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12 octubre, 2012

La paridad ¿un capricho neofeminista?


La paridad, del mismo modo que la igualdad, es un asunto caprichoso que administrado por el neofeminismo ofrece una estampa pintoresca. Porque, qué criterio rige en tal asunto. Nadie puede decirlo porque en ningún sitio está escrito de forma clara. En esta sociedad del neofeminismo hemos pasado de la norma (ese pretensión machista, según la teoría feminista) que regiría de forma universal y podría ser conocida de antemano, a un “legislar” para cada caso, según el momento y de forma sobrevenida, que por lo visto representaría ventajas, aunque, ¿ventajas para quién?  Bueno, quizá está claro desde el principio ya que las implicaciones para cada sexo nunca son las mismas.

Acabamos enterándonos de que la susodicha paridad vale para la política y las listas electorales, también según las mismas fuentes debería valer para los consejos de administración de las empresas, incluso para los premiso Nobel, pero de ahí para abajo que rija la norma que más “nos” convenga. Qué hay muchas maestras, no pasa nada, que en las oposiciones a la judicatura arrasan las chicas, no pasa nada, que en la televisión pública las caras masculinas son anecdóticas, no pasa nada, que los estudios relacionados con la medicina y la salud se están feminizando hasta llegar al 80 %, no pasa nada, que los trabajadores de la construcción son varones, es lo normal, como lo es que lo sean los bomberos o los trabajadores de la industria y los empleos de riesgo y esfuerzo.

Ilustrativo es el uso de “padres” en la literatura y los medios que siguen este enfoque, porque siempre acaba siendo utilizado para denunciar un incumplimiento, una irresponsabilidad o algo peor. Pero jamás para asociarlo a un derecho o una experiencia en positivo.  El día que a alguien se le ocurra estudiar el tratamiento dado por las revistas femeninas y feministas a la figura masculina, me da la impresión de que nos vamos a enterar de qué significa sexismo. Ese  machismo del lenguaje denunciado por el feminismo institucional y de género, en una ocasión y otra, finalmente pretende ocultar este  sexismo profundo, esa distorsión de la realidad que caracteriza de un tiempo a esta parte todo lo que tiene que ver con los sexos, y el papel que se pretende para el hombre en el seno de la familia y el derecho familiar y en la sociedad en general.

Nada que objetar a que los derechos sobre la reproducción sean todos femeninos, como nada que reprochar a unos permisos de paternidad y maternidad (particularmente el paterno) que en nada recuerdan  a los que rigen  con quien en otros momentos se nos pone de modelo, por ejemplo, los países nórdicos, nada que objetar a la dura, interesada y en buena medida impresentable oposición que ejerce este feminismo en relación con la custodia compartida, como nada que decir en relación con que la socialización de los niños se realice, en algunos casos, con total ausencia de contacto con la figura masculina hasta los 10-12 años, y salvo excepciones, con un contacto que no se puede comparar con el femenino pero, llegado el momento de las responsabilidades, ahí sí, ahí somos iguales, en ese momento todo muda como por arte de birlibirloque y la responsabilidad es compartida, si se me apura decantada en mayor medida hacia los padres, pues como nos recordaba recientemente un libro: “¡ya verás cuando llegue tu padre!”, no es cosa de nuestras mamás o abuelas, sino moneda corriente de los hogares de hoy en día.

02 diciembre, 2011

Neofeminismo 2


Si la construcción de género tuviera visos de realidad histórica, la mujer no hubiera llegado a donde está de ningún modo.  Pues, ¿cómo conciliar, y hacer posibles,  las afirmaciones de que el hombre posee todos los poderes y que su deseo es mantener a las mujeres dominadas  y la sucesión ininterrumpida de  conquistas femeninas? La verdad más bien está en que  tal presupuesto es falso y la inmensa mayoría de los hombres, en todo este proceso, han colaborado o dejado hacer mucho más de lo que un feminismo del resentimiento quiere hacernos creer.  

Si fuera cierto que los hombres deseasen mantener dominadas a las mujeres ¿a cuento de qué se reservarían para si las peores tareas? Si lo del género fuera cierto ¿a título de qué  las grandes conquistas del feminismo serían aprobadas por Parlamentos  de mayoría masculina? Si lo del neofeminismo fuera cierto  en la Universidad no habría más mujeres que hombres, ni en la sociedad más mujeres con título universitario que varones.

Si lo que dice gente como Carmen Morán se ajustara a la verdad, los empleos a tiempo parcial y en el sector público no serían los que mayoritariamente ocuparían las mujeres,  reservándose los varones para sí la construcción, la industria, el campo o la extracción de los recursos naturales,  por ejemplo la minería y la pesca. La queja de la mediadora noruega  Sunniva Orstavik no sería que las mujeres en su país trabajan mucho en el sector público y a tiempo parcial.

Si lo que cuenta el neofeminismo no estuviera trucado la mujer no sería dueña y señora de la reproducción, haciendo jugar al hombre el papel de convidado de piedra prescindible en todas las situaciones. Si lo que cuenta la perspectiva de género no falseara la realidad la justicia no consideraría delito en el varón lo que en la mujer sería simple falta. Si la mujer está donde está es porque el hombre también ha querido que así fuera, aun cuando en algún caso como éste hayan equivocado no sólo el diagnóstico, también la prescripción.

Cosa bien diferente es que cupiese esperar que cuantas más instancias de poder ocupase y más viese cumplidos sus objetivos las cosas tornasen como lo están haciendo en la dirección de establecer una primacía y un dominio cada día más difícil de disimular y olvidando cualquier pretensión de igualdad.Y esto bien merece una digresión para observar, en un triple plano,  como a lo largo de la historia de las reivindicaciones feministas todo ha ido evolucionando en la dirección que menos cabría esperar.

Y así en un primer plano observamos como se ha ido pasando de la reivindicación de igualdad jurídica, derechos sociales y políticos, en el origen o la base, es decir en igualdad de condiciones con el varón, a exigir un trato preferente y una “igualdad” en el resultado, que no puede ocultar un claro  deseo de preeminencia y trato discriminatorio hacia el varón, ya que tales principios solo serían de aplicación donde la mujer estuviese en peores condiciones pero no allí donde ella gozase de mejor situación.

En un segundo plano lo que se observa  es que si hasta la irrupción del neofeminismo el planteamiento consistía en la conquista de igualdad hombro con  hombro con los hombres y en la intención de una sociedad sin discriminación por razón de sexo, todo eso varía desde  mediados de los 80 del siglo pasado, momento en el que  las organizaciones feministas sin dejar de exigir paridad con los hombres en sindicatos y partidos, declaran que sus organizaciones son solo suyas y en su expresión más extrema declaran al hombre como el enemigo a batir.

