Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
30 enero, 2012
Igualdad
17 junio, 2011
¿Iguales e intercambiables? (2)
08 abril, 2011
La igualdad no puede ser un tabú
Aprovecho para recomendaros la lectura de la última entrada de Las cuatro esquinas del mundo, No existe el crimen pasional...
01 marzo, 2011
Quid pro quo
Como escribo en un comentario a la misma, me sorprende que en la noticia no se haga referencia a los seguros de vida, donde fácilmente las primas que pagamos los hombres pueden duplicar o triplicar las que pagan ellas. Nuestra legislación permitía esta diferencia de trato en los seguros de vida donde el claro perjudicado es el varón, pero no en los seguros sanitarios donde las primas no podían establecer diferentes por sexo, lo que claramente las beneficiaba a ellas.
16 septiembre, 2010
El cuento de nunca acabar
26 agosto, 2010
¿Qué igualdad?
16 mayo, 2010
Igualdad
Y porque si ya es complicado el análisis social desde la perspectiva simplemente humana, desde la perspectiva de cada uno de los sexos la tarea todavía se complica más. Cada tiempo tiene su tarea y si la del nuestro consiste en la necesidad de clarificar las relaciones entre los sexos a partir de la realidad de los géneros, en el caso de los varones debemos hacerlo forzados por lo que el feminismo, todos los feminismos, han puesto sobre la mesa. Y son muchas las cosas que hay sobre la mesa a la espera de clarificación y respuesta.
¡Y jugamos con doscientos años de desventaja! Doscientos años en los que la figura masculina ha sido puesta no en tela de juicio, que a fin de cuentas es lo que a todos nos debe corresponder en una sociedad abierta y democrática, sino en la picota hasta un punto que ha hecho que muchos varones utilicen el término hombre como la más certera expresión de todo aquello que detestan. Recientemente cité el caso de Juan J. Millás y el de José M. Izquierdo quienes, respectivamente, habían titulado sendos artículos como: Vuelve el hombre, para referirse en un caso a Aznar y en el otro a Mario Conde.
Pero se podría elaborar una lista muy larga. Desde ese humorista para quien el capitalista explotador, el funcionario vago o el ciudadano descerebrado tienen siempre figura masculina, hasta la mayoría de los guiones de series televisivas, incluida la programación infantil. ¡Quién pudiera en esos casos pedir invisibilidad o, si no es posible una figura sin sexo, que el protagonista sea una fémina, pero, ¡os dais cuenta del sacrilegio que cometo sólo con decirlo incluso el que vosotros cometéis al pensarlo!
28 diciembre, 2009
¿Qué igualdad?
Pienso en la idea de igualdad que se nos está vendiendo y se me viene a la cabeza aquella campaña que decía: Te lo diré 1000 veces… ¡Somos iguales! Y me pregunto:
¿Por qué habría de ser necesario repetirlo mil veces? ¿Será que lo que se proclama con las palabras no se corresponde con los hechos y se trata más de vencer que de convencer?
¿Por qué esa necesidad del feminismo de género de esconderse detrás de una campaña publicitaria tras otra?
Cuando el feminismo dice IGUALDAD, ¿qué quiere decir?
¿Quiere decir, no a la custodia compartida?
¿Quiere decir, que la ley debe ser y aplicarse diferente según el sexo?
¿Quiere decir, que los recursos públicos deben aplicarse preferentemente a favor de las mujeres?
¿Quiere decir, que el feminismo institucional tiene derecho a una parte de la Administración en exclusiva porque ellas lo valen?
¿Quiere decir, que existe un género bueno y un género malo, un género víctima y un género verdugo?
Si realmente quiere decir todas esas cosas, ¿cómo es posible que sigan hablando de igualdad?
Una ideología que ha convertido su mensaje y sus prácticas en un Credo que, como toda verdad revelada, no puede ser discutido, sólo acatado, y en su expresión más genuina pretende que la situación de la mujer en el patriarcado es equiparable a la de los judíos bajo el nazismo y por tanto lícito que se aplique a quien discrepe los mismos criterios que si del Holocausto o el terrorismo se tratase. Un Credo en el que no puede faltar un pecado original, claro que, en este caso, referido exclusivamente al varón tocado de una mancha que exigiría “cambiar al hombre”, olvidando lo que ya hace tanto tiempo dijo Spinoza:
“Se imaginan, sin duda, que cumplen una misión divina y que alcanzan la máxima sabiduría haciendo múltiples elogios de una naturaleza humana inventada para acusar de este modo más despiadadamente la que existe de hecho. No conciben a los hombres tal cual son, sino como ellos quisiesen que fuesen. Con frecuencia, en lugar de una ética, escriben una sátira.” B. Spinoza, El filósofo y la política
Una ideología que practica el viejo principio del privilegiado de negar al otro lo que exige para sí. Las mujeres según esto tendrían derecho al trabajo –determinado tipo de trabajos, con 21 fórmulas especiales de contratación y derecho a la conciliación familiar-; a la participación en la política y en la economía con iguales oportunidades de acceso que los hombres –paridad-; y a todo tipo de discriminaciones positivas: en los medios de comunicación, en el acceso a todo tipo de puestos, en la producción cinematográfica… Los hombres jamás serían acreedores a ningún estímulo o ayuda, ni tan siquiera cuando la realidad muestra su inferioridad objetiva.
