Tenemos un Gobierno paritario, tenemos un Ministerio de Igualdad, nuestras parlamentarias están atentas a la publicidad sexista, los medios públicos (y los privados) están obligados a proteger a todos, las campañas contra el sexismo se multiplican y, sin embargo, la publicidad institucional golpea y discrimina a los varones de una forma que empieza a ser muy preocupante. Si hace poco era un anuncio de la Dirección General de Tráfico en el que un padre maltrataba a su hijo por no ponerle el cinturón de seguridad (y recibía el merecido reproche de la madre), ahora una campaña contra las drogras vuelve a aparecer encarnada en un hombre que no sólo se hace daño a sí mismo sino a todos los que le rodean: su madre, su esposa, sus hijos... porque con su acción está “maltratando” a todos.
Que yo sepa no existe ninguna réplica en femenino y eso que esta misma semana la prensa publicaba un estudio médico según el cual el 8% de las madres habían tomado cocaína durante el embarazo y esa era la explicación para muchos casos de prematuros, bajo peso, síndrome de abstinencia...
¿Consistirá en esto la igualdad de género?
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
21 marzo, 2009
19 marzo, 2009
Padres en apuros
Esta colaboración en La Voz de Galicia vuelve a cuestionar el marco legal que nos estamos dando para regular las relaciones padres-hijos, y los problemas que cada día con mayor frecuencia y gravedad se están produciendo como consecuencia de la desconexión existente entre el legislador y la realidad social
Interesante me parece la campaña en favor de igualar los permisos de maternidad y paternidad
Interesante me parece la campaña en favor de igualar los permisos de maternidad y paternidad
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educación,
paternidad,
permisos
16 marzo, 2009
Crisis económica
Paul Krugman califica la situación económica de nuestro país como aterradora
http://www.publico.es/dinero/210107/dinero
y el presidente del Gobierno en un llamamiento a todos habla ahora de una economía basada en la innovación y el conocimiento
http://www.publico.es/dinero/210065/zapatero/aboga/volver/politica/salir/crisis
Si lo de Paul Krugman es recordarle a Zapatero no sólo que se ha equivocado, sino que su error está siendo de dimensiones cósmicas, la apelación a todos, por parte de Zapatero, en el sentido de apostar por una economía basada en la innovación y el conocimiento, choca frontalmente con su negativa a reconocer el enorme socavón en que cada día más se hunde nuestro sistema educativo incluido el universitario, o que ésta era ya su apuesta cuando ganó sus primeras elecciones y, hasta el presente, no sólo no ha hecho nada, sino que hemos asistido al permanente declinar del mismo sin que, desde su Gobierno, ni tan siquiera se hayan dignado reconocer que esa es la verdadera situación.
Mucho me temo que de nuevo se trate de un eslogan para dar la sensación de que se va a hacer algo, porque no veo cómo quien ha hecho una apuesta tan rotunda por el género pueda ahora dar ahora marcha atrás y apostar por algo diferente.
Que Andalucía, su comunidad estrella, con el índice de comprensión lectora más bajo de Europa, en lugar de centrarse en buscar fórmulas para superar ese gravísimo problema, se haya centrado en legislar para prohibir la enseñanza diferenciada, indica bien a las claras cuáles son sus prioridades y dónde tienen fijado el interés sus autoridades educativas y su gobierno.
http://www.publico.es/dinero/210107/dinero
y el presidente del Gobierno en un llamamiento a todos habla ahora de una economía basada en la innovación y el conocimiento
http://www.publico.es/dinero/210065/zapatero/aboga/volver/politica/salir/crisis
Si lo de Paul Krugman es recordarle a Zapatero no sólo que se ha equivocado, sino que su error está siendo de dimensiones cósmicas, la apelación a todos, por parte de Zapatero, en el sentido de apostar por una economía basada en la innovación y el conocimiento, choca frontalmente con su negativa a reconocer el enorme socavón en que cada día más se hunde nuestro sistema educativo incluido el universitario, o que ésta era ya su apuesta cuando ganó sus primeras elecciones y, hasta el presente, no sólo no ha hecho nada, sino que hemos asistido al permanente declinar del mismo sin que, desde su Gobierno, ni tan siquiera se hayan dignado reconocer que esa es la verdadera situación.
Mucho me temo que de nuevo se trate de un eslogan para dar la sensación de que se va a hacer algo, porque no veo cómo quien ha hecho una apuesta tan rotunda por el género pueda ahora dar ahora marcha atrás y apostar por algo diferente.
Que Andalucía, su comunidad estrella, con el índice de comprensión lectora más bajo de Europa, en lugar de centrarse en buscar fórmulas para superar ese gravísimo problema, se haya centrado en legislar para prohibir la enseñanza diferenciada, indica bien a las claras cuáles son sus prioridades y dónde tienen fijado el interés sus autoridades educativas y su gobierno.
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crisis económica
12 marzo, 2009
Sobre feminismo II
Desde mi modesta posición de ciudadano sin más título para opinar de estas cosas que la curiosidad de entender lo que sucede a mi alrededor, tengo la percepción de que, en los temas de calado, la sociedad no transige que quien denuncia una determinada actitud, sea éste un colectivo o un ciudadano particular, no se guarde de caer él mismo en la falta que pretende denunciar, por que entonces su pérdida de credibilidad es total.
Pero, por qué esto mismo no sucede con el feminismo. Por qué la sociedad no le recuerda que no se puede pedir equilibrio de profesores y profesoras en la Universidad, cuando quienes realizan tal petición se olvidan del desequilibrio de signo contrario existente en las enseñanzas: primaria, secundaria y bachillerato sin que se observe ningún intento por su parte de abordar tal situación; que no se puede tachar de discriminatoria una Universidad o carrera con más alumnos que alumnas pero que cuando la situación se trastoca haya que interpretarlo como el discurrir natural de las cosas.
Que cuando más patente es la presencia del lobby femenino en todos los ámbitos de la sociedad, cuando el pacto de apoyo y no agresión entre las mujeres que están en la política, y no sólo en la política, es más claro, que cuando la administración se va llenando de organismos por y para las mujeres: institutos, consejerías, concejalías, cátedras universitarias, organismos e instituciones múltiples y variadas, dedicadas en exclusiva a velar por sus intereses, se tenga la desfachatez de acusar a los hombres con las únicas pruebas de “variados e invisibles filtros...” y “techos de cristal” que no se ven, de urdir no sé que tramas para impedir a las mujeres el acceso a la política, a los puestos de responsabilidad en las empresas, en el deporte...
Que al tiempo que se exige la presencia paritaria en aquellos ámbitos donde se consideran subrepresentadas, se reservan el derecho a construir cada día nuevos espacios no mixtos de exclusiva presencia femenina: organizaciones de mujeres, revistas femeninas, hoteles o gimnasios, comercios o espacios de recreo para su uso exclusivo... y a poder ser gozando de financiación pública como sucede en buen número de casos. Que cuando de la enfermedad se trata se anteponga el criterio de género a cualquier otro y se privilegien determinadas líneas de investigación y no otras. Lo mismo que cuando se trata de la justicia que se olvida de la común humanidad para hacerse de género.
Que cuando interesa se nos hace iguales, incluso intercambiables, por ejemplo para ocupar puestos de responsabilidad en la política o la economía, pero cuando conviene se nos pinta como el macho incapaz de atender a sus hijos, o ese ser rudo y primitivo que tan válido es para trabajar en la construcción, en los barcos de altamar o el transporte internacional, pero nada más, porque aquí el manejo del foco de la visibilidad-invisibilidad se realiza con gran maestría y estos seres no precisan de conciliación de vida familiar y laboral, y están ahí porque la naturaleza los hizo más fuertes. (Tiene su áquel que el género considere que los sexos son construcciones sociales y que nacemos iguales, pero luego interprete que sean los hombres quienes hayan de realizar determinados tareas porque son más fuertes)
Y por continuar viendo a dónde apunta el foco, nunca os preguntásteis por qué habiendo sido dos los tránsfugas del PSOE, Tamayo y Sáez, el primero varón y la segunda mujer, al final el título que queda para ese comportamiento es el de “tamayazo”, o qué pasa con las mujeres implicadas en la operación malaya, o por qué, a pesar de la evidencia de que las niñas acosan en la escuela tanto como los niños, se producen tantos intentos de limitar ese comportamiento a los chicos. ¿Se acabará imponiendo también en este terreno la idea del varón como único ser violento? Al menos esa parece la pretensión. No os preguntásteis alguna vez qué ha sido de las sentencias sobre algunos crímenes cometidos por mujeres que conocimos cuando se produjeron pero a los que perdimos de vista después. Será verdad lo que dice Elisabeth Badinter, que a la justicia con las mujeres le sucede un poco lo que con los niños, que le resulta difícil verlos como seres violentos.
