Cuando
debieran estar celebrando que el PP les quitase de en medio un engendro como
Educación para la ciudadanía, un intento que como tantos otros del Gobierno
Zapatero resultó un completo fiasco, véase sino la opinión de quienes con más
entusiasmo la promovieron con los contenidos y la orientación que conocemos,
por ejemplo, lo recientemente declarado por Inmaculada Montalbán en el nº 1.841
de El País semanal, entrevista de la que hablamos en alguna otra entrada,
cuando dice: “La Ley Integral de 2004 creó Educación para la ciudadanía, una
asignatura que ha tenido un desarrollo desafortunado…”
En
lugar de eso, tanto el PSOE como la prensa afín han decidido cargar con trazo
grueso contra el ministro Wert y su propuesta de eliminar de Educación para la
ciudadanía sus aspectos más controvertidos y adoctrinadores por una nueva
asignatura que ajustándose a la petición del Consejo de Europa incluya
contenidos de nuestra Constitución y ello cuando estaban obligados a mantener un
mínimo de coherencia a tenor de lo que ha venido sucediendo en los últimos años
y que un diario como El País recogía en esta información en la que como se puede leer el
manual de EpC más usado en bachillerato niega la validez del darwinismo y
defiende el creacionismo.
Lo que
a mí más me llama la atención de este asunto y son muchas las cuestiones sobre
las que quizá merecería la pena debatir, por ejemplo, cuáles son los contenidos educativos de una asignatura
en la que, cual cajón de sastre, cada uno defiende sus postulados
ideológicos, es el porqué del temor a que en nuestra escuela tenga cabida el estudio de la Constitución de
1978 como norma básica de convivencia de todos. ¿Cómo explicar que no haya sido posible en 30 años una materia con ese
contenido y cuando finalmente lo podía haber sido al crearse Educación para la
ciudadanía se la condenó a un tratamiento residual? Pero todavía más, ¿por qué
se califica de conservadora la propuesta de su estudio?
En este
país cada día es más difícil encontrar
un espacio que no subordine todo al interés inmediato, pero luego pretenda que
lo suyo es el respeto a las normas y los valores. Había que presentar la
reforma como involucionista y para eso se hacía preciso colocar como
protagonista de primer orden a la Iglesia católica, aunque por supuesto no se
desconozca que los gobiernos de Zapatero en ningún momento plantearon dejar
fuera del currículo la asignatura de religión, ni hayan cuestionado el
Concordato y sí hayan cedido en toda
cuanta negociación han mantenido con ella, ya fuera que se tratara de
financiación, ya de la propia Educación para la ciudadanía, permitiendo a los
colegios concertados ajustar sus contenidos al ideario de centro, lo que finalmente
no podía dar otro resultado que el recogido en los enlaces de más arriba: la
negación de Darwin, la defensa del creacionismo
y el cajón de sastre.