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10 enero, 2012

Silencios clamorosos


Las preguntas de la entrada anterior tienen sin embargo su correlato en silencios clamorosos que tienen que ver con la pretensión neofeminista de negar esos incontestables avances de la condición femenina en los que ha habido más bien  “facilidades” y no tanto “persecuciones” de la “sociedad patriarcal” para conseguir en apenas 30 años una situación  en el terreno laboral y de la ocupación femenina que, para el caso del varón, llevó 150 años de durísima adaptación al mercado capitalista más toda la experiencia histórica de los oficios y empleos tradicionalmente masculinos.

Y el resultado está ahí, las mujeres están empleadas muy mayoritariamente en puestos relacionados con lo público (administración, sanidad, educación, trabajos relacionados con el derecho y la justicia, etc.) y las tareas administrativas y el comercio,  en condiciones que, solo desde una gran soberbia como la que se gasta el neofeminismo y quien ha prescindido de cualquier otro análisis que no sea su egoísmo y su género, se pueden calificar de discriminatorias. Y otro tanto podríamos decir de la incorporación masiva y con ventaja a la Universidad y la educación en general. Y no digamos ya al consumo, donde con mucha diferencia se llevan la palma o la situación de crisis presente, donde los palos están cayendo casi todos del lado masculino como se visualiza muy bien en esas filas de gentes a las puertas de los comedores sociales.

Visto desde esta perspectiva resulta escandalosa la guerra de sexos abierta por este feminismo y la pretensión de cerrar  los ojos a todo lo demás para no ver más que violencia contra las mujeres por todas partes olvidando, como ya es su costumbre, todas las otras que por lo visto  no interesan, particularmente las que tienen como principal víctima a los hombres: suicidio, accidentes laborales, conflictos sociales de todo tipo, sean armados o no,  o las perpetradas en mayor medida por ellas: contra los niños, los ancianos o los dependientes. 
Las víctimas femeninas lo son del patriarcado, las masculinas del infortunio o su mala cabeza. Cuando muere una mujer muere una mujer, cuando lo hace un hombre, muere una persona o un trabajador o quizá el conductor de un vehículo.

El neofeminismo, por motivos que para mí son una completa incógnita, ha decidido en el momento que la mujer ocupa posiciones hace nada  impensables, adoptar como arma una agresividad contra el varón difícilmente justificable: como dice Elisabeth Badinter como si del fascismo o el racismo se tratara, alejando de ese modo ese “contrato social” del que a veces dice que habla y echando por tierra una trayectoria histórica que no se merecía una etapa como la actual.  A los hombres nos queda reflexionar sobre esta situación y no solo decir lo que opinamos de un proceder así, también ofrecer nuestro punto de vista y cuando sea el caso nuestras alternativas.

22 junio, 2011

Impotencia y poder

Como mínimo resulta chocante que desde una perspectiva masculinista se constate tanta impotencia de los hombres para impulsar cualquier iniciativa por pequeña que sea, incluso para que nuestras propuestas consigan algún eco social que no vaya precedido de calificativos como neomachistas o cosas por estilo, y eso, al tiempo que debemos desmontar una ideología construida sobre el eje de que el poder en esta sociedad está en manos masculinas, o que las cosas se deciden en lógica masculina, o que si hay alguien que comete abusos de poder esos son los hombres, o que la sociedad patriarcal tiene por norte el disponer los mecanismos de poder para que los hombres puedan mantener dominadas a las mujeres.


La contradicción no puede ser mayor: donde el feminismo ve poder, lo que se constata es impotencia, donde el feminismo señala facilidad de los hombres para ponerse de acuerdo en no sé qué estrategias frente a las mujeres, lo que se puede constatar es que en lo relativo al “género” no hay posibilidad de formar un grupo estable de más de dos decenas de personas, donde el feminismo encuentra nichos irreductibles de poder masculino: política, informática, ciencia, etc. la constatación es que si fuese verdad que ahí lo que se tejiese fuese poder lo que parece fácilmente constatable es que no lo sería en favor de los hombres.


A sensu contrario, cuando el feminismo no deja de lamentar la falta de poder de las mujeres y la necesidad de su “empoderamiento”, desde este lado lo que se constata es que quién dictó la ley de divorcio los intereses que tenía in mente eran los de la mujer, como quién dictó la LIVG, o la de igualdad, o quien consiente que nuestro sistema educativo no sea revisado de arriba abajo, a pesar de la enorme masa de varones frustrados que está creando el fracaso escolar, pero también cuando uno observa la facilidad para que un anuncio sea retirado si al feminismo no le gusta, todavía más para que ningún anuncio se publique si no cuenta con el beneplácito de las instancias oficiales del feminismo , o la facilidad con la que se tolera una televisión femenina de la noche a la mañana, donde el hombre juega el papel que ellas deciden.


