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08 abril, 2011

La igualdad no puede ser un tabú

Espero conseguir expresarlo correctamente pero el primer gran desafío que tenemos por delante sería impedir que el feminismo de género consiga seguir manteniendo como tabú el tema de la igualdad por medio de los infinitos recursos con los que cuenta gracias al presupuesto de todos y su posición privilegiada en el terreno de la política  y los medios de comunicación. Para justificar la desigualdad, unas veces se echó mano de la religión, otras de ideología, pero siempre en un terreno en el que la razón quedase anulada como instrumento para elegir lo mejor y lo que conviene.

Y en ese sentido los ataques a la razón, a la ciencia y a la verdad por parte de este feminismo deben ser combatidos, porque en el fondo constituyen un nuevo intento de llevarnos a lugares oscuros donde ya estuvimos y de los que conseguimos salir históricamente, porque sólo en ese mundo es posible sostener la desigualdad y el privilegio en que las posiciones de éste se basan. Hacer pasar por igualdad lo que no lo es, dar crédito a estadísticas trucadas, o pretender que existe un grupo privilegiado con capacidad para interpretar mejor y de forma incontestable lo que a todos interesa por encima de los que la gente diga u opine, no puede ser el método.

Son evidentes las dificultades que existen en nuestro país para normalizar el debate de los sexos y la igualdad, de tal modo que sólo las posiciones alineadas con el feminismo de género encuentran eco y capacidad de expresión. Viene todo a esto a cuento de las reacciones viscerales que acompañan cualquier intento de situar este debate en el terreno de las cosas de este mundo, y no en esa estratosfera que pretende el feminismo dominante, estratosfera donde sólo tendrían voz y voto ellas y desde donde dictarían lo que conviene y lo que no, lo que se puede y no se puede hacer. 

En un debate en Deseducativos escribí un comentario en el reclamaba que no se olvidase incluir al feminismo dentro de las ideologías holistas y totalitarias, pero incluso ahí, un foro tan trasgresor en tantos sentidos, de repente reapareció el tono reverencial y como de miedo de excomunión que en otros momentos históricos acompañaban a la prohibido, al tabú, a lo que no pertenece al reino de este mundo.

Deberíamos ser capaces de superar lo que las dos citas, ya clásicas, revelan de la actitud de los hombres ante este tema.  Yvon Dallaire lo expresó diciendo: “Los hombres constituyen, en el momento presente, el único grupo contra el que se puede despotricar públicamente sin que nadie, ni ellos mismos, ose asumir su defensa”. Y en una entrevista Elisabeth Badinter a la pregunta de: ¿Por qué los hombres, que son los primeros perjudicados por esta ideología separatista y esta visión caricaturesca de la masculinidad, no protestan? Respondía

- Están contagiados por el pensamiento feminista «bienpensante», y se mueren de miedo ante la idea de pasar por «machos», es decir, por cabrones reaccionarios. En el momento del debate sobre la paridad, cualquiera que manifestase su discrepancia era «fusilado» por los grandes diarios de izquierda, Le Monde y Libération. Hay que tener poco o nada que perder para afrontar estos ultrajes.

No puede ser que ante un tema que afecta de modo tan global a la sociedad, un grupo por muy numeroso que sea, consiga imponer a mitad de la sociedad el miedo a opinar y expresarse, todo con la intención de reservarse una posición de privilegio.
Aprovecho para recomendaros la lectura de la última entrada de Las cuatro esquinas del mundo, No existe el crimen pasional...  

29 marzo, 2011

De vuelta

Bien, ya veo que ni flores, que no estáis para reflexiones y si lo estáis no queréis saber nada de compartirlas, como tampoco queréis sugerir temas. ¿Cómo habría de interpretar este silencio?  Creo que Warren Farrell ha dicho: las mujeres no pueden oír lo que los hombres no han dicho. Yo que no soy mujer tampoco.

En mi opinión al movimiento de los hombres le falta todo: desde identificar claramente el terreno que pisa hasta saber a dónde quiere llegar. Es verdad que se han dado pasos y se han identificado algunos problemas masculinos y algunas características más bien poco amables del feminismo para con los varones, pero a mi modo de ver falta mucho análisis, como falta poner en lenguaje asequible a todo el mundo el que hay y, sobre todo, difundirlo.

