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30 octubre, 2011

La crisis y un artículo de prensa.


Del mismo modo que nuestra crisis económica no es totalmente asimilable a la de otros países, que sí sufren la crisis financiera internacional pero  mantienen  tasas de paro de menos de dos dígitos y, en muchos casos, tasas semejante a las que tenían antes de estallar ésta, en el plano político sucede algo parecido y el desprestigio de la clase política española  no se ciñe al desgaste propio de la crisis sino que va mucho más allá y abarca a todos: izquierda, derecha y centro, nacionalistas y no nacionalistas, y lo hace porque gran número de ciudadanos no se sienten representados en un Parlamento que hace muchos años ha decidido desvincularse de las preocupaciones e intereses de la gente para declararse sujeto con vida propia al margen de la ciudadanía.

Y que los “teóricos” del sistema no arguyan que se trata de los jóvenes del 15M, porque más allá de la imagen distorsionada  que del mismo se pretende, muchas otras personas, algunas intelectuales de muy reconocido prestigio o bitácoras de muy amplia aceptación  como Nada es gratis o Deseducativos vienen señalando la sordera del sistema para un diagnóstico certero de nuestros males: sean estos los de la economía, o los de la educación, sordera e incapacidad de la que participarían los dos grandes partidos y quizá el espectro parlamentario entero.  Sordera que abarca otras cuestiones como la  custodia compartida o un nuevo régimen de separación y divorcio, reivindicaciones éstas  que, no por  condenadas al ostracismo, dejan de  preocupar ¡y de qué manera! a tantos ciudadanos.   

Por eso, cuando uno lee artículos como el de Daniel Innerarity: Los sueños y las urnas, uno no puede por menos que sentir una cierta frustración, porque tiene la sensación de que se ha confundido la política con la aceptación de un sistema en el que dos partidos vienen alternándose en el poder como lo hacían en el sistema de turnos de la Restauración, pero también porque se decide ignorar gravísimos problemas de nuestro sociedad algunos de los cuales he pretendido señalar más arriba. Por ir al grano en una sola de las cuestiones, la que tiene que ver con el funcionamiento del feminismo en nuestro país y las nociones de igualdad y no discriminación puestas en práctica por el mismo, sometámosla al criterio del autor, por ejemplo, cuando dice:

“En una sociedad democrática, la política no puede ser un medio para conseguir plenamente unos objetivos diseñados al margen de las circunstancias reales, fuera de la lógica institucional o sin tener en cuenta a los demás, entre ellos a quienes no los comparten. Cualquier sueño político solo es realizable en colaboración con otros que también quieren participar en su definición. Los pactos y las alianzas ponen de manifiesto que necesitamos de otros, que el poder es siempre una realidad compartida. La convivencia democrática proporciona muchas posibilidades, pero impone también no pocas limitaciones. De entrada, los límites que proceden del hecho de reconocer otros poderes de grupos o intereses sociales con tanto derecho como uno para disputar la partida.”

O éste otro:

“Por eso la acción política implica siempre transigir. Quien aborda cualquier problema como una cuestión de principio, quien habla continuamente el lenguaje de los principios, de lo irrenunciable y del combate se condena a la frustración o al autoritarismo. La política fracasa cuando los grupos rivales preconizan objetivos que según ellos no admiten concesiones y se consideran totalmente incompatibles y contradictorios. Todos los fanáticos creen que sus oponentes están fuera del alcance de la persuasión política. Nadie que no sea capaz de entender la plausibilidad de los argumentos de la otra parte podrá pensar, y menos actuar, políticamente.”

Porque vaya si la política ha servido para que el neofeminismo haya conseguido, contra todos, sus objetivos: sean estos la ley contra la violencia de género con su asimetría de trato a hombres y mujeres, o un régimen de separaciones matrimoniales en las que no sólo se niega la custodia compartida, también se impide un reparto equitativo del patrimonio familiar, pero más allá de esas grandes leyes, en la práctica no existe ley o decreto, de al menos los últimos 10 años, que no recoja alguna disposición de su cosecha: se trate de la etapa 0-3 en la educación,  la determinación de cuando es discriminatorio el trato en las primas de seguros, o  las prioridades en la sanidad pública…

Pero también y en lo que se refiere al reconocimiento del otro, sencillamente decir que al igual que la Iglesia en la edad media, este neofeminismo  ha procedido a la excomunión,  al anatema, a depararle al otro la misma consideración que aquella Iglesia dispensaba a los infieles. En nuestro país defender un derecho reconocido en la inmensa mayoría de los países avanzados como el de la custodia compartida se ha convertido en cosa de maltratadores, y el SAP o la educación diferenciada en las escuelas, más que motivo de diferencias de criterio sobre aspectos no completamente resueltos en el plano intelectual y científico, se han convertido por obra y gracia de un Parlamento que actúa al dictado de este lobby,  en una instrucción a los jueces y la fiscalía para que no reconozcan el síndrome de alienación parental  y para el caso de la educación diferenciada declarando directamente su prohibición  desde los Parlamentos autonómicos. 

Es decir, esas reglas que a Innerarity le parecen consustanciales con la democracia, por quien han sido subvertidas es por el propio poder que, lejos de ponerse al servicio de los ciudadanos, ha decidido que mejor ignorarlos y proceder como aquellos monarcas absolutos que en su momento aplicaron la máxima del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo y sin que el programa, al menos, sea reformista en el sentido de los tiempos. 

14 abril, 2011

El juego del género

Tengo para mí que una de las grandes victorias del feminismo ha consistido en establecer no sólo el campo de juego, también las reglas con las que el otro tendría que jugar. Reglas que para sí serían sin embargo ambivalentes, por ejemplo no cabría hablar de diferencias hombre mujer, porque sería naturalizar los géneros, pero, ¡ojo! al tiempo eso sería compatible con sostener que la violencia es masculina, lo mismo que la guerra, o todavía más, se utilizaría, cuando así lo reclamase la situación, para justificar que ellos realizasen determinadas tareas o trabajos… porque son más fuertes físicamente.

Es decir, no cabría hablar de las diferencias, pero sí fijarlas jurídicamente, por ejemplo, determinando modos distintos de castigar las mismas conductas. Es más, cabría no sólo identificar los géneros con los sexos porque así habría sido desde el comienzo de los tiempos, también, y al margen de declaraciones sin virtualidad práctica, considerar que el futuro es de las mujeres. Pretender que se habla de no sé qué géneros donde en realidad sólo hay sexos. Negar en las declaraciones por biologicista lo que luego será la regla práctica por antonomasia. Hablar de la búsqueda de la igualdad en los géneros mediante la cosificación de las diferencias en cuanto a los sexos.

Y a mi entender su capacidad de convicción debe ser muy alta porque muchos desde el lado masculino siguen a pies juntillas estos dictados. De hecho relataba aquí hace pocos días cuando yo mismo en los distintos foros que participo, por ejemplo, relacionados con la educación arguyo que ésta no es entendible al margen de las políticas feministas, y alguien dice que eso no debe ser tratado porque fácilmente te pueden tildar de machista, y claramente se deja entrever que ni tan siquiera las armas del debate y el diálogo valdrían para asunto tan espinoso.

Pero en muchos otros niveles, hasta el punto de que el feminismo de género que ha pasado a constituir filosofía de Estado en nuestro país no es motivo de debate en ninguna parte, ni en el terreno político, ni en el jurídico donde las posiciones discrepantes sencillamente se arrumban como así ha sucedido con María Sanahuja o Francisco Serrano y algunos otros, ni en el cultural donde deberíamos aceptar que los periódicos tengan un suplemento dirigido a las mujeres: donde se habla de temas de mujeres, desde la óptica de las mujeres, y donde cuando del varón se trata es para hacerle un “traje a medida” y al mismo tiempo que diga que los medios están del lado de los hombres porque los directores lo son.

