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30 octubre, 2011

La crisis y un artículo de prensa.


Del mismo modo que nuestra crisis económica no es totalmente asimilable a la de otros países, que sí sufren la crisis financiera internacional pero  mantienen  tasas de paro de menos de dos dígitos y, en muchos casos, tasas semejante a las que tenían antes de estallar ésta, en el plano político sucede algo parecido y el desprestigio de la clase política española  no se ciñe al desgaste propio de la crisis sino que va mucho más allá y abarca a todos: izquierda, derecha y centro, nacionalistas y no nacionalistas, y lo hace porque gran número de ciudadanos no se sienten representados en un Parlamento que hace muchos años ha decidido desvincularse de las preocupaciones e intereses de la gente para declararse sujeto con vida propia al margen de la ciudadanía.

Y que los “teóricos” del sistema no arguyan que se trata de los jóvenes del 15M, porque más allá de la imagen distorsionada  que del mismo se pretende, muchas otras personas, algunas intelectuales de muy reconocido prestigio o bitácoras de muy amplia aceptación  como Nada es gratis o Deseducativos vienen señalando la sordera del sistema para un diagnóstico certero de nuestros males: sean estos los de la economía, o los de la educación, sordera e incapacidad de la que participarían los dos grandes partidos y quizá el espectro parlamentario entero.  Sordera que abarca otras cuestiones como la  custodia compartida o un nuevo régimen de separación y divorcio, reivindicaciones éstas  que, no por  condenadas al ostracismo, dejan de  preocupar ¡y de qué manera! a tantos ciudadanos.   

Por eso, cuando uno lee artículos como el de Daniel Innerarity: Los sueños y las urnas, uno no puede por menos que sentir una cierta frustración, porque tiene la sensación de que se ha confundido la política con la aceptación de un sistema en el que dos partidos vienen alternándose en el poder como lo hacían en el sistema de turnos de la Restauración, pero también porque se decide ignorar gravísimos problemas de nuestro sociedad algunos de los cuales he pretendido señalar más arriba. Por ir al grano en una sola de las cuestiones, la que tiene que ver con el funcionamiento del feminismo en nuestro país y las nociones de igualdad y no discriminación puestas en práctica por el mismo, sometámosla al criterio del autor, por ejemplo, cuando dice:

“En una sociedad democrática, la política no puede ser un medio para conseguir plenamente unos objetivos diseñados al margen de las circunstancias reales, fuera de la lógica institucional o sin tener en cuenta a los demás, entre ellos a quienes no los comparten. Cualquier sueño político solo es realizable en colaboración con otros que también quieren participar en su definición. Los pactos y las alianzas ponen de manifiesto que necesitamos de otros, que el poder es siempre una realidad compartida. La convivencia democrática proporciona muchas posibilidades, pero impone también no pocas limitaciones. De entrada, los límites que proceden del hecho de reconocer otros poderes de grupos o intereses sociales con tanto derecho como uno para disputar la partida.”

O éste otro:

“Por eso la acción política implica siempre transigir. Quien aborda cualquier problema como una cuestión de principio, quien habla continuamente el lenguaje de los principios, de lo irrenunciable y del combate se condena a la frustración o al autoritarismo. La política fracasa cuando los grupos rivales preconizan objetivos que según ellos no admiten concesiones y se consideran totalmente incompatibles y contradictorios. Todos los fanáticos creen que sus oponentes están fuera del alcance de la persuasión política. Nadie que no sea capaz de entender la plausibilidad de los argumentos de la otra parte podrá pensar, y menos actuar, políticamente.”

Porque vaya si la política ha servido para que el neofeminismo haya conseguido, contra todos, sus objetivos: sean estos la ley contra la violencia de género con su asimetría de trato a hombres y mujeres, o un régimen de separaciones matrimoniales en las que no sólo se niega la custodia compartida, también se impide un reparto equitativo del patrimonio familiar, pero más allá de esas grandes leyes, en la práctica no existe ley o decreto, de al menos los últimos 10 años, que no recoja alguna disposición de su cosecha: se trate de la etapa 0-3 en la educación,  la determinación de cuando es discriminatorio el trato en las primas de seguros, o  las prioridades en la sanidad pública…

Pero también y en lo que se refiere al reconocimiento del otro, sencillamente decir que al igual que la Iglesia en la edad media, este neofeminismo  ha procedido a la excomunión,  al anatema, a depararle al otro la misma consideración que aquella Iglesia dispensaba a los infieles. En nuestro país defender un derecho reconocido en la inmensa mayoría de los países avanzados como el de la custodia compartida se ha convertido en cosa de maltratadores, y el SAP o la educación diferenciada en las escuelas, más que motivo de diferencias de criterio sobre aspectos no completamente resueltos en el plano intelectual y científico, se han convertido por obra y gracia de un Parlamento que actúa al dictado de este lobby,  en una instrucción a los jueces y la fiscalía para que no reconozcan el síndrome de alienación parental  y para el caso de la educación diferenciada declarando directamente su prohibición  desde los Parlamentos autonómicos. 

Es decir, esas reglas que a Innerarity le parecen consustanciales con la democracia, por quien han sido subvertidas es por el propio poder que, lejos de ponerse al servicio de los ciudadanos, ha decidido que mejor ignorarlos y proceder como aquellos monarcas absolutos que en su momento aplicaron la máxima del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo y sin que el programa, al menos, sea reformista en el sentido de los tiempos.