De momento hablar de discriminación hacia el varón: sea por los resultados escolares, la obligación de la mili, los empleos con mayor riesgo para la vida, o cualquier otra circunstancia,  es algo que de entrada va a ser acogido con todas las reservas y en la mayor parte de los casos con rechazo, fuera, claro está, de los círculos de afectados por una denuncia falsa,  una mala sentencia de divorcio o las escasas bitácoras y foros dedicados a los hombres.

De momento quienes constatan el fracaso escolar masculino eluden dar una explicación convincente y, en muchos casos, no se atreven a hablar de discriminación, en un mundo en el que el feminismo ha establecido que discriminadas sólo lo pueden estar las mujeres. Como imposible parece erradicar la idea de la discriminación laboral, aún cuando los empleos peores los desempeñe el varón o sea él el que sufre la práctica totalidad de los accidentes laborales, aún más, cuando una y otra vez se ha demostrado que la actitud de la mujer ante el trabajo no es la misma que el varón y así esté reconocido socialmente, de tal modo que si ella no trabaja aunque tenga título superior no pasa nada, pero si fuese él quien no lo hiciese estaríamos hablando de un mantenido.


P.S. En relación con el tema que planteaba Tamisquerche sobre la Guerra de Libia encontraréis una interesante reseña en la bitácora Absurdistan con el título: Las mujeres son de Marte. Añadir que sobre el mismo asunto existe otro análisis interesante en la bitácora de Enric, Masculinisme i política. En cualquier caso que nadie se haga ninguna ilusión a que esto pueda representar algún giro en el planteamiento feminista. Como no les gusta, seguirán considerando que la guerra es cosa nuestra porque ellas representan la paz.


25 febrero, 2011

Qué, cómo, para qué

Esta es la entrada número 500 de la bitácora y una de las que quizá más me está costando escribir. Las dudas me asaltan por todos lados: la primera, si merece la pena seguir y, a partir de ahí, todas las demás. Es tan grande la magnitud de la tarea y tan escasa la capacidad de incidencia sobre lo que viene sucediendo, que no es fácil distinguir si será más lo conseguido  manteniéndose en el empeño o desistiendo del mismo.

Es verdad que después de tanto tiempo uno ya está picado del gusanillo y también resulta difícil prescindir de una actividad que ha pasado a formar parte de su  vida y, hacia la que lo empuja la constatación constante de que las cosas no marchan bien en el terreno de la igualdad, pero todo se hace poco ante la constatación de lo difícil que está resultando todo esto, sea lo que fuere esto: lucha por la igualdad, movimiento masculino, crítica del género, espacio de discusión, etc.

En cualquier caso, la constatación de que por el lado de los hombres todo está por hacer y arrancar está resultando un arduo trabajo. Como decía un comentario firmado por keltiberoi en el blog Mujeres de El País: “Queridos seres humanos con un cromosoma Y, los seres humanos con dos cromosomas X hacen bien en reclamar lo que consideran justo. El problema es nuestro, no hemos necesitado desarrollar una conciencia de género. Pero lo vamos necesitando.”

05 noviembre, 2010

¿Y los hombres?

Si hay  un tema para el que tengo muchísimas más preguntas que respuestas, ese es el de la actitud de los hombres ante todo este asunto de la igualdad y el feminismo de género. Bien es cierto que el peso de la propaganda es apabullante, como también lo es que muchos de aquéllos en los que la gente tenía más confianza depositada: partidos, sindicatos, etc. se han pasado con armas y bagajes al campo de este feminismo que siempre ofrece su cara de víctima y jamás la de victimario, también que hasta la plasmación práctica de la legislación de género y sobretodo sus efectos, lo “justo” parecía estar del lado del feminismo, porque se trataba de reconocer algo tan elemental como la igualdad entre los seres humanos sin discriminación por razón de sexo.

