Twittear

19 octubre, 2014

El balance que el neofeminismo no hace


El ideario original del feminismo, como el del socialismo, gozaron históricamente de un enorme poder de seducción no solo para las y los más desfavorecidos. ¡Qué cosa podía haber mejor que superar el enorme lastre histórico que suponían los privilegios de unos pocos ante la gran mayoría de desahuciados! Y ese poder de seducción no se limitaba exclusivamente a quienes más sufrían la desigualdad sino que comprendía a importantes capas ilustradas incluyendo un sector tan importante como el que constituían y constituyen los intelectuales y artistas, esos que poseen la capacidad de expresar con belleza y generosidad nuestros anhelos más íntimos y elevados.

En el fondo dicha convicción suponía creer históricas y por tanto culturales todas esas diferencias, incluidas las derivadas del sexo. La experiencia histórica sin embargo se encargó de demostrar que algo fallaba en esos postulados y que para el caso del socialismo, al menos en su vertiente comunista, de forma rotunda se demostró su error al derivar no solo en nuevas desigualdades y privilegios, sino en la asfixia de los nuevos desheredados que constituían la inmensa mayoría de la sociedad, quienes no solo no participaban de las ventajas materiales del nuevo modelo, sino que vieron reducidos prácticamente a cero sus derechos y libertades. Pero como a lo que ahora me quiero referir es al feminismo a él dedicaré las líneas que siguen.

Aunque ambos movimientos mantuvieron algunos parecidos y concomitancias, la dialéctica de las clases sociales y la de los sexos también guardan profundas diferencias, de tal modo que si el ideal comunista vive sus horas más bajas, para el caso del neofeminismo tal circunstancia no se da y más bien viva sus momentos mejores y más audaces. Para el comunismo el acabar con la clase capitalista era su objetivo principal y la utopía de una sociedad sin clases perfectamente imaginable. En el caso del feminismo una formulación de ese tenor dirigida al hombre no resultaría admisible aunque por algún lado se haya oído. Y quizá la diferencia sustancial estribe en la capacidad del feminismo para no ir de frente, para no dar la sensación de ir contra el otro, para formular sus deseos no como contraposición sino como ideal que la historia reclama, para exigir del varón que ponga toda su energía en la defensa de sus intereses y propuestas, en conseguir sus objetivos mediante la seducción más que por convicción racional y, eso al tiempo que las acusaciones contra los hombres no han parado de crecer en ningún momento.

No en balde la historia del feminismo debe algunos de sus momentos mejores a la defensa que del mismo han realizado personalidades históricas tan relevantes como John Stuart Mill o Federico Engels pasando por todas las grandes corrientes históricas y movimientos sociales de la Ilustración a esta parte. El feminismo no ha precisado ni de un ideario coherente, ni de un partido político propio, ni de un sindicato de “género”, les ha bastado aprovechar las estructuras existentes en cada momento histórico para desde dentro de los mismos formular sus propuestas y defender sus intereses.

Ni sentirse obligadas en ningún momento a realizar balance de lo conseguido –para el feminismo la lucha por la igualdad siempre está comenzando- y, quizá, considerar que cuando todas las acciones positivas se inclinan hacia uno de los sexos es inevitable que el otro no solo se sienta, sino que realmente resulte discriminado. A nadie parece sorprender que la lucha contra el cáncer consista primera y fundamentalmente en la lucha contra el cáncer de mama, o que cuando se revisan las tarifas de seguros con criterio de género tal como hace la U.E. claramente quienes resulten beneficiadas sean los de ellas, o que la pretensión de ligar la edad de jubilación con la esperanza de vida se haga sin que las pronunciadas diferencias por sexo en este terreno se tengan en cuenta. Como a nadie parece sorprender que el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Ucrania lo sea solo para los varones.