En fin, hay un término: ambivalencia, que el diccionario de la R.A.E en una de sus acepciones define como: Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas, al que seguramente necesitemos recurrir muchas veces para buscar explicación a algunas de estas cosas, como será necesario recordar muchas veces que el género, como pensamiento ligado al sexo, es un ideología incapaz de plantear las cosas en términos de “lo que afecta a todos y todas” y una sociedad no se sostiene indefinidamente si alguien no asume ese papel y simplemente cada uno nos dedicamos a defender nuestra parcela, sea ésta la clase social o el género. Además de un gran debilidad de pensamiento supone un gran riesgo. No deberían llevarnos a engaño, Arquimedes o Platón no son equiparables a cualquier feminista radical, ni su pensamiento hay que leerlo en clave de género porque, en lo que nos legaron, fueron seres humanos capaces de trascender a su sexo.
Pero, por qué esto mismo no sucede con el feminismo. Por qué la sociedad no le recuerda que no se puede pedir equilibrio de profesores y profesoras en la Universidad, cuando quienes realizan tal petición se olvidan del desequilibrio de signo contrario existente en las enseñanzas: primaria, secundaria y bachillerato sin que se observe ningún intento por su parte de abordar tal situación; que no se puede tachar de discriminatoria una Universidad o carrera con más alumnos que alumnas pero que cuando la situación se trastoca haya que interpretarlo como el discurrir natural de las cosas.
Que cuando más patente es la presencia del lobby femenino en todos los ámbitos de la sociedad, cuando el pacto de apoyo y no agresión entre las mujeres que están en la política, y no sólo en la política, es más claro, que cuando la administración se va llenando de organismos por y para las mujeres: institutos, consejerías, concejalías, cátedras universitarias, organismos e instituciones múltiples y variadas, dedicadas en exclusiva a velar por sus intereses, se tenga la desfachatez de acusar a los hombres con las únicas pruebas de “variados e invisibles filtros...” y “techos de cristal” que no se ven, de urdir no sé que tramas para impedir a las mujeres el acceso a la política, a los puestos de responsabilidad en las empresas, en el deporte...
Que al tiempo que se exige la presencia paritaria en aquellos ámbitos donde se consideran subrepresentadas, se reservan el derecho a construir cada día nuevos espacios no mixtos de exclusiva presencia femenina: organizaciones de mujeres, revistas femeninas, hoteles o gimnasios, comercios o espacios de recreo para su uso exclusivo... y a poder ser gozando de financiación pública como sucede en buen número de casos. Que cuando de la enfermedad se trata se anteponga el criterio de género a cualquier otro y se privilegien determinadas líneas de investigación y no otras. Lo mismo que cuando se trata de la justicia que se olvida de la común humanidad para hacerse de género.
Que cuando interesa se nos hace iguales, incluso intercambiables, por ejemplo para ocupar puestos de responsabilidad en la política o la economía, pero cuando conviene se nos pinta como el macho incapaz de atender a sus hijos, o ese ser rudo y primitivo que tan válido es para trabajar en la construcción, en los barcos de altamar o el transporte internacional, pero nada más, porque aquí el manejo del foco de la visibilidad-invisibilidad se realiza con gran maestría y estos seres no precisan de conciliación de vida familiar y laboral, y están ahí porque la naturaleza los hizo más fuertes. (Tiene su áquel que el género considere que los sexos son construcciones sociales y que nacemos iguales, pero luego interprete que sean los hombres quienes hayan de realizar determinados tareas porque son más fuertes)
Y por continuar viendo a dónde apunta el foco, nunca os preguntásteis por qué habiendo sido dos los tránsfugas del PSOE, Tamayo y Sáez, el primero varón y la segunda mujer, al final el título que queda para ese comportamiento es el de “tamayazo”, o qué pasa con las mujeres implicadas en la operación malaya, o por qué, a pesar de la evidencia de que las niñas acosan en la escuela tanto como los niños, se producen tantos intentos de limitar ese comportamiento a los chicos. ¿Se acabará imponiendo también en este terreno la idea del varón como único ser violento? Al menos esa parece la pretensión. No os preguntásteis alguna vez qué ha sido de las sentencias sobre algunos crímenes cometidos por mujeres que conocimos cuando se produjeron pero a los que perdimos de vista después. Será verdad lo que dice Elisabeth Badinter, que a la justicia con las mujeres le sucede un poco lo que con los niños, que le resulta difícil verlos como seres violentos.
En fin, hay un término: ambivalencia, que el diccionario de la R.A.E en una de sus acepciones define como: Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas, al que seguramente necesitemos recurrir muchas veces para buscar explicación a algunas de estas cosas, como será necesario recordar muchas veces que el género, como pensamiento ligado al sexo, es un ideología incapaz de plantear las cosas en términos de “lo que afecta a todos y todas” y una sociedad no se sostiene indefinidamente si alguien no asume ese papel y simplemente cada uno nos dedicamos a defender nuestra parcela, sea ésta la clase social o el género. Además de un gran debilidad de pensamiento supone un gran riesgo. No deberían llevarnos a engaño, Arquimedes o Platón no son equiparables a cualquier feminista radical, ni su pensamiento hay que leerlo en clave de género porque, en lo que nos legaron, fueron seres humanos capaces de trascender a su sexo.
07 marzo, 2009
Sobre feminismo
Que el movimiento feminista no siguió, ni sigue, las pautas de otros movimientos sociales y políticos coetáneos, parece una evidencia. Con sus ya casi dos siglos de existencia nació a iniciativa casi paritaria de algunos hombres y mujeres ilustrados con la justa reivindicación de la igualdad jurídica de hombres y mujeres, para ir descubriendo que este planteamiento inicial precisaba ir acompañado de otros en el terreno educativo, laboral y familiar que le diesen soporte, por lo que no dudó en buscar apoyo en la solidaridad masculina y los movimientos sociales y políticos de los siglos pasados, particularmente de las organizaciones del mundo obrero y de los partidos políticos progresistas, y en el objetivo de lograr la igualdad en los terrenos : educativo, laboral y familiar.
Ha tenido que ser a partir de la segunda mitad del siglo pasado y más particularmente en el último tercio, que gracias al descubrimiento de la píldora anticonceptiva y la generalización del aborto en buen número de países unido a la terciarización que ha sufrido la economía en ese tiempo, -pues es en el sector terciario donde con mucha diferencia las mujeres más se emplean- que pareció se habían alcanzado las condiciones objetivas para la igualdad de sexos, ya que las mujeres –y me refiero en exclusiva a los países desarrollados- gracias al control de la natalidad y la independencia económica, fruto de la incorporación masiva al mercado de trabajo, unido a su plena integración en el sistema educativo, gozaban de iguales condiciones que los hombres para avanzar en esa igualdad buscada a lo largo de casi dos siglos.
Pero hete aquí que justamente por esas épocas el feminismo en un giro copernicano olvida toda su historia pasada y sitúa el origen de la desigualdad no donde la había situado a lo largo de 150 años sino en el terreno de la sexualidad, para pasar a declarar “el hombre enemigo a batir” desplazando el objeto de las políticas feministas hacia el territorio de la violencia y reformulando la igualdad en unos términos que van camino de propugnar para el varón las mismas desigualdades que ellas padecieron, la jurídica primero y la social después, al tiempo que se desanda también todo lo andado en los siglos precedentes. Tanto es así que sin solución de continuidad se ha pasado de la obligatoriedad de los espacios mixtos al feminismo cosa de mujeres, de la Administración como instancia neutral, a exigir y disfrutar de forma exclusiva de una parte de la misma y un largo etcétera de donde dije digo quise decir Diego.
Al tiempo se formula una nueva visión de los sexos: la perspectiva de género, en la que además de declarar al varón el agente causante de todos los males padecidos por la humanidad desde sus comienzos, se plantea, sin recato de faltar a la verdad cuando haga falta, una seudoigualdad en la que cualquier criterio de reciprocidad o simetría quedan descartados de plano, porque lo que fundamenta tal visión señala como origen de todas las diferencias la existencia de dos clases, la de los hombres y la de las mujeres, donde los primeros ocupan la posición de clase dominante y las segundas la de clase explotada y oprimida y, donde los primeros no dudan en recurrir a la violencia para mantener su dominio, lo que exige cambiar al hombre. Y en esas estamos.
Pero el movimiento feminista tiene otros rasgos característicos y diferenciadores de los de que rigen para cualquier otro movimiento social o político y el primero y más característico sería el de haber declarado tabú los temas de su ideario político, temas sobre los que solo se podrían pronunciar con verdadero conocimiento de causa y garantía de no contaminación ellas mismas, y donde regirían unas reglas lógicas, estadísticas, éticas y políticas especiales que harían claramente prescindibles: el rigor intelectual, la voluntad y el deseo de evitar el sesgo de género y, en general, la honestidad o el deseo de verdad.
Y así este territorio está poblado por conquistas intelectuales tan logradas como que lo que fundamenta la democracia paritaria sería en palabras de Rosa Cobo “...(1) los variados e invisibles filtros que expulsan a las mujeres de los espacios en los que existen poder y recursos: de la política a la empresa, de la cultura a la familia, del partido o sindicato a la ONG…”, o la increíble proeza de los estudios que demuestran la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres sin que, ni económica, ni jurídicamente sea posible detectar tal realidad, pasando por el famoso techo de cristal o esos estudios sobre violencia doméstica y acoso laboral y sexual que como premisa de partida establecen que tales violencias sólo pueden ser ejercidas por los varones...
