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22 noviembre, 2014

Otro poco de politica


No todo lo que está sucediendo ha de leerse en clave negativa. Hasta hace bien poco todos los que habían dicho cosas sobre la regeneración política tropezaban finalmente con un grave problema: cualquier proyecto en ese sentido necesitaba contar con algún tipo de colaboración de quienes eran sus protagonistas más destacados: PP y PSOE, lo cual en cierta medida conducía a un callejón sin salida, porque los mismos que constituían la parte principal del problema debían estar también como parte de la solución.

El revolcón a que está sometiendo todo este tema la aparición de nuevas organizaciones políticas, no como fuerzas residuales, sino con una magnitud que en el caso de Podemos la sitúa en plano de igualdad con los dos grandes, y sobre todo la mayor exigencia ciudadana, están permitiendo que ese callejón sin salida se destapone porque a todos les va la vida en ello: o se renuevan, depuran responsabilidades y combaten con fuerza y claridad la corrupción o corren el riesgo de quedarse por el camino.

Pero es evidente que está casi todo por hacer y que los dos grandes se siguen resistiendo a profundizar en esa dirección. Sirva como ejemplo de esto que digo un debate realizado recientemente en 24 Horas en el que, si el representante del PSOE, para estupor del resto de contertulios, parecía entender que toda la corrupción estaba del lado del PP, el representante del PP le contestaba a Gabriel Albiac que se equivocaba al denunciar como corrupta la forma de elección del Consejo General del Poder Judicial, basándose en que como no se trataba de un órgano jurisdiccional se respetaba la división de poderes.

Por cierto y esto va para los que como Podemos sitúan casi todos los males del lado privado del sistema y entienden lo público como bueno per se, olvidando por supuesto el fiasco de las Cajas de Ahorro, o lo que se estuvo haciendo con los fondos de formación a los parados. En este país no solo ha habido corrupción derivada de la construcción y los planes de urbanismo, la ha habido y muy grande porque ni el CGPJ, ni tantas otras instituciones: CNMV, Banco de España, Tribunal de Cuentas… funcionaron como organismo autónomos de los partidos políticos, sino a su dictado. 

Existen otras formas,sino de corrupción si al menos de malas prácticas políticas, como esconder lo que uno ha sido o lo que propone, y buscar el voto más por el rechazo a los otros que por las virtudes y el programa propio, pero eso lo dejo para otro día.


17 noviembre, 2014

Un poco de política


No me resisto a hacer algún comentario político, el momento de cambio acelerado que vivimos lo requiere y lo que desde este blog se defiende: la igualdad y no discriminación por razón de sexo lo exigen. Y eso aunque solo sea para aportar un pequeño grano de arena que evite que estos temas queden sepultados por el silencio que en torno a todas estas cuestiones guardan la mayoría de las fuerzas políticas, incluida Podemos, y para que la custodia compartida o la igualdad de los ciudadanos ante los tribunales de justicia adquieran el protagonismo público que merecen y no sean tratados como esas materias reservadas, que siempre se acaban resolviendo según el criterio del Instituto de la mujer y otras instancias del feminismo institucional, en claro perjuicio no solo de los varones, también de la calidad de nuestra justicia y nuestra democracia.

Errejón entona el mea culpa por la escasa presencia de mujeres en la cúpula de su partido (por cierto, en modo muy similar a como lo hizo el presidente de la Comisión europea Jean-Jacques Juncker al presentar ante el Parlamento la composición por sexos de la que desde ese momento preside) y, Pablo Iglesias dice lo siguiente a propósito del trabajo de los mineros:  “Cuando vemos a esos héroes vestidos de azul en forma de mineros o de trabajadores de los astilleros, se nos olvida que las que están haciendo las cuentas para llegar a fin de mes son mujeres que tienen que lidiar continuamente con la realidad, y la realidad revela continuamente nuestra debilidad, no tiene momentos tan épicos”. La mística de la “igualdad de género” cuando se mezcla con la política  puede conducir, como en este caso a Pablo Iglesias, a la altiva distancia de considerar poca cosa lo que un minero ha de “lidiar con la realidad”. Negará ser un macho alfa pero este tipo de declaraciones desde luego no le van a ayudar.

