Dice Elisabeth Badinter en su libro: Por mal camino, “El eslogan implícito o explícito de “cambiar al hombre”, más que el de “luchar contra los abusos de ciertos hombres”, revela una utopía totalitaria. La democracia sexual, siempre imperfecta, se gana paso a paso.” (Alianza editorial, 2004, página 61)
Y no es el único rasgo que comparte con las ideologías totalitarias ya que al igual que en ellas, el individuo está subordinado al colectivo, en este caso el género, categoría con la que se establece la frontera con el otro, al tiempo que señala el lado bueno de la trinchera, y todavía más, ideología que en buena medida se profesa como si de una fe se tratase y que establece lo que ha de interesar a los miembros del colectivo por encima de sus propios deseos y voluntad.
Paradigmático en este sentido resultan el desprecio por la opinión de las prostitutas que dicen querer ejercer la prostitución, o mejor todavía, la elevación al alza del porcentaje resultante de la encuesta de acoso laboral y sexual, en base a un pretendido acoso técnico que consiste en corregir la opinión de las encuestadas para considerar acoso lo que ellas no consideraron así en sus respuestas, por ejemplo, l una mirada, un chiste o un piropo.
Pero, también, como está poniendo de manifestó la polémica por el artículo de Enrique Lynch, la facilidad con la que se juega con la libertad de expresión, incluso la consideración de El País como “un periódico que no respeta a las mujeres” o la extrema dureza de los argumentos utilizados contra él cuando se lo compara con un terrorista o genocida, incluso trayendo a colación el Holocausto. Todo ello unido a una enorme apetencia de poder y a una extensa literatura en la que se vierte sobre los hombres y lo masculino todo lo peor, tampoco constituyen las mejores credenciales para tranquilizar a nadie. La Ministra de Igualdad reprochaba, ayer mismo, a un tribunal de justicia de Cantabria, que no hubiera aplicado la ley contra la violencia de género a un chico de 14 años.
No pretendo desde esta bitácora dar lecciones a nadie, pero tengo la sensación de que al igual que sucedió en muchos otros momentos históricos, en el presente y por el lado masculino, hay mucha conciencia adormilada y han de ser mujeres con mucha experiencia en el campo femenino y feminista quienes nos alerten de una ideología con la que la sociedad tendría que ser mucho más exigente.
El artículo de Judith Astelarra en El País de hoy con el título ¿A quién tememos las feministas? del que no comparto muchas cosas, si parece claro en lo excesivo de la reacción contra el artículo de Enrique Lynch.
P.D. Os recomiendo a todos la visita a la web de Malaprensa http://www.malaprensa.com/ tendréis ocasión de asistir a un curso acelerado de cuanta manipulación existe en estadísticas que circulan a diario por la prensa.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
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24 noviembre, 2009
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