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23 octubre, 2011

Feminismo e igualdad hoy


Tengo la sensación de que los varones nos manejamos tan mal en el tratamiento de las cuestiones de género e igualdad porque lo desconocemos casi todo al respecto. Quienes presumen de un mejor conocimiento hablan del feminismo y la igualdad como si esos términos significasen algo unívoco y claro para el todo el mundo y en todo momento, como si ambos términos no hubieran variado sustancialmente su significación con la última oleada feminista y lo que aquí denominamos neofeminismo, como si significasen lo mismo para las diferentes corrientes en liza, pero sobretodo como si significasen lo que siempre se ha entendido por tales.

Para la inmensa mayoría de los hombres entender lo que significa y representa el feminismo constituye una verdadera incógnita que sólo se acaba resolviendo cuando,  bien se ha tropezado con la legislación de género y entonces uno se percata de que  esos conceptos no significan allí nada  parecido a lo que se pensaba,  bien  porque al igual que nosotros y por diferentes motivos ha  decidido centrar su interés en el tema y, tratando de vencer todas las dificultades que tal reto representa porque así el neofeminismo se ha encargado que fuese, pone su voluntad en conocerlo.

Es por eso que entiendo que para ampliar la base social de quienes creemos que existe otra forma de entender estas cuestiones, y hace mucha falta a tenor de la enorme desproporción en que hoy nos movemos, exige un esfuerzo grande de explicación de lo que realmente representa y significa este lobi - quizá ésta sea la denominación más apropiada para designarlo en el presente- y que no tiene nada que ver  con lo que formalmente proclama, pero también con  la idea de que no es bueno para nadie, y en primer lugar para los varones, hacer como que no se oyen o no se ven lo continuos  y constantes ataques  que unas veces de forma más abierta y otras de forma más solapada se dirigen contra los hombres y la masculinidad, hasta el punto de llegar a considerarla una tara.

Y quizá recordar que, por ahí arriba, en no se sabe dónde, no es verdad que exista una instancia donde se pone freno a su  voracidad, porque  ahora mismo su poder traspasa partidos políticos y sindicatos y su influencia en los medios de comunicación  es innegable.  La estrategia neofeminista de hacer un aparte donde se cuecen estas políticas sin la presencia masculina, y luego defenderlas a coro en todos los ámbitos, ha funcionado y sigue funcionando muy bien, hasta el punto de que buena parte de sus postulados los conocemos cuando ya son ley y derecho positivo.

20 octubre, 2011

Los hombres y el debate de género


Como proclama Pelle Billing  a modo de convicciones generales sobre las que descansa su pensamiento y acción,  y recoge haciendo suyas  Enric en su bitácora, enunciadas del siguiente modo:

- La liberación de género es algo deseable.
- El feminismo es demasiado unilateral para alcanzar la liberación de género.
- Es necesario que la voz de los hombres se convierta en parte del debate de género.
-  Ambos sexos han sido oprimidos por su rol de género, no solo las mujeres.
- Los roles de género se han desarrollado como un ajuste funcional a las circunstancias históricas.


Quizá no estaría mal, no sólo recordarlas, también analizarlas un poco en profundidad para, por ejemplo, tratar de encontrar algún tipo de respuesta al desinterés, cuando no el apoyo acrítico, manifestado por la inmensa mayoría de hombres hacia estos temas y, en general, su nula conciencia de género, que a la postre constituye la prueba más clara de que la interpretación de la historia como guerra de sexos o si se prefiere lucha de géneros,  que presenta el neofeminismo carece de cualquier rigor.

Pero también, y teniendo en cuenta el importante cambio social que se está produciendo, si es correcto hablar en pasado de los roles de género, como si ahora mismo no se estuvieran reproduciendo con características nuevas, pero tan roles de género como los de siempre.  Y ahora sí con un sexo dirigiendo en exclusiva el proceso. En fin, el tema es muy amplio pero creo que merece la pena aunque sólo sea iniciarlo. 

22 junio, 2011

Impotencia y poder

Como mínimo resulta chocante que desde una perspectiva masculinista se constate tanta impotencia de los hombres para impulsar cualquier iniciativa por pequeña que sea, incluso para que nuestras propuestas consigan algún eco social que no vaya precedido de calificativos como neomachistas o cosas por estilo, y eso, al tiempo que debemos desmontar una ideología construida sobre el eje de que el poder en esta sociedad está en manos masculinas, o que las cosas se deciden en lógica masculina, o que si hay alguien que comete abusos de poder esos son los hombres, o que la sociedad patriarcal tiene por norte el disponer los mecanismos de poder para que los hombres puedan mantener dominadas a las mujeres.