En mi opinión, sin embargo, las mujeres gozan de todo el derecho –con el límite de los derechos de los demás, tantas veces invadidos en los últimos tiempos- para reformular como mejor entiendan al papel que desean para sí y en relación con los otros, pero por la misma los hombres no debiéramos gozar de un derecho menor y eso incluye reconsiderar, desde el primer momento y en todas las direcciones que haga falta, el papel que deseamos para nosotros y en relaciones con los otros y las otras y eso exige comenzar desde el principio, estableciendo si entre hombres y mujeres existen diferencias y cuál es el mejor modo de alcanzar la igualdad, una igualdad que claro está ha de contentar a las dos partes, ya que para mí no tiene sentido algo así como que ahora es el tiempo de las mujeres y por tanto el momento de su dictadura.

Seguir en esto los dictados que impone el feminismo institucional de género conduce directamente a la situación de encorsetamiento en que se mueven los varones en este terreno, es decir, asistiendo en directo a cómo desde el feminismo se toman las decisiones que corresponderían a todos, pero desde la barrera y callado porque cualquier cosa que se diga puede ser sospechosa de las peores intenciones. O somos capaces de romper ese círculo vicioso o estamos condenados a jugar un papel subordinado sempiternamente. Pretender que la “opresión” del pasado justificaría el privilegio en el presente desde luego no puede ser la regla. Desde un punto de vista democrático lo que aquí cabe es el diseño y la ejecución de una sociedad de iguales y ese significa que todos tenemos derecho a decir y decidir, a cuestionar nuestro papel tanto como a que  sea cuestionado por el otro o la otra.

En cualquier caso conviene no olvidar que este proceso hace ya mucho tiempo que empezó y si tenemos menos conciencia del mismo es porque para quienes no empezó es para los varones, pero si hoy recorremos un ambulatorio es fácil comprobar de qué enfermedades se habla o  quienes protagonizan la publicidad y a quien va dirigida, pero si lo hacemos en un centro de enseñanza también donde nos podremos encontrar con una revista institucional dirigida a las chicas sin el correlato de la de los chicos, y dónde por todos lados figuran carteles y otro tipo de información en los que la única  violencia existente sería la sexuada, ellos como  agresores –también para los insultos- y ellas como las víctimas. Con eso mimbres es imposible contar que iniciamos un viaje a ninguna igualdad, ese es otro viaje del que se nos oculta casi todo. 

11 abril, 2011

La cruzada contra el amor

Ayer de nuevo, esta vez en un documental de la TVE2, se cargaba contra el amor. En este caso, lo más rotundo se ponía en boca de un hombre, que llenaba un encerado de fórmulas para simular que obtenía algún tipo de demostración matemática según la cual teníamos la misma posibilidad de encontrar nuestro amor que la de que nos tocase la lotería, lo que remacharía con la siguiente frase: Por eso la mitad de los matrimonios acaba en separación y la otra mitad se pasa la vida discutiendo.




01 abril, 2011

El amor y la pareja

Resulta que miro un desplegable editado, no recuerdo ahora muy bien por que institución de esas que pagamos todos pero que gestionan las feministas, que habla del amor y la pareja y que anuncia que su interés es romper viejos estereotipos de género, pero ¡ojo! a él lo caracterizan de violento y a ella de víctima, él debe, si quiere situarse del lado correcto, comportarse como un caballero obsequioso y ella como una dama que sabe apreciar los presentes, él hincando la rodilla en el suelo mientras ofrece un ramo de flores y  ella de pie recogiéndolo…

Y me pregunto, ¿pero no se trataba de superar estereotipos?,

y si es así,

no son estos las conductas que arquetípicamente correspondieron a hombres y mujeres,

¿Dónde está la novedad? ¿Dónde la igualdad?,

¿No se tratará de lo mismo de siempre reforzado…?

Hay dos mensajes en el folleto: uno, el contenido que acabo de relatar, y dos, quien tiene capacidad para establecer qué se puede y qué no se puede, qué se debe  y qué no se debe hacer.  

11 febrero, 2011

Un nuevo espacio para las mujeres

Estas son las razones de Gabriela Cañas para justificar el nuevo espacio que tan generosamente les cede el diario El País a las mujeres. Como podréis observar en la lectura el no inicial acaba siendo un sí rotundo.


Los objetivos son: los núcleos duros de la política, la empresa, la banca y los medios. Nada que ver con la pequeñez de nuestros problemas y preocupaciones: fracaso y abandono escolar, custodia compartida, justicia sin género, igualdad, etcétera.


Tampoco nada sobre la crisis económica y el empleo, el marco institucional europeo y su más que evidente incapacidad para los retos de nuestro tiempo, nada sobre la articulación del Estado y por supuesto nada que decir sobre la crisis demográfica o el fracaso y abandono escolar.  Yo diría que un espacio más para qué hay de lo mío.


Y, ahora unas preguntas: 


¿Es igualitaria, equitativa o justa, la pretensión de un sistema social en el que siendo dos, a uno se le dé donde le falta, sin quitarle donde le sobra y, al otro, se le obligue a dar sin derecho a recibir?  


Y todavía una cuestión anterior a todo esto:


¿No estando claro que la igualdad signifique identidad, el mecanismo de la coerción legal puede entenderse como un mecanismo apropiado para resolver este tipo de asuntos?

20 enero, 2011

Dominación masculina

Ayer he podido escuchar en la presentación de un programa de radio que decía que iba hablar de la discriminación salarial de las mujeres, algo tan absolutamente demagógico y chapucero que prefiero no alimentarlo mucho más. Quizá tomar nota y pensar que inevitablemente si queremos avanzar por una senda de igualdad, se hace necesario desmontar los enormes castillos –en realidad de cartón piedra, pero eso no todo el mundo lo sabe- que el feminismo ha venido montando para justificar sus prácticas misándricas. Y quizá sea el de dominación masculina el primero que se haga necesario clarificar.

Justamente uno de los mejores sustentos de un concepto como el de dominación masculina, sea el que habla de las diferencias salariales hombre-mujer, diferencias que de haberlas no vendrían justificadas por las leyes que rigen el mercado laboral, y por tanto independientes del sexo del demandante, sino por una misteriosa mano del hombre que determinaría que ellas ganasen menos que ellos. Creo que no hará falta que me extienda mucho sobre el asunto, nadie jamás ha podido demostrar tal cosa, y que se siga utilizando como mantra lo único que pone en evidencia es que habrá dominación masculina pero el feminismo no precisa demostrar los pilares de su edificio ideológico.

Una expresión como “las mujeres cobran menos por el mismo trabajo” es una falacia absoluta como tantas veces se ha demostrado y, ya digo, la única explicación para que se siga utilizando a todos los niveles, en realidad de lo que nos habla es de dos cosas: de la endeblez de pensamiento feminista que precisa recurrir a la mentira para sostener sus tesis, y que lo de  dominación masculina habría que mantenerlo en cuarentena porque de otro modo no se explicaría la facilidad con que las “mentiras” feministas circulan y se hacen presentes en la sociedad.

Otra de las falacias de esta dominación masculina sería la de hablar de un mundo de hombres en el que regirían unas leyes que por su propia naturaleza masculina derivarían sistemáticamente en discriminación y exclusión de la mujer. Claro que la primera dificultad sería señalar dónde está ese “mundo de hombres” si pensamos en la familia, la casa, la legislación familiar: divorcio, custodia, etcétera donde quizá habría que hablar de un mundo de mujeres en el que el canon es tan exclusivo que la presencia masculina está vetada del modo más radical como quizá nos recuerda la anécdota del ausente padre de la hija de Nicole Kidman.