Pero podríamos continuar por el territorio del lenguaje donde después de imponer contra el criterio de la R.A.E el término “violencia de género”, ahora resulta que parecen preferir “violencia machista”, o donde resulta sexista decir “la juez” pero no “el periodista” o “el siquiatra”, donde se denuncia invisibilidad cuando interesa pero se juega a ella cuando conviene, -o es que se ha visto alguna vez protestar a una feminista porque a las criminales femeninas no se les llame criminalas, o por el uso extensivo de la palabra hombre para referirse al género humano en expresiones como ésta en las que, hablando del medio marino, alguien dice “existe un depredador mayor que el tiburón, el hombre”-.Y podríamos continuar por ese uso curioso del lenguaje según el cual “sexismo” y “sexista” se identifica como “contra las mujeres” donde el término “estereotipo” sólo tendría significación aplicado a ellas, y donde el término “género” se usa y significa lo que se desea en cada momento.
Por cierto, a pesar de esa mitología de las duras luchas femeninas en éste y otros temas, todos estos cambios se están imponiendo en la lengua sin que por ningún lado se atisbe esa reacción patriarcal que cabría esperar de suceder las cosas como dicen los textos feministas. Lo que daría para otras tantas entradas sería analizar por qué, habiendo fracasado todas las tentativas de un partido feminista, el resto de los partidos han decidido ponerse a su servicio, o por qué la “intelectualidad” masculina ha decidido aceptar esa visión antropológica del varón como “depredador” del género femenino o por qué, sin mayores explicaciones, se acepta que el feminismo aplique una doble vara de medir según la cual la mujer resulta víctima sin responsabilidad y el hombre verdugo sin remisión. Más enjundia si cabe tiene, el que una visión parcial y sectorializada del mundo como la que respresenta el género, una visión segregacionista y excluyente de la mitad de la población, haya llegado a convertirse en materia cultural y política indiscutibles.
En mi opinión el feminismo no busca la igualdad sino que pretende la demostración de que lo hecho por le hombre a la largo de la historia, desde las conquistas sociales a las culturales, desde Aristóteles a Mozart, desde la ciencia a la técnica, ha sido gracias al sometimiento de la mujer, y para ello se han propuesto darle la vuelta a la tortilla cambiando los términos de esa relación, porque como de nuevo dice Rosa Cobo en el mismo artículo “La paridad es uno de esos hechos políticos que señalan si un partido está en la senda de la modernidad y el progreso o si, por el contrario, elige dar la espalda a las mujeres en su forma de organizar las relaciones sociales y de entender la democracia</span>.” Es en ese contexto que cabe entender la frase de Francois Singly en el sentido de que la ciencia, la política o la informática no sean conquistas del género humano, que por tanto interesaría a todos cultivar, sino espacios donde el hombre se refugia para seguir ejerciendo su supremacía.
Ha tenido que ser a partir de la segunda mitad del siglo pasado y más particularmente en el último tercio, que gracias al descubrimiento de la píldora anticonceptiva y la generalización del aborto en buen número de países unido a la terciarización que ha sufrido la economía en ese tiempo, -pues es en el sector terciario donde con mucha diferencia las mujeres más se emplean- que pareció se habían alcanzado las condiciones objetivas para la igualdad de sexos, ya que las mujeres –y me refiero en exclusiva a los países desarrollados- gracias al control de la natalidad y la independencia económica, fruto de la incorporación masiva al mercado de trabajo, unido a su plena integración en el sistema educativo, gozaban de iguales condiciones que los hombres para avanzar en esa igualdad buscada a lo largo de casi dos siglos.
Pero hete aquí que justamente por esas épocas el feminismo en un giro copernicano olvida toda su historia pasada y sitúa el origen de la desigualdad no donde la había situado a lo largo de 150 años sino en el terreno de la sexualidad, para pasar a declarar “el hombre enemigo a batir” desplazando el objeto de las políticas feministas hacia el territorio de la violencia y reformulando la igualdad en unos términos que van camino de propugnar para el varón las mismas desigualdades que ellas padecieron, la jurídica primero y la social después, al tiempo que se desanda también todo lo andado en los siglos precedentes. Tanto es así que sin solución de continuidad se ha pasado de la obligatoriedad de los espacios mixtos al feminismo cosa de mujeres, de la Administración como instancia neutral, a exigir y disfrutar de forma exclusiva de una parte de la misma y un largo etcétera de donde dije digo quise decir Diego.
Al tiempo se formula una nueva visión de los sexos: la perspectiva de género, en la que además de declarar al varón el agente causante de todos los males padecidos por la humanidad desde sus comienzos, se plantea, sin recato de faltar a la verdad cuando haga falta, una seudoigualdad en la que cualquier criterio de reciprocidad o simetría quedan descartados de plano, porque lo que fundamenta tal visión señala como origen de todas las diferencias la existencia de dos clases, la de los hombres y la de las mujeres, donde los primeros ocupan la posición de clase dominante y las segundas la de clase explotada y oprimida y, donde los primeros no dudan en recurrir a la violencia para mantener su dominio, lo que exige cambiar al hombre. Y en esas estamos.
Pero el movimiento feminista tiene otros rasgos característicos y diferenciadores de los de que rigen para cualquier otro movimiento social o político y el primero y más característico sería el de haber declarado tabú los temas de su ideario político, temas sobre los que solo se podrían pronunciar con verdadero conocimiento de causa y garantía de no contaminación ellas mismas, y donde regirían unas reglas lógicas, estadísticas, éticas y políticas especiales que harían claramente prescindibles: el rigor intelectual, la voluntad y el deseo de evitar el sesgo de género y, en general, la honestidad o el deseo de verdad.
Y así este territorio está poblado por conquistas intelectuales tan logradas como que lo que fundamenta la democracia paritaria sería en palabras de Rosa Cobo “...(1) los variados e invisibles filtros que expulsan a las mujeres de los espacios en los que existen poder y recursos: de la política a la empresa, de la cultura a la familia, del partido o sindicato a la ONG…”, o la increíble proeza de los estudios que demuestran la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres sin que, ni económica, ni jurídicamente sea posible detectar tal realidad, pasando por el famoso techo de cristal o esos estudios sobre violencia doméstica y acoso laboral y sexual que como premisa de partida establecen que tales violencias sólo pueden ser ejercidas por los varones...
Pero podríamos continuar por el territorio del lenguaje donde después de imponer contra el criterio de la R.A.E el término “violencia de género”, ahora resulta que parecen preferir “violencia machista”, o donde resulta sexista decir “la juez” pero no “el periodista” o “el siquiatra”, donde se denuncia invisibilidad cuando interesa pero se juega a ella cuando conviene, -o es que se ha visto alguna vez protestar a una feminista porque a las criminales femeninas no se les llame criminalas, o por el uso extensivo de la palabra hombre para referirse al género humano en expresiones como ésta en las que, hablando del medio marino, alguien dice “existe un depredador mayor que el tiburón, el hombre”-.Y podríamos continuar por ese uso curioso del lenguaje según el cual “sexismo” y “sexista” se identifica como “contra las mujeres” donde el término “estereotipo” sólo tendría significación aplicado a ellas, y donde el término “género” se usa y significa lo que se desea en cada momento.
Por cierto, a pesar de esa mitología de las duras luchas femeninas en éste y otros temas, todos estos cambios se están imponiendo en la lengua sin que por ningún lado se atisbe esa reacción patriarcal que cabría esperar de suceder las cosas como dicen los textos feministas. Lo que daría para otras tantas entradas sería analizar por qué, habiendo fracasado todas las tentativas de un partido feminista, el resto de los partidos han decidido ponerse a su servicio, o por qué la “intelectualidad” masculina ha decidido aceptar esa visión antropológica del varón como “depredador” del género femenino o por qué, sin mayores explicaciones, se acepta que el feminismo aplique una doble vara de medir según la cual la mujer resulta víctima sin responsabilidad y el hombre verdugo sin remisión. Más enjundia si cabe tiene, el que una visión parcial y sectorializada del mundo como la que respresenta el género, una visión segregacionista y excluyente de la mitad de la población, haya llegado a convertirse en materia cultural y política indiscutibles.
En mi opinión el feminismo no busca la igualdad sino que pretende la demostración de que lo hecho por le hombre a la largo de la historia, desde las conquistas sociales a las culturales, desde Aristóteles a Mozart, desde la ciencia a la técnica, ha sido gracias al sometimiento de la mujer, y para ello se han propuesto darle la vuelta a la tortilla cambiando los términos de esa relación, porque como de nuevo dice Rosa Cobo en el mismo artículo “La paridad es uno de esos hechos políticos que señalan si un partido está en la senda de la modernidad y el progreso o si, por el contrario, elige dar la espalda a las mujeres en su forma de organizar las relaciones sociales y de entender la democracia</span>.” Es en ese contexto que cabe entender la frase de Francois Singly en el sentido de que la ciencia, la política o la informática no sean conquistas del género humano, que por tanto interesaría a todos cultivar, sino espacios donde el hombre se refugia para seguir ejerciendo su supremacía.
04 marzo, 2009
¿Qué pasa con la informática y las TIC?
