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13 febrero, 2011

Sobre el blog: Mujeres

Aún cuando hace un par de días dejé este comentario: “A algunos les gusta soñar que el mundo nace con ellos. Les resulta fácil pensar que todos los hombres anteriores a él y sus amigos, si se quiere generación, actuaban según un discurso aprendido. Discurso que ya no es el suyo porque ha sido capaz de liberarse de todas las cadenas y de ese modo construir un discurso justo y libre. Pero quizá, sin apenas darse cuenta, su discurso no sea tan libre y escriba más al dictado de lo que pudiera parecer a primera vista. Por ejemplo, es capaz de escribir: los salarios de las mujeres son inferiores un 26 %, pero sería incapaz de citar un sólo caso en que una mujer cobre un 26% menos que su compañero varón por el desempeño del mismo trabajo y. para calibrar lo que en una afirmación así hay de error, hemos de pensar que debería encontrar no un caso, sino ocho millones.”  aquí

Hoy me gustaría referirme un poco más en extenso al contenido de este artículo porque me parece que resume bastante bien el argumentario de los llamados profeministas: con todos sus lugares comunes, su mala conciencia, su lenguaje de doble o triple uso, por ejemplo, la palabra posmacho primero utilizada para los comportamientos de Berlusconi o el alcalde de Valladolid, pero luego ampliada al conjunto de los hombres, excluidos como no podía ser de otra manera, gentes como él; y por qué no decirlo con total ausencia de rigor. 

Para empezar ni una sola explicación a por qué un espacio para mujeres y no uno para los hombres, como si quien gozase de los apoyos oficiales y extraoficiales no fuese el feminismo con toda su administración paralela y todos sus resortes de poder, con el apoyo sistemático a todas sus propuestas mientras las asociaciones de padres separados o los colectivos por la custodia compartida no sólo son negados y ninguneados también presentados como asociaciones de maltratadores. Como si aquí estuviera garantizada la custodia compartida y  la presunción de inocencia que estuviera en entredicho no fuera la del varón sino la de ellas.

Pero yendo más en concreto al contenido del escrito me sorprende la enorme distancia existente entre los objetivos que para dicho espacio señala Gabriela Cañas, quien los sitúa en penetrar en “los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios” y el señalado por el autor de este artículo: “Por eso, aunque el discurso igualitario pueda resultar a veces cargante, sigue haciendo falta pedagogía. Por eso hacía falta este blog.” La distancia entre lo que una y el otro dicen no pueden ser mayor,  aunque quizá nadie se atreva a negar que  se trata de un instrumento más del poder del feminismo institucional.

Otro aspecto reseñable del escrito es esa sempiterna tendencia a considerar que hay un ser humano a quien cabe exigir toda la responsabilidad y otro ser humano que por la misma queda descargado de cualquier obligación. A ese respecto: por qué confusión del posmacho en lo de abrir la puerta y ceder el paso o en lo del piropo, si después de oír del feminismo durante décadas que había que acabar con esas prácticas patriarcales, hasta situar el piropo en la categoría de acoso, la presidenta de la comisión de igualdad del Congreso y ex ministra Carmen Calvo ha expresado que a ella esas cosas le gustan… ¿De quién es la confusión?


Pero también a cuento de qué seguir hablando de los galanes que abofeteaban antes de besar cuando las cosas han cambiado tanto y ahora quienes reparten bofetadas con motivo o sin él son ellas, y desde determinadas tribunas femeninas no se tiene empacho en pedir que quién se quede en casa o renuncie a su carrera sea él. No entiendo por que seguir en el pasado si la realidad presente ha dado la vuelta a esas prácticas como un calcetín. A no ser que se nos quiera ahorrar la explicación de por qué lo que antes era detestable, ahora se  silencia o  en qué momento las bofetadas han pasado de ser machistas a justificadas.