Pero llevamos ya muchos años de unas leyes que no dejan duda sobre cuál es su intención, son muchísimas las experiencias de decisiones injustas y de normas discriminatorias hacia el hombre, particularmente los temas de divorcio y custodia de los hijos, o los de violencia doméstica -por ejemplo, me resulta asombroso que en un asunto como el de Lalín a él lo lleven ante la policía y la justicia y a ella a un psiquiátrico para evaluar su estado de salud mental. Como me parece demasiado evidente que lo que instituciones como el que fue ministerio de igualdad, o personas como Bibiana Aído y Miguel Lorente, de lo que hablan nada tiene que ver con la igualdad de hombres y mujeres.

Demasiados también los episodios en que la vara de medir de este feminismo se ha comprobado que no es igual para ellos que para ellas, y que no tiene ningún inconveniente en convivir con el patriarcado más arraigado cuando de la defensa de prebendas de hoy y de siempre se trata: custodia de los hijos, servicio militar y situaciones con riesgo para la vida que no les importa no compartir, caballerosidad para todo momento y situación, las mujeres y los niños primero, que en casos como los de Haití o África y la ayuda humanitaria ha pasado a ser: las mujeres y los niños los únicos… También que sabe jugar muy bien a la opacidad porque lo suyo es alergia a  la claridad y la trasparencia  en los momentos que interesa.

A veces, nada peor que a uno lo cojan desprevenido o con el pie el cambiado, y algo de eso debe ser lo que seguramente esté sucediendo, porque si no, sería difícilmente explicable  tanta mansedumbre, tanta ausencia de capacidad de reacción y crítica. Desconozco si lo que quizá explique esa situación sea lo del narcisismo y la competitividad masculina de la que habla la penúltima entrada de la bitácora de Enric Carbó, o si se trata como allí mismo apunto, de la dificultad para la conciencia de género en unos hombres a los que la masculinidad les ha sido presentada como la fuente de todos los males que en este mundo han sido.

He de reconocer que casi todo me parece una incógnita y no  tengo claro que en este asunto el papel que juguemos no sea el de ese personaje que siempre es el último en enterarse de lo que sucede a su alrededor y se mueve en un entorno donde casi todos conocen cosas sobre él o los suyos  que él mismo  desconoce.

07 octubre, 2010

Conciencia de género

Es verdad que el poder político del que goza hoy el feminismo representa una gran fuerza, pero tengo la sensación de que nos olvidamos de algo todavía más fuerte: la conciencia y la unidad de las mujeres ante sus objetivos sociales y políticos.

Si  en una escala reflejásemos la conciencia y unidad de las mujeres  y la de los hombres, la situación, según yo la veo, estaría en la dirección del 10 en el caso de las mujeres y en la dirección del 0 en el de los hombres.

Un manifiesto por los derechos de los hombres como el que acaba de publicar Pelle Billing en su bitácora de la encontraréis el enlace en Mi lista de blogs, refleja  donde están quienes van por delante en conciencia masculina.

Me supongo que más de uno de los que visita esta bitácora pondrá cara de escéptico ante ese tipo de proclamas, pero os aseguro que en otros círculos la reacción puede ser furibundamente de rechazo. En los medios “oficiales” nada de eso podrá tener cabida.

Sin embargo entiendo que por ahí va el camino. Tenemos que situar a la sociedad ante su espejo y si queremos ser sujetos de derechos hemos de convertirnos en agentes que peleen por conseguirlos. Decir claramente que estamos hartos de ser los sujetos pasivos de las frustraciones de todos los demás.

Recientemente escribí, en un comentario a una noticia sobre la custodia compartida en El País, que los padres lo que debíamos hacer es pedir la declaración de la paternidad como derecho humano, en un tono que buscaba sobre todo provocar, ahora veo que Pelle Billing va por ahí… y la sensación que tengo es de que estamos mucho más cerca de lo que parece.

Otro tanto sucede con la petición de que algo deba moverse en la educación para hacer frente a la actual situación de los varones en la escuela que de seguir por el camino que vamos  terminará convenciéndonos a todos de que el fracaso y abandono escolar masculino es algo que se produce de forma natural, como la lluvia o el invierno.

Tengo la impresión de que las cosas avanzarán en la medida en que nos fijemos objetivos. Seguro que seguirá haciendo mucha falta denunciar muchas cosas cada día, pero avanzaremos en la medida que miremos hacia adelante y nos fijemos metas a alcanzar.