Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
28 febrero, 2011
25 febrero, 2011
Qué, cómo, para qué
Esta es la entrada número 500 de la bitácora y una de las que quizá más me está costando escribir. Las dudas me asaltan por todos lados: la primera, si merece la pena seguir y, a partir de ahí, todas las demás. Es tan grande la magnitud de la tarea y tan escasa la capacidad de incidencia sobre lo que viene sucediendo, que no es fácil distinguir si será más lo conseguido manteniéndose en el empeño o desistiendo del mismo.
Es verdad que después de tanto tiempo uno ya está picado del gusanillo y también resulta difícil prescindir de una actividad que ha pasado a formar parte de su vida y, hacia la que lo empuja la constatación constante de que las cosas no marchan bien en el terreno de la igualdad, pero todo se hace poco ante la constatación de lo difícil que está resultando todo esto, sea lo que fuere esto: lucha por la igualdad, movimiento masculino, crítica del género, espacio de discusión, etc.
En cualquier caso, la constatación de que por el lado de los hombres todo está por hacer y arrancar está resultando un arduo trabajo. Como decía un comentario firmado por keltiberoi en el blog Mujeres de El País: “Queridos seres humanos con un cromosoma Y, los seres humanos con dos cromosomas X hacen bien en reclamar lo que consideran justo. El problema es nuestro, no hemos necesitado desarrollar una conciencia de género. Pero lo vamos necesitando.”
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19 febrero, 2011
Dominación masculina II
Le doy vueltas al tema de la dominación masculina y no dejo de pensar en la paradoja del feminismo, particularmente el de la última ola, que si bien no deja de percibir control y dominio del hombre por todos lados, y nos presenta a la mujer como un ser dominado y explotado, pretende sin embargo que todo lo conseguido por la mujeres en las sociedades del bienestar, particularmente europeas y americanas, no sólo es completamente ajeno a la acción de los hombres, sino que ha sido conseguido contra su voluntad y arrebatándoselo.
Cabría pensar que alguno de los términos no puede ser verdad dado su carácter contradictorio. No es posible pensar que las mujeres hayan alcanzado las más elevadas cotas de poder en sociedades completamente dominadas por los hombres, y cuando la intención de éstos es seguir manteniéndolas dominadas para lo que no dudarían en recurrir a cualquier método incluido el maltrato, como el feminismo no deja de repetir y ha conseguido imponer como doctrina social y legal en todas nuestras sociedades. Quizá avanzando en este tipo de reflexiones nos sea dado conocer mejor los concretos mecanismos del poder femenino y su realización en una sociedad que por fuerza no puede ser la que describen y teorizan.
Lamentablemente éste es también el punto de vista de quienes como Alain Touraine en su libro: El mundo de las mujeres, se niegan a hablar de una “psicología” femenina porque sería naturalizarla pero no tienen empacho en utilizar un concepto tan ahistórico y como fijado en el tiempo de una vez y para siempre como el que representa el de “dominación masculina” y en consecuencia el hombre y las relaciones que tal mundo presuponen. Se trata por un lado de negar la identidad de los sexos, para reafirmar su diferencia, al tiempo que se mantiene una visión petrificada de lo que el hombre y lo masculino representan.
Se pretende escapar de una lectura del mundo en clave masculina al tiempo que se ocultan las claves de esa lectura en femenino y que, en lo que atañe al poder no pueden ser más divergentes. Se pretende hacernos creer que lo que interesa a las mujeres es el poder en la cúpula bancaría, empresarial o política, que también, ocultando sin embargo que son otros los bastiones en los que no están dispuestas a ceder ni un ápice de su poder: la casa, los hijos, la salud, el bienestar personal…
Para mi sorpresa y a pesar de que Alain Touraine en el citado libro escribe cosas como: “Hay que añadir que en ningún caso cabe considerar accesible la igualdad perfecta entre hombres y mujeres, siquiera suponiendo que las actuales diferencias de remuneración y de carrera llegaran a suprimirse. Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139) parece no ser capaz de entender que en un contexto así el concepto de dominación masculina más que un apoyo constituye un estorbo que no permite captar la verdadera naturaleza de lo que el feminismo y las mujeres están imponiendo.