Pero, si fuéramos al mercado de trabajo, quizá podríamos ver y observar que las mujeres se excluyen de aquellos trabajos que desean para concentrarse en los que mayor calidad de vida ofrecen: Administración y servicios, sin desdeñar profesiones con fuerte carga de estrés cuando la remuneración parece compensarlo, por ejemplo, controladoras aéreas. Eso sí, en profesiones como la construcción, la metalurgia o la pesca de altura se seguirá hablando del machismo  que les cierra el paso, pero por ningún lado hay constatación de que sean demandadas.

Y quizá, el tercer elemento y aquí tomó parte del hilo utilizado en el susodicho programa de radio, está en señalar un “hombre poderoso” malo, muy malo, que lo gobernaría todo de forma  tan absoluta que ahí estaría la explicación del enorme esfuerzo que las mujeres deben realizar en cuidados del cuerpo y la salud para estar bellas para ellos, y así el hecho del maquillaje o los zapatos de plataforma, nada tendrían que ver con una opción libre de ellas, sino una imposición del mundo masculino que las esclavizaría en provecho de ellos. Todavía más, un episodio como el lamentable caso de la revista Vogue utilizando como modelos a niñas de siete años no sería directamente achacable a las responsables de la revista, y a las madres y padres de las criaturas, sino justamente a ese señor malo muy malo que todo lo domina y que con su poder habría conseguido que eso fuese así para alimentar su insaciable apetito libidinoso.

¡Ojo!, ante tamaño fraude, hay que recordar a quien así argumenta, que no sólo no se hace periodismo cuando se dicen tales cosas, ´más bien pura y simple demagogia y además burda. Demagogia además interesada porque esconde a las verdaderas responsables, también porque bajo ese espíritu protector se esconde una concepción de la mujer como ser en minoría de edad, manejable al antojo de los hombres, que sólo desde la más absoluta desconexión de la realidad se puede mantener.  Finalmente decir que quien así argumenta debería explicar mejor el funcionamiento de la susodicha revista para que encajemos esta última explicación suya con el reportaje que la misma realizó a las mujeres del Gobierno, tan alabado en su momento.

En fin, vivimos rodeados de un uso de las palabras destinado no a clarificar sino a oscurecer los hechos, enredos semánticos y falacias argumentales, que en un contexto menos ligado al poder serían fácilmente desveladas,  pero que justamente por eso, por estar ligadas a una ideología de poder, gozan de la extraordinaria difusión que gozan y pocos son los que se atreven a desmontarlas. En cualquier caso desde esta bitácora se seguirá haciendo un esfuerzo por la claridad, por el argumento, por la denuncia de éstas y otras muchas falacias que, no lo deberíamos olvidar, son falacias del poder. Falacias que justamente lo que prueban es que esa pretendida dominación masculina, no es más que eso, una mentira más.   



18 enero, 2011

¿El triunfo del género?

En el buzón de voz de Siglo XXI en Radio 3, una voz de mujer dejó el siguiente mensaje hoy, 18 de enero de 2011:
Los hombres matan a las mujeres, los hombres matan a los niños, los hombres matan a los animales. Todo por dinero. Pero, ¿qué os pasa?


12 septiembre, 2010

Las gafas del feminismo

Efectivamente existen unas gafas del feminismo. No sé si de color violeta o de qué otro color. Lo que parece claro es que son bifocales. Sí, poseen dos focos: uno para analizar y juzgar lo femenino y otro par hacer lo mismo con lo masculino, de tal modo que un mismo hecho según quien lo realice o lo padezca recibe consideraciones completamente diferentes sea que se refiera al hombre o a la mujer. Y así dicen, que si la mujer quiere triunfar profesionalmente debe hacerlo al altísimo coste de renunciar a su vida familiar,  en un descuido de cómo han calificado sempiternamente este mismo hecho referido al varón, quien no ha debido pagar ese alto coste pues su conducta como propiamente cabe calificarla es como la de un marido y un padre ausentes.

Se acusa  a todas las creaciones masculinas, incluida la ciencia,  de meros instrumentos de dominación de los hombres sobre las mujeres, y por eso, es lícito, incluso es lo que corresponde, pasar de sus pretendidas bondades. ¿Para crear algo superador de tal cosa?, cabría preguntarse. Pues no sé qué decir, ¿quizá los Womén’s Studies programs, han pasado en algún caso el rubicón de concluir que si es bueno para la mujer es bueno, y que toda la culpa de lo malo que les sucede a las féminas es obra y gracia de los hombres?   Tengo la sensación de que no, pero mejor que cada uno se conteste a sí mismo.

En, Feminismo para principiantes,  de Nuria Varela,   en el apartado número 12, referido a la Cultura se puede leer: “Los diccionarios no reflejan la realidad, ni la lengua, ni el mundo. Reflejan, simplemente, el poder de quienes los escriben.”

“Desde que las mujeres conquistaron el derecho a acceder a la educación masivamente y en todos los tramos –aunque no en todo el mundo-, comprobaron estupefactas cómo la aparente neutralidad de la ciencia era sólo eso, aparente, una gran farsa, y el saber científico, un saber reducido sólo a una parte del mundo.”

Referido a los medios de comunicación uno puede leer: “Paradójicamente, los medios, siempre en busca de la noticia y atentos a ser los primeros en detectar y contar los cambios y novedades que se producen en la sociedad, se han erigido en los guardianes del patriarcado.”

Un poco más adelante se dice: “Ningún opinador profesional es cuestionado ni intelectual ni profesionalmente por mostrar o defender posturas de desprecio hacia las mujeres”

En el apartado 11 con el título de: El cuerpo de las mujeres, que lleva por subtítulo, El botín más preciado, se habla del Trastorno de dismorfia corporal (TDC) así: “definido por los científicos como la preocupación anormal por algún supuesto defecto del propio cuerpo.” Una vez definido este trastorno del que según los psiquiatras norteamericanos el ejemplo más claro sería el de Michael Jackson,  la autora escribe: “Para la feminista australiana –se refiere a Germaine Greer- , se ha inoculado deliberadamente a las mujeres el TDC como un medio para inducirlas a comprar productos inútiles y sin ningún valor. Características que afectan prácticamente a todas las mujeres puesto que partes de sus cuerpos se describen como antiestéticas y anómalas, creándoles la impresión de que son ellas las defectuosas y es preciso que intenten modificarse o incluso alterarse quirúrgicamente.”

“Así se inventan enfermedades o medicalizan el embarazo, el parto o la menopausia. La medicina y la farmacología  son el colmo del androcentrismo.”

“El parto está organizado en los hospitales al servicio de los ginecólogos, del resto de los profesionales de la medicina que intervienen y del sistema de salud.”

Un poco más adelante: “En efecto, la sexualidad de las mujeres ha sido arrebatada históricamente por los varones.”

En otro apartado del libro se dice: “La violencia en la pareja está rodeada de prejuicios que condenan de antemano a las mujeres y justifican a los hombres violentos.” (sic)

En fin podría continuar dando citas como las anteriores, donde incluso de las cosas más insospechadas que le puedan suceder a la mujer, la responsabilidad habría que atribuirla alternativamente al patriarcado, el androcentrismo, el capitalismo o al varón directamente, pero con éstas me parece suficiente.

