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03 febrero, 2011

Los pecados capitales del feminismo

(Hoy me decido por recuperar una entrada de hace algo más de un año que, creo conserva todo el interés, y  en la que seguramente seamos capaces de encontrar algún tema o temas que merezca la pena desarrollar.)

En esta entrada deseo hablar de feminismo, del feminismo en nuestro país, aquí y ahora. Creo que tiene su interés recapitular un poco y conocer de la mejor manera posible aquello que criticamos, al tiempo que se abre la posibilidad de discutir, entre los que participamos en esta bitácora, nuestros respectivos puntos de vista. Lo que sí no haré será ponerme excesivamente académico y llenar el escrito de citas y pies de página. Ni es lo mío en esta bitácora, ni creo que fuera lo más conveniente.

La intención pretende ser doble: conocer lo que nos preocupa, pero también preguntarme y preguntaros por las mejores estrategias para comenzar a dar respuesta a un estado de cosas cada día más lamentable en lo relativo a la relación entre los sexos y donde, sin ningún lugar a dudas, nos ha tocado jugar el peor papel, el de víctimas sin derecho a protesta, ya que tal cosa sólo puede reflejar, de hacer caso al feminismo y sus adláteres, neomachismo o cualquier otra cosa insultante.

Si algo caracteriza al feminismo es su opacidad, el moverse en una nebulosa de características difusas y límites poco precisos. Todo lo cual le va muy bien a quien ha preferido convertir el movimiento plural, abierto y democrático que en su día fue, en un lobby. Pero, ese mismo rasgo dificulta enormemente su crítica ya que, finalmente, conocemos lo que el feminismo piensa cuando ya se encuentra plasmado en leyes o a través de decisiones de los poderes del Estado, que se nos presentan como hechos consumados.

Todos sabemos que las grandes decisiones sobre las leyes de género han sido tomadas por este lobby, pero lo cierto es que a todos los efectos se nos muestran como decisiones autónomas de los poderes políticos. Podríamos decir que antes que por el ejército uniformado el feminismo ha preferido la estrategia de guerrillas y antes que la visibilidad la opción ha sido el mimetismo. No han conseguido nunca un partido feminista representativo pero han conseguido algo más importante: que la mayoría política haga suyos sus planteamientos. Que sea criticable el uso que se está haciendo de ese inmenso poder no debe hacernos olvidar que esa es la realidad de este momento. En este sentido sería interesante un estudio que pusiese de manifiesto el muy diferente “modus operandi” del feminismo en relación con cualquier otro movimiento social conocido.

(A lo que me quiero referir con eso del “modus operandi” es a que, si los movimientos sociales conocidos: se trate de partidos políticos, o de los sindicatos en el caso del movimiento obrero, se han caracterizado en la época moderna por una tríada constituida por una ideología, un líder y una organización cuanto más conocidos mejor, en el caso del feminismo nos encontramos con una ideología difusa, la ausencia de un liderazgo claro y asimismo la carencia de organización de referencia. Esas tres cosas han sido sustituidas en el feminismo por la penetración en otros movimientos sociales y sobre todo en los aparatos del Estado, con esa administración paralela de la que hablo más abajo, y por un ideario y una organización completamente fraccionadas y dispersas que hacen muy difícil por no decir imposible tanto la petición de responsabilidad como la crítica social. De hecho no se conoce ni un solo balance realizado por el feminismo desde su nacimiento, mucho menos cualquier autocrítica, y en cuanto a los renovados objetivos de cada momento los vamos conociendo a medida que se anuncian. En cualquier caso la impresión que produce es que para el feminismo siempre se está en el momento cero y siempre está todo por conseguir).

Y lo primero que me gustaría aclarar es, a qué feminismo me estoy refiriendo. Me refiero al feminismo dominante, al feminismo de las instituciones y el BOE, al feminismo consagrado en las leyes de género, al feminismo que heredero de las radicales americanas se hace denominar perspectiva de género, para quien la defensa de una pretendida igualdad no es más que un señuelo que lo que esconde es privilegio y desigualdad. Al feminismo que firmó un manifiesto contra la custodia compartida que todavía debe circular por Internet y que fue capaz de torcer en el último momento la voluntad de las Cámaras legislativas para que no se incorporase a la ley como había sido intención reiterada de todos. Y no lo elijo porque sea el que más simpatía me despierta, que no es el caso, sino porque es aquél que termina imponiendo su criterio.

