Twittear

07 julio, 2012

Prefiero ser mujer


Hay un esfuerzo consciente por parte del neofeminismo para que  olvidemos la historia. Debería ser suficiente, según su punto de vista, el esquema simplista del enfoque de género sobre el patriarcado, como historia de dominación del hombre sobre la mujer en todas las épocas y todas las culturas, adornado con esos minúsculos espacios en los que ésta transcurre de otra manera y que permitirían vislumbrar lo hermoso que hubiera sido todo si quienes “hubiesen gobernado” hubieran sido las mujeres.

Y no es que yo pretenda llenar ese vacío en esta entrada,  escribo lo anterior como pequeño recordatorio de una realidad, pero también como introducción a la visión feminista de una mujer: Esther Tusquets,  nacida en 1936 y que en 2006 ha publicado un libro con el título: Prefiero ser mujer, en el que se recogen artículos de la citada autora sobre la condición femenina publicados, “sobre todo a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado.”

Como en los tiempos que corren cualquier referencia a esas fechas constituye adentrarse en un terreno mítico en el que el mundo prácticamente no había salido de las tinieblas originales, traer aunque sea muy extractado el relato de una mujer con esas características me da la impresión de que puede ser enormemente ilustrativo de, hasta qué punto basta la distancia de unas décadas para que el relato de una época se pueda alterar completamente.

Y si significativo es el título no menos lo es el párrafo en el que explica como se le ocurrió. Dice: “Porque, ¡claro que a ningún hombre se le iba a ocurrir titular un texto “Por suerte soy un hombre” o “Prefiero ser un hombre” –salvo como un gesto de provocación-, cuando llevan milenios ocupando una posición de poder y disfrutando de muchos más privilegios que nosotras! Equivaldría a proclamar algo tan obvio como “por suerte soy blanco” o “por suerte soy rico”. Para remachar lo anterior cerrando el párrafo con la siguiente frase: “Aunque no deja de ser curioso que todas las mujeres a las que he citado este título hayan respondido unánimes y sin vacilar: “Yo también. A mí me gusta ser mujer”.

Sería interesante bucear en esa realidad “discriminatoria” con las mujeres pero que a todas hace exclamar: prefiero ser mujer, y no se me escapa que, honestamente, la autora declara: “Hablaré, como siempre, del único mundo que conozco –el mundo del que hablaba en mis artículos y que reflejo en mis novelas-, el de la clase media acomodada del mundo desarrollado. Del horror, del espanto, que sigue siendo la vida de las mujeres en la cuatro quintas partes, o en cinco sextas partes del planeta, no puedo contar nada que no hayan contado mil veces personas más competentes que yo…”  lo que no le impide  acabar de este modo: “He de reconocer  que a mi nacer mujer no me ha supuesto graves desventajas.” 

Eran otros tiempos, la dictadura de género y lo políticamente correcto no impedían a alguien  como ella reconocer que la mujer podía ser celosa o mentirosa, o escribir con cierto tono de sana envidia: “Existe, pues, una escala de valores muy distinta. En los chicos la belleza es sin duda un valor positivo, pero no primordial, no tanto al menos como la inteligencia, la aplicación en los estudios, las buenas notas, los logros deportivos, la audacia, el valor físico que les lleva a trepar por los árboles o a liarse a trompadas con los compañeros, e incluso su éxito como rompecorazones.”

Visto desde la perspectiva de hoy, la benévola mirada de Esther Tusquets hacia los chicos en los años 70, mirada que pretende el reflejo de un estereotipo positivo, por contraste con la pasividad femenina, apenas si se mantiene en alguno de sus elementos, y más bien parecería que a ese  relato se le haya dado la vuelta como a un calcetín. Claro que todavía no se había impuesto esa visión que ha convertido al mundo en un lugar lleno de violadores y maltratadores  dispuestos a hacer de la vida de las mujeres un infierno. 


14 comentarios:

  1. Anónimo1:37 p. m.

    "Porque, ¡claro que a ningún hombre se le iba a ocurrir titular un texto “Por suerte soy un hombre” o “Prefiero ser un hombre” –salvo como un gesto de provocación-, cuando llevan milenios ocupando una posición de poder y disfrutando de muchos más privilegios que nosotras!"


    No sé si Esther Tusquets conoce que "Datos estadísticos sobre la población total de los países más pequeños de Europa sugieren que 1 de cada 30.000 varones y 1 de cada 100.000 mujeres desean tratamiento quirúrgico [para cambiar de sexo]." (véase "Transexualidad", en http://es.wikipedia.org/wiki/Transexualidad).

    José

    ResponderEliminar
  2. Anónimo12:12 a. m.

