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19 octubre, 2014

El balance que el neofeminismo no hace


El ideario original del feminismo, como el del socialismo, gozaron históricamente de un enorme poder de seducción no solo para las y los más desfavorecidos. ¡Qué cosa podía haber mejor que superar el enorme lastre histórico que suponían los privilegios de unos pocos ante la gran mayoría de desahuciados! Y ese poder de seducción no se limitaba exclusivamente a quienes más sufrían la desigualdad sino que comprendía a importantes capas ilustradas incluyendo un sector tan importante como el que constituían y constituyen los intelectuales y artistas, esos que poseen la capacidad de expresar con belleza y generosidad nuestros anhelos más íntimos y elevados.

En el fondo dicha convicción suponía creer históricas y por tanto culturales todas esas diferencias, incluidas las derivadas del sexo. La experiencia histórica sin embargo se encargó de demostrar que algo fallaba en esos postulados y que para el caso del socialismo, al menos en su vertiente comunista, de forma rotunda se demostró su error al derivar no solo en nuevas desigualdades y privilegios, sino en la asfixia de los nuevos desheredados que constituían la inmensa mayoría de la sociedad, quienes no solo no participaban de las ventajas materiales del nuevo modelo, sino que vieron reducidos prácticamente a cero sus derechos y libertades. Pero como a lo que ahora me quiero referir es al feminismo a él dedicaré las líneas que siguen.

Aunque ambos movimientos mantuvieron algunos parecidos y concomitancias, la dialéctica de las clases sociales y la de los sexos también guardan profundas diferencias, de tal modo que si el ideal comunista vive sus horas más bajas, para el caso del neofeminismo tal circunstancia no se da y más bien viva sus momentos mejores y más audaces. Para el comunismo el acabar con la clase capitalista era su objetivo principal y la utopía de una sociedad sin clases perfectamente imaginable. En el caso del feminismo una formulación de ese tenor dirigida al hombre no resultaría admisible aunque por algún lado se haya oído.

Y quizá la diferencia sustancial estribe en la capacidad del feminismo para no ir de frente, para no dar la sensación de ir contra el otro, para formular sus deseos no como contraposición sino como ideal que la historia reclama, para exigir del varón que ponga toda su energía en la defensa de sus intereses y propuestas, en conseguir sus objetivos mediante la seducción más que por convicción racional y, eso al tiempo que las acusaciones contra los hombres no han parado de crecer en ningún momento.

No en balde la historia del feminismo debe algunos de sus momentos mejores a la defensa que del mismo han realizado personalidades históricas tan relevantes como John Stuart Mill o Federico Engels pasando por todas las grandes corrientes históricas y movimientos sociales de la Ilustración a esta parte. El feminismo no ha precisado ni de un ideario coherente, ni de un partido político propio, ni de un sindicato de “género”, les ha bastado aprovechar las estructuras existentes en cada momento histórico para desde dentro de los mismos formular sus propuestas y defender sus intereses.

Ni sentirse obligadas en ningún momento a realizar balance de lo conseguido –para el feminismo la lucha por la igualdad siempre está comenzando- y, quizá, considerar que cuando todas las acciones positivas se inclinan hacia uno de los sexos es inevitable que el otro no solo se sienta, sino que realmente resulte discriminado. A nadie parece sorprender que la lucha contra el cáncer consista primera y fundamentalmente en la lucha contra el cáncer de mama, o que cuando se revisan las tarifas de seguros con criterio de género tal como hace la U.E. claramente quienes resulten beneficiadas sean los de ellas, o que la pretensión de ligar la edad de jubilación con la esperanza de vida se haga sin que las pronunciadas diferencias por sexo en este terreno se tengan en cuenta. Como a nadie parece sorprender que el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Ucrania lo sea solo para los varones.

Pero más allá de todos esos aspectos con ser significativos, todavía nos encontramos con la intención compartida por todo tipo de organizaciones de presentar a la mujer como el lado bueno de la humanidad: dadora de vida, incapaz para la violencia y nunca totalmente responsable de lo que le acontece, y eso en duro contraste con el lado oscuro de la misma: un varón militarista y guerrero, siempre violento y cuya suerte vital responde a su exclusiva elección. Si la anorexia en la mujer era resultado de la imposición de determinados cánones de belleza, la vigorexia en el varón constituye una manifestación de conducta desviada, si la mujer accede con menos frecuencia a las carreras técnicas es fruto de los estereotipo de género, pero cuando el varón lo hace en menor medida a las de letras o determinadas profesiones lo hace en el ejercicio de su libertad. Si la mujer es un ser profundamente manipulable a través de la publicidad y por tanto debe ser denunciado todo sexismo, el varón debe ser un supermán que fácilmente soporte el nivel de degradación al que determinados anuncios someten a la figura masculina, porque jamás se ha protestado ninguno.