Soy consciente de que existen otros feminismos, por ejemplo el de las autodenominadas “otras feministas”, como existen muchas otras mujeres que sin necesidad de adscripción mantienen posiciones que chocan con el feminismo dominante. Por citar algunas: Rosa Montero, Almudena Grandes o Maruja Torres. Pero lo cierto es que su posición, aunque muy válida, a la hora de la verdad, tiene poco peso en los círculos políticos y de decisión y quienes realmente llevan el gato al agua es el feminismo institucional.

Como veo que de continuar por este camino el escrito se va alargar mucho y se puede convertir en una entrada poco manejable, para abreviar me referiré a lo que considero sus “pecados capitales”, es decir sus aspectos más criticables y lo que, a mí entender, hace más difícil compartir el éxito arrollador de sus propuestas en el plano político y mediático, hasta el punto de ser desconocida la crítica en estos ámbitos. No así entre el ciudadano de a pie, para quien no sólo resulta difícil entender lo del diferente trato penal para hombres y mujeres, o la negativa a la custodia compartida, o como se está aplicando la legislación en las separaciones, pero lamentablemente sin mecanismos para hacer visible su malestar, mucho menos para condicionar de alguna manera lo que está pasando en este terreno. El alejamiento entre el ciudadano y la clase política se hace máximo en este terreno.

LOS PECADOS CAPITALES DEL FEMINISMO

1. Haber convertido lo que en algún momento se concibió como una conquista de civilización, la igualdad del hombre y la mujer, en un vulgar quítate tú para ponerme yo, y haber transformado lo que era un movimiento democrático y de masas que no rehuía el acuerdo con otras organizaciones, en un lobby de presión que esquiva el debate democrático y la discusión serena, y que frente a las políticas educativas y de convencimiento, ha optado claramente por la propaganda, la coerción y el Código Penal. Nuestro país se ha convertido de unos años a esta parte en el que tiene las cárceles más llenas de Europa y el Código Penal no deja de endurecerse cada día más.

2. Dividir a la humanidad en dos bloques irreconciliables: el hombre y la mujer; y actuar con el mismo espíritu sectario y vengativo de cualquier dualismo maniqueo de buenas y malos que sostenga la necesidad de la primacía de unos sobre los otros, en este caso, unas sobre los otros. Es lo que la sociedad americana denomina guerra de sexos y que en su formulación y expresión más brutal se resumió por el feminismo radical como “el hombre el enemigo a batir”. Una forma menos agresiva de presentarlo, pero no menos virulenta en su intención, es la pretensión formulada por este feminismo cuando habla de la “necesidad de cambiar al hombre”.

Lo cual por otro lado derriba la ficción sostenida durante tanto tiempo del género femenino como la expresión de la empatía y la comprensión. En este asunto el feminismo no juega con grandeza de miras, sino como un sindicato de intereses que sólo hubiera de estar atento a satisfacer las demandas de su clientela. Y así, la escuela irá bien si el éxito de las chicas es mayor que el de los chicos, la sanidad y salud pública si atiende con preferencia las demandas femeninas y un largo etcétera en que el único criterio de medición será el interés de género, del género femenino claro está.

3. Victimismo. Presentar la historia de los sexos, incluso la evolución de la especie como una historia de imposición masculina, donde a la mujer sólo le quedase el papel de víctima; no dudando para ello en una interpretación simplista e interesada de cuanto sucedió a lo largo de los siglos. De este modo el hombre habría decidido que la mujer permaneciese en la cueva, mientras él gozaba del inmenso privilegio de la caza del mamut. La historia de los sexos no estaría representada por los hombres y las mujeres de un lugar y una época, sino que por un lado tendríamos príncipes cargados de poder y, por el otro, esclavas cargadas de hijos y obligaciones. Ese mismo planteamiento se hace hoy día, a los hombres nos representa el señor Botín y algunos otros con un poder equivalente en la política o cualquier otro campo y a las mujeres esas madres trabajadoras con doble o triple jornada laboral. Ni el hombre trabajador y esclavizado existiría, ni la mujer rica y poderosa tendría cabida en este simplista e interesado esquema.

