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18 mayo, 2015

Feminismo, izquierda e igualdad

       España es un país infestado de desigualdades: las hay jurídicas, las hay económicas y las hay territoriales, unas son de clase y otras de género, y la izquierda ha convivido con ellas y las ha tolerado  –algunas llevan su cuño- durante décadas. Pero es ahora que la crisis las ha agravado y Piketty las ha puesto de moda, que parece haberlas descubierto, aunque olvidando su papel en la desigualdad jurídica con pretexto de la igualdad de género, y las territoriales en las que a lo que ha jugado es a taparlas. En cuanto a todas las demás su participación tampoco ha sido pequeña.

Algunos hablan de la dualidad de nuestro mercado laboral para distinguir la marcada diferencia existente entre quien tiene un contrato indefinido y quien lo tiene temporal. Esa disparidad sin embargo esconde otra no menos importante: la que distingue a los trabajadores del sector público de los del sector privado. Es así que en lugar de dos son tres las categorías que conforman nuestro mercado de trabajo, categorías que encierran derechos laborales y salariales completamente diferentes, y da lugar a uno de los mercados de empleo más injustos de Europa, que hace que en una crisis como la actual el ajuste en lugar de vía salarios sea por la vía de la pérdida de empleo y, de ese modo, hayamos llegado a sobrepasar de muy largo los  cinco millones de parados. 

Por abreviar tendríamos una aristocracia laboral constituida por los trabajadores públicos con sueldos una vez y media más altos que los privados, garantía casi total de estabilidad y derechos exclusivos; a continuación vendrían los trabajadores con contrato indefinido con garantía elevada de no perder el empleo y, finalmente, los trabajadores con contrato temporal y los parados para los que los derechos laborales y salariales constituirían una quimera y,  sobre quienes se ha descargado la casi totalidad del peso de la crisis. Este modelo ha estado vigente en España en las últimas décadas y ni la izquierda ni los sindicatos parecen haber hecho mucho por combatirlo, más bien al contrario, parece su modelo.

Pero es que, en sintonía con ese mercado laboral, el mundo de la educación participa igualmente de esa injusta división tripartita. Según datos de la OCDE, en una clasificación por nivel de estudios, los españoles de entre 25 y 34 años se repartirían según esta triple clasificación: un 39% estaría en posesión de título universitario, un 26% tendría  estudios secundarios y un  35% carecería de cualquier título (fracaso escolar). La desigualdad que representa tener estudios superiores frente a carecer de cualquier título, o estar empleado en el sector público frente a no tener empleo o tener un contrato temporal, nos colocan ante una de las sociedades más desiguales no solo de Europa sino de toda la OCDE y el mundo desarrollado. Desigualdad que no es de ayer, ni de anteayer, sino que ha sido gestada durante largas décadas.

Ante estas desigualdades la izquierda no puede pretender que nada tienen que ver con ella, salvo que olvide el tiempo que ha estado gobernando y en posiciones de mucho poder y, sobre todo, su incapacidad para detectarlas y atajarlas, circunstancia que aun hoy sigue siendo lo habitual como lo ha sido en todas las décadas que llevamos de democracia. Pero, ojo, y esto es tan importante como lo anterior, el panorama que la realidad laboral y educativa nos muestra pone muy en cuestión el victimismo feminista de la mujer como la eterna perdedora en esta sociedad patriarcal cuando se descubre, que tanto en uno como en otro terreno su posición es más bien privilegiada.

En efecto, de los tres sectores en que están divididos el mundo laboral y escolar español, la mujer tiene mayor participación en los más ventajosos: son mayoría en el empleo público y también son mayoría las que tienen título universitario y, sin embargo, es menor su participación en los más desventajosos y precarios: el fracaso escolar masculino es mayor que el femenino, pero también es mayor la presencia de los hombres en los empleos de mayor riesgo y esfuerzo, así como menor es su capital educativo para competir en un mercado tan exigente y eso, a pesar de lo mucho que una intensa propaganda en la que, feminismo e izquierda coinciden, pretenda que el privilegiado es el varón y la discriminada la mujer.


