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18 diciembre, 2008

El muro de la vergüenza

Cuando en 1989 el muro de Berlín fue echado abajo, muchos creímos que no sería posible repetir la experiencia de uno nuevo. Hoy, sin embargo, se hace necesario revisar esa creencia porque además del levantado en Israel para separar a judíos y palestinos, aquí, entre nosotros, como marco en el que se ha de desarrollar nuestra vida se está levantando otro, éste no de piedra y quizá menos visible, pero no por ello menos muro o menos separador, cual es la ideología de género, que en muy poco tiempo se ha adueñado de nuestra vida política y ha penetrado con fuerza en nuestro sistema educativo.

Leo en el texto de Educación para la ciudadanía de Edebé para la ESO:

“La violencia doméstica, tanto física como psicológica, es aquella que sufre la mujer en el ámbito familiar. Es especialmente grave porque el agresor suele ser su pareja, con la que mantienen, o han mantenido, un vínculo afectivo. También la pueden sufrir los hijos de la pareja.
La violencia doméstica se da en la mayoría de los países y en todas las clases sociales. La principal causa es la discriminación frente al hombre, como la mujer es considerada un ser inferior, e incluso propiedad del hombre, puede ser castigada de esta manera.”

En el mismo texto y como actividad se propone lo siguiente:

Leed el siguiente testimonio de una joven y comentad en clase si lo que le ocurre es una forma de violencia psicológica ¿Qué creéis que debería hacer esta joven?

La relación con mi novio es buena porque es educado y muy amable conmigo y con todo el mundo, pero no me acabo de sentir bien porque no le gustan algunas cosas de las que yo hago, como que lleva falda corta ni pantalones ajustados. Ahora ya no quedo con mis amigas (él no soporta a Silvia ni a Mónica). He dejado los estudios de Bachillerato y me he puesto a trabajar porque él me lo ha pedido, para conseguir dinero y casarnos pronto. Pero cuando nos casemos no quiere que trabaje más, porque dice que debo cuidar la casa y los niños.

Es decir la violencia sólo conoce un sujeto activo y un sujeto pasivo, un verdugo y una víctima, el verdugo él y la víctima ella, y eso lo mismo vale para la violencia física que para la sicológica, y todo ello basado en la consideración de la mujer como un ser inferior. La violencia no es un fenómeno humano es un fenómeno masculino dirigido contra el género femenino, sea cual sea la forma que adopte esa violencia: física o psicológica.

Pero lo mismo daría elegir otro texto y otro tema: por ejemplo el de Edicións Xerais, donde para el tema del bullying o acoso escolar, y después de que lo relatado, por ejemplo a la hora de ofrecer las cifras de bullying, se utilice exclusivamente el género masculino, el caso que se desarrolla es el de una chica de 14 años que sufre todo tipo de violencias y ataques, incluidos un intento de violación y amenazas de muerte, por parte de uno o más compañeros. Es sobre este caso que se hace reflexionar a los alumnos planteando una serie de preguntas que deben responder.

Pero si fuéramos al de la editorial Octaedro y leyéramos lo que en él se dice a propósito del sexismo nos encontraríamos con la siguiente definición:

“La creencia o la diferencia entre las personas por razones de sexo recibe el nombre de sexismo: se afirma que las mujeres son inferiores en todos los sentidos, físicamente, intelectualmente y en cuanto a sus capacidades sociales y de responsabilidad, por lo tanto, estamos ante una forma de discriminación. Reconozcamos que el sexismo, y su forma más habitual el machismo se manifiesta en nuestra cultura en todos los ámbitos y actividades sociales”

En verdad, ¿el mundo es así? ¿Sólo la mujer puede ser víctima de estas violencias? ¿Sólo el hombre o el chico son los agentes de dicha violencia? ¿Es ésta la educación que hará de nuestros hijos e hijas seres iguales? ¿Es esta la educación que combate los estereotipos? ¿Se puede sostener, sin rubor ni duda, que el único sexismo existente es el que minusvalora a la mujer?