Leí recientemente la siguiente entrada de Politikon y estando básicamente de acuerdo con su línea argumental me pareció que, lo que en ella se señalaban como insuficiencias de Podemos, eran más bien insuficiencias de una izquierda que ha perdido cualquier referencia de clase, pero también que ha mudado de opinión radicalmente en cuestiones como: el nacionalismo, el valor de la ciencia, la educación como ascensor social o nociones tan centrales de su identidad como la igualdad: sea que la consideremos desde el punto de vista socioeconómico, sea desde el punto de vista del “género”, y para quienes la conquista de poder se ha convertido en su primer y casi  único objetivo.

Vaya por delante que, a pesar de algunas coincidencias en el diagnóstico con Podemos,  para mí la política es básicamente propuesta y en Podemos de lo que menos hay es eso: propuesta.  Pero desde luego no lo entiendo como un mal exclusivo de esa organización y me atrevo a señalar para el PSOE una insuficiencia no menor, con algunos matices evidentes ya que, donde aquellos nos remiten a la “casta”, estos lo hacen en la dirección del “partido popular”, lugares donde según unos y otros residirían todos los males que padece nuestra sociedad: corrupción, paro y desempleo o de los problemas de nuestro modelo territorial.

Pero es que si vamos al terreno de las propuestas el escapismo del PSOE no es menor que el de Podemos, pues si estos remiten a “lo que diga la gente”, aquellos han decidido que la clave de bóveda de todos los problemas de este país está en la “Reforma de la Constitución” que al parecer permitiría resolverlos todos incluido el catalán (no se entiende cómo, ya que los independentistas en ningún caso apuntan en esa dirección y eso al margen de que la primera discrepancia con ese federalismo asimétrico que propone Pedro Sánchez proviene de sus propias filas y en particular de Susana Díaz, quien además se ha pronunciado en repetidas ocasiones en el sentido de que de ningún modo aceptará tampoco, una negociación bilateral y por arriba entre Mariano Rajoy y Artur Mas aunque Pedro Sánchez no deja de repetirla como un mantra un día sí y otro también).

En cuanto a los servicios públicos, en particular educación y sanidad,  el PSOE lo sigue fiando todo a esa nueva Constitución donde quedarían establecidos de forma taxativa, y en cuanto a las millones de parados y como se resolverá su situación estoy sorprendido por la escasa atención que se les presta y como todo el mundo evita situarlo en el lugar que le corresponde,  que no puede ser otro que el primero y más importante de los problemas sociales y políticos de nuestro país. Mientras tanto en los mensajes de los partidos políticos se transmite más preocupación por lo que pase con los que ya están trabajando y, en particular, con la clase media. Sorprende que las referencias a las clases medias sean mucho más abundantes que a los que se han quedado sin trabajo o nunca lo han tenido, y sorprende  mucho más la coincidencia de ambas formaciones sobre esta cuestión. El hijo Podemos guarda muchos más parecidos con el padre PSOE, del que quieren reconocer, aunque como en el relato freudiano también en este caso el hijo desee matar al padre.

Y el motivo de todas esas coincidencias no es otro que el poder femenino. En el momento presente y de una forma a mi parecer indiscutible el sujeto político hegemónico, en el sentido gramsciano del término, de nuestras sociedades lo constituye las mujeres y es por referencia a ellas y la ideología que mejor ha sabido recoger sus aspiraciones políticas -lo que  habitualmente llamamos feminismo aunque en realidad sería más exacto llamar neofeminismo por cuanto se trata de algunas de sus corrientes: feminismo institucional, feminismo de género o feminismo radical… y no de todas las formulaciones existentes sobre el mismo ya que, en casos como  el del feminismo liberal se está en profundo desacuerdo con esta,  considerada por él, deriva- que la mayoría de las fuerzas políticas definen sus postulados y sus estrategias.

