Hablo de atropello porque es la única manera que se me ocurre de describir la actitud del feminismo dominante, tanto a la hora de abordar el conocimiento de los problemas sociales como en sus intentos por imponer a toda costa su ideología.
Porque atropello, en este caso a la lengua, es el que cometen con sus iniciativas para eliminar el sexismo en el lenguaje; como atropello a la ciencia y su ámbito es pretender zanjar la discusión en torno al SAP mediante una disposición legal que lo niega; como atropello a la sociología son sus encuestas y sus estadísticas sobre maltrato y discriminación; como atropello y desprecio a la verdad constituye el manejo de cifras, por ejemplo aquí y aquí, de las que se desconoce su fundamento real cuando hablan de prostitución u otras discriminaciones, como atropello es el ejercicio de medias verdades sobre la tan traída y llevada discriminación salarial de las mujeres.
Atropello a la ciencia, atropello al método, atropello a la verdad… Atropello contra el que cada día se levantan más voces pero del que se echa a faltar a los poderes públicos, atentos exclusivamente a no molestar a un sector que se entiende como movilizador de un electorado especialmente sensible. Atropello que sin embargo deberá ser frenado y corregido si queremos recuperar la salud democrática del país.