Tengo intención de continuar desarrollando la cuestión iniciada en la entrada: Masculinismo en el mundo, particularmente porque deseo decir algo a propósito del discurso de Raúl Quiñones, pero antes debo hacer una digresión en torno a los estudios de género que espero me sirva luego.
ESTUDIOS DE GÉNERO
En los estudios de género el método de las ciencias sociales se ha invertido. En los realizados en nuestro país primero se establece la conclusión y luego se busca cómo confirmarla. No se trata de demostrar algo que está en la realidad social, no se trata de que la realidad cante lo que lleva en su seno, se trata de encontrar un método que confirme lo que el prejuicio feminista ha establecido de antemano, por ejemplo que la violencia hombre-mujer es unidireccional de aquél a ésta y que a la inversa es imposible, o mejor dicho, esta última siempre será de reacción o legítima defensa y por tanto disculpable moralmente.
Y esto vale tanto para los estudios de violencia doméstica, como acoso laboral, o acoso escolar. Y así, nos encontramos, por irnos al más reciente caso, un estudio del Ministerio de Igualdad con el título: Igualdad y prevención de la violencia de género en la adolescencia, en el que a fin de demostrar que el machismo es cosa de todos los ámbitos sociales y de todas las edades ha realizado un estudio entre escolares de ESO, BAC y FP, en el que a ellos les pregunta por la violencia ejercida o perpetrada y a ellas por la violencia sufrida.
Como no puede ser de otro modo, ya que las condiciones del estudio así lo establecen, la violencia sólo es masculina, la violencia es unidireccional de él a ella. No puede haber chicas abusonas y chicos maltratados porque la naturaleza de la encuesta impide ese resultado. Sólo cabe la opción chico maltratador, chica maltratada, chico verdugo, chica víctima. Y no importa que estudios previos hayan demostrado niveles de violencia similares en chicos y chicas, o que como se señala aquí (El timo de la encuestita, 5 de agosto de 2010) un estudio similar del Gobierno americano volviera a confirmar que los niveles de violencia en chicos y chicas son similares.
Y quizá tampoco sean relevantes los demás datos del estudio –demasiadas veces hemos visto que para una misma cuestión el porcentaje que se nos ofrece entre uno y otro estudio puede variar amplísimamente sin que nadie se dé por aludido-, lo relevante es repetir una y mil veces, con este estudio y otros sobre violencia doméstica, o acoso laboral, o cualquier otro ámbito, que todas las violencias, en todos los ámbitos, en varones de toda edad y condición, la violencia procede siempre del mismo lado, el hombre, y tiene el mismo destino la mujer. De ese modo las medidas a arbitrar desde el ámbito social y político serán punitivas y de castigo para ellos y de vigilancia y protección para ellas. De reprobación y repulsa para ellos y de comprensión y afecto para ellas.
Son ya muchos años de estas prácticas que violentan cualquier criterio de verdad y honestidad intelectual. Por qué la respuesta desde el ámbito social y académico ha sido tan escasa, por qué se tolera en este tipo de estudios lo que en cualquier otro se rechazaría, por qué sus autores y promotores no cesan en una práctica que conculca los más elementales principios de la sociología y la estadística, pues no sólo no evita el sesgo, sino que lo establece como condición, es uno de los grandes interrogantes a los que nadie hasta el momento ha dado una explicación satisfactoria.
Elisabeth Badinter lo atribuye al miedo del varón a aparecer como machista, Ivon Dallaire a un ambiente cultural y social en el que despotricar contra el hombre siempre sale gratis, en cualquier caso es demasiado lo que está en juego y han sido ya demasiados los episodios de este tipo como para seguir tolerando que esta práctica no sólo se ejerza, sino que se haga con los presupuestos de todos y desde las esferas gubernamentales. Sobre pilares falsos nada sólido se puede construir, faltando a la verdad no es concebible un mundo mejor.