Cuando uno leía estas cosas hace 20 años y más, podía pensar que juicios tan desmesurados, serían corregidos en la dialéctica social y no tendrían más porvenir que constituir la opinión de algunas mujeres, pero cuando uno las lee en un libro cuya primera edición está datada en  Barcelona en octubre de 2008, momento en el que toda la batería legislativa de género lleva varios años puesta en marcha en nuestro país, cuando los medios de comunicación al igual que los partidos políticos si a alguien miman es al feminismo y las féminas, cuando van ya muchos años en los que el hombre no posee ningún derecho, y sí todas las obligaciones, en lo relativo a la reproducción, cuando una tal perspectiva se ha convertido en filosofía oficial, entonces es momento de pensar que tal anomalía debe ser corregida, no sólo en honor a la verdad y la convivencia de sexos, también porque la visión que de todo ello se desprende es la de una mujer menor de edad que terminará haciendo mucho daño a las propias mujeres.

Ni que decir tiene que en un planteamiento así el hombre no existe más allá de la caricatura de prepotente capitalista explotador y violento.  

26 junio, 2010

Información de género

La información de género de El País cada semana se supera y esta versa sobre los nuevos modelos de masculinidad. Lástima que todo ello venga precedido de las opiniones sobre la misma del psicoterapeuta Luís Bonino, compañero y cofirmante durante años de artículos sobre el tema con Jorge Corsi, al parecer también profundo conocedor de los modelos de masculinidad.

Tiempo más tarde, este señor Jorge Corsi, fue detenido en Argentina, acusado de dirigir una red de pederastia. De todo ello podéis encontrar abundante información en la red. 


P.D. quiero pedir disculpas por haber escrito mal el apellido y también por no haber realizado la corrección antes, pero me ha sido materialmente imposible. Por lo demás me cuesta  explicármelo  porque  antes de editar la entrada había estado  leyendo varias noticias relacionadas con él. Pero, en fin, me supongo que estas cosas pueden pasar. 

14 mayo, 2010

Una cosa es lo que pasa y otra lo que nos dicen que pasa

En el terreno de las ciencias sociales no sólo cuenta lo que en “realidad” sucede sino, y quizá de forma más importante que la propia “realidad”, cómo es percibido por la sociedad eso que sucede. De ahí que una cosa sea  la violencia masculina y femenina, y otra cosa bien diferente la percepción que termine llegando a los ciudadano de las mismas. Ya  que en ese camino de lo que sucede a la percepción ciudadana medie una enorme distancia.  Y tengo para mí que en el trecho que va de lo que sucede en el plano social a la percepción que finalmente nos llega a los ciudadanos de lo que acontece, a los hombres nos ha tocado la peor parte. Y no me refiero exclusivamente a la cuestión de la violencia donde me parece que ese hiato es evidente, sino en general. 
  
Me comenta indignada mi mujer que estuvo visionando  un programa de televisión según el cual el ama de casa para poner el lavavajillas y la lavadora realizaba la operación de agacharse tantas veces –y esto ya es de mi cosecha-  que hacía envidiable el trabajo de la construcción o el de quien tiene que manejar un martillo neumático. También cómo la escucha de los problemas que sus hijos y marido le relataban a diario necesariamente debían conducirla a la depresión. Mi mujer estaba indignada porque parecía que eso sólo podía pasar si no trabajabas fuera de casa, cuando ella como otras muchas mujeres además de trabajar fuera también tienen que poner el lavavajillas y la lavadora aún cuando lo puedan hacer de forma compartida y, desde luego, escuchan de sus hijos y marido sus problemas – y esto ya es de mi cosecha- y me supongo que otras muchas cosas, sin que necesariamente hayan de desembocar en la depresión.

¿Os percatáis de que estamos en una profundísima crisis económica y se están tomando medidas económicas que ningún otro Gobierno de la democracia tomó y  la ministra de Economía está pasando casi desapercibida?  No es que tenga yo ningún interés especial en que se hable de ella, sino en resaltar que aquí se produce una anomalía si lo comparamos con lo que sucedió en momentos quizás menos dramáticos en los que el puesto lo ocupaba Boyer,  Solchaga o el mismo Pedro Solbes. La excepción que confirma la regla quizá la constituya el artículo de hoy de Antón Costas donde claramente la cuestiona y se pide su relevo, pero no me doy cuenta de que nadie más, ni desde el ámbito político, ni desde el económico,  la haya cuestionado hasta el punto de pedir su relevo.

Finalmente deciros que estuve viendo un poco del programa de la Sexta: Mujeres ricas, y me he dado cuenta de que ante mí, y me supongo buena parte de la sociedad, se abría paso el conocimiento de una realidad absolutamente escondida y que el feminismo y no sólo el feminismo  niega, y que sin embargo es necesario  desvelar si se quiere conocer la realidad de los sexos en todo su extensión y no sólo en lo que al feminismo interesa. De lo allí relatado no os voy a contar nada, porque la característica más destacada de los personajes era su vacuidad y frivolidad, hasta el punto de que alguno de los más importantes problemas que debía resolver alguna de las protagonistas  era, qué ponerse para el partido de pádel  ya que había que estar divina de la muerte. Curioso también que nadie, ni hombre, ni mujer, ni humorista masculino o femenino, se hayan percatado de un personaje que tanto había de dar de sí y tengamos que contentarnos con el archiconocido señor gordo de esmoquin fumando un puro.

 De nuevo recomendaros la lectura de artículo de Antón Costas:  

17 abril, 2010

Huida hacia adelante

Vaya por delante mi apoyo y comprensión a todas las víctimas de violencia doméstica y sus familiares. De nuevo el ministerio de Igualdad y el delegado del Gobierno para la violencia de género urgidos por el repunte de la violencia en los últimos meses y llevados de ese movimiento espasmódico de anunciar una nueva medida ante cada dato negativo, parecen decididos a otra huída hacia adelante, al anunciar  la publicación de la lista de maltratadores para provocar el rechazo social y frenar la sangría de víctimas. Eso al menos es lo recogido en la noticia.

De hacer caso a las promotoras de la ley integral contra la violencia de género, ésta vendría a significar un antes y un después en la lucha contra la violencia de pareja en nuestro país al tiempo que un faro y una avanzadilla para el resto de las legislaciones del mundo, que pronto podrían observar la eficacia de la misma. Lo cierto es que la Ley con cinco años ya de vigencia se aprobó contra el parecer de muchos técnicos y especialistas incluso contra el dictamen de la Real Academia de la Lengua, que no veía bien la expresión violencia de género, denominación que las redactoras si tuvieron mucho interés en mantener en aquel momento,  aunque el tiempo las haya hecho cambiar de parecer y ahora se inclinen por el de violencia machista.

La Ley que se denominó integral porque pretendía abarcar todos los aspectos relativos a la citada violencia incluido el tratamiento por parte de los medios de comunicación y cursillos de formación para todos los implicados en el proceso: policía, miembros del poder judicial, servicios médicos y sociales e informadores, fue conducido, con el apoyo total del Gobierno que la adoptó como una de sus señas de identidad más queridas, por las personas y organismos que constituyen el importante entramado del feminismo institucional en nuestro país. Más garantías de que las cosas se hicieran bajo la dirección y siguiendo los dictados de quienes la auspiciaron y más interés pusieron en la misma no son posibles.   

Pero lo cierto es que nunca dio los resultados que de la misma se esperaban lo que obligó al Gobierno a acompañar cada noticia negativa relativa al número de muertas del anuncio: bien de mayor dotación económica, bien de reforma del Código Penal para endurecer las penas, bien de una nueva campaña en los medios, bien de un mayor refuerzo de la vigilancia judicial y policial. Lo cierto es que las campañas en los medios durante los últimos años se han sucedido una tras otra, también que el Código Penal ha sufrido una modificación con endurecimiento de penas casi cada año, que se ha extremado las medidas de vigilancia policial y judicial, que se han puesto en marcha las pulseras con gps para los maltratadores y nada parece suficiente.

