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17 junio, 2007

Sigo aquí.

Se lamentaba el señor Zapatero en la entrevista que le realizó Iñaki Gabilondo para los informativos de la Cuatro, de que la aprobación de la Ley de Igualdad no constituyese noticia de portada y en su lugar los periódicos continuasen hablando de ETA.

Hace también muy poco publicaba el diario El País una noticia con un titular parecido a: “Una gestora dirigirá la Federación socialista de Madrid sin atender a cuotas”. Ahora varias ONG denuncian el fracaso de la Ley contra la violencia de género. También los expertos andan desorientados por el resultado electoral pues resulta difícil explicar como en un contexto de crecimiento económico, y prosperidad más o menos generalizada, el partido en el Gobierno obtiene los resultados que obtiene.

No se me escapa que para cada uno de esos hechos, habrá diferentes interpretaciones; por ejemplo la que realizan las impulsoras de la Ley contra la violencia de género, quienes, sin la más mínima autocrítica, siguen propugnando sucesivas vueltas de tuerca, en una espiral de progresivo vaciamiento de las garantías jurídicas para los hombres, y como en tantas otras ocasiones seguramente terminarán haciendo oídos sordos a los muchos y muchas que en reiteradas ocasiones anunciábamos que el camino que se emprendía no era el correcto.

Por cierto y teniendo en cuenta que se trata de una Ley votada por unanimidad de las Cámaras, debiera ser motivo de reflexión y análisis el porqué la Cámara en pleno apoya una Ley a la que habían planteado reservas el Consejo de Estado y buena parte de la carrera judicial, pero que finalmente se promulgó en los términos que apoyaban las agrupaciones feministas más radicales y maximalistas e incorporando algo tan poco igualitario como la separación por géneros en la aplicación de la Ley. Me sorprende que ni una sola voz se alce para hacer algún comentario al respecto.

En relación con la cuestión de la gestora de la Federación socialista madrileña, da que pensar que en las situaciones de crisis o cuando hace falta un esfuerzo especial, ahí sí, parece que se tenga que echar mano del criterio de mérito y capacidad, algo así como cuando hay beneficio nos lo repartimos a medias, en caso de pérdidas sálvese quien pueda. Esto de la paridad creo se hubiera merecido una reflexión más detenida y seguramente habrá que terminar haciéndola pues no puede ser que se imponga en unas ocasiones y quien la impone prescinda de ella cuando le parece.

En relación con los resultados electorales desconozco el peso que hayan podido tener las “leyes de igualdad” pero me niego a pensar que haya sido nulo. Un buen porcentaje de personas entienden que la discriminación positiva está yendo mucho más allá de lo razonable, y muchos padres, cientos de miles, están hartos de la legislación y la práctica judicial en relación con la custodia de los hijos.

En fin, he escrito estas líneas de forma un poco apresurada, pero la verdad quería romper el silencio a que me están condenando otras obligaciones. Un saludo

3 comentarios:

  1. Anónimo8:17 p. m.

    Por supuesto, yo no voté, ni votaré jamás a un partido político que me discrimine por haber nacido hombre. Y hablando de discriminaciones, qué les parece el dedo que la Sra. Moliner vuelve a poner en a "llaga":

    Cámbiale el nombre y parecerá nuevo.

    EMPAR MOLINER 18/06/2007

    Leo en EL PAÍS del martes que Joan Saura ha impulsado un programa
    integral contra la violencia. Digo violencia, pero debería decir violencia machista para ser fiel a sus palabras. Precisamente, Saura ha explicado que uno de los objetivos que tiene su departamento es sustituir el concepto de violencia doméstica por el de violencia machista. De este modo "se incluirán otro tipo de malos tratos (violaciones, mutilaciones genitales o matrimonios forzados) que algunas mujeres sufren en los ámbitos familiar, laboral, social o de pareja". En la noticia leo también que el perfil de la víctima
    responde al de una mujer de entre 11 y 20 años de nacionalidad
    española; mientras que el agresor potencial es un varón de entre 21 y 40 años.