A la vista de todo lo cual se hace necesaria una profunda reflexión como sociedad para afrontar los graves destrozos que la desigualdad  -las desigualdades: sin olvidar ninguna- producen, y la necesidad de un nuevo paradigma mental e ideológico que, poniendo en entredicho todo lo que hasta el presente la izquierda y el feminismo nos venían contando, haga un real diagnóstico de la situación y diseñe los mejores instrumentos para dar cuenta de algo que va mucho más allá de una pretendida igualdad de género que, lo que en realidad esconde es todo un submundo de desigualdades en las que el varón se lleva la peor parte. 


14 mayo, 2015

Feminismo y custodia compartida

Este país ha tardado décadas en reconocer el divorcio y solo lo ha hecho cuando en otros países constituía una costumbre antigua.

Algo parecido, aunque esta vez protagonizado por quienes se consideran en el polo ideológico opuesto: feminismo e izquierda, amenaza con  suceder con la custodia compartida.

Y puede  que  no lo consideren así pero su cerrazón e intolerancia parece  nacer del mismo  espíritu conservador y reaccionario que  caracterracterizó a quienes se oponían a cualquier avance  en las  costumbres con el pretexto de la religión. Hoy no es la  religión, es la ideología pero la contumacia y el resultado son los mismos.


08 mayo, 2015

El sexo une, el género separa

Qué ética de igualdad promueve un grupo que se considera en el derecho exclusivo de determinar en qué actividades debe regir la ley 50/50 pero alienta otras en que las que rige la más completa desigualdad.

Qué ética rige cuando lo que es bueno para mí se lo niego a él, y lo que es malo se lo atribuyo en exclusiva.

Si a las mujeres les va bien es su mérito, si les va mal la culpa es de los estereotipos.

Si al hombre le va bien es reflejo de sus privilegios. Si le va mal ¡¿a quién le interesa?!

El mundo de las mujeres es femenino, el de los hombres es machista.

Haz un ejercicio de memoria, en la realidad o la ficción, ¿cuántas escenas recuerdas en las que sea una niña o una mujer quien pide perdón a un niño o un hombre? ¿Y cuántas en las sea un hombre o un niño quienes lo hacen ante una mujer o una niña?

Primero fue la denuncia de la enseñanza separada por sexos, luego la enseñanza mixta, más tarde la coeducación, ahora algunas “pedagogas” solicitan una educación separada para las niñas para que los niños no las molestan.

Estando en el hospital pude ver un video, de los que se exhiben en la pantalla de turnos, en el que dos niñas de muy pequeña edad le reprochaban a un niño de aproximadamente la misma que no guardase silencio. El niño con gesto compungido les pedía perdón.

Está en circulación una campaña contra el bullying en primaria y quienes aparecen en la foto son dos niñas: una en actitud sufriente y otra que la consuela.

En la tele la campaña es contra los adolescentes (varones) acosadores, controladores y celosos, ya que como todo el mundo sabe no hay chicas que sufran ninguna de esas taras. Todo el mundo debería saber que si un chico husmea en el teléfono de su chica no es lo que mismo que si es ella quien se lo hace a él.
Para el resto de varones está la Ley contra la violencia de género.

Esto es lo que dice Alain Touraine en: El mundo de las mujeres

“Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139)

Los hijos son de las mujeres, las responsabilidades que conllevan compartidas. En algunos casos de forma tan gravosa que viviendo todos del sueldo del varón el que se queda con la menor parte y sin vivienda  es él.

Hay una increíble paradoja que dice mucho sobre cuál es la dialéctica de los sexos. Los derechos sobre la reproducción son femeninos: nosotras parimos, nosotras decidimos. Sin embargo quienes muestran preocupación por los efectos que sobre el estado de bienestar está teniendo el envejecimiento de la población y las políticas de natalidad son varones –desde el comienzo de las crisis hay un millón de pensionistas más sin que haya aumentado el de cotizantes. 

El feminismo ha despachado el asunto con un: “el envejecimiento demográfico debe ser aceptado como un rasgo de modernidad”.