4. Sostener que vivimos en un tipo de sociedad -la patriarcal- en la que todos los poderes están concebidos para garantizar la supremacía de lo masculino y que en su funcionamiento y para mantener esa explotación y discriminación del género femenino no duda en ejercer todo tipo de violencias contra la mujer. Para sostener tal ficción es preciso ocultar o presentar como naturales todas las muertes o desgracias sufridas por los varones de las que el único responsable sería él y su mala cabeza. En este sentido sería interesante un trabajo sobre el seguimiento dado en los medios a las muertes de hombres y mujeres por violencia de pareja para comprobar hasta qué punto parecería que hablásemos de cosas sin nada en común. Pero sería interesante abrir el objetivo y analizar el tratamiento dado a las muertes por accidente laboral, el suicidio y en general a la vida de los hombres después de una separación cuando les toca vivir con un tercio de su sueldo.

5. Sostener que la violencia de pareja es unidireccional –de hombre a mujer- y sus dos corolarios: presunción de culpabilidad del varón y presunción de veracidad e inocencia de la mujer, de las que resultan una legislación en relación con la violencia de pareja y las separaciones matrimoniales completamente inasumibles desde el punto de vista masculino.

Ni que decir tiene que al hombre no le es reconocido ningún derecho en el terreno de la reproducción. Todos, y de manera absoluta, pertenecen a la mujer, lo que sin embargo no es óbice para que en relación con la ley del aborto en discusión en estos momentos en el Congreso, ya que no entre la opinión pública, se haya silenciado el documento levemente crítico de cristianos por el socialismo, pero Margarita Rivière haya podido publicar en El País un artículo titulado: Aborto y paternidad irresponsable. Ese es nuestro papel, nada debemos ni podemos decir en relación con el asunto, pero si hay que hablar de alguna irresponsabilidad entonces jugamos con todos los boletos.

6. Jugar permanentemente a la mentira y el engaño. Y así habríamos de creer que el diferente trato penal, la discriminación positiva, el control por parte del feminismo de las grandes cuestiones sociales y morales, y eslóganes como los de la actual campaña contra el maltrato, no deban ser considerados en sí mismo la manifestación más clara de la desigualdad y la discriminación del varón, sino el camino que prepara la igualdad. En este asunto, no estaríamos ante una ideología, la perspectiva de género, tan legítima como cualquier otra, pero no más, sino ante un credo de obligado cumplimiento para todos.

Como botón de muestra de la idea de igualdad que se maneja desde este feminismo y de la necesidad de mezclar todo con la violencia, sirva la actual campaña institucional, que con el lema “Entre un hombre y una mujer maltrato cero” pretende equitativas las dos expresiones siguientes:

Ella dice: “De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo”
El dice: “De todas las mujeres que haya en mi vida, ninguna será menos que yo”

Y si expresivo es el mensaje, no lo es menos el espeso silencio en torno a la misma por parte de todos, particularmente la clase política que aquí no aprecia ni asimetría ni desigualdad.

7. Convertir la estadística, la sociología y cuanta ciencia social haga falta, en meras armas de propaganda en las que no importa violentar cualquier criterio científico o de verdad. Así las estadísticas sobre violencia, acoso sexual y acoso laboral se confeccionan mediante un cuestionario que, si muestra ya un importante sesgo en sus contenidos, se pasa exclusivamente a mujeres, con el pretexto de que ellas son las que más los sufren. Es decir, la respuesta está en la premisa y no se trata de demostrar, sino de confirmar algo que ya estaba establecido así en la teoría. El trabajo prosigue con el tratamiento que los medios hacen de esa información y con la impagable labor desarrollada desde esa administración paralela que el feminismo ha ido adosando a la Administración general, constituida por el Ministerio de Igualdad, el Instituto de la mujer, las Consejerías de la CC.AA., las concejalías e incluso algunas ONG’s .

Curiosamente, la única referencia a la ciencia que se le conoce a este feminismo es cuando califican de pseudociencia al SAP (Síndrome de alienación parental), como si por negar el síndrome la manipulación de los hijos dejase de producirse y ser un fenómeno medible y observable. Tiene su aquél que quienes sostienen ideas tan peregrinas como que toda la violencia de pareja tiene una única causa: el deseo de dominio del varón, o que las diferencias entre el hombre y la mujer son todas culturales, ignorando olímpicamente toda la ciencia de los últimos decenios, se atrevan a hablar de pseudociencia en lo referente al SAP sencillamente porque la experiencia dice que de reconocerse las más perjudicadas serían las mujeres.

