Aloe, que en nuestra sociedad las posiciones del neofeminismo en relación con la idea de una histórica dominación masculina como ejercicio de puro sexismo y defensa del propio género, están ampliamente extendidas, parece un hecho fácilmente constatable. Está en la literatura feminista, está en la práctica cotidiana del feminismo institucional: Secretaría de igualdad, Instituto de la Mujer, etc. como lo está aunque de forma algo más difusa en otros ámbitos sociales como la prensa, por ejemplo, el blog Mujeres del que tantas entradas hemos comentado en esta bitácora y, tantas pruebas incontestables de sexismo y muestras de segregación por género nos ha dado, comenzando por su propio nombre y continuando por sus contenidos y que, por otro lado, no disimula que con lo que tiene que ver es con la lucha por el poder y el empoderamiento de las mujeres.
Esas realidades y otras muchas recogidas en esta bitácora no las hemos creado los hombres, ni representan guetos en los que se ha encerrado a las mujeres para dominarlas, representan la expresión más clara y contundente de un poder político e ideológico de dimensiones considerables que desde aquí combatimos por sexista pero también porque en última instancia terminará perjudicando a las propias mujeres como desde multitud de ámbitos se viene demostrando. Acusarnos de que con nuestra denuncia seamos nosotros quien estemos provocando tal división no solo no es justo, es que no responde para nada a la realidad de los hechos. Pensar que un blog como Mujeres o la importante reestructuración de un periódico como El País para adaptarlo a esta realidad de género constituya algo de escasa relevancia constituye a mí entender desenfocar de forma importante lo que sucede.
Un planteamiento como el arriba descrito supone por lo demás la aceptación de la existencia de un sujeto colectivo que tendría preeminencia sobre las propias personas de carne y hueso y supone la división de la humanidad en dos mitades homogéneas: unívocamente establecidas y con intereses enfrentados y, esto, no sólo está en el debate cultural e ideológico, sino que ha sido trasladado al campo jurídico y legal de nuestros país en multitud de leyes y prácticas sociales: LIVG, Ley de igualdad… con protocolos de actuación diferentes según el sexo en los casos de violencia de género o doméstica establecidos en la ley, etc. Y ha sido trasladado a prácticas sociales de forma tan sesgada que en las encuestas sobre violencia o acoso, por sólo poner dos ejemplos, ya ni tan siquiera se pasan las entrevistas o los cuestionarios a los hombres, sino que se parte de la presunción de su culpabilidad.
Esto que tan duro resulta de relatar y me supongo de leer está en nuestra realidad jurídica, social y política y de lo que nos habla no es de una anécdota, ni convierte en sexista a quien lo combate, mucho menos constituye un camino hacia la igualdad y la superación de los roles y los estereotipos de género, más bien al contrario, so pretexto de una división histórica entre hombres y mujeres propiciada por los primeros, el feminismo dominante está consiguiendo hacer de los sexos compartimentos estancos con unas posibilidades de comunicación cada día más reducidas. Es más, para este feminismo existe algo así como una presunción universal de credibilidad de la mujer que confrontaría claramente con la presunción de culpabilidad de los hombres expresada más arriba.
Esta es la realidad que ha dado su razón de ser a esta bitácora que en su origen nada tenía que ver con el masculinismo porque ingenuamente creía que esa deriva sería posible corregirla, pero que hace ya tiempo se ha demostrado que se trata de una deriva fomentada desde dentro y fuera del poder y que mantener la actitud histórica de los hombres de dejar hacer y esperar a ver qué pasa, descartando que algunas cosas pudieran haber pasado, ha constituido un monumental error del que ahora efectivamente no queda más que lamentarse. Que se regatee y se engañe con un derecho como el de la custodia compartida, o que las máximas opositoras al mismo, sean quienes se dicen feministas que defienden la igualdad se comenta por sí solo.
Y yendo a la crítica de una posición así, habría que decir que tal esquema simplifica de modo grotesco no sólo lo que han representado los sexos históricamente, elimina también de un plumazo el espacio común que hemos venido compartiendo mujeres y hombres a lo largo de la historia y conduce a conclusiones absurdas como rechazar la ciencia o la técnica por masculinas cuando de forma tan palmaria se ha demostrado los beneficios que para todos y todas ha representado. Conduce incluso a cosas más estrambóticas y fuera de sitio como considerar la homofobia o el bullying formas de machismo, lo cual no es solo una forma indirecta de culpar al hombre, también constituye una forma de exculpación de la mujer.
De hecho este es el callejón sin salida a que han conducido las derivas de las corrientes feministas que aquí denominamos neofeminismo cuando tildan de machistas cosas como la ciencia, la informática o la política, también cuando interpretan que el diccionario de la lengua es una construcción interesada y machista que a quién beneficia es a los hombres, y eso, cuando día a día descubrimos el rédito obtenido gracias a que por ser el género marcado se goza de la opción de usarlo como tal cuando interesa, para refugiarse en el genérico cuando conviene, y nunca se haya producido protesta alguna porque en nuestra realidad social y cultural se produzcan expresiones como: “con la sobreexplotación de los recursos, el hombre pone en riesgo la vida del Planeta.”
Como en algún momento me pareció observar que compartías esa visión histórica que supondría el hombre como ser dominante y la mujer como ser dominado me gustaría plantearte y que nos planteemos algunas preguntas, porque creo que en el ejercicio de reflexión a que puede conducir la búsqueda de la respuesta será más fácil superar esa visión estereotipada de la historia que hoy se vende como la de verdad y que estaría en la base de la justificación de lo que en este terreno está pasando.
¿Qué significado crees que habríamos de dar al hecho de que el sapo de la Revolución Industrial nos lo hayamos tenido que tragar los hombres, pero las principales beneficiarias del Estado del Bienestar sean las mujeres? ¿Qué significación habríamos de dar al hecho de que los trabajos de cuello azul correspondan a los varones y los de cuello blanco a vosotras? ¿Qué significado deberíamos dar a que, con la excepción de Israel, cuando la mili es obligatoria lo es sólo para ellos? ¿Qué lugar ocupa todo lo anterior en esa historia de la dominación masculina y de la discriminación y explotación femenina? Y ahora vengamos al presente:
¿Qué valor hemos de dar al hecho de que en la actualidad las mujeres tengan todos los derechos sobre la reproducción? ¿Y a que los niños puedan, y de hecho lo hagan en proporciones cada vez mayores, crecer sin contacto con la figura masculina? Más aún, teniendo en cuenta el especial valor de la educación en los primeros años de vida, ¿cabría establecer una responsabilidad mayor de las mujeres por lo que suceda en esa etapa de la vida o quizá, debamos interpretar que el fracaso educativo particularmente de los varones es responsabilidad compartida de todos, cuando no responsabilidad de una sociedad machista y patriarcal como el neofeminismo nos propone? ¿Qué valor debemos dar a los estudios de campo que nos dicen que el papel de las madres en la transmisión de los roles y estereotipos de género es superior al de los padres?
Las anteriores cuestiones podrían ser otras, también más, pero entiendo cumplen el objetivo del ejercicio que aquí se plantea.