En lo que hace referencia al trato dado a las ministras quizá sirva una simple anécdota para saber si han sido peor tratadas ellas que ellos, dado que la acusación de sexismo está presente incluso cuando quien las critica son otras mujeres, incluso mujeres feministas. Pepe Blanco harto de que Esperanza Aguirre le llamase Pepiño, se atrevió a llamarle Esperanzita una vez y fue tal la reacción que lo de Pepiño todavía continúa, lo de Esparanzita duró un día. En cualquier caso quien mejor podría explicar lo que ha pasado con ellas sea quien en su momento las nombró para después cesarlas porque interpretó que la imagen del Gobierno se había deteriorado grandemente y decidió que lo que hacía falta era un Gobierno con otra composición.


En relación a lo del menor salario valga el comentario de más arriba y en cuanto a lo de la mayor dedicación de ellas a las tareas domésticas, hay estudios internacionales claros en los que se ve que los hombres compensan ampliamente con el trabajo fuera de casa el trabajo que ellas a mayores desarrollan dentro del hogar. En cualquier caso hablar de dos colectivos con tanta heterogeneidad en su interior como son los hombres y las mujeres no puede conducir más que a apreciaciones erróneas porque las condiciones de una madre trabajadora con hijos en edad de grandes cuidados y la profesional que no tiene obligación familiar alguna la separación es tanta como la que pueda haber entre un padre trabajador con un trabajo extenuante y otro varón en situación mucho más desahogada.


Lo que a día de hoy habría que catalogar como trogloditismo es que vivamos en una sociedad donde la reivindicación de la custodia compartida esté perseguida y donde determinadas leyes no dejen de cuestionarse desde el ámbito de los tribunales pero sin posibilidad de que encuentren eco en los partidos políticos prisioneros del lobby feminista que en este terreno goza de un poder sin cortapisa. Por lo demás el uso de expresiones como “temen negociar un divorcio en desventaja” constituye un eufemismo inadmisible para hablar de algo tan dramático como las separaciones en este país, en las que miles de hombres de repente se ven alejados de su familia, sin casa y con un tercio del sueldo que ganan, sencillamente porque han decidido separarse de sus parejas.


En fin, lo que a estas alturas haría falta sería un blog, para dar voz a los cientos de hombres que después de un proceso de separación irregular no la tienen, como habría que darla para que fuese posible hablar sin anatemas ni excomuniones de custodia compartida, SAP, ley de violencia de género, y de todo aquello que sirviera para avanzar en la dirección de una sociedad de iguales donde el feminismo institucional y la mujeres no pretendiesen que todo deba ser compartible, excepto aquellas esferas en las que siempre llevaron ventaja: hijos, casa, salud… y todavía más, donde no pretendieran que el hombre afectado de no sé qué virus relacionado con la masculinidad, ha perdido su derecho a hablar sobre lo que haya de ser esa sociedad de iguales.


Ah, por cierto, puestos a buscar hay para todos y todas: http://www.abc.es/20110205/espana/abcp-poetisa-pere-navarro-20110205.html

¿Dos psicologías?

Hoy he colgado el  comentario de más abajo en un foro sobre educación, pero todavía después de colgado seguía flotando en mi cabeza esa dificultad de percepción en un foro mayoritariamente masculino, de las diferentes actitudes de los sexos en relación con la educación, hasta el punto de opinar y actuar como si no existiesen. Señalan algunos psicólogos que los hombres tendemos a actuar en nuestra relación con el otro sexo como si de un miembro del nuestro se tratase y eso no siempre es bien visto por quien tenemos enfrente, que espera una respuesta similar a la que ella daría de encontrarse en el papel del otro.