Los hijos, no cabe discusión, son suyos, lo mismo que el domicilio conyugal, y por supuesto todas la virtudes asociadas no sólo al hecho de parir también todas las relacionadas con el cuidado y la crianza. Virtudes que por supuesto no sólo corresponderían a aquellas mujeres que efectivamente son o han sido madres, sino a todas las mujeres y a las que de ningún modo son acreedores los hombres incluidos los que han sido padres y tal vez, grandes y buenos padres. Poco importa que la mujer madre y trabajadora sea sólo una parte del género femenino, o que el hombre con poder sea una minoría, lo real no puede desmentir a lo simbólico.
Para lograr ese ambicioso objetivo lo jurídico y lo político se han revelado las grandes armas de este feminismo. En lo jurídico blindando la situación de la mujer a lo largo de toda su vida, al tiempo que se castiga durísimamente al hombre, a quien no se le reconocen en ningún momento derechos en igualdad y ante quien quedan olvidadas todas las grandes conquistas de la modernidad y la democracia, particularmente la presunción de inocencia. En lo político el feminismo ha conseguido, sin ocupar los puestos más destacados, que tanto los sindicatos como los partidos políticos lleven a cabo sus políticas como si de una encomienda ineludible se tratase.
Una ideología que bajo el pretexto de que casi todo cuando han dicho y escrito los hombres es machista y misógino, pretenden un mundo plano, sin dimensiones, olvidando tanto el tiempo y con ello la historia -también la del pensamiento-, como el espacio de tal modo que nada importarían ni civilizaciones, ni culturas, ni matices, la cosa sería tan simple como que, aquí lo que hay son hombres y mujeres y lo que se debe hacer es lo que ellas digan, pues su condición de víctimas las hace acreedoras a todos los derechos como la condición de verdugo del hombre sólo le reportaría débitos. No tenemos nada que demostrar y porque nosotras lo valemos serían sus credenciales.
Una ideología que no se caracteriza ni por el cuidado de las formas, ni por su honestidad, ni por su altura. Una ideología a la que le cuesta el debate, la autocrítica, una ideología que no disimula su deseo de establecer el blindaje de sus verdades mediante la prohibición y la censura, una ideología que cada día niega con más fuerza e insistencia el derecho de expresión, que ha reducido la figura de los jueces en los asuntos de género a mera caricatura sólo capacitados para aplicar una norma definida hasta en sus más mínimos detalles de tal modo que sólo quepa la interpretación que el género desea y que ha establecido rigurosos protocolos sobre como han de contar estas noticias los medios de comunicación.
Una ideología que ha situado el debate en el nivel en el que se lo encontró Sócrates allá por el siglo V antes de Cristo cuando se hizo necesario diferenciar la razón de la mitología, pues está instalada en un lenguaje declarativo propio de la religión y del mito, como si no fuera necesario demostrar lo que se dice y bastase con un porque lo digo yo o porque yo lo valgo. Una ideología para la que la verdad es un término en desuso y su búsqueda una quimera imposible. Una ideología que se parapeta tras las víctimas de la violencia doméstica en un ejercicio de apropiación inadmisible y a las que sin ningún rubor usa como coartada para todos sus fines.
Una ideología que recurre demasiadas veces al anatema para rechazar cualquier crítica, no ya a sus planteamientos, sino también a la legislación de género aprobada bajo su inspiración como la Ley de divorcio: sea por su negativa de la custodia compartida, sea por el uso fraudulento que de la misma se está haciendo, sea porque las sentencias terminan concediendo la vivienda familiar y la custodia de los hijos a las madres, sea incluso por denunciar la manipulación de los hijos por parte de algún progenitor… La posición de este feminismo, equiparando la custodia compartida y el SAP al maltrato, revela mejor que ninguna otra cosa la perversión de una ideología que ha hecho de la amenaza y el anatema sus únicas formas de diálogo y respuesta.
14 febrero, 2009
Qué bien les sienta el matrimonio
Y lo que tal lectura me sugirió fueron dos temas: por un lado, el enorme peso de las revistas femeninas en el quiosco, lo que supone una increíble cantidad de profesionales dedicados a editar contenidos, cada semana, de todo aquello que interesa a las mujeres -lo que siguiendo la lógica femenina debería poder ser denunciado por los hombres como sexismo y discriminación- y, por otra, que el género aún a sabiendas de que el hombre con el que se tropiezan la inmensa mayoría de las mujeres no tiene nada que ver con el estereotipo brutal y primitivo de su imaginario, no por eso dejará de hacerlo, consciente del engaño, pero consciente también de que nada le podrá reportar iguales dividendos.
26 octubre, 2008
Contrato de adhesión.
Es verdad que siempre será más fácil criticar una actitud activa, algo que alguien hace, pues siempre se tendrá la prueba de lo hecho, que una actitud pasiva, por la dificultad de enjuiciar lo que debería hacerse y no se hace, y de ello da buena cuenta el aforismo: “soy dueño de mis silencios y esclavo de mis palabras”, aunque para el caso que voy a tratar sería más exacta en femenino.
Y digo esto porque quiero poneros en antecedentes que lo que hoy deseo tratar tiene bastante que ver con las actitudes pasivas, esas que sólo se vislumbran haciendo el esfuerzo de preguntarse si, por ejemplo, un movimiento como el feminista está haciendo todo lo que está en su mano para explicar sus propuestas y actitudes, o si por el contrario, prefiere jugar al silencio y la invisibilidad ante infinidad de casos y cosas, y si eso mismo no debiera ser más sonoro que cualquier otra actitud.
