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21 enero, 2013

¿Qué modelo de escuela?


Este fin de semana se ha producido aquí un interesante debate sobre la educación y el modelo educativo que, de algún modo, terminó conectado con una serie de entradas de El Café de Ocata sobre las competencias y poniendo sobre la mesa la necesidad de interrogarnos en profundidad sobre qué modelo educativo poner en marcha en nuestro país.

No se trata por tanto de elegir entre lo que hoy hay y lo que hubo en  el pasado. La elección debería hacerse entre un modelo que proscribe la excelencia como el actual o uno que por el contrario la promueva como siempre hicieron los buenos sistemas educativos del mundo y siguen haciendo aquellos que en la actualidad están reconocidos unánimemente como modelos de éxito: caso de Finlandia.

Los modelos igualitaristas basados en la nueva pedagogía han dado más que sobradas pruebas de fracaso y las siguen dando en casos como el de España, Noruega o Francia.  Quienes fueron pioneros en el mismo o bien lo han abandonado: caso del Reino Unido, bien están en trance de hacerlo como nos cuenta para el caso sueco Inger Enkvist. Quienes nunca cayeron en tal tentación caso de Finlandia obtienen los resultados de todos conocidos.

Y han fracasado porque a mayores de no conseguir su más directo objetivo: una escuela más igualitaria desde el punto de vista de los sexos y el socioeconómico,  lo hacen también en cuanto al objetivo que ninguna escuela debiera soslayar: promover y favorecer al máximo las capacidades de cada alumno para su mejor desarrollo intelectual y humano.

Un modelo que, basado en el constructivismo y la idea de que el alumno es capaz por sus propios medios de procurar su progreso educativo, ha situado al profesor y los contenidos en un segundo plano. Un modelo  que como dice Gregorio Luri enseña competencias más que a ser competente, promueve el estudio de la ética más que los comportamientos éticos,  dando como resultado no alumnos comprometidos con la sociedad y su entorno, sino lo que con mucho acierto  J.M. Lacasa calificó aquí como alumnos actitudinalmente competentes.

Un modelo que a fuerza de insistir en cuestiones como la creatividad espontánea del niño ha  abandonado tareas como la lectoescritura y el cálculo. Un modelo que dedicado a tantas tareas  y con una vocación tan absoluta de abordar todos los problemas de la sociedad moderna: tráfico, violencia, nuevas tecnologías, se ha volcado sobre mil cuestiones y lo asistencial abandonando su tarea más insoslayable: la formación académica de los alumnos que les permita su crecimiento intelectual y como personas. Un modelo en el que no existe una dirección única sino múltiple y en el que su legislación se desperdiga a lo largo de varios ministerios.

Un modelo impulsado principalmente por la socialdemocracia en busca de mayor igualdad pero que,  como resultado  paradójico, lo que da es una escuela que no favorece en absoluto la movilidad social, y que no solo no impulsa el acceso de los sectores más desfavorecidos a la universidad sino que, tal como sucede en nuestro caso, desde hace muchos lustros, aparta del sistema educativo a un tercio de los estudiantes al no permitirles ni siquiera la obtención del título de graduado en ESO.

El sistema actualmente vigente en nuestro país y algunos otros de la U.E. no está justificado ni por motivos pedagógicos ni tampoco sociales, más bien al contrario todo clama por una reformulación del mismo, lo que a mi modo de ver exigiría una profunda revisión de los criterios de acceso a la profesión  y una reformulación de los métodos, los objetivos y los sistema de evaluación de las etapas iniciales y a partir de ellas todo el sistema educativo,  a fin de conseguir un propósito adicional a los ya mencionados, hacer de él un sistema transparente en el que todos: padres, alumnos y profesores sepan a qué atenerse en cuanto a lo que del alumno se espera en cada etapa.


12 comentarios:

  1. Anónimo6:52 p. m.

    Me parece importantísimo lo que dices al final,y en concreto lo de revisar los criterios de acceso a la profesión. ¿Que tal una especie de profir, al estilo MIR?. Un periodo (evaluable) de formación en contacto con otros profesionales más expertos, realizando labores de apoyo y refuerzo,...

