Tengo
la sensación de que los varones nos
manejamos tan mal en el tratamiento de las cuestiones de género e igualdad
porque lo desconocemos casi todo al respecto. Quienes presumen de un mejor conocimiento
hablan del feminismo y la igualdad como si esos términos significasen algo
unívoco y claro para el todo el mundo y en todo momento, como si ambos términos
no hubieran variado sustancialmente su significación con la última oleada
feminista y lo que aquí denominamos neofeminismo, como si significasen lo mismo para las diferentes corrientes en liza, pero sobretodo como si significasen lo que siempre se ha entendido por tales.
Para la
inmensa mayoría de los hombres entender lo que significa y representa el
feminismo constituye una verdadera incógnita que sólo se acaba resolviendo cuando,
bien se ha tropezado con la legislación
de género y entonces uno se percata de que esos conceptos no significan allí nada parecido a lo que se pensaba, bien porque
al igual que nosotros y por diferentes motivos ha decidido centrar su interés en el tema y, tratando
de vencer todas las dificultades que tal reto representa porque así el
neofeminismo se ha encargado que fuese, pone su voluntad en conocerlo.
Es por
eso que entiendo que para ampliar la base social de quienes creemos que existe
otra forma de entender estas cuestiones, y hace mucha falta a tenor de la
enorme desproporción en que hoy nos movemos, exige un esfuerzo grande de
explicación de lo que realmente representa y significa este lobi - quizá ésta
sea la denominación más apropiada para designarlo en el presente- y que no
tiene nada que ver con lo que
formalmente proclama, pero también con
la idea de que no es bueno para nadie, y en primer lugar para los
varones, hacer como que no se oyen o no se ven lo continuos y constantes ataques que unas veces de forma más abierta y otras de
forma más solapada se dirigen contra los hombres y la masculinidad, hasta el
punto de llegar a considerarla una tara.
Y quizá
recordar que, por ahí arriba, en no se sabe dónde, no es verdad que exista una
instancia donde se pone freno a su
voracidad, porque ahora mismo su
poder traspasa partidos políticos y sindicatos y su influencia en los medios de
comunicación es innegable. La estrategia neofeminista de hacer un aparte
donde se cuecen estas políticas sin la presencia masculina, y luego defenderlas
a coro en todos los ámbitos, ha funcionado y sigue funcionando muy bien, hasta
el punto de que buena parte de sus postulados los conocemos cuando ya son ley y
derecho positivo.