El feminismo se ha quejado a menudo de la invisibilidad histórica de las mujeres que, sin necesidad de mayores explicaciones, habría que imputar al patriarcado, o la dominación masculina, como se prefiere decir ahora teniendo en cuenta que resulta difícil encontrar una familia en la que el padre tenga una autoridad destacable y, sin embargo, tantas se podrían señalar en las que su opinión no cuenta lo más mínimo. Y la duda aparece cuando nos preguntamos qué explica la invisibilidad actual. Invisibilidad incluso cuando se trata de explicar sus temas más queridos: paridad, necesidad de cambiar la masculinidad, propuesta sobre el lenguaje no sexista, pero no como algo que se deja caer, para luego decir que en realidad se trató de un lapsus y, a continuación, que no se sabe muy bien lo que fue pero que sería bueno que el lapsus pudiera hacerse realidad.
Por sólo citar un caso recordar el lamento del señor Zapatero cuando se quejaba en la prensa de que se había aprobado la Ley de Igualdad por las Cortes y no era portada en ningún periódico, ley que contiene ventajas tan significativas para el feminismo y las mujeres como la paridad de las listas electorales, la cuota del 40 % en los consejos de administración de las sociedades mercantiles o un privilegio tan llamativo como que las organizaciones de mujeres podrán formar parte de los consejos de redacción de los medios públicos de comunicación. Pues bien, una ley así, con ese repertorio de medidas a favor de la mujer y aprobada a instancia del lobby feminista inmediatamente comenzó a ser criticada dada su insuficiencia, y eso que no tiene parangón en el mundo.
Habría que preguntarse cómo es posible que las leyes de la pasada legislatura que mejor plasman sus deseos: divorcio sin custodia compartida, violencia de género, igualdad, … fueran presentadas por hombres y sin embargo todos sepamos que la única presencia real que en las mismas hay es la del feminismo dominante que, para el caso de la reforma de la ley de divorcio, fue capaz a última hora darle la vuelta a lo que hasta aquel momento se venía anunciando y, la que, según López Aguilar iba a ser la ley que trajera la custodia compartida a nuestro país se transformó en lo que todos conocemos.
Obsérvese que algo así ni supuso ningún esfuerzo directo por su parte, esfuerzo que realizaron otros, ni supone ninguna responsabilidad en caso de fracaso ya que a todos los efectos el resultado es imputable a otros. Pero además supone, que si quiero me arrogo los posibles éxitos; pero también si no me apetece me excluyo de sus eventuales inconvenientes, hasta el punto de que en un ejercicio de ausencia completa de responsabilidad, la paridad está siendo criticada por aquellas de quien es obra como si fuera algo que pueden arrojar sobre quienes ni tan siquiera pudimos decir esta boca es mía.
Otra paradoja interesante es la que supone el hecho de que, a pesar de los 150 años de historia del movimiento feminista, ningún partido con ese nombre haya sido capaz de ganarse mínimamente la confianza de la gente (El hecho de que el de Lidia Falcón se denomine así es la mejor prueba de lo que estoy diciendo) y, sin embargo la sensación realmente existente hoy es de que el conjunto de las fuerzas políticas trabajan fundamentalmente para ellas. Y lo mismo se podría decir de los sindicatos y tantas otras organizaciones. El feminismo sin necesidad de crear ninguna de ellas es al final quien más provecho saca de las mismas. No en vano la llamada perspectiva de género ha pasado convertirse en filosofía de Estado.
Y si hace muchos años se podía aducir que la mujer no daba esos pasos porque estaba demasiado esclavizada en casa, o se le negaba una formación que la excluía de la Universidad y otros foros, hoy, y desde hace mucho tiempo ya, ese argumento carece de la menor validez si tenemos en cuenta no ya la realidad presente de la Universidad sino el hecho de que más del 50% de los titulados superiores en nuestro país, como en los de nuestro entorno son mujeres. Y sin embargo la experiencia es que la mujer aparece mucho en los temas de género, pero está desaparecida en todo lo demás, y en multitud de ocasiones los defensores y los detractores de tal o cual tesis feminista son todos o casi todos hombres. Como si dijeran: que los hombres hagan el mundo que nosotras nos encargaremos del reparto de los frutos y la representación.
O la paradoja de que el movimiento feminista se considera moralmente autorizado a exigir que se supriman los clubes de varones, al tiempo que declaran el feminismo como cosa de mujeres que, ellas sí, podrán constituir cuanto organismo o instancia exclusiva de mujeres deseen, incluso dotarse de derechos exclusivos, crear cátedras de estudio de su género, o hoteles de exclusiva presencia femenina. Más aún, que una parte de la Administración que se sostiene con fondos de todos esté dedicada íntegramente a ellas. Aunque en este asunto no sé muy bien que actitud considerar más inapropiada si las de las feministas que la propugnan o la de tantos que no la denuncian y la consienten.
Pero quizá una de las más chuscas es una que recientemente se paseó por la prensa de todo el país. Se decía que los hombres machistas ganaban más que los demás. Cuando uno se adentraba en la noticia descubría que los hombres machistas eran aquellos individuos que por ser los únicos que trabajaban fuera suponían el único soporte económico de la familia. Es decir además de burro apaleado. Pues espero que no se pretenda la desfachatez de sostener que las mujeres que no trabajan fuera lo hacen por imposición del marido. Sería interesante saber qué piensan de una noticia así esas 32.000 catalanas con estudios superiores que no trabajan fuera de casa por no encontrar un trabajo acorde con su titulación. Preguntar quizá si las casadas que viven a costa de su marido, también piensan que el suyo es más machista por ello.