Podría pensarse a tenor de lo que antecede que el neofeminismo muestra escasa preocupación por lo público y lo de todos, pero seguro que su réplica irá en la dirección de que los varones lo quieren controlar todo. 


Añadid a las pinceladas anteriores que varias asociaciones de mujeres en San Sebastián se niegan a 
que hombres formen parte del Consejo de Igualdad, que 15 asociaciones feministas o de mujeres del País Valenciano han propuesto la derogación de la Ley de custodia compartida y que la Junta de Andalucía ha aprobado que en el SAS, las mujeres en caso de empate tengan preferencia en la entrada y los ascensos, y comenzaréis a tener una idea algo más precisa de qué significa el género en nuestro país.


04 mayo, 2015

Consejo de igualdad sin hombres o igualdad a la medida de las mujeres.

Si algunos y algunas se empeñen en obviar que la realidad de los hechos contradice sistemáticamente la perspectiva de género según la cual hombres y mujeres seríamos intercambiables (en lo que interesa), otras tantas veces habrá que recordarles lo equivocado de su planteamiento. Pero también que pretender pasar por igualdad lo que solo es deseo de un sector de la sociedad no deja de ser un engaño del que habrán de dar cuenta quienes lo promueven. 

Si el primer feminismo fue de carácter liberal, fue al calor de los movimientos sociales del siglo XIX y las formulaciones de Engels que adquirió unos rasgos y personalidad que no lo abandonarán hasta el presente. Y así, si los proletarios eran explotados por los patronos y esa explotación se terminaría cuando se liquidasen las bases del poder de los mismos, en perfecta simetría se podría hablar de una subordinación y explotación de la mujer por el hombre que también se acabaría cuando se eliminasen los cimientos sobre los que se asienta su poder. En ambos casos mecanismos de carácter social e institucional que conferían una posición ventajosa de partida a patronos y varones.

Lo singular del caso es que cuando las tesis marxistas de la sociedad están claramente superadas no solo por acientíficas sino también porque las experiencias del socialismo real así lo demostraron a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, permanece sin embargo intacto el error de base sobre el que dicha teoría de la dominación en lo referido a los sexos se asienta y, personas que escapan como del fuego de cualquier veleidad marxista, no dudan en abrazar la concepción feminista, hoy denominada perspectiva de género o teoría del patriarcado, con enorme entusiasmo hasta el punto de convertirse en alguno de sus más aguerridos defensores.

Pero lo cierto es que hombres y mujeres, somos no solo seres sociales que compartimos un mismo espacio vivencial, somos también seres con naturalezas diferentes, y no únicamente en la capacidad para procrear,  también en muchos otros aspectos de nuestra biología, como las más variadas ciencias se encargan de recordarnos. A pesar de ello sigue intacta para quien así piensa la ilusión de una humanidad de seres perfectamente intercambiables con independencia de su sexo, y para quienes los desmentidos de la realidad son solo pequeños obstáculos que fácilmente se acabarán saltando, cuando no trampas de quienes desean que nada cambie. Un poco al estilo de las sociedades del socialismo real en las que el ideal comunista nunca se alcanzaba pero siempre estaba a la vuelta de la esquina, hasta que todo acabó en colapso.

Y así no solo se muestran insensibles a críticas tan serias como las del periodista y sociólogo noruego Harald Eia: aquí y aquí o manifestaciones tan elocuentes como las expresadas por hombres y mujeres en la investigación llevada a cabo por Alain Touraine en: “El mundo de las mujeres” del que extractaré tres citas:

 La primera  y la segunda tienen que ver con un hombre atado a su rol

“El hombre construye el sentido de su existencia, su razón de ser, a partir del trabajo, de la guerra, de la responsabilidad. La mujer vive una relación más profunda consigo misma….” (pag. 90)

y en la página 108:

“El tema que los hombres abordaron con mayor frecuencia al hablar de sí mismos es que ellos no tenían elección sobre su forma de vida: estaban condenados a dar prioridad al trabajo,  a la carrera profesional, a los ingresos. Sin duda les habría gustado llegar a tener una vida más equilibrada, como la que disfrutan las mujeres, pero sabían perfectamente que estaban lejos de conseguirlo: las obligaciones que asumían y a las que dedicaban su energía eran muy pesadas, pero lo que estaba en juego era su carrera y tolo lo que constituía el universo del trabajo.”