Los hombres –caballerosamente- deben ceder su puesto a la mujer allí donde ella se sienta infrarrepresentada. Ahora bien donde suceda lo contrario particularmente lo relativo a determinadas profesiones o la relación con los hijos, lo correcto parece no solo culparlo por tal actitud sino poner todos los palos en la rueda que posibles sean y, sirva de ejemplo de esto último la ultramontana posición de buena parte del neofeminismo incluidos partidos políticos en lo relativo a la custodia compartida. Si en lugar de ser Pablo Iglesias quien recibiera una palmadita en el culo por parte de una señora, hubiera sido una de sus compañeras por parte de un hombre, a estas horas se estaría hablando mucho más del incidente que de la propia asamblea que Podemos realiza estos días en Vistalegre. Al no ser así: aquí no ha pasado nada y la vida sigue.

En el programa El Hormiguero que dirige Pablo Motos hay una sección protagonizada por niños, presentada siempre con la frase: los niños no mienten, los niños siempre dicen la verdad, sin que sirva para desmentirlo la reiterada experiencia del propio programa de que cuando se sienten acorralados o en situaciones difíciles lo que acaben haciendo es buscar cualquier salida que los proteja incluida la mentira. Pues bien, otro tanto de lo mismo sucede con la pretensión neofeminista, a estas alturas respaldada legalmente, de que las mujeres tampoco lo hacen. Y es sobre este estrafalario presupuesto que no solo se elaboran estadísticas de violencia que luego se trasladan al ámbito legal, periodístico y de la opinión pública, es que su cuestionamiento sitúa a uno más allá de los márgenes de lo políticamente correcto.

Y lo último y más difícil de entender todavía. Como fruto de esa visión angelical y sacralizada de la mujer se decide que el mejor criterio para la delimitación de la enfermedad mental o el alcance de la violencia en la pareja y la familia es el subjetivo, el derivado de la percepción personal y, contra todo pronóstico y evidencia no solo se concluye que la mujer sufre un doble o triple nivel de estrés, sino que se llega a la conclusión de una mayor prevalencia de la enfermedad mental en las mujeres, y todo ello sin perjuicio de que como dice Carmen Leal:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.”

Como se confeccionan diferentes encuestas sobre violencia o acoso en las que se toma como punto de partida lo que, para el supuesto de que así fuese, solo podría ser conclusión: que el verdugo es él y la víctima ella. Necesitaríamos estudios en profundidad y datos que nos permitieran establecer con total seguridad el diferente trato que, no solo por parte de la justicia, pero también de ella, reciben varones y mujeres, y de como el sesgo cultural profemenino contamina todas cuantas materias se tocan desde los poderes públicos.

Datos de los que a estas alturas no contamos porque no solo la información, también la estadística están siendo muy selectivas en cuanto a los temas que han decidido interesan a la opinión pública. Y así se han convertido en moneda corriente situaciones jurídicas tan curiosas que mientras se niega la posibilidad de que determinada acción responda a un brote psicótico en quien lleva en tratamiento muchos años, se exime de condena la muerte de un neonato en base al síndrome de negación del embarazo, o que casi sin excepción la violencia familiar femenina sea atribuida a trastorno mental mientras la de varón no encuentra más explicación que la pura crueldad y el ansia de dominio.

Y todo ello para concluir que mientras aquello que el feminismo siempre había considerado su objetivo primero: la superación de los roles por sexo, incluso su desaparición, parece absolutamente olvidado porque a lo que en realidad asistimos no es más que a un aggiornamento de los mismos, conservando de ellos sin embargo, su sustancia y significación, sus ventajas e inconvenientes y por supuesto su naturaleza profundamente desigual. El hombre seguirá siendo el principal proveedor y protector tanto en el plano social como en el de cada familia, y la mujer mantendrá una ascendencia sobre la familia y la casa incomparablemente más alta que la del varón, hasta el punto de que en las condiciones actuales y a efectos simbólicos la figura del padre bien podría darse por desaparecida.




23 comentarios:

  1. Excelente artículo, plasmó crítica y finamente aquello que a mí me saldría agresivo...

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  2. Anónimo6:11 p. m.

    Cuando vi la foto de una militante entusiasta dándole una palmada en el trasero a Pablo Iglesias, inmediatamente pensé en la terrible tormenta que se habría desatado si los "géneros" de los personajes estuvieran cambiados. Sin embargo, creo que esta es la primera vez que leo alguna referencia a ese suceso. ¿Alguien sabe cuántas organizaciones antisexistas han pedido a estas alturas la prisión incondicional para la terrible acosadora?

    Athini Glaucopis

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  3. Anónimo11:42 p. m.