Primero, en la ESO los únicos estudios existentes en relación con estas materias corresponden a una asignatura optativa de 3 horas a la semana en 4º curso lo que sin embargo, publicitariamente, no impide presentarse como una Administración que dice estar muy preocupada por la alfabetización digital y el desarrollo de la Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Segundo, a lo titulados en informática se les cierra el acceso al cuerpo de profesores con capacidad para impartir estas materias tanto en la ESO como en el Bachillerato, y así, una materia como las TIC del bachillerato, con elevado contenido técnico, está siendo impartida por los profesores de Tecnología en primer lugar y los licenciados en Matemáticas en segundo, sin que ninguno de ellos haya acreditado en ningún momento los conocimientos requeridos para su impartición.
Y ahora, con el Plan Bolonia, resulta que se priva de cometido específico a las ingenierías informáticas.
Tanta persecución es imposible que responda a la pura casualidad.
En el apartado, El concepto de dominación masculina, del libro de Elisabeth Badinter: Por mal camino, se recoge lo siguiente cita del sociólogo Francois de Singly: “se puede afirmar que la dominación masculina se ha acentuado bajo el pretexto de la “neutralización”. La derrota de los hombres machistas es una realidad engañosa. Se podría decir que la clase de los hombres ha abandonado un territorio para resistir mejor la ofensiva de la clase de las mujeres. Ellos han perdido lo que a todos y todas nos parece el territorio masculino por excelencia y han conservado el resto de los territorios en los que ejercen la supremacía”, entre los que Singly cita “las técnicas de autoafirmación, neutras, como la ciencia, la informática y la política”
Por mal camino, Elisabeth Badinter, Alianza Editorial, pag. 60
¿Tendrá algo que ver lo anterior con lo que está pasando con la regulación de la enseñanza en nuestro país? Mucho me temo que sí.
Lamentablemente la reciente reforma del bachillerato ha incidido en la supresión de contenidos científicos a favor de una asignatura de divulgación científica.
Es posible que los hombres sean el sexo dominante pero, quien dice lo que se ha de hacer en la enseñanza parece bien claro a quien sirve.
Segundo, a lo titulados en informática se les cierra el acceso al cuerpo de profesores con capacidad para impartir estas materias tanto en la ESO como en el Bachillerato, y así, una materia como las TIC del bachillerato, con elevado contenido técnico, está siendo impartida por los profesores de Tecnología en primer lugar y los licenciados en Matemáticas en segundo, sin que ninguno de ellos haya acreditado en ningún momento los conocimientos requeridos para su impartición.
Y ahora, con el Plan Bolonia, resulta que se priva de cometido específico a las ingenierías informáticas.
Tanta persecución es imposible que responda a la pura casualidad.
En el apartado, El concepto de dominación masculina, del libro de Elisabeth Badinter: Por mal camino, se recoge lo siguiente cita del sociólogo Francois de Singly: “se puede afirmar que la dominación masculina se ha acentuado bajo el pretexto de la “neutralización”. La derrota de los hombres machistas es una realidad engañosa. Se podría decir que la clase de los hombres ha abandonado un territorio para resistir mejor la ofensiva de la clase de las mujeres. Ellos han perdido lo que a todos y todas nos parece el territorio masculino por excelencia y han conservado el resto de los territorios en los que ejercen la supremacía”, entre los que Singly cita “las técnicas de autoafirmación, neutras, como la ciencia, la informática y la política”
Por mal camino, Elisabeth Badinter, Alianza Editorial, pag. 60
¿Tendrá algo que ver lo anterior con lo que está pasando con la regulación de la enseñanza en nuestro país? Mucho me temo que sí.
Lamentablemente la reciente reforma del bachillerato ha incidido en la supresión de contenidos científicos a favor de una asignatura de divulgación científica.
Es posible que los hombres sean el sexo dominante pero, quien dice lo que se ha de hacer en la enseñanza parece bien claro a quien sirve.
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educación
23 febrero, 2009
Perspectiva de género
En relación con mi último comentario en la entrada anterior, en el sentido de que la perspectiva de género va más allá y está un poco por encima de los partidos políticos, creo que se hace necesario tener presente que dicha “perspectiva” ha sido hecha suya por la ONU al asumir las conclusiones de la Conferencia de Pekín, pero también por las instituciones de la Unión europea, y de ahí para abajo por todos los partidos políticos y las instituciones de nuestro país incluyendo ayuntamientos y comunidades autónomas. Interesa aquí recordar que es una organización de las Naciones Unidas, la OMS la que se niega a reconocer el SAP o que, desde organizaciones ligadas a Naciones Unidas se están llevando adelante campañas en el Tercer Mundo que excluyen expresamente al hombre.
Como se hace necesario recordar que los Estatutos de autonomía recientemente reformados de Andalucía y Cataluña incorporan la perspectiva de género en su articulado, y que no hay reforma del Código Penal, y en nuestro país se realizan con bastante regularidad, en la que no se incorpore un delito o se agrave una pena relacionada con el género, hasta el punto de que es con el PSOE en el poder que hemos llegado al Código Penal más duro de la democracia, y también con la cárceles más llenas de Europa, sin que haya indicios de que esta dinámica absolutamente alocada vaya a detenerse en algún momento. Como cierto es, que al igual que sucediera en algún otro momento histórico hayan decidido ser más papistas que el Papa, y todo se haya desbordado y se hayan superado todas las cotas de racionalidad y ponderación para decidir ir más allá que ningún otro país en terrenos como la desigualdad jurídica de hombres y mujeres o la misma negación de la custodia compartida, y tantos otros contenidos de la Ley de Igualdad.
Aún cuando se trata de un aspecto colateral, quizá convenga recordar la historia de la modificación del famoso artículo 154 del Código Civil que permitía a los padres “corregir razonable y moderadamente a sus hijos” expresión que ha sido sustituida por: “La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica”. A lo que quizá haya poco que objetar, excepto que cuando una juez decide castigar a una madre por maltrato a su hijo, pues resulta que todos los resortes de la sociedad se ponen en pie para evitar que la norma se cumpla, y todavía más, a pesar de que la norma habla bien claro y expreso de integridad física y psicológica del menor, desde el propio Ministerio de Educación se hace una campaña publicitaria en la que ya sólo se cita el maltrato físico, con lo que resulta muy difícil entender el sentido y la lógica de algunas reformas legales si recién aprobadas sucede lo que está sucediendo con ésta. Y eso por no mencionar que con anterioridad a la misma ya se habían dictado ordenes de alejamiento contra algún padre por dar una bofetada a su hija sin que, ni antes ni ahora, nadie haya movido un músculo de su cara para reclamar que la norma se aplique con generalidad y al margen del sexo del agresor, o que, si la norma debe ser modificada lo sea para todos por igual.
Considero, por tanto, un error pensar que lo correcto es dirigir todos los ataques contra el PSOE cuando esta ideología está igualmente presente en los partidos a su izquierda, pero también en los de la derecha incluyendo los nacionalistas PNV y CIU. Rosa Díez en la pasada campaña electoral, si no recuerdo mal, prometía custodia compartida, como también quería apuntarse a este carro I.U. y algunos socialistas, lo que creo que está pasando es que la presión del lobby feminista, un lobby formado por personas de todas las tendencias y en buena medida transnacional lo está impidiendo. Con más posibilidades me parece el intento que se está haciendo en Cataluña de incorporarla a través de la reforma de su Código Civil.
Sería por tanto equivocar el objetivo pensar que la disputa es preferentemente con éste o aquél partido político y no con quien de verdad ha llevado y continua llevando esas políticas a las esferas en que hoy se mueve, haciendo que pase por igualdad el contenido de una ideología segregacionista y excluyente como la contenida en la teoría de género. Políticos y partidos de todas las tendencias llevan contribuyendo desde hace muchos años a ese objetivo de incorporar la perspectiva de género a nuestra legislación y como filosofía de Estado. Muchas veces sin mayor reflexión que sentirse en la obligación de seguir los pasos dictados por la U.E. o la ONU y en muchos casos para sorpresa de algunos de sus propios militantes. Sería interesante poder ponderar el peso que ha tenido esa decisión de la ONU en nuestra clase política y su influencia en su decisión de legislar sobre estos temas. De lo que no hay duda es de lo fácil que el feminismo de género lo ha tenido para posteriormente llevar las cosas a dónde ellas querían.
Recuerdo ahora mismo que cuando Ignasi Guardans de CIU se enteró en la tertulia de la SER de que se estaba elaborando una ley que proponía la “paridad por ley” manifestó su profunda extrañeza de que algo así fuera posible, más adelante pudimos comprobar que en este punto no hubo discrepancias en la Cámara de representantes. O el hecho cien veces recordado de la intención de López Aguilar de incorporar la custodia compartida en la reforma de la Ley de Divorcio, o los balbuceos de tantos y tantos políticos y partidos que con la boca pequeña dicen querer tal cosa sin que llegue a materializarse nunca porque quienes de verdad ostentan “el poder” para decidirlo dijeron en su momento que defender la custodia compartida era situarse del lado de los maltratadores.
