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12 abril, 2008

Brecha salarial

Ayer en el diario digital 20minutos volvió a suscitarse el tema de las diferencias salariales hombre-mujer. A pesar de que un nutrido grupo, sobre todo de mujeres, hablaban de esa discriminación, nadie fue capaz de citar un solo caso concreto. Esta misma situación la vengo observando desde hace muchos años, en otros muchos foros, y jamás nadie concreta en qué empresa se produce tal situación. Como máximo se arguye que si la discriminación comienza ya en la entrevista, que si cuando se fijan objetivos a los hombres se les paga más sin dar detalles concretos, que si en otros conceptos se abona a los hombres cosas que a la mujer no se le abonan….

En cualquier caso cosas perfectamente denunciables ante cualquier sindicato o la misma inspección de trabajo, y nada que tenga que ver con ese 20% de diferencia que tanto se repite.

Mi pregunta es: ¿de dónde, y con qué objetivo, sacan el feminismo y algunos líderes políticos lo del 20, 30 o 40 % de diferencia salarial entre hombres mujeres?

04 marzo, 2008

No a la manipulación estadística

En el artículo que acompaña a la foto del niño verdugo y la niña víctima, se habla de 7.000.000 de italianas que sufren maltrato. La verdad parece una cifra muy alta pero estoy convencido de que nadie se atreverá a ponerla en cuestión, mucho menos a discutirla. En nuestro país se cifra en un 10 % de la población femenina, al igual que en Francia, y tal dato sale de una encuesta que Amaia Beranoagirre analiza aquí. Lo cierto es que la tal encuesta tanto en nuestro país como en Francia no ha recibido más que críticas por sesgada, pero para el Instituto de la Mujer, es decir para el Gobierno, esos son los datos verdaderos. Elisabeth Badinter la analiza en su libro “Por mal camino” en un capítulo que lleva el expresivo título de: Las estadísticas al servicio de un ideología, y Marcela Iacub y Hervé le Bras en un artículo publicado en Les Temps Modernes nº 623 de abril del 2003, con el título de Homo mulieri lupus?

Dicen Marcela y Hervé, “La lectura atenta de la encuesta despeja sin embargo rápidamente las dudas. Como vamos a demostrar, obtiene los resultados por una definición preestablecida de aquello que se pretende medir, jugando con la imprecisión de las palabras para inducir al engaño. El efecto de sugestión que las preguntas ejercen sobres las respuestas nos hace plantear dos preguntas: ¿Cómo, un trabajo tal, ha podido ser encargado por una institución del Estado? ¿Cómo comprender que haya sido recibido con tan poco nivel de crítica? La verdad estriba en que la encuesta no pretendía tanto descubrir como revelar y que, al mismo tiempo que venía a confirmar un sentimiento confuso, se inscribía en un discurso de legitimación de un proyecto político característico de una nueva tendencia del feminismo, que ha adquirido visibilidad en el momento de votar sobre la ley de paridad: ante la persistencia de las desigualdades entre los hombres y las mujeres, la encuesta orienta hacia una respuesta sin ambigüedad: la inferioridad social de las mujeres está sostenida por una organización de la violencia, ejercida por los hombres bajo las formas más diversas, de la que el efecto único sino el objetivo es dominar al otro sexo; entonces no se remediará esta situación más que haciendo aflorar la violencia, escondida por las víctimas y ahogada por los verdugos, y puniendo a los responsables.”

Otro tanto de lo mismo sucede con las diferencias salariales, que en esta campaña el presidente ha vuelto a sacar, aún cuando su ministro señor Caldera tuvo que desmentir en esta entrevista una noticia del mismo estilo, aparecida en el diario El País, y el desmentido fue justamente con esta frase “Por el mismo trabajo, hombres y mujeres perciben el mismo salario, el problema radica en que los hombres ocupan los puestos mejor pagados y de mayor responsabilidad”. De todos modos la efectividad del desmentido del señor Caldera ha sido tan poca que a cualquiera que preguntásemos hoy daría el dato que se repite una y otra vez en los medios de que las mujeres cobran menos

Ahora leo en El País la siguiente carta al director y me doy cuenta de lo difícil que resulta desprenderse de unos datos que por muy irreales o fantásticos que sean, se repiten machaconamente en los medios. A este buen hombre seguro que cargado de buenas intenciones había que decirle que lo que el cree a pies juntillas no es más que una falsedad y una mentira, puesto que, y en este caso más que nunca, una verdad a medias no es otra cosa más que una mentira. El estudio al que se refiere la carta había sido elaborado por una ONG con dinero público y sus conclusiones eran las que analicé en esta entrada de diciembre del 2005. Es decir habría en cualquier caso que dar el mismo consejo a ellos que a ellas ya que los porcentajes son similares.