    Es como el caso de Mónica Oriol, la presidente del Círculo de Empresarios. La que no contrata a mujeres entre 25 y 45 años por si se les ocurre quedarse embarazadas. A ella nadie le exigió dimitir ni ninguna otra responsabilidad. Se contentaron con montarle una entrevista en televisión donde afirmó que las mujeres lo tienen más difícil etc. y se presentó como víctima de si misma. Estos mismos días, por hechos similares presionaron hasta la aniquilación del concejal de Hortaleza, por ejemplo.

    Arturo

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  4. Como dice el dicho: todos somos iguales, aunque algunas son más iguales que otros

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  5. Observad este caso, ella lo que dice es de que:

    "Hemos estado charlando un poquito, acercando posiciones, y todas las reuniones al final son constructivas, así que fenomenal... lo único que no voy a pedir perdón por ser mujer"

    Aunque ellos de lo que hablan es:

    “Ha sido una nominación rápida y prematura”, había dicho David Ferrer la víspera, resumiendo el sentir general de un vestuario en el que se cuestiona la capacitación de la seleccionadora —nunca ha entrenado al máximo nivel—; su conocimiento del circuito masculino —no había hablado jamás con las mejores raquetas españolas cuando fue nombrada—; sus méritos frente a otros candidatos —el exnúmero uno Juan Carlos Ferrero—; y que no se consultara su nombramiento con los tenistas. “No se ha llegado a consultar a los jugadores, pero no es un debate sobre si es Gala u otra persona, el debate es si había más candidatos antes que Gala León o si las cosas se podían haber hecho mejor y consultar a los jugadores”, dijo Ferrer.

    Tal y como se recoge en esta noticia:
    http://deportes.elpais.com/deportes/2014/10/21/actualidad/1413912240_684624.html

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  6. Anónimo12:56 p. m.

    Excelente artículo, Emilio.
    Opondría, como sabes, alguna objeción a lo que llamas "sesgo cultural profemenino": para mí ese sesgo es natural: por eso es universal. Pero aparte de estos desacuerdos, el artículo me parece excelente.

    Athini: lo que habría pasado si Iglesias hubiera palmeado el culo de una militante es que, seguramente, ahora estaríamos hablando de la muerte prematura de su carrera política o algo parecido. Por cierto, ya vemos en qué consiste el concepto igualitario de Iglesias en materia de "acoso sexual": Él, si mediara un mínimo de sentido de la consecuencia y la honradez ideológica, debería haber denunciado a la entusiasta animadora, pero no. El cachete que recibió carecía de importancia, porque no puede importar mucho que una víctima secular (la mujer) propine una palmada en el culo del macho opresor. Parece que aquí Iglesias ha consentido pasar por un macho alfa: el que está contento con tener al harén con las gónadas convenientemente encendidas. Y luego dice que no lo es.

    Isidro






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  7. Esta entrada se podría alargar cuanto se quisiese. Si a la desechabilidad masculina añadimos el victimismo feminista tendremos cada día varios motivos para seguir hablando de la desigualdad manifiesta entre hombres y mujeres. Hoy, Leticia García en El País presenta a Renée Zellweger, que lleva varios días siendo noticia por la verdadera transformación de su rostro, con este subtitular:

    “El cambio estético de Renée Zellweger reaviva el debate sobre la presión que sufren las actrices en la industria del cine para mantenerse jóvenes.”

    Lo que me lleva a pensar que si tampoco una actriz de Hollywood es dueña y responsable de su o sus operaciones de cirugía estética, por qué habrían de serlo en mayor medida Belén Esteban o María Teresa Fernández de la Vega y, para el supuesto de que todas se hayan sentido compelidas a hacerlo, qué significado habríamos de dar a la vieja reivindicación kantiana de la “mayoría de edad” no vaya ser, que descubramos que tal cosa solo cabe aplicarla en propiedad a los varones a quienes sí podemos hacer responsables de su imagen y de sus actos.

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  8. Y esto es lo que piensa la propia Renée Zellweger
    http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente/renee-zellweger-tonta-polemica-sobre-cambio-look-cara-3626665

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  9. Isidro, es universal porque es humano y es cultural porque es diferente en cada época histórica incluso diría cada país. El tono desafiante unas veces y asfixiante otras que ha adquirido en nuestro país en el momento presente es fruto de este particular momento histórico en el que lo que dice el neofeminismo va a misa y los partidos políticos buscan anticiparse a sus deseos. Las dos inmensas meteduras de pata de Pedro Sánchez: funerales de Estado para las víctimas de la violencia de pareja y la supresión del Ministerio de Defensa para dedicar sus fondos entre otras cosas a combatirla, tienen mucho que ver con el particular momento que estamos viviendo y la ansiedad por encontrar motivos para agradar a las mujeres y atraerse el voto femenino.