Y en esta tercera y aún cuando las mujeres han roto el círculo de lo privado y se han incorporado ampliamente a lo público, lo que piensan sobre el acercamiento de los hijos a los hombres, es esto:

“Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139)

Pero es que nadie se pregunta ya, a cuento de qué el inmenso rebumbio que el feminismo montó en torno al sexismo del lenguaje y la ingente cantidad de recursos gastados desde las diferentes administraciones,  apagado repentinamente cuando un grupo de miembros de la RAE decidieron hacerle frente, ni para cuando algún balance de los juegos y juguetes no sexistas, ni en qué quedará finalmente la falacia de que hombres y mujeres cobran diferente por el mismo trabajo...

Y podríamos continuar por el lugar y la calidad del empleo masculino y femenino, o los papeles reservados a hombres y mujeres en la familia, sobre todo cuando ésta se rompe, y las aficiones y modos de ocupar el tiempo libre, también en el terreno de la sexualidad y los cuidados de la salud y el cuerpo y la percepción de la realidad que cada uno de los sexos muestra, y por ello me gustaría que leyésemos con atención esta cita de Carmen Leal, catedrática de psiquiatría de la Universidad de Valencia, acerca de la percepción de su bienestar, calidad de vida y estado de salud por parte de las mujeres y la distancia existente entre lo objetivo y lo subjetivo que esta cita pone de manifiesto:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.”

Distancia que sin embargo no es óbice para que buena parte de los estudios de género estén basados en encuestas que lo que miden, y reinterpretan según una receta de su propia cocina,  es la percepción subjetiva de la mujer sobre diferentes realidades: violencia, acoso, maltrato… Y lo que no es menos grave, aducir como factores del malestar mental de las mujeres variables tan cuestionadas y cuestionables como la peor calidad de su trabajo, como en estudios de este tipo se hace:


 “Las mujeres trabajadoras tienen menor sueldo que los varones, trabajos inferiores, menores oportunidades para el avance profesional y el sistema legal es lento en reajustar la discriminación laboral, lo que aumenta la frustración, el enojo y la angustia en la mujer. Las ideas de futuro se centran en la desesperanza de sus situaciones y contribuye a la depresión.”

En fin, la perspectiva de género es un constructo ideológico que busca el empoderamiento de las mujeres en base a un canon femenino de uniformidad, por eso no solo habrá que  denunciarlo por injusto también mostrar las múltiples falacias sobre las que está construido. Y sirva para cerrar esta entrada la siguiente información en la que asociaciones de mujeres desvelan la verdadera naturaleza de su concepción de la igualdad, negándose a la participación de los hombres en el Consejo de igualdad.



01 mayo, 2015

Podemos irnos al traste

Parece cada vez más evidente que no era Podemos lo que esta sociedad necesitaba y sigue necesitando. Han transformado lo que era un movimiento de base como el 15M en una organización fuertemente jerárquica y centralizada en la que su jefe pasa sin despeinarse de mostrar devoción por Chávez a decirse heredero de Olof Palme, y del bolivarianismo a la socialdemocracia escandinava como quien se bebe un vaso de agua; de moderar tertulias en las que se proponen levantamientos populares de liberación nacional contra la colonialista Alemania a sugerir el gradualismo de las pequeñas conquistas sociales.

De declararse hermanos ideológicos de Syriza a callar sobre la composición de un gobierno compuesto exclusivamente por hombres y en el que el peso del Ministerio de Defensa parece a todas luces desmesurado, y ahora pasar como sobre ascuas por el hecho de que Varoufakis proponga en su país una amnistía fiscal como la que el PP puso en marcha en el nuestro con tan fuerte crítica por su parte o, de que a pesar de mantener entre sus filas a algunas de las más radicales feministas, Errejón haya debido reconocer que en su organización las mujeres chocan con un techo de cristal que no existe en las otras fuerzas políticas.