    Noten que en la información se da a conocer la procedencia del perfil de la víctima, pero no la del agresor potencial. Y cuando ocurre esto, inmediatamente piensas en la posible razón. Será (te dices) que la procedencia de los agresores no es española como la de las víctimas y, por tanto, sería incorrecto destacarla. Vivimos en un mundo en el que
    decir que un agresor potencial es, por ejemplo, chino,latinoamericano o de países musulmanes no es adecuado. (Sí lo sería si el agresor potencial fuese
    catalán, francés o norteamericano).

    Pero está muy bien que Saura quiera dejar de usar el término
    violencia doméstica, porque es ridículo e inexacto. La violencia entre dos personas que han tenido o tienen una relación sentimental, pero que se da en la calle, en una discoteca o en un avión no puede ser doméstica. Para que lo
    fuera debería ocurrir dentro de casa.

    Llamarlo violencia contra las mujeres aún es peor porque estos
    delitos no sólo se dan contra nosotras. También hay homosexuales que sufren malos tratos y abusos por parte de sus parejas. Pero llamarlo violencia machista,
    como propone Saura, para -según dice- poder incluir delitos como
    "violaciones, mutilaciones genitales o matrimonios forzados que algunas mujeres sufren en los ámbitos familiar, laboral, social o de pareja" también es ridículo e injusto. Las mutilaciones genitales las sufren las mujeres.
    Pero ¿acaso no son las mujeres quienes las practican? En cuanto a los matrimonios forzados, estamos de acuerdo en que los sufren
    (mayoritariamente, no exclusivamente) las mujeres, pero ¿acaso no se encargan también de negociarlos las madres y las abuelas de la víctima? Parece como si las mutilaciones genitales y las bodas forzadas, que
    son delitos atroces, las cometieran sólo los hombres de la familia mientras las mujeres de la familia sufren en silencio. Y aun en el caso de que fuera así
    en algún caso, ¿tenemos que quitar toda la responsabilidad a esas
    mujeres?

    La muchacha asesinada en Francia hace unos días por haberse enamorado de un chico no musulmán creyó que su madre la protegería de sus familiares varones. No fue así. Su madre la dejó sola en casa para que fuesen a matarla
    tranquilamente. ¿Esa mujer no es culpable de la misma violencia
    machista que su marido?

    Con las violaciones pasa lo mismo. Hay hombres, mujeres y niños
    violados. No siempre son los hombres los que violan, aunque sea la mayoría de las veces.
    El chico hindú violado por hombres de su pueblo por dejarse ver con
    una mujer de casta superior, ¿sufrió violencia machista? Creo que sí, que ésta se puede dar entre machos. Y las mujeres policía de la comisaría de
    Les Corts que vejaron a la detenida desabrochándole la blusa y burlándose de sus pechos desnudos, ¿cometieron violencia machista? Supongo que también,
    porque si este abuso intolerable lo hubiesen cometido dos hombres policía habríamos considerado que la cometían. Por tanto, la violencia machista la cometen
    hombres y mujeres contra hombres y mujeres. Y entonces, si la
    cometemos todos, ¿no sería mejor llamarla violencia y ya está? ¿No sería mejor considerar cada delito como un delito individual? El chico que ha matado a los tres miembros de su familia es un asesino. El hombre que ha matado a
    hachazos a su mujer no es peor que él ni tampoco mejor. Hablar de violencia machista incluso cuando la cometemos nosotras, las mujeres, es como estar diciendo que si algunas de nosotras somos violentas no es porque las mujeres
    seamos seres individuales, complejos y autónomos igual que los hombres, sino porque nos comportamos como los hombres. Que es lo que me dirán algunas de
    mis fieles lectoras por haber escrito este artículo.

    moliner.empar@gmail.com

    Saludos.

    Fran

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  2. Anónimo5:27 p. m.