Una dificultad para los que no compartimos tal ideología, que me supongo observaréis lo mismo que yo, está en que podemos desde aquí reclamar todos los debates y aclaraciones que queramos, y que puede ser cierto que todos los partidos políticos practiquen dicha política, que también lo es que nadie parece querer asumir el papel de explicarla y, quienes de verdad podrían no parecen tener mucho interés en hacerlo aún cuando luego no paren de quejarse de la invisibilidad a que las condena el patriarcado. Es así que en los últimos años se han llevado a cabo las reformas legislativas más importante en muchos decenios sin que la ciudadanía de a pie y mucho me temo que no sólo ésta, hayamos podido decir ni pío y sin que se haya medido el alcance que, a medio y largo plazo, tales medidas puedan tener sobre aspectos fundamentales de nuestra sociedad y desde luego sobre la igualdad.
Recientemente pedía Leire Pajín en un programa de televisión que por favor no se hiciese ninguna gracieta con la paridad pues como ella misma dijo: “nos ha costado mucho conseguirla”. Echo la mirada atrás y trato de recordar ese enorme esfuerzo y no soy capaz de ver en dónde estuvo tal cosa, pues el grueso de la legislación de género se aprobó en la pasada legislatura sin apenas oposición ni dentro ni fuera de la Cámara y sin que nadie explicase a que venía tanto cambio. Trato de recordar artículos en la prensa que hablasen de la “democracia paritaria” y recuerdo uno posterior a que la paridad hubiese sido aprobada y con la intención más que de explicar las ventajas de tal norma con el ánimo exclusivo de atribuir su paternidad (quizá debiera decir maternidad) al feminismo de género. Resulta por tanto un poco sarcástico hablar de invisibilidad si cuando toca explicar y debatir tantas cosas se opta por el silencio o peor por tirar la piedra y esconder la mano.
En mi opinión la tarea fundamental para quienes no estamos de acuerdo con la agenda de género es demostrar lo que de discriminatorio y sexista, cuando no la misandria, que tal ideología comporta, y como no va a ser desde la exclusión de los hombres y lo masculino como se vaya a conseguir una sociedad mejor. Así como lo que de totalitario y absurdo hay en una ideología que sostiene ideas como ésta de Sulamith Firestone: “A diferencia del primer movimiento feminista, el nuevo movimiento feminista no tiene por objeto simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos yo no importarán culturalmente”. Aunque lo que se sostiene sobre el papel, en la práctica queda en papel mojado y ni una sola vez este feminismo se ha levantado para denunciar por discriminatoria la obligatoriedad de servicio militar sólo para hombres o, la consideración en la ley penal de que el mismo maltrato de hombre a mujer que de mujer a hombre suponga un mayor “desvalor” para el primero que para la segunda, y sin que, por tanto, nos quepa entender entonces que pueda significar eso de que: “las diferencias genitales no importarán culturalmente”.
Más bien al contrario de tales desigualdades son sus principales impulsoras, lo que por otro lado no es más que una prueba a mayores de que ni la honestidad intelectual ni la coherencia con los propios postulados parezca ser una norma de este feminismo. De hecho y a pesar de haber proclamado la derrota de la ideología patriarcal y cuando el peso de lo masculino y los hombres en la educación de los niños ha alcanzado cotas mínimas, este feminismo no tiene empacho en seguir descargándose de cualquier responsabilidad ante el comportamiento de los jóvenes que de creer su propio diagnóstico es igual de machista que siempre. En este sentido la ficción de los géneros las exime de mejores explicaciones.
En mi opinión lo que hace fuerte a este feminismo no es ni la virtualidad de su
pensamiento para explicar el mundo, ni la justeza de sus propuestas en el sentido de la igualdad, sino el importante peso político de las organizaciones que lo sustentan y la abismal diferencia entre las conciencias de género existentes entre hombres y mujeres, lo que en el contexto actual de postmodernidad la ha convertido en la corriente ideológica y de poder más importante de nuestro tiempo gozando por parte de muchos de una amable consideración que poco se corresponde con la dureza y la contundencia con la que desde esa ideología se habla del hombre y lo masculino, a quien se considera “el enemigo a batir”.
Cientos fueron las vueltas que se dieron y se siguen dando para negar que niños y niñas reaccionan diferente desde el primer momento de su vida y que los seres humanos por dentro no venimos a este mundo desnudos sino con una importante carga genética que sin determinarnos completamente supondrá importantes diferentes en el comportamiento de niños y niñas primero, chicos y chicas más tarde, y aún más adelante entre mujeres y hombres. Es increíble que no se haya hecho una evaluación pública –lo cual viene siendo la regla en relación con estas políticas- del fracaso de las campañas que desde hace cuarenta años se vienen llevando a cabo periódicamente a favor de los juguetes asexuados como elemento de igualdad, aunque también es cierto que cada vez son menos, y el entusiasmo que despiertan mucho menor, pero sin que haya sido asumido lo que de negación de la ideología de género supone.
Como digno de análisis es el sarpullido que provoca en este pensamiento cualquier noticia que tenga que ver con la constatación de la diferencia biológica de los sexos, como si en lugar de fruto de una investigación científica rigurosa proviniese de alguna mente aviesa dispuesta a echar por tierra caprichosamente sus postulados “culturalistas”. Así ha sucedido en el momento en que se descubrió que el cromosoma Y no era un residuo degenerado llamado a desaparecer, como desde este feminismo se venía sosteniendo, sino que la información que portaba era mucho más significativa de lo que se nos pretendía hacer creer. Lo cierto es que uno tiene la sensación de que en relación con los sexos, cualquier afirmación feminista por inconsistente que sea parece tener mayor valor que cualquier estudio científico serio que base sus conclusiones en la biología humana.
En fin, tengo la sensación de que después de lo de más arriba algunos pensaréis que no he puesto la tarea precisamente fácil, pero creo que es preferible eso a que alguien pueda pensar que hay un sustituto a mano para cambiar el rumbo de las políticas que en este terreno se están haciendo. Lamentablemente no es así, pero quizá convenga decir también que, un poco por todos lados, el malestar y el desagrado que algunas de estas políticas están provocando lo que está consiguiendo es que, cada día más gente, entienda que no es igualdad todo lo que reluce y que si en algún momento alguien creyó que la postura del feminismo en este terreno era de sincero deseo de avanzar en la dirección de la igualdad, hoy se trata de una mera ficción por lo que lo que ahora se impone es un profundo cambio de rumbo.
Como se hace necesario recordar que los Estatutos de autonomía recientemente reformados de Andalucía y Cataluña incorporan la perspectiva de género en su articulado, y que no hay reforma del Código Penal, y en nuestro país se realizan con bastante regularidad, en la que no se incorpore un delito o se agrave una pena relacionada con el género, hasta el punto de que es con el PSOE en el poder que hemos llegado al Código Penal más duro de la democracia, y también con la cárceles más llenas de Europa, sin que haya indicios de que esta dinámica absolutamente alocada vaya a detenerse en algún momento. Como cierto es, que al igual que sucediera en algún otro momento histórico hayan decidido ser más papistas que el Papa, y todo se haya desbordado y se hayan superado todas las cotas de racionalidad y ponderación para decidir ir más allá que ningún otro país en terrenos como la desigualdad jurídica de hombres y mujeres o la misma negación de la custodia compartida, y tantos otros contenidos de la Ley de Igualdad.
Aún cuando se trata de un aspecto colateral, quizá convenga recordar la historia de la modificación del famoso artículo 154 del Código Civil que permitía a los padres “corregir razonable y moderadamente a sus hijos” expresión que ha sido sustituida por: “La patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica”. A lo que quizá haya poco que objetar, excepto que cuando una juez decide castigar a una madre por maltrato a su hijo, pues resulta que todos los resortes de la sociedad se ponen en pie para evitar que la norma se cumpla, y todavía más, a pesar de que la norma habla bien claro y expreso de integridad física y psicológica del menor, desde el propio Ministerio de Educación se hace una campaña publicitaria en la que ya sólo se cita el maltrato físico, con lo que resulta muy difícil entender el sentido y la lógica de algunas reformas legales si recién aprobadas sucede lo que está sucediendo con ésta. Y eso por no mencionar que con anterioridad a la misma ya se habían dictado ordenes de alejamiento contra algún padre por dar una bofetada a su hija sin que, ni antes ni ahora, nadie haya movido un músculo de su cara para reclamar que la norma se aplique con generalidad y al margen del sexo del agresor, o que, si la norma debe ser modificada lo sea para todos por igual.
Considero, por tanto, un error pensar que lo correcto es dirigir todos los ataques contra el PSOE cuando esta ideología está igualmente presente en los partidos a su izquierda, pero también en los de la derecha incluyendo los nacionalistas PNV y CIU. Rosa Díez en la pasada campaña electoral, si no recuerdo mal, prometía custodia compartida, como también quería apuntarse a este carro I.U. y algunos socialistas, lo que creo que está pasando es que la presión del lobby feminista, un lobby formado por personas de todas las tendencias y en buena medida transnacional lo está impidiendo. Con más posibilidades me parece el intento que se está haciendo en Cataluña de incorporarla a través de la reforma de su Código Civil.