La política es algo más que una “maquinaria de guerra electoral”, es algo más que redes sociales, es algo más que calculado estudio de las encuestas y estudios de opinión en busca de decir lo que la gente quiere oír,  algo más que tertulias y frases ocurrentes como que hay que frenar las inversiones en el AVE porque quienes lo usan son las clases medias y altas, como si no se tratase de los mismos que  aprovechan la inversión en la Universidad, las becas y en general el Estado de bienestar.
Se necesita algo con más rigor que aquello de casta y gente,  y desde luego menos trucos como el de que todo lo decide la gente cuando en realidad  está en la mano de unos pocos que cambian el discurso a tenor de la flauta que suene en cada momento. De simular democracia interna pero  constituir una organización fuertemente jerarquizada y en la que no se reconoce la pluralidad.

Es posible que alguno de los elementos que contribuyeron a su crecimiento exponencial: especialistas en ciencia política, grupo pequeño y compacto que transmitía un mensaje muy pulido y para la galería, constituya ahora su debilidad por lo sectorial de su mirada y porque  hay temas sobre los que no se puede seguir escondiendo la opinión y hay que pronunciarse, y pronunciarse compromete y hace posible que aparezcan grietas, ya que no se trata de hablar de lo que a uno le interesa y hacerlo siguiendo un guión de campaña electoral.


Más enjundia tiene analizar su fracaso en lo relativo al apoyo de las mujeres.


29 abril, 2015

Los hechos sociales y la percepción que se nos impone

Cita Mario Bunge en: A la caza de la realidad, el teorema de Thomas de la siguiente forma: no reaccionamos a los hechos sociales sino a la forma en que los percibimos. A lo que a mí me gustaría añadir dos cosas: que la disociación entre lo que pasa y lo que percibimos que pasa no parece la misma para los dos sexos y, que esa disociación entre lo que pasa y lo que los medios nos dicen que pasa tiene mucho que ver con los intereses de los sujetos políticos y culturales dominantes en cada momento histórico.

En relación con la primera traigo a colación esta cita de Carmen Leal catedrática de psiquiatría de la Universidad de Valencia acerca de la percepción de la salud, bienestar y calidad de vida por parte de las mujeres, por lo bien que resume lo que múltiples estudios han constatado. La cita es esta:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.”

En relación con la segunda, que ese sujeto político hegemónico en el presente no es otro que el neofeminismo institucional y social que a lo largo de las últimas décadas ha conseguido imponer no solo su visión del mundo: perspectiva y agenda de género, machismo, patriarcado, etc. sino que ha mostrado una capacidad extraordinaria para hacerla prevalente en las instituciones de cada país (al menos en los más desarrollados), y en todo tipo de instituciones internacionales.

Todo ello en un contexto cultural y político de pensamiento líquido y en el que las ciencias sociales, destruida cualquier idea de verdad,  carece de criterios de verificación hasta el punto de que la percepción subjetiva de uno solo de los sexos expresada a través de una encuesta y  reinterpretada por los “expertos” y “expertas” del feminismo y la perspectiva de género se acaban convirtiendo en verdad sociológica, jurídica y política. Esa es la epistemología de los estudios de género, pero también la de múltiples estudios promovidos por las instancias públicas sobre las más diversas materias, que acabarán siendo la guía de la acción legislativa de los diferentes niveles de la Administración pública.


Y por si lo anterior no fuera motivo suficiente de asombro, más lo resulta todavía la actitud de la academia en la que básicamente encontramos las siguientes actitudes: la de quienes aprueban el citado “método” por coincidir con sus intereses personales y/o políticos; la de quienes discrepando han osado expresar una opinión contraria y por ello han sido condenados al ostracismo y la de otros muchos que sencillamente renuncian a expresar su opinión porque los temas de género tienen propietarias y solo con licencia se puede opinar sobre ellos. Con lo que finalmente la única ventana para expresar cualquier desacuerdo ha quedado limitada a la red. Este es a mí entender el poco halagüeño panorama de los debates sobre la igualdad y la sociedad que queremos y uno de los retos que primero convendría superar. 