Ante esta situación que con un mínimo de conciencia autocrítica debería obligar a sus responsables a  repensar el tema desde el principio, y quizá la toma en consideración de opiniones que en su momento se rechazaron porque todo lo que  no estuviera en el pensamiento feminista venía a resultar sospechoso de patriarcalismo, observamos que lo que se nos ofrece es más de lo mismo, esta vez acompañado de una petición de silencio de cualquier tipo de crítica hacia la labor de quienes tienen en su mano la reorientación de todo este asunto. Y todo sin reparar tan siquiera que lo que se nos ofrece se atenga a las reglas de la lógica, pues si únicamente 4 de las 21 asesinadas habían presentado denuncia, ¿cuál sería la virtualidad de publicar la lista de maltratadores, si los correspondientes a 17 de cada 21 no estarían?

En mi opinión  una vez más se demuestra que la citada Ley no está resultando el instrumento adecuado para luchar contra esta lacra social y esto es así porque desde un primer momento ha primado el criterio ideológico en la elaboración y aplicación de la misma y porque ésta está trufada de una concepción del hombre heredera del feminismo radical americano que reduce a una única causa todas los violencias del hombre a la mujer –deseo de dominio-; al tiempo que exculpa cualquier violencia en sentido contrario ya que únicamente podría deberse a violencia de reacción o en defensa propia. Este es el artificioso esquema que sustenta tan importante ley y desde esta perspectiva no resulta difícil encontrar el motivo de su fracaso y, por que no decirlo, del rechazo de buena parte de la población conocedora de que las cosas no suceden así.

De prevalecer en el Gobierno y los responsables de este asunto un mínimo de grandeza y deseos de reorientar este tema en una dirección que pueda conducir hacia su solución, habrían de reconocer el  fracaso de la actual Ley, y la necesidad de reconsiderar la cuestión en toda su dimensión y desde el principio; y hacerlo siguiendo el criterio de los verdaderos profesionales conocedores del asunto: juristas, psicólogos, etc. y no de quienes por intereses ideológicos o de otra índole nos han conducido a la situación en que actualmente estamos. Pero mucho me temo que estas palabras vayan a caer en vacío, incluso se puedan señalar como contrarias o contraproducentes, cuando no fruto del machismo latente en cada hombre que se atreve a hablar en público de estos asuntos desde una perspectiva que no sea la de género.   

13 abril, 2010

Mandarinismo

En mi opinión hay un aspecto de la propuesta del Ministerio de Igualdad, el Instituto de la Mujer y la UGT sobre cómo hayan de ser leídos los cuentos clásicos infantiles que no ha sido resaltado como se merece, en lo que significa. Me estoy refiriendo al hecho mismo de que una miembro del Gobierno y los demás organismos citados, se consideren en el derecho absoluto, y de la mano de los poderes que les confieren sus cargos, para penetrar en terrenos tan delicados y complejos como la educación y la cultura y decirnos a todos: profesores, maestros y sociedad en general, sin consulta previa, ni derecho a réplica, cómo hayamos de interpretarlos y qué tipo de mensaje hayamos de llevar al aula.

Porque más allá de la efectividad de una propuesta de este tipo, que a mí entender será de corto recorrido, en la sociedad queda que entre nosotros habita una élite, un grupo, una casta, que se ha autonominado y constituido con capacidad para interpretar lo que a todos conviene. Hoy en relación con los cuentos infantiles, ayer en relación con los estudios feministas y la Universidad, anteayer con la violencia y  mañana en relación con cualquiera otra cosa, y todo eso en una sociedad del siglo XXI que se considera democrática y plural. Es como si de repente alguien interpretase que  dado que la Iglesia católica va perdiendo peso en estas materias precisásemos de algo parecido, aunque esta vez desde el lado del Gobierno y el feminismo institucional.  

Que todo esto además se haga desde la prepotencia del poder y con fondos públicos obliga a preguntarse si no estará pasando que todos debemos atenernos a reglas y procedimientos excepto estas señoras y señores que parecen gozar de patente de corso para hacer y deshacer en terrenos que ni tan siquiera son de su competencia y donde tanto el ministro del ramo señor Gabilondo, como la oposición, como el resto de los interlocutores de ese Pacto por la educación que no acaba de nacer, como cualesquiera otros –ahora mismo hay en la red un manifiesto alternativo por la educación- deben hilar muy fino para conseguir cualquier pequeño avance y sin embargo esta gente desde su atalaya decide sobre cuentos infantiles, educación sexual, feminismo como trasversal en la Universidad y no sé cuantas otras cosas.  

Creo que es hora de recordar que ni el mandarinismo, ni el dirigismo cultural, por mucho que vengan disfrazados de ese ropaje de lucha contra el machismo,  pueden ni deben tener lugar en nuestra sociedad. No puede ser que nos hayamos dado una Constitución y hayamos construido una democracia de ciudadanos libres, para que ahora venga alguien a interpretar que todo eso debe quedar subordinado a los deseos y dictados de un grupo social en el que cada día es más difícil encontrar el verdadero objeto de sus propuestas, incluso su racionalidad,  y sí  ver aflorar una vocación totalitaria y un ansia de poder que está dividiendo profundamente a la sociedad y que en nada augura ni prefigura  esa pretendida sociedad de iguales que, nominalmente al menos, sería el objeto de sus desvelos.  

24 marzo, 2010

Endogamia de género

La perspectiva de género, vierte sobre la sociedad una mirada endogámica, interesada, parcial, sesgada, una mirada que no va más allá de los intereses a corto plazo de su propio sexo… La perspectiva de género no se propone ofrecer soluciones o alternativas a los problemas de la humanidad, vale decir, al conjunto de seres humanos, sino que, dando por hecho, y en esto no se equivocan, que ya otros garantizarán el andamiaje social y político, prefieren el cuidado de su propio nido, sus  cosas, el diseñar y llevar a la práctica acciones que garanticen al máximo sus aspiraciones de género. Y, quizá, la mayor paradoja estribe en que muchos hombres que de ningún modo aceptarían una visión de ese tipo por el lado masculino, no tienen el menor problema en aceptarla por venir formulada del lado de ellas.

Mientras, en los últimos siglos el hombre y el denostado sistema patriarcal han ido alumbrando la Ilustración y los Derechos humanos, el Liberalismo, el Socialismo, el Comunismo, el Anarquismo, el Sindicalismo y el Estado del bienestar, el feminismo ha permanecido fiel a sí mismo y ha alumbrado la primera, segunda y tercera olas feministas y los Derechos de la mujer… Y, en este tercera ola, la más radical sin duda, la que ha establecido que los hombres, reales y  concretos, tú y yo, no las estructuras sociales, somos responsables directos de la discriminación de la mujer. Ha llegado a la conclusión de que todo aquello que los hombres hacemos, incluida la ciencia y la técnica, lo hacemos para perpetuar esa dominación, y  que el hombre es un depredador que a lo largo de la historia ha vivido de la explotación y la discriminación de la mujer creando una sociedad patriarcal, androcéntrica y sexista que no renuncia a la violencia para mantener a las mujeres en el estado de discriminación y opresión  en el que viven.

De ese modo, este feminismo,  no sólo no ofrecerá su visión de qué hayamos de hacer con la globalización, o con el deterioro y pérdida de peso específico de la Unión europea, tampoco sobre las alternativas a la crisis, mucho menos con el conflicto de Oriente Medio, la crisis de la democracia representativa o la brecha abierta entre los partidos políticos y la ciudadanía. Lo que sí buscarán será que sus exigencias de género tengan plasmación en los diferentes programas gubernamentales, por ejemplo, ante la crisis formulando peticiones de mayores privilegios para la contratación femenina, o gobiernos paritarios sin importar cual sea el resultado de esas decisiones más allá de su directo interés. Ni que decir tiene que el fracaso  y abandono escolar masculino ni forma parte del ámbito de sus preocupaciones ni es reconocido como tal por este tipo de ideología.