En los tres casos nos encontramos con estadísticas ampliamente cuestionadas y cuestionables y sin embargo, sus resultados son artículos de fe para la mayoría de la ciudadanía. Podríamos preguntarnos por qué es esto así y hasta cuándo los organismos del Estado y los medios de comunicación pueden seguir dando por válidas estadísticas tergiversadas que sólo pueden inducir al error. Habría que preguntar a las organizaciones feministas qué hacen para acabar con tanta desinformación. ¿No deberían ser ellas y los institutos públicos de la mujer quienes más empeño pusieran en estadísticas veraces y de calidad? Sea como sea, lo que no tiene ninguna explicación plausible es que los organismos del Estado y el propio Gobierno manejen datos elaborados de forma tan sesgada o simplemente tan inexactos. La honestidad intelectual y la gravedad de los temas de los que se habla así lo exigen.

13 febrero, 2008

¿Es posible?

"Se va a acabar que una mujer, por el mismo trabajo que un hombre, cobre un 20 por ciento menos; no es aceptable ni asumible".

¿Es posible que todo un Presidente del Gobierno pueda hacer esta aseveración? ¿Se puede haber sido Presidente del Gobierno y sostener esto?

Si hubiera consultado al señor Caldera sabría que esto no es así, si hubiese consultado al señor Solbes también.

¿Será sólo ignorancia? ¿Será también que no sabe que en nuestro país una situación en la que un hombre y una mujer cobrasen diferente sería una situación ilegal en la que tendría que intervenir de oficio la inspección de trabajo?

El señor Zapatero creerá que maestros y maestres, fiscales hombre y mujeres, señores y señoras de la limpieza, etc. etc. cobran diferente, o creerá que eso no sucede en la administración pública y pero si en el ámbito privado. Podría seguir haciendo preguntas pero creo que quien debería demostrar algo es quien lo asevera.

A veces, cuando habla de educación para la ciudadanía, tengo la percepción de que habla, más de cosas que están en su cabeza, que de la legislación aprobada por su Gobierno; pero la verdad me parece inaudito que todo un Presidente del Gobierno considere que en su país se está produciendo una ilegalidad de semejante dimensión (no calcularé el 20% del sueldo de 8.000.000 de trabajadoras, pero para mí que es algo más que un pico) y no se haya decidido a intervenir durante 4 años. La verdad inaudito

Habrá alguien que le recuerde al Rey que va desnudo. Recordáis el cuento. Necesitamos alguien que le recuerde a nuestro presidente que esto no es así, como el Rey del cuento precisaba que alguien le recordase que iba desnudo. Si no recordáis el cuento (es muy breve) lo encontraréis aquí.

30 marzo, 2007

Diferencias salariales

La verdad no quería dejar pasar por alto el comentario de Rodríguez Zapatero en el nuevo programa “Tengo una pregunta para usted”, en el sentido de que las mujeres ganan un 20 % menos que los hombres. Resulta que ahora es un 20 %, pero hace muy poco tiempo la Agencia Estatal Tributaria daba un porcentaje del 30 %, y según una información en portada de El País de hace un año del 40 % http://www.elpais.com/articulo/elpporsoc/20060303elpepisoc_2/Tes/sociedad/hombres/cobran/media/mujeres/Espana Cualquiera de los que me leéis seguramente podéis añadir vuestra propia experiencia y aportar varios porcentajes más.

Alguien se imagina que se pudiese estar dando este baile de cifras en relación con la inflación, o la renta nacional, o la renta per cápita, o la tasa de paro y ocupación, o el incremento de precio de la vivienda. Sencillamente si eso estuviera sucediendo no habría más remedio que hablar de un país de chirigota. El porqué eso sucede con el tema de las diferencias salariales entre hombre y mujer, sin que nadie se atreva a exigir la verificación y contraste de tales cifras responde, por una parte al “todo vale”, que tanto los grupos feministas como el Gobierno, han decidido aplicar en todo lo relacionado con la “igualdad” , y por otra, al espeso silencio que desde el statu quo se pretende imponer en relación con todos estos asuntos, sin que falte quien identifique cualquier discrepancia o desacuerdo con no se sabe qué machismo, neopatriarcado, o cualquier otro neologismo inventado para la ocasión.