Pero existen muchísimas otras paradojas como cuando hablan de superar estereotipos para al final ir descubriendo que lo que en realidad se pretende es superar unos pero para propugnar otros en los que la mujer resume todas las virtudes y el hombre todos los defectos; otro tanto sucede con los roles en los que cada día que pasa con más fuerza se confirma que el mundo laboral de mujeres y hombres los parecido son meras coincidencias, y al hombre se le reservan todos aquellos puestos que la mujer no quiere, unas veces con el argumento de la fuerza, otras con otro que se adapte al caso, pero por sólo citar un ejemplo de esto que digo la dinámica del mercado laboral ahora mismo, que mientras destruye 366.000 empleos masculinos es capaz de crear 170.000 femeninos; y así podríamos seguir el relato con el tratamiento dado por la publicidad y las series de televisión a hombres y mujeres y un larguísimo etcétera.
Y quizá interese traer a colación aquí que la mujer estaría siempre facultada para realizar aquello que en el hombre sería reprochable. Cómo sino esas empresas en las que las empresarias a su frente sólo contratan a mujeres y no dudan en hacer ostentación de ello, o que desde la televisión pública se manifieste el mayor de los entusiasmos al anunciar que en las oposiciones a la fiscalía una abrumadora mayoría de los aprobados sean mujeres, por no citar esos ministerios en los que salvo contados casos el poner al frente una mujer supuso la renovación en femenino de todos los eslabones y en casos como el de Educación parece que se haya sustituido el principio que venía rigiendo en los centros de enseñanza desde hace muchos años de procurar direcciones equilibradas, por direcciones donde si todos los cargos pueden ser asumidos por mujeres se haga así, por no citar el progresivo autismo y separación de los sexos en tantos ámbitos donde realizan trabajos compartidos.
Y eso sin irnos a los contrastes y las paradojas más fantásticas como sostener por un lado que el género es algo así como una elección caprichosa de las personas, sin relación alguna con nuestra naturaleza biológica, al tiempo que se crea una legislación en la que el abismo que separa a hombres y mujeres parece más propio de dos especies distintas que de los sexos del género humano, de tal modo que la distancia entre ambos se hace absolutamente infranqueable y los derechos y deberes que a cada uno corresponden nos hacen pensar más en sociedades de otro tiempo donde las diferencias de clase o raza marcaban diferencias en los derechos ciudadanos, que del momento presente.
Sorprende que en un momento histórico como el presente cuando casi todos los anhelos feministas en lo que a legislación se refiere, debieran estar relativamente colmados, el debate ideológico vaya prácticamente en exclusiva más por la vía de la represión y la propaganda, sin escrúpulo de falsear la realidad si eso sirve a sus intereses, más que por el lado del debate democrático o la pedagogía política, llegando incluso a la pretensión de que las contradicciones que una tal política produce se resuelvan en el campo masculino. Claro está que la queja tampoco la podemos llevar muy allá teniendo en cuenta la enorme cantidad de voluntarios que están dispuestos a una cosa así.
Obsérvese por ejemplo que en le debate sobre el sexismo en el lenguaje y en general en tantos debates que se abren en los diversos foros de internet algunos de ellos directísimamente relacionados con estas problemáticas la presencia masculina es ampliamente mayoritaria, no digamos ya la ausencia de pronunciamientos de este feminismo en torno a cuestiones como el fracaso escolar y tantos otros. Es también de tener en cuenta que tanto Ahige como los Foros de Mujer cerraran en los últimos meses los foros que antes mantenían abiertos al público en general.
Tengo para mí que es verdad que se están produciendo muchos cambios pero que casi ninguno tiene que ver con la igualdad, al menos con la igualdad que supone que dos partes en conflicto se ponen de acuerdo para determinar el punto medio capaz de contentar a ambas, porque en todo esto y a pesar de las proclamas sobre la pretendida superioridad del poder del hombre, lo que al final se demuestra es que el contrato que se nos propone desde el lado del feminismo es un contrato de adhesión, un contrato como esos de la banca donde todas las cláusulas están fijadas de antemano por ella y lo único que queda es tomarlo o dejarlo, pero en ningún caso discutir las condiciones.
P.D. Como creo que viene a cuento os relataré que ayer haciendo zaping me he encontrado con un programa televisivo en el que el tema eran las ministras del actual Gobierno. Estaban presentes: Carmen Calvo (ex ministra del PSOE), Ana Pastor (ex ministra del PP y actual diputada) y Matilde Fernández (ex ministra del PSOE con Felipe González). Lo cierto es que a pesar de sólo poder verlo en torno a 15 minutos fueron tantas las cosas oídas que merece la pena traer aquí alguna.
El presupuesto de partida compartido por todos, excepto un contertulio varón, del que lamento no pode dar el nombre pues lo desconozco, era que las mujeres en política están sometidas a un mayor nivel de exigencia por parte de todos: compañeros de partido, medios de comunicación, público en general… sin que pudiera faltar el consabido techo de cristal, y una larga retahíla de quejas de las que por citar alguna os diré que Carmen Calvo dijo considerarse “una maltratada”; pero no os alarméis, se refería a que por lo visto no le fue suficientemente reconocida su labor al frente del Ministerio de Cultura, particularmente haber conseguido cuatro leyes con el apoyo del PP.