8. Jugar a la invisibilidad del dolor y el fracaso masculino, consista éste en la menor esperanza de vida, el mayor índice de suicidio o de muerte por accidente laboral, o de otro tipo, en el fracaso y abandono escolar, o cualquier otra circunstancia en la que el varón muestre una mayor vulnerabilidad o deba arrostrar las tareas sociales más penosas y de mayor riesgo. Aquí jugamos con una enorme desventaja. Mientras que las mujeres cuentan con multitud de organizaciones encargadas no sólo de dar asesoramiento y hacer seguimiento de multitud de cuestiones: económicas, jurídicas, etc. ampliadas con los múltiples organismos públicos que colaboran en esa tarea los hombres no contamos absolutamente con ninguna y así nadie sabrá porque se le ha rebajado la condena a la madre de Alba o porque el impacto de género medirá que la mujer no salga perjudicada, no así el hombre, o por qué el sexismo ha dejado de ser discriminación por razón de sexo.

9. Haber convertido la figura masculina en un padre ausente, mediocre amante y fuente de todo cuanto problema social y familiar existe.

10. Considerar que las normas están bien cuando favorecen o son fuente de privilegio para las mujeres. En todos los demás casos, hijas de una sociedad que discrimina y explota a la mujer. Es interesante destacar que generalmente las conquistas femeninas conllevan la alteración o el cambio de las normas que hasta ese momento regían. Normas que serán sustituidas por otras sin fecha de caducidad...


A pesar del lamento femenino en el sentido de que las desposeídas, las discriminadas y las explotadas son ellas, lo cierto es que el poder político y mediático en relación con las políticas de género está todo de su parte, y lo está, por partida doble, desde la sociedad civil donde las únicas autoorganizadas son ellas, pero también en las administraciones públicas: desde el Ministerio de igualdad a la última concejalía o ONG. En este contexto lo único que me resta por decir es que mientras no demos pasos en el sentido de autoorganizarnos, a sabiendas de que cualquier cosa que hagamos en esa dirección será tildada de forma insultante como el intento de recuperar privilegios, habrá poco que hacer.

Es verdad que lo que desde ésta y otras muchas bitácoras se viene haciendo o que la participación en los foros de Internet donde se debaten éstas cosas es muy importante pero si, finalmente, no somos capaces de unir mínimamente nuestros esfuerzos, difícilmente saldremos del agujero en el que nos han metido y en el que corremos el riesgo de quedar enterrados.

02 febrero, 2011

Presión a los jueces

Esta mañana en una emisora de radio que presume de no amarillismo y de no hacer juicios paralelos, he asistido al hecho insólito en un país donde se respeten la división de poderes y las sentencias de los jueces,  de la entrevista a una persona a la que por dos veces una juez no le había dado la razón en una sentencia de maltrato, en un contexto en el que parecía imposible no interpretar el hecho como una presión sobre la juez. 

Lo cierto es que  a la entrevistada no sólo parecía concedérsele toda la presunción de credibilidad, como si enfrente no hubiese una presunción de inocencia que respetar, máxime si está avalada por dos sentencias absolutorias,  también se le concedía, sin derecho a réplica, todo el tiempo y la audiencia para explayarse no sólo sobre su caso también para hacer consideraciones de tipo mucho más general y que, como digo, resultaba imposible no pensar en un intento de injerencia y presión sobre la juez, circunstancia que en un estado democrático y de derecho no debiera estar tolerado.

Claro que cuando desde los aledaños del Gobierno las sentencias de los jueces sobre esta materia sólo constituyen motivo de preocupación si son de determinado signo, el resultado no puede ser más que éste. Y así sucede que,  ni al Gobierno ni a los medios les preocupa que un 70% de las mismas acaben en sobreseimiento o absolución, aunque ya nada ni nadie pueda  resarcir a quien ha debido sufrir el durísimo protocolo aplicable en estos casos y,  lo que se cuestione no sea ese elevado porcentaje o lo que algunos jueces tienen denunciado, el clima de presión en que se están produciendo muchas de esas sentencias, sino  justamente se haya decidido ir justo en la dirección contraria, y eso, a pesar de las reiteradas quejas de las asociaciones de jueces por las presiones recibidas por parte del Delegado del Gobierno para la violencia de género.