En un tercer plano el feminismo que había considerado que era en lo social donde cobraba  carta de naturaleza su discriminación y que ahí era donde había que fijar sus principales objetivos: mercado laboral, derechos al aborto y el divorcio, derechos políticos etc. sufre también una transformación radical con el neofeminismo para señalar que el origen de la discriminación está en todo lo relacionado con la sexualidad para pasar a situar el plano de las responsabilidades  en cada hombre que las rodea: el padre, el marido, el hermano… y que lo que se hace necesario es cambiar la masculinidad.

Y ahora mismo nos encontramos no sólo con una acusación de culpabilidad total y absoluta, también con la condición de quienes no son de fiar y  a quienes salva solo transitoriamente una declaración expresa de fe feminista. Cuando en Suecia y Noruega no es posible seguir arguyendo ninguna de las razones que históricamente ha sostenido el feminismo como causa de su discriminación: empleo, educación, hijos, etc. entonces es el código penal el que entra en acción y, en un nuevo giro de tuerca y para sorpresa de todos, descubrimos que Suecia es  el país del mundo donde más varones están en la cárcel por delito de violación.

Pero continuemos, si lo que cuenta el neofeminismo fuera cierto el hombre poseería una conciencia de género de la que, en claro contraste con la mujer,  carece por completo,  y no mostraría una mayor dificultad que ésta para superar su rol de género. Si lo que cuenta esta ideología, cuando hace remontar la desigualdad al comienzo de los tiempos, ni el servicio militar, ni el suicidio, ni los accidentes de tráfico o laborales  llevarían como llevan el sello masculino.

Si lo que cuenta el feminismo de género fuera cierto habría conseguido  demostrar que la ciencia y la técnica  son producciones en beneficio exclusivo de los hombres y lo masculino y no, como por todas partes se observa, en beneficio de todos.  Si la propaganda del feminismo institucional fuera cierta no tendría tanta  necesidad de poner la estadística a su servicio, ni de recurrir permanentemente  al falseamiento de datos y encuestas y mostrar tanto empeño en que partes de nuestra realidad social quedasen ocultas.

Si lo que otros llaman el hembrismo guardase algo de verosimilitud,  a buenas horas, la reclamación de custodia compartida estaría orillada y no en el centro del debate  de la opinión pública, o la LIVG seguiría en vigor y todos los programas de  TV1 iban a estar presentados por una mujer; los periódicos publicarían suplementos dirigidos en exclusiva a las mujeres o el cáncer de mama ocuparía la práctica totalidad del espacio público destinado a hablar de esa enfermedad que parecería que los hombres no sufren.

Si lo que dicen fuera cierto la mujer no ocuparía el mismo espacio laboral que el hombre, ni habría convertido en oportunidad la actual crisis en la que los índices negativos los soporta casi en exclusiva el varón. En un breve espacio de días han muerto en una ciudad de tipo medio tres indigentes masculinos. Desde la prensa se recordaba, al menos de uno de ellos, que había muerto por su cabeza, pues debiendo haber ido al médico no fue.  ¿Cabe suponer que un tema así de afectar a un colectivo de mujeres podría ser despachado con igual displicencia?

Lo cierto es que la intención neofeminista no guarda ninguna relación con una pretendida igualdad de mujeres y hombres, sino que tiene que ver con una pretensión de dominación y privilegio que cuando se atreven a teorizar dicen que los hombres debemos aceptar porque  antes nosotros hicimos otro tanto de lo mismo, pero resulta que uno busca en esa propuesta donde está su ocuparse de la protección y defensa, o los trabajos de riesgo y esfuerzo, o su prestación de servicio militar, incluso mucho menos sus obligaciones para con lo de todos y por ningún lado encuentra nada, porque todas esas como ya sucedía cuando pretendidamente éramos los dominantes las seguiremos realizando quienes hasta aquí lo veníamos haciendo…

21 noviembre, 2011

Feminismo y dominación

Aloe, que en nuestra sociedad  las posiciones del neofeminismo  en relación con la idea  de una histórica dominación masculina como ejercicio de puro sexismo y defensa del propio género, están ampliamente extendidas, parece un hecho fácilmente constatable. Está en la literatura feminista, está en la práctica cotidiana del feminismo institucional: Secretaría de igualdad, Instituto de la Mujer, etc.  como lo está aunque de forma algo más difusa en otros ámbitos sociales como la prensa, por ejemplo, el blog Mujeres del que tantas entradas hemos comentado en esta bitácora y,  tantas pruebas incontestables de sexismo y muestras de  segregación por género nos ha dado, comenzando por su propio nombre y continuando por  sus contenidos y que, por otro lado, no disimula que con lo que tiene que ver es con la lucha por el poder y el empoderamiento de las mujeres.

Esas realidades y otras muchas recogidas en esta bitácora no las hemos creado los hombres, ni representan guetos en los que se ha encerrado  a las mujeres para dominarlas, representan la expresión más clara y contundente de un poder político e ideológico de dimensiones considerables que desde aquí combatimos por sexista pero también porque en última instancia terminará perjudicando a las propias mujeres como desde multitud de ámbitos se viene demostrando. Acusarnos de que  con nuestra denuncia seamos nosotros quien estemos provocando  tal división no solo no es justo, es que no responde para nada a la realidad de los hechos. Pensar que un blog como Mujeres o la importante reestructuración de un periódico como El País para adaptarlo a esta realidad de género constituya algo de escasa relevancia constituye a mí entender  desenfocar de forma importante lo que sucede.

Un planteamiento como el arriba descrito  supone por lo demás  la aceptación de la existencia de un sujeto colectivo que tendría preeminencia sobre las propias personas de carne y hueso y supone  la división de la humanidad en dos mitades homogéneas: unívocamente establecidas y con intereses enfrentados y, esto, no sólo está en el debate cultural e ideológico, sino que ha sido trasladado al campo jurídico y legal de nuestros país en multitud de leyes y prácticas sociales: LIVG, Ley de igualdad…  con protocolos de actuación diferentes según el sexo en los casos de violencia de género o doméstica establecidos en la ley, etc. Y ha sido trasladado a prácticas sociales de forma tan sesgada que en las encuestas sobre violencia o acoso, por sólo poner dos ejemplos, ya ni tan siquiera se pasan las entrevistas o los cuestionarios a los hombres, sino que se parte de la presunción de su culpabilidad.

Esto que tan duro resulta de relatar y me supongo de leer está en nuestra realidad jurídica, social y política y de lo que nos habla no es de una anécdota, ni convierte en sexista a quien lo combate,  mucho menos constituye un camino hacia la igualdad y la superación de los roles y los estereotipos de género, más bien al contrario, so pretexto de una división histórica entre hombres y mujeres propiciada por los primeros, el feminismo dominante está consiguiendo hacer de los sexos compartimentos estancos  con unas posibilidades de comunicación cada día más reducidas. Es más, para este feminismo existe algo así como una presunción universal de credibilidad de la mujer que confrontaría claramente con la presunción de culpabilidad de los hombres expresada más arriba.