Y es ahí donde se encuentra el origen de la coincidencia de pareceres de dos personajes tan dispares y en contextos tan diferentes como Juncker y Errejón, uno presidiendo la Comisión europea y el otro hablando de los órganos de dirección de Podemos, como es ahí donde hay que buscar las que se producen entre Podemos y PSOE y algunos otros grupos en lo relativo a las políticas de igualdad y no discriminación por razón de sexo. Como lo es la coincidencia en la valoración de lo público como la tabla de salvación para todo, el particular énfasis puesto en determinados servicios como la sanidad o la educación o  la ausencia de interés por erigirse en portavoces de quienes han perdido el empleo o nunca lo han tenido, el reconocimiento del fracaso escolar masculino y, en general, las políticas educativas que se vienen practicando en nuestro país y tantos otros problemas: suicidio y enfermedad mental, sin techo, accidentes laborales etc. que afectan con  especial intensidad a los varones.

He visto la entrevista que Ana Pastor le hizo en el día de ayer a Pablo Iglesias y eran evidentes las 
prisas de éste por sacar a colación el tema de la discriminación hacia las mujeres, tanta  como la que había manifestado  Pedro Sánchez cuando propugnó funerales de estado para las víctimas de la violencia de género o la supresión del Ministerio de Defensa. En este punto los de Podemos parecen concordar plenamente con la casta. Y aunque no venía a cuento, ya que en realidad Ana Pastor le había preguntado por si suprimiría la financiación a la enseñanza concertada, sacó lo del machismo hablando de los colegios que segregan por sexo, quienes por cierto no gozan de esa financiación  y, más adelante, cuando le preguntó si suprimiría la prerrogativa de los indultos por parte del Gobierno se mostró partidario de mantenerla para “restituir la justicia” poniendo como ejemplo el caso de una mujer que mata a su marido que la había maltratado. En fin, la entrevista a mí al menos me resultó muy clarificadora aunque solo fuese porque corrobora algunas de las cosas que he escrito en este blog.



15 noviembre, 2014

Ahogados en las emociones


Escribía ayer Fernando Vallespín un artículo en El País  con un subtítulo tan rotundo como: “El conflicto de Cataluña destila un fuerte tufo a masculinismo político primario”, en el que como parece signo de los tiempos no podía faltar una apelación a la ausencia de empatía en un párrafo como éste: “Falta sutileza, empatía, voluntad para el entendimiento. Y sobra chulería, “astucia” y estrategia sectaria.” 

Pocos días antes Pdro Snchez había declarado: “Ha faltado afecto hacia Cataluña” y desde siempre es mensaje del nacionalismo catalán señalar la desafección de sus conciudadanos  hacía España por el trato que reciben.  

Ahora Pablo Iglesias sitúa al miedo  en un lugar muy destacado y como uno de los mensajes que quiere hacer llegar a la sociedad, resaltando que quienes le apoyan deben dejar de tenerlo porque son los otros quienes han comenzado  a experimentarlo.

Me da la impresión de que no existe país en el mundo en el que tantos y tan importantes asuntos públicos se mueven en el campo de las emociones y que una tal sobredosis de la misma seguramente sea el principal obstáculo para comenzar a entenderlos y manejarlos.

Al contrario de lo que piensa Vallespin lo que a mí me parece primario es la emoción y el sentimiento, especialmente si se pretende hacer de ellos guía social,  y que mal vamos si la materia prima de las emociones y los sentimientos no la acompañamos de un esfuerzo de racionalidad y objetivación de los problemas.

Los ciudadanos no estamos obligados a querernos, y él mismo nos da la primera prueba con  su artículo. Debiera ser suficiente con respetarnos como personas y respetar las reglas. Parece menos, pero es mucho más, porque permite un terreno común de juego.  



13 noviembre, 2014

El hombre y la mujer en la cultura feminista


(Ella) Yo pido y tú me has de dar.