Se reconoció que tanto la figura masculina como la femenina están sujetas a estereotipo, pero el tratamiento que se dio a esta cuestión fue como si la existencia de estereotipos sólo fuera molesta e inaceptable cuando se refiere a la mujer. Como el periodista varón les recordase que el criterio que él creía tenía que regir estos asuntos era el de mérito y capacidad, inmediatamente Matilde Fernández argumentó que cuando ella era estudiante los padres daban carrera superior a los chicos y dejaban a las chicas sólo con el bachillerato (circunstancia que yo no recuerdo así, pero que además está desmentida por los datos objetivos, pues desde hace ya varios años el número de mujeres con títulación superior es mayor que el de hombres, y eso más allá de que actualmente el fracaso escolar tiene rostro masculino y el 70% de las universitarias son mujeres.)
Pero si algo tuvo para mí el máximo interés fue cuando de manera implícita se reconoció la existencia del lobby femenino, que Carmen Calvo denominó pacto de solidaridad femenina, del que habló como felizmente recuperado en la actualidad después de momentos de división. La verdad me llamó la atención el desparpajo con el que se referían a esta cuestión, y desde luego me hizo preguntarme si una cuestión de esta naturaleza se puede mantener escondida y si realmente no está suponiendo un engaño al ciudadano votante que cuando cree estar dando su voto a una opción política diferenciada, en realidad desconoce que hay un pacto entre la representación femenina de los partidos, desconocido por todos.
En fin, en todo el tiempo que he seguido el programa he visto y oído un relato descarnado sobre el poder, pero ni una sola referencia a los problemas de la gente, a los problemas que ahora mismo preocupan a millones de ciudadanos, he oído hablar de más poder para las mujeres, pero ni un solo segundo de política.
06 octubre, 2008
Paro, economía y política
Y continuando con la economía, hace pocas fechas Rodríguez Zapatero sacó pecho y en su visita a la ONU comentó que España tenía el mejor sistema financiero del mundo y que éramos la octava potencia económica en un tono un poco prepotente dirigido al mercado interior, pero que no ha dejado de tener repercusiones fuera de nuestras fronteras. Entre muchas risas comentó que si hacía poco habíamos superado a Italia en renta per cápita, pronto haríamos otro tanto con Francia. Ahora Sarkozy convoca una reunión para rediseñar el sistema financiero internacional y no invita a España. Como dicen las agencias de noticias; desde Madrid se ha protestado. Incluso se habla de una futura reunión a 14 que incluiría a China, India y Brasil pero sin que de momento se mencione a España.
Lamentablemente en esto de la igualdad el pensamiento político y sindical de “izquierda” se están demostrando como uno de los mayores obstáculos para una visión sin telarañas de lo que está pasando. El sindicalismo sigue sin ver lo que es una verdad a gritos: que los niños son expulsados del sistema educativo en una proporción que duplica a la de las niñas y que marca diferencias tan notables como las que se producen entre un niño valenciano o ceutí y una niña asturiana o vasca donde la probabilidad de salir del sistema es 5 veces mayor para ellos que para ellas.
Pero resulta alarmante asimismo que sólo con la boca muy pequeña y en muy contadas ocasiones se produzca el desmentido de que las mujeres por el mismo trabajo cobran menos que los hombres, y eso que una de sus primeras misiones tendría que ser evitar que eso pudiera suceder. Claro que viendo la actitud del Gobierno, primer obligado en tal misión, tampoco debe sorprendernos tanto. En relación con el reparto de los trabajos de riesgo y las muertes por accidente laboral casi prefiero callarme.
La cuestión sin embargo no se ciñe exclusivamente a los sindicatos y los partidos políticos. Buena parte de la intelectualidad de izquierda arrastra prejuicios e ideas que si alguna vez pudieron ofrecer algún viso de certeza hoy ya no, y sin tomarse la molestia de estudiar lo que está pasando se emiten juicios que no pueden ser más que rechazados por su inconsistencia. Algo de esa sensación tuve el otro día cuando leí de la pluma de Manuel Rivas que el núcleo central de la materia de Educación para la Ciudadanía lo constituía la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y eso sin menoscabo de que comparto su perplejidad por la curiosa actitud del Gobierno ante la Iglesia, que si por un lado aparece como muy beligerante por el otro siempre termina por favorecerla y no sólo en el plano económico.
Pero también cuando desde estas posiciones se hace seguimiento y se exige el respeto de las garantías jurídicas en el tratamiento a los terroristas, cosa con la que estoy absolutamente de acuerdo, pero no veo una actitud semejante cuando los acusados lo son de maltrato; o cuando, en un gesto insólito hasta el presente, han dejado de preocuparse por el hecho de que nuestro país tenga la mayor tasa de población reclusa de toda Europa, población que por lo demás no deja de crecer, haciendo que las, no hace mucho estrenadas nuevas cárceles, hayan vuelto a quedarse pequeñas y haya que plantearse la construcción de más.
En fin, noto que me he salido un poco de la línea habitual de los comentarios pero tengo la sensación de que, de cuando en vez, es necesario recordar el marco político y jurídico en que nos movemos para entender algo más del tema central de esta bitácora que no es otro que la igualdad y no discriminación por razón de sexo y la crítica de la perspectiva de género y el feminismo dominante.