Esta es la realidad que ha dado su razón de ser a esta bitácora que en su origen nada tenía que ver con el masculinismo porque ingenuamente creía que esa deriva sería posible corregirla, pero que hace ya tiempo se ha demostrado que se trata de una deriva fomentada desde dentro y fuera del  poder  y que mantener la actitud histórica de los hombres de dejar hacer y esperar a ver qué pasa, descartando que algunas cosas pudieran haber pasado, ha constituido  un monumental error del que ahora efectivamente no queda más que lamentarse.  Que se regatee y se engañe con un derecho como el de la custodia compartida, o que las máximas opositoras al mismo, sean quienes se dicen feministas que defienden la igualdad  se comenta por sí solo.     

Y yendo a la crítica de  una posición así,  habría que decir que tal esquema simplifica de modo grotesco no sólo lo que han representado los sexos históricamente, elimina también de un plumazo el espacio común que hemos venido compartiendo mujeres y hombres a lo largo de la historia y conduce a conclusiones absurdas como rechazar la ciencia o la técnica por masculinas cuando de forma tan palmaria se ha demostrado los beneficios que para todos y todas ha representado. Conduce incluso a cosas más estrambóticas y fuera de sitio como considerar la homofobia o el bullying formas de machismo, lo cual no es solo una forma indirecta de culpar al hombre, también constituye una forma de exculpación de la mujer.

De hecho este es el callejón sin salida a que han conducido las derivas de las corrientes feministas que aquí denominamos neofeminismo cuando tildan de machistas cosas como la ciencia, la informática o la política, también cuando interpretan que el diccionario de la lengua es una construcción interesada y machista que a quién beneficia es a los hombres, y eso, cuando día a día descubrimos el rédito obtenido gracias a que por ser el género marcado se goza de la opción de usarlo como tal cuando interesa, para refugiarse en el genérico cuando conviene, y nunca se haya producido  protesta alguna porque en nuestra realidad social y cultural se produzcan expresiones como: “con la sobreexplotación de los recursos, el hombre pone en riesgo la vida del Planeta.”  

Como en algún momento me pareció observar que compartías  esa visión histórica que supondría el hombre como ser dominante y la mujer como ser dominado me gustaría plantearte y que nos planteemos  algunas preguntas,  porque creo que en el ejercicio de reflexión a que puede conducir la búsqueda de la  respuesta  será más fácil superar esa visión estereotipada de la historia que hoy se vende como la de verdad y que estaría en la base de la justificación de lo que en este terreno está pasando.

¿Qué significado crees que habríamos de dar al hecho de que el sapo de la Revolución Industrial nos lo hayamos tenido que tragar los hombres, pero las principales beneficiarias del Estado del Bienestar sean las mujeres? ¿Qué significación habríamos de dar al hecho de que los trabajos de cuello azul correspondan a los varones y los de cuello blanco a vosotras? ¿Qué significado deberíamos dar a que, con la excepción de Israel, cuando la mili es obligatoria lo es sólo para ellos? ¿Qué lugar ocupa todo lo anterior en esa historia de la dominación masculina y de la discriminación y explotación femenina? Y ahora vengamos al presente:

¿Qué valor hemos de dar al hecho de que en la actualidad las mujeres tengan todos los derechos sobre la reproducción? ¿Y a que los niños puedan, y de hecho lo hagan en proporciones cada vez mayores, crecer sin contacto con la figura masculina? Más aún, teniendo en cuenta el especial valor de la educación en los primeros años de vida, ¿cabría establecer una responsabilidad  mayor de las mujeres por lo que suceda en esa etapa de la vida o quizá, debamos interpretar que el fracaso educativo particularmente de los varones es responsabilidad compartida de todos, cuando no responsabilidad de una sociedad machista y patriarcal como el neofeminismo nos propone? ¿Qué valor debemos dar a los estudios de campo que nos dicen que el papel de las madres en la transmisión de los roles y estereotipos de género es superior al de los padres?

Las anteriores cuestiones podrían ser otras, también más, pero entiendo cumplen el objetivo del ejercicio que aquí se plantea.

18 noviembre, 2011

Vencen pero no convencen

Es verdad que no conseguimos arrancar ni una sola palabra sobre muchos temas: fracaso escolar masculino, custodia compartida, ley contra la violencia de género… al neofeminismo, en cualquiera de sus expresiones: feminismo institucional de género u hombres profeministas, pero eso, lejos de significar una derrota, representa a mí entender un importante paso adelante.

Quien rehúye explicar el contenido de sus propuestas y ya sólo se acoge al poder  que le brinda lo oficial,  está en lo que en su momento Miguel de Unamuno expresó como: vencen pero no convencen, y esa también es la primera forma de empezar a perder. Como pone de manifiesto la Declaración de Barcelona de los hombres profeministas, su argumentario -y hay que pensar que ya sólo enuncian algunos temas callando sobre otros como la custodia compartida, el  fracaso escolar masculino o la ley de violencia de género-  no resiste el más elemental de los análisis, ni la más pequeña de las críticas.

En relación con la cuestión de los libros para entender a las mujeres, estamos en la sempiterna cuestión de la subjetividad femenina que nos habla de un ser especial que  precisa, no de un  manual, sino de muchos libros para ser entendido, subjetividad  que en los últimos tiempos parece invadirlo todo: desde las relaciones interpersonales hasta la política y el  Derecho positivo y cuya llave de interpretación estaría reservada a ellas mismas. Es de ese modo que haya de interpretar, al menos en buena parte de sus manifestaciones, la violencia de género o el acoso sexual, como de forma un tanto esperpéntica se puso de manifiesto en el llamado Elevatorgate que en su momento comentamos en esta bitácora.

Pero más allá de esas y otras leyes, constituye como una marca de género que se traslada a todos los ámbitos de la vida y así una leyenda urbana como, la tantas veces desmentida y nunca probada,  discriminación salarial femenina cuando parecía que por falta de argumentos se había ido,  reaparece con el mismo vigor de siempre en el artículo que acompaña la entrada que aquí comentamos, pero también en un terreno tan aparentemente alejado de estas cosas como las candidaturas a la secretaría general del PSOE o la presidencia del Gobierno donde al parecer la forma de postularse no es en positivo, no es reclamándose en el derecho a hacerlo por los motivos que se estime oportunos, sino en forma de reto que se lanza a los demás para que demuestren lo contrario.



23 octubre, 2011

Feminismo e igualdad hoy


Tengo la sensación de que los varones nos manejamos tan mal en el tratamiento de las cuestiones de género e igualdad porque lo desconocemos casi todo al respecto. Quienes presumen de un mejor conocimiento hablan del feminismo y la igualdad como si esos términos significasen algo unívoco y claro para el todo el mundo y en todo momento, como si ambos términos no hubieran variado sustancialmente su significación con la última oleada feminista y lo que aquí denominamos neofeminismo, como si significasen lo mismo para las diferentes corrientes en liza, pero sobretodo como si significasen lo que siempre se ha entendido por tales.

