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03 enero, 2011

Violencia feminista

Tras la polémica, los boicots y el rechazo de la comunidad feminista americana a estas voces disidentes, las dos autoras han experimentado la intransigencia de un pensamiento que raramente se cuestiona a sí mismo y que pocas veces plantea estudios auto-críticos; que no tolera opiniones que difieran de los conceptos fundamentales de la epistemología feminista asumida y cuyas investigaciones empíricas han sido cuestionadas por su falta de rigor y objetividad. (La negrilla es mía)

Cualquier mujer que no se identifique con las tesis expuestas por ellas, será calificada de traidora y en el caso de los hombres, de maltratadores o reaccionarios, además, de ser alineados con la derecha más conservadora. El miedo a ser políticamente incorrecto invade a dirigentes políticos, miembros de la comunidad académica, periodistas e investigadores y no se trata de un temor infundado. Quizás es por eso por lo que las investigaciones arrojadas por el feminismo en las cuestiones de violencia casi nunca son cuestionadas ni revisadas por quienes se hacen eco de ellas, tal y como evidencia Sommers (1994) en su libro.

Los dos párrafos anteriores están sacados del trabajo: FEMINISMO DISIDENTE de Ana LEÓN MEJÍA (IESA-CSIC, Córdoba) del que ya hemos hablado aquí, y, a propósito de la reacción de los círculos feministas dominantes contra los trabajos  de: Camille Paglia, con Sexual Personae, Art and Decadence from Nefertity to Emily Dickinson (1990) y Christina Hoff Sommers, con Who Stole Feminism? How Women Have Betrayed Women (1994)

Episodios del mismo tenor los relata Elisabeth Badinter en su libro: Por mal camino, cuando se refiere a los trabajos de de Neil Gilbert y Katie Koiphe. En nuestro país recientemente se reventaron por parte de grupos de estas feministas unas jornadas sobre el SAP (síndrome de alienación parental) que se iban a celebrar en la Universidad de Madrid y, los intentos de linchamiento de María Sanahuja y el juez Serrano son tan recientes y están tan en la mente de todos que no son precisos mayores detalles porque todo el mundo los conoce. Por eso se me ocurren las siguientes preguntas: ¿Por qué esta violencia feminista permanece soterrada y callada?  ¿Qué intenciones albergan quienes actúan de ese modo y lo hacen con la connivencia de casi todos? ¿Se pueden seguir callando estos episodios? ¿El fascismo si no tiene rostro masculino no es denunciable?