    La legislación de género con guardar semejanzas entre países también guarda profundas diferencias. En los países nórdicos, pioneros en muchas de estas cosas, no solo existe custodia compartida y la figura del padre no sufre el estrago que aquí conocemos -incluso se la mima un poco-, es que los permisos paterno y materno cuando no son iguales se aproximan mucho, en las adopciones y las separaciones lo que prevalece es el bien del menor y no el de la madre, en el empleo público se tiende a la igualdad por sexos, ahora mismo en Noruega se ha hecho obligatorio el servicio militar obligatorio para las mujeres, la escuela en Finlandia es mucho menos sexista y clasista que aquí, y así podríamos seguir enumerando rasgos que con lo que tienen que ver es con "la cultura" del momento. Y supongo que admites que ya solo lo mencionado más arriba marca diferencias importantes.

    Si admitimos que algo se pueda aggiornar estamos admitiendo que puede ser modificado por la cultura. Y es en ese contexto de cierta posibilidad de cambio que tiene sentido esto que hacemos quienes pretendemos con nuestro pensamiento y nuestras acciones trazar un camino diferente en lo relativo a la igualdad y como hayan de entenderse las relaciones de los sexos entre sí y, con el mundo y las cosas.

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    1. Anónimo9:43 p. m.

      Emilio:
      Cuando tú sientes hambre, la tendencia innata de tu cuerpo es comer. Sin embargo, tú podrías, debido a la educación o a la fuerza de voluntad, hacer voto de ayuno, huelga de hambre o, simplemente, dieta. Podrías, en definitiva, controlar tu instinto voluntariamente. Imagina que un extranjero viniera y observar que un pueblo (imaginario) despreciara a los gordos y que casi todos sus habitantes se mantuviera extremadamente delgados por voluntad propia. Un pueblo vecino, por el contrario, podría estar entregado a los placeres de la mesa. Las diferencias son, efectivamente, culturales. Pero, dicho así, corremos el riesgo de creer que estamos ante una cuestión únicamente cultural. La tendencia a comer cuando se siente hambre es natural y común a todas las personas normales y sanas. Análogamente, creo que podemos afirmar que existe una tendencia natural a valorar más la vida de las mujeres que la de los hombres. No obstante, así como un individuo (o un pueblo) puede vencer con su voluntad el apretón bulímico, un individuo (o pueblo) puede llegar a controlar con su voluntad la tendencia natural de considerar más valiosa la vida de la mujer que la del hombre. En ambos casos, sin embargo, necesitará siempre apelar a la fuerza de voluntad, porque ni el hambre desaparece en quien hace ayunas ni desaparece el “sesgo” pro-femenino en quien se empeña en dar trato de igualdad a hombres y mujeres. Entonces, ¿es acertado concluir que la inclinación a comer al sentir hambre es “cultural” y que el sesgo (inclinación perceptiva) pro-femenino es “cultural”? Me parece que no. Tanto la inclinación a comer cuando se siente hambre como la inclinación pro-femenina son naturales. Lo que NO es natural es el voto de ayuno o hacer dieta. Y lo que NO es natural es dar exactamente el mismo trato de igualdad al hombre y a la mujer.
      Lo cierto es que yo siempre he defendido (siempre, digo) el poder de la razón y la voluntad frente el instinto, al menos en un grado nada despreciable. Y creo que no es mi culpa que, pese a repetirlo una y otra vez, sean muchos los que crean que cuando hablo (o se habla) de instintos estoy afirmando que éstos determinan nuestra conducta. Por muy darwinista que sea mi enfoque teórico, sigo creyendo en la responsabilidad y libertad humanas (aunque sean precarias): porque sigo creyendo en la fuerza de la razón.
      Isidro

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    2. Anónimo9:45 p. m.

      Y pese a que creo en dicha libertad, no estoy seguro de que los ejemplos culturales que expones sean buenos ilustradores de dicha libertad. Y te digo esto porque, sin negar que en los países nórdicos, la razón haya podido vencerle alguna batalla a lo que yo creo un sesgo pro-femenino natural, lo cierto es que de tales países también nos llegan noticias de la tremenda enjundia que el feminismo tiene allí. ¿No era en Suecia donde los niños deben dejar que las niñas salgan primero del aula? ¿No es uno de los países nórdicos (pero no recuerdo cuál) donde se han sacado de la manga un test para calibrar si una película es o no sexista? ¿No es en Suecia donde, en la escuela, se habla abiertamente mal de los varones? ¿No es allí donde se imparte clases de defensa personal a las niñas? Lamento no tener los enlaces, pero de lo que estoy seguro es de que estas cosas las he leído.
      En cuanto a lo de por aquellos lares se tiende a la igualdad de sexos en el empleo público, francamente, no sé cómo lo puedes incluir en la lista de ejemplos en que la razón vence al instinto. Eso se llama “ley de cuotas” o algo por el estilo. Obviamente, solo aplicando un criterio de cuotas (50% por decreto) se puede conseguir que la mitad de los policías sean mujeres, o la mitad de los bomberos, o la mitad de los soldados, los antidisturbios... Más bien la consecución de esa paridad refleja, en estos casos, el predominio del sesgo pro-femenino que el de la equitativa razón.
      Isidro

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    3. Anónimo9:45 p. m.