Para la inmensa mayoría de los hombres entender lo que significa y representa el feminismo constituye una verdadera incógnita que sólo se acaba resolviendo cuando,  bien se ha tropezado con la legislación de género y entonces uno se percata de que  esos conceptos no significan allí nada  parecido a lo que se pensaba,  bien  porque al igual que nosotros y por diferentes motivos ha  decidido centrar su interés en el tema y, tratando de vencer todas las dificultades que tal reto representa porque así el neofeminismo se ha encargado que fuese, pone su voluntad en conocerlo.

Es por eso que entiendo que para ampliar la base social de quienes creemos que existe otra forma de entender estas cuestiones, y hace mucha falta a tenor de la enorme desproporción en que hoy nos movemos, exige un esfuerzo grande de explicación de lo que realmente representa y significa este lobi - quizá ésta sea la denominación más apropiada para designarlo en el presente- y que no tiene nada que ver  con lo que formalmente proclama, pero también con  la idea de que no es bueno para nadie, y en primer lugar para los varones, hacer como que no se oyen o no se ven lo continuos  y constantes ataques  que unas veces de forma más abierta y otras de forma más solapada se dirigen contra los hombres y la masculinidad, hasta el punto de llegar a considerarla una tara.

Y quizá recordar que, por ahí arriba, en no se sabe dónde, no es verdad que exista una instancia donde se pone freno a su  voracidad, porque  ahora mismo su poder traspasa partidos políticos y sindicatos y su influencia en los medios de comunicación  es innegable.  La estrategia neofeminista de hacer un aparte donde se cuecen estas políticas sin la presencia masculina, y luego defenderlas a coro en todos los ámbitos, ha funcionado y sigue funcionando muy bien, hasta el punto de que buena parte de sus postulados los conocemos cuando ya son ley y derecho positivo.

18 octubre, 2011

¿Ha dejado de existir lo de todos?

Conectando con la entrada anterior y esa falta de actuación de la sanidad y las autoridades públicas ante un hecho de tanta magnitud como esos 10 veces más muertos varones que mujeres por cáncer de piel en Italia, quizá no esté de más recordar que el feminismo de género ha impuesto una dinámica nueva en las instituciones sociales, en el Estado, en la Administración pública, caracterizada por reservarse en exclusiva algunas instituciones y organismos, pero también imponiendo la idea de que lo que se suponía de todos ha quedado seccionado, segregado y, en cuestiones como la vigilancia del sexismo en la publicidad ésta se limita al sexismo que denigra la figura femenina, no la masculina, o que  en temas como los mencionados del cáncer o los suicidios, pero muchos otros como el fracaso escolar masculino todo nos indica que nadie actuará motu propio y sólo se conseguirá algo cuando desde la sociedad civil grupos interesados y activos lo demanden. 


La pregunta podría ser: ¿quién divide, quién separa, quién segrega?

05 octubre, 2011

Dos por uno

Neofeminismo y nueva socialdemocracia. Ambos parecen decididos a acabar con el feminismo de la igualdad: ese que perseguía una nueva civilización de hombres y mujeres libres e iguales y, acabar también con la vieja socialdemocracia, aquella capaz de poner en pie el estado del bienestar y convertir a Europa en el sueño y la aspiración del resto de los pueblos del mundo.

Ambos han convertido el principio de igualdad en  una piltrafa irreconocible. Ni las unas  persiguen la igualdad entre hombres y mujeres, ni el otro  pretende la igualdad entre las personas, todo ello en una deriva seguramente condenada al fracaso, pero que amenaza con dejar muchos damnificados y grandes estragos por el camino. 

En esto, ambos van de la mano.

15 septiembre, 2011

Porque nosotras lo valemos

Las neofeministas exigen a los hombres unos comportamientos que luego ellas se jactan de no respetar. Este feminismo habla de una igualdad en la que no hay equidad, simetría o reciprocidad, la llamada igualdad de  género. 
Como la democracia, la igualdad, mejor sin apellidos.                                                                                                   
Rubalcaba pide reparto de tareas del hogar pero Luisa Castro se le anticipó diciendo tiempo antes que lavar un plato le provocaría una depresión de meses. Nuestros políticos deberían predicar más con el ejemplo, no vale pedir reparto de tareas  para los demás pero luego aducir que ellos no las hacen porque están muy ocupados. El ministro noruego que coge su baja por paternidad y asume las tareas del hogar, es porque va a hacer eso: las tareas de casa y atender a su hijo, no encomendárselo al servicio, prácticamente inexistente en ese país y los de su entorno.

El neofeminismo ha hecho suyo el “todo vale” de Feyerabend y los postulados del postmodernismo que le permiten proclamar que todas las verdades son relativas excepto la suya que es absoluta. También han rechazado por sexista la ética de la igualdad,  para poner en su lugar la ética de la diferencia, que un día sí y otro también tenemos ocasión de comprobar en qué consiste.  

El neofeminismo acusa a la Ciencia hecha por los hombres de sexista –cosa nunca demostrada- pero en lugar de mostrarnos cuál sería esa Ciencia  sin sexismo, resulta que lo que nos ofrecen  son los estudios de género o las encuestas sobre violencia doméstica o acoso, totalmente manipuladas y sesgadas ¡¡¡ Estas sí, completamente, sexistas!!!

El neofeminismo busca situarse como una nueva Iglesia capaz de dictar doctrina  y hacerse dueñas  de la moral, criticar las cosas de este mundo -en este caso a los hombres y la masculinidad-  permaneciendo  en una especie de limbo que las mantendría ajenas a la crítica, ya que ellas, no estarían sujetas a las reglas de los demás mortales.

En los asuntos de género la hipocresía es máxima: a quienes tenemos hijos nos dicen cómo hemos de educarlos quienes no los tienen ni los desean.  Otro tanto como debemos gestionar nuestra vida de pareja, aunque quien lo haga considere el matrimonio heterosexual una antigualla a extinguir.

El feminismo fundamentalista acusa a los hombres de vagos, egoístas y de no preocuparse más que de ellos mismos, pero lo hace promoviendo una legislación en la que el primer bien jurídico a defender son siempre ellas mismas. ¡¡¡También cuando los hijos están por medio!!!

El neofeminismo en su desierto cultural y de propuestas, establece paralelismos con lo que sucede en los países nórdicos y, ya sea por ignorancia, o con malicia y ánimo de engañar, pretende parecidos donde las diferencias son radicales. Comenzando porque en esos países cuando hay hijos por medio el interés del menor prevalece al de la madre, y eso en terrenos tan extensos como la reproducción asistida, las  adopciones, el divorcio, la escolaridad y la permanencia con los padres, dando preferencia a las opciones que incluyen los cuidados y atención de los dos progenitores y el bienestar material y afectivo de los hijos.