Pero más allá de todos esos aspectos con ser significativos, todavía nos encontramos con la intención compartida por todo tipo de organizaciones de presentar a la mujer como el lado bueno de la humanidad: dadora de vida, incapaz para la violencia y nunca totalmente responsable de lo que le acontece, y eso en duro contraste con el lado oscuro de la misma: un varón militarista y guerrero, siempre violento y cuya suerte vital responde a su exclusiva elección. Si la anorexia en la mujer era resultado de la imposición de determinados cánones de belleza, la vigorexia en el varón constituye una manifestación de conducta desviada, si la mujer accede con menos frecuencia a las carreras técnicas es fruto de los estereotipo de género, pero cuando el varón lo hace en menor medida a las de letras o determinadas profesiones lo hace en el ejercicio de su libertad. Si la mujer es un ser profundamente manipulable a través de la publicidad y por tanto debe ser denunciado todo sexismo, el varón debe ser un supermán que fácilmente soporte el nivel de degradación al que determinados anuncios someten a la figura masculina, porque jamás se ha protestado ninguno.

Los hombres –caballerosamente- deben ceder su puesto a la mujer allí donde ella se sienta infrarrepresentada. Ahora bien donde suceda lo contrario particularmente lo relativo a determinadas profesiones o la relación con los hijos, lo correcto parece no solo culparlo por tal actitud sino poner todos los palos en la rueda que posibles sean y, sirva de ejemplo de esto último la ultramontana posición de buena parte del neofeminismo incluidos partidos políticos en lo relativo a la custodia compartida. Si en lugar de ser Pablo Iglesias quien recibiera una palmadita en el culo por parte de una señora, hubiera sido una de sus compañeras por parte de un hombre, a estas horas se estaría hablando mucho más del incidente que de la propia asamblea que Podemos realiza estos días en Vistalegre. Al no ser así: aquí no ha pasado nada y la vida sigue.

En el programa El Hormiguero que dirige Pablo Motos hay una sección protagonizada por niños, presentada siempre con la frase: los niños no mienten, los niños siempre dicen la verdad, sin que sirva para desmentirlo la reiterada experiencia del propio programa de que cuando se sienten acorralados o en situaciones difíciles lo que acaben haciendo es buscar cualquier salida que los proteja incluida la mentira. Pues bien, otro tanto de lo mismo sucede con la pretensión neofeminista, a estas alturas respaldada legalmente, de que las mujeres tampoco lo hacen. Y es sobre este estrafalario presupuesto que no solo se elaboran estadísticas de violencia que luego se trasladan al ámbito legal, periodístico y de la opinión pública, es que su cuestionamiento sitúa a uno más allá de los márgenes de lo políticamente correcto.

Y lo último y más difícil de entender todavía. Como fruto de esa visión angelical y sacralizada de la mujer se decide que el mejor criterio para la delimitación de la enfermedad mental o el alcance de la violencia en la pareja y la familia es el subjetivo, el derivado de la percepción personal y, contra todo pronóstico y evidencia no solo se concluye que la mujer sufre un doble o triple nivel de estrés, sino que se llega a la conclusión de una mayor prevalencia de la enfermedad mental en las mujeres, y todo ello sin perjuicio de que como dice Carmen Leal:

“Pese a que las mujeres poseen una mayor esperanza de vida que los hombres, ponen en marcha mayor número de conductas preventivas, padecen en menor medida enfermedades relacionadas con el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, experimentan menor grado de accidentabilidad, la sensación subjetiva percibida por parte de ellas sobre su bienestar, calidad de vida y estado de salud es significativamente peor que la que manifiestan los hombres.” Como se confeccionan diferentes encuestas sobre violencia o acoso en las que se toma como punto de partida lo que, para el supuesto de que así fuese, solo podría ser conclusión: que el verdugo es él y la víctima ella.

Necesitaríamos estudios en profundidad y datos que nos permitieran establecer con total seguridad el diferente trato que, no solo por parte de la justicia, pero también de ella, reciben varones y mujeres, y de como el sesgo cultural profemenino contamina todas cuantas materias se tocan desde los poderes públicos. Datos de los que a estas alturas no contamos porque no solo la información, también la estadística están siendo muy selectivas en cuanto a los temas que han decidido interesan a la opinión pública. Y así se han convertido en moneda corriente situaciones jurídicas tan curiosas que mientras se niega la posibilidad de que determinada acción responda a un brote psicótico en quien lleva en tratamiento muchos años, se exime de condena la muerte de un neonato en base al síndrome de negación del embarazo, o que casi sin excepción la violencia familiar femenina sea atribuida a trastorno mental mientras la de varón no encuentra más explicación que la pura crueldad y el ansia de dominio.