      En cuanto al servicio militar obligatorio de Noruega, permíteme objetar lo siguiente: nos falta saber qué porcentaje de mujeres irán al frente en caso de guerra. Y te lo digo porque ya hay ejemplos (el Estado de Israel) en que también las mujeres van a la mili pero solo un porcentaje mínimo a las trincheras. Y diré algo más. Son muchas las feministas, aunque parezca increíble, que consideran que es un privilegio del varón ir a la guerra y defender la patria, y un oprobio contra la mujer impedirle que también ella vaya, relegándola, como siempre, a las tareas subalternas de la casa y la familia. Te pregunto: ¿irán las mujeres noruegas a la mili para que ellas también tengan los mismos deberes que los hombres, o, más bien, para que tengan los mismos “derechos”? ¿Estamos ante una conquista masculinista o ante un logro feminista?
      Veamos qué perlas podemos encontrar sobre Suecia:
      “Desde 1999 en Suecia se castiga a los que pagan por servicios sexuales. Ser cliente ya no es gratis. Tienen que pagar una multa o pueden ir a la cárcel. Con el lema “Sin clientes no hay prostitución” la idea es que los varones se hagan cargo de no denigrar a las mujeres. Ya Francia e Irlanda (y en Argentina hay dos proyectos legislativos) estudian seguir sus pasos. Desde que comenzó a regir la norma, unas 5700 personas (la gran mayoría varones) fueron detenidos por comprar sexo o intentar hacerlo, más de la mitad fueron condenados. Pero ninguno terminó en prisión. Todos pagaron una multa de, al menos, un tercio de sus ingresos diarios, durante dos meses. El número de compradores de sexo descendió del 13,6 por ciento de la población a menos del 8 por ciento, según datos del Instituto Sueco.”
      “A nivel de educación superior, desde 1997 existe un número de cátedras, becas posdoctorales y de doctorado para el sexo "subrepresentado" y se crearon seis cátedras relativas a estudios desde la perspectiva del sexo.”
      “El nombramiento de Anna-Klara Bratt no es un hecho aislado: forma parte de una estrategia por la que los cargos principales en la cúpula organizativa de la SAC han dejado de ser terreno exclusivamente masculino y coincide, entre otros, con el nombramiento de Hannele Peltonen como secretaria del sindicato.”

      http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8142-2013-07-05.html
      http://www.pikaramagazine.com/2014/07/las-aventuras-del-feminismo-interseccional-sueco/
      http://www.guiagenero.com/GuiaGeneroCache%5CPagina_OrganiPublic_000234.html

      Y la archi-igualitaria Noruega nos ofrece esto:
      http://elpais.com/diario/2011/04/24/sociedad/1303596004_850215.html
      “Las mujeres en los Consejos de Administración de las empresas del país nórdico han pasado del 7% en 2002 al 44% en 2010 gracias a una controvertida ley de cuotas”
      Me sorprende mucho, pero mucho, Emilio, que seas tú quien ponga a esos países como de ejemplos de que el sesgo pro-femenino es menor que el que tenemos en España. Si Noruega puede figurar entre los países “igualitarios” en materia de “género” es, precisamente, porque no se ha salido ni un ápice del sesgo pro-femenino.

      Isidro

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    4. Isidro, la verdad es que en lugar de responder a la cuestión del sesgo profemenino en realidad lo que he escrito se refería a algo mucho más general, o sea que por ese lado te doy toda la razón. Mi texto hablaba más de formas de concebir la igualdad que del sesgo profemenino. Lo demás que dices lo conocía casi todo, no en vano frecuentamos lugares comunes.

      Sé de las posibles limitaciones del gesto noruego de establecer la mili obligatoria pero aún a reserva de ir viendo cómo evoluciona esa obligatoriedad para mí es un paso adelante que considero hemos de valorar, como hemos de valorar la igualdad de los permisos materno y paterno cuando nace un hijo, el reconocimiento de la custodia compartida, o como hemos de valorar la búsqueda de la igualdad en la administración pública. Y no se trata de que haya el mismo número de bomberos que de bomberas sino de que en el conjunto de la administración se guarde un cierto equilibrio.

      En nuestro país en lo que llevamos de crisis la práctica totalidad del empleo público creado ha ido a parar a las mujeres y para el conjunto de las administraciones la mayoría femenina lleva camino de hacerse mayoría aplastante, de tal modo que determinados ámbitos de lo público son casi totalmente femeninos. Para la administración autonómica los porcentajes se mueven en torno al 70-30 y supongo que no será necesario que te diga a favor de quien.