El neofeminismo acusa a los hombres de usar lo público en su provecho, pero nunca podrán demostrar que alguna vez haya habido una parte de la Administración pública como coto cerrado de un sexo, como ahora mismo sucede con el Instituto de la Mujer, el Ministerio de Igualdad ahora Secretaría de igualdad, y en cada escala de la Administración: central, autonómica y local con sus respectivos  organismos, consejerías, concejalías, áreas… porque eso sólo ha sucedido con ellas. A lo que hay que añadir toda la legislación en su claro y estricto favor en forma de discriminación positiva, cuotas, paridad, Ley de Igualdad, contra la violencia, etc.

El feminismo institucional acusa a los hombres de asociarse y concertar acciones contra las mujeres, ¡¡¡ y lo hacen desde el poderosísimo  lobby que han montado en torno a la política, algún sindicato y los medios de comunicación!!! 

El feminismo de género dice que la sociedad patriarcal –concepto que como todos los que maneja tiene unos perfiles u otros según les interese- es una construcción social, un artificio montado por los hombres para explotar a las mujeres.  Lo que no explican es de qué se trata el inmenso tinglado que han montando ellas y desde el que deciden tantas cosas de la política, la justicia o la economía  y del que, por si acaso, se niegan a explicar pormenores y hacer balance.

La pregunta sería: ¿puede el feminismo seguir aduciendo dificultades para asumir sus responsabilidades sociales o seguirá a perpetuidad reclamando que se atiendan sus peticiones, suponiendo que a otros les corresponde dar lo que ellas desean recibir?

El neofeminismo no se le conoce ni deseo de verdad, ni de igualdad. Lo que sí se le conoce bien,  es afán de privilegio y voluntad de poder.

El feminismo no puede seguir proclamando que “mañana comienza todo”, de reiterado se ha quedado muy obsoleto. Son ya 150 años de feminismo y reclamar igualdad. Las mujeres hace mucho tiempo ya que representan más del 50% de los títulos universitarios,  y en el caso de España tienen de las tasas de natalidad más bajas del mundo y, sin embargo, pasan ampliamente del 1.500.000 las personas del servicio doméstico, cuando además hay 4.000.000 de ellas que no trabajan fuera y 2.000.000 que lo hacen con jornada reducida...

Esta es la real situación de nuestro país y en la que el candidato Rubalcaba sitúa como prioritario –con la que está cayendo- el reparto de tareas en casa, ¡ojo! no las de fuera, ¡¡¡esa es su igualdad!!!

El feminismo radical y de género, acusa a los hombres de separar y dividir, pero nunca como ahora, que  compartimos tantos espacios comunes –los exclusivos, cada día más, les pertenecen-  el Derecho y la Justicia han estado tan divididos, ni nadie había teorizado algo tan segregador como la perspectiva de género hasta el punto de que una autora como Elisabeth Badinter les reprocha que lleguen  a cuestionar una común humanidad.

Desconocemos las propuestas de este movimiento sea para superar la crisis económica, la europea, la sanitaria o la educativa. En su lugar vemos como grupos de varones y, en menor medida mujeres,  pelean por aportar cosas a este mundo necesitado de respuestas. Como muestras tómense las bitácoras de Nada es gratis, o Deseducativos, aunque podríamos citar muchísimas más. Llegado el día que la situación no sea tanto de aportar como de recibir  se pedirá cuota, o discriminación positiva o paridad y santas pascuas, incluso con alguna acusación añadida.

El feminismo, en algún momento nostálgico, habla de las grandes batallas. Serán las libradas por otras feministas porque en este país desde la proclamación de la democracia han gozado permanente del apoyo y reconocimiento oficial, de tal modo que no se conoce ningún otro que no sea el jugosamente subvencionado o sostenido desde la administración pública. Se trata de un movimiento del que se desconoce cualquier obligación pero se arroga todos los derechos de forma preferencial.

Si Rubalcaba quisiera defender la igualdad, debería estar proclamando que desea custodia compartida y separación de bienes, que se reconozca el SAP y que, efectivamente hay que repartir tareas, pero todas, no sólo las del hogar,  también las de fuera, que se acabó vivir de mantenido pero también de mantenida. Lo otro es privilegio.  

El neofeminismo ha entendido que su misión histórica es sustituir al vaquero de Malboro para en su lugar proclamar: porque nosotras lo valemos.


12 septiembre, 2011

Epistemología feminista

El neofeminismo en su vocación sexista y segregadora de buscar en cuanta actividad ha realizado el hombre con éxito, no sólo para sí mismo, sino para el conjunto de la humanidad, una intención malévola contra las mujeres, y en esa escalada de no dejar títere con cabeza en lo que a los hombres y la masculinidad se refiere, ha decidido que su siguiente cruzada la constituya la ciencia. 


Así lo ve Alan Sokal en su libro: Más allá de las imposturas intelectuales.
La crítica feminista de la ciencia es una industria en expansión. The Death of Nature, de Carolyn Merchant, The Science Question in Feminism, de Sandra Harding, y Reflections on Gender and Science, de Evelyn Fox Keller, han alcanzado a estas alturas el rango de textos canónicos en los cursos de estudios de la mujer; son ampliamente citados por feministas sin dedicación profesional a la ciencia que buscan un análisis feminista de la ciencia “autorizado”. Es, por tanto, urgente preguntarse si el contenido de esas obras a) es válido y b) feminista. Sostendré que ambas pretensiones son dudosas.

Una de las tácticas favoritas de los críticos feministas de la ciencia es escarbar en las obras de los primeros filósofos de la ciencia particularmente Francis Bacon (1561-1626), en busca de presuntas metáforas sexistas: de este modo, tratan de poner en evidencia la naturaleza fundamentalmente misógina del moderno método científico. Así, se acusa a Bacon de comparar la experimentación sistemática con la violación (Harding) y la tortura (Merchant) de la naturaleza, concebida como una hembra. Harding sostiene que “Francis Bacon recurría a metáforas de violación para persuadir a sus lectores de que el método experimental es una  buena cosa”, y que esas significaciones sexuales “son esenciales en la manera cómo los científicos conceptualizan tanto los métodos de investigación como los modelos de la naturaleza”,  por lo que forman “una parte sustancial de la ciencia”. Análogamente, Merchant sostiene que la filosofía de Bacon “trata a la naturaleza como una hembra a la que hay que torturar con inventos mecánicos”, al modo de “los instrumentos mecánicos empleados para torturar a las brujas”.