Y todo ello para concluir que mientras aquello que el feminismo siempre había considerado su objetivo primero: la superación de los roles por sexo, incluso su desaparición, parece absolutamente olvidado porque a lo que en realidad asistimos no es más que a un aggiornamento de los mismos, conservando de ellos sin embargo, su sustancia y significación, sus ventajas e inconvenientes y por supuesto su naturaleza profundamente desigual. El hombre seguirá siendo el principal proveedor y protector tanto en el plano social como en el de cada familia, y la mujer mantendrá una ascendencia sobre la familia y la casa incomparablemente más alta que la del varón, hasta el punto que en las condiciones actuales y a efectos simbólicos la figura del padre bien podría darse por desaparecida.




06 septiembre, 2014

El neofeminismo y la justicia


Obsérvese a qué nos está conduciendo la actual deriva neofeminista en un terreno como el de las agresiones sexuales. No se trata ya de posiciones tan infumables como las de quienes consideran que, aun cuando todos los datos apunten a la inexistencia de una violación, la presentación de denuncia por una mujer establezca por sí misma la realidad de los hechos, como hemos tenido ocasión de comprobar en tantos pronunciamientos sobre lo sucedido en Málaga. O quizá sí, como trataré de argumentar en lo que sigue. Se trata no solo de convertir el viejo principio de “in dubio pro reo” en “in dubio pro mulier” sino de aplicarlo también cuando esa duda no exista.

En el caso de este artículo, que quiere ser respuesta a este otro, se pretende la apariencia de una opinión sosegada y basada en el respeto a los derechos y garantías de cualquier acusado como el propio autor dice en un párrafo como éste: “Aclaro mi postura desde el principio: no pido que condenen sin juicio a los acusados y ni tan siquiera doy por hecho que son culpables.” Sin embargo el título del artículo es: “El discurso jurídico contra la libertad de las mujeres”, y la conclusión sobre la decisión de la juez no puede ser más rotunda: “El mensaje que manda la justicia está claro: mujer, si sufres una agresión sexual te va a costar mucho probarlo así que igual no vale la pena denunciar. Hombre, si violas utilizando el modus operandi adecuado, es probable que no te pase nada malo.”

Y eso después de reconocer que: “la jurisprudencia sobre agresiones sexuales admite la posibilidad de considerar probado el delito basándose solo en el testimonio de la víctima…” y que en apoyo de su tesis lo único que aporta es una suposición sobre el porqué de que la chica y su abogado no recurrieron el archivo de la causa y que es ésta:quizá la chica tuvo miedo de la presión social que sufriría si seguía con el asunto o el abogado decidió que ya no había nada que hacer.” Claro que, si el abogado entendió que no había nada que hacer, no se adivina a qué conclusión pretende llegar el articulista y qué otra opción tendría la juez, para respetar lo que según él constituye “la libertad de las mujeres”, que no fuese condenar a los acusados contra las pruebas y evidencias.

Todo lo demás que utiliza como relleno en el artículo está desmentido por la realidad ya que buena parte de la opinión pública, las organizaciones feministas y la propia Junta de Andalucía decidieron posicionarse contra la resolución. Chocante resulta por lo demás que aún cuando la versión de la chica no concordaba para nada con los hechos probados, se permita el autor afirmar que las denuncias falsas en este tipo de asuntos son muy escasas y ¡cite en su apoyo las que oficialmente se admiten en los casos de violencia de género! Como también merece ser destacado ese párrafo en el que concluye: “… o un grave delito que ahora seguro que quedará impune”.