El dedo apunta a la Luna pero el feminismo y las agrupaciones de mujeres, también los hombres profeministas, pretenden que donde fijemos la atención sea en el dedo. ¿Tiene algún sentido hablar de dominación masculina porque la cúpula empresarial o bancaria sea masculina, si en todos los demás terrenos el hombre es un don nadie a quien se le puede negar los hijos, y la casa, a quien se le encargan los trabajos duros y penosos, y cuya figura como esposo, padre, incluso ciudadano, está bajo mínimos? A mi modo de ver ninguno. No sé lo qué pensaréis vosotros.
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16 febrero, 2011
¿Igualdad a medias?
Si bien lo pensáis la igualdad de la que nos habla el feminismo, -entendiendo por tal no sólo el que habita en la política, sino todo ese que encuentra su acomodo en el mundo de los medios y de la cultura-, sería una igualdad de darle la vuelta a la tortilla: la mujer ha de ser fuerte y segura, él preferiblemente dubitativo y sensible; fuera películas del Oeste de la tele, ahora ya sólo pueden ser o de temática femenina o con mucha violencia de género, los telediarios y todo lo demás deben estar presentados por ellas; el poder político, como el mediático, a medias, pero sólo relativamente porque en ese a medias no estarían incluidos ni la Secretaría de la Mujer, ni el Instituto de la Mujer, ni las consejerías de la mujer, ni las concejalías de la mujer, y en cuanto a la prensa esta habría de reservar espacios de exclusiva temática femenina y para promover el poder femenino, y desde luego no haríamos caso a que en el kiosco mucho más de la mitad de las revistas estuvieran dirigidas preferente o exclusivamente a la mujer.
Por lo demás se potenciaría el perfil femenino de los puestos de la Administración y la regla del 50% no tendría que regir ni para escuelas ni en la Universidad, tampoco haría norma a la hora de seleccionar el profesorado ni el personal de los juzgados y en general los empleados del sector servicios. Como no se haría sangre porque el empleo en el sector primario, en la industria y la construcción, además de los sectores relacionados con la seguridad y la defensa y particularmente todos los de desempeño difícil y alta siniestralidad fuesen ocupados por ellos, quienes en situaciones de conflicto asumirían que la primera línea de fuego les correspondería y, como siempre ha sido, tendría plena vigencia el viejo lema patriarcal de las mujeres y los niños primero.
Este feminismo pretende que rijan dos leyes: una para los hombres y otra para las mujeres. En el ámbito de lo privado sería la ley que ellas marcasen: hijos sí o no según su soberana decisión, trabajo fuera de casa o no, siguiendo la misma regla. Desde lo público se garantizaría que en caso de separación los hijos y la casa fuesen para ella. Lo que pasase con el ex sería cosa de que él se las arreglase yendo a vivir a casa de sus padres, o como bien pudiera. En cualquier caso con un tercio de lo que ganase porque los otros dos tercios debería entregarlos a quien ya no es su compañera y a unos hijos que podrá ver escasas veces al mes sin participar en la toma de decisiones de su vida.
En lo público haciendo que la ley del mercado laboral fuese distinta para ellas: seleccionando un número limitado de profesiones en las que trabajar y gozando de discriminación positiva para esto y para lo otro y siempre en el derecho de poder denunciar un trato discriminatorio… En el terreno político teniendo asegurado un porcentaje de representación que no vendría dada por los ciudadanos sino determinada por la ley y eso, al margen de la dedicación o no al desarrollo de las organizaciones o de sus programas, eso sí, el campo de la “igualdad” les pertenecería en exclusiva y ahí de nuevo gozarían de plena libertad de decidir y de aprobar. Lo de la paridad sería una regla a aplicar sin excusas cuando ellas lo dijesen y a cancelar sin derecho a réplica cundo les pareciese.
La sociedad ya no se regiría por los principios de mérito y capacidad y, en lo político, por el de representación en base a la libre elección de los ciudadanos para decidir lo que quieren y si en ese querer puede haber más hombres o más mujeres, sino que en base al “democrático” principio de la paridad esta representación vendría fijada por le ley, o mejor, por pequeños grupos de “decididores” en los partidos políticos, porque la posibilidad de las listas abiertas quedaría descartada para siempre. Esto unido a la tendencia al apalanque del panorama político puede terminar redundando en lo que ya vemos: un mayor alejamiento de la ciudadanía y sobre todo un mayor rechazo hacia la clase política que únicamente consigue imponerse en base a que los ciudadanos votan no por su candidato sino para que no salga el otro, no por lo que quieren sino para evitar al que no desean.