Pero si todo lo anterior resulta chocante más lo es todavía la facilidad con la que el feminismo se vale para deshacerse de quien cuestiona sus teorías o pone en duda sus estadísticas, sus argumentaciones o sus viejos postulados: se llamen discriminación salarial, violencia unidireccional en la pareja, o lo que sea, hasta el punto de no cortarse ni un pelo a la hora de calificar a alguien de maltratador por el simple hecho de defender la custodia compartida. Estos días asistimos al enjuiciamiento y la imposición de una multa a dos de los jueces: Francisco Serrano y María Sanahuja, que con más claridad y vehemencia se han atrevido a cuestionar alguno de sus postulados más queridos, pero también desde siempre a como, buena parte de la prensa, se presta a hacer de su altavoz, para incidir en la culpabilización masculina, mientras esconde u oculta todo aquello que a ellas no les agrada.


Si todo lo anterior no son signos más que evidentes de que el poder en esta sociedad no está repartido como el feminismo pretende, quizá haga falta una revisión en el diccionario del significado de la palabra poder.

04 junio, 2011

Recapitulación

Quizá antes de reiniciar la andadura de la bitácora convendría recapitular para apuntar algunas cosas. En primer lugar, habría que hablar  de la absoluta imposibilidad de uno de los objetivos que se marcaba la bitácora en sus inicios como era el de promover algún tipo de debate con el feminismo. Debate que ni se ha producido, si descontamos algunos momentos más bien episódicos, ni parece vaya a producirse en un futuro próximo. Y eso, según mi opinión, por dos razones: una, que para el feminismo cualquier planteamiento que cuestione alguno de sus postulados sólo puede ser fruto de una mentalidad machista y como tal debe ser rechazado y perseguido y, en segundo lugar, que encontrándose como se encuentra en la cima del poder y consiguiendo prácticamente cualquier objetivo  su interés por el debate democrático es nulo.

Es por eso que en este momento ese objetivo prioritario debería dirigirse en la dirección de dar forma al movimiento masculinista en España en línea con lo que acontece en otros lugares del mundo donde el feminismo ha derivado en injusticia y discriminación. Un movimiento sociopolítico y no partidista que por un  lado trate de dar respuesta a la deriva del feminismo institucional en todos aquellos aspectos que se alejen de la igualdad como tantas veces hemos denunciado y, al tiempo, trate de dar respuesta a la pregunta: ¿gozamos los hombres del mismo derecho que las mujeres a cuestionar nuestro papel en la sociedad  y a exigir que se nos reconozca ese derecho, o sencillamente habremos de concluir como parece que es intención del feminismo que nuestro papel debe venir fijado desde instancias ajenas a nosotros, es decir desde ellas mismas?

Decir también que nuestro planteamiento no nace de ninguna nostalgia del pasado ni proponemos ninguna vuelta atrás, más bien al contrario tratamos de acelerar el tiempo histórico que permita que la sociedad de iguales sea fruto de un pacto social que dé garantía de respeto de los derechos de hombres y mujeres y, por supuesto, que acabe con las discriminaciones históricas y presentes estén referidas a un sexo o al otro. En este sentido creemos que hacen falta nuevos estudios que acaben con el sesgo de género que el feminismo introduce en cada uno de los que realiza y que parten siempre del supuesto invariable de que el objetivo es lo mejor para la mujer con independencia de lo que pueda suceder con los varones, de quienes en la mayoría de los casos se prescinde como si ni su propia existencia debiera ser considerada. Y esto sí constituye una auténtica novedad histórica.

Por supuesto que ni compartimos  el maniqueísmo de la historia de los sexos que se nos pretende contar según la cual los hombres habrían tomado como primer objetivo mantener dominadas a las mujeres no renunciando para ello al uso de todos los medios incluida la violencia y que estaría en la base de las actuales exigencias de las mujeres, como tampoco nos creemos que los avances de la mujer se deban prioritariamente al movimiento feminista, por ejemplo la incorporación de las mujeres al mercado laboral de la forma masiva en que lo han hecho en las últimas décadas que tiene mucho más que ver con el estado de bienestar y la terciarización de las economías desarrolladas , o los avances en los métodos anticonceptivos, que cualquier intención del movimiento feminista, más bien al contrario, es en el momento en que todo esto se hace factible que el feminismo va ocupando posiciones de poder.

Como tampoco muchas otras  derivadas de ese planteamiento  como las que conducen a convertir a la mujer en un menor de edad no responsable de sus actos ya que serían siempre fruto de la voluntad de otros, llámese patriarcado, dominación masculina, marido o patrón. Al igual que rechazaríamos esa pretensión feminista de convertir cualquier cosa nacida de la voluntad del hombre en un producto contaminado de ideología que lo invalidaría,  incluida  la ciencia,  incluso la misma idea de verdad. En este sentido la historia escrita por el feminismo no puede ser más fraudulenta y estar necesitada de una revisión crítica que obligue no sólo a reconsiderar lo que sobre la ciencia masculina ha dicho sino una revisión autocrítica de los women’s studies, estos  sí aquejados de graves deficiencias de enfoque, la primera y fundamental considerar que se puede hablar de la mujer en sociedad como si los hombres no existieran.

