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08 abril, 2015

Una doble vara de medir

Las reacciones de ataque a ese tuit de la Guardia Civil con el texto: “Tolerancia cero al maltrato en todas sus formas y variantes. DENUNCIA, no lleves la procesión por dentro” que tantas ampollas ha levantado en personas de sensibilidad feminista como Carmen Montón del PSOE para quien resulta intolerable  “equiparar los asesinatos cometidos por los hombres, con los que cometen las mujeres dentro de la pareja.” ponen de manifiesto una vez más la doble vara de medir reinante en nuestro país en relación con estas cuestiones.

No soy experto en semiótica pero me parece que carteles del tipo: Si la maltratas a ella, me maltratas a mí, o, Cuando maltratas a una mujer dejas de ser un hombre; impresos sobre rostros masculinos,  recogen todo un tratado de lo que el feminismo de género nos propone y que en todo se asemeja al estereotipo de caballero que tantas veces denostó pero que ahora nos sugiere de nuevo. En dichos carteles las notas que veo son:

Primera: los seres humanos se dividen en dos: hombres y mujeres. Pero ahí acaba cualquier relación de semejanza hasta el punto de que la única violencia que importa es la que él pueda ejercer sobre ella. El queda descartado como sujeto pasivo de maltrato. Lo que no se nombra no existe, según su propia concepción.

Segunda: esa violencia con quién lo va a enfrentar, no es con la justicia u otra  instancia mediadora por encima de los sexos, sino con sus propios congéneres, con otros como él -mejor si los admira-,  que serán a quienes corresponda afear y reprimir su conducta.

Es como cuando Lorente Acosta quita cualquier responsabilidad a la madre que dice a sus hijos: “verás cuando llegue tu padre” ya que no es que ella esté derivando responsabilidades sino que se trata del papel que el padre ha elegido. La violencia al campo masculino, la confrontación entre varones, que es donde corresponde. 

Tercera: si queréis gozar del favor femenino, si no queréis dejar de ser hombres, actuad como caballeros capaces de hacer frente a quien la mujer señale como su verdugo. El hombre lo es cuando sale en defensa de la mujer, cuando hace de su escudo. O dicho de otro modo cuando está dispuesto a poner la cara, pues como todo el mundo sabe la tenemos más dura y soportamos mejor los golpes.

Cuarta: repasando la historia y el presente encontraréis ese mensaje inscrito en la frente de tantos varones incapaces de denunciar  leyes como la de violencia de género o la ausencia de custodia compartida, y prestos a creerse todo tipo de falacias si llevan el sello del feminismo.

Blogs enteros dedicados a denunciar todo tipo de pretendidas discriminaciones hacia las mujeres, plumas prestas a denunciar la tiranía de las modas y las tallas, y a considerar que alguna responsabilidad tenemos los hombres en los fallos que la cirugía estética ha cometido con algunas actrices y otras famosas. De los fallos con actores ni mención ya que siguiendo el primer postulado ellos no existen como  víctimas.

Quinta: Pensad por un momento, que en alguno de esos carteles el rostro hubiera sido el de López Aguilar -ahora acusado de violencia de género, pero  en cuyo mandato se aprobó la Ley que ahora se le  aplica y quien en su día dijo que las denuncias falsas por maltrato suponían “un coste soportable” y que el hecho de su existencia: “no puede disuadir a los poderes públicos de seguir realizando su trabajo.” Y pensad en el tremendo fiasco que tal circunstancia hubiera supuesto y, a dónde pueden conducir enfoques tan torticeros y engañosos como los que ahora comentamos. 



7 comentarios:

  1. Duca Lamberti9:38 a. m.

    Qué solo debe de sentirse López Aguilar. Despreciado por los hembristas; objeto de odio y burlas a partes iguales, con toda razón, por los masculinistas; abandonado por su propio partido.

    Me da igual si es declarado culpable o inocente por el Tribunal: está probando su propia medicina (dicen muchos que demasiado lenemente dosificada, pues no ha sido detenido cautelarmente ni ha pasado el fin de semana en los calabozos) y, lo que es peor, ha sido condenado a lo peor que puede suceder a un político: la pena de banquillo.