04 octubre, 2008
¿Qué igualdad?
Y que la respuesta social que se le está dando, se correspondería con bastante aproximación a la actitud de él y ella ante el reparto de la toilette. Ella no la discutirá porque es una igualdad a su medida, él tampoco, porque con poder lavarse y afeitarse le llega y porque sería mezquino no ser capaz de esa concesión.
Los que lo tenemos crudo somos quienes pensamos que ese planteamiento no deja de ser una forma de papanatismo que se olvida de que para que un tal argumento fuese válido exigiría reciprocidad, y ésta es una palabra proscrita por el feminismo dominante, como lo es la de simetría, como lo es la de común humanidad.
Cuántos como Oscar Guasch terminarán dándose cuenta de esta verdad, cuánto habrá que esperar a que surja otro como él, cuánto fracaso escolar masculino deberá acumularse antes de que de las “rutinas” de una “izquierda sindical y política” consideren segregación escolar lo que tendría que ser considerado atención a la diversidad, pero son incapaces de ver que el género justamente está basado en la segregación, esa sí, segregación sin paliativos, general, absoluta, como Oscar Guasch ha tenido la ocasión de comprobar desde el núcleo y el corazón de las mismas.
Como díce en su escrito:
Mi experiencia en los grupos de hombres, me dice que la homofobia y la violencia y la discriminación de género que comporta, afecta a todos los hombres sin excepción.
Pero hay demasiadas resistencias e intereses creados como para asumirlo.
Creo que las políticas de igualdad de género están mal formuladas, porque obvian e invisibilizan las experiencias de dolor y de discriminación de los hombres.
14 julio, 2008
La crítica y el género
El mero hecho de la pregunta que, por otro lado, responde a una convicción muy extendida, debería hacernos reflexionar sobre qué calidad tiene nuestra democracia si algunas de sus políticas no pueden ser criticadas, y son demasiadas las evidencias de esa dificultad. ¿En qué mundo estamos si hay ámbitos de la vida social que se sustraen a una de las normas básicas que fundamenta nuestro sistema político, el derecho a la libertad de opinión y expresión y, por tanto, al derecho de crítica a todas las políticas, también las de género.
A continuación una nueva pregunta cobra fuerza: ¿cómo se concilia el hecho de esa dificultad, cuando no imposibilidad de crítica, con una pretendida dominación masculina, sempiterna y universal, que justamente ni se nota ni existe allí dónde más lógica parecería su presencia, en las políticas de igualdad? Pero esa ya la dejo para vosotros.
Para terminar el último párrafo del artículo citado: “Los cargos no están para ser ocupados, sino para ser servidos con rigor. Si alguien competente ha desarrollado con éxito una política de excelencia en cualquier institución, sustituirlo sólo por razones de género es una arbitrariedad. Que una institución importante esté medio descabezada porque sólo se consiente en nombrar mujeres es simplemente insensato. La justicia es una cosa; la gramática otra y la ciencia otra. La lucha por la igualdad no debe resultar un obstáculo a la administración de los intereses generales. Tampoco se debe parecer a la revancha o la ambición. Reproducir el sexismo desde el otro lado es algo que a nadie va a reportar justificación alguna. Y sobre todo es un error que no se merece una causa tan grande y valiosa como la causa de las mujeres.”
27 junio, 2008
Ministerio de Igualdad
Por eso creo que incurren en error quienes consideran que el problema se resolvería situando a otra persona al frente del Ministerio de Igualdad. Personalmente considero que el tema es muy otro, y que, mientras no cambie el paradigma con el que se está analizando este asunto, y se siga dando voz y voto a las personas y los colectivos que ya venían gozando de este privilegio en exclusiva, poco podrán cambiar las cosas y se estará institucionalizando una forma sesgada y sexista de enfocar los asuntos relativos a la igualdad. Concebir “la igualdad” como asunto de las feministas y concederles patente de corso para decir qué se haya de entender por tal, nos llevará una y otra vez sobre estas o parecidas propuestas. Por eso, en mi opinión, se hace necesario sacar este asunto de los círculos reducidos donde ahora se decide para abrirlos a la sociedad y, como no puede ser de otra manera, a la opinión de los varones a quien, por lo visto, hay que cambiar según un canon decidido por ellas.
25 junio, 2008
¿Segregación en las bibliotecas?
La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha aclarado hoy que la "biblioteca por y para mujeres" que pondrá en marcha su departamento estará formada por libros dedicados "al estudio de género y al feminismo" pero estará abierta a hombres y mujeres. Aído ha respondido así a las palabras de ayer del ministro de Cultura, César Antonio Molina, quien aseguró que el ministerio que dirige "sólo hace bibliotecas para todos los españoles"
11 junio, 2008
Los hijos y la propiedad
Quizá la ventaja de los tiempos que corren esté en que al producirse un mayor número de pronunciamientos públicos por parte del feminismo y las feministas, además de inferir de los hechos lo que hubiera que entender por igualdad como hasta ahora sucedía, uno puede ir conociendo de forma expresa lo que esto significa para según qué feministas y qué corrientes del mismo. Por ejemplo, hoy la señora Luisa Castro nos ofrece en El País una inestimable lección de cómo concibe cierto feminismo la idea de igualdad y el papel del padre y la madre en relación con los hijos.