    Arturo

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  2. Lo que más claro tengo Arturo es que ya el acceso a las escuelas de Magisterio debe ser más exigente. Hay que elevar el nivel científico y de matemáticas de los alumnos, pero será prácticamente imposible si no hay alumnos de ciencias que quieran cursar esos estudios y desde luego incorporaría todo lo que la neurociencia y otras ramas del saber han descubierto en los últimos años.

    Y estaría muy atento a cómo abordar las dificultades de los alumnos de infantil y primaria, porque el objetivo sería elevar el nivel de exigencia de las escuelas pero al tiempo evitando que nadie se quedase atrás. Aprovecharía también para favorecer una más equilibrada composición por sexos del profesorado de esas etapas.

    He oído hablar del sistema MIR y en principio no me parece mal, pero tengo que reconocer que no soy un experto en esa cuestión. Si en el acceso a la profesión se es más exigente y se consigue equilibrar la composición del alumnado de las escuelas de Magisterio entre los de ciencias y los de letras el salto adelante ya sería importantísimo.

    Por supuesto el sistema sería mejor si la inspección cumpliese su cometido, no por el lado de lo punitivo, sino ayudando a resolver los múltiples problemas con que se encuentran tanto los centros como los profesionales. Desde luego la reformulación del sistema debería pasar también por esa cuestión. Actualmente el contacto entre los profesionales de la enseñanza y las autoridades educativas en el plano pedagógico es inexistente.

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  3. Anónimo11:16 a. m.

    Mientras tengamos sobre nuestras cabezas a prebostes políticamente correctos, será muy difícil cambiar nada en educación. No se podrá plantear una escuela basada en la autoridad, el mérito, la competencia... Pero esa corrección política, obsesionada con verlo todo desde el punto de vista de los intereses femeninos, no parece tener límite. Se haga lo que se haga, el resultado es siempre el mismo: la mujer es víctima del macho opresor.
    Tres breves apuntes sacados del telediario:
    1. Melendi, Malú y otros cantantes nacionales famosos salen cantando una canción cuyo tema es el hambre de muchos niños en el mundo. Hasta ahí bien. Pero la letra acaba diciendo algo así: "pero más pena que estos niños, me dan sus MADRES..."
    2. En un programa donde dos litigantes exponen sus razones y, al final, un juez emite su laudo, nos encontramos a una chica joven que pide que su ex-marido abandone el piso. El motivo del divorcio y de la petición es que el hombre lleva un año sin practicar el sexo con ella debido a que las preocupaciones laborales le han quitado el apetito sexual. Me pregunto qué hubiese sido del hombre si en vez de ser el inapetente hubiese sido el que exigiera a la mujer copular con él. La juez, menos mal, no vio razones para que él abandonara el piso, ni respaldó las frivolidades de la litigante.
    3. Una soldado norteamericana ha conseguido que la administración derogue la ley que prohibía a las mujeres ir al frente. ¿Cómo casa la existencia de esa (ahora derogada) prohibición con la permanente acusación feminista de que los hombres desean infligir daños y terror a las mujeres?

    Pedro

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  4. Lo que se puede y no se puede decir. Lo que de un sexo se puede decir y vende, y lo que haberlo dicho del otro constituiría un atentado. Ojo a la letra de la canción de Beyonce:


    http://www.youtube.com/watch?v=3nHM35g8ynk&feature=youtu.be

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  5. Emilio, te contesto aquí a lo que me preguntabas en el blog de Pseudópodo porque ya me estaba dando vergüenza seguir monopolizando el debate… aunque se me han quitado un poco las ganas después de haber tenido que leer la majadería – siento decírtelo así – del espíritu protector.

    En todo esto me da la impresión de que sí hay dos bandos, que por simplificar llamaré los ‘logsianos’ y los ‘tradicionalistas’. Sonará infantil, pero es la impresión que tengo. Fíjate que cuando he criticado a los primeros, a los que sufrí durante tres años, jamás calificaste mis críticas, a veces bastante ácidas, de ´tremendas’ ni viste en peligro la dignidad del estamento profesoral. O sea, que sí, que hay bandos y unos se ven con más simpatía que otros. Es el sino de este país, me temo. También veo que muchos críticos siguen mirando con nostalgia el modelo antiguo, o una idealización de él. No digo que sea tu caso, pero es algo que está ahí.