Pregunta y respuesta de Iñigo Errejón en la entrevista digital de El País de 13/11/2014

¿Por qué no hay más mujeres en la cúpula de Podemos?
Hola Cristina, Hay compañeras que están haciendo trabajo de portavocía y muchas más, diría que mayoría, que son fundamentales en las decisiones del día a día en Podemos. Pero tienes razón en que esto es algo que, en todo caso, hay que corregir. El consejo ciudadano, que es la dirección de Podemos y que puede ser elegido por todo el mundo en participa.podemos.info, será paritario, y te aseguro que comenzaremos a ver más caras de compañeras.

(El) Hago todo lo que puedo pero no es suficiente. He de esforzarme algo más.






P.S. A propósito de la paridad en la cúpula que Errejón ofrece a su interlocutora Cristina, me gustaría preguntar ¿cómo habría que considerarla desde el punto de vista de la heteronormatividad? o dicho de otro modo ¿cuándo las medio-naranjas convienen y son buenas? ¿para cuándo la paridad en la base?


19 octubre, 2014

El balance que el neofeminismo no hace


El ideario original del feminismo, como el del socialismo, gozaron históricamente de un enorme poder de seducción no solo para las y los más desfavorecidos. ¡Qué cosa podía haber mejor que superar el enorme lastre histórico que suponían los privilegios de unos pocos ante la gran mayoría de desahuciados! Y ese poder de seducción no se limitaba exclusivamente a quienes más sufrían la desigualdad sino que comprendía a importantes capas ilustradas incluyendo un sector tan importante como el que constituían y constituyen los intelectuales y artistas, esos que poseen la capacidad de expresar con belleza y generosidad nuestros anhelos más íntimos y elevados.

En el fondo dicha convicción suponía creer históricas y por tanto culturales todas esas diferencias, incluidas las derivadas del sexo. La experiencia histórica sin embargo se encargó de demostrar que algo fallaba en esos postulados y que para el caso del socialismo, al menos en su vertiente comunista, de forma rotunda se demostró su error al derivar no solo en nuevas desigualdades y privilegios, sino en la asfixia de los nuevos desheredados que constituían la inmensa mayoría de la sociedad, quienes no solo no participaban de las ventajas materiales del nuevo modelo, sino que vieron reducidos prácticamente a cero sus derechos y libertades. Pero como a lo que ahora me quiero referir es al feminismo a él dedicaré las líneas que siguen.

Aunque ambos movimientos mantuvieron algunos parecidos y concomitancias, la dialéctica de las clases sociales y la de los sexos también guardan profundas diferencias, de tal modo que si el ideal comunista vive sus horas más bajas, para el caso del neofeminismo tal circunstancia no se da y más bien viva sus momentos mejores y más audaces. Para el comunismo el acabar con la clase capitalista era su objetivo principal y la utopía de una sociedad sin clases perfectamente imaginable. En el caso del feminismo una formulación de ese tenor dirigida al hombre no resultaría admisible aunque por algún lado se haya oído.

Y quizá la diferencia sustancial estribe en la capacidad del feminismo para no ir de frente, para no dar la sensación de ir contra el otro, para formular sus deseos no como contraposición sino como ideal que la historia reclama, para exigir del varón que ponga toda su energía en la defensa de sus intereses y propuestas, en conseguir sus objetivos mediante la seducción más que por convicción racional y, eso al tiempo que las acusaciones contra los hombres no han parado de crecer en ningún momento.

No en balde la historia del feminismo debe algunos de sus momentos mejores a la defensa que del mismo han realizado personalidades históricas tan relevantes como John Stuart Mill o Federico Engels pasando por todas las grandes corrientes históricas y movimientos sociales de la Ilustración a esta parte. El feminismo no ha precisado ni de un ideario coherente, ni de un partido político propio, ni de un sindicato de “género”, les ha bastado aprovechar las estructuras existentes en cada momento histórico para desde dentro de los mismos formular sus propuestas y defender sus intereses.

