Que la realidad social no se muestra clara y diáfana, parece una verdad de Perogrullo por los intereses que inevitablemente y de forma constante están en juego. Y eso sucede en todas las sociedades y en todos los tiempos. Lo que conocemos viene siempre mediatizado por unos filtros que muestran unas cosas y ocultan otras, algunas realidades las enfatizan y otras tratan de minimizarlas. En las sociedades democráticas y avanzadas se trata de hacer mínima ese distancia entre una cosa y otra, entre lo que de verdad sucede y lo que llega a la opinión pública, mediante el juego de poderes y contrapoderes, en el que deberían ocupar un papel muy destacado los medios de comunicación y un aparato estadístico que funcione con relativa independencia y un cierto grado de objetividad.
Como también, hay momentos de mayor identificación entre la ciudadanía y los poderes públicos y otros en que eso no sucede tanto. A mi modo de entender los momentos que estamos viviendo marcan en relación con esa identificación una distancia máxima, de tal modo que, si no gusta el Gobierno, tampoco parece gustar la oposición, y además sucede que quienes son minoritarios están taponados por los grandes de tal modo que les resulta extremadamente complicado levantar cabeza. Lo cierto es que reunidas las dos circunstancias, la de la distancia de los políticos y la ausencia de un juego de contrapoderes bien ajustado, como por otro lado muestra de forma palmaria Internet, donde la gente no deja de manifestar su descontento, pueden conducirnos a una situación en que, como digo en el título, lo que importa (o debiera importar) no está y en su lugar se nos coloca lo que al poder interesa.
Hay motivos para la indignación y abundantes, hay motivos para recordarles a nuestros gobernantes que están ahí para resolver los problemas de la ciudadanía y no los propios, hay que decir que quienes se aferran tanto al poder sin importar en qué medida sintonizan con la gente están adulterando la democracia, hay que decir a todos aquellos que interpretan que criticar al PSOE es estar con el PP o viceversa, que hay, y debe haber mucha más, vida al margen de estos dos partidos y que en estos momentos el mejor servicio que se le puede prestar a la democracia es dejar que fluya sin trabas y distorsiones lo que gente vive y piensa y que seguir empeñados en sostener quimeras finalmente se acaba pagando caro. Lo que expreso bien lo sé es un deseo, que me temo no tendrá mucho reflejo en una realidad cada día más desestructurada.