Sería por tanto equivocar el objetivo pensar que la disputa es preferentemente con éste o aquél partido político y no con quien de verdad ha llevado y continua llevando esas políticas a las esferas en que hoy se mueve, haciendo que pase por igualdad el contenido de una ideología segregacionista y excluyente como la contenida en la teoría de género. Políticos y partidos de todas las tendencias llevan contribuyendo desde hace muchos años a ese objetivo de incorporar la perspectiva de género a nuestra legislación y como filosofía de Estado. Muchas veces sin mayor reflexión que sentirse en la obligación de seguir los pasos dictados por la U.E. o la ONU y en muchos casos para sorpresa de algunos de sus propios militantes. Sería interesante poder ponderar el peso que ha tenido esa decisión de la ONU en nuestra clase política y su influencia en su decisión de legislar sobre estos temas. De lo que no hay duda es de lo fácil que el feminismo de género lo ha tenido para posteriormente llevar las cosas a dónde ellas querían.
Recuerdo ahora mismo que cuando Ignasi Guardans de CIU se enteró en la tertulia de la SER de que se estaba elaborando una ley que proponía la “paridad por ley” manifestó su profunda extrañeza de que algo así fuera posible, más adelante pudimos comprobar que en este punto no hubo discrepancias en la Cámara de representantes. O el hecho cien veces recordado de la intención de López Aguilar de incorporar la custodia compartida en la reforma de la Ley de Divorcio, o los balbuceos de tantos y tantos políticos y partidos que con la boca pequeña dicen querer tal cosa sin que llegue a materializarse nunca porque quienes de verdad ostentan “el poder” para decidirlo dijeron en su momento que defender la custodia compartida era situarse del lado de los maltratadores.
Una dificultad para los que no compartimos tal ideología, que me supongo observaréis lo mismo que yo, está en que podemos desde aquí reclamar todos los debates y aclaraciones que queramos, y que puede ser cierto que todos los partidos políticos practiquen dicha política, que también lo es que nadie parece querer asumir el papel de explicarla y, quienes de verdad podrían no parecen tener mucho interés en hacerlo aún cuando luego no paren de quejarse de la invisibilidad a que las condena el patriarcado. Es así que en los últimos años se han llevado a cabo las reformas legislativas más importante en muchos decenios sin que la ciudadanía de a pie y mucho me temo que no sólo ésta, hayamos podido decir ni pío y sin que se haya medido el alcance que, a medio y largo plazo, tales medidas puedan tener sobre aspectos fundamentales de nuestra sociedad y desde luego sobre la igualdad.
Recientemente pedía Leire Pajín en un programa de televisión que por favor no se hiciese ninguna gracieta con la paridad pues como ella misma dijo: “nos ha costado mucho conseguirla”. Echo la mirada atrás y trato de recordar ese enorme esfuerzo y no soy capaz de ver en dónde estuvo tal cosa, pues el grueso de la legislación de género se aprobó en la pasada legislatura sin apenas oposición ni dentro ni fuera de la Cámara y sin que nadie explicase a que venía tanto cambio. Trato de recordar artículos en la prensa que hablasen de la “democracia paritaria” y recuerdo uno posterior a que la paridad hubiese sido aprobada y con la intención más que de explicar las ventajas de tal norma con el ánimo exclusivo de atribuir su paternidad (quizá debiera decir maternidad) al feminismo de género. Resulta por tanto un poco sarcástico hablar de invisibilidad si cuando toca explicar y debatir tantas cosas se opta por el silencio o peor por tirar la piedra y esconder la mano.
En mi opinión la tarea fundamental para quienes no estamos de acuerdo con la agenda de género es demostrar lo que de discriminatorio y sexista, cuando no la misandria, que tal ideología comporta, y como no va a ser desde la exclusión de los hombres y lo masculino como se vaya a conseguir una sociedad mejor. Así como lo que de totalitario y absurdo hay en una ideología que sostiene ideas como ésta de Sulamith Firestone: “A diferencia del primer movimiento feminista, el nuevo movimiento feminista no tiene por objeto simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos yo no importarán culturalmente”. Aunque lo que se sostiene sobre el papel, en la práctica queda en papel mojado y ni una sola vez este feminismo se ha levantado para denunciar por discriminatoria la obligatoriedad de servicio militar sólo para hombres o, la consideración en la ley penal de que el mismo maltrato de hombre a mujer que de mujer a hombre suponga un mayor “desvalor” para el primero que para la segunda, y sin que, por tanto, nos quepa entender entonces que pueda significar eso de que: “las diferencias genitales no importarán culturalmente”.
Más bien al contrario de tales desigualdades son sus principales impulsoras, lo que por otro lado no es más que una prueba a mayores de que ni la honestidad intelectual ni la coherencia con los propios postulados parezca ser una norma de este feminismo. De hecho y a pesar de haber proclamado la derrota de la ideología patriarcal y cuando el peso de lo masculino y los hombres en la educación de los niños ha alcanzado cotas mínimas, este feminismo no tiene empacho en seguir descargándose de cualquier responsabilidad ante el comportamiento de los jóvenes que de creer su propio diagnóstico es igual de machista que siempre. En este sentido la ficción de los géneros las exime de mejores explicaciones.
En mi opinión lo que hace fuerte a este feminismo no es ni la virtualidad de su
pensamiento para explicar el mundo, ni la justeza de sus propuestas en el sentido de la igualdad, sino el importante peso político de las organizaciones que lo sustentan y la abismal diferencia entre las conciencias de género existentes entre hombres y mujeres, lo que en el contexto actual de postmodernidad la ha convertido en la corriente ideológica y de poder más importante de nuestro tiempo gozando por parte de muchos de una amable consideración que poco se corresponde con la dureza y la contundencia con la que desde esa ideología se habla del hombre y lo masculino, a quien se considera “el enemigo a batir”.
Cientos fueron las vueltas que se dieron y se siguen dando para negar que niños y niñas reaccionan diferente desde el primer momento de su vida y que los seres humanos por dentro no venimos a este mundo desnudos sino con una importante carga genética que sin determinarnos completamente supondrá importantes diferentes en el comportamiento de niños y niñas primero, chicos y chicas más tarde, y aún más adelante entre mujeres y hombres. Es increíble que no se haya hecho una evaluación pública –lo cual viene siendo la regla en relación con estas políticas- del fracaso de las campañas que desde hace cuarenta años se vienen llevando a cabo periódicamente a favor de los juguetes asexuados como elemento de igualdad, aunque también es cierto que cada vez son menos, y el entusiasmo que despiertan mucho menor, pero sin que haya sido asumido lo que de negación de la ideología de género supone.
Como digno de análisis es el sarpullido que provoca en este pensamiento cualquier noticia que tenga que ver con la constatación de la diferencia biológica de los sexos, como si en lugar de fruto de una investigación científica rigurosa proviniese de alguna mente aviesa dispuesta a echar por tierra caprichosamente sus postulados “culturalistas”. Así ha sucedido en el momento en que se descubrió que el cromosoma Y no era un residuo degenerado llamado a desaparecer, como desde este feminismo se venía sosteniendo, sino que la información que portaba era mucho más significativa de lo que se nos pretendía hacer creer. Lo cierto es que uno tiene la sensación de que en relación con los sexos, cualquier afirmación feminista por inconsistente que sea parece tener mayor valor que cualquier estudio científico serio que base sus conclusiones en la biología humana.
En fin, tengo la sensación de que después de lo de más arriba algunos pensaréis que no he puesto la tarea precisamente fácil, pero creo que es preferible eso a que alguien pueda pensar que hay un sustituto a mano para cambiar el rumbo de las políticas que en este terreno se están haciendo. Lamentablemente no es así, pero quizá convenga decir también que, un poco por todos lados, el malestar y el desagrado que algunas de estas políticas están provocando lo que está consiguiendo es que, cada día más gente, entienda que no es igualdad todo lo que reluce y que si en algún momento alguien creyó que la postura del feminismo en este terreno era de sincero deseo de avanzar en la dirección de la igualdad, hoy se trata de una mera ficción por lo que lo que ahora se impone es un profundo cambio de rumbo.
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género
14 febrero, 2009
Qué bien les sienta el matrimonio
Hace unos días en la sala de espera del médico eché una ojeada a las revistas que por allí había. En una, Telva, destacaba en portada un titular que aproximadamente decía así: Qué bien sienta el matrimonio (especialmente a nosotras), lo que me llevo a mirar su contenido, que en resumen venía a ratificar el título, comparando mujeres casadas y no casadas en terrenos como la salud, la belleza, el contacto con los hijos... para destacar que casi todo eran ventajas.
Y lo que tal lectura me sugirió fueron dos temas: por un lado, el enorme peso de las revistas femeninas en el quiosco, lo que supone una increíble cantidad de profesionales dedicados a editar contenidos, cada semana, de todo aquello que interesa a las mujeres -lo que siguiendo la lógica femenina debería poder ser denunciado por los hombres como sexismo y discriminación- y, por otra, que el género aún a sabiendas de que el hombre con el que se tropiezan la inmensa mayoría de las mujeres no tiene nada que ver con el estereotipo brutal y primitivo de su imaginario, no por eso dejará de hacerlo, consciente del engaño, pero consciente también de que nada le podrá reportar iguales dividendos.