Ni sentirse obligadas en ningún momento a realizar balance de lo conseguido –para el feminismo la lucha por la igualdad siempre está comenzando- y, quizá, considerar que cuando todas las acciones positivas se inclinan hacia uno de los sexos es inevitable que el otro no solo se sienta, sino que realmente resulte discriminado. A nadie parece sorprender que la lucha contra el cáncer consista primera y fundamentalmente en la lucha contra el cáncer de mama, o que cuando se revisan las tarifas de seguros con criterio de género tal como hace la U.E. claramente quienes resulten beneficiadas sean los de ellas, o que la pretensión de ligar la edad de jubilación con la esperanza de vida se haga sin que las pronunciadas diferencias por sexo en este terreno se tengan en cuenta. Como a nadie parece sorprender que el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Ucrania lo sea solo para los varones.

Pero más allá de todos esos aspectos con ser significativos, todavía nos encontramos con la intención compartida por todo tipo de organizaciones de presentar a la mujer como el lado bueno de la humanidad: dadora de vida, incapaz para la violencia y nunca totalmente responsable de lo que le acontece, y eso en duro contraste con el lado oscuro de la misma: un varón militarista y guerrero, siempre violento y cuya suerte vital responde a su exclusiva elección. Si la anorexia en la mujer era resultado de la imposición de determinados cánones de belleza, la vigorexia en el varón constituye una manifestación de conducta desviada, si la mujer accede con menos frecuencia a las carreras técnicas es fruto de los estereotipo de género, pero cuando el varón lo hace en menor medida a las de letras o determinadas profesiones lo hace en el ejercicio de su libertad. Si la mujer es un ser profundamente manipulable a través de la publicidad y por tanto debe ser denunciado todo sexismo, el varón debe ser un supermán que fácilmente soporte el nivel de degradación al que determinados anuncios someten a la figura masculina, porque jamás se ha protestado ninguno.

Los hombres –caballerosamente- deben ceder su puesto a la mujer allí donde ella se sienta infrarrepresentada. Ahora bien donde suceda lo contrario particularmente lo relativo a determinadas profesiones o la relación con los hijos, lo correcto parece no solo culparlo por tal actitud sino poner todos los palos en la rueda que posibles sean y, sirva de ejemplo de esto último la ultramontana posición de buena parte del neofeminismo incluidos partidos políticos en lo relativo a la custodia compartida. Si en lugar de ser Pablo Iglesias quien recibiera una palmadita en el culo por parte de una señora, hubiera sido una de sus compañeras por parte de un hombre, a estas horas se estaría hablando mucho más del incidente que de la propia asamblea que Podemos realiza estos días en Vistalegre. Al no ser así: aquí no ha pasado nada y la vida sigue.

En el programa El Hormiguero que dirige Pablo Motos hay una sección protagonizada por niños, presentada siempre con la frase: los niños no mienten, los niños siempre dicen la verdad, sin que sirva para desmentirlo la reiterada experiencia del propio programa de que cuando se sienten acorralados o en situaciones difíciles lo que acaben haciendo es buscar cualquier salida que los proteja incluida la mentira. Pues bien, otro tanto de lo mismo sucede con la pretensión neofeminista, a estas alturas respaldada legalmente, de que las mujeres tampoco lo hacen. Y es sobre este estrafalario presupuesto que no solo se elaboran estadísticas de violencia que luego se trasladan al ámbito legal, periodístico y de la opinión pública, es que su cuestionamiento sitúa a uno más allá de los márgenes de lo políticamente correcto.

Y lo último y más difícil de entender todavía. Como fruto de esa visión angelical y sacralizada de la mujer se decide que el mejor criterio para la delimitación de la enfermedad mental o el alcance de la violencia en la pareja y la familia es el subjetivo, el derivado de la percepción personal y, contra todo pronóstico y evidencia no solo se concluye que la mujer sufre un doble o triple nivel de estrés, sino que se llega a la conclusión de una mayor prevalencia de la enfermedad mental en las mujeres, y todo ello sin perjuicio de que como dice Carmen Leal:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.”

Como se confeccionan diferentes encuestas sobre violencia o acoso en las que se toma como punto de partida lo que, para el supuesto de que así fuese, solo podría ser conclusión: que el verdugo es él y la víctima ella. Necesitaríamos estudios en profundidad y datos que nos permitieran establecer con total seguridad el diferente trato que, no solo por parte de la justicia, pero también de ella, reciben varones y mujeres, y de como el sesgo cultural profemenino contamina todas cuantas materias se tocan desde los poderes públicos.