Se cita a modo de ejemplo la empatía, que la mujer entiende como ponerse en el lugar del otro, y el hombre como encontrar una solución a la angustia de quien queremos socorrer. Pero sucede en muchos otros ámbitos de la vida y en contextos a veces bien complicados como las discusiones de pareja en las que hablar no sólo no ayuda a resolver los problemas más bien los agrava como bien señala el psicólogo Ivon Dallaire en tantos de sus libros. Es evidente que es un ámbito de estudio que conviene desarrollar como se merece y que debe servir para algo más que para hacer chistes y gracietas sobre “el cerebro masculino y el femenino”. De momento dejo este apunte aquí. El comentario citado es:

Como he dicho tantas veces, sin introducir variables de género en los análisis sobre educación tengo la impresión de que estamos condenados a no entender nada y, por supuesto, lo políticamente correcto no se queda en el exterior de este foro. Ayer leí una frase de un pediatra que me gustó, decía: No controle al niño; enséñele autocontrol. Sin embargo no es éste el principio que rige en nuestra enseñanza, ni es un principio que tenga la misma acogida entre profesores y profesoras, maestras y maestros.

No es una casualidad que en este foro la participación masculina sea muy superior a la femenina, ni tampoco la valoración por sexos de lo que sucede en nuestro sistema educativo es la misma  para ellos y para ellas, sin que quepa interpretar esto como  la división en dos bloques monolíticos sin transición entre uno y otro. Hace no mucho más de un año asistí a una conferencia de un profesor de Ciencias de la Educación que poco menos defendía que llevar de la mano al alumno universitario.  Pero tengo la impresión que entre los que expresan descontento por lo que está pasando hay muchos más varones que mujeres, profesores que profesoras.  

Tengo la impresión de que estas realidades están ahí, pero pretendemos como que no queremos verlas.  Pareciera que constatar diferencias entre los sexos fuera en sí mismo una actitud sexista cuando entiendo que son cosas bien distintas, y no hacerlo a lo que nos está conduciendo es a una imagen distorsionada de la realidad porque nos obliga a suponer una misma sensibilidad y actitud entre colectivos cuando no sólo no tienen  la misma sino que puede llegar a ser completamente contradictoria.

Sólo por daros una pista os diré que en amplios colectivos feministas y de mujeres la percepción de nuestro sistema educativo  es que nos encontramos ante el mejor  de nuestra historia y el único que hasta el presente ha sabido hacer  justicia a los sexos. 


Y ahora os dejo el enlace a una información de hoy mismo en relación con la enseñanza universitaria:


11 febrero, 2011

Un nuevo espacio para las mujeres

Estas son las razones de Gabriela Cañas para justificar el nuevo espacio que tan generosamente les cede el diario El País a las mujeres. Como podréis observar en la lectura el no inicial acaba siendo un sí rotundo.


Los objetivos son: los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios. Nada que ver con la pequeñez de nuestros problemas y preocupaciones: fracaso y abandono escolar, custodia compartida, justicia sin género, igualdad, etcétera.


Tampoco nada sobre la crisis económica y el empleo, el marco institucional europeo y su más que evidente incapacidad para los retos de nuestro tiempo, nada sobre la articulación del Estado y por supuesto nada que decir sobre la crisis demográfica o el fracaso y abandono escolar.  Yo diría que un espacio más para qué hay de lo mío.


Y, ahora unas preguntas: 


¿Es igualitaria, equitativa o justa, la pretensión de un sistema social en el que siendo dos, a uno se le dé donde le falta, sin quitarle donde le sobra y, al otro, se le obligue a dar sin derecho a recibir?  


Y todavía una cuestión anterior a todo esto:


¿No estando claro que la igualdad signifique identidad, el mecanismo de la coerción legal puede entenderse como un mecanismo apropiado para resolver este tipo de asuntos?

10 febrero, 2011

Preparando el San Valentín




P.S.  Pensé en titular la entrada: Trabajando la autoestima masculina, por lo apropiado que en vísperas de San Valentín resulta un “estudio” como éste. Por si las mujeres tenían poco con la eyaculación precoz, y la disfunción eréctil, ahora viene a sumarse a esta verdadera plaga un elemento más a la pesada carga que debían soportar las sufridas mujeres en sus relaciones con los varones. Y habrá que suponer que se produzca  coincidencia en muchos de los que padecen cada uno de estos males ya que si no la suma de porcentajes nos da 29+12+16=  47 % , es decir, que casi 1 de cada 2 varones está afectado de un grave problema a la hora de establecer relaciones con su pareja.


