Si os paráis a pensarlo un poco, y con las diferencias lógicas derivadas del distinto momento y el diferente marco institucional, el funcionamiento de nuestra democracia, al menos desde los gobiernos Zapatero, recuerda bastante al del sistema de turnos de la Restauración. Dos partidos que comparten lo fundamental se van sucediendo en comunidades y a nivel central, pero sin que constituyan opciones realmente diferenciadas.
Forman parte del cuadro los nacionalismos vasco y catalán, el neofeminismo y los sindicatos. Entre todos forman un entramado que bien podría considerarse el establishment en el que unos refuerzan a los otros, pero sin que se muestren capaces de dar solución a los grandes retos del país, cosa que la ciudadanía percibe muy bien y expresa cuando califica su actuación más como problema que como solución y así lo recoge el CIS desde hace bastantes años.
No pretendo ser alarmista ni sacarme conejos de la chistera pero diferencias cuantitativas tan abultadas como las que se observan en los parámetros económicos y educativos de nuestro país en relación con los de nuestro entorno, acaban señalando diferencias cualitativas y el riesgo de sociedad dual que expresan casi cinco millones de parados o un paro juvenil de más del 45 % por no abundar en las cifras de fracaso y abandono escolar, es mucho más que una posibilidad remota. Y esto es de lo que no se está hablando en nuestro país, de la magnitud del problema y como se haya de abordar.
En mi opinión ni PSOE ni PP se plantean una reforma seria de la educación que mida su calidad por los resultados de quienes la reciben, porque supondría enfrentarse con quienes se han acabado convirtiendo en sus verdaderos valedores: el neofeminismo (feminismo fundamentalista) y el sindicalismo, éste último incluso se ha olvidado del clasismo de nuestro sistema cosa que ya ni tan siquiera menciona.
En cuanto a lo del mayor fracaso escolar masculino se ha vuelto algo tan consabido que se da por descontado. Mientras tanto, en países como EE.UU, o Alemania y a pesar de importantes resistencias, al menos ya se ha planteado abiertamente al más alto nivel: en el caso de los Estados Unidos con el Informe encargado por Obama a Warren Farrell y en el caso de Alemania con lo expresado por la ministra de educación en relación con la necesidad de caminar en la dirección de igualar por sexos el profesorado y combatir la brecha de género.
Es por eso que, aun cuando el PP gane las próximas generales, no espero grandes cambios en la educación, fuera de medidas puntuales que no cuestionen su “filosofía” de base, debido a su dependencia para cualquier acuerdo de los sindicatos y el feminismo (éste encuentra su mejor expresión en la fuerzas políticas y los propios sindicatos y en gran cantidad de situaciones no precisa actuar de forma diferenciada, como recientemente ha sucedido con la incorporación a la enseñanza pública de la etapa 0-3 años, que sin embargo nos aleja definitivamente de un modelo como el nórdico donde se considera fundamental para la formación del niño la permanencia de los hijos con la familia en los primeros años de vida, -en Finlandia, cosa que cito sólo a efectos ilustrativos-, hasta los siete años).
En esa medida, en la medida que tengo la impresión de que en el corto plazo será escaso lo que se consiga, mi propuesta educativa iría en la dirección de un replanteamiento del sistema muy en profundidad, y concediendo gran importancia a las primeras etapas de la escolarización, sabiendo como sabemos que el fracaso escolar se gesta en Primaria y que es ahí donde se inicia la brecha de género, para lo que se haría necesario arbitrar medidas como la necesaria igualación por sexos del profesorado e incidiendo en las grandes dificultadas detectadas: lectura comprensiva y cálculo.
En el convencimiento de que en esas etapas de Infantil y Primaria se atajasen esos dos grandes problemas el planteamiento de la secundaría podría realizarse en condiciones que con la situación actual es difícil imaginar. Por supuesto ni la Religión ni Educación para la ciudadanía (tal como ahora está concebida) tendrían cabida en ese modelo y desde luego habría que devolver a la Filosofía y la Historia el lugar que siempre les correspondió sin olvidar las Ciencias y las Matemáticas. En ese sentido tan importante sería para mí la lectura comprensiva como combatir el anumerismo. Tan importante el pensamiento científico como el humanístico.
Ni que decir tiene que el eje de la evaluación lo constituiría el mérito y la capacidad, porque entiendo que los mecanismos para favorecer la igualdad social deben buscarse en otro lado y no en la medición del rendimiento educativo, lo que por otro lado deja bien a las claras el actual sistema, donde sin hacer justicia a los méritos de cada uno, se termina mal calificando a todos y expulsando del sistema educativo a esos elevados porcentajes de alumnos que constituyen el fracaso y el abandono escolar.
En fin, como el tema es muy largo, sólo por añadir una cosa más, explicar que tengo el total convencimiento de la tesis de Inger Enkvist de que en un sistema como éste del que hablo, con un mayor grado de exigencia, pero donde se han establecido claramente los medios y los objetivos a conseguir, los resultados de los que ahora con más frecuencia fracasan: varones e hijos de las clases menos pudientes, serían distintos a los ahora observados, cosa que estaría también en consonancia con nuestra historia educativa, en la que se puede ver con claridad, que es a medida que avanza el actual sistema cuando las brechas de clase y de género se van ensanchando.