Datos de los que a estas alturas no contamos porque no solo la información, también la estadística están siendo muy selectivas en cuanto a los temas que han decidido interesan a la opinión pública. Y así se han convertido en moneda corriente situaciones jurídicas tan curiosas que mientras se niega la posibilidad de que determinada acción responda a un brote psicótico en quien lleva en tratamiento muchos años, se exime de condena la muerte de un neonato en base al síndrome de negación del embarazo, o que casi sin excepción la violencia familiar femenina sea atribuida a trastorno mental mientras la de varón no encuentra más explicación que la pura crueldad y el ansia de dominio.

Y todo ello para concluir que mientras aquello que el feminismo siempre había considerado su objetivo primero: la superación de los roles por sexo, incluso su desaparición, parece absolutamente olvidado porque a lo que en realidad asistimos no es más que a un aggiornamento de los mismos, conservando de ellos sin embargo, su sustancia y significación, sus ventajas e inconvenientes y por supuesto su naturaleza profundamente desigual. El hombre seguirá siendo el principal proveedor y protector tanto en el plano social como en el de cada familia, y la mujer mantendrá una ascendencia sobre la familia y la casa incomparablemente más alta que la del varón, hasta el punto de que en las condiciones actuales y a efectos simbólicos la figura del padre bien podría darse por desaparecida.




06 septiembre, 2014

El neofeminismo y la justicia


Obsérvese a qué nos está conduciendo la actual deriva neofeminista en un terreno como el de las agresiones sexuales. No se trata ya de posiciones tan infumables como las de quienes consideran que, aun cuando todos los datos apunten a la inexistencia de una violación, la presentación de denuncia por una mujer establezca por sí misma la realidad de los hechos, como hemos tenido ocasión de comprobar en tantos pronunciamientos sobre lo sucedido en Málaga. O quizá sí, como trataré de argumentar en lo que sigue. Se trata no solo de convertir el viejo principio de “in dubio pro reo” en “in dubio pro mulier” sino de aplicarlo también cuando esa duda no exista.

En el caso de este artículo, que quiere ser respuesta a este otro, se pretende la apariencia de una opinión sosegada y basada en el respeto a los derechos y garantías de cualquier acusado como el propio autor dice en un párrafo como éste: “Aclaro mi postura desde el principio: no pido que condenen sin juicio a los acusados y ni tan siquiera doy por hecho que son culpables.” Sin embargo el título del artículo es: “El discurso jurídico contra la libertad de las mujeres”, y la conclusión sobre la decisión de la juez no puede ser más rotunda: “El mensaje que manda la justicia está claro: mujer, si sufres una agresión sexual te va a costar mucho probarlo así que igual no vale la pena denunciar. Hombre, si violas utilizando el modus operandi adecuado, es probable que no te pase nada malo.”

Y eso después de reconocer que: “la jurisprudencia sobre agresiones sexuales admite la posibilidad de considerar probado el delito basándose solo en el testimonio de la víctima…” y que en apoyo de su tesis lo único que aporta es una suposición sobre el porqué de que la chica y su abogado no recurrieron el archivo de la causa y que es ésta:quizá la chica tuvo miedo de la presión social que sufriría si seguía con el asunto o el abogado decidió que ya no había nada que hacer.” Claro que, si el abogado entendió que no había nada que hacer, no se adivina a qué conclusión pretende llegar el articulista y qué otra opción tendría la juez, para respetar lo que según él constituye “la libertad de las mujeres”, que no fuese condenar a los acusados contra las pruebas y evidencias.

Todo lo demás que utiliza como relleno en el artículo está desmentido por la realidad ya que buena parte de la opinión pública, las organizaciones feministas y la propia Junta de Andalucía decidieron posicionarse contra la resolución. Chocante resulta por lo demás que aún cuando la versión de la chica no concordaba para nada con los hechos probados, se permita el autor afirmar que las denuncias falsas en este tipo de asuntos son muy escasas y ¡cite en su apoyo las que oficialmente se admiten en los casos de violencia de género! Como también merece ser destacado ese párrafo en el que concluye: “… o un grave delito que ahora seguro que quedará impune”.