Y también habrá que suponer que por parte de las mujeres este problema de la halitosis y otros no se producirán ya que de ser así y tampoco producirse coincidencia en sufrirla ambos miembros de la pareja efectivamente habría que concluir que las relaciones entre los sexos deben sortear tantos obstáculos que parecerían imposibles. Y porque en el artículo no han querido cargar excesivamente las tintas ya que si así fuese y añadiéramos a lo anterior la narcolepsia postcoital, los ronquidos y la flatulencia, que a lo que estoy viendo en casi todos los medios también se trata de problemas exclusivamente masculinos habría que concluir que el fin del mundo estaba próximo.


En fin, que quien después de leer lo anterior, recogido en  todos los medios de comunicación, y tantas otras cosas como en estos días previos a San Valentín se escuchan en relación con el amor, el sexo y la pareja y en las que queda muy clarito quién es el sujeto que debe dar y el sujeto que debe recibir, siga pensando que se puede hablar sin burla de dominación masculina, es que no valora hasta qué punto una información como ésta sería imposible si los  sujetos analizados en lugar de ser ellos fueran ellas.


08 febrero, 2011

Realidad y apariencia

El lunes pasado visioné en la Sexta el programa del Follonero con Olga Viza e Iñaki Gabilondo. Me pareció interesante y creo que bien llevado, como me gustó lo que dijeron los protagonistas citados. De todos modos hubo un momento en el que el Follonero le recordó a Olga Viza que Matías Prats seguía presentando telediarios y ella no. La respuesta de Olga Viza no fue en línea con lo más previsible desde la pregunta, sino que recordó que en la actualidad y en relación con las mujeres se está cuidando más el “continente que el contenido”. Pero escribo esto a cuento de la necesidad de muchos de presentar a la mujer siempre como la víctima, incluso olvidando que quizá la discriminación no está más que en su cabeza. Aunque, ya se sabe, en lo social no actuamos en base a lo “real”, que normalmente permanece bajo mil capas y de lo que sólo vemos la cáscara, sino justamente en base a esa apariencia.

Lo cierto es que eso sucede a diario, y normalmente quien así actúa ni tan siquiera se ha tomado la molestia en comprobar si de lo que habla es algo que conoce o lo hace de oídas. Lo oigo en Radio 3 donde se cargaron a un montón de buenos profesionales, se lo oigo al Follonero el día que va a entrevistar a Iñaki, se lo oigo a cualquiera referido a la discriminación salarial, como se lo oigo a todo el que pretenda hablar de conciliación de la vida laboral y familiar. En el terreno de la “apariencia” la condición de la mujer guarda muy poca relación con la realidad, que es un poco más profunda, y que  para conocerla exige preocuparse y leer e indagar por cuenta propia,  y por eso, y contra la opinión de algunos, el trabajo de desvelar, de sacar a la luz esa realidad latente que subyace bajo la capa de apariencia se hace absolutamente imprescindible. No en vano esa capa existe y es resistente gracias al ingente y constante trabajo del feminismo a lo largo de mucho tiempo.

A propósito del sexismo en el lenguaje





05 febrero, 2011

El CGPJ pide modificar la Ley contra la violencia de género

El Consejo General del Poder Judicial pide entre otras cosas modificar los artículos de la LIVG que resultaron más polémicos de la ley (153.1, 171.4, 172.2 y 148, que agravan las penas para los hombres) por la proliferación de recursos de inconstitucionalidad que provocaron. Para los jueces, el respaldo del Tribunal Constitucional "no ha eliminado la disparidad de las respuestas judiciales, afectando a la seguridad jurídica".


También tiene interés esta carta de Montserrat Tura a la Casa Real




Aquí podéis encontrar la carta de contestación a Montserrat Tura por parte del MInisterio de Sanidad.