Aún cuando todo el artículo está sembrado de verdaderos hallazgos por ejemplo en el inicio cuando dice: “Obviamente, una separación conlleva un desgarro para uno de los progenitores, el que se queda sin los hijos. El desgarro no es menor para la madre….”, es decir la pareja se compone de dos: un progenitor y la madre, para añadir a continuación: “la típica visión machista que considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia..” sin titubeo ni rubor, como si en nuestro país la norma no fuese que la custodia de los hijos y el domicilio conyugal se asigna en un 97% de los casos a la madre, sin que sea fácil precisar en qué porcentaje imputar esa responsabilidad al machismo de los jueces, la presión del feminismo de género o al efecto combinado de ambas cosas.
Pero resulta particularmente interesante cuando se pregunta: ¿Desde cuándo los hijos necesitan al padre y a la madre a partes iguales? Y sin solución de continuidad pasa a hablar de los derechos de la mujer revelando una vez más la concepción que late bajo toda su argumentación: en todo esto puede que haya varias partes, pero sólo una es sujeto de derechos: la madre. Del otro, del varón, del padre, lo que se puede decir más allá de tildarlo de acosador o maltratador es recurrir al ejercicio falaz e ignorante de referirlo al pater familias romano, árabe o protocristiano, como si ni la distancia histórica, ni la cultural hubiera que considerarlas, como si la custodia compartida no fuera el sistema actual y preferente de países como Suecia o Francia y hubiera que estar hablando siempre de lo que no es para seguir instalada en el privilegio.
Seguir insistiendo en el pater familias romano olvidando que la libertad de la que gozó la mujer en
También la ministra de Igualdad nos esté indicando una nueva forma de rectificación en el asunto de las “miembras”, pues al tiempo que pide disculpas por su “lapsus” le recuerda a los miembros de
05 junio, 2008
¿A la cola de Europa en Educación?
Los últimos informes relativos a
No soy ningún teórico de la educación, ni tan siquiera un pedagogo, soy sencillamente una persona a la que le preocupan estos temas y ha procurado seguirlos un poco de cerca. Llevo varios años pronunciándome sobre este asunto, en esta bitácora y en algún otro foro. Por eso, aún cuando la constatación de lo anterior me desagrada profundamente, no por ello representa para mí una absoluta novedad, a tenor de la actuación de ésta y anteriores administraciones educativas, mucho más atentas a cuestiones de tipo ideológico y a negar la realidad de los datos, que a adoptar medidas que corrigieran una deriva cuyos resultados cada día se hacían más previsibles.
Paradigmático quizá de lo que digo sea que se ha dedicado más tiempo a debatir y hacer pronunciamientos sobre Educación para
(Merece la pena leerlo porque todo lo que en él se dice es interesante.)
Como dice Carlos Martínez Buján aquí: “… sigo echando en falta un diagnóstico certero de las raíces de los problemas de la educación”. Diagnóstico que por ningún lado el Ministerio apunta que vaya a realizar. Desde luego las POPIs que se anuncian estarán bien, siempre y cuando se sea consciente de que se trata de un parche y de que a lo que no se puede renunciar es a que un mayor número de alumnos, especialmente varones, puesto que es ahí donde se concentra el mayor volumen de fracaso y abandono escolar, consigan la graduación en ESO por el cauce normal y a la edad que les corresponde.
En mi opinión para abordar este gran asunto haría falta combinar tres tipos de medidas: las relativas al currículo, en el sentido de reforzar las materias instrumentales y evitar la excesiva fragmentación de las materias y dando entrada en la enseñanza a la informática y los informáticos; renunciar a convertir la enseñanza en un campo de confrontación sobre las convicciones personales y la moral, lo que exigiría que materias como
Nada me hace ser optimista, ya que las medidas que
18 mayo, 2008
Ángulos de lo humano
Quien pretenda que el género humano se divide en dos: buenas y malos, ángeles y demonios, mujeres y hombres, con dos naturalezas completamente diferenciadas, como pretende el género, tiene ocasión de comprobar que las cosas no son así recorriendo los enlaces de más abajo, que tratan cosas tan diferenciadas como: la batalla por la nominación demócrata en los EE.UU., dibujos de niños que reflejan mal trato o un reportaje sobre el Irak de hace cinco años titulado las caras del horror.
Obama en los infiernos de Vargas Llosa
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obama/infiernos/elpepiopi/20080518elpepiopi_13/Tes
Dibujos de niños que reflejan maltrato
http://www.elpais.com/fotogaleria/dibujos/ninos/maltratados/5455-7/elpgal/
Las caras del horror: Abu Ghraib
http://www.elpais.com/articulo/portada/caras/horror/elpepusoceps/20080518elpepspor_7/Tes/
Lamentablemente algo que debiera ser evidente para todo el mundo: que hombres y mujeres somos distintos pero no porque unas sean las buenas y otros los malos, tenga que reivindicarse en
Como muestra de cómo entiende el género la igualdad este enlace también puede ser de interés.
http://www.publico.es/ciencias/084395/salud/mental/mujer/donna/stewart#comentarios
Dice la entrevistada: “la prevalencia de los problemas de salud mental de hombres y mujeres es similar” y, uno en su ingenuidad, derivaría de ahí que por tanto, la salud de ambos merecería igual atención: en la escuela, en la investigación ….. pero no, al parecer la especificidad que hay que estudiar es la femenina. En fin, el problema de la perspectiva de género no es que no exprese su criterio de igualdad con perfecta claridad, es que algunos no lo quieren ver.