Insistir en que el feminismo no busca la igualdad, que resulta inconcebible pensar que los ataques a la condición masculina, o el propio deseo de cambiar su naturaleza se puedan entender como estrategias para la igualdad, pero más allá de eso la radical separación que establece entre lo masculino y  lo femenino, o el deseo expresado abiertamente de que es tiempo de mujeres, que el siglo XXI es el siglo de las mujeres porque  los hombres han ocupado ya demasiado tiempo el poder y ahora les toca a ellas. No son síntomas de igualdad ni lo que está pasando en los medios de comunicación, ni en la enseñanza, la sanidad, la justicia o el empleo público, como tampoco lo es el afán de desplazar al hombre de allí donde se encuentra excepto los trabajos duros y pesados y aquellos que encierran riesgo para la salud o la vida.

En fin, resaltar que la intención de la bitácora es el debate en clave masculinista, en clave de futuro, no de pasado. Que rechazamos con igual fuerza la misoginia y la misandria que hoy florece tan abundantemente. Que pretendemos un enfoque ilustrado y por tanto privilegiando siempre la ciencia probada y el rigor intelectual y moral. Que rechazamos por tanto los intentos de utilizar  la bitácora para la defensa o promoción  de una opción religiosa  o política. Que sabemos que el feminismo ha renunciado  abiertamente al objetivo por el que nació: la igualdad y no discriminación por razón de sexo. Y que  aun cuando siguen la siguen proclamando se trata de  una” igualdad” alejada de cualquier idea de equidad o reciprocidad y más bien tiene que ver con la defensa de los intereses de género, del género femenino se entiende.

Observo con sorpresa en positivo que  UPyD dice querer respetar el test de igualdad tal como queda recogido aquí http://plataformaporlaigualdad.es/?p=3367 y otras fuerzas han dado pasos adelante en la misma dirección. Para la inmensa mayoría de la población, sin embargo, los temas de la igualdad desde una perspectiva masculina siguen  siendo un tabú. Combatir ese estado de cosas debe ser uno de los grandes motores  que mueva una bitácora como ésta. 

07 abril, 2011

Los hombres y el masculinismo

Me gustaría retomar un tema que planteó en un comentario anterior Tamisquerche y que tiene que ver con las dificultades de “afiliación” de los hombres a la idea de un movimiento masculino, haciendo por su parte especial hincapié en el tema de la sexualidad la cual constituiría una barrera seria para los más jóvenes. “Quizá la respuesta esté en el poder que la sexualidad tiene sobre nuestras acciones.” apuntaba. En mi opinión, y aún cuando no dudo en considerar que efectivamente algo de eso haya,  el tema es mucho más complejo y hunde sus raíces en algunos de nuestros comportamientos más instintivos y más relacionados con el hecho de ser hombre o mujer. Hacer abstracción de nuestras diferencias puede conducirnos al error de pensar que los hombres y las mujeres actuamos igual frente a las mismas situaciones, damos el mismo valor a las palabras, y compartimos una concepción de las cosas, sobre todo lo que tiene que ver con el otro o la otra, idéntica y eso no es cierto. Está en los genes pero también en los memes.

Eso por no considerar que el peso apabullante del mundo de la cultura y la política está en la tesis de que si hay discriminación ésta es femenina o que cualquier cosa que se haga a favor de las mujeres constituye la mejor forma de progreso, y sus correlatos del varón como el agente de los males de la humanidad: guerras, violencia… etc. Y salirse de los caminos mayoritarios no es  fácil ni sencillo. El juego de los sexos es extraordinariamente complejo y no en vano llevamos millones de años de diferenciación sexual y la fórmula continúa aun cuando desde siempre haya habido lucha unas veces algo más larvada y otras más al descubierto entre hombres y mujeres.  Ni captamos la realidad del mismo modo sobre todo lo que tiene que ver con el otro o la otra, ni nuestras expectativas de vida se fijan las mismas metas. Me temo por lo demás que sea un mecanismo tan complejo el que rija esa relación que nunca acabaremos de conocerlo de todo.