    En cuanto a los profesores, es difícil juzgar a un colectivo tan amplio y tan diferente. Por mí experiencia, soy más crítica con los profesores universitarios aunque podría ser simplemente que los sufrí siendo adulta y por tanto sabiendo más de la vida. Creo que la formación de los maestros deja muchísimo que desear, aunque en general son más vocacionales que los profesores de secundaria, lo que no significa que los primeros sean mejores… aunque tampoco son muchísimo peores, como oigo a veces por ahí. Y ya sabes lo que opino de la llamada feminización de la Primaria así que no lo voy a repetir. También sabes que considero que mucho de lo que me enseñaron en la carrera de Magisterio son sandeces, lo que no quita para que piense que el llamado sector ‘tradicionalista’ se equivoca en algunas cosas. Por ejemplo en:
    - Que hay que suspender más porque ahora se suspende poco. No es cierto. Resulta que los resultados de la evaluación PISA son horribles pero las evaluaciones de los profesores a sus propios alumnos son todavía peores. Obviamente, tampoco tendría sentido dar calificaciones positivas a chicos que no llegan a un mínimo, pero no entiendo que se diga que hay que suspender más en vez de investigar por qué tantos alumnos merecen ser suspendidos.
    - Que hay que acabar con las promociones automáticas porque ahora se repite muy poco. Tampoco es cierto. En España el índice de repeticiones es altísimo. Creo que J. M. Lacasa, nada sospechoso de ‘logsianismo’, usó el adjetivo ‘desmesurado’. Si se ha demostrado que las repeticiones no ayudan, habrá que buscar otro método, no empecinarse en lo mismo.

    De mi (cortísima) experiencia en la Primaria, ya he escrito mucho en el blog. Pero trataré de condensar mis conclusiones:
    - Me da la impresión de que se fomenta la docilidad hasta el punto de que parece que lo importante es que el niño esté a gusto en el grupo. Todo está regulado y dirigido y hay poco tiempo para que el niño piense por sí mismo o haga algo de manera autónoma. Hay auténtica obsesión en que hagan todos lo mismo y no se suelen tener en cuenta las diferencias individuales.
    - Hay poca actividad física.
    - No sólo se abusa de los libros de texto sino que éstos son muy mejorables. Por ejemplo, en el libro de matemáticas de 1º de Primaria se trataban en capítulos diferentes los números del 30 al 39, del 40 al 49, etcétera, lo que es absurdo porque el concepto de decena y unidad lo tienen los niños de manera natural y no hay por qué diferenciar casos.
    - Las actividades tienden hacer repetitivas. Se fomenta la mecanización. Un caso paradigmático es el de colorear figuras todo-el-santo-día.
    - No le veo ninguna ventaja a que haya maestros especialistas en los primeros años de Primaria. Se pierde mucho tiempo con los cambios y no se permite una visión global de los temas. Creo que en los primeros cursos no tienen mucho sentido las asignaturas como tales.
    - Las clases son ruidosas. Se grita demasiado.

    (sigue en otro cometario)

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  6. De los profesores de secundaria, colectivo al que pertenecen muchas de mis amistades, me molesta especialmente el desprecio con el que hablan de los alumnos de entornos de bajo nivel cultural. Los Yonatan y las Yésicas, los llaman. No digo que sea fácil trabajar con chicos no demasiado respetuosos y poco acostumbrados a trabajar, pero los profesores se deben fundamentalmente a ellos (son las clases medias-bajas las que llenan los institutos públicos) y sin embargo lo que quieren muchos es quitárselos de encima. En este sentido entiendo lo que dice Aloe de los profesores ‘melancólicos’… aunque creo que yo les doy un poco más de margen de confianza, creo.

    Y esto es todo por hoy. Espero haber despejado tus dudas.