01 febrero, 2011

Televisión y género

Os habéis dado cuenta de que de un tiempo a esta parte pareciera que para ser presentador de televisión o reportero hiciera falta ser presentadora o reportera. ¿A qué creéis que se debe esto?


P.S. No tiene que ver exactamente con lo anterior pero por su interés quería recomendaros la entrada de Malaprensa que lleva por título: De cubano homicida a anciano suicida. 





30 enero, 2011

Misandria publicitaria




Los niños son estúpidos
¡Tiradles piedras!


P.S. Si deseáis más detalles, los encontraréis en la bitácora: Derechos de los hombres

28 enero, 2011

¿Un nuevo nepotismo?

La crisis tenía rostro femenino pero cuando las cifras de paro alcanzan niveles récord, resulta que el único empleo que se crea es el femenino

Algunas mentiras pueden tardar en hacerse evidentes, pero al final no pueden evitar aparecer a la vista de todos.  
En un nuevo alarde de sexismo y discriminación el Gobierno va a aprobar un protocolo de actuación para evitar el acoso a las funcionarias: http://www.lavozdegalicia.es/sociedad/2011/01/28/00031296227873814197123.htm

Ya se sabe que cuando nada hay que avale las discriminaciones de las que se habla todos los días: menor contratación femenina, techo de cristal, discriminación salarial o laboral, etcétera siempre queda el recurso de  presentar a las mujeres como víctimas,  y a ellos como verdugos, no falla.


Lo de la misandria de este Gobierno clama al cielo, pero además  no está claro que detrás de todo esto lo que se esconda no sea una forma de nepotismo, el nepotismo de género. 


P.S. os recuerdo que este asunto del acoso laboral y sexual lo traté ampliamente en una entradas del año 2006 que encontraréis aquí 

27 enero, 2011

La reforma del sistema de pensiones y el poder masculino

Al ver la mesa de negociación del nuevo sistema de pensiones nadie dudaría en afirmar que se trata de una manifestación evidente del poder masculino, entendiendo éste como quiere que lo  entendamos el feminismo, pero también algunos otros. Allí estaba el presidente de la patronal con su asesores, los secretarios generales de los sindicatos con sus negociadores, el Gobierno con los suyos, incluso contó con la presencia del Presidente que parece que contribuyó a darle un impulso, si hemos de creer lo que cuenta El País.

Pues bien, esa nutrida y poderosa representación del poder masculino, nos da un acuerdo en el que ha traicionado sus propios propósitos de ampliar la edad de jubilación en función de la mayor esperanza de vida, puesto que ha sido así sólo para los hombres olvidando que la de las mujeres es de 6 años más. Tampoco se tendrá en cuenta el tiempo de permanencia en la mili de los que en su momento la tuvieron que hacer, como es mi caso, pero sí se primará con 9 meses por hijo y hasta un máximo de 2 años a las madres, que ya se sabe que lo de los padres es mera cuestión nominal, y a falta de conocer en detalle los acuerdos será interesante saber qué va a pasar con aquellas profesiones, desempeñadas por hombres,  que hasta el presente tenían una consideración especial a la hora de la jubilación como los marineros, los mineros o la construcción.

En cualquier caso y pase lo que pase con este último punto, lo que parece claro es que lo del poder masculino, es una auténtica tomadura de pelo, porque sea éste el pacto que analicemos o cualquier otro sobre cualquier materia: educación, sanidad, ley de dependencia, etcétera si hay alguien que parece blindado a cualquier decisión en su contra son las mujeres, y si hay alguien a quien siempre se podrá sacrificar esos serán los varones. Es evidente que lo del poder masculino no deja de ser otro de esos grandes inventos del feminismo para pretender que miremos al dedo y nos olvidemos de la Luna. Y mientras esto sucede muchos hombres seguirán arreglando los problemas del mundo, desde poderosas instancias de poder masculino, también desde aquellas otras que carecen de él.


