En la lucha por objetivos sociales cuentan los fines pero también los medios. De tal modo que aún coincidiendo en los fines se podría discrepar en los medios. Viene esto a cuenta de que aún en el supuesto de aceptar de buen grado todos los fines del feminismo, estaría por dilucidar si también los medios serían los más adecuados. Y no parece que sea así, por ejemplo tomar una parte de la Administración como propia para gestionarla con criterio de género, como sucede en tantas y tantas instancias de la administración creadas por y para las mujeres: en su momento Ministerio de igualdad, ahora secretaría, o el Instituto de la mujer, o las múltiples: consejerías, concejalías etc. dedicadas a la mujer.
Primero porque segregan -eso que en otros momentos parece tan poco de su agrado-, pero también porque crean un precedente que finalmente a lo que empujará es a que otros colectivos puedan hacer lo mismo, con el resultado de que finalmente no tendremos una administración pública que favorece el interés general, sino diferentes administraciones defendiendo intereses de colectivos, intereses que se impondrán con mayor o menor contundencia según el peso político de cada colectivo, y no según criterios generales de justicia e igualdad.
Pero hay también en la acción feminista, más ahora que ha situado un amplio abanico de leyes de género en nuestro marco jurídico y político, una renuncia al debate y la explicación, una renuncia a la trasparencia y la claridad en la toma de decisiones, que difícilmente se pueden entender como modelo a seguir, antes bien, se hace necesario evitar. Y, sobre todo, una administración de los silencios y la invisibilidad cuando más necesario sería que se explicasen y dejasen ver. Léase lo que ahora mismo denuncia Plutarco en relación con las campañas contra el cáncer, pero léanse todas esas omisiones en relación con el fracaso escolar y tantos otros temas a los que a diario nos venimos refiriendo en esta bitácora.