Por último, me gustaría destacar en esta entrada un poco deslavazada, el desdén y la pose del feminismo cuando se niega a contestar críticas tan contundentes como que ese 26 % menos de sueldo para ellas es pura falacia, o la actitud entre chulesca y demagógica de ciertos estudios de género financiados con dinero público en los que ya de entrada se comienza tildando de club de los muchachos a las Academias, incluso cuando lo hacen para denunciar la escasa presencia femenina, pero sobre todo me parece mundial que para reforzar tal o cual argumentación se recurra a una cita de otra feminista de género, un poco al estilo del correligionario de cualquier secta que entiende que la palabra de su chamán es palabra de Dios y, por tanto, credo para todos.
13 febrero, 2011
Sobre el blog: Mujeres
Aún cuando hace un par de días dejé este comentario: “A algunos les gusta soñar que el mundo nace con ellos. Les resulta fácil pensar que todos los hombres anteriores a él y sus amigos, si se quiere generación, actuaban según un discurso aprendido. Discurso que ya no es el suyo porque ha sido capaz de liberarse de todas las cadenas y de ese modo construir un discurso justo y libre. Pero quizá, sin apenas darse cuenta, su discurso no sea tan libre y escriba más al dictado de lo que pudiera parecer a primera vista. Por ejemplo, es capaz de escribir: los salarios de las mujeres son inferiores un 26 %, pero sería incapaz de citar un sólo caso en que una mujer cobre un 26% menos que su compañero varón por el desempeño del mismo trabajo y. para calibrar lo que en una afirmación así hay de error, hemos de pensar que debería encontrar no un caso, sino ocho millones.” aquí
Hoy me gustaría referirme un poco más en extenso al contenido de este artículo porque me parece que resume bastante bien el argumentario de los llamados profeministas: con todos sus lugares comunes, su mala conciencia, su lenguaje de doble o triple uso, por ejemplo, la palabra posmacho primero utilizada para los comportamientos de Berlusconi o el alcalde de Valladolid, pero luego ampliada al conjunto de los hombres, excluidos como no podía ser de otra manera, gentes como él; y por qué no decirlo con total ausencia de rigor.
Para empezar ni una sola explicación a por qué un espacio para mujeres y no uno para los hombres, como si quien gozase de los apoyos oficiales y extraoficiales no fuese el feminismo con toda su administración paralela y todos sus resortes de poder, con el apoyo sistemático a todas sus propuestas mientras las asociaciones de padres separados o los colectivos por la custodia compartida no sólo son negados y ninguneados también presentados como asociaciones de maltratadores. Como si aquí estuviera garantizada la custodia compartida y la presunción de inocencia que estuviera en entredicho no fuera la del varón sino la de ellas.
Pero yendo más en concreto al contenido del escrito me sorprende la enorme distancia existente entre los objetivos que para dicho espacio señala Gabriela Cañas, quien los sitúa en penetrar en “los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios” y el señalado por el autor de este artículo: “Por eso, aunque el discurso igualitario pueda resultar a veces cargante, sigue haciendo falta pedagogía. Por eso hacía falta este blog.” La distancia entre lo que una y el otro dicen no pueden ser mayor, aunque quizá nadie se atreva a negar que se trata de un instrumento más del poder del feminismo institucional.
Otro aspecto reseñable del escrito es esa sempiterna tendencia a considerar que hay un ser humano a quien cabe exigir toda la responsabilidad y otro ser humano que por la misma queda descargado de cualquier obligación. A ese respecto: por qué confusión del posmacho en lo de abrir la puerta y ceder el paso o en lo del piropo, si después de oír del feminismo durante décadas que había que acabar con esas prácticas patriarcales, hasta situar el piropo en la categoría de acoso, la presidenta de la comisión de igualdad del Congreso y ex ministra Carmen Calvo ha expresado que a ella esas cosas le gustan… ¿De quién es la confusión?