Lo cierto es que en esta guerra de sexos declarada por el feminismo están en juego muchas más cosas que la sexualidad, aunque ésta represente un papel importante. Está todo lo que tiene que ver con la reproducción donde la mujer se ha reservado todos los derechos, pero está también la pretensión, en buena medida conseguida, de declararse dueñas de la moral y por extensión de la justicia y también en este terreno llevan camino de convertirse en amas de la situación. Por eso me rió cuando apuntan a Zapatero, Botín, Toxo o Redondo para señalar a los que tienen poder. El poder que importa, tiene mucho más que ver con esto último de los hijos, la justicia y la moral que  con ser la cabeza visible de una institución o del Gobierno, aún cuando también para esos casos hayan conseguido imponer un mecanismo que necesariamente conducirá a mudar la situación actual  como es de la paridad.  La otra cuestión que apuntaba Tamisquerche de que quienes estamos en esta “guerra”  somos varones divorciados de una determinada edad, tengo que decir que acierta más o menos en la edad, pero no en lo divorciados que ni es mi caso ni el de algunos más de los que aquí participamos y por supuesto no conozco la situación civil de todos los que aquí escribimos. 

15 agosto, 2010

Masculinismo en el mundo


De vez en cuando conviene levantar la vista de los papeles y de lo que tenemos más cerca, para ver qué se hace y se dice por otras partes del mundo. En lo que respecta a las cuestiones que tienen que ver con la temática de esta bitácora, creo que debemos agradecer a Enric Carbó  y su blog: Masculinidad y política, la atención que presta a lo que a este respecto hacen y dicen personajes como Warren Farrell  o el  intento de acercarnos a los temas abordados en Pelle Billing.

Y centrándonos en las dos últimas entradas de su bitácora: Warren Farrell y Ken Willber: La necesidad de la liberación masculina, y el Feminismo personaliza lo impersonal, yo destacaría que en ambas, aunque con matices diferentes, la tesis que se viene a sostener es, que el patriarcado y los roles a él asociados no sólo habrían oprimido a la mujer, sino a ambos, la mujer y el hombre, al encorsetarlos en unas funciones que en ambos casos les venían impuestas y, en consecuencia, deberían cesar por parte del feminismo las acusaciones que culpabilizan al hombre  de esta opresión. En el caso de Pelle Billing incluso se plantea la pregunta para qué un movimiento feminista y otro masculino, si con uno sólo sería suficiente y podríamos trabajar juntos en la liberación de ambos.

En relación con esta última cuestión de trabajar juntos por la superación de la actual situación proponiendo no “un quítate tú que me pongo yo” sino un verdadero cambio de civilización donde las relaciones hombre mujer se establezcan en un nivel superior de justicia e igualdad, tengo para mí que fue el ideal que animó a miles de hombres y mujeres que construyeron el feminismo hasta hace escasas décadas y ahí habría que sumar los esfuerzos de Stuart Mill y los de Mary Wollstonecraft a los de tantos y tantas liberales, socialistas,  anarquistas y gentes que sin más  adscripción que la defensa de la justicia social, sobre el asunto se han expresado. Lamentablemente, para el feminismo de la llamada tercera ola y el feminismo institucional de nuestros días, tal cosa no sólo ha dejado de ser deseable sino que sería injusta.

A este respecto me parece que resume muy bien esta posición de oposición a comparar la “impotencia” masculina con la “opresión” femenina, el comentario de Raúl Quiñones-Rosado recogido aquí y que constituye respuesta a lo expresado por Warren Farrell  y Ken Willber en: La necesidad de la liberación masculina. Pero si hicieran falta  más pruebas sobre la falta de voluntad del feminismo actual para explorar esa vía, quizá tenga interés recordar el concepto de feminismo que Victoria Sau, feminista de referencia en nuestro país, nos da con la siguiente definición:

“El feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera”.  Diccionario ideológico feminista. Icaria, Barcelona,2000, página 121

Más interesante me parece explorar en profundidad la referencia de Warren Farrell sobre la falacia feminista de que el “poder” se mediría diciendo: mira quien gobierna el mundo, y no para quien mejor sabría rentabilizar ese poder, cuando desarrolla la tesis de que, el poder no se definiría por el  control que se ejerce sobre otros, sino por la capacidad de control que se tiene sobre la vida propia. De hacer caso al espejismo feminista deberíamos extraer la conclusión de que el Gobierno Zapatero para quien ha sido “rentable” es para los hombres y no para las mujeres y el feminismo, o que los hombres estaríamos obteniendo algún beneficio particular de que sea Emilio Botín quien dirija el  Banco de Santander y no su hija, más todavía, los hombres deberíamos estar dando palmas  en lo relativo a la Ley contra la violencia de género porque el Delegado del Gobierno fuese Lorente y no una mujer.  En fin, los ejemplos se podrían multiplicar pero baste decir que la legislación de género en nuestro país para quien ha sido terriblemente lesiva es para el hombre y ha sido aprobada en unas Cortes compuestas mayoritariamente por varones.

En fin, como no se trata de agotar el tema en una sola jornada, de momento lo dejo aquí.