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  7. Cristina, sin los profesores de secundaria no existiría debate educativo. Los de universidad comenzaron a hacerlo con Bolonia. Y de los de primaría, quienes más tenían que decir si tenemos en cuenta el desastre que está resultando, desastre que muchos conocíamos pero que al no haber evaluación de etapa permanecía en silencio y que algunos solo ahora comienzan a conocer entre otras cosas gracias a la evaluación PIRLS-TIMMs 2011, me resulta escandaloso su silencio.

    En cualquier caso entiendo que es posible hablar de por dónde deben ir los ejes de la reforma educativa sin necesidad de este tipo de referencias porque doy por supuesto que el profesorado (básicamente su formación y papel, es una componente más de la reformas que a mi modo de ver habría que encarar.)

    Sobre esa distinción entre tradicionalistas y logsianos no entro. Para mí tradicionalista es quien se aferra a lo que hay y en ese sentido donde más tradicionalistas encuentro es justamente entre estos, caracterizados por echar siempre balones fuera y atribuir todos los fracasos del sistema a causas que ni son suyas ni del sistema, es decir del mundo. Y llevan con esta cantinela muchos años, impávidos viendo como la situación se pudre.

    Hay alguno que otro malentendido en tu escrito que no voy abordar hoy porque no tengo claro de dónde salen y seguramente quien mejor los aclare sea el tiempo.

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  8. Pues sí, estaría bien que los profesores de Primaria (y todos en general) se movieran por algo más que por sus propios intereses laborales. Lo que me da la impresión también es que nadie les ha consultado nunca nada sobre ninguna de las reformas que se han hecho. Quizás oír su voz sea necesario. Y puede que sin los profesores de secundaria no existiría debate educativo... pero a los que yo conozco (una pequeñísima muestra dentro del colectivo) lo que les interesa del tal debate es más su problema con los alumnos disruptivos, que la calidad de la educación. En cualquier caso, todo lo que he dicho es obviamente matizable y reconozco que no vale con impresiones. Al final, podemos tener nuestras ideas pero deberíamos siempre movernos de acuerdo a los datos y a la experiencia. Por ejemplo, yo en un momento dado pensaba que lo que hacía falta era 'mano dura' en la ESO y que tenía que repetir todo aquel que no cumpliera unos mínimos, etc. Pero leyendo entre otros a J.M. Lacasa (con el que se puede no estar de acuerdo pero al menos maneja estadísticas) me he dado cuenta de que en España los chicos repiten muchísimo más que en ningún país civilizdo, no sólo en Secundaria sino tambien en Primaria, y he concluido que esto no sirve para nada. Ahora soy más partidaria de la flexibilidad y las clases de refuerzo. Por ejemplo.

    Mi impresión es que si no nos empeñáramos en tratar a todo el mundo de la misma manera, con la manía esa de que todos los críos son iguales, les iría a todos un poco mejor, a los menos y a los más dotados.

    También hay un problema en la formación del profesorado, en el acceso a la función docente y de falta de incentivos. Pero ya de esto hemos escrito mucho.

    Un saludo.

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  9. Casi sin querer van saliendo cuestiones. La educación en España la deciden los pedagogos, los sindicatos, las organizaciones de padres y la Administración de turno. Los profesores no tienen otra representación que los sindicatos y en mi opinión, y creo que en la mayoría absoluta de los casos, los profesores no entendemos que sean los sindicatos quienes nos representan cuando de lo que se habla es del modelo de sistema educativo o la organización escolar. También el claustro ha sido vaciado de poderes. En nuestro país no existe cauce legal que comunique directamente a la Administración con los profesores, porque tampoco la inspección cumple ese cometido.

    Para mí el modelo sigue siendo Finlandia. Reconocimiento del mérito y la excelencia pero que nadie se quede atrás. En el modelo finés un 25% de los alumnos son excelentes, el porcentaje más alto del mundo, al tiempo que tienen la menor tasa de fracaso, un porcentaje casi técnico.

