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19 febrero, 2011

Dominación masculina II

Le doy vueltas al tema de la dominación masculina y no dejo de pensar en la paradoja del feminismo, particularmente el de la última ola, que si bien no deja de percibir control y dominio del hombre por todos lados, y nos presenta a la mujer como un ser dominado y explotado, pretende sin embargo que todo lo conseguido por la mujeres  en las sociedades del bienestar, particularmente europeas y americanas, no sólo es completamente ajeno a la acción de los hombres, sino que ha sido conseguido contra su voluntad y arrebatándoselo.  

Cabría pensar que alguno de los términos no puede ser verdad dado su carácter contradictorio. No es posible pensar que las mujeres hayan alcanzado las más elevadas cotas de poder en sociedades completamente dominadas por los hombres, y cuando la intención de éstos es seguir manteniéndolas dominadas para lo que no dudarían en recurrir a cualquier método incluido el maltrato, como el feminismo no deja de repetir y ha conseguido imponer como doctrina social y legal en todas nuestras sociedades.  Quizá avanzando en este tipo de reflexiones nos sea dado conocer mejor los concretos mecanismos del poder femenino y su realización en una sociedad que por fuerza no puede ser la que describen y teorizan.

Lamentablemente éste es también  el punto de vista de quienes como Alain Touraine en su libro: El mundo de las mujeres, se niegan a hablar de  una  “psicología” femenina porque sería naturalizarla pero no tienen empacho en utilizar un concepto tan ahistórico y como fijado en el tiempo de una vez y para siempre como el que representa el de “dominación masculina” y en consecuencia el hombre y las relaciones que tal mundo presuponen. Se trata por un lado de negar la identidad de los sexos, para reafirmar su diferencia, al tiempo que se mantiene una visión petrificada de lo que el hombre y lo masculino representan.

Se pretende escapar de una lectura del mundo en clave masculina al tiempo que se ocultan las claves de esa lectura en femenino y que, en lo que atañe al poder no pueden ser más divergentes. Se pretende hacernos creer que lo que interesa a las mujeres es el poder en la cúpula bancaría, empresarial o política, que también, ocultando sin embargo que son otros los bastiones en los que no están dispuestas a ceder ni un ápice de su poder: la casa, los hijos, la salud, el bienestar personal…

Para mi sorpresa y a pesar de que Alain Touraine en el citado libro escribe cosas como: “Hay que añadir que en ningún caso cabe considerar accesible la igualdad perfecta entre hombres y mujeres, siquiera suponiendo que las actuales diferencias de remuneración y de carrera llegaran a suprimirse. Las mujeres son conscientes de que mantienen una relación privilegiada con los hijos, cuya existencia les confiere un poder al que no renunciarían por nada del mundo, aunque los hombres compartieran las tareas de la casa con ellas, incluyendo el cuidado de los niños.” (pág. 139) parece no ser capaz de entender que en un contexto así el concepto de dominación masculina más que un apoyo constituye un estorbo que no permite captar la verdadera naturaleza de lo que el feminismo y las mujeres están imponiendo.

El dedo apunta a la Luna pero el feminismo y las agrupaciones de mujeres, también los hombres profeministas, pretenden que donde fijemos la atención sea en el dedo. ¿Tiene algún sentido hablar de dominación masculina porque la cúpula empresarial o bancaria sea masculina, si en todos los demás terrenos el hombre es un don nadie a quien se le puede negar los hijos, y la casa, a quien se le encargan los trabajos duros y penosos, y cuya figura como esposo, padre, incluso ciudadano, está bajo mínimos? A mi modo de ver ninguno. No sé lo qué pensaréis vosotros. 

04 febrero, 2011

Dominación masculina I

Tengo la sensación de que estamos asistiendo a la puesta al día y reformulación de los roles y los estereotipos de género y, en este caso, no me cabe la menor duda que de la mano del feminismo y las mujeres. Nos guste o no nos guste, queramos o no, estamos asistiendo a una nueva definición de qué se ha de entender por hombre y que se ha de entender por mujer.  Y parece que sea la mujer quien delimita el territorio de ambos. Lo hace en relación con la familia donde sigue reservándose “la exclusiva” de los hijos, lo hace en el empleo señalando los que no desea ocupar, lo hace en la política y la cultura, lo hace erigiéndose en dueña de la moral…

Y, como siempre, hay en todo ello una argucia, la recogida en la expresión: Dominación masculina. Se nos pretende decir que no es verdad que sean el feminismo y las mujeres quienes están delineando nuestras sociedades y con ello nuestras vidas, y para ello señalan como prueba más evidente la ocupación por hombres de los más altos puestos de la política, la economía o la cultura. Es decir, el acuerdo sobre las pensiones constituiría uno más de esos ejercicios de dominación, ya que como todo el mundo puede comprobar en la foto no hay más que varones. Lo importante no sería el contenido del acuerdo y el estudio detallado de a quién beneficia en particular si fuera el caso, sino quienes están en la foto.

Y, consiguen con ello que efectivamente muchos varones interpreten de esa forma el poder. En mi opinión, sin embargo, se trata de una ilusión, de un señuelo, de la pretensión de que lo importante es quien lleva el timón del barco y no quien fija el rumbo y el  destino del mismo. Se trata de dos formas de entender el poder: una más visible y de cargos de representación y otra menos visible, la de los resultados de las políticas y a quien favorecen. No deja de ser sorprendente que en una sociedad donde ellas viven más, toman el 90% de las decisiones de consumo, son mayoría abrumadora en la Universidad, y han conseguido una legislación que las blinda a lo largo de toda su vida, lo que se tenga en cuenta a la hora de discutir quien “manda” no sea eso sino esa ideología de la dominación masculina.