Pero también a cuento de qué seguir hablando de los galanes que abofeteaban antes de besar cuando las cosas han cambiado tanto y ahora quienes reparten bofetadas con motivo o sin él son ellas, y desde determinadas tribunas femeninas no se tiene empacho en pedir que quién se quede en casa o renuncie a su carrera sea él. No entiendo por que seguir en el pasado si la realidad presente ha dado la vuelta a esas prácticas como un calcetín. A no ser que se nos quiera ahorrar la explicación de por qué lo que antes era detestable, ahora se silencia o en qué momento las bofetadas han pasado de ser machistas a justificadas.
En lo que hace referencia al trato dado a las ministras quizá sirva una simple anécdota para saber si han sido peor tratadas ellas que ellos, dado que la acusación de sexismo está presente incluso cuando quien las critica son otras mujeres, incluso mujeres feministas. Pepe Blanco harto de que Esperanza Aguirre le llamase Pepiño, se atrevió a llamarle Esperanzita una vez y fue tal la reacción que lo de Pepiño todavía continúa, lo de Esparanzita duró un día. En cualquier caso quien mejor podría explicar lo que ha pasado con ellas sea quien en su momento las nombró para después cesarlas porque interpretó que la imagen del Gobierno se había deteriorado grandemente y decidió que lo que hacía falta era un Gobierno con otra composición.
En relación a lo del menor salario valga el comentario de más arriba y en cuanto a lo de la mayor dedicación de ellas a las tareas domésticas, hay estudios internacionales claros en los que se ve que los hombres compensan ampliamente con el trabajo fuera de casa el trabajo que ellas a mayores desarrollan dentro del hogar. En cualquier caso hablar de dos colectivos con tanta heterogeneidad en su interior como son los hombres y las mujeres no puede conducir más que a apreciaciones erróneas porque las condiciones de una madre trabajadora con hijos en edad de grandes cuidados y la profesional que no tiene obligación familiar alguna la separación es tanta como la que pueda haber entre un padre trabajador con un trabajo extenuante y otro varón en situación mucho más desahogada.
Lo que a día de hoy habría que catalogar como trogloditismo es que vivamos en una sociedad donde la reivindicación de la custodia compartida esté perseguida y donde determinadas leyes no dejen de cuestionarse desde el ámbito de los tribunales pero sin posibilidad de que encuentren eco en los partidos políticos prisioneros del lobby feminista que en este terreno goza de un poder sin cortapisa. Por lo demás el uso de expresiones como “temen negociar un divorcio en desventaja” constituye un eufemismo inadmisible para hablar de algo tan dramático como las separaciones en este país, en las que miles de hombres de repente se ven alejados de su familia, sin casa y con un tercio del sueldo que ganan, sencillamente porque han decidido separarse de sus parejas.
En fin, lo que a estas alturas haría falta sería un blog, para dar voz a los cientos de hombres que después de un proceso de separación irregular no la tienen, como habría que darla para que fuese posible hablar sin anatemas ni excomuniones de custodia compartida, SAP, ley de violencia de género, y de todo aquello que sirviera para avanzar en la dirección de una sociedad de iguales donde el feminismo institucional y la mujeres no pretendiesen que todo deba ser compartible, excepto aquellas esferas en las que siempre llevaron ventaja: hijos, casa, salud… y todavía más, donde no pretendieran que el hombre afectado de no sé qué virus relacionado con la masculinidad, ha perdido su derecho a hablar sobre lo que haya de ser esa sociedad de iguales.
Ah, por cierto, puestos a buscar hay para todos y todas: http://www.abc.es/20110205/espana/abcp-poetisa-pere-navarro-20110205.html
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¿Dos psicologías?
Hoy he colgado el comentario de más abajo en un foro sobre educación, pero todavía después de colgado seguía flotando en mi cabeza esa dificultad de percepción en un foro mayoritariamente masculino, de las diferentes actitudes de los sexos en relación con la educación, hasta el punto de opinar y actuar como si no existiesen. Señalan algunos psicólogos que los hombres tendemos a actuar en nuestra relación con el otro sexo como si de un miembro del nuestro se tratase y eso no siempre es bien visto por quien tenemos enfrente, que espera una respuesta similar a la que ella daría de encontrarse en el papel del otro.