Noreta Koertge, Alan Soble, Sarah Hutton, Iddo Landau y otros se han enfrentado a las lecturas de Bacon hechas por estos críticos, acusándolos de buscar alusiones sexuales donde no existen y de exagerar groseramente cuando asimilan la experimentación en el laboratorio con seres no vivos a la violencia contra la naturaleza. En particular, Soble y Landau diseccionan las afirmaciones de Harding y Merchant y ponen en evidencia que descansan, en parte, en hábiles omisiones de palabras u oraciones en sus citas de Bacon.
En un pasaje ya famoso (¿o debería decir infame?) –que, sin embargo, raras veces se cita in extenso- Harding asegura que:

Los historiadores y los filósofos tradicionales han dicho que esas metáforas (la violación y la tortura) son irrelevantes para el significado y los referentes reales de los conceptos científicos (…) Pero cuando se trata de considerar la naturaleza una máquina, hacen un análisis bastante distinto: en este caso, dicen, la metáfora proporciona la interpretación de las leyes matemáticas de Newton: orienta a los investigadores hacia fructíferas formas de aplicar su teoría (…) Pero si hemos de creer que las metáforas mecanicistas eran un componente fundamental de las explicaciones que la nueva ciencia aportaba, ¿por qué habríamos de creer que las metáforas de género no lo son? Una análisis coherente nos llevaría a la conclusión de que entender la naturaleza como una mujer indiferente o incluso bien dispuesta respecto a la violación era igualmente fundamental para las interpretaciones de estas nuevas concepciones de la naturaleza y la investigación. Cabe presumir que dichas metáforas tenían también fructíferas consecuencias pragmáticas metodológicas y metafísicas para la ciencia. En este caso, ¡por qué no es igual de clarificador y honesto referirse a las leyes de Newton como el “manual de violación de Newton” que como mecánica de Newton”?

(…) ¿Pretende realmente Harding que las metáforas de la violación y la tortura contribuyeron a que se dieran progresos cognoscitivos y materiales? Dios nos ampare si tuviera razón.
Afortunadamente, el peligro queda conjurado: Harding no aporta ni un solo ejemplo de metáfora de violación y tortura –o, para el caso, de metáfora sexista del tipo que sea- que tenga fructíferas consecuencias para la física o para cualquiera de las demás circunstancias de la naturaleza; y ello es tanto más natural cuanto que tales ejemplo no existen.

(…) Al parecer, quienes sostienen esas críticas pretenden que el sexismo podría haber pasado de la metáfora al contenido sustantivo de los métodos y/o las teorías científicas. Pero si la ciencia moderna tiene, de hecho, presupuestos sexistas, seguramente quienes sostienen teorías feministas deberían poder encontrar y criticar esos supuestos sesgados independientemente de cualquier argumento histórico. En efecto, obrar de otro modo es incurrir en la “falacia genética”: valorar una idea en función de su origen y no de su contenido.
Alan Sokal, en “Más allá de las imposturas intelectuales” Paidós 2009 pag. 163 y sgtes. 

15 agosto, 2011

Neofeminismo

Las denominadas políticas de igualdad y género, al menos las practicadas en nuestro país, amenazan con retrotraernos a aquel mundo mítico y de leyenda que había caracterizado al pensamiento griego anterior a la aparición de la filosofía y frente al cual pensadores como Sócrates, Platón o Aristóteles establecieron la necesidad de la razón y la verdad para la constitución de un nuevo orden político y moral. También en aquel momento el relativismo y el desprecio por la verdad se imponían y los sofistas vendían  lecciones de retórica  como instrumento de persuasión en las asambleas populares y como el mejor camino para conseguir el poder.

Hoy las cosas no son muy distintas, todo gira en torno al poder político y todo vale si del empoderamiento femenino y de las mujeres se trata, y el ambiente cultural reinante en el que el neofeminismo se encuentra  a sus anchas se mueve  en esas coordenadas. Estas políticas de género ni han de ser explicadas, ni tan siquiera admiten discusión. El debate ha sido sustituido por la imposición. Existen verdades absolutas que por mucho que choquen con la sensibilidad y la lógica de la gente alguien ha establecido que hay que entenderlas de una determinada manera y ahí están los “expertos” para corroborar la “visión de género”, es decir, cómo haya que entender cada cosa: igualdad, violencia, justicia… Y nada importa con lo que arrase la susodicha visión porque en el terreno político es absolutamente mayoritaria y puede hacer y deshacer a su antojo.  

De entre las muchas particularidades de la llamada lucha por la igualdad y las leyes de género algunas son verdaderamente notables. Si el reino de la verdad nunca fue su territorio preferido: encuestas absolutamente manipuladas sobre diferentes violencias, falseamiento  estadístico constante, manipulación de la historia, etc. una vez que han conseguido, sin fase deliberativa previa, convertir en Ley sus postulados: sobre violencia de género, discriminación positiva, cuotas, régimen de separaciones, etc. parece que se nos impone también prescindir de la comprobación de la justeza de las medidas adoptadas en orden a los problemas  que se pretendía resolver  o se desprecian y minimizan los daños colaterales que de las mismas se han podido derivar.  ¿Qué decir de la consideración del interés del menor en la actual regulación de la custodia, o de la censura establecida sobre el SAP? Como si los problemas desaparecieran porque alguien trate de impedir que se hable de ellos.   

Al parecer los resultados de la aplicación de la LICVG no son lo que cuenta, y parece que todo haya de ser revisable excepto el criterio de los “expertos” que se niegan a asumir la realidad  de los resultados y, un año sí y otro también, en una curiosa interpretación de lo que significa la democracia y la asunción de responsabilidades,  confeccionan una encuesta que termina descargando las culpas de sus desacertadas decisiones sobre todo el mundo menos ellos mismos. Como tampoco parece que sea motivo de preocupación como esté afectando  la paridad por  ley a la representación política de las mujeres y sobre todo al funcionamiento del sistema representativo,  mucho menos reconsiderar la marcha de nuestro sistema educativo a la vista de sus resultados insuficientes desde cualquier ángulo de vista que se miren.

Y aunque haya aspectos diferenciadores del feminismo de este país que lo alejan de algunos otros como el desarrollado en los países nórdicos, sobre todo  en lo relativo a la  natalidad, la consideración de la familia, los derechos del menor o la custodia compartida,  si coincide con ellos en esa tendencia  que se niega a rendir cuentas de sus políticas y sus propuestas, como sucede con los resultados del establecimiento de la cuota en los consejos de administración de las empresas en Noruega que de momento se salda de forma más bien negativa. En relación con el terreno educativo sobre el que se guarda un cuidadoso silencio de su parte, una persona tan poco sospechosa como Inger Envikst ha sido muy clara al decir que la igualdad de género en la enseñanza en Suecia se ha saldado con una rebaja importante del nivel de calidad.