El muro que separa hombres de mujeres, ¿es así de grueso? ¿La realidad no tiene más matices? ¿No estará sucediendo que cuando se cree escapar de ciertos estereotipos lo que se hace es construir otros mayores? ¿Es ésta la naturaleza de los géneros?

P.D. Claro que con la misma facilidad de todo lo anterior donde el ejercicio de cualquier forma de violencia parece consustancial con la masculinidad y ajena a las mujeres, donde lo mismo da que se hable de violencia doméstica, bullying o sexismo que el dedo acusador apuntará siempre en la misma dirección: el varón, adulto o joven; podemos asistir casi simultáneamente a uno de esos ejercicios paradójicos y de ambivalencia a los que parece tan proclive la ideología de género, y leer en la prensa de un día cualquiera, por ejemplo hoy, una noticia como ésta.

12 comentarios:

  1. En algún otro libro de texto, he visto el dibujo de una mamá hippie y risueña, con el texto de modelo de educación moderna, y un dibujo de un padre, orondo, diriáse que franquista, y debajo el texto educación tradicional. Por cierto, he empezado una nueva edición de un antiguo blog, en el que cuando hablo de la ideología de género, entrecomillo a drede este término, ya que se trata de una falacia sociológica. Mi blog es http://plutarco-cosasdesexo.blogspot.com/

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  2. Otra noticia publicada hoy relacionada con este comentario que habla de las Navidades de "género": http://www.hazteoir.org/node/16090

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  3. Me gustaría que aclarases un poco más lo de la falacia sociológica de la ideología de género

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  4. Emilio, te adjunto un breve resumen de diversos escritos que analizan la falacia de "género", argumentos que seguramente conoces y que quizás alcancen mayor difusión en tu cada vez más visitado blog. Son argumentos que también he visto en muchos de tus posts desde que te sigo.

    Lo que subyace en todos estos planteamientos es la idea de que el ser humano no está predeterminado por su condición sexual, ser hombre o ser mujer, sino por otra categoría, el género, que corresponde a una construcción cultural, por consiguiente modificable y en buena medida dispuesta para ser servida a la carta. Así hay hombres en cuerpos de mujeres y mujeres en cuerpos de hombre.
    Como puede observarse con este enfoque lo que se hace es transformar situaciones que se dan en una mínima proporción de la sociedad, -la llamada “disforia de género”- se sitúa como mucho en torno al 0,1% de la población y seguramente esta es una valoración sensiblemente elevada, en norma que explica el conjunto del género humano toda su historia y cultura.
    Al actuar de esta manera se están vulnerando todos los fundamentos materiales del ser humano.
    Para empezar: su genotipo. De los 46 cromosomas humanos, la mujer posee un par “XX” que en el hombre es “XY”. En este último cromosoma “Y” hay el llamado gen “TDF” que es el generador de las hormonas masculinas.
    La diferencia está en el propio origen. Esta distinta composición cromosómica y hormonal determina numerosas diferencias en el desarrollo y en la interrelación del ser con el exterior, la interacción con el medio, es decir el fenotipo.
    La estructura genética condiciona aspectos tales como el hecho de que el hombre sea más propenso a las enfermedades hereditarias que la mujer. La talla, el peso, la masa muscular, la temperatura corporal, el consumo de calorías, marcan diferencias importantes.
    A simple vista destacan los caracteres sexuales secundarios absolutamente inconfundibles. Tal diferencia visual, no es algo sin sentido sino que obedece al mensaje que los dos componentes de la especie humana se trasmiten para su relación, que en último término está dirigida a la descendencia.
    Este es un punto extraño y crucial: para la ideología de género la descendencia es un fenómeno marginal. Es la primera vez en la historia humana, en que a gran escala se produce una ideología de este tipo, autoliquidativa de la especie.
    Todas estas cuestiones no nacen de un proceso histórico o cultural, son biológicas, genéticas, nacen de la propia naturaleza humana, no de su cultura, aunque como es lógico se expresen también relacional y culturalmente.
    En el matrimonio y en la función materna y paterna estas diferencias se complementan y confieren al agregado de la pareja un valor añadido que por si solos carecen y que no radica en el número “ser dos”, sino en la cualidad, ser hombre y mujer. Porque esa es la diferenciación que otorga el valor añadido, la capacidad de generar nuevas sinergias. Este valor añadido tiene su traducción más importante en la función educativa de los padres.
    No existe ningún fundamento que avale la teoría de género.
    La cuestión entonces es evidente ¿cómo es posible que una aberración de tal calibre no sea racionalmente contestada desde los medios culturales y científicos?
    ¿Cómo es posible que médicos, psiquiatras, psicólogos, biólogos, en definitiva, todos los campos relacionados con el conocimiento de lo que es el ser humano, permanezcan impasibles ante una ideología que se traduce en políticas concretas que entra de lleno en lo irracional?
    ¿Dónde está el pensamiento ilustrado, los defensores de la razón, los exegetas de la modernidad?
    Ese es el problema y posee una dimensión histórica porque difícil es encontrar a lo largo del tiempo un proyecto cultural y político tan absurdo y al mismo tiempo tan sumisamente aceptado por quienes tienen como oficio el pensar, el escribir y el decir al servicio de la verdad.

