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08 diciembre, 2011

Lenguaje no sexista

He estado echando una ojeada a este documento del Instituto andaluz de la mujer y me he tropezado en la página 14 con esta perla. Se señalan los siguientes como,


Principales problemas del sexismo lingüístico:


1. Duales aparentes y vocablos ocupados
2. Vacíos léxicos
3. Falsos genéricos
4. Asociaciones lingüísticas peyorativas
5. Salto semántico
6. Abuso del masculino genérico
7. Asimetría en el trato mujeres/hombres
8. Orden de presentación
9. Denominación sexuada
10. Aposiciones redundantes:


Y al desarrollar el número 2, se dice lo siguiente:


2. Vacíos léxicos: Palabras que carecen de correlato o dual en el otro género. La ausencia suele perjudicar a las mujeres. Ej.: misoginia significa “aversión u odio a las mujeres”. No existe ninguna palabra que nombre la aversión u odio a los varones.


Y no sé qué me admira más: si el hecho de que consideren la existencia del término misoginia como perjudicial para las mujeres o que, un grupo de lingüistas, en un trabajo que se propone sea la guía para la corrección en todo el ámbito de la administración del sexismo en el lenguaje, ignore la existencia del término misandria. 

14 agosto, 2011

La gramática de género y la neolengua

El feminismo en su afán por negar que exista una sola manifestación humana que no esté teñida de sexismo y machismo ha decidido que el idioma corriente y  la lengua de la RAE no le valen y se ha propuesto construir otro que recoja  las realidades de género y de este modo al lado de términos clásicos aparecerán resaltados otros como: violencia de género, igualdad de género, justicia de género, medicina de género o sexismo, en los que se abordan las distintas realidades con una clara diferenciación entre el tratamiento dado a las manifestaciones según provengan de la mujer o del hombre o se refieran a lo masculino o lo femenino.

El sexismo ya no será: discriminación por motivo de sexo, sino discriminación del sexo femenino, porque se ha establecido que tal cosa como discriminación del sexo masculino no existe y no puede existir porque el presupuesto de partida es justamente que esta sociedad está creada según el deseo de los hombres. En cuanto a lo que haya de entenderse en relación con la expresión violencia de género a estas alturas debe ser claro para todos a tenor de la aplicación de la LIVG desde su entrada en vigor. Otras realidades que se pretenden menos visibles tendrían que ver con todo aquello a lo que se añadiera la coletilla "de género", que para decirlo pronto debemos entenderlo como: si beneficia a la mujer está bien, si acaso la perjudicase se trataría de alguna manifestación bien del machismo bien de la sociedad patriarcal. 

Otros intentos más anecdóticos como: miembra, jóvena, feminario u otros, como ignorar que en castellano ocupaciones como periodista, futbolista o psiquiatra no tienen nada que ver con el sexo de quien las ejerza, claramente han sido rechazados por la sociedad, aún cuando en este ámbito y desde la propia Administración se sigan dedicando tiempo y recursos a estudios como ese de una  Consejería de la Junta de Andalucía que proponía sustituir la palabra futbolista por “quienes juegan al fútbol” o con más trascendencia como se relata aquí,  desde el Ministerio de trabajo se evite en los textos legales el término trabajadores para ser sustituido por “personas trabajadoras”. Lo grotesco de la situación es que con la pretensión de combatir el sexismo del lenguaje finalmente se acabe creando uno artificial cuando no imposible y, en todo caso, este sí profundamente sexista. 



05 septiembre, 2010

Administración paralela

En un excelente relato en Deseducativos, se cuenta el incidente provocado por  una emisaria del feminismo institucional, que impartía un taller de lenguaje no sexista, con el departamento de Lengua de un instituto, al que os remito para los detalles. Lo cierto es, que no hay campo de la realidad social y cultural en el que el feminismo institucional no tenga carta blanca de los poderes públicos para intervenir como una especie de alta inspección con capacidad para corregir a un departamento educativo, pero también para explicar a jueces, policías,  médicos y a quien haga falta, qué es la violencia de género y cómo se debe  combatir, con instrucciones de lo más preciso y sin derecho de réplica por parte de quienes a estos cursos deben asistir.

Lo más asombroso de todo este asunto es que las instituciones y las personas de repente nos vemos en la obligación de aceptar que, quien no posee más título en estos temas que los que el Instituto de la mujer o institución parecida  les otorga,  se constituyan en autoridad infalible y que todo lo sabe, sobre temas tan espinosos como todos los relacionados con el género, y el común de los ciudadanos a lo máximo  que podamos aspirar sea a una acción como la que este departamento de lengua ha protagonizado y que, como os podréis suponer constituye una excepción en este panorama de pensamiento único, que atraviesa todo tipo de personas e instituciones incluyendo ediles, alcaldes, sindicalistas, corporaciones locales, sindicatos y lo que haga falta. 