    Cuando el sistema está bien concebido y las piezas funcionan es posible al mismo tiempo incrementar el nivel de los alumnos y reducir el nivel de fracaso. La cuestión está en detectar los alumnos que se quedan rezagados desde el primer momento para poder hacer labor de refuerzo y de ese modo evitar la repetición.

    Pero necesitamos maestros buenos e ideas muy claras para llevar esto a efecto. Necesitamos una composición por sexos más compensada como necesitamos que a las escuelas de magisterio no vayan solo personas de letras. Y necesitamos abandonar el pedagogismo porque se ha demostrado que lo único que fomenta es fracaso.

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  10. "Pero necesitamos maestros buenos e ideas muy claras." ¿Echamos a los que hay? ¿Dinamitamos las escuelas de magisterio y las hacemos de nuevo? ¿A quiénes ponemos a preparar a los futuros maestros? Ahora mismo no entra nadie y cuando se tengan que ir reponiendo las bajas es más que probable que sigan los que ya están (los interinos que aún resisten y que llevan años ganando puntos) porque el sistema está montado así. En la universidad tampoco se entra a menos que uno sea de la secta por lo que tampoco debemos esperar que las futuras generaciones salgan mejor formadas.

    "Necesitamos una composición por sexos más compensada". ¿Con discriminación positiva? ¿Con campañas publicitarias para animar a los chicos? Ver punto anterior.

    "Necesitamos que a las escuelas de magisterio no vayan solo personas de letras." La verdad es que no creo que a las escuelas de magisterio vayan solo personas de letras. En cualquier caso, la cosa no tendría importancia si se les enseñara ciencias en la escuela en cuestión y no es el caso. Ver primer punto.

    "Y necesitamos abandonar el pedagogismo". En la práctica no sé hasta qué punto domina el "pedagogismo" si no es para dar la lata con informes y trabas burocráticas varias que, en eso te doy la razón, habría que abandonar. Esto lo dicen muchos de los propios profesores, no es que me lo invente yo.

    Lo anterior es también más o menos válido para los profesores de secundaria que creo que - en contra de la opinión de J.M. Lacasa - tampoco están bien preparados. Y lo creo porque conozco la universidad española.

    En fin, que lo que quiero decir es que los profesores en activo probablemente sean los menos interesados en cambiar las cosas. Por no querer, no quieren ni un sistema de incentivos por si se deja a alguien en evidencia. Lo que no quita que haya buenísimos profesionales y personas muy comprometidas, conste.

    Aquí ya puedes ser un profesor perfecto al estilo finlandes que no te va contratar ni el Tato... a menos que el Tato sea tu cuñado y tenga una escuela :-)

    Pero bueno, al mismo tiempo los profesores pueden hacer más que yo que, a mi pesar, no pinto nada en todo esto. De hecho, visto el panorama, los profesores que ya están en el sistema son los únicos que a día de hoy pueden hacer algo. ¿Van a querer hacerlo?



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  11. No se hizo Roma en un día. Lo importante es dar pasos en la buena dirección. Para mí por ejemplo es importantísimo que se refuercen como se habla que se va a hacer los contenidos instrumentales: matemáticas y lengua. Las matemáticas actualmente están de la mano de dios. Por otro lado es evidente que la inspección debe estar para algo y ahora está para nada. Lo de los maestros ya le he dicho más veces: efectivamente con una nueva conciencia social. Observa que en Finlandia con lo bien que les va lamentan que no haya más maestros varones.

    Te veo demasiado escéptica

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  12. Lo que quiero decir es que creo que los profesores, como colectivo, no tienen más interés que otros en la mejora de la educación. Si los de secundaria iniciaron el debate en su día fue, pienso yo, por los problemas derivados de la obligatoriedad de la secundaria (el trato con los Yonatan y las Yésicas). Y si ha habido movilizaciones ahora ha sido fundamentalmente por cuestiones laborales (algo, por otro lado, absolutamente legítimo). En realidad no creo que haya nadie, o al menos nadie organizado como colectivo, que quiera dar pasos en ninguna dirección que no sea en la del interés propio.

    Sí, soy (¿estoy?) muy escéptica.

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