Frente a la transparencia, opacidad: ni fase deliberativa ni fase de verificación y comprobación de resultados. Frente a la norma: la excepción y lo que se escapa de la regla. La igualdad, de género, la justicia también, aquí cuota, allí discriminación positiva, más allá paridad. Por todas partes reina la ambigüedad y la ambivalencia. Patriarcado no, pero la mili y tantas otras tareas que sigan siendo cosas de ellos. Tampoco parece que moleste la especial benevolencia de la justicia hacia las mujeres en situaciones como cuando de la  asignación de la custodia de los hijos se trata. Al tiempo que se tipifica como acoso el piropo se exalta como siempre la figura del caballero presto a portar el  bulto, abrir la puerta o a ofrecer protección. En un país donde la obesidad mórbida se ha duplicado en los últimos cinco años hasta alcanzar el millón de personas, el trastorno alimentario que se sigue situando en el centro de atención sigue siendo la anorexia. La conciliación entre vida laboral y familiar de quien se olvida es justamente de quienes justamente más la necesitan.

Y al tiempo que esto sucede cada día que pasa se nos impone en mayor número y competencia la figura del “experto”, un personaje creado también para cada situación o problema, que automáticamente queda imbuido de la ciencia que permite hablar ex cátedra de violencia de género, educación sexual o de la otra, SAP, y en general todos los temas que al feminismo institucional interesan, pero sin necesidad de acreditar cuales son las credenciales que lo capacitan por encima de los demás, pero también sin que  ningún otro pueda optar a tal condición sin la aprobación del feminismo de género, único capacitado para expedir tal título porque la condición para hacerse acreedor al mismo es la plena conformidad con dicha ideología. ¿Es razonable que materias tan sensibles y que están generando tanto dolor social se pongan en manos de sus ideólogos y de quienes hasta el presente no han dado ni una prueba ni de su competencia ni de sus resultados?

Un ejemplo paradigmático de todo lo anterior lo podríamos tomar de la LICVG que fue capaz de resistir la oposición inicial de toda cuanta institución fue consultada y se pronunció sobre ella: penalistas, RAE, Consejo de Estado,…, pero finalmente fue aprobada por las Cortes, en una prueba elocuente del inmenso poder de este nuevo feminismo tiene dentro y fuera de nuestras fronteras y del intenso trabajo  realizado con anterioridad entre la opinión pública en base a encuestas sin ningún rigor científico pero de una extraña efectividad que, siguiendo el exitoso planteamiento de las realizadas en los EE.UU contra la violación con el lema: una de cada cuatro,  consiguieron hacer un hueco en la mentalidad de la gente  en el sentido de considerar la violencia de pareja como unidireccional de hombre a mujer y con el propósito machista de establecer el dominio del uno sobre la otra, circunstancia ésta que le conferiría unas notas de una gravedad tal que justificaría una legislación específica y diferenciada de todas las demás violencias en el ámbito familiar o de la misma violencia cuando se trata de parejas homosexuales.

Una vez confeccionada la Ley según estos criterios el trabajo continuó y continúa de la mano de los expertos, quizá habría que decir expertas, que con el apoyo oficial explican el contenido de la Ley según la ideología de género a juristas, médicos, prensa, etc. enfatizando que la violencia a perseguir es la cometida por el varón en una dinámica en la que progresivamente se va convirtiendo en verdad oficial y verdad de la otra lo que comenzó siendo un postulado ideológico sin más sustento científico que las convicciones misándricas de un puñado de mujeres del feminismo radical americano que habían concluido que la sociedad patriarcal se sustentaba en la violencia ejercida por el varón sobre la mujer a fin de mejor explotarla y dominarla. Poco importa que toda la evidencia de la que a estas alturas disponemos apunte  en una dirección bien distinta.

La falacia de la discriminación salarial femenina debiera merecer alguna explicación más allá del silencio. También si el camino a la igualdad necesariamente debe pasar por una administración paralela de tipo feminista y los mencionados expertos, o bien por instituciones de igualdad, donde el personal contratado no lo sea por afinidad ideológica sino por haber demostrado su competencia en pruebas públicas y abiertas y siguiendo el procedimiento habitual para estos casos. Lo de la dispersión normativa en el sistema educativo desgajando del Ministerio de Educación la educación sexual para llevarla al Ministerio de Sanidad por estar contemplada en la Ley de interrupción voluntaria del embarazo debería ser también objeto de alguna explicación convincente.

Lo cierto es que el artificio de sostener que la LIVG no supone discriminación por razón de sexo o que respeta la igualdad aún cuando castiga de modo diferente la ejercida por el varón sobre la mujer  que la que va de ella a él, está produciendo verdaderos quebraderos de cabeza a quienes se ven obligados a aplicarla y, su aceptación dista mucho de ser unánime entre la clase judicial, una clase digámoslo ya, que en perfecta sintonía con los deseos de este feminismo no tiene dudas en conceder a la mujer la práctica totalidad de las custodias sobre los hijos en los casos de separación sin acuerdo, circunstancia que no por ello rebaja la presión que en todos estos asuntos está recibiendo.  Quebraderos de cabeza que se acrecientan cuando esta violencia se produce entre parejas homosexuales para las que sin embargo esta norma no es de aplicación aún cuando sea imposible establecer, fuera de un acto de fe, qué sea lo que la diferencia de la que se produce entre las parejas heterosexuales.

No me detendré a relatar el balance anual realizado por este feminismo y las autoridades competentes en el asunto sobre la citada Ley contra la violencia de género, ni sobre los cambios de criterio en relación con el tratamiento que la prensa  había de dar a la tal violencia de tal modo que, si durante años se sostuvo la necesidad de máxima de publicidad luego se ha girado ciento ochenta grados y lo que se propone es todo lo contrario, sin que ni de un modo ni del otro se avance en la que fue  su intención principal: reducir el número de muertes. Lo que si no han parado de crecer han sido las denuncias y condenas hasta el punto de convertirlo en uno de los principales motivos de encarcelamiento de varones en nuestro país que por otro lado es el que tienen las cárceles más llenas de los de la U.E.


Seguir despachando la oposición a las políticas de género con el expediente de que quienes se oponen no son merecedores de ser escuchados porque se trata de neomachismo,  pretender  silenciar  a Elisabeth Badinter o María Sanahuja  con unos modos que a lo que mejor recuerdan es a la Iglesia medieval y sus procesos de excomunión,  impedir que salga a la luz pública todo lo que en torno a este mundo acontece y  son ya demasiadas las cosas que se ocultan, pretender como hace el neofeminismo que sus políticas nos van a conducir indefectiblemente hacia un paraíso, cuando se desconoce cualquier valoración o autocrítica de lo hecho hasta al momento, mucho menos reconocidos los importantes daños colaterales de algunas de sus políticas, pretender que lo está pasando es fruto de algún consenso político  y no de su santa voluntad no parece que sean las mejores credenciales para  generar el consenso social que sería deseable si de verdad se pretende mirar al horizonte a largo plazo. De momento nada se ha hecho con este criterio, solo hemos conocido imposición y exclusión, comienza a ser tiempo de las cosas cambien y se hagan de modo diferente.