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  5. Te agradezco la respuesta. Es cierto que conocía estos argumentos, pero en su momento no tuve muy claro a que te referías. En cualquier caso has hecho un magnífico resumen. En mi opinión la ideología de género es un sistema de ideas para ocultar la realidad y esa es la significación que habitualmente le doy en esta bitácora.

    Un saludo

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  6. Sin embargo, el problema que nos encontramos con las leyes actuales es precisamente que creen que el sexo es predeterminante para el ser humano, y por eso el que una persona tenga cierto sexo es suficiente para asignarle ciertas cualidades, por ejemplo, un "deseo de dominación" o una "opresión"

    ¿No es eso precisamente lo contrario de la teoría de género?

    Yo creo que cada persona es resultado tanto de su sexo como de las construcciones culturales y la influencia de su entorno. Pero también es resultado de muchos otros otros factores genéticos que son independientes de su entorno o de si tiene cromosoma Y o no. Todos estas influencias hacen que cualquier estudio sobre el comportamiento de las personas basado en sólo una parte de los factores que influyen en ellas no tenga ningún valor, salvo el meramente estadístico.

    Cada persona es un mundo. Como decía la filósofa Ayn Rand, una persona es la minoría más pequeña del mundo, y ningún Estado puede llamarse defensor de las minorías si no respeta los derechos del individuo.

    Siempre acabo recuriendo al título de la bitácora para resumir esta idea: Personas, no género (y tampoco sexo)

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  7. En mi opinión Manu tienes toda la razón, sostener por un lado que lo único que separa a hombres y mujeres es una construcción cultural, que como tal desaparecería con una educación diferente, al tiempo que se promueve toda una legislación que no sólo concibe los géneros como términos (quizá debiera decir clases) enfrentados y antagónicos a lo largo de la historia, sino que dicta una legislación que cristaliza esas diferencias, no deja de ser quizá la más importante, pero no la única, paradoja o ambivalencia en que este feminismo está basado. Ambivalencia que le permite un juego que le evita cualquier autocrítica, pero más aún rendir cuentas a la sociedad a la que se dirige, modificando su discurso al ritmo de sus intereses de cada momento.

