El feminismo en su afán por negar que exista una sola manifestación humana que no esté teñida de sexismo y machismo ha decidido que el idioma corriente y la lengua de la RAE no le valen y se ha propuesto construir otro que recoja las realidades de género y de este modo al lado de términos clásicos aparecerán resaltados otros como: violencia de género, igualdad de género, justicia de género, medicina de género o sexismo, en los que se abordan las distintas realidades con una clara diferenciación entre el tratamiento dado a las manifestaciones según provengan de la mujer o del hombre o se refieran a lo masculino o lo femenino.
El sexismo ya no será: discriminación por motivo de sexo, sino discriminación del sexo femenino, porque se ha establecido que tal cosa como discriminación del sexo masculino no existe y no puede existir porque el presupuesto de partida es justamente que esta sociedad está creada según el deseo de los hombres. En cuanto a lo que haya de entenderse en relación con la expresión violencia de género a estas alturas debe ser claro para todos a tenor de la aplicación de la LIVG desde su entrada en vigor. Otras realidades que se pretenden menos visibles tendrían que ver con todo aquello a lo que se añadiera la coletilla "de género", que para decirlo pronto debemos entenderlo como: si beneficia a la mujer está bien, si acaso la perjudicase se trataría de alguna manifestación bien del machismo bien de la sociedad patriarcal.
Otros intentos más anecdóticos como: miembra, jóvena, feminario u otros, como ignorar que en castellano ocupaciones como periodista, futbolista o psiquiatra no tienen nada que ver con el sexo de quien las ejerza, claramente han sido rechazados por la sociedad, aún cuando en este ámbito y desde la propia Administración se sigan dedicando tiempo y recursos a estudios como ese de una Consejería de la Junta de Andalucía que proponía sustituir la palabra futbolista por “quienes juegan al fútbol” o con más trascendencia como se relata aquí, desde el Ministerio de trabajo se evite en los textos legales el término trabajadores para ser sustituido por “personas trabajadoras”. Lo grotesco de la situación es que con la pretensión de combatir el sexismo del lenguaje finalmente se acabe creando uno artificial cuando no imposible y, en todo caso, este sí profundamente sexista.