Francamente resulta indignante y aterrador que quien diciendo respetar la presunción de inocencia no solo ignore ésta antes del juicio, sino que lo haga una vez dictada la sentencia y sin más argumento que la presunción de credibilidad de la presunta víctima. Aunque, no se trata de algo nuevo ya que el feminismos institucional toma como datos válidos no las sentencias, ni los hechos probados, sino las denuncias. Por eso hace falta verlo para no creerlo. No quiero ni imaginarme lo que será para este señor un juicio sin garantías, o una condena sin juicio, si cualquier otra cosa no puede recibir más nombre que el de atentado a la libertad de la mujer o que el mensaje que a la sociedad se está enviando es que las violaciones en nuestro país tienen todas las posibilidades de quedar impunes.

Y todavía más preocupante es que quien así piensa, quien así concibe el Estado de derecho y las garantías jurídicas para los acusados si acaso son varones, pues es clara la diferencia entre aquellas de las que gozaría él y de las que gozaría ella, se permita además atribuir la decisión de la juez a “una concepción estereotipada y alejada de la realidad”. Si el juez fuese hombre sería por machismo, si es mujer por concepción estereotipada, la cuestión es que las cosas han de hacerse por fuerza como esta corriente ideológica con claros tintes totalitarios dice, y no resulta nada tranquilizador observar cómo, cada día que pasa, conquista más y más altas posiciones de poder en nuestra sociedad y en particular en todo lo relacionado con los Tribunales y  la Justicia.

P.S. La presunta violada, objeto de la entrada y los artículos que en ella se citan, finalmente ha reconocido que mintió en su denuncia. Supongo, sin embargo, que será difícil que tantos y tantas que se han pronunciado contra la juez y el archivo de la causa, ofrezcan sus disculpas.

31 agosto, 2014

Mirada de género, visión sesgada


La discusión sobre las políticas de igualdad nos está planteando, al menos a los varones, unos retos ante los que seguramente no estemos siendo capaces de utilizar los instrumentos adecuados, porque seguramente haya que inventarlos. Si algo positivo está aportando el feminismo es que nos está situando frente a la constatación de que nuestras miradas son diferentes y que cuando cada uno juzga desde sus parámetros lo más probable es que se equivoque aunque no le sea sencillo saber dónde ni por qué. Bien es verdad para decirlo todo que el esfuerzo del feminismo se queda en la pretensión de que, sin embargo la mirada “buena” es la suya.

Leía recientemente la queja de un varón en cuanto a no que no era capaz de saber lo que era el feminismo porque en cada ocasión se encontraba con una forma de razonar diferente y donde era muy fácil encontrar incoherencia y contradicción. Pero, ¿es claro que todos y todas valoramos por igual coherencia y no contradicción? En mi opinión no. Vivimos en un mundo en el que la razón y la objetividad han sido arrumbadas al baúl de los trastos viejos, donde lo emocional y lo subjetivo se han convertido en los elementos clave de cualquier producto intelectual y donde la “educación emocional” ocupa el lugar de la reina en todo lo que tenga que ver con la inteligencia.

Y otro tanto se puede decir de la empatía ese sentimiento que nos puede llenar ante la observación del caso que conocemos, de la cara que se nos presenta, pero nos impida saber qué pasa más allá de ese caso concreto, qué hay de los miles de casos de sufrimiento con los que no podemos empatizar porque sencillamente se nos ocultan o se nos niegan. Los medios nos conmueven cada día con casos singulares de sufrimiento y es ante ellos que se despierta nuestra empatía, lo que nos falta es la visión del bosque donde no es uno sino miles quienes están sufriendo e interesaría saber qué hacer no para resolver un caso sino la posibilidad de encontrar salida para los que afectan a miles antes que los singulares. Pero para eso necesitamos la razón, necesitamos las matemáticas, necesitamos saber mirar más allá de lo singular y descubrir el bosque. Nada sin embargo nos ayuda en esta tarea. Vivimos en un mundo donde la escuela promueve el anumerismo.