Francamente resulta indignante y aterrador que quien diciendo respetar la presunción de inocencia no solo ignore ésta antes del juicio, sino que lo haga una vez dictada la sentencia y sin más argumento que la presunción de credibilidad de la presunta víctima. Aunque, no se trata de algo nuevo ya que el feminismos institucional toma como datos válidos no las sentencias, ni los hechos probados, sino las denuncias. Por eso hace falta verlo para no creerlo. No quiero ni imaginarme lo que será para este señor un juicio sin garantías, o una condena sin juicio, si cualquier otra cosa no puede recibir más nombre que el de atentado a la libertad de la mujer o que el mensaje que a la sociedad se está enviando es que las violaciones en nuestro país tienen todas las posibilidades de quedar impunes.

Y todavía más preocupante es que quien así piensa, quien así concibe el Estado de derecho y las garantías jurídicas para los acusados si acaso son varones, pues es clara la diferencia entre aquellas de las que gozaría él y de las que gozaría ella, se permita además atribuir la decisión de la juez a “una concepción estereotipada y alejada de la realidad”. Si el juez fuese hombre sería por machismo, si es mujer por concepción estereotipada, la cuestión es que las cosas han de hacerse por fuerza como esta corriente ideológica con claros tintes totalitarios dice, y no resulta nada tranquilizador observar cómo, cada día que pasa, conquista más y más altas posiciones de poder en nuestra sociedad y en particular en todo lo relacionado con los Tribunales y  la Justicia.

P.S. La presunta violada, objeto de la entrada y los artículos que en ella se citan, finalmente ha reconocido que mintió en su denuncia. Supongo, sin embargo, que será difícil que tantos y tantas que se han pronunciado contra la juez y el archivo de la causa, ofrezcan sus disculpas.

31 agosto, 2014

Mirada de género, visión sesgada


La discusión sobre las políticas de igualdad nos está planteando, al menos a los varones, unos retos ante los que seguramente no estemos siendo capaces de utilizar los instrumentos adecuados, porque seguramente haya que inventarlos. Si algo positivo está aportando el feminismo es que nos está situando frente a la constatación de que nuestras miradas son diferentes y que cuando cada uno juzga desde sus parámetros lo más probable es que se equivoque aunque no le sea sencillo saber dónde ni por qué. Bien es verdad para decirlo todo que el esfuerzo del feminismo se queda en la pretensión de que, sin embargo la mirada “buena” es la suya.

Leía recientemente la queja de un varón en cuanto a no que no era capaz de saber lo que era el feminismo porque en cada ocasión se encontraba con una forma de razonar diferente y donde era muy fácil encontrar incoherencia y contradicción. Pero, ¿es claro que todos y todas valoramos por igual coherencia y no contradicción? En mi opinión no. Vivimos en un mundo en el que la razón y la objetividad han sido arrumbadas al baúl de los trastos viejos, donde lo emocional y lo subjetivo se han convertido en los elementos clave de cualquier producto intelectual y donde la “educación emocional” ocupa el lugar de la reina en todo lo que tenga que ver con la inteligencia.

Y otro tanto se puede decir de la empatía ese sentimiento que nos puede llenar ante la observación del caso que conocemos, de la cara que se nos presenta, pero nos impida saber qué pasa más allá de ese caso concreto, qué hay de los miles de casos de sufrimiento con los que no podemos empatizar porque sencillamente se nos ocultan o se nos niegan. Los medios nos conmueven cada día con casos singulares de sufrimiento y es ante ellos que se despierta nuestra empatía, lo que nos falta es la visión del bosque donde no es uno sino miles quienes están sufriendo e interesaría saber qué hacer no para resolver un caso sino la posibilidad de encontrar salida para los que afectan a miles antes que los singulares. Pero para eso necesitamos la razón, necesitamos las matemáticas, necesitamos saber mirar más allá de lo singular y descubrir el bosque. Nada sin embargo nos ayuda en esta tarea. Vivimos en un mundo donde la escuela promueve el anumerismo.