Incluso más, pues en esta alocada carrera en defensa de lo propio sin importar ninguna otra cosa, ha conducido al feminismo hacia una espiral, en la que a medida que sus reivindicaciones se han ido materializando la culpabilización del hombre ha ido adquiriendo una mayor virulencia hasta llegar a considerarlo no sólo el principal responsable de sus males históricos, también  un discapacitado, portador de numerosas taras e insuficiencias que lo hacen incapaz para evolucionar; lo que conduce a la necesidad de “cambiar la masculinidad”. No dudando, como dice Elisabeth Badinter, en “luchar contra la dominación masculina como se combate el racismo y el fascismo”. Cómo, algunos de los más conspicuos defensores de este planteamiento puedan ser hombres, constituye para mí uno de esos interrogantes para los que no tengo respuesta.


La perspectiva de género reduce el feminismo a la búsqueda de una situación de privilegio para  las mujeres, -no digo que sea lo que todas las mujeres ambicionan sino lo que el género ambiciona para ellas-, sin importar ni a costa de qué, ni en qué posición quede el otro sexo, o mejor, planteando que lo que le ocurra al otro sexo no es de su incumbencia y en cualquier caso lo que pudiera sucederle se lo tiene bien merecido. Así actúa desde la sociedad civil pero también desde los organismos públicos financiados con el dinero de todos, el de ellas y por supuesto el de ellos, introduciendo en al acción estatal y de la Administración, un sesgo que hasta el presente se había negado a cualquier otro grupo o colectivo,  ya que, por definición, la Administración y los organismos estatales defendían el interés general. Pareciera como si la militancia feminista más acendrada fuera mérito principal para cualquier puesto público incluidas las altas instancias judiciales.


El feminismo de género practica una extraña ética consistente en considerar normal como práctica femenina lo que critica como patriarcal o inasumible cuando lo atribuye a los hombres. Así, al tiempo que ponen el grito en el cielo porque tal cofradía no admite costaleras, entienden como lógico y natural que las mujeres creen espacios que excluyen al hombre. Denunciarán un pretendido e inexistente pacto entre varones para excluir a las mujeres, mientras establecen entre ellas un pacto según el cual el feminismo es lo primero y sólo después las diferencias políticas, sociales, religiosas o de cualquier otra índole. Denunciarán una historia escrita por los hombres para a continuación pretender reescribir el pasado y el presente ignorando al hombre.

Denunciarán la ausencia de mujeres en tal o cual programa de televisión, pero ahora que la ley de Igualdad le ha puesto TVE en sus manos, no han dudado en convertirlo  en un espacio monopolizado y protagonizado por ellas. Denunciarán la igualdad formal que no garantiza la real, pero toda cuanta propuesta realizan va en la dirección de situar al varón en una posición subordinada. Denunciarán que el hombre las ha querido naturaleza, pero luego pretenderán que la maternidad las hace moralmente superiores…
El género para hacer todavía menos asumible su perspectiva, reduce las mujeres al modelo de madre de familia  con doble jornada laboral, al tiempo que ha decidido abolir no sólo las diferencias de clase, también las culturales o de procedencia geográfica  y así es perfectamente posible leer un artículo como el firmado por nuestra vicepresidenta el día de la mujer, en el que se mezcla la situación de la mujer española y la africana en un totum revolutum realmente inadmisible, por no citar a la jurista costarricense que considera que los más graves problemas de la mujer latinoamericana tienen que ver con la violencia sexual, “que van desde la violación hasta los piropos en la calle”.
Y hay todavía un aspecto menos aceptable del género ya que no contentas con haber declarado al hombre responsable de todos los males de hoy, ayer y mañana, sucede que en un  ejercicio de misandria difícilmente admisible no sólo han declarado al hombre responsable de todas las violencias sino que al tiempo pretenden que nunca es víctima, como cuando al hablar de víctimas civiles de un conflicto sólo se mencionan a las mujeres y los niños, o cuando deliberadamente se establecen distinciones inadmisibles entre los muertos, sean estas muertos los de las pateras o los de la guerra Civil y el franquismo.
En esta dirección encontrareis mucho de lo que os hablo. Me parece especialmente terrible el artículo en el que se habla de un único naufragio de patera, olvidando que se calculan en más de 15.000 los muertos, la práctica totalidad varones. También me lo parece esa doble falta de memoria que olvida que de nuevo la inmensa mayoría de los paseados y asesinados después de la guerra civil han sido varones. Pero para que se calibre como esta forma de pensar pretende imponerse, decir que ayer en el programa de Iñaki Gabilondo en CNN+ cuando éste le pidió a la portavoz del Consejo General del Poder Judicial que pusiera título a una foto de una familia que, ante el clima de violencia allí reinante, decide abandonar Ciudad Juárez, sin cortarse lo más mínimo y eso que en la foto estaban el padre, la madre, y los hijos: unos varones y otras mujeres, decidió que sería algo como esto: Mujeres en busca de la libertad. 

24 junio, 2009

!!¿Invisibilidad?¡¡

Quizá algún día estas cosas lleguen a ser explicadas, pero a día de hoy sólo hay lugar para la perplejidad y quizá la estupefacción.

En el recorrido por los periódicos digitales que realizo casi todos los días veo repetida la noticia de la desarticulación de un nuevo comando de ETA formado por tres personas: dos mujeres y un hombre, pero siempre, invariablemente, la imagen que acompaña la noticia es la de un varón con la capucha de la sudadera puesta y flanqueado por dos policías.

Si es cierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras el mensaje transmitido tendría poco que ver con la realidad... pero esa parte casi prefiero dejarla para los semiólogos.

03 mayo, 2009

Violencia de género

http://www.abc.es/blogs/edurne-uriarte/public/post/el-escandalo-lydia-bosch-abuso-policial-o-abuso-legal-991.asp

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/02/opinion/2638934.html

Presento estos 2 enlaces sobre la denuncia de Lydia Bosch contra su marido porque nos hablan de una realidad jurídica en nuestro país que debe ser repensada y reformulada. Las leyes para ser justas no pueden conceder ventaja a unas sobre otros porque sino son otra cosa y con esta ley se está viendo a las claras que hay quien juega con ventaja, y hay quien juega con la ventaja en su contra; hay quien puede denunciar y hay quien puede ser denunciado, en roles de género perfectamente definidos y marcados, las primeras serán unas y los segundos serán los otros. Si sale cara yo gano; si sale cruz pierdes tú.

Pero también por el silencio cómplice de cierta prensa que, aún cuando publicaron la denuncia, ahora que se conocen detalles de la misma, como que se formula cuando hay abierto un proceso de separación con unas abultadas peticiones por parte de la denunciante o que los abusos -de ser ciertos- se refieren a hechos de hace 5 años que en su momento no supusieron denuncia, parece que se han desentendido del caso y de la necesaria reflexión a que unos hechos como estos deben conducir.

12 abril, 2009

Territorio, lengua, género

En el debate territorial y sobre las lenguas muchos autores sostienen (véase por ejemplo este artículo de Félix Ovejero) que los derechos no los tienen los territorios sino sus habitantes, ni las lenguas sino sus hablantes, pero presos de un extraño síndrome, en lo relativo al género, su posición ya es diferente y lo que no están dispuestos a reconocer a la nación con territorio, o a la lengua, sí están dispuestos a concederlo a la “nación” sin territorio que representan las mujeres. (Si se prefiere sustituyase la expresión nación, por la de clase, pueblo o la que se desee para señalar lo que, en la maniquea visión del género, constituye el bloque de las mujeres por contraposición con el bloque de los hombres). Nación de las mujeres que las agruparía a todas, juntas y revueltas, como si de un todo homogéneo se tratase y merecedor por tanto de idéntico trato en todas las situaciones...