Y lo que tal lectura me sugirió fueron dos temas: por un lado, el enorme peso de las revistas femeninas en el quiosco, lo que supone una increíble cantidad de profesionales dedicados a editar contenidos, cada semana, de todo aquello que interesa a las mujeres -lo que siguiendo la lógica femenina debería poder ser denunciado por los hombres como sexismo y discriminación- y, por otra, que el género aún a sabiendas de que el hombre con el que se tropiezan la inmensa mayoría de las mujeres no tiene nada que ver con el estereotipo brutal y primitivo de su imaginario, no por eso dejará de hacerlo, consciente del engaño, pero consciente también de que nada le podrá reportar iguales dividendos.
02 febrero, 2009
Segregación de género
Que el género no promueve nada que pueda llamarse igualdad parece cada día más evidente. Sostener tal cosa cada vez les resulta más difícil a quienes hasta el presente no se cansaban de apuntar a los demás con el dedo acusador. El género es una ideología segregacionista que divide al mundo en dos: hombres y mujeres, como dos mundos separados, cuando no profundamente contrapuestos, donde la única constante que aparece es la lucha de géneros. Lucha en la que, dado que lo que se combate es el machismo, todos los excesos e imprudencias por parte del feminismo y las mujeres, estarían consentidos.
Para esta corriente ideológica y de poder, heredera del feminismo radical americano, el hombre es entendido no como un igual de la mujer, sino como un ser despreciable capaz de todas las villanías. Cualquier pretensión de una común humanidad que nos aproximase en nuestras virtudes y miserias es descartada, y como relata magníficamente Enrique Jimeno en la entrada de su bitácora: De los peligros del amor romántico y las políticas de género, para este feminismo, el hombre hasta en el momento del amor no deja de ser un depredador cuya única pretensión es el dominio de la amada. Por lo que quizá se haga necesario recordar a qué tienen conducido y siguen conduciendo las ideologías que fomentan la deshumanización del otro.
En este contexto no debiera sorprender que conspicuos representantes de dicha corriente ideológica al tiempo que acusan al varón de ser el obstáculo para la igualdad descalifiquen la petición de custodia compartida (en otro momento se acusó de maltratadores a quienes defendían tal propósito), o el reconocimiento del SAP, o que la Junta de Andalucía publique un folleto con el título de: No te líes con los chicos malos, y que lleva por subtítulo: Guía no sexista dirigida a chicas. (Demostrando así que puede impedir que en los centros de enseñanza se pueda impartir una educación diferenciada, aunque luego ella misma segregue en lo que a educación sexual se refiere, incluso más, la promueva exclusivamente para las chicas).
Pero quizá lo más singular de esta corriente ideológica y de poder, es su carácter de nebulosa intelectual donde cualquier criterio es posible, incluidas la amalgama y la deshonestidad intelectual siempre que sirvan al objetivo de rebajar al hombre y empoderar a las mujeres. Como pequeño botón de muestra la afirmación del Delegado del Gobierno para la violencia de género en el sentido de que la justicia sólo condena al 2´2% de los maltratadores. Si las cosas sucedieran según parámetros normales en una sociedad democrática una afirmación como esa, en quien desempeña el cargo de Delegado del Gobierno para la violencia de género, debería ir acompañada como mínimo de alguna explicación; en nuestro país nadie lo exigirá. Por eso resulta más cuestionable que la propagación de una tal ideología haya sido asumida y esté financiada por los poderes públicos, hasta el punto de que de que para una feminista como Elisabeth Badinter de lo que quepa hablar sea de “feminismo institucional”.
Desde el punto de vista intelectual tan pronto se sostiene que “la mujer no nace, se hace” como a renglón seguido se considera al hombre atrapado en su naturaleza violenta y opresora sin capacidad para evolucionar, como un poco más tarde se dice que las diferencias entre seres humanos son todas culturales, pero a continuación se cae en el esencialismo de la mujer como la expresión de todas virtudes: desde el amor a la paz, al tiempo que para el hombre se tiene reservado todos los defectos: desde el egoísmo a la ausencia de sentimientos. Lo que nunca se hace es explicar como actúan los mecanismos del patriarcado, ni del género, ni se precisa la significación de ningún concepto, más bien al contrario, como vimos con el término machismo, todo parece ir dirigido a una imprecisión calculada que permita tener en la manga un comodín para usar en cualquier situación.
Tan pronto se niega el derecho a la paternidad como a renglón seguido se habla del poder omnimodo del patriarcado. Lo mismo se niega la custodia compartida y cualquier derecho en la reproducción, como se priva de la figura masculina a cientos de miles de niños, para los que ni existe en casa ni en la escuela, sin que tal proceder conlleve asumir los resultados de tal decisión. Cuando en la sociedad se observa una juventud que no mejora en su forma de enfrentarse a la vida y a la sociedad, entonces la responsabilidad aparece diluida en el conjunto social. Cuando se trata de los éxitos de nuestros chicos la madrina es su madre, cuando de los tropiezos o los fracasos de una sociedad machista y patriarcal. Podríamos decir que para la mujer se reclaman todos los derechos sin el correlato de las obligaciones y para el hombre las obligaciones sin el correlato del derecho.
En fin, un pensamiento donde todos los dualismos simplistas de buenas y malos, todos los maniqueísmos de hombres verdugos y mujeres víctimas, son posibles. Donde la asimetría en el juicio y el privilegio en la resultante siempre son posibles, bajo el pretexto de que unos son la parte fuerte y las otras la parte débil. Pero inmediatamente descubrimos que la perfecta igualdad y paridad que se exige en unos terrenos, en otros se niega, o que a los hombres no sólo no se les ofrece ninguna ventaja para progresar en la paternidad más bien todos las zancadillas están permitidas, hasta el extremo de que cada día es más frecuente leer y escuchar a personas jactarse de que algo así pueda existir. O descubrir que el derecho a la conciliación laboral y familiar es un derecho de las mujeres.
La cita del libro: El Mundo de las mujeres, de Alain Touraine que dice: “Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.”, así lo atestigua y este jugoso comentario realizado en La Vanguardia a propósito de la obra de Miguel Lorente ratifica:
"El posmachismo necesita crear su propia estética y romper con la imagen rancia y viril del machismo, con la idea de hacer que sus propuestas e ideas tengan credibilidad y no sean identificadas con una posición dirigida a mantener el poder masculino". De ahí, sugiere Lorente, que sus militantes se camuflen bajo una preocupación hasta cierto punto femenina por la estética y que lleguen a emular roles tradicionalmente desempeñados por la mujer, como el súbito descubrimiento que desde estos sectores se ha hecho de la figura de los hombres como padres, léase la proclamación del llamado síndrome de alienación parental (SAP).”
El hombre vive bajo una acusasión permanente, si no cambia por inmovilista y si cambia porque se trata únicamente de un disfraz para seguir ejerciendo el dominio.
Pero si esos son los objetivos, en cuanto a los métodos nada desmerece lo anterior. Hasta el punto de que luego de sostener la necesidad de los espacios mixtos para todo tipo de instancias sociales, hayan decretado hace más de 30 años que el feminismo es cosa de mujeres, o que su modus operandi actual con lo que se corresponda sea el de un grupo de presión (lobby femenino) y se aleje definitivamente de cualquier cosa que recuerde a una organización abierta y democrática. Donde el debate social está proscrito incluso con la pretensión de hacer callar a todas y todos cuantos discrepen de sus prescripciones. Donde cualquier intento de debate racional y civilizado es sofocado por la inmediata identificación del otro con el maltratador, el machista, el retrogrado.
Como sorprende que el pretendido salto de civilización que iba a favorecer a mujeres y hombres, en la actualidad haya quedado reducido a “cómo cambiar al hombre”. Las recetas de género, que responden a un plan perfectamente estudiado y milimetrado por ese lobby, con importantísimos apoyos en instituciones nacionales e internacionales, siguen un proceso en el que naciendo de organizaciones feministas, son llevadas al terreno social y político por instituciones de composición mixta (partidos políticos, sindicatos...), para en buena parte de los casos redundar en beneficio exclusivo o prevalente de las mujeres.
Pero quien sin duda mejor expresa el contenido de esta ideología sean sus autoras y para no alargarme mucho más recurriré a una sola cita de Shere Hite, quien en su sección habitual en El País semanal, el 22 de junio de 2003, escribió un artículo titulado: El mejor método anticonceptivo, en el que relataba como después de consultar sobre el tema a “una afamada especialista en la materia”, ésta le respondió: “En general, los mejores métodos para las mujeres son el condón masculino, si no se trata de una relación monógama, y la vasectomía masculina, si se ha completado la familia”. “Cuando alcancemos la deseada forma ideal de gobierno, el “matriarcado opresivo”, espero que todos los chicos se hagan una vasectomía a los 13 años, después de congelar muestras de semen….” Que yo sepa nadie pidió explicaciones ante algo así, ni ninguna sensibilidad de género se sintió ofendida.
P.D. La publicidad, a veces, constituye el mejor reflejo de la sociedad a la que se dirige, por eso os propongo un pequeño juego en el que de lo que se trata es de completar el siguiente título: Porque lo valemos y se lo merecen después de descubrir el sexo de los protagonistas de una serie de spots televisivos.
