verdugos y por tanto el año cero de la igualdad será siempre un futurible que si en algún momento se centró en la igualdad de derechos y luego en el uso de la discriminación positiva y otras ventajas legales, ahora se cifra en cambiar al hombre hasta sacarle el bicho que lleva dentro, y para ello hace falta comenzar por el niño. Claro que tratándose de materia tan delicada e imprecisa, y luego de la larga historia de fracasos bien pudiera suceder lo que hasta el presente viene sucediendo, que todo lo realizado es nada, porque lo más importante siempre está por venir, y mientras tanto lo que fue un bello ideal, se convierta en el viaje que conduce a dónde nadie habría deseado llegar y se repita la trágica historia de otros paraísos terrenales que estaban ahí al alcance de todos, hasta que se convirtieron en pesadilla.





Entre el estupor y el desconcierto

Tengo que reconocer que me muevo entre el estupor y el desconcierto con esto de la igualdad y el feminismo. Por ejemplo, me sorprende muchísimo cuando la simple propuesta de una educación diferenciada para niños y niñas en el mismo centro escolar es catalogada por muchas y muchos como segregacionista, pero cada día contribuyamos más a la idea de que en la sociedad hay dos tipos de cuestiones: las generales y las de la mujer. En las generales estamos todos y todas, en las de la mujer están las mujeres. Algo así como: lo tuyo es tuyo y mío, lo mío es mío solo. Puede que la anécdota del señor Solbes salvando la legislatura en la que había ocupado un lugar más bien gris y discreto ayude a entender lo que queiro decir.

Por si no fuera suficiente con la administración exclusiva de la mujer: Instituto de la mujer, consejerías de la mujer en las comunidades autónomas, concejalías en los ayuntamientos, cátedras de la mujer en las universidades, centros de estudio de la mujer, organizaciones profesionales de la mujer etc. etc. etc. I.U. propone un Ministerio de la mujer. Si esto no es segregacionista como había que tildarlo, de separatista… o quizá pensar que como los del Señor los caminos de la igualdad son inescrutables y debemos ver recto donde los renglones están torcidos. Tengo la impresión de que para hablar de este tema encontrásemos más fuente de inspiración en la creencia que en la razón o la Ilustración. De otro modo no hay manera de entender tanta ruptura de la norma cuando de la igualdad se trata: ruptura de la norma de igualdad en lo penal, del principio de capacidad económica en lo fiscal, discriminación positiva por doquier, excepción administrativa, legal, educativa…. El número absoluto de hombres y mujeres con título universitario es parejo, pero el número de mujeres que ahora mismo lo están obteniendo es del 70 % frente al 30% de hombres. Cómo creéis que habría que caracterizar esta cuestión, cómo de desigualdad para el hombre. Buscad donde queráis algo que se asemeje a eso que no lo encontrareis, buscad sin embargo a la inversa y veréis que os aparecerá todas las veces.

Me sorprende que la reacción de algunas feministas ante el tema de la muerte de mujeres se salde elevando el tono y buscando una palabra más gruesa con la que calificarlas, ahora es: terrorismo de género. Hubo también quien se apresuró en afirmar que eso debía redundar en mayor apoyo a las organizaciones feministas. Quizá los estados de shock sirvan para eso. ¿Qué se pretende desviando la atención sobre un nuevo término? Es un nuevo término que clarifica o es un nuevo término para oscurecer las cosas. Estamos de nuevo anta una cuestión como la denominación “género” o las ya más viejas de machismo y patriarcado que significan lo que las feministas quieran que signifique en cada caso, o mejor dicho, cobran significación cuando de acusar al hombre se trata, haciéndolo un ser vil y repugnante. Hasta aquí no se ha llegado gratuitamente. Estamos en línea con Andrea Dworkin para quien el matrimonio constituía una forma de violación y las mujeres eran supervivientes (sí, el uso del mismo término que para los que habían sobrevivido a los campos de concentración nazis era intencionado). Se puede arrogar el feminismo las víctimas de la violencia de género ¿Pasará como siempre que la regla vale para los asuntos generales pero no para los de la mujer que se regirán por la que mejor parezca en cada caso? No habíamos quedado que nadie podía apropiarse a las víctimas fueran estas del terrorismo o del género. Creo que con una AVT ya hemos tenido bastante.