La estadística en los países democráticos es una de las herramientas imprescindibles, no sólo para conocer la realidad del país, sino para garantizar la calidad de su democracia. De una información fiable y veraz dependen muy importantes decisiones en el plano político y social, y reforzar su calidad es tanto como reforzar la calidad de su democracia y la justeza de sus políticas. A los grupos feministas les pediría honestidad intelectual en la elaboración y manejo de éstas; al Gobierno con su presidente a la cabeza, creo que me asiste el derecho a exigirles que no se juegue al engaño en un asunto tan sensible y del qué tantas cosas dependen. Pues asusta pensar, que por ejemplo una Ley como la de Igualdad haya podido estar elaborada en base a ese tipo de información estadística.

Finalmente decir que, si además ese o cualquier otro porcentaje fuera cierto, habría que hablar del fracaso rotundo no sólo de la inspección de trabajo, sino también de todos cuántos tienen por bandera la defensa de la igualdad y no discriminación, incluidas agrupaciones feministas y colectivos de mujeres, sindicatos, partidos y desde luego y en mayor medida que ningún otro de los citados el propio Gobierno, que sería el primer responsable de que eso no sucediese. De todas maneras me evita seguir imaginando posibilidades en este asunto el hecho de que, el propio ministro señor Caldera haya tenido que bajar a la palestra y aclarar en un entrevista concedida a El País después del revuelo ocasionado con la publicación de la información del 40% que, “por el mismo trabajo hombres y mujeres perciben el mismo salario”. En fin sería deseable también un mayor celo por parte de los profesionales relacionados con estas materias, para denunciar tanto abuso, pues no debemos olvidar que puede que sean falsas, pero montón de decisiones se están tomando como si fueran verdaderas.

09 febrero, 2006

¿Igualdad?

En relación con la brecha salarial del post anterior, decir que ese dato del 30 % coincide con la información de la Agencia tributaria que publicaba, entre otros, El País de 11 de enero 2006 con el titular de: Los hombres declaran a Hacienda un salario medio un 30% superior al de las mujeres, y un subtitular que decía: El sueldo medio anual de los madrileños es un 70 % más alto que el de los extremeños. Si esto es así y todo apunta en esa dirección, hay que decir que ese dato no es ni más ni menos que el resultado de dividir las rentas salariales declaradas por los hombres entre el número de ellos y compararlo con las renta salarial media declarada por las mujeres. Otro tanto sucede con la comparación entre el sueldo medio de los extremeños y el de los madrileños.

Que un dato tan tosco como ese, que no tiene en cuenta, ni categorías profesionales, ni antigüedad, ni duración de la jornada laboral, ni sectores productivos, etc. se presente como medida de la discriminación salarial de las mujeres, no puedo entenderlo más que como fruto de un alineamiento completamente acrítico con las tesis del feminismo de género dispuesto, una vez abandonada cualquier idea de igualdad, a sostener el privilegio a costa de lo que sea, la estadística, las garantías jurídicas, la desigualdad penal, etc. De hecho aún cuando la brecha salarial entre extremeños y madrileños es superior a la que separa a hombres y mujeres, sólo en este último caso se analiza como discriminatoria. El por qué se me escapa, en cualquier caso, supone una doble vara de medir que algo debe indicar.

Para los que dan como bueno un dato como ése les formularía dos preguntas, la primera y más evidente sería, si no urge más resolver la discriminación de los extremeños por ser mayor, pues en su caso la brecha es del 70 %, o bien, si lo justo no sería que cobrase lo mismo quien trabaja 6 horas que quien lo hace 8, incluso yendo más lejos preguntar por qué, cada uno de nosotros, no puede reclamar el sueldo de un director general de multinacional, en aras de la igualdad y no discriminación, pues para todos los casos, la falta de criterio sería la misma.

No es de recibo que en nombre de una pretendida igualdad de género, nos carguemos las garantías jurídicas para el varón, la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, se invierta la carga de la prueba, nos carguemos incluso, las reglas de la estadística y creo que algo más que de la estadística y encima se pretenda que los hombres nos estemos callados contemplando como se nos hace responsables de todo cuanto de malo sucede en esta sociedad. Haría falta estar muy ciego para no ver en todo ello un atropello. Lo que no descarto es que en nuestro país haya muchos ciegos.