Es verdad que no conseguimos arrancar ni una sola palabra sobre muchos temas: fracaso escolar masculino, custodia compartida, ley contra la violencia de género… al neofeminismo, en cualquiera de sus expresiones: feminismo institucional de género u hombres profeministas, pero eso, lejos de significar una derrota, representa a mí entender un importante paso adelante.
Quien rehúye explicar el contenido de sus propuestas y ya sólo se acoge al poder que le brinda lo oficial, está en lo que en su momento Miguel de Unamuno expresó como: vencen pero no convencen, y esa también es la primera forma de empezar a perder. Como pone de manifiesto la Declaración de Barcelona de los hombres profeministas, su argumentario -y hay que pensar que ya sólo enuncian algunos temas callando sobre otros como la custodia compartida, el fracaso escolar masculino o la ley de violencia de género- no resiste el más elemental de los análisis, ni la más pequeña de las críticas.
En relación con la cuestión de los libros para entender a las mujeres, estamos en la sempiterna cuestión de la subjetividad femenina que nos habla de un ser especial que precisa, no de un manual, sino de muchos libros para ser entendido, subjetividad que en los últimos tiempos parece invadirlo todo: desde las relaciones interpersonales hasta la política y el Derecho positivo y cuya llave de interpretación estaría reservada a ellas mismas. Es de ese modo que haya de interpretar, al menos en buena parte de sus manifestaciones, la violencia de género o el acoso sexual, como de forma un tanto esperpéntica se puso de manifiesto en el llamado Elevatorgate que en su momento comentamos en esta bitácora.
Pero más allá de esas y otras leyes, constituye como una marca de género que se traslada a todos los ámbitos de la vida y así una leyenda urbana como, la tantas veces desmentida y nunca probada, discriminación salarial femenina cuando parecía que por falta de argumentos se había ido, reaparece con el mismo vigor de siempre en el artículo que acompaña la entrada que aquí comentamos, pero también en un terreno tan aparentemente alejado de estas cosas como las candidaturas a la secretaría general del PSOE o la presidencia del Gobierno donde al parecer la forma de postularse no es en positivo, no es reclamándose en el derecho a hacerlo por los motivos que se estime oportunos, sino en forma de reto que se lanza a los demás para que demuestren lo contrario.