Ante nuestros ojos, casi cada día, asistimos al derrumbe del Estado de derecho por parte de un neofeminismo voraz, pero nadie parece querer verlo, mucho menos actuar ante él. Negación de la presunción de inocencia, cuestionamiento del habeas corpus por los tribunales de violencia de género, imposibilidad de regulación de la custodia compartida, imposibilidad de aplicación allí donde ya ha sido aprobada como sucede en Aragón, leyes a la medida de determinados colectivos femeninos y un largo etcétera que está consiguiendo la consideración de meras anécdotas para algunos sonados casos singulares de aplicación del derecho. Y ahora y en esta pendiente que parece no tener fin algunas pretenden que ante una denuncia de violación el único papel de la Justicia consista en meter en la cárcel al o a los denunciados. Basta con leer algunos párrafos de esta entrada para saber a qué me refiero: http://ventepakamchatka.wordpress.com/2014/08/20/espacios-seguros-y-una-mierda/

En cuanto a la empatía habría que preguntarse si se trata de un viaje solo de ida o debiera implicar también el de vuelta. No parece que el neofeminismo esté siendo capaz de mostrar la más mínima con el género masculino. Pero entraríamos en el rosario de incoherencias y contradicciones que señalaba al principio y que más que la excepción parece la regla de una ideología que al tiempo que nos dice que lo que nos hace hombres o mujeres es la cultura, promueve leyes y normas de todo tipo según el cromosoma y que ha decidido de antemano quienes son las buenas y los malos de la película.



29 agosto, 2014

Tejiendo, tejiendo...

Cuando leo noticias como ésta me doy cuenta de la inmensa distancia que separa la capacidad de  hombres y mujeres para poner  las instituciones a su servicio. 

21 agosto, 2014

¿Hay derecho?


Ayer en el informativo de la noche de una cadena de televisión informando de esta noticia: http://politica.elpais.com/politica/2014/08/20/actualidad/1408530966_879951.html

Es decir cuando ya se había producido la liberación sin cargos de los imputados, se seguía hablando de “presuntos” y se decían frases como “no se había podido demostrar…”, cuando justamente la liberación y el archivo de la causa por parte de la juez se producían porque tanto los testimonios de los testigos, como el vídeo grabado por uno de los acusados, como la prueba médica lo que demostraban era justamente que las relaciones habían sido consentidas.

Todavía hoy la información, también en medios escritos, por ejemplo, aquí, sigue siendo completamente confusa produciéndose una verdadera contradicción entre lo contenido en el vídeo y el cuerpo escrito de la noticia. Por supuesto nada se dice de la gravedad de las penas que sobre los inculpados hubieran recaído en caso de estar las cosas menos claras, dada la presunción de credibilidad que en estos casos se otorga a quien denuncia.

Demostrar que algo no ha sucedido es tremendamente complicado y ese, sin embargo, es el reto que han de superar los varones en caso de presunta violencia contra la mujer, y siempre con la espada de Damocles de que la duda se puede colar por algún resquicio. Mientras tanto a quien acusa parece bastarle su palabra. La desigualdad jurídica en este caso es tan clamorosa que mientras ella goza de presunción de credibilidad, a él la única presunción que se le otorga es la de culpabilidad porque la de inocencia se ha arrumbado para estos casos al baúl de los recuerdos.


No pretendo que se trate de una cuestión sencilla, o de que piense que se deba eliminar toda posibilidad de controversia, pero lo que parece claro es que una desigualdad tan clamorosa de las partes no sólo mengua la credibilidad y calidad del Derecho, sin ayudar a reducir los casos, es que finalmente quien resulta dañada es la Justicia. Que tanto la fiscalía como los medios de comunicación no hagan más que insistir en ella a lo que conduce es a profundizar en esa imagen distorsionada de la violencia entre el hombre y la mujer según la cual: él solo puede jugar el papel de verdugo y ella el de víctima, y todo en nombre de una igualdad que siempre se concreta como dicotomía, asimetría y diferenciación.