    Conocéis las obras de Christina Hoff Sommers? Feminista disidente, denunció hace años en USA lo que ahora está ocurriendo aquí.

    http://dissidentfeminisme.blogspot.com/

    Jaume

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  3. Anónimo1:30 a. m.

    Violencia de género: detener un hombre cada 4 horas.

    Una vez más la justicia ha vuelto a criticar la ley de “Protección Integral contra la Violencia de Género”. Las razones son las mismas que siempre y señalan sus deficiencias.
    La primera y determinante es que no cumple con los fines para los que en principio se legisló: combatir la violencia en la pareja y, de manera especial, disminuir el número de homicidios.

    El resultado es espectacularmente malo: 28 muertas en lo que va de año, un ritmo que de mantenerse se situaría por encima de las 65 mujeres muertas a final de año. En total, desde que se legisló la ley, el número de víctimas mortales ha ascendido a 158.

    Ahora, la Memoria del 2006 de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, vuelve a señalar lo que con anterioridad ya han manifestado multitud de jueces, entre los que destacan, la Decana de los jueces de Barcelona y la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, cuyas críticas como profesionales poseen la significación añadida de su condición de mujer.

    La fiscalía escribe cosas de este tenor: “No ha tenido un importante efecto disuasorio sobre les agresores, puesto que no sólo no han disminuido el número de denuncias, sino que no son pocos los supuestos en que el agresor vuelve a reincidir”. Más claro imposible.

    Pero es que además de no servir para lo que estaba previsto, la ley crea problemas graves que no existían. Uno de ellos es el de la judicialización de las relaciones de pareja y la criminalización del hombre. Solo en Barcelona, es detenido en razón de esta ley, un hombre cada cuatro horas.

    Esta masificación tiene otra consecuencia que es el bloqueo de la justicia y la incapacidad de las fuerzas policiales para atender debidamente tantas situaciones distintas. Y es que el problema de fondo radica en que la ley no permite separar el grano de la paja.

    Un gran número de incidentes domésticos no deberían llegar nunca al juzgado, sino que deberían ser resueltos en el marco de la conciliación familiar como sucede en la mayor parte de Europa.

    De esta manera el incipiente conflicto no se agría por su judicialización y en un tanto por ciento muy importante, del orden del 80, se llega a soluciones positivas, bien por la reconciliación de la pareja, bien por su separación amistosa. Esto permitiría concentrar los recursos sobre los casos realmente graves, donde existe una amenaza evidente, descongestionaría los juzgados y permitiría una mayor agilidad en todos los procedimientos.

    El informe de la fiscalía también solicita que se modifique de la ley la obligatoriedad de la pena de alejamiento e incomunicación, dejándola solamente para los casos graves, puesto que como señalan los propios fiscales esta medida extrema que arruina la vida de la pareja y de manera particular al hombre expulsado, es adoptada cuando no lo pide ni la víctima y además existe aún una plena convivencia de pareja.

    Los fiscales señalan, también algo obvio ligado a toda la concepción penal, como es la necesidad de programas de rehabilitación para los agresores, puesto que de lo contrario continuarán repitiéndolo con la misma o nuevas víctimas.

    En teoría todo el sistema penal español está fundado en la rehabilitación del preso, pero esta ley se ha hecho con el único propósito de meter a los hombres en los juzgados y a ser posible en la cárcel, no tanto para ayudar a la mujer. El resultado está a la vista: consagrar el conflicto entre ambos que impulsa la ideología de género como un remiendo mecanicista de la lucha de clases.

    La ley se elaboró sin contemplar las causas objetivas que convierten en grave los conflictos entre la pareja y prescindió absolutamente de toda la experiencia europea en este campo. Inventó una ley nueva, una anomalía jurídica a escala mundial. El resultado obviamente es un desastre.


    Editorial de Forum Libertas, 21de mayo de 2007


    "Primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego luchan contra ti, ¡y entonces tú ganas!" (Mahatma Ghandi)

    Fran.

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