    Me preguntaba ayer si la denunciante sería afiliada o simpatizante del partido autodenominado popular. Este escándalo llega en un momento embarazosísimo para un partido español que teme caer todavía más bajo de lo que ha caído (pero menos de lo que se merece, con toda justicia, por políticas abiertamente hembristas y misóginas como las que han conducido a la infausta Ley Orgánica 1/2004) y puede ser oro puro para un partido autodenominado popular que también se estaba tocando las vestiduras ante la llegada y ascenso de partidos que le pueden hacer mucho daño: y todo en vísperas de elecciones Locales y Autonómicas, en donde decenas, acaso cientos, de miles de enchufados, vividores y políticos profesionales pueden ver temblar los fundamentos de su prosperidad.

    Y Susana Díez todavía sin investir...

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  2. Anónimo12:26 p. m.

    El caso de López Aguilar me recuerda al de Luís Bonino, adalid de la reconversión de los hombres al feminismo de género, caballero defensor de las damas feministas-hembristas que finalmente resultó detenido por pederasta. Parece que entre los feministos se esconde mucho lobo con piel de oveja. Me pregunto cual será el próximo en caer ¿Lorente?¿Zapatero?

    Arturo

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    1. Anónimo1:49 p. m.

      Bueno, en concreto a quién detuvieron por pederasta fue a Jorge Corsi, lucero e íntimo de Luís Bonino (Su versión Argentina)

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    2. Anónimo9:14 p. m.

      OK. Tienes razón, fue un lapsus.

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  3. Anónimo8:48 p. m.

    Como ya tengo unos añitos, recuerdos que a principios de los noventa el hembrismo español ponía como modelo a seguir la campaña de no sé qué país nórdico cuyo lema era algo así como "un hombre de verdad no maltrata a una mujer" (lamento no tener ahora tiempo para buscar las referencias). Me asombré entonces del extraordinario sexismo que tenía tal lema: no era más que una clara llamada a los valores machistas tradicionales, en los que la valía de un hombre sólo puede ser contrastada si se enfrenta a otro hombre, y donde cualquier amenaza que venga de una mujer es tan insignificante que no merece ni ser respondida ("manos blancas no ofenden"). Me asombré, digo, entonces, porque todavía pensaba que el feminismo realmente buscaba la desaparición de los "roles" tradicionales.

    (Athini Glaucopis)

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  4. Respetando la presunción de inocencia de todo el mundo, porque evidentemente no compartimos la frase de López Aguilar en la que calificaba de "coste soportable" las denuncias falsas, lo que cada vez parece más claro es que esos varones que se arrogan toda la autoridad para decir que los machistas son los otros, que hablan de los de su sexo autoexcluyéndose y que sin dejar de considerarlas masculinas parece que ninguna de las lacras que hacen inherentes a ese sexo les tocara, deben comenzar a considerar que esa inmunidad que se autoarrogan debe dejar paso a la duda razonable porque son ya demasiados los casos en que adalidades del profeminismo han sido cogidos cometiendo la falta que atribuían a los demás.

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  5. Releyendo la entrada me doy cuenta que, "en el límite" que dicen los matemáticos, las desavenencias que el varón pueda tener con su pareja lo confrontan con el mundo: con sus congéneres y las mujeres por lo dicho en la entrada, con los hijos porque la aplicación de la ley así lo está considerando, y sin embargo, cuando es ella la maltratadora, al no considerar la suya violencia de género no sabemos si la confrontaría aunque solo fuese con él, de tal modo que bien se podría decir teniendo en cuenta que el término maltrato comprende tanto el físico como el psicológico, lo objetivo y lo subjetivo, que cuando él maltrata a su mujer maltrata al mundo entero: a ella y sus hijos y a todas las demás y sus congéneres por lo que dice el literal del cartel: Cuando la maltratas a ella, me maltratas a mí en boca de otro varón, mientras que cuando ella hace lo mismo con su pareja ni tan siquiera podemos decir que lo maltrate porque no está contemplado en la ley.

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