Ante nuestros ojos, casi cada día, asistimos al derrumbe del Estado de derecho por parte de un neofeminismo voraz, pero nadie parece querer verlo, mucho menos actuar ante él. Negación de la presunción de inocencia, cuestionamiento del habeas corpus por los tribunales de violencia de género, imposibilidad de regulación de la custodia compartida, imposibilidad de aplicación allí donde ya ha sido aprobada como sucede en Aragón, leyes a la medida de determinados colectivos femeninos y un largo etcétera que está consiguiendo la consideración de meras anécdotas para algunos sonados casos singulares de aplicación del derecho. Y ahora y en esta pendiente que parece no tener fin algunas pretenden que ante una denuncia de violación el único papel de la Justicia consista en meter en la cárcel al o a los denunciados. Basta con leer algunos párrafos de esta entrada para saber a qué me refiero: http://ventepakamchatka.wordpress.com/2014/08/20/espacios-seguros-y-una-mierda/

En cuanto a la empatía habría que preguntarse si se trata de un viaje solo de ida o debiera implicar también el de vuelta. No parece que el neofeminismo esté siendo capaz de mostrar la más mínima con el género masculino. Pero entraríamos en el rosario de incoherencias y contradicciones que señalaba al principio y que más que la excepción parece la regla de una ideología que al tiempo que nos dice que lo que nos hace hombres o mujeres es la cultura, promueve leyes y normas de todo tipo según el cromosoma y que ha decidido de antemano quienes son las buenas y los malos de la película.



29 agosto, 2014

Tejiendo, tejiendo...

Cuando leo noticias como ésta me doy cuenta de la inmensa distancia que separa la capacidad de  hombres y mujeres para poner  las instituciones a su servicio. 

21 agosto, 2014

¿Hay derecho?


Ayer en el informativo de la noche de una cadena de televisión informando de esta noticia: http://politica.elpais.com/politica/2014/08/20/actualidad/1408530966_879951.html

Es decir cuando ya se había producido la liberación sin cargos de los imputados, se seguía hablando de “presuntos” y se decían frases como “no se había podido demostrar…”, cuando justamente la liberación y el archivo de la causa por parte de la juez se producían porque tanto los testimonios de los testigos, como el vídeo grabado por uno de los acusados, como la prueba médica lo que demostraban era justamente que las relaciones habían sido consentidas.

Todavía hoy la información, también en medios escritos, por ejemplo, aquí, sigue siendo completamente confusa produciéndose una verdadera contradicción entre lo contenido en el vídeo y el cuerpo escrito de la noticia. Por supuesto nada se dice de la gravedad de las penas que sobre los inculpados hubieran recaído en caso de estar las cosas menos claras, dada la presunción de credibilidad que en estos casos se otorga a quien denuncia.

Demostrar que algo no ha sucedido es tremendamente complicado y ese, sin embargo, es el reto que han de superar los varones en caso de presunta violencia contra la mujer, y siempre con la espada de Damocles de que la duda se puede colar por algún resquicio. Mientras tanto a quien acusa parece bastarle su palabra. La desigualdad jurídica en este caso es tan clamorosa que mientras ella goza de presunción de credibilidad, a él la única presunción que se le otorga es la de culpabilidad porque la de inocencia se ha arrumbado para estos casos al baúl de los recuerdos.


No pretendo que se trate de una cuestión sencilla, o de que piense que se deba eliminar toda posibilidad de controversia, pero lo que parece claro es que una desigualdad tan clamorosa de las partes no sólo mengua la credibilidad y calidad del Derecho, sin ayudar a reducir los casos, es que finalmente quien resulta dañada es la Justicia. Que tanto la fiscalía como los medios de comunicación no hagan más que insistir en ella a lo que conduce es a profundizar en esa imagen distorsionada de la violencia entre el hombre y la mujer según la cual: él solo puede jugar el papel de verdugo y ella el de víctima, y todo en nombre de una igualdad que siempre se concreta como dicotomía, asimetría y diferenciación.