      Contrapones biología y cultura de un modo que no permite entender porque algo que es tan “natural” como comer se puede hacer de modos tan diversos. Desde luego el homínido que rompe un hueso de un animal que se encontró muerto para sorber el tuétano del mismo está satisfaciendo la misma necesidad natural que el individuo que asiste a un banquete en nuestro tiempo, sin embargo entre ambos modos de satisfacer la misma necesidad hay diferencias notables, diferencias que a quien corresponde explicar es a la “cultura”. La cultura no explica la necesidad de comer, pero sí los distintos modos de satisfacer esa necesidad según la época, el país o la clase social.

      La división por sexos es muy anterior a la especie humana, pero la forma en que esa división es contemplada por las sociedades es diferente y en esa diferencia la cultura tienen muchísimo que decir. Yo aun confío que los varones de nuestro tiempo no se resignen a un rol que les viene impuesto y no desean. Que no acepten de buen grado que se les arrebaten los hijos y la casa en un proceso de separación o que no se resignen a los empleos más duros y arriesgados.

      Es mediante la cultura que se establecen conceptos como el de “género”, o “patriarcado”, o la “paridad” y las “cuotas” y no sigo para no hacer la lista muy larga. Por eso digo que lo que hacemos tiene sentido porque todo eso es reversible y susceptible de ser formulado de modo diferente a cómo se está haciendo y en ese empeño ni pretendo negar el peso de la biología o la naturaleza ni cambiar su curso. Que exista lo cultural no quiere decir que todo sea cultural del mismo modo que el hecho de comer de modo diferente a como lo hacían los homínidos no cuestiona que esté en nuestra biología el alimentarnos.


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    5. Anónimo4:23 p. m.

      Emilio, no entiendo muy bien dónde está el desacuerdo. Afirmo que el hambre es natural y que la razón (o la cultura) es capaz de controlarlo (con ayuno, dieta, huelga de hambre…). Este esquema puede ser aplicado al instinto pro-femenino (en caso de que tal exista). Y lo que yo trato de explicar es que, si existe, lo primero que nos toca es probarlo científicamente y, después, intentar que la población sea consciente de él para aspirar a controlarlo según nos dicte la razón. Porque así como nadie duda de que la conducta de ingesta es un instinto, y un instinto que debe controlarse cuando se vuelve excesivo o inadecuado en algún sentido (bulimia, anorexia…), me parece que el instinto pro-femenino (si acaso existe, como creo) pasa desapercibido como tal, y, por tanto, nadie trata de controlarlo. No sé si ahora me he explicado bien.
      Isidro

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    6. Anónimo4:23 p. m.

      Respecto del caso noruego he de añadir lo siguiente:
      Israel, como bien sabes, también obliga a sus mujeres a hacer la mili. ¿Puede extrañarnos? No: se trata de un país muy seriamente amenazado por unos vecinos hostiles cuya población asciende a varios cientos de millones de habitantes. No entraré aquí a argumentar qué parte lleva o no razón a mi juicio. Eso forma parte de otro debate. La cuestión es que Israel tiene un poderoso armamento, pero no cuenta con un ejército numeroso porque, sencillamente, Israel solo tiene unos 8 millones de habitantes.
      ¿Y cuál es la población de Noruega? Algo así como 5 millones de habitantes. ¿No podría ser que los noruegos estén haciendo de la necesidad virtud? ¿No será que quieran hacernos creer que la mili obligatoria para las mujeres es un paso por la igualdad cuando, en realidad, no es otra cosa que la consecuencia de un imperativo defensivo? Mira, en uno de los artículos que he leído al respecto, al final de él, como el que no quiere la cosa, se dice:
      “Pero además, con la inclusión de las mujeres en la llamada mili también se busca un incremento de los efectivos en las fuerzas armadas noruegas, debido a los conflictos abiertos en zonas como Ucrania, Siria, Oriente Medio o al brote de ébola en África. El Ejército noruego reclama cada día más especialización y profesionalidad y por eso el número de militares ha disminuido en los últimos años.”
      ¡Por lo demás! Ah, caramba. A ver si va a resultar que las razones que explican tan igualitaria decisión son más prosaicas, prácticas y terrenales de lo que pudiera parecer a primera vista. Pero la ministra es astuta: las razones defensivas o bélicas se declaran al final, no al principio de sus manifestaciones. Porque, ¿qué hubiese pensado el mundo de tal ley si la ministra la hubiera presentado como necesaria para defender a Noruega de posibles amenazas armadas y solo después de ello añadiera que “además” es un ley por la igualdad entre hombres y mujeres? Seguramente, ahora no estaríamos ponderando el reclutamiento femenino en los términos que lo hacemos. No podemos saber cuál era la prioridad que la ministra llevaba en la cabeza, pero yo me malicio que no es la que nos ha vendido.