La contradicción no puede ser mayor: donde el feminismo ve poder, lo que se constata es impotencia, donde el feminismo señala facilidad de los hombres para ponerse de acuerdo en no sé qué estrategias frente a las mujeres, lo que se puede constatar es que en lo relativo al “género” no hay posibilidad de formar un grupo estable de más de dos decenas de personas, donde el feminismo encuentra nichos irreductibles de poder masculino: política, informática, ciencia, etc. la constatación es que si fuese verdad que ahí lo que se tejiese fuese poder lo que parece fácilmente constatable es que no lo sería en favor de los hombres.


A sensu contrario, cuando el feminismo no deja de lamentar la falta de poder de las mujeres y la necesidad de su “empoderamiento”, desde este lado lo que se constata es que quién dictó la ley de divorcio los intereses que tenía in mente eran los de la mujer, como quién dictó la LIVG, o la de igualdad, o quien consiente que nuestro sistema educativo no sea revisado de arriba abajo, a pesar de la enorme masa de varones frustrados que está creando el fracaso escolar, pero también cuando uno observa la facilidad para que un anuncio sea retirado si al feminismo no le gusta, todavía más para que ningún anuncio se publique si no cuenta con el beneplácito de las instancias oficiales del feminismo , o la facilidad con la que se tolera una televisión femenina de la noche a la mañana, donde el hombre juega el papel que ellas deciden.


Pero si todo lo anterior resulta chocante más lo es todavía la facilidad con la que el feminismo se vale para deshacerse de quien cuestiona sus teorías o pone en duda sus estadísticas, sus argumentaciones o sus viejos postulados: se llamen discriminación salarial, violencia unidireccional en la pareja, o lo que sea, hasta el punto de no cortarse ni un pelo a la hora de calificar a alguien de maltratador por el simple hecho de defender la custodia compartida. Estos días asistimos al enjuiciamiento y la imposición de una multa a dos de los jueces: Francisco Serrano y María Sanahuja, que con más claridad y vehemencia se han atrevido a cuestionar alguno de sus postulados más queridos, pero también desde siempre a como, buena parte de la prensa, se presta a hacer de su altavoz, para incidir en la culpabilización masculina, mientras esconde u oculta todo aquello que a ellas no les agrada.


Si todo lo anterior no son signos más que evidentes de que el poder en esta sociedad no está repartido como el feminismo pretende, quizá haga falta una revisión en el diccionario del significado de la palabra poder.

17 mayo, 2011

Poder femenino

Lo que va a continuación lo iba añadir como comentario en la entrada Paridad como continuación de un pequeño debate que se había abierto sobre militancia femenina, si estaba constituida por masas o no, pero como me ha salido un poco largo y pueda tener interés retomar el debate truncado por los problemas de Blogger he decidido que quizá mejor como  entrada. Y ahora sí va el comentario:

Arturo, entre los comentarios que se perdieron como consecuencia de la caída de Blogger estaba uno que no conservo, pero que más o menos decía y  repito por su interés, que hacer una comparación plana entre las militancias masculina y femenina puede conducirnos a un gran error, porque sin quererlo y al igual que sucede en otros muchos momentos de la vida entre mujeres y hombres, aplicamos un criterio que creemos universal pero es sólo masculino, o sólo femenino que a los efectos es lo mismo.

Es verdad que el feminismo ha renunciado a ser un movimiento de masas en el sentido en que esa expresión se puede aplicar a otros movimientos sociales,  y más bien está configurado como un lobby de poder, con un gran poder pero sin ninguna de las alharacas del poder, es decir un poder fuerte pero discreto. Y eso se puede ver bien si en lugar de militancia hablamos de conciencia, de conciencia de género. En ese terreno me supongo ya no habrá duda en que cualquier comparación está fuera de lugar, ya que en un caso estamos hablando de un potentísima conciencia femenina y una nula por no decir negativa conciencia masculina, tanto que como comprobamos un día sí y otro también muchos se autoexcluyen al hablar de lo que afecta el género masculino.

Piensa además que han ganado en el cambio. La efectividad actual del poder feminista es total, consigue lo que se propone y jamás está obligado a dar cuentas de lo que va mal, o sencillamente de lo contestado, como comprobamos cada  día  desde esta bitácora. Los partidos políticos si para alguien hacen política es para ellas y siguiendo sus pautas, al igual que los sindicatos y tantos organismos de la Administración que están ahí para velar sus intereses, y no me refiero exclusivamente a los que llevan la coletilla “de la mujer”. Si eso funciona el mérito es suyo, si eso falla no deja de ser un organismo de la administración al que pedir explicaciones nos puede llevar por vericuetos por donde aparecerá de todo menos feminismo. El gran reto del movimiento masculinista hoy está,  a mi modo de ver, en mostrar con claridad ese entramado que mantiene en la sombra al feminismo cuando le interesa y lo saca a la luz cuando le conviene. De conseguirlo sería mucho más fácil explicar lo que nos pasa porque estaría a la vista de todos el auténtico poder femenino.