La nación de las mujeres, como la nación de los hombres, que el género pretende un conjunto homogéneo y necesitado de la misma protección, de la misma consideración y apoyo ante la justicia o ante el acceso al mundo del trabajo, comprende mujeres pobres y ricas, ilustradas e iletradas, solteras, casadas, con hijos, sin hijos, en familias monoparentales o de las otras, con alto nivel de renta y con bajo nivel de renta, universitarias que renuncian a trabajar porque no encuentran el trabajo que desean, pero también proletarias obligadas a trabajar en lo que encuentran porque no tienen más opción, mujeres que han de bregar muy duro para sacar sus vidas y las de los suyos adelante y mujeres de vida fácil y relajada, y un larguísimo etcétera que sería interminable enumerar.

Mujeres que desarrollan sus vidas al lado de hombres ricos y pobres, ilustrados e iletrados, solteros y casados, trabajadores de cuello blanco y de cuello azul, hombres tan sujetos a los vaivenes de la vida como lo puedan estar ellas, y que, a veces, deben bregar duro, muy duro en oficios difíciles y arriesgados, y capaces, por qué no decirlo, de hacer todo eso por sus familias y aquellos a quienes aman... Mujeres que forman un conjunto que ni es una minoría, ni puede considerarse todo él como desprotegido, mucho menos si lo ponemos al lado de quien cabría entender como poderoso, la nación de los hombres tan variada y heterogénea como la suya. Nación de las mujeres que más que mediante un partido propio ha preferido actuar por medio de otros, en la izquierda y en la derecha, aunque siempre bajo la atenta mirada y supervisión del lobby femenino, atento a fijar la agenda y los procedimientos.

Por eso digo desde aquí que, si los derechos los tienen las personas el género no es una categoría tan alejada de la nación con territorio y que, si injusto sería dar ventajas económicas, políticas o de cualquier otro tipo a un territorio o a una lengua no es lo es menos darlo a una categoría como la que representa el género, porque encierra en su interior una heterogeneidad de personas cuyas situaciones en absoluto son equiparables, máxime si en el otro término de la comparación quienes están son los hombres, colectivo en el que no se produce una menor heterogeneidad y donde, al lado de posiciones de poder encontramos posiciones de absoluta carencia, y eso sin considerar que en una visión menos maniquea de los sexos y su historicidad, la común humanidad nos estaría hablando de un territorio compartido en el que, levantar el muro de separación del género no está más justificado que lo estuvo en Berlín o lo pueda estar en Palestina.

Sólo un pequeño ejemplo. En el reciente conflicto de pareja del Juez Decano de Barcelona con su esposa, hubo maltrato por ambas partes o así lo interpreta el fiscal del caso al solicitar para él nueve meses de cárcel y siete para ella. Al día siguiente, en la prensa ya sólo se hablaba de un maltratador: él, y se dejaba caer la pregunta de cuándo dimitiría como juez decano y se especulaba con la posibilidad de que tuviese que abandonar la función de juez. De ella, nada se decía aún cuando la manifestación más evidente de maltrato la mostraba él con un arañazo en la cara. No pretendo juzgar el caso, sólo quiero dejar aquí estas líneas (que espero corrijáis si necesario fuera) para observar cómo, lo que fue una disputa familiar en la que el fiscal aprecia maltrato por parte de ambos, las consecuencias para él no tiene nada que ver con las consecuencias para ella, ya no sólo ante la justicia, sino ante la opinión pública a tenor del trato dado al uno y a la otra en la prensa.

¿Alguien puede pensar que nos encontramos ante un trato equitativo? ¿alguien piensa que esta señora debe gozar frente a él de una protección especial y de un trato jurídico diferente? ¿alguien concibe que sólo él haya entrado en la categoría de los maltratadores? ¿es justo que el conflicto se manifieste en los términos que lo hace en los medios de comunicación, con un sólo culpable y donde sólo él parecería estar obligado a rendir cuentas?

En el artículo arriba citado Félix Ovejero para acompañar su razonamiento dice que las mujeres sí son acreedoras a esa discriminación positiva en razón a su presencia política. Pero desconozco el porqué cuando se habla de las mujeres, o del feminismo, todos los matices se obvian, y así autores minuciosos en todo cuanto tratan, llegados a estas cuestiones entienden que los detalles sobran y basta con declararse a favor del feminismo o de las mujeres, como si fuese lo mismo el sistema de cuotas o la paridad, como si todos los feminismos fuesen una misma y única cosa, como si aún estando de acuerdo en aspectos parciales no se pudiera discrepar en nada, ni en los matices, como si no hubiese que estar atento a las consecuencias de lo que se hace y se dice...

Y aquí quiero traer a colación otro pequeño ejemplo. La Ley de Igualdad confiere privilegios a las mujeres y sus organizaciones en lo relativo a los medios públicos de comunicación, en teoría para evitar la publicidad sexista y para procurar la igualdad. Es verdad que no veo mucho la televisión y en particular la TVE1, pero el fin de semana pasado sí lo hice y en un telediario pude observar que en la mesa había dos presentadores: un hombre y una mujer sí, pero al lado había otra mujer que era la de la información deportiva y en todas las conexiones que realizaron y fueron ocho o nueve, con la excepción de una, todas las corresponsales eran mujeres... Espero me corregiréis si pensáis que se trató de una circunstancia fortuita y excepcional.

Quizá otro ejemplo interesante sería el educativo donde, incluso los más reticentes no están teniendo más remedio que admitir que el gravísimo problema educativo de este país lo están sufriendo, y de qué manera, los varones y de que aquellas que no se cansan de hablar un día sí y otro también de discriminación hacia las mujeres llegado el caso se olvidan de que los varones también existen y que si necesario es equilibrar plantillas en la Universidad no lo es menos en los otros niveles educativos, o que la componente de género no se puede usar como prebenda femenina. Añadir también que mi interés por la noticia tiene más que ver con la necesidad de abrir un debate, que por las opiniones que en ella se vierten, con muchas de las cuales no estoy de acuerdo, y de igual modo pienso que el debate sobre la separación por sexos aunque pertinente no me parece ni el más urgente ni el más relevante. Aprovechar también para señalar la deshonestidad y cortedad de miras de un feminismo capaz de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, y cómo no, preguntar si quizá un pomposo Ministerio como el de Igualdad, no sería de éste del primer problema que tendría que estar ocupándose.

Pero, retomando el hilo habría que decir, que aún admitiendo el planteamiento general, cabría preguntarse por ejemplo por las consecuencias de una decisión como la paridad en las listas electorales si tenemos en cuenta que, no mejoró la representación que las mujeres tenían en el Parlamento antes de dicha medida y sin embargo, es indudable que añade un elemento más de dificultad a un sistema de representación, que ya muchos situaban y sitúan en crisis, al introducir en la confección de las listas electorales y la vida política en general un juego de componendas poco estimulante para quienes con su voto desean elegir a quienes creen que mejor los representarán. Pero también cabe traer a colación el fenómeno Obama para mostrar cómo, quizá las vías directas sean las mejores para la salud y el vigor del sistema y, para observar hasta qué punto, es posible saltar barreras que se consideraban imposibles, en un corto espacio de tiempo. Porque cuántos hubieramos pensado hace unos años en un Presidente negro en la Casa Blanca; sin embargo ahí está, sin necesidad de cuotas, peleando la nominación en su propio partido con una mujer y una mujer de la talla política de Hillary Clinton, para ganar luego al contrincante republicano y consiguiendo ilusionar no sólo a muchos americanos también a muchos otros en el mundo.