      Sigue...
      Isidro

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    7. Anónimo4:25 p. m.

      Por lo demás, creo que tú entenderás conmigo que las razones que la ministra aduce para justificar tal ley no son irrelevantes a la hora de interpretar la cuestión en sus justos términos. ¿Qué dice la ministra de defensa noruega sobre la aprobación de esta ley? Esto:
      “La ministra de Defensa ha asegurado que la normativa supone un paso más hacia la igualdad plena en un país en el que las mujeres ya ostentan cargos de máxima responsabilidad.”
      ¿Qué significan estas palabras? Un sencillo ejercicio de exégesis me dice (puedo estar equivocado, claro) que se trata de la cantinela feminista de siempre: los hombres ocupan los puestos directivos, políticos y de mayor responsabilidad de la sociedad, mientras que a las mujeres, por ser considerados seres humanos irresponsables, menores de edad mental y de segunda, se les reserva funciones domésticas alejadas de los puestos de responsabilidad pública y política. Pues lo siento, pero si este es el discurso que subyace a la ley que obliga a las mujeres a hacer la mili, yo no puedo decir que se trate de una medida inspirada en el deseo de igualdad entre los dos sexos, sino, más bien, el afán de resarcir a las (supuestas) víctimas de una injusticia histórica. Y si el deseo de la ministra no fuera otro que el de compensar un (supuesto) daño infligido a las mujeres, me niego a admitir que estemos ante un verdadero caso de política igualitaria. Antes lo contrario: huele a revanchismo feminista.
      Y fíjate que diría lo mismo si mañana las feministas reclamaran puestos de trabajo en la construcción, la minería o la pesca (¿los reclamarán?). Si se reclamaran con la intención de indemnizar a las mujeres por la (supuesta) opresión causada por el varón “heteropatriarcal”, ¿podríamos considerarlo como un avance de la igualdad real? Insisto, creo que no. Cualquier medida política que se tome como forma de “corrección” de un (supuesto) estado de opresión machista, encontrará en mí cualquier cosa menos rumiante aquiescencia, pues estaremos ante “un nuevo caso” de demonización feminista del varón. Y, por otro lado, me sigo preguntando por qué la administración de Noruega reserva infinidad de plazas de cátedra y puestos directivos a las mujeres, pero en ningún momento reclaman puestos de trabajo en la minería o la construcción, por ejemplo. Así que, resumiendo, tengo muchas dudas (creo que pertinentes) sobre qué juicio me merece la llamativa decisió de la ministra de defensa noruega. La mili obligatoria de las mujeres puede ser, como sospecho, un imperativo defensivo disimulado de política de “igualdad, y, por otro lado, la desapruebo si se presenta como la corrección de una injusticia histórica contra las mujeres.

      Saludos.
      Isidro.

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    8. Comparto tu suspicacia en relación con la obligatoriedad del servicio militar en Noruega, como tú bien dices al final puede resultar lo que en Israel, que quienes terminen en el frente de batalla sean exclusivamente ellos, pero no quisiera prejuzgarlo y si me quejo de lo que sucede en Ucrania con la obligatoriedad solo para ellos, en lógica consecuencia debo resaltar lo que de paso adelante supone lo de Noruega.

      En relación con el debate naturaleza versus cultura tampoco pretendía zanjarlo. Es demasiado complejo como para pretender que se puede dar por superado. Pero si me gustaría hacer una llamada de atención sobre lo que ahora mismo está pasando en nuestro país en el terreno de la opinión pública y los poderes, porque desde luego lo que el futuro nos depare tendrá mucho que ver con como vayamos dando respuesta al presente.

      En este sentido nuestro gran objetivo en este momento debería consistir en conseguir hacer llegar a la opinión pública las posiciones de quienes no comulgamos con el tratamiento -a veces ocultación y ausencia de tratamiento- que se le está dando en los medios y por parte de la clase política.

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  10. Athini y Arturo, si no os contesté hasta el momento es porque sé que, al igual que yo, vosotros también tenéis claro que no habrá ninguna acusación de sexismo por la palmada en el culo de esa señora a Pablo Iglesias. Eso solo sucedería si quien la diese fuese varón y quien la recibiese mujer.

    Y lo hago ahora porque me gustaría llamaros a una reflexión que quizá haga falta. La igualdad desde el neofeminismo se construye así: nada de reciprocidad entre los sexos, nada de equidad, nada de simetría. La igualdad neofeminista se aplica y práctica según la agenda de género y no contempla la posibilidad de considerar en el mismo plano a ambos sexos, desde el origen se niega cualquier posible igualdad en la consideración o cualquier equiparación en sus circunstancias.