15 abril, 2015

El método feminista

En este extraño mundo de las ciencias sociales donde una cosa y su contraria pueden tener lugar, porque se ha prescindido de cualquier criterio de verificación, solo es una paradoja más que la mayoría de científicos, juristas y políticos mantengan en el nivel del análisis la idea de la humanidad como una masa homogénea que prescinde del hecho de que hombres y mujeres somos diferentes, pero al tiempo admitan en las leyes y las normas sociales que esa realidad diferencial se exacerbe, en particular en las leyes de género, hasta dar la impresión de que más que de los sexos de una misma especie estuviéramos hablando de especies distintas. 

Porque somos diferentes en lo biológico y lo genético es por lo que necesitamos leyes de igualdad en lo jurídico y lo político. No para matar o eliminar nuestras diferencias naturales sino para evitar, si acaso,  sus efectos indeseables y lograr una sociedad más justa para todos. En lugar de lo anterior el feminismo de género proclama la igualdad en origen, la tabla rasa a la hora de nacer, pero luego promueve sin cesar esa diferencia en todos los ámbitos y en las leyes. Niega las diferencias naturales pero institucionaliza otras de su gusto y a su arbitrio en la política y la sociedad mediante la agenda y las leyes de género.

Se trata del mundo al revés, se niegan las diferencias biológicas y los estilos cognitivos allí donde deben reconocerse: la escuela y los juegos, por ejemplo, sosteniendo una insostenible tabla rasa, pero luego se dictan leyes de género en las que resulta difícil reconocer una común humanidad de hombres y mujeres. Se desprecia la neurociencia y tantas otros saberes, pero luego se siguen a pies juntillas lo que dicen algunas encuestas llenas de cocina y realizadas a uno de los sexos.

Y lo más sorprendente, se niegan esas diferencias donde deben reconocerse, pero a continuación y sin que se sepa por qué mecanismos ni en qué momento ha sucedido, se pasa un cuestionario a las chicas y otro diferente a los chicos en los que los papeles de cada uno en relación con la violencia no solo está establecido de antemano, sino que los hace radicalmente diferentes. No había ninguna diferencia en el nacimiento y ahora las hay todas.

Y de nuevo una excusa: esas diferencias son producto del  distinto proceso de socialización de hombres y mujeres, y una nueva pregunta: si ese proceso se ha llevado al lado mucho más de mujeres que de hombres: mamá, la cuidadora de casa o la guardería, y las maestras hasta por lo menos los 11 años, teniendo especial cuidado en combatir el “machismo” ¿por qué extraña rendija se ha colado ese mal que se supone tan vivo y virulento como siempre, incluso peor?

Es evidente que el “método” feminista hace aguas por todos lados y por eso es momento de recordarlo y recordárselo.



08 abril, 2015

Una doble vara de medir

Las reacciones de ataque a ese tuit de la Guardia Civil con el texto: “Tolerancia cero al maltrato en todas sus formas y variantes. DENUNCIA, no lleves la procesión por dentro” que tantas ampollas ha levantado en personas de sensibilidad feminista como Carmen Montón del PSOE para quien resulta intolerable  “equiparar los asesinatos cometidos por los hombres, con los que cometen las mujeres dentro de la pareja.” ponen de manifiesto una vez más la doble vara de medir reinante en nuestro país en relación con estas cuestiones.

No soy experto en semiótica pero me parece que carteles del tipo: Si la maltratas a ella, me maltratas a mí, o, Cuando maltratas a una mujer dejas de ser un hombre; impresos sobre rostros masculinos,  recogen todo un tratado de lo que el feminismo de género nos propone y que en todo se asemeja al estereotipo de caballero que tantas veces denostó pero que ahora nos sugiere de nuevo. En dichos carteles las notas que veo son:

Primera: los seres humanos se dividen en dos: hombres y mujeres. Pero ahí acaba cualquier relación de semejanza hasta el punto de que la única violencia que importa es la que él pueda ejercer sobre ella. El queda descartado como sujeto pasivo de maltrato. Lo que no se nombra no existe, según su propia concepción.

