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25 junio, 2009

Dualidad y maniqueísmo

En esto, como en muchas otras cosas, tengo que reconocer que soy un mero aficionado a quien le gustaría poseer unas dotes literarias de las que carece, a fin de explotar como se merece la cotidiana experiencia de la igualdad. Por ejemplo, serían buenas esas dotes para poner en relación y contrastar la inmensa distancia que separa los dos polos entre los que se mueve la imagen masculina: que si en el plano de la representación -y cuando interesa- aparece como un ser privilegiado desde el nacimiento, detentador de todos los poderes, en el plano de la realidad sucede que, por ejemplo, para comenzar a conocer la situación en este contexto de crisis económica de divorciados y separados (varones) sólo es posible hacerlo cuando la prensa, como ha hecho recientemente El País habla de esas dificultades pero referido a las segundas esposas. (Obsérvese que aquí el juego de la invisibilidad opera a la inversa de lo que lo hacía en la entrada anterior).

Y en ese juego en el que las imágenes públicas del varón van del ser detentador de todos los poderes -particularmente cuando esa imagen es vista como la de un ser opresor e injusto-, al responsable de todas las violencias, mientras se invisibiliza su esfuerzo y sufrimiento y se minimizan sus aportaciones al conjunto social, por contraposición la imagen de la mujer que gusta cultivar es la de ese ser entregado a los otros que si alguna vez no lo hace bien es por culpa de la sociedad machista y patriarcal en la que vivimos y, en cualquier caso, siempre alejada de la violencia: de la física y de la psicológica, de la pública y de la privada. Lo cierto es que estamos lejos de superar esa dualidad y ese maniqueísmo que tanto daño hace y hará al conjunto social. Y para quien crea que lo que únicamente está en juego es la llamada guerra de sexos, el poder de género, que también, tengo que decirle que, en mi opinión, es mucho más con no ser poco, que quién manda en casa o fuera de ella.

1 comentario:

  1. Anónimo6:59 p. m.

    En la última entrada de la bitácora buenamente.blogspot.com, se recuerda que la evolución biológica no puede favorecer al sexo de una especie en detrimento del otro. De la misma forma, se puede decir que, a largo plazo, en una sociedad no se puede perjudicar a uno de los sexos sin perjudicar al otro. Es obvio que, por más que un gobierno de gamberros como el actual se empeñe en ignorar el sustrato biológico, los seres humanos van a seguir tendiendo mayoritariamente por emparejarse con seres humanos del sexo opuesto (millones de años de evolución no se borran de un plumazo), y ello quiere decir que en la mayoría de los casos el prejuicio que se haga a uno de los sexos acabará redundando también en el otro. El caso de "las segundas esposas" ejemplifica bien todo esto. Una situación legal como la que hay hoy en día respecto al divorcio favorece a un pequeño sector de mujeres, pero a la larga va a perjudicar a muchísimas más (y, por cierto, gran parte de las aparentemente favorecidas acaban siendo damnificadas: crearse una posición privilegiada a base de depender económicamente de otra persona a la que se odia, no es una buena apuesta a largo plazo). Todas estas consecuencias (y las que vendrán) no podían ser ignoradas por nadie que mirase un poco más allá del corto plazo de los intereses electorales..., pero únicamente esto parece importarles a nuestros políticos.

    (Athini)

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