05 mayo, 2008
El debate que no llega
Escribo con desgana. Estos días alejado de la bitácora me han permitido reflexionar con algo más de distancia y hacerme ver que, quizá no es el momento para afrontar el asunto de la igualdad. Al menos, del modo que me gustaría. Ni se abre un proceso de debate con nadie que sostenga las tesis “oficiales”, ni tan siquiera entre los pocos que aquí somos hemos sabido juntar nuestros esfuerzos. Creo además que en torno a este asunto reina un miedo que mantiene agarrotadas las mentes y los corazones y ya nadie es capaz de mostrar abiertamente ni lo que piensa ni lo que siente.
Para la inmensa mayoría de la gente, incluidos buen número de “pensadores” el siglo en el que entramos será el siglo de la mujer, sin entrar a considerar absolutamente nada, ni tan siquiera la necesidad de responder a si, por eso mismo, no se estará traicionando el anhelo de igualdad, porque eso al menos era lo que a todos se nos vendió durante décadas y, en según qué momentos, se nos sigue vendiendo. Es también lo que proclama el presidente Zapatero como objetivo de sus políticas. En cualquier caso creo que la finura de análisis no es lo que está caracterizando los pronunciamientos sobre este tema, al menos, por el lado masculino.
Para que el hombre se pronuncie más allá de ciertas generalidades es necesario sentirse tocado directamente por el asunto. Entonces sí parece posible un pronunciamiento. Mientras tanto es como si fuésemos incapaces de reaccionar. Es el caso, por ejemplo de Isaac Rosas en esta entrada de Público http://blogs.publico.es/dominiopublico/485/el-maltrato-y-la-teoria-del-entorno/#comment-13880
En fin que he vuelto de este pequeño puente un poco más desalentado sobre este asunto y no tanto porque crea que nos asisten menos razones, sino por la dificultades de vencer tantas resistencias por parte de casi todos y todas para atreverse a un debate sincero y abierto sobre un tema que lo está demandando.
01 mayo, 2008
De nuevo el género
Elisabeth Badinter en su libro Por mal camino, y a la hora de analizar el nuevo feminismo, el feminismo nacido en los años 80 del siglo pasado, dice en el epígrafe: El concepto de dominación masculina,
“Desde hace treinta años, la dominación masculina es objeto de una batida incesante. Se ve en todas partes: en las instituciones, la vida cotidiana privada o profesional, las relaciones sexuales o el inconsciente. El androcentrismo reina en todas partes y es tanto más temible porque avanza enmascarándose. Como alguno virus, es multiforme. Cuando se le cree exterminado, se reproduce con características diferentes. Según este planteamiento, los hombres nunca han abandonado los privilegios materiales y sexuales que procura la dominación sobre las mujeres.” Pág. 57
Y más adelante:
“Esta división del mundo, esta cosmogonía basada en el género se mantiene vigente y regulada por la violencia: violencia múltiple y variada que va desde la violencia masculina doméstica hasta las violaciones de guerra, pasando por las del trabajo, y que tienden todas a preservar los poderes que se atribuyen colectiva e individualmente a los hombres en detrimento de las mujeres.
Es preciso, pues, luchar contra la dominación masculina como se combate el racismo y el fascismo.” Pág. 58
Para un poco más abajo expresar su malestar por “la generalización en dos bloques opuestos: la clase de las mujeres y la clase de los hombres.”
“Malestar también por la condena “en bloque” de un sexo que se parece mucho al sexismo. Malestar, en suma, por la voluntad de “reeducar” a los hombres, lo que desempolva recuerdos vergonzantes. El eslogan implícito o explícito de “cambiar al hombre”, más que el de “luchar contra los abusos de ciertos hombres” revela una utopía totalitaria.” Pág. 61
A fin de cuentas, uno se puede preguntar si la noción simplificadora y unificadora de “dominación masculina” no es un concepto obstáculo. Otro nombre de una alteridad radical serviría para evitar plantear la complejidad, la historicidad y la evolución de la relación entre sexos. Este concepto globalizador, que constriñe a hombres y mujeres en dos campos opuestos, cierra la puerta a toda esperanza de comprender su influencia recíproca y de medir su común pertenencia a la humanidad.” Pág. 62
Todo lo anterior es el sustrato ideológico sobre el que se construye la llamada “perspectiva de género” que está en la base de las leyes de género aprobadas en la pasada legislatura en nuestro país, particularmente la denominada Ley integral contra la violencia de género, de la que ahora mismo se discute por parte de nuestro Tribunal Constitucional y después de varios intentos sin acuerdo, su encaje en nuestra Constitución.
Que no se eluda el debate y se explique abiertamente por qué es tan importante sustituir género por sexo. Si nuestra Constitución habla de “discriminación por razón de sexo” qué es lo que fuerza a este movimiento a sustituir tal expresión por la de género, imponiéndola incluso contra el criterio de la RAE. Desde aquí quiero preguntar ¿Qué encierra de tan importante la expresión género y por qué se pretende ocultar? ¿Será quizá que “por razón de sexo” no excluye el que sea uno u otro el sexo discriminado mientras que el “género” sólo la concibe para uno de ellos?
Por mal camino. Elisabeth Badinter. Alianza editorial. 2004
Elisabeth Badinter es una feminista francesa discípula de Simone de Beauvoir, autora de numerosos libros y una de las principales estudiosas del movimiento feminista.