Se cita a modo de ejemplo la empatía, que la mujer entiende como ponerse en el lugar del otro, y el hombre como encontrar una solución a la angustia de quien queremos socorrer. Pero sucede en muchos otros ámbitos de la vida y en contextos a veces bien complicados como las discusiones de pareja en las que hablar no sólo no ayuda a resolver los problemas más bien los agrava como bien señala el psicólogo Ivon Dallaire en tantos de sus libros. Es evidente que es un ámbito de estudio que conviene desarrollar como se merece y que debe servir para algo más que para hacer chistes y gracietas sobre “el cerebro masculino y el femenino”. De momento dejo este apunte aquí. El comentario citado es:
Como he dicho tantas veces, sin introducir variables de género en los análisis sobre educación tengo la impresión de que estamos condenados a no entender nada y, por supuesto, lo políticamente correcto no se queda en el exterior de este foro. Ayer leí una frase de un pediatra que me gustó, decía: No controle al niño; enséñele autocontrol. Sin embargo no es éste el principio que rige en nuestra enseñanza, ni es un principio que tenga la misma acogida entre profesores y profesoras, maestras y maestros.
No es una casualidad que en este foro la participación masculina sea muy superior a la femenina, ni tampoco la valoración por sexos de lo que sucede en nuestro sistema educativo es la misma para ellos y para ellas, sin que quepa interpretar esto como la división en dos bloques monolíticos sin transición entre uno y otro. Hace no mucho más de un año asistí a una conferencia de un profesor de Ciencias de la Educación que poco menos defendía que llevar de la mano al alumno universitario. Pero tengo la impresión que entre los que expresan descontento por lo que está pasando hay muchos más varones que mujeres, profesores que profesoras.
Tengo la impresión de que estas realidades están ahí, pero pretendemos como que no queremos verlas. Pareciera que constatar diferencias entre los sexos fuera en sí mismo una actitud sexista cuando entiendo que son cosas bien distintas, y no hacerlo a lo que nos está conduciendo es a una imagen distorsionada de la realidad porque nos obliga a suponer una misma sensibilidad y actitud entre colectivos cuando no sólo no tienen la misma sino que puede llegar a ser completamente contradictoria.
Sólo por daros una pista os diré que en amplios colectivos feministas y de mujeres la percepción de nuestro sistema educativo es que nos encontramos ante el mejor de nuestra historia y el único que hasta el presente ha sabido hacer justicia a los sexos.
Y ahora os dejo el enlace a una información de hoy mismo en relación con la enseñanza universitaria:
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11 febrero, 2011
Un nuevo espacio para las mujeres
Estas son las razones de Gabriela Cañas para justificar el nuevo espacio que tan generosamente les cede el diario El País a las mujeres. Como podréis observar en la lectura el no inicial acaba siendo un sí rotundo.
Los objetivos son: los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios. Nada que ver con la pequeñez de nuestros problemas y preocupaciones: fracaso y abandono escolar, custodia compartida, justicia sin género, igualdad, etcétera.
Tampoco nada sobre la crisis económica y el empleo, el marco institucional europeo y su más que evidente incapacidad para los retos de nuestro tiempo, nada sobre la articulación del Estado y por supuesto nada que decir sobre la crisis demográfica o el fracaso y abandono escolar. Yo diría que un espacio más para qué hay de lo mío.
Y, ahora unas preguntas:
¿Es igualitaria, equitativa o justa, la pretensión de un sistema social en el que siendo dos, a uno se le dé donde le falta, sin quitarle donde le sobra y, al otro, se le obligue a dar sin derecho a recibir?
Y todavía una cuestión anterior a todo esto:
¿No estando claro que la igualdad signifique identidad, el mecanismo de la coerción legal puede entenderse como un mecanismo apropiado para resolver este tipo de asuntos?
Los objetivos son: los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios. Nada que ver con la pequeñez de nuestros problemas y preocupaciones: fracaso y abandono escolar, custodia compartida, justicia sin género, igualdad, etcétera.
Tampoco nada sobre la crisis económica y el empleo, el marco institucional europeo y su más que evidente incapacidad para los retos de nuestro tiempo, nada sobre la articulación del Estado y por supuesto nada que decir sobre la crisis demográfica o el fracaso y abandono escolar. Yo diría que un espacio más para qué hay de lo mío.