Segunda: esa violencia con quién lo va a enfrentar, no es con la justicia u otra  instancia mediadora por encima de los sexos, sino con sus propios congéneres, con otros como él -mejor si los admira-,  que serán a quienes corresponda afear y reprimir su conducta.

Es como cuando Lorente Acosta quita cualquier responsabilidad a la madre que dice a sus hijos: “verás cuando llegue tu padre” ya que no es que ella esté derivando responsabilidades sino que se trata del papel que el padre ha elegido. La violencia al campo masculino, la confrontación entre varones, que es donde corresponde. 

Tercera: si queréis gozar del favor femenino, si no queréis dejar de ser hombres, actuad como caballeros capaces de hacer frente a quien la mujer señale como su verdugo. El hombre lo es cuando sale en defensa de la mujer, cuando hace de su escudo. O dicho de otro modo cuando está dispuesto a poner la cara, pues como todo el mundo sabe la tenemos más dura y soportamos mejor los golpes.

Cuarta: repasando la historia y el presente encontraréis ese mensaje inscrito en la frente de tantos varones incapaces de denunciar  leyes como la de violencia de género o la ausencia de custodia compartida, y prestos a creerse todo tipo de falacias si llevan el sello del feminismo.

Blogs enteros dedicados a denunciar todo tipo de pretendidas discriminaciones hacia las mujeres, plumas prestas a denunciar la tiranía de las modas y las tallas, y a considerar que alguna responsabilidad tenemos los hombres en los fallos que la cirugía estética ha cometido con algunas actrices y otras famosas. De los fallos con actores ni mención ya que siguiendo el primer postulado ellos no existen como  víctimas.

Quinta: Pensad por un momento, que en alguno de esos carteles el rostro hubiera sido el de López Aguilar -ahora acusado de violencia de género, pero  en cuyo mandato se aprobó la Ley que ahora se le  aplica y quien en su día dijo que las denuncias falsas por maltrato suponían “un coste soportable” y que el hecho de su existencia: “no puede disuadir a los poderes públicos de seguir realizando su trabajo.” Y pensad en el tremendo fiasco que tal circunstancia hubiera supuesto y, a dónde pueden conducir enfoques tan torticeros y engañosos como los que ahora comentamos. 



27 marzo, 2015

El género, una ideología interesada y paradójica.

Sabido es que la ideología donde primero se manifiesta es en la elección de los temas. Siguiendo las informaciones de género en los medios y la red uno se encuentra cosas realmente vistosas: redactadas en estilo académico y llenas de gráficos, citas e incluso bibliografía, pero para concluir cosas tan resabidas y, desmentidas por la realidad, como la pretendida discriminación salarial femenina, que para no pillarse los dedos terminan denominando brecha salarial, como si solo hubiese una, y no cientos, afectando por igual a ambos sexos. Aquí se repite lo que ya sucediera con la violencia, de la que hay múltiples formas con distintos sujetos activos y pasivos,  pero solo una merece una atención especial y preferente: la de género. Con lo que quizá debiéramos comenzar a considerar seriamente la paradoja de que el feminismo hable de igualdad pero  proceda siempre por diferencia.  

Y aunque en nuestro país las cuentas públicas están sometidas a impacto de género, nada sabemos sobre cómo se reparten por sexos esos recursos, qué criterio se aplica para confeccionar el catálogo de prestaciones de la seguridad social, o si no sería necesario tener en cuenta, además de lo cotizado,  la diferente esperanza de vida en el ámbito de las pensiones, ni para cuándo una norma de acceso equilibrado a la Administración pública, o el porqué de la ausencia de un plan nacional de prevención del suicidio y seguimiento de las personas con enfermedad mental grave, para evitar todos esos sucesos con que, de cuando en cuando nos encontramos en la prensa, de personas que causan grave daño a su entorno, incluida la muerte, por falta de un seguimiento adecuado o que sencillamente no han tomado la medicación. Ni por qué, si de verdad se quieren evitar los roles y los estereotipos, la Dependencia se pone en manos prácticamente en exclusiva de mujeres, y desde la administración pública se discrimina a los varones para determinados puestos en relación con ella y otros ámbitos considerados femeninos.    

