Recientemente la ministra Salgado dijo en el Senado que la economía española estaba sometida a un “especial escrutinio” por parte de las instituciones internacionales y para ilustrar la afirmación dijo que le pasaba “como a las mujeres” que para demostrar lo mismo tenía que “trabajar el doble”.
A raíz del reciente debate sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2010 la señora Cospedal dijo que: Rajoy “estuvo muy correcto”, porque de haber sido más agresivo, al ser él un hombre, hubiera quedado como cuando “un chico le pega a una chica en el colegio”. Ahora la señora Salgado insta a Cospedal a que “mida sus palabras” y Soraya Saénz de Santamaría ve "lamentable que se recurra al machismo para justificarse".
Esto tenía que pasar. En una coyuntura como la presente la ministra de Economía, la portavoz en el Congreso y la secretaría general del principal partido de la oposición se enzarzan en una polémica a la que difícilmente se le puede ver algún tipo de utilidad ni para afrontar la crisis económica ni ninguna otra cosa. Me temo sin embargo que tendremos que habituarnos a episodios como éste en muchas otras ocasiones dado lo tentador que resulta para cualquier mujer recurrir al victimismo para justificarlo todo.
Las feministas de género dicen tener su razón de ser y su objetivo último en la conquista de la igualdad. Los hechos sin embargo no hacen más que desmentirlas. Quisiera desde este blog no solo denunciar la deriva neofeminista, también combatir la estigmatización de los hombres y reivindicar la dignidad de lo masculino.
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22 octubre, 2009
04 mayo, 2009
La princesa Letizia y Carla Bruni
En relación con la famosa foto de la princesa Letizia y Carla Bruni, tiene su punto de interés observar que, por ejemplo en relación con la polémica suscitada en El País, sean dos mujeres: la editora gráfica Marisa F.Flórez y la subdirectora Berna G. Haubour, quienes defiendan el hecho de su publicación y quienes se nieguen a ver en la misma algo sexista o machista. Como también lo tiene que, al menos en mi experiencia, hayan sido más los hombres que las mujeres quienes han protestado por este hecho achacando al machismo de esta sociedad el que algo así haya podido suceder. En el artículo de más arriba de la forma más rotunda se dice: “Pero, al mismo tiempo, la atención que Carla Bruni concita en sus viajes como primera dama, incluida esa foto de portada en el diario de referencia de España, refuerza el descarado aprovechamiento mediático que Nicolas Sarkozy hace de su esposa cantante.”
En suma, he encontrado dos opiniones: las de quienes consideran lo sucedido una manifestación de machismo y un hecho que denigra a las mujeres; y la de quienes le quitan hierro al asunto recordándonos que estas escenas son habituales en los medios rosa y que el propio diario tiene publicadas otras incluidos desnudos sin que hubiera pasado nada. Para los primeros las mujeres vuelven a ser las víctimas propiciatorias del machismo que campea y se cuela por los rincones más insospechados de nuestra sociedad. Y no olvidemos que más allá de ciertos purismos, culpar de algo al machismo no deja de ser un forma de acusación contra los hombres, incluidos cada uno de nosotros que asistimos a esta representación sin comerlo ni beberlo.
Algo hay en este uso de los términos: machismo, sexismo, mujeres denigradas que debe ser clarificado para que no se resuelvan una y otra vez cada una de estas situaciones con el viejo cliché del machismo que sin clarificar responsabilidad alguna sólo contribuye a cimentar un poco más ese foso de culpabilidad masculina que lo llena todo. Por eso os propongo, si veis que puede tener algún interés, que hablemos del tema a la luz de esta cita de: El mundo de las mujeres, de Alain Touraine:
“Las mujeres buscan sentirse complacidas con su cuerpo, lo transforman con el maquillaje, la gimnasia o la cirugía estética. Los hombres suelen interpretar estas conductas como maniobras de seducción, pero en realidad ante todo las mujeres intentan seducirse a sí mismas. Cuando introdujimos el tema de la seducción en nuestros grupos de discusión, fue rechazado con vehemencia, porque se identificó con el acoso sexual, fenómeno que desató oleadas de indignación femenina en EE.UU.
Estas primeras observaciones resultan insuficientes, pues sigue siendo difícil trazar la frontera entre una sexualización del cuerpo por y para sí misma y la que responde a la demanda de los hombres. Y es más difícil aún distinguir entre los anuncios que provocan ira en las mujeres (al considerarse tratadas como objetos sexuales) y los que ellas adoptan porque les parecen un medio de reforzar su propia “sexualización”. Página 67
En suma, he encontrado dos opiniones: las de quienes consideran lo sucedido una manifestación de machismo y un hecho que denigra a las mujeres; y la de quienes le quitan hierro al asunto recordándonos que estas escenas son habituales en los medios rosa y que el propio diario tiene publicadas otras incluidos desnudos sin que hubiera pasado nada. Para los primeros las mujeres vuelven a ser las víctimas propiciatorias del machismo que campea y se cuela por los rincones más insospechados de nuestra sociedad. Y no olvidemos que más allá de ciertos purismos, culpar de algo al machismo no deja de ser un forma de acusación contra los hombres, incluidos cada uno de nosotros que asistimos a esta representación sin comerlo ni beberlo.
Algo hay en este uso de los términos: machismo, sexismo, mujeres denigradas que debe ser clarificado para que no se resuelvan una y otra vez cada una de estas situaciones con el viejo cliché del machismo que sin clarificar responsabilidad alguna sólo contribuye a cimentar un poco más ese foso de culpabilidad masculina que lo llena todo. Por eso os propongo, si veis que puede tener algún interés, que hablemos del tema a la luz de esta cita de: El mundo de las mujeres, de Alain Touraine:
“Las mujeres buscan sentirse complacidas con su cuerpo, lo transforman con el maquillaje, la gimnasia o la cirugía estética. Los hombres suelen interpretar estas conductas como maniobras de seducción, pero en realidad ante todo las mujeres intentan seducirse a sí mismas. Cuando introdujimos el tema de la seducción en nuestros grupos de discusión, fue rechazado con vehemencia, porque se identificó con el acoso sexual, fenómeno que desató oleadas de indignación femenina en EE.UU.
Estas primeras observaciones resultan insuficientes, pues sigue siendo difícil trazar la frontera entre una sexualización del cuerpo por y para sí misma y la que responde a la demanda de los hombres. Y es más difícil aún distinguir entre los anuncios que provocan ira en las mujeres (al considerarse tratadas como objetos sexuales) y los que ellas adoptan porque les parecen un medio de reforzar su propia “sexualización”. Página 67
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imagen femenina,
machismo
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