P.S. En el tema de la cotización por hijos parece que ha habido alguna rectificación y se contempla la posibilidad de que se pueda aplicar a los padres también. Lo que creo que pinta muy mal es lo de las profesiones que hasta el presente tenían edades de jubilación adelantadas debido a su dificultad y riesgo. 

25 enero, 2011

El fracaso de las madres...

Imaginad por un instante una sociedad donde la custodia de los hijos se concediese abrumadoramente a los hombres, donde las ayudas por hijo se las otorgasen a los padres, donde el papel del padre estuviese mitificado y el de la madre a fuerza de identificarlo con lo negativo resultase mejor no mentarlo, una sociedad que cultivase la imagen de un padre amantísimo y una madre ausente, imaginaros una sociedad así, e imaginaros también que ese mismo fantástico país ocupase el número 1 mundial en obesidad infantil, y la población escolar ocupara también el primer lugar del mundo en alumnos disruptivos en el aula y los colegios, y el índice de fracaso escolar fuese altísimo y en general el nivel educativo de los más flojos de los de su entorno, imaginaos todo eso, e imaginaos que algún periodista avispado cayese en la cuenta de todas esas cosas y tratase de dar un toque de atención a la sociedad con un reportaje que llevase por título: El fracaso de las madres en la educación de sus hijos. Raro ¿no? ¡Pues eso! 

22 enero, 2011

El feminismo y la guerra de sexos

El feminismo y su “igualdad”, (una igualdad que en su tosquedad nos pretende idénticos sin que eso libere a los hombres de una culpa que expiar y una deuda que saldar, y a las mujeres de unos derechos históricos de los que resarcirse), nos está conduciendo a todos a un callejón sin salida que está provocando mucho dolor e impotencia, y amenaza con seguir haciéndolo durante mucho tiempo por la inhibición de la mayoría, y porque una minoría  ideologizada y cargada de prejuicios, constituida en lobby,  ha sabido hacerse con todo el poder e imponer que esto a quien compete es a ellas.

El feminismo dominante y muchas mujeres actuales, hijas en buena medida de las anteriores oleadas del feminismo, se han empeñado en sostener que la mujer es igual, cuando no mejor, que el hombre en cualquier ámbito de la sociedad y el conocimiento*, y, como eso jamás se ve plasmado de forma exacta en la sociedad, en lugar de replantearse el acierto de sus ideas, han decidido que si no está sucediendo en esos términos sólo puede ser debido a que la mano negra del hombre lo está impidiendo y por tanto es necesario actuar en consecuencia.

*En honor a la verdad habría que decir que las comparaciones que el feminismo realiza son con aquellos hombres con poder, olvidando a esa inmensa mayoría de hombres que no sólo no gozan de ningún poder, más bien constituyen la mano de obra del sistema, sobre la que recaen los trabajos duros y pesados y las tareas que nadie más quiere realizar. Al mismo tiempo hace también como que olvida a esa multitud de mujeres de vida fácil y cómoda que no tienen inconveniente en no acudir al mercado laboral porque hay un hombre que trabaja para ellas, o  se arroga sin ningún rubor todos los derechos sobre la reproducción.    

Pues bien, como esa realidad que ellas atribuyen a la mano negra del hombre perdura con el paso del tiempo, y en su imaginario sólo cabe atribuirla al incorregible afán dominador y explotador del varón, han decidido actuar con todas las armas, particularmente el código penal, porque el objetivo irrenunciable es hacer ver que si en algún ámbito de la realidad social o de la cultura el hombre ha demostrado su superioridad sólo pudo haber sido como fruto de la fuerza y la coerción ejercidas contra las mujeres, de su dominio y  explotación. La tarea que el feminismo se ha fijado en el momento presente es: cambiar la masculinidad, cambiar al hombre, y para ello la mujer debe gozar del máximo de poderes.

Las pruebas de esa explotación de la mujer por el hombre  nunca acaban de ser puestas sobre la mesa y, en su lugar, asistimos a que, cuando parecía que se nos iba a ofrecer algo nuevo, en realidad lo que se nos dan son cosas como: techo de cristal, discriminación salarial y laboral, sexismo del lenguaje, exclusión con malas mañas de los puestos de responsabilidad: sea en la Universidad, la política, la economía o el campo que se desee, todo ello teñido de un enorme subjetivismo con el que se pretende sustituir cualquier posible contraste con la realidad. Ni que decir tiene que  todo ese arsenal de conceptos vacíos no es capaz de resistir la más mínima prueba de los hechos y en sí  constituye el mejor ejemplo de construcción de una ficción, no para explicar lo que sucede en la sociedad y las relaciones de hombres y mujeres, sino para fundamentar una creencia y una ideología de lucha por el poder.