06 agosto, 2014

Pero, qué diablos significa igualdad


No es que tenga especial interés en meterme con el PSOE ya que en materia de género, y salvo honrosas excepciones, la política de unos y otros mantienen más parecidos que diferencias, pero no quisiera dejar de comentar la constante apelación de este partido y, por supuesto, de su recientemente elegido secretario general Pedro Sánchez, a la igualdad como su seña de identidad, porque hace falta retorcer demasiado el significado de esta palabra para pensar que cuando se refieren a ella, tanto él como sus compañeros, no lo están haciendo en esa neolengua del feminismo actual según la cual las palabras han perdido cualquier significación acorde con el diccionario.


Porque sea que nos refiramos al territorio, el género o la capacidad económica de los ciudadanos, el PSOE si por algo se ha venido caracterizando desde hace bastantes años es por promover lo contrario de la igualdad. Pedro Sánchez recientemente se ha manifestado a favor de un federalismo asimétrico: lo que en el plano territorial significa todo lo contrario de igualdad. En el terreno de género no solo se han manifestado y se manifiestan contrarios a la custodia compartida –aquí hay que puntualizar que no en todos los territorios del Estado, ya que sí se han manifestado a favor de las regulaciones autonómicas de Cataluña y Aragón, que si la contemplan- y por supuesto han apoyado todo tipo de discriminaciones positivas y una ley como la de violencia de género contrarias al principio de igualdad jurídica.


Pero es que en los mandatos de J.L. R. Zapatero y, a pesar de tratarse de uno de los momentos de mayor crecimiento económico y de la renta (insano, pero crecimiento con mucha creación de empleo), las desigualdades entre las personas no pararon de crecer y desde el propio Gobierno se hacía gala de que las ayudas se repartían por igual a pobres y a ricos, a quien lo necesitaba y quien podía pagárselo de su bolsillo. Era el momento de: “bajar impuestos es de izquierdas”. Por eso el título de la entrada. La política si de verdad quiere regenerarse debe comenzar respetando el valor de las palabras y las ideas, ya que si se parte de su desnaturalización y falsificación luego todas las trampas y engaños se hacen posibles.



26 julio, 2014

Segundo apunte sobre educación


Recientemente publiqué en este mismo blog un apunte sobre educación en el que planteaba la paradoja de que al tiempo que lo que se oye por todos lados son elogios al sistema educativo finés, nuestros políticos y autoridades educativas caminan en sentido contrario al menos en lo que respecta al período de escolaridad y momento de inicio de la misma o a la consideración como ventaja de dejar 15 minutos tiempo después de cada sesión de 45 para que los escolares puedan correr y salir al exterior. Pero, es evidente que, en cuanto a las diferencias, la cosa no se queda ahí.

En esta segunda entrada quiero reseñar una contradicción todavía más grave si cabe, ya que como pone de manifiesto este interesante trabajo: “La hipótesis central, verificada, es que la «formación del profesorado de educación primaria y secundaria» (que incluye la selección previa a la universidad, la formación teórica universitaria y la formación en prácticas) es la variable crítica para explicar el excelente rendimiento de los alumnos finlandeses en competencia lectora.”

Lo que contrasta fuertemente con lo que aquí sucede en cuanto a enfoque y calidad de la formación del profesorado como se puede ver en esta entrada de unnombrealazar y corroboran tanto las pruebas realizadas a los aspirantes a una plaza de maestro en la comunidad de Madrid como, sobre todo, la exaltación del enfoque pedagogista de las Facultades de Formación del Profesarado como dejan traslucir estas declaraciones de Rosalía Aranda decana de la Facultad de la UAM: “Hay alumnos, aunque no se puede generalizar, que vienen sin conocimientos básicos que tendrían que haber adquirido en primaria y secundaria. Es un lastre que traen y que aquí no se trata, porque en una facultad en lo que hay que profundizar es en didáctica”. Todo ello recogido en esta información del diario El País

En fin, la educación en nuestro país lleva lustros ofreciendo unos resultados muy pobres, pero la fuerte ideologización de las posturas ante la misma está impidiendo que avancemos en la dirección correcta porque los intereses extra educativos se interponen siempre y lo hacen como si el mejor campo para dirimir las diferencias ideológicas fuese la escuela. En cualquier caso conviene saber que, a pesar de los reiterados elogios de casi todos a la educación finlandesa, la realidad de las decisiones y las prácticas educativas en nuestro país va en una dirección no solo distinta, sino completamente contrapuesta a las allí vigentes. Y desde luego que no es suficiente con hacer figurar en un texto constitucional el derecho a la educación si luego eso no se hace realidad en las aulas y los resultados educativos.