    Si pensásemos que al feminismo se le gana la batalla desde la razón y los argumentos esa batalla ya estaría ganada, pero es evidente que no es por ahí por donde se consigue debilitar su mensaje o su fuerza. El feminismo no solo no hace balance sino que vive indiferente a las críticas a su ideología, porque su modo de proceder se mueve por otros derroteros, no pretende ganar un debate público abierto sino conservar y ampliar su influencia en los círculos que ya respetan su credo.

    Frente a la racionalidad y el debate, el neofeminismo apela constantemente a los sentimientos y la emoción, la contradicción permanente de su discurso alcanza cotas de verdadero vértigo. Contradicción que en ese mundo holístico en el que se mueve parece desaparecer. Sus propuestas van dirigidas a las mujeres y las niñas sin importar qué pueda pasar con sus pares masculinos y, eso, al tiempo que dicen combatir el sexismo.

    Denuncian la pornografía como verdaderas lacra machista, pero guardan silencio ante el verdadero despelote de las divas de la canción femenina a las que: si un día a una se le abre la bata en el escenario y no lleva ropa interior, a la otra se le rompen los botones y salta el pecho fuera, y casi todas han decidido que su música mejor con estriptis aunque no sea integral.

    Denuncian al padre ausente pero al tiempo se oponen a la custodia compartida, lo mismo reclaman la protección del varón que la denuncian por proteccionismo patriarcal, acusan a los hombres de haber convertido a las mujeres en menores de edad, pero buscan constantemente librar de responsabilidad personal a las mujeres, sea que se trate de quien ha decidido prostituirse, dejar de comer o hacerse la cirugía estética.

    El mundo es siempre un lugar siniestro gobernado por varones y siempre dispuesto a sorprender negativamente y atacar a las mujeres, sea con la publicidad, en el mercado de trabajo o con los estereotipos de género la mujer es un ser vapuleado, a quien la existencia se le hace todo lo difícil que se puede. El varón sin embargo es un ser inmunizado contra todo mal que si acaso sufre alguno lo es por su mala cabecita. El sufrimiento masculino o bien no existe o bien solo a ellos corresponde explicar y resolver. La empatía acaba donde comienza lo masculino.

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  11. Anónimo1:55 p. m.

    Toda institución se crea para alcanzar un objetivo concreto, pero, una vez que la institución se establece, su propia dinámica la lleva a que su propia pervivencia se convierta en su objetivo central, desplazando a sus fines originales, que sólo se continuarán persiguiendo en la medida en que contribuyan a la pervivencia de la institución. Sería realmente una novedad en la historia el que los dirigentes de una institución grande y poderosa concluyeran un buen día que todos los objetivos de dicha institución habían sido felizmente logrados y procedieran sin más a disolver dicha institución. Y esto es así porque, tan pronto como una institución se hace grande y poderosa, se crea un densísimo entramado de intereses que dependen de la existencia de dicha institución: puestos de trabajo, posiciones de poder, justificaciones psicológicas de la biografía de los individuos, etc.

    Las diversas instituciones en que ha cristalizado el feminismo (desde el "Instituto de la Mujer", hasta las "Cátedras de estudios feministas", pasando por la infinidad de "asociaciones" que reciben cada año generosas subvenciones…), como siempre le sucede a una institución, tiene como objetivo central su propia perduración, y para ello precisa proclamar que sus objetivos están lejísimos de ser alcanzados. De hecho, cuanto más evidente sea que dichos objetivos se han alcanzado hace mucho, más esfuerzo hará la institución en insistir histéricamente en todo lo contrario.

    Athini Glaucopis

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  12. Tiene algo de anécdota, pero me parece que bastante reveladora. He tenido que acompañar al centro de salud a un familiar. Más que de un centro público destinado a todos, por momentos daba la sensación del local de una organización feminista, y no lo digo porque la práctica totalidad del personal con el que me tocó cruzarme fuera femenino, sino por cómo estaban decoradas de cárteles las paredes.

    Los había sobre diversos tratamientos a mujeres, sobre su programa de salud integral, sobre el maltrato a las mujeres, sobre el uso no sexista de los juguetes... El único rostro masculino que ví era el de un varón conocido bordeado de la frase "Si la maltratas a ella también me maltratas a mí".

    Si esto sucede en esta sociedad patriarcal, no quiero imaginarme qué pueda acabar sucediendo cuando tengamos la que se nos anuncia como superadora de ésta.

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  13. Anónimo10:46 a. m.

    Texto interesante sobre la música y el sexo del top ten femenino

    http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/11/actualidad/1415723912_974722.html

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  14. Lagarde dice que la crisis está relacionada con un "exceso de testosterona"

    http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2014/11/21/christine-lagarde-cree-crisis-financiera-origen-exceso-testosterona/00031416579241412773936.htm

    ¿Quién se atreverá a contestarle?

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