Lucha que se establece al modo de un nacionalismo de género excluyente y que considera al otro un bárbaro e ideología  fruto de una amalgama imposible de marxismo, relativismo y culturalismo que cumple dos funciones principales: el discurso feminista no está sujeto a contraste ni verificación puesto que su carácter justo se lo da su origen y contra lo que combate, de ahí que ni la autocrítica ni el balance sean necesarios y, derivado de lo anterior, en esta lucha todo vale. Llegados a este punto  el contraste entre la pretendida perfección de lo femenino como teoría y su plasmación práctica no puede ser más grande.

Pero como lo malo siempre se puede empeorar, no contentas con afirmar que la dominación masculina no ha disminuido en los últimos tiempos, más bien al contrario según su versión, han cerrado todas las puertas a un posible debate entre los géneros al afirmar que no existe territorio neutral donde éste sea posible, ya que incluso ámbitos como la ciencia, la informática o la política, son espacios en los que el hombre se refugia para seguir ejerciendo su supremacía.

Llegados aquí, al hombre las opciones que le quedan son muy limitadas resumiéndose en dos: o bien asume los postulados del feminismo de forma más o menos activa, o si no, cae de lleno en esa categoría que asimila cualquier discrepancia con los maltratadores. La lógica es o conmigo o contra a mí, y si estás contra mí te combatiré con las peores armas. Como señala Elisabeth Badinter, en relación con lo que este  feminismo propugna: “Es preciso, pues, luchar contra la dominación masculina como se combate el racismo o el fascismo.” (pág. 58, Por mal Camino. Madrid, 2004).

Ni que decir tiene que en el viaje a estos postulados las mujeres han encontrado en algunos hombres los más conspicuos acusadores de la condición masculina, destacando algunos de ellos como de los principales teorizadores del actual feminismo. Por el contrario, son también mujeres algunas de las más destacadas críticas de esta deriva y quienes con más acierto han puesto el dedo en algunas de las llagas de este feminismo. Pero lo cierto es que se han cerrado todas las puertas a cualquier terreno neutral o de diálogo  y pareciera que sólo cupiera la rendición total de uno de los sexos, el de los hombres.

Esta es la realidad actual de la guerra de sexos en que el feminismo nos ha metido, realidad que sin embargo, lejos de aparecer así,  para buena parte de la población lo hace de forma completamente distorsionada, ya que con gran habilidad están sabiendo aparecer no con el real papel que están jugando, sino justamente como las únicas víctimas. Por eso lo que pueda suceder en el futuro tiene mucho que ver con que seamos capaces de quitar ese velo con el que han tapado su verdadero papel y mostrar que, si no reaccionamos, víctimas podemos acabar siéndolo todos. No estaría mal por tanto dedicar algún tiempo y energía a estudiar qué es lo que no estamos sabiendo hacer   y  qué cosas nuevas convendría hacer si queremos salir airosos de  este reto.  

20 enero, 2011

Dominación masculina

Ayer he podido escuchar en la presentación de un programa de radio que decía que iba hablar de la discriminación salarial de las mujeres, algo tan absolutamente demagógico y chapucero que prefiero no alimentarlo mucho más. Quizá tomar nota y pensar que inevitablemente si queremos avanzar por una senda de igualdad, se hace necesario desmontar los enormes castillos –en realidad de cartón piedra, pero eso no todo el mundo lo sabe- que el feminismo ha venido montando para justificar sus prácticas misándricas. Y quizá sea el de dominación masculina el primero que se haga necesario clarificar.

Justamente uno de los mejores sustentos de un concepto como el de dominación masculina, sea el que habla de las diferencias salariales hombre-mujer, diferencias que de haberlas no vendrían justificadas por las leyes que rigen el mercado laboral, y por tanto independientes del sexo del demandante, sino por una misteriosa mano del hombre que determinaría que ellas ganasen menos que ellos. Creo que no hará falta que me extienda mucho sobre el asunto, nadie jamás ha podido demostrar tal cosa, y que se siga utilizando como mantra lo único que pone en evidencia es que habrá dominación masculina pero el feminismo no precisa demostrar los pilares de su edificio ideológico.