23 julio, 2014

Os debo una explicación

Como creo que os debo, y me debo, una explicación a un cierto giro en el blog voy a procurarla. Cuando inicié este blog, allá por el 2005, lo hacía convencido de que el diálogo, el debate, podía ser un instrumento importante de clarificación en torno a las cuestiones que en él se abordan, básicamente igualdad y género. Pensaba incluso que demostrar las incoherencias, inconsistencias y mitos en torno a lo que el feminismo, particularmente el de las últimas décadas representa, serviría para una cierta corrección de rumbo y la aceptación de errores.

Después de estos casi nueve años mis impresiones tienen más bien poco que ver con todo lo anterior. No solo no ha sido posible el debate sino que en muchos casos para lo único que sirvieron las críticas realizadas a la deriva neofeminista de los últimos tiempos fue para dar ocasión a que mejor pudieran esconder o maquillar los aspectos más duros de la misma, pero sin voluntad real de cambio alguno. Y un segundo aspecto me ha quedado muy claro: el neofeminismo ha conseguido situar en las instituciones y los partidos políticos el grueso de sus reivindicaciones sin que tan siquiera sea necesario que aparezca en forma de asociaciones de mujeres u organizaciones feministas más que en contadas ocasiones y para temas muy específicos.

Hoy quienes mejor encarnan los objetivos neofeministas son los partidos políticos: sea que hablemos 
de la custodia compartida, la denominada violencia de género, discriminación positiva o cualquier otro aspecto relevante de la cuestión. En los últimos tiempos he procurado dejar ver que, por ejemplo, las políticas del PSOE si en algo están enraizadas es en las políticas de género, pero también el hecho de que Podemos en este terreno calque sus posiciones de los que en otro momento considerada casta. Y de ahí, mi mucho mayor énfasis en dirigir la crítica hacia ellos y determinadas instituciones, sean del ámbito autonómico, estatal o  europeo.

En mi opinión el neofeminismo considera suficientemente encarrilados en la sociedad y la política sus postulados y prefiere centrarse en ciertos aspectos especialmente queridos como la denominada violencia de género, el implacable deterioro de la imagen masculina y mantener la ficción de la mujer como un ser maltratado y carente de los recursos de poder,  y, la lucha feminista como algo que está siempre en sus inicios porque el hombre siempre está igual de distante de su ideal de mejora. Objetivos en los que el Estado viene a suplir muchas de las tareas de provisión y protección antes encomendadas al varón, al tiempo que, en las sociedades del Estado del bienestar, éste  se configura como su principal fuente de empleo y  por supuesto su mayor fuente de poder.

En su momento escribí, y a propósito de la Ley contra la violencia de género,  que las diferencias jurídicas acabarían creando diferencias reales y eso ha sido lo que ha sucedido con la citada ley. Si no hace mucho tiempo tenía sentido el debate en torno a esta violencia para precisarla en su contenido y extensión, ahora eso ya no hace falta ya que como responden aquí desde la Dirección General de la Mujer de Madrid,  se trata de un concepto legal y por tanto situado en la categoría de lo que solo se puede modificar desde lo político y la correlación política de fuerzas que, sobra decir, en este momento hace al neofeminismo prácticamente imbatible al menos mientras la sociedad no haga suya la necesidad de un debate que cuando no se hurta se lleva el terreno de las emociones y los instintos.

La perspectiva de género si por algo se caracteriza es por eso: por ser perspectiva. ¿Cuál perspectiva? La que en cada caso mejor se acomode a los intereses de sus promotoras. Lo más increíble es que con esos mimbres –y los millones de votos que hay en juego, claro está- con muy escasas excepciones los partidos políticos se apresten a renunciar a valores como la igualdad –sí la igualdad, cuestionada desde todos los ámbitos: legal, económico…- y conquistas como la presunción de inocencia o el habeas corpus.  