- En la primera tanda podríamos mentar aquel al que en plena faena musical le vierten un caldero de un líquido pringoso por la cabeza, o aquel otro al que arrojan el líquido de un vaso a la cara, o aquel al que estampan una tarta en todo el rostro, o aquel que recibe un golpe en la espinilla y se dobla de dolor, o aquel que llaman gastón, o al que llaman abusón...
- En la segunda tanda podíamos pensar en aquellos otros spots que finalizan con “porque nosotras lo valemos”
Entre ambos resolvemos el acertijo del título y lo completamos: Porque nosotras lo valemos y ellos se lo merecen.
No resulta una visión excesivamente disparatada de lo que está sucediendo.
Para esta corriente ideológica y de poder, heredera del feminismo radical americano, el hombre es entendido no como un igual de la mujer, sino como un ser despreciable capaz de todas las villanías. Cualquier pretensión de una común humanidad que nos aproximase en nuestras virtudes y miserias es descartada, y como relata magníficamente Enrique Jimeno en la entrada de su bitácora: De los peligros del amor romántico y las políticas de género, para este feminismo, el hombre hasta en el momento del amor no deja de ser un depredador cuya única pretensión es el dominio de la amada. Por lo que quizá se haga necesario recordar a qué tienen conducido y siguen conduciendo las ideologías que fomentan la deshumanización del otro.
En este contexto no debiera sorprender que conspicuos representantes de dicha corriente ideológica al tiempo que acusan al varón de ser el obstáculo para la igualdad descalifiquen la petición de custodia compartida (en otro momento se acusó de maltratadores a quienes defendían tal propósito), o el reconocimiento del SAP, o que la Junta de Andalucía publique un folleto con el título de: No te líes con los chicos malos, y que lleva por subtítulo: Guía no sexista dirigida a chicas. (Demostrando así que puede impedir que en los centros de enseñanza se pueda impartir una educación diferenciada, aunque luego ella misma segregue en lo que a educación sexual se refiere, incluso más, la promueva exclusivamente para las chicas).
Pero quizá lo más singular de esta corriente ideológica y de poder, es su carácter de nebulosa intelectual donde cualquier criterio es posible, incluidas la amalgama y la deshonestidad intelectual siempre que sirvan al objetivo de rebajar al hombre y empoderar a las mujeres. Como pequeño botón de muestra la afirmación del Delegado del Gobierno para la violencia de género en el sentido de que la justicia sólo condena al 2´2% de los maltratadores. Si las cosas sucedieran según parámetros normales en una sociedad democrática una afirmación como esa, en quien desempeña el cargo de Delegado del Gobierno para la violencia de género, debería ir acompañada como mínimo de alguna explicación; en nuestro país nadie lo exigirá. Por eso resulta más cuestionable que la propagación de una tal ideología haya sido asumida y esté financiada por los poderes públicos, hasta el punto de que de que para una feminista como Elisabeth Badinter de lo que quepa hablar sea de “feminismo institucional”.
Desde el punto de vista intelectual tan pronto se sostiene que “la mujer no nace, se hace” como a renglón seguido se considera al hombre atrapado en su naturaleza violenta y opresora sin capacidad para evolucionar, como un poco más tarde se dice que las diferencias entre seres humanos son todas culturales, pero a continuación se cae en el esencialismo de la mujer como la expresión de todas virtudes: desde el amor a la paz, al tiempo que para el hombre se tiene reservado todos los defectos: desde el egoísmo a la ausencia de sentimientos. Lo que nunca se hace es explicar como actúan los mecanismos del patriarcado, ni del género, ni se precisa la significación de ningún concepto, más bien al contrario, como vimos con el término machismo, todo parece ir dirigido a una imprecisión calculada que permita tener en la manga un comodín para usar en cualquier situación.
Tan pronto se niega el derecho a la paternidad como a renglón seguido se habla del poder omnimodo del patriarcado. Lo mismo se niega la custodia compartida y cualquier derecho en la reproducción, como se priva de la figura masculina a cientos de miles de niños, para los que ni existe en casa ni en la escuela, sin que tal proceder conlleve asumir los resultados de tal decisión. Cuando en la sociedad se observa una juventud que no mejora en su forma de enfrentarse a la vida y a la sociedad, entonces la responsabilidad aparece diluida en el conjunto social. Cuando se trata de los éxitos de nuestros chicos la madrina es su madre, cuando de los tropiezos o los fracasos de una sociedad machista y patriarcal. Podríamos decir que para la mujer se reclaman todos los derechos sin el correlato de las obligaciones y para el hombre las obligaciones sin el correlato del derecho.
En fin, un pensamiento donde todos los dualismos simplistas de buenas y malos, todos los maniqueísmos de hombres verdugos y mujeres víctimas, son posibles. Donde la asimetría en el juicio y el privilegio en la resultante siempre son posibles, bajo el pretexto de que unos son la parte fuerte y las otras la parte débil. Pero inmediatamente descubrimos que la perfecta igualdad y paridad que se exige en unos terrenos, en otros se niega, o que a los hombres no sólo no se les ofrece ninguna ventaja para progresar en la paternidad más bien todos las zancadillas están permitidas, hasta el extremo de que cada día es más frecuente leer y escuchar a personas jactarse de que algo así pueda existir. O descubrir que el derecho a la conciliación laboral y familiar es un derecho de las mujeres.
La cita del libro: El Mundo de las mujeres, de Alain Touraine que dice: “Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.”, así lo atestigua y este jugoso comentario realizado en La Vanguardia a propósito de la obra de Miguel Lorente ratifica:
"El posmachismo necesita crear su propia estética y romper con la imagen rancia y viril del machismo, con la idea de hacer que sus propuestas e ideas tengan credibilidad y no sean identificadas con una posición dirigida a mantener el poder masculino". De ahí, sugiere Lorente, que sus militantes se camuflen bajo una preocupación hasta cierto punto femenina por la estética y que lleguen a emular roles tradicionalmente desempeñados por la mujer, como el súbito descubrimiento que desde estos sectores se ha hecho de la figura de los hombres como padres, léase la proclamación del llamado síndrome de alienación parental (SAP).”
El hombre vive bajo una acusasión permanente, si no cambia por inmovilista y si cambia porque se trata únicamente de un disfraz para seguir ejerciendo el dominio.
Pero si esos son los objetivos, en cuanto a los métodos nada desmerece lo anterior. Hasta el punto de que luego de sostener la necesidad de los espacios mixtos para todo tipo de instancias sociales, hayan decretado hace más de 30 años que el feminismo es cosa de mujeres, o que su modus operandi actual con lo que se corresponda sea el de un grupo de presión (lobby femenino) y se aleje definitivamente de cualquier cosa que recuerde a una organización abierta y democrática. Donde el debate social está proscrito incluso con la pretensión de hacer callar a todas y todos cuantos discrepen de sus prescripciones. Donde cualquier intento de debate racional y civilizado es sofocado por la inmediata identificación del otro con el maltratador, el machista, el retrogrado.
Como sorprende que el pretendido salto de civilización que iba a favorecer a mujeres y hombres, en la actualidad haya quedado reducido a “cómo cambiar al hombre”. Las recetas de género, que responden a un plan perfectamente estudiado y milimetrado por ese lobby, con importantísimos apoyos en instituciones nacionales e internacionales, siguen un proceso en el que naciendo de organizaciones feministas, son llevadas al terreno social y político por instituciones de composición mixta (partidos políticos, sindicatos...), para en buena parte de los casos redundar en beneficio exclusivo o prevalente de las mujeres.
Pero quien sin duda mejor expresa el contenido de esta ideología sean sus autoras y para no alargarme mucho más recurriré a una sola cita de Shere Hite, quien en su sección habitual en El País semanal, el 22 de junio de 2003, escribió un artículo titulado: El mejor método anticonceptivo, en el que relataba como después de consultar sobre el tema a “una afamada especialista en la materia”, ésta le respondió: “En general, los mejores métodos para las mujeres son el condón masculino, si no se trata de una relación monógama, y la vasectomía masculina, si se ha completado la familia”. “Cuando alcancemos la deseada forma ideal de gobierno, el “matriarcado opresivo”, espero que todos los chicos se hagan una vasectomía a los 13 años, después de congelar muestras de semen….” Que yo sepa nadie pidió explicaciones ante algo así, ni ninguna sensibilidad de género se sintió ofendida.
P.D. La publicidad, a veces, constituye el mejor reflejo de la sociedad a la que se dirige, por eso os propongo un pequeño juego en el que de lo que se trata es de completar el siguiente título: Porque lo valemos y se lo merecen después de descubrir el sexo de los protagonistas de una serie de spots televisivos.
- En la primera tanda podríamos mentar aquel al que en plena faena musical le vierten un caldero de un líquido pringoso por la cabeza, o aquel otro al que arrojan el líquido de un vaso a la cara, o aquel al que estampan una tarta en todo el rostro, o aquel que recibe un golpe en la espinilla y se dobla de dolor, o aquel que llaman gastón, o al que llaman abusón...
- En la segunda tanda podíamos pensar en aquellos otros spots que finalizan con “porque nosotras lo valemos”
Entre ambos resolvemos el acertijo del título y lo completamos: Porque nosotras lo valemos y ellos se lo merecen.
No resulta una visión excesivamente disparatada de lo que está sucediendo.
Etiquetas:
género,
segregación
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