Una expresión como “las mujeres cobran menos por el mismo trabajo” es una falacia absoluta como tantas veces se ha demostrado y, ya digo, la única explicación para que se siga utilizando a todos los niveles, en realidad de lo que nos habla es de dos cosas: de la endeblez de pensamiento feminista que precisa recurrir a la mentira para sostener sus tesis, y que lo de  dominación masculina habría que mantenerlo en cuarentena porque de otro modo no se explicaría la facilidad con que las “mentiras” feministas circulan y se hacen presentes en la sociedad.

Otra de las falacias de esta dominación masculina sería la de hablar de un mundo de hombres en el que regirían unas leyes que por su propia naturaleza masculina derivarían sistemáticamente en discriminación y exclusión de la mujer. Claro que la primera dificultad sería señalar dónde está ese “mundo de hombres” si pensamos en la familia, la casa, la legislación familiar: divorcio, custodia, etcétera donde quizá habría que hablar de un mundo de mujeres en el que el canon es tan exclusivo que la presencia masculina está vetada del modo más radical como quizá nos recuerda la anécdota del ausente padre de la hija de Nicole Kidman.

Pero, si fuéramos al mercado de trabajo, quizá podríamos ver y observar que las mujeres se excluyen de aquellos trabajos que desean para concentrarse en los que mayor calidad de vida ofrecen: Administración y servicios, sin desdeñar profesiones con fuerte carga de estrés cuando la remuneración parece compensarlo, por ejemplo, controladoras aéreas. Eso sí, en profesiones como la construcción, la metalurgia o la pesca de altura se seguirá hablando del machismo  que les cierra el paso, pero por ningún lado hay constatación de que sean demandadas.

Y quizá, el tercer elemento y aquí tomó parte del hilo utilizado en el susodicho programa de radio, está en señalar un “hombre poderoso” malo, muy malo, que lo gobernaría todo de forma  tan absoluta que ahí estaría la explicación del enorme esfuerzo que las mujeres deben realizar en cuidados del cuerpo y la salud para estar bellas para ellos, y así el hecho del maquillaje o los zapatos de plataforma, nada tendrían que ver con una opción libre de ellas, sino una imposición del mundo masculino que las esclavizaría en provecho de ellos. Todavía más, un episodio como el lamentable caso de la revista Vogue utilizando como modelos a niñas de siete años no sería directamente achacable a las responsables de la revista, y a las madres y padres de las criaturas, sino justamente a ese señor malo muy malo que todo lo domina y que con su poder habría conseguido que eso fuese así para alimentar su insaciable apetito libidinoso.

¡Ojo!, ante tamaño fraude, hay que recordar a quien así argumenta, que no sólo no se hace periodismo cuando se dicen tales cosas, ´más bien pura y simple demagogia y además burda. Demagogia además interesada porque esconde a las verdaderas responsables, también porque bajo ese espíritu protector se esconde una concepción de la mujer como ser en minoría de edad, manejable al antojo de los hombres, que sólo desde la más absoluta desconexión de la realidad se puede mantener.  Finalmente decir que quien así argumenta debería explicar mejor el funcionamiento de la susodicha revista para que encajemos esta última explicación suya con el reportaje que la misma realizó a las mujeres del Gobierno, tan alabado en su momento.

En fin, vivimos rodeados de un uso de las palabras destinado no a clarificar sino a oscurecer los hechos, enredos semánticos y falacias argumentales, que en un contexto menos ligado al poder serían fácilmente desveladas,  pero que justamente por eso, por estar ligadas a una ideología de poder, gozan de la extraordinaria difusión que gozan y pocos son los que se atreven a desmontarlas. En cualquier caso desde esta bitácora se seguirá haciendo un esfuerzo por la claridad, por el argumento, por la denuncia de éstas y otras muchas falacias que, no lo deberíamos olvidar, son falacias del poder. Falacias que justamente lo que prueban es que esa pretendida dominación masculina, no es más que eso, una mentira más.