19 julio, 2014

La política y el género


El neofeminismo juega una de sus mejores bazas en su invisibilidad, en la consecución de objetivos, a veces ambiciosos, y hacerlo siempre sin ruido, paso a paso, desde los despachos y que para cuando los conocemos lo sea ya como hechos consumados. Si uno observa la representación de la política en nuestro país en este momento lo que trasciende y se hace visible es la figura masculina: ahí está Pablo Iglesias, ahí los que fueron candidatos a la secretaría del PSOE, ahí está un día tras otro Artur Mas y Mariano Rajoy y Cayo Lara… ¿pero tiene esto algo que ver con la defensa de intereses masculinos? No solo no tiene nada que ver sino que es en todas esas personas que el neofeminismo encuentra por acción u omisión sus mejores valedores.

Y uno de esos grandes objetivos lo constituye el blindaje moral y jurídico de la mujer hasta el punto de que el derecho de familia y el derecho penal están teñidos de un sesgo tan escandalosamente profemenino que casi se puede decir que parecen concebidos en exclusivo perjuicio del varón. La negación de la custodia compartida, la no aplicación del habeas corpus por parte de muchos tribunales de violencia de género, el propio concepto de violencia de género y su aplicación excluyendo la posibilidad de la violencia femenina (en las encuestas a las chicas se les pregunta por la violencia que sufren y a los chicos por la violencia que perpetran) y, sin embargo, conceptuando cualquier violencia masculina hacia su pareja como deseo de dominación, algo así como si negásemos que los celos masculinos y femeninos tienen la común característica de ser ambos humanos y que, por tanto no quepa la posibilidad de considerar a solo uno de ellos como reprobable...

La cosa, sin embargo no se detiene ahí porque la ambición neofeminista pretende trazar una profunda raya que diferencie completamente los mundos masculino y femenino y los distintos campos de juego. ¡Y ello en nombre de la igualdad! Desde luego merecería una explicación demorada el hecho de que sean los sectores más feminizados del mundo laboral los que en poco tiempo hayan visto reconocida para sus trabajadores la condición de autoridad pública. Primero fue la enseñanza y ahora los sanitarios. Como merecería la pena saber por qué es compatible que al tiempo que se desarrolla una campaña a favor de la presencia de las mujeres en las empresas, se conozca que de una promoción de 10 nuevos jueces 9 sean mujeres, y no se suscite ni el más mínimo comentario sobre el hecho de que la administración pública incluidos servicios sociales como la educación, la enseñanza o la justicia se estén feminizando en porcentajes que sobrepasan en algunos casos el 75%, o el porqué de que haya sindicatos que protestan si en el ámbito de los inspectores de hacienda, donde la abrumadora mayoría son mujeres, se establezca que en caso de empate en la puntación se optará por el varón.

El neofeminismo hoy es un sindicato de intereses que goza no solo del apoyo de una mayoría de mujeres, también de muchos hombres y desde luego de la inmensa mayoría de las fuerzas sindicales y políticas, incluidas por supuesto las más recientes y que se presentan como más renovadoras, ya que puede que lo sean en otros ámbitos pero en el terreno de las de género se muestran tan convencionales y políticamente correctas como lo puedan ser las que según ellos constituyen la “casta”. Y por supuesto no le va a la zaga un partido como el socialista que si uno sigue los pronunciamientos realizados por sus candidatos a la secretaría general observará no solo el papel estratégico que conceden a la alianza con esta forma de entender el feminismo, también que tienen reservado, para esa nueva Constitución a la que nos remiten constantemente, la consagración de las listas cerradas con cremallera y los servicios de educación y sanidad, sin que sea entendible no ya el disparate de las listas cerradas, sino el porqué de esos servicios mientras se guarda silencio total sobre los sin techo, o no se incluyen otros no menos básicos como puedan ser el alimento y la vivienda.