14 agosto, 2011

La gramática de género y la neolengua

El feminismo en su afán por negar que exista una sola manifestación humana que no esté teñida de sexismo y machismo ha decidido que el idioma corriente y  la lengua de la RAE no le valen y se ha propuesto construir otro que recoja  las realidades de género y de este modo al lado de términos clásicos aparecerán resaltados otros como: violencia de género, igualdad de género, justicia de género, medicina de género o sexismo, en los que se abordan las distintas realidades con una clara diferenciación entre el tratamiento dado a las manifestaciones según provengan de la mujer o del hombre o se refieran a lo masculino o lo femenino.

El sexismo ya no será: discriminación por motivo de sexo, sino discriminación del sexo femenino, porque se ha establecido que tal cosa como discriminación del sexo masculino no existe y no puede existir porque el presupuesto de partida es justamente que esta sociedad está creada según el deseo de los hombres. En cuanto a lo que haya de entenderse en relación con la expresión violencia de género a estas alturas debe ser claro para todos a tenor de la aplicación de la LIVG desde su entrada en vigor. Otras realidades que se pretenden menos visibles tendrían que ver con todo aquello a lo que se añadiera la coletilla "de género", que para decirlo pronto debemos entenderlo como: si beneficia a la mujer está bien, si acaso la perjudicase se trataría de alguna manifestación bien del machismo bien de la sociedad patriarcal. 

Otros intentos más anecdóticos como: miembra, jóvena, feminario u otros, como ignorar que en castellano ocupaciones como periodista, futbolista o psiquiatra no tienen nada que ver con el sexo de quien las ejerza, claramente han sido rechazados por la sociedad, aún cuando en este ámbito y desde la propia Administración se sigan dedicando tiempo y recursos a estudios como ese de una  Consejería de la Junta de Andalucía que proponía sustituir la palabra futbolista por “quienes juegan al fútbol” o con más trascendencia como se relata aquí,  desde el Ministerio de trabajo se evite en los textos legales el término trabajadores para ser sustituido por “personas trabajadoras”. Lo grotesco de la situación es que con la pretensión de combatir el sexismo del lenguaje finalmente se acabe creando uno artificial cuando no imposible y, en todo caso, este sí profundamente sexista. 



17 junio, 2011

¿Iguales e intercambiables? (2)

El feminismo lo mismo se queja de las limitaciones que para la promoción profesional de la mujer constituye el cuidado de los hijos, como sostiene que eso de la custodia compartida es una estratagema de maltratadores para restar derechos a las mujeres y los hijos. Que la maternidad supone la más clara demostración de la superioridad moral de la mujer, como que se trata de una imposición masculina.

Jamás se pensó en resarcir a los varones por el tiempo de permanencia en el servicio militar y, cuando  en alguna ocasión se plantea siempre tropieza con su oposición.

El feminismo deberá explicar cómo encajar en su teoría de la sociedad patriarcal,  sociedad según ellas concebida como instrumento de los hombres para dominar y explotar a la mujer, la mayor esperanza de vida de las mujeres, también su menor número de suicidios y accidentes de tráfico y laborales, que  las cárceles estén llenas de hombres, o que el hombre se quede para sí  un deporte tan de riesgo como la guerra.

Cómo naciendo aproximadamente 106 varones por cada 100 mujeres, finalmente ellas terminen siendo mayoritarias.

Para las más recalcitrantes, para las que incluso la salud y la enfermedad son fruto de ese sistema de dominación, por qué la epilepsia, esa enfermedad maldita de la que incluso Julio César  tuvo que ocultar que padecía,  ataca sobre todo a los hombres, por qué la hiperactividad se produce en la proporción de 5 niños por 1 niña,  por qué cuatro veces más varones sufren autismo, 5 por cada una tartamudeo, por qué la esquizofrenia es una enfermedad casi exclusivamente masculina, etc.  

Por qué si la ciencia, la filosofía, el pensamiento,  forman parte de ese entramado de cosas concebidas para fortalecer esa dominación masculina sobre las mujeres, en tantos casos ha supuesto la muerte o persecución por el poder (masculino) de esos mismos científicos, pensadores, filósofos, hasta el punto de convertir su actividad en unas de las de más alto riesgo.

Si somos iguales en inteligencia por qué el mayor fracaso escolar masculino, por qué el mayor abandono escolar de los varones. Por qué algo que tan incontestablemente se produce en nuestro país como esa realidad de que entre un 30 % y un 50% de los varones fracasan en la enseñanza obligatoria,  no es objeto de atención en una sociedad en la que de hacer caso al feminismo y las feministas la lógica imperante es la masculina y las reglas que rigen son patriarcales.

Si lo que rige es la dominación masculina por qué los oficios más duros y de riesgo están reservados a los varones. Por qué se mira con ojos distintos que sea un hombre o una mujer quien no se incorpore a la vida laboral. Por qué la posibilidad de vivir como una reina está reservada a las mujeres,  ya que hay muchos hombres que aceptan de buen grado que su mujer no trabaje mientras él lo hace 10 o 12 horas diarias, pero a la inversa no sucede, me atrevo a decir en ningún caso.

Si el  hombre se reserva para sí todos los poderes ¿debiéramos interpretar que la ley contra la violencia de género o la actual ley de divorcio están concebidas para favorecer al hombre?

En qué se distingue lo que hoy exige la mujer de trato preferente a lo que sin estar escrito regía como norma social en tiempos del Titanic de tal modo que los muertos fueron casi todos varones por aquello  de: “las mujeres y los niños primero”.

Bien pensado la mujer quiere frente a la justicia y en toda ocasión ser considerada autoridad, es decir gozar de la presunción de credibilidad frente al otro al que se coloca en situación de  presunción de culpabilidad. Esos principios son los que rigen en aplicación de la Ley contra la violencia de género, pero en realidad se pretende universal y aplicable a todas las situaciones, por ejemplo en el mundo laboral con el acoso sexual y laboral, o en el ámbito escolar con el mobbing , hasta el punto de que en los empleos ocupados mayoritariamente por mujeres poco a poco se va generalizando su implantación: educación, sanidad, etc.

El rodillazo en los huevos, cada vez con más frecuencia, es presentado  como una acción a la que el castigado se hizo justo acreedor.  No existe problema en divulgar este tipo de violencia porque no es de género.

En este mundo las mujeres se han hecho acreedoras a todos los derechos y casi ninguna de las obligaciones,  por la explotación de que fue objeto su género en otros momentos históricos, o por la de que todavía son víctimas las mujeres de otras culturas. Al hombre cuando no se le puede acusar directamente se le hace responsable “subsidario” de lo que presuntamente hicieron sus antepasados o de lo que hacen sus coetáneos en otras partes del mundo. Incluso cuando en su historia nada hay que recuerde una concepción de los sexos como la que se tiene por ejemplo en  la cultura islámica.

Aún cuando tantas realidades palpables como las catedrales o las carreteras son fruto del trabajo del hombre,  el feminismo juega constantemente a presentar al varón como un vago que se aprovecha del trabajo femenino.