Y, ahora unas preguntas:
¿Es igualitaria, equitativa o justa, la pretensión de un sistema social en el que siendo dos, a uno se le dé donde le falta, sin quitarle donde le sobra y, al otro, se le obligue a dar sin derecho a recibir?
Y todavía una cuestión anterior a todo esto:
¿No estando claro que la igualdad signifique identidad, el mecanismo de la coerción legal puede entenderse como un mecanismo apropiado para resolver este tipo de asuntos?
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10 febrero, 2011
Preparando el San Valentín
P.S. Pensé en titular la entrada: Trabajando la autoestima masculina, por lo apropiado que en vísperas de San Valentín resulta un “estudio” como éste. Por si las mujeres tenían poco con la eyaculación precoz, y la disfunción eréctil, ahora viene a sumarse a esta verdadera plaga un elemento más a la pesada carga que debían soportar las sufridas mujeres en sus relaciones con los varones. Y habrá que suponer que se produzca coincidencia en muchos de los que padecen cada uno de estos males ya que si no la suma de porcentajes nos da 29+12+16= 47 % , es decir, que casi 1 de cada 2 varones está afectado de un grave problema a la hora de establecer relaciones con su pareja.
En fin, que quien después de leer lo anterior, recogido en todos los medios de comunicación, y tantas otras cosas como en estos días previos a San Valentín se escuchan en relación con el amor, el sexo y la pareja y en las que queda muy clarito quién es el sujeto que debe dar y el sujeto que debe recibir, siga pensando que se puede hablar sin burla de dominación masculina, es que no valora hasta qué punto una información como ésta sería imposible si los sujetos analizados en lugar de ser ellos fueran ellas.
Y también habrá que suponer que por parte de las mujeres este problema de la halitosis y otros no se producirán ya que de ser así y tampoco producirse coincidencia en sufrirla ambos miembros de la pareja efectivamente habría que concluir que las relaciones entre los sexos deben sortear tantos obstáculos que parecerían imposibles. Y porque en el artículo no han querido cargar excesivamente las tintas ya que si así fuese y añadiéramos a lo anterior la narcolepsia postcoital, los ronquidos y la flatulencia, que a lo que estoy viendo en casi todos los medios también se trata de problemas exclusivamente masculinos habría que concluir que el fin del mundo estaba próximo.
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08 febrero, 2011
Realidad y apariencia
El lunes pasado visioné en la Sexta el programa del Follonero con Olga Viza e Iñaki Gabilondo. Me pareció interesante y creo que bien llevado, como me gustó lo que dijeron los protagonistas citados. De todos modos hubo un momento en el que el Follonero le recordó a Olga Viza que Matías Prats seguía presentando telediarios y ella no. La respuesta de Olga Viza no fue en línea con lo más previsible desde la pregunta, sino que recordó que en la actualidad y en relación con las mujeres se está cuidando más el “continente que el contenido”. Pero escribo esto a cuento de la necesidad de muchos de presentar a la mujer siempre como la víctima, incluso olvidando que quizá la discriminación no está más que en su cabeza. Aunque, ya se sabe, en lo social no actuamos en base a lo “real”, que normalmente permanece bajo mil capas y de lo que sólo vemos la cáscara, sino justamente en base a esa apariencia.
Lo cierto es que eso sucede a diario, y normalmente quien así actúa ni tan siquiera se ha tomado la molestia en comprobar si de lo que habla es algo que conoce o lo hace de oídas. Lo oigo en Radio 3 donde se cargaron a un montón de buenos profesionales, se lo oigo al Follonero el día que va a entrevistar a Iñaki, se lo oigo a cualquiera referido a la discriminación salarial, como se lo oigo a todo el que pretenda hablar de conciliación de la vida laboral y familiar. En el terreno de la “apariencia” la condición de la mujer guarda muy poca relación con la realidad, que es un poco más profunda, y que para conocerla exige preocuparse y leer e indagar por cuenta propia, y por eso, y contra la opinión de algunos, el trabajo de desvelar, de sacar a la luz esa realidad latente que subyace bajo la capa de apariencia se hace absolutamente imprescindible. No en vano esa capa existe y es resistente gracias al ingente y constante trabajo del feminismo a lo largo de mucho tiempo.
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