Y no es sólo que la experiencia demuestre la pobreza de estas “enseñanzas”. El caso paradigmático quizá lo constituya el propio término: género, impuesto en la legislación  por primera vez con ocasión de  la Ley integral contra la violencia de género. En aquel momento desde el legislativo se recabó un informe a la Real Academia de la Lengua sobre la denominación de dicha violencia como de género,  informe en el que ésta se mostró contraria a tal uso, lo que le valió no sólo no haber sido escuchada y que la Ley se denomine como todos sabemos, sino el  estar durante un tiempo sometida a durísimos ataques en los que su labor era situada al nivel de las mayores infamias del  patriarcado. 

Hoy, hasta sus propias mentoras reniegan del término violencia de género para inclinarse por el de violencia machista,  pero la confusión ha sido sembrada y en un reciente editorial de un periódico se la denominaba de tres maneras diferentes: violencia doméstica, de pareja y machista,  sin que ninguna coincidiera con la que este feminismo impuso y es ley, y quizá lo que sea más grave que una mayoría de la población incluso ilustrada no sepa muy bien qué demonios significa eso y si es algo más o distinto de la violencia doméstica, o por qué no puede denominarse de pareja, llegando la confusión hasta los propios magistrados que deben juzgar estas situaciones.

En un país democrático las administraciones paralelas no debieran estar consentidas, ni se debiera permitir que al margen de lo reglado existan unas personas que, sin más título que el que se conceden a sí mismas y saltándose los protocolos propios de una sociedad moderna, se constituyen en  “autoridad” para hacer y deshacer en todo lo relativo a la igualdad y no discriminación por razón de sexo. Y quizá convenga no olvidar, que se arrogan la verdad única e indiscutible en campos tan problemáticos y extensos como: la violencia de género, el lenguaje sexista, la educación sexual y reproductiva, y tantos otros, entre ellos la publicidad, terreno en el que las protestas de los amonestados se producen un día sí y otro también pero sin posibilidad de hacer, al menos por parte de los pequeños empresarios,  otra cosa más que cumplir lo que se les dicta si no quieren meterse en dificultades que les puedan arruinar su negocio.

03 enero, 2010

Para empezar el año


Como me lo he pasado muy bien leyendo el artículo de Juan J. Moralejo en La Voz de Galicia sobre el nuevo palabro: monomarental, lo cuelgo aquí en el deseo de que lo disfrutéis tanto como yo.  En cuanto a la viñeta de Erlich creo que sobran las palabras.

23 enero, 2009

Machista

Todos sabemos que, a efectos de opinión pública, muchos conflictos dependen no tanto de cómo se desarrollen en la realidad, cuanto de cómo aparezcan frente a la opinión pública. La reciente guerra en Oriente Medio creo que representa en este sentido un ejemplo inestimable. El poder de la imagen y la palabra en nuestro mundo tienen a veces la capacidad de trasmutar las realidades, por eso se hace necesario actuar con rigor en el uso de las palabras (y las imágenes) so pena de que de otro modo se exprese lo que no se quiere decir o simplemente se actúe como mera correa de trasmisión de quien tiene el poder.

Me sorprende que quien tantas críticas ha hecho a la Academia y, en general al uso que
se hace de la lengua, no dude sin embargo, en utilizar el calificativo machista para cosas tan dispares como señalar a alguien que ha matado a una persona (violencia machista), al equipo infantil de fútbol del colegio (…en un ambiente tan machista… se dice a veces, para referirse a lo que tiene que ver con el fútbol y, aunque seguro que a alguno os sorprenderá, yo lo he visto usado más de una vez para referirse a los equipos escolares en los que no participaba ninguna niña), o a quien ha realizado una crítica a Carmen Chacón o Soraya Sáenz de Santamaría por la manera que visten (comentarios machistas).

Creo que es un caso único en el que un mismo calificativo sirve para referir situaciones tan dispares como las citadas; pero hay muchas otras, que seguro vosotros conocéis, por lo que os invito a una reflexión en voz alta en torno a este asunto dado que más tarde o más temprano habrá que hacerlo y el tiempo que ganemos será un tiempo ganado para la claridad y el entendimiento. Lo otro, lo que está sucediendo ahora mismo, es negar el valor de las palabras para señalar lo distinto y el matiz, llevándolas a una nebulosa de contornos imprecisos donde lo mejor del lenguaje se pierde y donde todas las manipulaciones son posibles.