También me llaman la atención esos artículos llenos de paternalismo, muchos de ellos escritos por varones, sobre la tiranía de la moda a que vivirían sometidas las mujeres por culpa del patriarcado. Tiranía que las obligaría a estar siempre bellas y pendientes de sus dictados, a someterse a arriesgadas operaciones de cirugía estética y a costosos y dolorosos regímenes de adelgazamiento –en momentos así no puedo dejar de pensar en las infinitas burlas a que da lugar la barriga cervecera de tantos varones y a preguntarme cuánto pueda tener de ejercicio de autodeterminación personal- o al eterno y parece que irresoluble conflicto de las tallas que ha llegado al punto de que un Ministerio se haya gastado unos buenos dineros de todos que al final que no han servido para nada porque todo sigue igual, pero fue atendido como una urgente necesidad. Pareciera que los espectadores fuéramos los verdaderos culpables de que Cristina Pedroche luciera en Nochevieja el vestido que lució y no otro, y los varones de las fallidas operaciones de cirugía estética de algunas estrellas de Hollywood

Y qué decir de los sesudos estudios que concluyen que si hay mayor número de varones en la dirección de empresas y los consejos de administración es por puro nepotismo de sexo, por supuesto sin una sola referencia a la tupida red de relaciones del lobby feminista, ni con qué porcentajes de hombres y mujeres se están cubriendo los puestos de la Administración y, olvidando la experiencia noruega.  “Pandilleo varonil”, lo denominaba recientemente un artículo en El País. Ya se sabe que en las referencias a los hombres la posibilidad de ofensa está descartada. Claro que al analizar por qué las mujeres promueven y participan menos en blogs políticos lo que salga a relucir sea: la socialización diferenciada de hombres y mujeres,  y finalmente descubramos que no pasan menos horas al ordenador sino que sus temas son otros: cuestiones de género, comida, familia, moda, salud y, a esas alturas, uno se quede con ganas de preguntar si los verdaderos discriminados no serán ellos que debieran dedicar  más tiempo a su propio bienestar: cuestiones como el género,  la salud y otras, y las verdaderas beneficiadas ellas que prestando menos atención a lo público, a lo de todos, el recurso al patriarcado siempre las exculpará.

Lo cierto es que el feminismo lleva más de 150 años persiguiendo una “igualdad” que, a cada paso parece alejarse más, si hemos de tener en cuenta lo que sus portavoces dicen, y sin que, al parecer,  quepa formular públicamente la pregunta de si lo que ocurre pueda ser que no la están planteando bien y en realidad corren tras un fantasma, y buscan el imposible de una igualdad en la que hombres y mujeres serían perfectamente intercambiables:  trabajarían en los mismos empleos, descollarían en las mismas artes y recibirían el mismo número de premios Nobel, pero también que el propio victimismo feminista haga imposible cualquier estación término porque siempre surgirán motivos por los que quejarse desde:  ¡lamentar que las mujeres no puedan explotar su capital erótico como lo hacen los hombres!,  hasta quejarse de lo que ganan los actores, pero callar sobre lo que ingresan modelos y cantantes, por ejemplo, Gisele Bündche, Lady Gaga o tantas otras.


Los supuestos de partida del feminismo de género son tan endebles como interesados y olvidan que hombres y mujeres estamos sometidos a presiones externas y a decisiones personales que quizá no  sean las mismas para unos y otras,  pero que los planteamientos hoy al uso, atribuyendo todo lo que no que no les gusta a las mujeres a imposición masculina y a estricta responsabilidad individual lo peor de la condición masculina, son francamente infumables. Resituar el tema en unas coordenadas razonables debiera ser tarea de todos, aunque tal como están hoy las cosas y la “correlación de fuerzas” existente, ya que hoy por hoy se trata netamente de una cuestión política, me da la impresión de que eso solo sucederá cuando los hombres reflexionen y tomen conciencia de su propia condición.