    En la obra "Tiempos que fueron", escrita a medias por Esther Tusquets y su hermano, se puede ver bien claro que su padre era un médico que tuvo que dejar de ejercer como tal y convertirse en agente de seguros, dado que, como médico, no se atrevía a cobrarle a sus pacientes y se estaba arruinando. Un pedazo de pan, en fin. Su mujer, por el contrario, era la típica señora de la alta burguesía, totalmente convencida de pertenecer de pleno derecho a una raza superior. La madre no sólo se permitía tener un amante casi oficial, sino que su propio marido tenía que organizar las vacaciones incluyendo en el grupo al amante de su esposa.

    (Athini Glaucopis)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la información Athini. Desconocía ese aspecto de la vida familiar de los Tusquets que, por otro lado, resulta coherente con otras cosas que leí de la autora del libro que comentamos.

      Eliminar
    2. Si la madre de Tusquets era así y hacía eso, no era nada que no fuera completamente rutinario y casi sobreentendido en el caso de los hombres de la misma clase social (amante oficial incluida). ¿Por qué eso no caracteriza como persona más que a Ester Tusquets y no a todos los demás, que son cientos(de hecho serán casi todos los personajes medianamente importantes procedentes de la burguesía catalana)? Y si efectivamente caracteriza a todos lso hijos de la burguesía de determinada época ¿no basta con decir "es una hija de la burguería de esa época"? ¿Por qué en su caso añade información importante?

      Esta no es una preguta retórica, es una pregunta real de la que yo ya sé la respuesta. Pero sería bueno que usted la buscase y la encontrase.

      Eliminar
    3. Aloe, una duda y una pregunta.

      Dudo que "muchos" miembros, aunque lo fueran de la burguesía catalana, tuvieran amantes a quienes la mujer oficial debiera organizar las vacaciones. Aunque según tú no eran muchos sino casi todos.

      La pregunta es: ¿estás dando por hecho que en pleno franquismo las mujeres de la burguesía eran iguales a los hombres aunque solo lo fuera en el tema de los amantes?

      Eliminar
    4. Al contrario, estoy diciendo que no lo eran (pero que debieran serlo a nuestros ojos).
      Tampoco lo son para el señor Glaucopis. Por eso hace tanto hincapié en una circunstancia biográfica que, para el caso de los padres, debía de ser más que común y no se debe considerar tan digna de mención. Escarbando en la biografía de la mayoría de los personajes significativos de las artes, la política, el dinero... de la época salen estas cosas, pero pocas veces se les da mucha importancia desde el punto de vista de su familia.
      No sé cuantas señoras de la burguesía tradicional organizaban la vida familiar teniendo en cuenta las amistades femeninas de sus maridos y la conveniencia de estos al respecto. Pero es seguro que eran muchas más que al contrario.

      Eliminar
  3. Anónimo6:36 p. m.

    La discriminación del varón es más importante y radical que la de la mujer. Lo que ocurre es que es diferencial. O sea, que no se manifiesta en contra de todos los hombres, sino en contra de unos y A FAVOR de otros. Por ejemplo: hay más hombres que mujeres en el poder, pero también hay muchos más en la cárcel (unas 12 veces más).
    También son casi todos hombres los expulsados de sus casas en el caso de ruptura de parejas, que mayormente solicitan las mujeres.
    También en muchas especies animales sólo unos pocos machos pueden acceder a las hembras y reproducirse. Son privilegiados, sí. Pero los demás machos, todo lo contrario.
    Entre los humanos, también la discriminación de los varones es diferencial. Incluso en el sexo, pues todas las mujeres, por lo menos las jóvenes, pueden acceder al sexo si quieren (incluso dejándose pagar los gastos o cobrando), pero no así los varones, que necesitan "ganárselo" de una manera o de otra.
    Ciertamente, no está permitido hablar de la existencia de la discriminación del varón, pues está relacionada con el Poder, pues, ya que, esta discriminación perjudica a unos hombres, pero beneficia a otros, por lo que éstos, que tienen el poder, no toleran que se hable de ella, y todo pasa como si no existiera, por muy evidente que sea.

    Alex

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He de reconocer que en más de una ocasión he pensado las cosas así, sin embargo no acaba de convencerme de todo ese enfoque, pero aunque así fuera observa que lo que esta bitácora pretende no es solo constatar lo que pasa también sugerir otro modo de ver y hacer las cosas.

      Por ejemplo, lo que dices del poder. Creo que tenemos que hacer un esfuerzo por superar algunos lugares comunes y uno de ellos es el concepto de poder que manejamos, centrado en lo social y como figura sobresaliente en la política, la economía u otras esferas sociales. Porque pregunto, ¿acaso no es poder la mayor o menor capacidad para atender a la salud personal? ¿no es poder saber que la casa y los hijos solo se comparten si una lo desea o mientras lo desea? ¿no es poder lo que tú señalas de que a ellas es a quienes cabe decir no a ti no te quiero, y tu hayas de jugar el más jodido de ser, o no, rechazado? ¿no es poder que el personaje del cobarde y el del protector estén en el otro sexo como las películas de hoy al igual que las de hace 60 años muestran?