Decir que, para lo que sirva con mayor claridad lo que más arriba se expone, es quizá  para medir el poder del feminismo institucional, para demostrar que ante un hecho tan trascendental como que el órgano de gobierno de los jueces está indicando que la LIVG debe dejar de ser una ley misándrica, consigan que todo suceda como en sordina. Con periódicos que ocultan esa parte del comunicado de los jueces para centrarse en otros  o que donde mayor repercusión tiene la noticia, es allí donde desearían que justamente esos fuesen los artículos que no se modificasen porque ese el sello que pusieron y desean para la Ley. En todo caso decir que con sentencia del Constitucional o sin ella, los jueces no la están aplicando de la misma forma. Por el lado masculino lo más sobresaliente está siendo el silencio. 

Lo de la carta de la señora Tura a la Casa Real es también impresionante ya que,  destapa la profunda misandria e injusticia de la LIVG con una virulencia que ninguno de los detractores hasta hoy se había atrevido a usar y lo hace en carta dirigida al Rey. En la carta además se habla de campaña contra los partidos políticos que no apoyen lo que propone… 

Los argumentos de los redactores de la respuesta  a la citada carta inciden en la falsedad histórica y el razonamiento circular  para evitar reconocer que es una ley que incumple el precepto de no discriminación por razón de sexo y que, por tanto, no puede ser una ley que pretenda la igualdad. También que, como ya es costumbre,  se eluda explicar el por qué de una disparidad tan grande entre denuncias presentadas cerca de 500.000 y resoluciones condenatorias 147.000.  Mucho menos  lo que está pasando en el mundo judicial a propósito de esta ley y su nula efectividad a la hora de su propósito último: reducir este tipo de violencia. Más bien al contrario parece que creciera cada año que pasa.



¿qué os parece la idea?





04 febrero, 2011

Dominación masculina I

Tengo la sensación de que estamos asistiendo a la puesta al día y reformulación de los roles y los estereotipos de género y, en este caso, no me cabe la menor duda que de la mano del feminismo y las mujeres. Nos guste o no nos guste, queramos o no, estamos asistiendo a una nueva definición de qué se ha de entender por hombre y que se ha de entender por mujer.  Y parece que sea la mujer quien delimita el territorio de ambos. Lo hace en relación con la familia donde sigue reservándose “la exclusiva” de los hijos, lo hace en el empleo señalando los que no desea ocupar, lo hace en la política y la cultura, lo hace erigiéndose en dueña de la moral…

Y, como siempre, hay en todo ello una argucia, la recogida en la expresión: Dominación masculina. Se nos pretende decir que no es verdad que sean el feminismo y las mujeres quienes están delineando nuestras sociedades y con ello nuestras vidas, y para ello señalan como prueba más evidente la ocupación por hombres de los más altos puestos de la política, la economía o la cultura. Es decir, el acuerdo sobre las pensiones constituiría uno más de esos ejercicios de dominación, ya que como todo el mundo puede comprobar en la foto no hay más que varones. Lo importante no sería el contenido del acuerdo y el estudio detallado de a quién beneficia en particular si fuera el caso, sino quienes están en la foto.

Y, consiguen con ello que efectivamente muchos varones interpreten de esa forma el poder. En mi opinión, sin embargo, se trata de una ilusión, de un señuelo, de la pretensión de que lo importante es quien lleva el timón del barco y no quien fija el rumbo y el  destino del mismo. Se trata de dos formas de entender el poder: una más visible y de cargos de representación y otra menos visible, la de los resultados de las políticas y a quien favorecen. No deja de ser sorprendente que en una sociedad donde ellas viven más, toman el 90% de las decisiones de consumo, son mayoría abrumadora en la Universidad, y han conseguido una legislación que las blinda a lo largo de toda su vida, lo que se tenga en cuenta a la hora de discutir quien “manda” no sea eso sino esa ideología de la dominación masculina.