Los atajos no siempre señalan el mejor camino, en algunos casos ni tan siquiera el más corto. Si cuestionable es el género, mucho más lo son algunas de sus medidas. Proceder frente al feminismo y las mujeres con un: sí bwana, ante todo y para siempre, no es la forma más equitativa, ni la más inteligente de afrontar un serio problema como el que representa la igualdad, y no discriminación por razón de sexo, de hombres y mujeres.

25 marzo, 2009

Corporativismo femenino

La intervención de Trinidad Jiménez calificando de machista las críticas a Chacón por el anuncio de retirada de las tropos de Kosovo, muestra hasta qué punto esta forma de proceder se ha convertido en un automatismo, un arma arrojadiza siempre presta para blindar la actuación de las mujeres frente a cualquier crítica, tenga ésta algo que ver o no con el machismo. Pero muestra también cómo las mujeres en la política, la prensa y muchos otros ámbitos han hecho suyo aquello de “una para todas y todas para una” sin que ni la distancia ni la filiación política e ideológica, constituyan un obstáculo insalvable. Todavía ayer una pluma femenina insistía en El Mundo en esa línea, y patéticos resultaron los esfuerzos de Mamén Mendizabal en la sexta por exculpar a la ministra. Recuerdo ahora, cómo en plena campaña por la nominación de los candidatos por el Partido Demócrata a la Casa Blanca cuatro mujeres en mesa redonda celebrada en Yo Dona despedazaban literalmente a Obama mientras se deshacían en elogios hacia Hillary Clinton, llegando a convertir en argumento contra de Obama que no era demasiado negro.

21 marzo, 2009

Publicidad institucional que discrimina y golpea (a los varones)

Tenemos un Gobierno paritario, tenemos un Ministerio de Igualdad, nuestras parlamentarias están atentas a la publicidad sexista, los medios públicos (y los privados) están obligados a proteger a todos, las campañas contra el sexismo se multiplican y, sin embargo, la publicidad institucional golpea y discrimina a los varones de una forma que empieza a ser muy preocupante. Si hace poco era un anuncio de la Dirección General de Tráfico en el que un padre maltrataba a su hijo por no ponerle el cinturón de seguridad (y recibía el merecido reproche de la madre), ahora una campaña contra las drogras vuelve a aparecer encarnada en un hombre que no sólo se hace daño a sí mismo sino a todos los que le rodean: su madre, su esposa, sus hijos... porque con su acción está “maltratando” a todos.

Que yo sepa no existe ninguna réplica en femenino y eso que esta misma semana la prensa publicaba un estudio médico según el cual el 8% de las madres habían tomado cocaína durante el embarazo y esa era la explicación para muchos casos de prematuros, bajo peso, síndrome de abstinencia...

¿Consistirá en esto la igualdad de género?

12 marzo, 2009

Sobre feminismo II

Desde mi modesta posición de ciudadano sin más título para opinar de estas cosas que la curiosidad de entender lo que sucede a mi alrededor, tengo la percepción de que, en los temas de calado, la sociedad no transige que quien denuncia una determinada actitud, sea éste un colectivo o un ciudadano particular, no se guarde de caer él mismo en la falta que pretende denunciar, por que entonces su pérdida de credibilidad es total.

Pero, por qué esto mismo no sucede con el feminismo. Por qué la sociedad no le recuerda que no se puede pedir equilibrio de profesores y profesoras en la Universidad, cuando quienes realizan tal petición se olvidan del desequilibrio de signo contrario existente en las enseñanzas: primaria, secundaria y bachillerato sin que se observe ningún intento por su parte de abordar tal situación; que no se puede tachar de discriminatoria una Universidad o carrera con más alumnos que alumnas pero que cuando la situación se trastoca haya que interpretarlo como el discurrir natural de las cosas.

Que cuando más patente es la presencia del lobby femenino en todos los ámbitos de la sociedad, cuando el pacto de apoyo y no agresión entre las mujeres que están en la política, y no sólo en la política, es más claro, que cuando la administración se va llenando de organismos por y para las mujeres: institutos, consejerías, concejalías, cátedras universitarias, organismos e instituciones múltiples y variadas, dedicadas en exclusiva a velar por sus intereses, se tenga la desfachatez de acusar a los hombres con las únicas pruebas de “variados e invisibles filtros...” y “techos de cristal” que no se ven, de urdir no sé que tramas para impedir a las mujeres el acceso a la política, a los puestos de responsabilidad en las empresas, en el deporte...

Que al tiempo que se exige la presencia paritaria en aquellos ámbitos donde se consideran subrepresentadas, se reservan el derecho a construir cada día nuevos espacios no mixtos de exclusiva presencia femenina: organizaciones de mujeres, revistas femeninas, hoteles o gimnasios, comercios o espacios de recreo para su uso exclusivo... y a poder ser gozando de financiación pública como sucede en buen número de casos. Que cuando de la enfermedad se trata se anteponga el criterio de género a cualquier otro y se privilegien determinadas líneas de investigación y no otras. Lo mismo que cuando se trata de la justicia que se olvida de la común humanidad para hacerse de género.

Que cuando interesa se nos hace iguales, incluso intercambiables, por ejemplo para ocupar puestos de responsabilidad en la política o la economía, pero cuando conviene se nos pinta como el macho incapaz de atender a sus hijos, o ese ser rudo y primitivo que tan válido es para trabajar en la construcción, en los barcos de altamar o el transporte internacional, pero nada más, porque aquí el manejo del foco de la visibilidad-invisibilidad se realiza con gran maestría y estos seres no precisan de conciliación de vida familiar y laboral, y están ahí porque la naturaleza los hizo más fuertes. (Tiene su áquel que el género considere que los sexos son construcciones sociales y que nacemos iguales, pero luego interprete que sean los hombres quienes hayan de realizar determinados tareas porque son más fuertes)

Y por continuar viendo a dónde apunta el foco, nunca os preguntásteis por qué habiendo sido dos los tránsfugas del PSOE, Tamayo y Sáez, el primero varón y la segunda mujer, al final el título que queda para ese comportamiento es el de “tamayazo”, o qué pasa con las mujeres implicadas en la operación malaya, o por qué, a pesar de la evidencia de que las niñas acosan en la escuela tanto como los niños, se producen tantos intentos de limitar ese comportamiento a los chicos. ¿Se acabará imponiendo también en este terreno la idea del varón como único ser violento? Al menos esa parece la pretensión. No os preguntásteis alguna vez qué ha sido de las sentencias sobre algunos crímenes cometidos por mujeres que conocimos cuando se produjeron pero a los que perdimos de vista después. Será verdad lo que dice Elisabeth Badinter, que a la justicia con las mujeres le sucede un poco lo que con los niños, que le resulta difícil verlos como seres violentos.

En fin, hay un término: ambivalencia, que el diccionario de la R.A.E en una de sus acepciones define como: Condición de lo que se presta a dos interpretaciones opuestas, al que seguramente necesitemos recurrir muchas veces para buscar explicación a algunas de estas cosas, como será necesario recordar muchas veces que el género, como pensamiento ligado al sexo, es un ideología incapaz de plantear las cosas en términos de “lo que afecta a todos y todas” y una sociedad no se sostiene indefinidamente si alguien no asume ese papel y simplemente cada uno nos dedicamos a defender nuestra parcela, sea ésta la clase social o el género. Además de un gran debilidad de pensamiento supone un gran riesgo. No deberían llevarnos a engaño, Arquimedes o Platón no son equiparables a cualquier feminista radical, ni su pensamiento hay que leerlo en clave de género porque, en lo que nos legaron, fueron seres humanos capaces de trascender a su sexo.