      Todas estas cosas es verdad que no las tengo completamente maduradas y les doy una y otra vuelta, pero entiendo que es necesario que comencemos a planteárnoslas si no queremos quedar sumidos en el rol protector y proveedor de siempre, porque eso también es verdad, ambas cosas han cambiado mucho menos de lo que nos quieren hacer creer.

      Eliminar
    2. Anónimo11:52 p. m.

      Claro que todas esas cosas es poder, poder que tienen las mujeres, para impedir que los varones medren y triunfen en la sociedad. Al fianl si nos ponenmos a pensar No somos muy diferentes a Algunos animales, si has visto documentales sobre los Leones, os podereis dar cuenta que con ellos, ocurre algo muy parecido a lo que es nuestra sociedad actual, en las manadas de leones hay uno o dos machos, que mientras le dura su reinado, que por cierto suele ser muy corto, viven a cuerpo de rey, pero......, los machos (varones) en cuanto alcanzan su puvertad, son expulsados sin ninguna contemplación de la manada, porque son vistos por los machos dominantes (dirigentes Politicos)como futuros competidores, muriendo la gran mayoria de ellos, por tanto los Leones Machos dominantes de la misma forma que nuestros dirigentes politicos benefician a las hembras en detrimento de la gran mayoria de machos y cosa que no es incompatible con que muchos de los machos dominantes (dirigentes politicos) les toque probar su propia medicina.

      Alex.

      Eliminar
    3. Alex en esta bitácora hemos comentado varios documentales que hablaban del género de los animales y en general compartíamos poco ese planteamiento.

      Eliminar
  4. Anónimo11:27 p. m.

    Emilio,,,, deberias de tener en cuenta que, si se quisiera, mediante una información tendenciosa, hacer pasar a los varones como víctimas de la sociedad y de la mujer, todavía sería más fácil que hacerlo con las mujeres, como se hace ahora.
    Por lo tanto, la imagen hombre privilegiado/ mujer víctima es una farsa social, apoyada en una información tendenciosa y unos dirigentes que no respetan la verdad. Mayormente de una manera instintiva, inconsciente, pero también intencionadamente o por miedo a la sociedad, los hombres ocultan las desventajas de los demás hombres, sus discriminaciones y la violación de sus derechos. Obrando así, obtienen la ventaja de perjudicar a sus competidores, especialmente a los niños y jóvenes en su proceso de formación.
    Suan:

    ResponderEliminar
  5. Anónimo3:46 p. m.

    Recomiendo la última entrada del blog de Enric Carbó, "Odio de los pro-feministas al padre divorciado":

    http://masculinitat.blogspot.com.es/2012/07/odio-de-los-pro-feministas-al-padre.html#comment-form

    Es impresionante el culebrón que se monta ese "hombre igualitario", manejando sus dogmas de género, a partir de un corto publicitario.

    Jeipi

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En este asunto el neofeminismo y, da igual que éste esté representado por un hombre o una mujer, procede con un automatismo no menor que el de establecer de antemano la unidireccionalidad de que en el conflicto de pareja el agresor será siempre el hombre y la víctima la mujer.

      Si en el asunto que se dilucida interviene un varón y por medio hay una mujer o un menor, la responsabilidad será siempre del varón adulto. Si esa misma situación estuviese protagonizada por una mujer y un varón, sea éste menor de edad o no, la responsabilidad continuará siendo del varón.

      No me sorprendería gran cosa que en el caso que planteo en la bitácora de Enric Carbó la respuesta de ese profeminista fuese culpar al padre o al propio muchacho por no entender la delicada situación en que ha quedado su madre tras la separación de su padre.

      El mecanismo moral está cortocircuitado desde el momento que se ha establecido que el bien y el mal se reparte según los sexos, de tal modo que incluso en aquellas situaciones en que de facto y sin lugar a dudas se puede establecer que la agresión ha sido de parte de ella, el mecanismo moral va a descargarla de responsabilidad por cuanto entrarán en juego las exculpaciones aplicables a la víctima de un sistema injusto y su violencia explicada como violencia de reacción. Se trata del mismo mecanismo que impedía a un nazi contemplar a un judío como una persona con su misma naturaleza.

      El mismo que lleva a Miguel Lorente y Bibiana Aído a considerar que en nuestro país hay más de 800.000 padres maltratadores de sus hijos y ni una sola madre, y quedarse tan panchos. Esto fue lo que hicieron cuando ocupaban algunas de la más altas instancias de poder.

      Eliminar
    2. Las ganas que tenía de decirlo que ha escrito la siguiente frase: ”El spot es un claro ejemplo de mal padre.”

      Eliminar