    Si la razón histórica de ser del feminismo era la diferencia de roles, hoy cuando ese discurso es completamente insostenible se prescinde de él y a otra cosa. Si hasta hace dos días la razón que explicaba todas las discriminaciones femeninas llevaba por nombre patriarcado, hoy que la realidad histórica ha superado ampliamente este concepto, sencillamente se aparca a un lado y se crea el género… y a ver cuanto aguanta. Se puede colgar en un instituto un cartel que diga: si tú nos educas igual seremos iguales, aunque luego el texto de Educación para la ciudadanía, vaya justo en la dirección contraria... En fin el tratamiento de la cuestión requeriría mucho más tiempo del que yo dispongo ahora mismo. Un saludo

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  8. Manu, Emilio, estoy básicamente de acuerdo con vuestros razonamientos. Mi alusión a las diferencias biológicas entre hombre y mujer en ningún momento sanciona un tratamiento diferente para unos y otras. Reconocer que somos diferentes no quiere decir que debamos tener derechos diferenciados ni cuotas preferentes en función de nuestro sexo. De hecho, cuando se han aducido razones “biológicas” en el pasado para someter a minorías a un tratamiento diferente, estas minorías siempre han terminado saliendo por chimeneas de hornos crematorios.
    La ideología de “género”, como señala Emilio, es una nueva manera de enmascarar la realidad, de propugnar que las diferencias, por sí mismas son injustas, tengan la base que sea. Y si estas diferencias no se ajustan al modelo dogmático, autoritario y de raíces marxista que la ideología de “genero” propone, es la realidad la que hay que cambiar, no mi visión dogmática del mundo. Desde luego que el objetivismo de Ayn Rand no estaría de acuerdo con una ideología de “género” que está al servicio de minorías con una visión estatalista de la sociedad. Su libro “La rebelión de Atlas” debería ser más conocido en España, incluyo un enlace al Instituto Ayn Rand, custodio de su legado intelectual: http://www.aynrand.org/site/PageServer?pagename=index

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  9. La historia da muchas vueltas y fue muy sana la reacción al biologismo resaltando el peso de los factores culturales y sociales; pero lo que ahora mismo sucede es que se está negando la biología, se está negando todo lo que la investigación científica última está poniendo sobre la mesa, para caer en brazos de un culturalismo que negando todo eso, nos concibe como una “tabula rasa” perfectamente modelable hasta lo más profundo de nuestro ser por los factores ambientales, obviando incluso la diferenciación sexual.

    Claro está que hasta el momento todos los intentos han sido fallidos, piénsese sino en el repetido intento de imponer los juguetes asexuados, las intensas campañas que a favor de los mismos se hicieron, porque en ellos parecía residir la clave de bóveda que haría que niños y niñas deseasen lo mismo, para al final descubrir que las niñas daban mimos a los camiones como si fueran muñecas y los niños jugaban con las muñecas como si de soldados se tratase.

    Admitir las diferencias hombre-mujer en el plano de la biología no sólo no debe impedir la igualdad, sino que tiene que constituir el punto de partida ineludible para alcanzar ese objetivo, sin por ello pretender que seamos idénticos o intercambiables, mucho menos, que en nombre de una falsa igualdad obligarnos a ser lo que no queremos, no vaya ser que tratando de escapar del biologismo nazi nos precipitemos en lo mismo aunque esta vez desde el lado de lo “cultural”.

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  10. Emilio, tu último comentario es una buna sintésis de hacia dónde nos puede llevar la ideología de "género" y su falso igualitarismo forzado.

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  11. Muy ilustrativos los libros de texto. Se llame Educación para la Ciudadanía o Formación del Espíritu Nacional, parece que quien ostenta el poder siempre tiene que implantar una asignatura de propaganda ideológica a mayor gloria de su causa.

    En cuanto a la "performance" de Gondomar, ¿a estas alturas unas profesionales del arte dramático descubren el travestismo? Si pretendían mostrar lo fàcil que es dar gato por liebre no hacía falta: ya lo sabe todo el mundo.

    Y eso de que las mujeres "aprendan a ser el género dominante"... ¿Creen que lo van a lograr tan solo por ponerse disfraz varonil? Lo que tienen que aprender es que no hay ningún género dominante, sino personas que son dominantes por su carácter o su proceso vital ("personas, no género", como reza el título de este blog).

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  12. Por estar muy relacionado con el tema de esta entrada os recomiento la última entrada de la bitácora BUENAMENTE, cuya dirección encontrareis entre los ENLACES de ésta.

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